Real Wine Attack: Posdata

La idea era dar un espacio más amplio al “Real Wine Attack”. En las últimas tres entregas se habían suscitado comentarios sobre lo imposible que era catar y conversar cómodamente con los vignerons en el local de Chambers Street Wines, ya que la concurrencia cada año iba creciendo más y más. Al parecer, el número de gente interesada en vinos de verdad—naturales, distintivos y elocuentes en cuanto a sus orígenes—va alcanzando proporciones que no son ninguna bicoca.

Así, el “Real Wine Attack” fue a parar a Cercle Rouge, un restaurante a pocas cuadras de Chambers. Resulta que los organizadores creyeron que este local, más grande, no se les llenaría tanto como la tienda. Pero la vida te da sorpresas…

Me bajé del taxi y ví que, afuera de Cercle Rouge, como si de una discoteca o de la “Venta de Almacén” de Barney’s se tratase, había una considerable cola de gente con pinta de fashionistas y seudobohemios. Tras la proverbial cuerda de terciopelo que bloqueaba la entrada al sitio estaba Joe Dressner. Lo veía de lejos y lo imaginaba diciéndoles a un trío de chicas “in”: “Okey, tú y tú entren. La otra no”. O bueno, quizás eso era yo proyectándome. Siempre me intrigó el proceso mental de los porteros de Studio 54. Y siempre pensé que hubiese sido divertido tener su trabajo, aunque fuera por una horita.

En fin, que me acerqué a la cabeza de la línea y Joe, saludándome, levantó la cuerda roja para franquearme el paso. Alguna de la gente bonita en la fila me miró con cara no muy bonita. Seguro mascullaron algo sobre mi madre. Yo, por mi parte, seguí para dentro como si el resto del mundo no existiera, sintiéndome todo un VIP.

Lo que me encontré en Cercle Rouge fue un lleno total. De un lado ví a Marc Ollivier, sirviendo Muscadet a dos chicas muy guapas. De otro lado creí ver a Didier Barrouillet, de Clos Roche Blanche, detrás de una mesa asediada por una turba humana que profería copas vacías. En el centro del salón estaba el señor del burdeos aquel que me gustó en el evento de Polaner. No veía yo perspectiva alguna de catar nada, pues todas la muchedumbre era implacable y no soy yo de los de ponerme a dar empellones.

Recordando estaba yo los patrones de comportamiento de los más atiborrados sitios en Ibiza allá por los primeros noventas y como hacía para sortear aquello, que vamos, no era mucho más difícil que esto… De repente tuve una iluminación: Para llegar a la barra en aquellas discotecas sólo había que tener paciencia. El gentío era como la marea. De repente se abría un claro y era cuestión de correr a aprovecharlo, sabiendo muy bien lo que le ordenarías al bartender.

-Hordas de “fans” del vino de verdad en Cercle Rouge-

De ese modo pude llegar a la mesa de Radikon y hasta probar un par de vinos servidos y explicados por Sasa Radikon, fíjese usté. Uno de ellos—el único del que apunté algo en mi libreta, pues me era una novedad—fue el Radikon, “Jakot”, Venezia-Giulia 2003, todo un descubrimiento. Este vino se elabora de tocai friulano (“Jakot” es “tokaj” al revés), siguiendo los métodos típicos de Radikon y sus vecinos, o sea, levaduras naturales, maceración en contacto con la piel de la uva, fermentación sin controlar la temperatura en toneles usados, etc. El resultado es algo singularísimo y muy sexy, desbordándose la copa con aromas de albaricoque, pera, almendra fresca, cera, polen y talco. Un “blanco”, como todos los de Radikon, con alma de tinto. Potente y voluptuoso, pero a la vez impecablemente estructurado, con fruta muy masticable en boca y un genial agarre acídico-tánico-mineral en el posgusto. Fascinantes vinos los de esta casa, siempre.

