Batallitas del abuelo 4: Histoire d’une belle nuit II

Avanzaba la noche y el festejo de mis cuarenta. De la cocina contibuaban saliendo delicias cárnicas. Entramos de lleno a los tintos, pequeños grupitos de los celebrantes moviéndose anárquicamente por todo el apartamento de SFJoe.

Eché mano a mi mochila. Ahí traía unas cuantas botellas que quería compartir en esta gran ocasión. Bueno, y un par que no quería irme de Nueva York sin probar junto a este grupo en particular. La primera de la mochila fue el Bodegas Riojanas, “Monte Real” Gran Reserva, Rioja 1968: En revancha por la botella corchada de casa de John Gilman, me traje otra para la celebración y, por suerte, estaba cantando preciosamente. Viva nariz e igual boca; cuero, canela tostada, comino, coco, hojarasca, ciruela roja, regaliz y ese aspecto cerezesco entre dulzor y amargor que tanto me gusta en un buen Monte Real. En boca entra suavemente, con los aromas perfectamente traducidos. La única queja es que en el paladar medio torna un poquito rústico y gana peso de una forma que le resta gracia y elegancia. La comparación que me viene a la mente es con una chica de cara bella y conversación inteligente, que te da una mano llena de callos para despedirse. Pero es largo y sabroso. Pese al momentito de desconcierto, no le haría ascos jamás…

Revuelo en la cocina. Ceremonia de botella grande. Se trataba de Vega Sicilia, “Unico”, Ribera del Duero 1968 (en mágnum): El generosísimo regalo celebratorio del Dr. K con motivo de mis cuarenta era una botella cuya apertura todos esperábamos ansiosamente. Al abrirla, un desencanto monumental. Si bien en un principio no daba aspectos mohosos ni nada que indicara abiertamente TCA, estaba completamente mudo y descarnado. La pestecilla a cartón mojado comenzó a expresarse sutilmente cuando ya llevaba un rato aireándose y el grupo llevaba un rato debatiendo si estaba corchado o no. Pero lo estaba. Lo peor del caso era que esto ponía mi cumpleaños en un irónico paralelismo con los cuarenta del propio Dr. K un par de añitos atrás, cuando un mágnum de Unico 1962 también salió corchado. Cosas que le rompen el corazón a uno, y más pensando en lo que debe andar costando en subasta un botellón de Vega Sicilia.


-¿Qué se hace cuando una así sale defectuosa?-

No quisiera que nadie pensara que ostento, pero la verdad es que por mi vida ha pasado ya bastante vino de esta bodega. He podido probar añadas legendarias en una cantidad de ocasiones que mucha gente no me creería… Las mejores botellas de esos Unicos viejos han legitimizado de sobra para mí la reputación de Vega Sicilia (de paso he de declarar por enésima vez que los vinos más recientes de la bodega, que no me parecen especialmente dignos de tan ilustre linaje; pero bueno, eso soy yo, cambloreando, como siempre). Sin embargo, lo triste es que en mi experiencia han aparecido muchas botellas corchadas o de otro modo “rana” de Vega Sicilias antiguos. Al final no quiere uno pensar en precios, pero si se va a convertir la cosa en un juego de ruleta rusa…

Otra de mi mochila, el R. López de Heredia, “Viña Bosconia” Gran Reserva, Rioja 1968: Tras el tremendo chasco con el Vega Sicilia, un premio de consolación más que atisfactorio. Espectacular botella de este viejo amigo. Aromas térreos, de piedra triturada y ese singular y sutil aspecto de guisantes verdes que regularmente asocio con algunos Bosconias. Por debajo notas de cuero antiguo, incienso, salsa tamari, barro y una fruta alegre y regordeta. Muy jugoso y vivaz en boca. Quizás no sea lo máximo en cuanto a estructura y es más de jeugo corto que largo, creo. Pero está delicioso ahora mismo. Excelente acidez y el agarre tánico residual justo. Otra botella más para afianzar a mi querido amigo Brad Kane en su recién descubierta afición por los Bosconias.


