Manuel Camblor
Batallitas del abuelo 2: Noche campestre, con maldición
Era la primera convocatoria cuyo tema incluía una “despedida”. También lanzaríamos una especie de pre-celebración de mis cuarenta, pero lo que más me impactaba era el recordatorio de mi inminente partida hacia un lugar de perspectivas vínicas muy inciertas.
Llegué temprano a Grand Central Station, donde había quedado con el Dr. K, Brad Kane y Victor L. Allí íbamos a tomar el tren expreso hasta Croton-on-Hudson y la residencia del Profesor Gilman, nuestro anfitrión para una velada con tema doble: Frédéric Emile y Rioja.

-Al fondo de la estación, jueves, seis de la tarde.-
Exageraba un tanto. Pero la verdad es que sobrecoge ver, a las seis de la tarde, el torrencial tráfico de gente que retorna a los suburbios tras un día de trabajo en la metrópoli.
Perdonen. Esto en realidad no viene al caso y me estoy dejando llevar por un sentimentalismo nostálgico nada decoroso. Aquí en
Pero vamos, Nueva York es Nueva York y rememorar episodios pasados me resulta muy reconfortante. Así, Croton y amigos viejos y nuevos, con vino y comida, unos días antes de que cumpliese yo los cuarenta… Aparte de los ya mencionados, estaba también presente Dan Sullivan, entre los viejos y un par de nuevos personajes que, a la media hora de iniciada la velada, me parecía conocer de toda la vida.
La cosa comenzó en la cocina del Profesor, con quesitos y piscolabis y la vertical de Frédéric Emile, lo que, en teoría, siempre debiera marcar el mejor comienzo. El primer vino fue el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 2001, que estaba cantando polifónicamente, con una armonía bastante rara, pero placentera. El primer impacto es graso, pero a la vez cítrico. El segundo es vivaz, floral. El tercero es de frutas de hueso, un impacto compacto, localizado. El cuarto es herbáceo y en diagonal. Y luego te das cuenta de una nota de acero vibrando en el fondo, uniéndolo todo. Otra manera de describir el efecto es “jugueteos celebrales atados a un corazón duro, durísimo, de piedra”. Un vino provocador, jovencísimo. -Quesitos, piscolabis y riesling en la cocina, pero...-
Continuamos ocn una botella del el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1997 que salió imperdonablemente oxidada. El corcho exhibía, según el Profesor, un jaspeado azul sospechoso. Nos dimos a especular un rato sobre si el problema de oxidación prematura en los blancos se habría extendido de Borgoña a Alsacia. El Profesor bajo veloz a su cava y apareció con una nueva botella
El Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1996 que siguió estaba infernalmente oxidado, moribundo… De nuevo las especulaciones ante lo que de repente amenazaba con convertirse en nefasta racha. Por suerte apareció el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1995 para clamar el negativismo. Perfecta botella, ésta. El implacablemente apretado centro mineral, rodeado de capas y exquisitas capas de cítricos, melocotón blanco y níspero. Larguísimo, con mucho nervio, pero suculento. P-R-E-C-I-O-S-O.
Siguió el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1994—otra botella alarmante pues, aunque no estaba estropeada, se mostraba demasiado avanzadita para su edad. Llana, con tonos de anís, cardo, piel de limón y minerales, pero falta de chicha y frescura, cosas que debería tener en cantidad. Hay que joderse.

-El Dr. K busca palabras; su cara lo dice todo...-
Estábamos ya encontrando un peculiar patrón de intermitencia en las botellas. Salía una buena y una mala… Con el corazón en la boca vimos

-Sonrisita picarona de caballero con gran botella entre manos-
Pero claro, ya casi ni pudimos disfrutarlo, pensando en que la maldición intermitente nos depararía un Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1990 de algún modo fastidiado. Porque
M-E-R-D-R-E (No es un error, espero que lo sepan).
¿No sospecharían ustedes tongo en una situación así?
Me entraron dudas existenciales sobre si la suerte me sonreiría en mis cuarenta, pues parecía venir de mala hostia, la muy…
Bueno, interlúdicamente había yo infiltrado en el asunto dos botellas de vinos riojanos elaborados por amigos nuestros. El primero era un Contino, Blanco, Rioja 2006 en una botella sin etiqueta, dedicada por Jesús Madrazo a nuestro grupo de su puño y letra. El vino es una cuvée experimental, no comercializada en lo absoluto. Si mal no recuerdo está hecho con viura, malvasía y garnacha blanca (aquí me puedes corregir, Chus, si me equivoco, aunque creo que te me vas a mosquear por lo que he de reportar).
Indignación, protestas y luego coñas típicas de los miembros de mi círculo, que no tienen piedad con nadie. De la copa sube
Luego vino el primer tinto de la noche, también infiltrado por mí, de otro amigo al que imagino bien cabreado en un par de minutos, cuando termine de leer lo que viene. El Aldonia, Rioja 2004 lo habíamos probado junto con Iñaki Gómez Legorburu cuando éste nos visitó en
Yo traté de dar un giro positivo al asunto, señalando que al menos el Aldonia no andaba todo enmaderado y que además, tanto Iñaki
En este punto y en otras circunstancias hubiese yo estado declarando “Una pena”, o algo por el estilo. Pero el comportamiento de la suerte ya estaba cargándome desde hacía rato. La muy puñetera no daba señales de querernos dejar disfrutar tranquilos.