Probé unas cuantas cosas más, pero el ambiente recargado por los efluvios corporales y la cercanía codo-con-codo con los vecinos me hicieron guardar la libreta en el bolsillo. Habré degustado los tintos de Eric Texier y todos estaban preciosos, eso creo que lo recuerdo. Pero pronto me entraron ganas de tomar las de Villadiego. Me fuí a casa de SFJoe, que queda convenientemente cerca de todo. Y allí estuve un rato, refrescándome, charlando con Joe y el famoso Fatboy, hasta que llegó la hora de cenar. Estábamos los tres invitados a retornar a Cercle Rouge para, terminada la fase multitudinaria del Real Wine Attack, cenar con los vignerons tranquilamente y abrir unas cuantas botellucas.

En nuestra mesa el elenco de vignerons rotó unas cuantas veces. Iban y venían botellas que utilizamos para acompañar la excelente cocina de bistro tradicional de Cercle Rouge. Lo que se bebió en la cena:

Clos Roche Blanche, Sauvignon Blanc, Touraine 2002: Los añitos en botella han hecho maravillas por esto. No que tuviese yo ningún problema consumiéndolo joven, pero ahora está perfectamente redondeado. Ligero, bien enfocado en sus aromas cítricos, florales, herbáceos, especiados y minerales. El ser así de grácil, pero sin dejar de dar una impresión de concentración, es una de sus mayores virtudes. Largo, mineral y muy fino.

F. & A. Quénard, Chignin Bergeron, Vin de Savoie 2004: Bebido con sus amables elaboradores delante. Su textura y la manera en que se mueve me recuerda encaje fino en una suave brisa. Puro y etéreo, con frutas amarillas dulces y una mineralidad talcosa. Deliciosamente delicado.

Marc Ollivier-Domaine de la Pépière, “Clos des Briords” Vieilles Vignes, Muscadet de Sèvre et Maine Sur Lie 2000: Una versión voluptuosa del Briords. Carnoso, mineral, con vibrante acidez. La impresión de peso es lo que sorprende aquí. Un muscadet poderoso. Posgusto largo y complejo, con agradable salinidad.

Radikon, “Jakot” Venezia-Giulia 2002: Porque las cosas son así en estas noches, acababa de descubrir este vino de Radikon y aquí estaba el propietario de Chambers Street Wines con una botella un poquito más vieja que podría comparar. Educación acelerada. Perfumado. Agua de rosas, melocotón profundo, un toque de litchis, pera, cera y lirios que comienzan a marchitarse. Grande, especiado y tánico (raro decir eso de un blanco, ¿no?) en boca. Delicioso.

René & Vincent Dauvissat, “Les Clos”, Chablis Grand Cru 2000: Apretadísimo, con un nudo de mar y tiza envuelto en manzana verde, almendra fresca y cáscara de limón. Necesita tiempo.

J.-F. Coche-Dury, Pinot Noir, Bourgogne 1996: Es como la tercera vez en menos de un año que pruebo este vino y la impresión se mantiene consistente. Hay excelente fruta e interesantes aromas térreos, especiados y de hongos secos. La textura es sedosa. El problema es que todo eso se ve invadido por indiscreto roble que distrae demasiado.

Brunel, “Les Cailloux”, Châteauneuf du Pape 1988: Mi aportación a la mesa. Siempre he dicho que esta AOC no es santa de mi devoción y me esfuerzo porque poco quede de élla en mi bodega. Esta era una botella huérfana que en algún momento algún amigo me regalara y pensé que era cosa de “ahora o nunca”. Y lo pillé en bastante buen momento… Interesante nariz de romero, tomillo, salvia y lavanda secas, cuero, polvo, humo, cereza y caramelo. En boca es rusticón, pero sabroso, particularmente por poseer excelente acidez y un agradable deje salino. Buen largo y su agarroncito tánico aún.

Pierre Overnoy, Arbois Pupillin “Style Vin Jaune” 2000: Una botella “extraoficial”, de ésas sin etiquetar, pero con explicación del responsible, que es mejor que cualquier etiqueta en estos tiempos. Compacto, complejo y con mucha profundidad. Dulzor moderado. Aromas de heno y una profunda corriente anisada. Manzana dorada, cúrcuma y pimiente blanca. Piedra triturada. En boca está apretado, pero se deja beber. Excelente cuerpo y largo.