-Bosconia 68 ejerciendo su peculiar embrujo sobre Kane-

Decidido a continuar vaciando la bolsa, inicié un cruel interludio con dos botellas que había traido dizque “para catar hors concours”. Se trataba de dos vinos españoles que provocaran mucha, mucha discusión y muchas loas en aquellos primeros tiempos míos foreando en inglés en una vieja encarnación del Wine Lovers’ Discussion Group de Robin Garr. Allí, aunque parezca mentira, inicié mi amistad con todos los que me acompañaban en este cumpleaños.

Los dos vinos del recuerdo internáutico…




Mauro, “Vendimia Seleccionada”, Tudela del Duero 1996: Recuerdo cuando compré esto. En aquellos tiempos todavía hacía caso a ciertos críticos y creadores de opinión. Y, a decir verdad, Mauro hacía lo que yo consideraba excelentes vinos. Compré con fe y puede que mis dos primeras notas de cata de este vino, que seguramente datan de allá por 1998-99, sean bastante positivas. Ahora le daba otra oportunidad, a ver como ha evolucionado… El asunto es que huele fuertemente a tienda de neumáticos, con un deje de aceite de freir viejo, seguido por cereza, vainilla, eneldo, regaliz, desodorante en aerosol, borra de café—una nariz seriamente no placentera. En boca es californístico, globular y avainillado, sin el más mínimo posgusto. En serio, se cae completamente. Algunos en el grupo hablan de que aquí hay problemas fundamentales de “dirty winemaking”, aunque el vino se adecúa a todos los clichés del modernismo noventero, sobre todo en el aspecto ebanístico. Por mi parte, me da mucho que pensar el hecho de que me queden aún unas cuantas botellas de esto en bodega.

Bodegas y Viñedos Alión, “Alión”, Ribera del Duero 1996: Otro pequeño castigo de mi bodega. En verdad es que no quería irme de Nueva York sin probar esto con la panda, para ver sus reacciones. Debo admitir que experimento un gran placer escuchando las ocurrencias que les brotan ante cierto tipo de vinos. En este caso, fue más de gestos que de verbo la cosa. Sumario desechado del contenido de las copas a escupideras y fregaderos. Para mí, oleada empalagosa de vainilla y Ribena. Llano, tonto, torpe y con demasiada madera para augurar nada bueno. Suerte tengo que ya no soy tan ingenuote como lo era cuando compré esto. Y que mis gustos han mejorado exponencialmente. La frase que me viene a la mente es aquella de Hannah Arendt sobre “la banalidad de la maldad”. Esto, para alguien, sería un vino perfectamente aceptable. Incluso, alguno insistiría en que es “de noventaytantos puntos” Puedo imaginarlo. Eso me resulta un tanto perturbador.

”Si tienen que insultar al invitado de honor por algo, ahora es el momento apropiado”, declaré a todo el que se acercaba a probar estos dos monumentos a mi tontería pretérita.



-Greg del Piaz y SFJoe someten a consideración si pueden perdonarme el Mauro y el Alión-

Por suerte no me pasaron muchas cuentas y seguimos a otras cosas.

Château La Conseillante, Pomerol 1966: Primero en una maravillosa secuencia de aportes del gran Victor L a esta feliz noche. En mi nota designo la nariz como “sencillamente perfecta”. En inglés pongo la palabra “effortless” y creo que es la mejor descripción de la manera en que este vino se mueve y de como ocurre su disfrute. Cero esfuerzo. Todo llega a su sitio con una leegancia y gracia admirables y ni se te ocurre pensar en nada negativo. Lo marca mucho ese aspecto de hierro y arcilla que para mí caracteriza a casi todos los mejores vinos de Pomerol. Luego hay malagueta, violetas y cereza purísima. Sedoso, ligero y largo.

Château L’Evangile, Pomerol 1966: Andaba yo preguntándome si Victor había traido esta fascinante horizontal porque el 68 en Burdeos fue un desastre y probablemente en ese año se comercializaron los primeros 66, o si era algo más personal… Mi primer gran burdeos, hace ya tantos años, fue del 66, detalle que probablemente participé a mi amigo. Si no podíamos celebrar con burdeos del año de mi natalicio físico por razones obvias, lo lógico era celebrar con vinos del año que representó mi nacimiento a la pasión por el vino. Eso se agradece tanto… Cremoso, térreo, mineral-férrico, con una fruta negra provocadora—clásica de L’Evangile la mezcla de cereza negra y ciruela en la nariz. Ligero y delicioso en boca, con la marca clara de ese aspecto característico de los mejores burdeos que Michael Broadbent (¿o era Hugh Johnson?) definió muy positivamente como “acuosidad”. En el sentido de ligereza refrescante. “I simply adore this”, escribí en la libretita negra mientras me servía una segunda copa.