Y entonces apareció un R. López de Heredia, “Viña Bosconia” Gran Reserva, Rioja 1981: Bellísima botella. Abre especiado, con notas de agua salada, violetas, té negro y ciruela roja. Y muchísimo más, expresado con una serena elegancia, en voz moderada y armónica, incluso cuando suelta un tonito volátil. Vivaz y muy complejo en boca. Te deja un elemento floral en el posgusto que me recuerda un poco a incienso. Largo y delicioso.
Un Bodegas Riojanas, “Viña Albina” Gran Reserva 1978 salió de tono altísimo, casi supracanino en el registro, con una volatilidad lacerante. Carnes curadas, canela, comino, nueces tostadas, cuero, arándano seco, cereza, piel de naranja… Hay muchos aroma y sabores y bastante persistencia, pero al final la volatilidad resultó demasiado impertinente, aún para los amantes
Llegó un delicioso asado de cerdo con pilaf de cuscus y hierbas. Pretnedíamos acompañar al menos una primera ronda con el Marqués de Murrieta Ygay, Reserva, Rioja 1978, pero el vino nos salión más cocinado que el cerdo. Completamente estropeado y sin salvación. Yo comencé a decir que quizás alguno de mis enemigos se había ideado una maldición de vudú especialmente dolorosa y estaba viendo los primeros efectos… Alguien me señaló que mi inglés parecía haber adquirido repentinamente un extraño acento hindú. Me preocupé. Puede que la brujería sea más compleja de lo que imagino.
Esforzándome para normalizar mi habla me enfoqué en el Profesor, que comparecía a la mesa, botella de Bodegas Riojanas, “Monte Real” Gran Reserva, Rioja 1968. No traía buena cara. Esa la había aportado yo,
Yo:
“¡&^%$#$@$%♣≠®%$#^*&^%^*)__(*@♫◊◙₪ﭏﭲﭯﭱﭳﭫﮏﮍﮌ1###(&^Oﯕﯔﯤﯟﻰﻟﻍﻌۻ۩۷۵۳Ẅ۞ڽמҰлЉЃЂǾŹ۞ڽќӨ†•™€₧₣⅜╬◘◄שּׁךּזּבּﮮﯓﻼ!”
Usualmente no me corto en lo absoluto a la hora de incluir tacos en mis narraciones. Este es un blog para adultos, que refleja los pormenores de la vida de un individuo que, aparte de enochalado, alguna vez fue profesor de filología y siempre ha sido bastante malhablado. Amén. Aquí lo que dije hasta a mí me ruboriza. Creo haber inventado un par de nuevas expresiones, de paso. Brad Kane pareció, por primera vez en muchos años, genuinamente alarmado por el despliegue de improperios que salía de mi boca, aparentemente a৬n con el acento hindú
Es que no hay derecho, carajo… Vale que me hayan salido corchadas la mitad de las botellas de aquel sustancial lote de Monte Real Gran Reserva 73 que compré muy barato en
Tratando de no pensar en este nuevo trauma me concentré en la botella que tenía delante, de uno de los riojas más radicalmente variables que conozco, el Marqués de Riscal, Reserva, Rioja 1968. Cuando lo llamo “variable” es porque en los últimos veinte años lo habré probado unas veinte veces de especímenes sanos y todas las botellas han sido tremendamente distintas una de otra, abarcando todos los registros, desde la abyecta mediocridad hasta el esplendor. El resto de los comensales tenía similar experiencia con el vino y se aprestaba al juego de ruleta rusa que era de esperarse.
La verdad es que esta, fiel al tenor de la velada, estaba entre las malucas. Menta y mucho roble americano viejo. En boca resulta denso, un tanto rústico, dominado por la
Canturreaba yo la letra de “Pedro Navaja”, aquel versito que va “éste no es mi día/hoy estoy salá…” cuando se suscitó,
Estaba la mesa de un deprimido que no veas, pero de repente apareció un mágnum de CVNE, “Imperial” Reserva, Rioja 1973 que resultó ser uno de los poquísimos puntos brillantes de esta noche de infelicidades. Muchas veces he dicho que los reservas tienden a sorprender por la longevidad que muestran. Mi hipótesis es que se embotellan preservando aún mucha más chicha que los grandes reservas, aunque estos últimos sean—al menos en teoría—vinos superiores. Este es un Imperial clásico donde lso haya, elegante, delicado y complejo de aromas y sabores. Especias de pastelería, cuero, cedro, cáscara de naranja, té blanco, anís, fresa y cereza. Se va a cítricos bellamente después de un paso de boca fresco y especiado.