Seguimos un rato en Cercle Rouge y luego, a instancias de SFJoe, marchamos a un “after party” en su casa. Yo, por mi parte, me encontraba agotado. Había estado hasta el cuello en la preparación de mi mudanza y comenzaba a sentirme el vino y los efectos del trabajo físico. Llego un punto en el preámbulo a los extra-innings en que insistí en llamar “Thierry” a Didier Barrouillet, de Clos Roche Blanche. Espro que me perdone. Lo estaba confundiendo con Thierry Puzelat.

No dí mucho más. No tomé notas. Tras media horita estaba en un taxi camino a casa, a dormir.

Escrito por: manuel-camblor 11 comentarios 18 Jun 2008 URL Permanente

11 comentarios · Escribe aquí tu comentario

SFJoe

SFJoe dijo

I can add that 2000 Clos des Briords was delicious this week from my cellar.

Laureano Serres

Laureano Serres dijo

Hola Manuel, para poner en perspectiva lo de estos chicos de Touraine, claro, si es que van por ahí los tiros

http://www.puzelat.com/images/zoom/LUHZSU/auge7_pezelat.jpg

http://www.wineterroirs.com/images/2007/03/21/clos_roche_blanche_roussel_barouill.jpg

Saludos, cómo te lo montan, tío. por cierto, a ver cuand hacemos un Real Wine Attack en Sto. Domingo :-)))

Salut.

manuel-camblor dijo

Joe,

That 2000 Briords is a fat-bottomed girl who makes the rockin' world go round.

M.

manuel-camblor dijo

Laureano,

No, si sé la pinta que tiene cada uno. Achácale mi confusión al cansancio y la alta hora.

Lo del "Real Wine Attack", pues, hala, a comenzar a mandar vinos y yo los ataco...:-)

M.

rp

rp dijo

que dificultades tengo yo para disfrutar de verdad los vinos friulieslovenos oxidaditos y estructurados...

casi los mismos que tengo para disfrutar de los vinos de emidio pepe para mi excesivamente animales y con aromas que si se los pongo a un pedazo de comida, posiblemente no me la llevaría a la boca.. jaja

el otro día mande un mensajito, pero no salió en el blog.. era sobre los aromas y los descriptores.. creo que no hay que extresarse.. yo apenas cuanto con 40 palabras en mi vocabulario para describir los más de... cuantos? 10.000 vinos.. con su 100 añadas.. posiblemente haya ya mas vinos que palabras así que no podrás evitar jamás repetirte..

de todas formas imagínate la sensación después de 6 dias de on trade en USA con 3 vinos y más de 35 establecimientos visitados... el desgaste de palabras que utilizas es casi tan grande como el de las que no utilizas.. creo que esas ya desaparecen de tu memoria.. todo me parecen frutillos rojos no muy maduros con corteza de naranja y flores de lavanda....

embarco en newark.. a ver si me acabo le gout et le pouvoir de una puta vez...

cuídate y ya me explicaras lo de no olvidarte de los amigos mas que para olvidarte... no se si no lo entiendo o no te pega...

manuel-camblor dijo

RP,

Pues me apena que te presenten tantas dificultades los vinos del Friuli esloveno. En realidad son un gusto adquirido para mucha gente. Y, para algunos, sencillamente son imposibles. En muchas ocasiones hemos comentado los amiguetes de este lado del charco y yo que quizás estos, por ser vinos tan de un proceso, nos contradicen un poco si insistimos en ser muy "terroiristas". Pero los de Gravner y Radikon para mí pueden ser vinos fascinantes. Me dan un placer intelectual muy peculiar y por eso vuelvo a ellos asiduamente.

El "Jakot", por cierto, es un buen vino introductorio al estilo, pues en realidad presenta una frutosidad mucho más accesible.