Vieux Château Certan, Pomerol 1966: Exótico de aromas, con cereza y naranja rubí, especiado y mineral. Suculento y profundo. Muy distinto de los anteriores. Seductor precisamente por esa diferencia. Larguísimo, con muchas capas frutales y minerales y ese bonito amargor naranjesco.

Château Trotanoy, Pomerol 1966: La diferencia de los tres anteriores no podía ser mayor. Tremendamente austero. Salino, con una marcada nota de yodo sobre fruta roja compacta. Está completamente cerrado y no quiere tener nada que ver con beberse en estos momentos. Posgusto largo, térreo y tánico. Hay que resistir la tentación de tocar más botellas en los próximos años. Para el “mientras tanto” está el primoroso 67, que da mucho placer en el aquí y ahora.


-Sublime secuencia de pomerols de 1966; abajo, bellos colores de La Conseillante y L’Evangile 66 en copa-

Tras el Mauro y el Alión, dudé sobre si echar mano a la mochila de nuevo. Pero me quedaba una botella de Teobaldo Cappelano, Barolo 1968. ¿Qué podía perder echándola al ruedo? No sabía qué esperar, pero lo traje, a ver si había suertecilla—que no hubo. Debí ser más prudente. Puro pedo embotellado. Con acetona. Estaba yo convencido de que esto era uno de los mejunjes flatulentos más pestíferos que había olido en la última década cuando…

Domaine du Vieux Télégraphe, “La Crau”, Châteauneuf du Pape 1995 (en mágnum): La cara de SFJoe lo decía todo, pero yo fuí y lo probé… Así de idiota soy. El olor es el de un tordo particularmente hediondo en un ataúd de roble. En boca—porque así de tonto soy—hay kerosén, leve efervescencia y puro terror. Asqueroso. Impotable.



-La cara de SFJoe lo decía todo… Abajo, lo más ofensivo de la noche; el nivel de la botella indica el favor del público.-

Estábamos unos cuantos ocupados recriminando a Brad Kane, causante—automáticamente asumimos que él había traido la botella—de esta espantosa experiencia vínica que todos hubiésemos querido evitar cuando apareció alivio en forma de una botella de Gosset, Brut “Grand Millésime”, Champagne 1996: Creo haber reseñado este vino en estas páginas no hace mucho. Positiva reseña, si mal no recuerdo. Esta botella se nos olvidó a todos en la nevera al comenzar el desfile fuerte de vinos. Jayson Cohen la sacó, bendito sea, cuando yo aún intentaba recuperar el aliento tras el vil Vieux Télégraphe. Suerte. Lo necesitaba. Bella botella. Apretadito, con aromas de pan recién salido del horno, crema de limón, talco y almendra cruda. Vivaz, cítrico y primario aún. Refrescante, largo y muy elegante. Tiene para rato (Dato curioso: En Santo Domingo, hasta hace unos añitos, Gosset tenía importador. Ya creo que dejaron caer la línea, como tiende a suceder aquí con tanto vino bueno. Una pena, pues me hubiesen tenido como cliente fijo…)



-El campo del honor, después de la justa…-

Ya la noche se había convertido en madrugada y era 14 de abril. Seguimos buen rato divirtiéndonos como si por la mañana no hubiese que trabajar. Yo tenía cuarenta años y el vino continuaba fluyendo. Cayeron un par de Auslesen alemanes, entre ellos un Von Schubert-Maximin Grünhauser” Riesling “Auslese 93”, Mosel-Saar-Ruwer 1989 y alguito más. Pero yo había dejado la libreta de notas tirada. Si bien hay momentos en los que apuntar es necesario, hay otros que no. La memoria se queda con ellos por sí sola, los saborea, los moldea, los transforma… A esa hora, en ese lugar, con esos amigos, no había que tomar notas. Jamás se me olvidaría el agradecimiento que me poseía.



-Un cumpleaños que no olvidaré, eso puedo asegurarlo sin temor a equivocarme…-

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
La Rioja

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.