-Lo que nadie entendía era por qué Brad estaba tan risueño...-
Gran parte de
Era el Marqués de Murrieta, “Castillo de Ygay” Gran Reserva, Rioja 1934, la última botella que le quedaba a mi querido amigo John. Cuando digo “querido” es con sentimiento, de verdad. Uno piensa que las mejores relaciones humanas obedecen a aquellas “afinidades electivas”,
Bueno, retrospectivamente quizás la mala suerte de esa noche fuese lo mejor, pues me ayudaría a apreciar más aún las bondades de las que siguieron sin idealizar demasiado las cosas. Pero no me adelantaré. Otro día les cuento. Ahora,
Sobre este blog
La otra botella
manuel-camblorEducado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.
Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.
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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
David J dijo
Manolo,
perdona el off-topic-- estoy en trámites de comprarle algo de vino a Alberto Cecchin y ensayar mi propia etiqueta...¿alguna idea cuán fácil o complicado es importarlo a la República en lugar de los USA?
Algo 'overhwlemed by it all' at this point. Detalles en mi blog.
un abrazo, djr
NEM dijo
Esas botellas de quince años de edad y más, se puden conservar bien en una casa sin que sufra el vino?
Cuando ya habéis catado muchos y muy buenos vinos a lo largo de muchos años, no os volvéis más exigentes y quisquillosos con los caldos?
Igual un profano con ver en la etiqueta Rioja y la edad del vino a nada que esté un poco sugestionado le sabe diferente. Las con corcho supongo que no pero el resto...
manuel-camblor dijo
NEM,
No entiendo muy bien tu cuestionamiento... El grupo de esa noche, como casi todos los grupos en que me movía durante mi residencia neoyorquina, era de aficionados muy "hardcore", de los que cuidan muy bien no solamente la provenencia de los vinos que compran, sino las condiciones en las que los guardan en casa. Cuando hablo de que "el Profesor desapareció en dirección de su cava", me refiero a un recinto que aún estando en una residencia privada no tiene nada que envidiar a las condiciones de conservación de la mejor bodega en una región vinícola privilegiada en cuanto a clima. Estamos hablando de temperatura y humedad perfectamente reguladas todo el año. Así en mi casa, así en casa de cualquiera de estos amigos, o en los recintos que contratamos para guardar nuestros vinos, cualquiera que sea el caso.
Efectivamente, nos volvemos muy exigentes con lso vinos tras todos estos años. Ya uno se siente que no quiere perder el tiempo con vinos que no sean excelentes y muy distintivos, que no tengan algo especial que decir. Claro, y nos volvemos muy estrictos en cuanto a lo que no nos resulta aceptable en un vino. No presumo hablar como un colectivo, pues somos individuos muy distintos que, aunque tenemos gustos afines, juzgamos cada uno con nuestro propio criterio.
La etiqueta, la DO y la edad del vino influyen sobre nosotros en la medida en que conzcamos el estilo y la trayectoria de un elaborador, o estemos dispuestos a dar el beneficio de la duda a un elaborador para nosotros desconocido en una añada de la que hayamos probado mucho vino bueno, o sabiendo que está en un lugar particular del que conocemos cosas que antes nos han impresionado.
Si te sirve de algo, creo que ponemos las mismas energías y la misma pasión ante una buena muestra de Tondonia, Pesquera o Chivite 125 de la misma edad. Claro, hay DOs que sencillamente no hacían vino de guarda en los tiempos del Ygay 34, el Riscal 22, o el Bosconia 20... De ahí que Rioja sea el estándar del que partimos.
En el caso de esta velada, las botellas corchadas fueron un menor problema que las que parecían haber visto un mal trsito en algún momento de su vida. Estos son vinos que conocemos desde hace mucho, de los que hemos probado ejemplares en perfecto estado con muchos años encima, que sabemos exactamente lo que deben dar a X o Y edad. En este caso tenían problemas que era fácil identificar, si bien resulta muy difícil atribuir responsabilidad por los mismos...
M.
M.
NEM dijo
No me había quedado con el detalle de la cava. Lo siento. En cualquier caso es muy graciosa la foto del Dr.K. Esa es la cara que no quieres ver cuando un cliente prueba tus vinos y sin embargo a veces ves, pero bueno. Hoy salía una noticia en los periódicos que decía que unos científicos españoles habían descubierto y patentado unas levaduras que iban a dotar a los vinos de mejor sabor y calidad, además de mantener su Ph estable y por ende su frescura. Parece que la batalla del vino se libra más en los laboratorios que en los terruños, pagos y garajes. O igual es un negocio más que rodea a éste mundo.
manuel-camblor dijo
¡Ah, NEM, te das con el viejo problema del "progreso" y el "Big Bijne" vis à vis una cultura supuestamente basada en autenticidad, tradici ón y romance!
Siempre existe un elemento de negocio. El asunto es el punto en el cual ese elemento se convierte en todo y se carga todo lo otro, lo que hace al vino apasionante.
El Dr. K es encantador en persona, precisamente por ser capaz de poner esa cara y explicarte de forma muy exacta y absorbente sus motivos. Es una de las personas con mejor entendimiento del vino que conozco.
M.
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