En cuanto a los de Emidio Pepe, pues no puedo menos que preocuparme por ti, amigo. ¿Has ido al médico para que te revisen eso? A decir verdad, quizás yo soy hiposensible a esas cosas "animales" que dices, o tú eres hipersensible. Quizás es cuestión de nuestra formación como degustadores. A mí, si el aspecto animal está bien integrado en un todo complejo, me resulta difícil objetar. Pero entiendo que en estos tiempos se educa a la gente a rechazar todo lo que huela a algún tipo de animal (por noble que sea la bestia, pues mira que no huelen a lo mismo un caballo sudado que ha estado galopando por el campo que una mofeta o un buey almizclero) o, peor aún, que tenga algún asomo de pirazina. Hay cosas que sencillamente no caben en el perfil de un buen vino, según la enseñanza "moderna". Tant pis...

Sobre el lenguaje: En efecto, yo mismo acabo por aburrirme de la fruta roja, la lavanda, y hasta la quenepa, la guanábana, el anacardo crudo, la harina pastelera, el talco, la coralina triturada, el cemento recién vertido, la manzana Granny Smith, el puerro chino, los hongos shiitake desecados, el ruibarbo, el cuero de Loewe, la caja de especias de abuelita judía, el Partagas serie D No. 4 recién encendido, la ostra recién abierta, el guarapo de caña, el chipotle en adobo, el diesel, el Anís del Mono, la Aqua Velva, el tónico de barbería, el agua de rosas, el alquitrán, las violetas, la canela en rama (o en polvo), la almendra (cruda, hervida, tostada), la fresa silvestre, la fresa cultivada, la fresa en conservas, la pera de Anjou, el comino turco, el azafrán, el cardamomo, el perifollo, el tomillo fresco o seco, el romero ídem, la menta, la yerbabuena, el eneldo, la salvia, la sábila, el cedro de caja de tabacos, el cedro de closet de gente rica, el cedro, el banano 71B, el plátano maduro que no vuelve a verde, el tocador de señoras, la hoja de tomate, el pimiento del padrón, la zarzamora, la sarsaparrilla, la nuez de cola, la nuez moscada, la cereza en licor, el arándano rojo, blanco y negro, la semilla de cilantro, la brisa de mar, la tiza, la hoja de limón, la flor de limonero, la yerba limón, la crema de limón, la piel de limón, el limón entero... Pero vamos, si quieres que te diga un descriptor que me toca las pelotas de forma inusitada y que sin embargo no puedo dejar de usar, carajo, es la puñetera madreselva...

Suena hasta medio kinky.

Bueno, ahora me voy, que hay trabajo.

La frase creía que se explicaba sola. ¿Y qué sería yo si de vez en cuando no pudiese interpretar contra el estereotipo?:-)

M.

Dominic

Dominic dijo

Pues ahí si que no, Manuel, la madreselva es una de las flores más apasionantes y discretas de la naturaleza, crece en los campos a veces peleándose con las zarzamoras y es uno de los olores de mi niñes.
En la casa de mi abuela, en Barcelona, donde viví siete años con mi abuela, y que continua siendo nuestra casa familiar de Barcelona, hay un pequeño jardín o patio interior, con una enorme reja forzada preciosa, que separa nuestro jardincillo del jardincillo del vecino, mi abuela tenía una enorme madreselva que crecia en los suelos del patio y que cubría por completo los treinta o cuarenta metros cuadrados de esa reja. Las diminutas flores de color blanco perlado con los diminutillos estambres regaban todo el jardín de una esencia realmente evocadora, precioso, que yo he revivido en algunos, pocos, vinos.
El olor a madreselva es espectacular, pero efímero, es como un perfume de hadas, de ninfas.
Recuerdo que yo cortaba cientos de florecillas y las exprimía con las dos manos intentando preservar esa esencia en la piel, pero era imposible, al machacarlas con las dos manos, quedaba un olor herbaceo muy distinto al delicado y efímero permufe, dulce, de la flore rediminuta de la madreselva.

No tiene que ver nada con los jazmines, ni con las dalias de otoño, ni con las violetas, ni con el encanto de las lislas, tan lascivo, es un olor muy distinto, muy sugerente.

manuel-camblor dijo

Dominic,

Mi problema no es con la flor en sí. Sobre su delicado perfume estamos muy de acuerdo. Objeto al abuso de ciertas palabras como descriptores de vinos, en el sentido de que aparecen demasiado en una infinidad de "notas de cata" que al final acaban diciendo absolutamente nada. Yo mismo he pecado de abusar de la pobre madreselva, quizás no llevando un poco más allá mi evaluación del aroma de un vino.

Lo peor es que, soltando listillas de esos "descriptores" (que, reitero, poco tienen que ver con la realidad de la madreselva, o la frambuesa, o la silla de montar sudada, o los polvorones de las fiestas, o las aceitunas negras, o lo que sea) con la excusa de "evocar" acabamos no pensando en la esencia del vino particular que nos ocupa. Se nos olvida lo que hace a ese vino diferente de los otros diez que hemos probado esa semana, o de los otros cincuenta que tenemos en la mesa. Cuantificamos los "descriptores" que podemos justificar y, si hay unos cuantos, llamamos a espo "complejidad", pero nuestro lenguaje falla a la hora de describir las interacciones entre todos los aromas a los que hemos asignado esos "descriptores" para no describirlos.

Por cierto, que Josie ha llenado la sala de la casa con los lirios más implacablemente perfumados del mundo. O bueno, ha puesto un florero con lirios de cuya fragancia resulta imposible escapar. Será el aroma de las flores interactuando con el clima tropical.

M.

jesus

jesus dijo

"Traductor, traidor". Si para traducir entre dos idiomas ya nos vemos obligados a traicionar una parte del mensaje, cuánto más si intentamos traducir no ya entre idiomas sino entre lenguajes distintos (el vino como sistema articulado, sus discursos posibles y nuestro lenguaje de palabras). No digamos puntos.

El lenguaje da de sí lo que da de sí, y si lo estiramos a 10.000 descriptores, entonces la probabilidad de que la comunicación fracase es mayor. Aquí creo que es de obligada lectura "Funes el memorioso" de Borges, un cuentecillo de pocas páginas.

Creo, Manuel, que antes de darle vueltas casi en vano a este tema de los descriptores, quizá sería mejor levantar la cuestión de ¿para qué o para quién escribimos notas de cata? ¿Quién es el "lector" que imaginamos cuando escribimos una nota de cata?

Puede que escribamos para nosotros mismos, lo que es un excelente ejercicio de memoria entre otras cosas, o puede que escribamos con tal o cual público en mente. O puede que escribamos para nosotros mismos y aun así nos de por hacer públicas las notas en tal o cual foro, o blog, no sabemos por qué irrefrenable deseo exhibicionista. O es una necesidad técnica profesional para poder evaluar (junto con otros análisis científicos) un producto dado, tal vino, tal pago, la influencia de tal barrica. Según sean unas u otras las intenciones y destinatarios de esas notas de cata, debarán ser unos los problemas de lenguaje a abordar.

Estoy casi seguro de que una razonable batería de emoticonos sería más útil que la mayoría de descripciones de cata.

Bajo mi punto de vista (mojándome), de las tuyas se puede decir que, como mínimo, son muy sugerentes (que es mejor que decir imaginativas). Y que llevan estilo literario suficiente como para que uno no crea que pierde el tiempo leyéndolas. Que usted lo baila bueno, vamos, pero que quede claro, que si el vino no lo he catado yo también pues no termino de hacer una idea ni lejana. Cuando tengo la experiencia de haberlo probado, pues entonces sí sé más o menos qué me cuentas.

Me da la sensación que más allá de lo literario, el "contarlo" solo es útil para vender algo, de lo contrario no queda otra que compartir la experiencia. "Uséase": la bebienda.

rp

rp dijo

hola M.. desde luego que asumo con humildad y no sin un poco de envidia que mi escuela no es la tuya.. que en esta pequeña rioja las ventanas son pocas y pequeñas y que aunque empiezas a beber pronto nunca acabas de beber bien del todo.. sobre todo porque el beber bien, para mi, implica beber diferente... cierto que nací y he estado expuesto al momento álgido del vinochapapote... del que intento salir poco a poco aunque creo que siempre saldré de ahí un poco manchado... cierto que sólo tengo mi camino y mi intuición ya que la mayor parte de mi entorno puede que no tenga esas inquietudes... suerte la tuya con ese grupo de amigos conocedores y con tanta inquietud...

sin embargo, quiero que sepas que no me importa opinar diferente de ti en muchas cosas, que a veces me gusta... que mis diferencias las comparto contigo con mucha humildad y desde un peldaño más abajo... de todas formas, aunque no te lo creas, a veces me gusta más que lo que cuentas, el cómo lo cuentas...
espero que esto no te frustre, porque va un poquito en la linea de lo que Jesus dice.. si no se bebe juntos, de casi nada sirven las opiniones, pero a falta de que las opiniones sean contrastables.. que bueno es que sean entretenidas, intrigantes o sugerentes...

se pasa un buen rato leyéndote aunque no se comparta tu opinión...espero que no te parezca poco...

manuel-camblor dijo

RP,

¡No te me pongas tan serio, compadre, que estaba jaraneando un poco contigo!

Claro, como casi todas mis mordaces jodas, el comentario de arriba tiene un trasfondo crtico serio, que en este caso iba dirigido a tu uso de “oxidado” y “animal” en negativo que llega a parecer absoluto y no admite mucha cualificación. Eso—aunque bien puedo equivocarme—se lo atribuyo a una formación enológica de éstas de ahora, que sencillamente descalifica todo aspecto animal como “sucio” y todo aspecto oxidativo como “falta de control en bodega” o algo peor.

Pero muchos de los vinos que me han conmovido en los añitos que llevo en esto están claramente marcados precisamente por un carácter oxidativo o por algún aspecto animal. Un Tondonia Blanco es lo que es. Para algunos es inaceptable, pero para mí es el más—si no el único—importante vino blanco español, uno con una personalidad inconfundible y una longevidad admirable. Igual, en cuanto a animalidades, esos montepulcianos de Pepe son algo tremendo en cuanto a su complejidad, de la cual el aspecto animal es solamente una partecita. Y vamos, que no vamos a ponernos a hablar del Ródano, o incluso de ciertos lugares de Borgoña donde esas pestecillas acaban dando sabrosura. No discuto de gustos. De lo que discuto es de descalificar ciertos atributos como siempre negativos, cosa que me he encontrado mucho en los antedichos añitos.

En cuanto a lo que dice Norjito, que siempre aporta cosillas excelentes de las que dan tela a montones (además, alguien que referencia a Borges tan acertadamente no puede menos que ser buen chico y hasta de la familia…), creo que es imposible escribir el vino—comunicarlo tal cual lo experimentamos, esperando que nuestros referentes sean exactamente interpretables. Quien aspire a semejante cosa es un iluso perdido. Pobrecillo. Mientras no aparezca en la calle el chisme que se ve en esta peli…

http://youtube.com/watch?v=5NkjKS_BCqU

…Veo a dicho iluso, como pintorescamente se dice aquí en Santo Domingo, “feo pa’ la foto”. Nuestro destino es abusar de un lenguaje imperfecto. No escribimos la realidad. La realidad nos mueve a escribir.

Ahí caemoss en el “como lo digo”, o sea, la forma por encima del contenido. En ese sentido me siento sumamente agradecido de que disfruten tanto estos cuentos que cuento yo. En realidad son mis tributos al vino, bueno y malo, grande y chiquito, buenos y malos, grandes y chiquitos. El acto de “intercambiar la experiencia” es imposible. Pero si un vino nos provoca unas líneas que mueven al prójimo, creo que ya ahí cumplimos con el cometido principal de contar lo que sentimos. Que compartas o no mis opiniones, eso es plato aparte. Si al menos te provoco a seguir leyendo, pues, ya.

M.

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La otra botella

Educado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.

Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.

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