Manuel Camblor
24 Sep 2008
Despedida. Y debut...
Nada. Ha llegado el momento ya. Hoy se despide formalmente (aunque quizás no funcionalmente) La otra botella de Lomejordelvinoderioja.com, el portal que la vió nacer y donde ha residido durante los últimos veinte meses y docientos veintiocho entregas.
Antes de que los más dados al chisme entre quienes me la tienen jurada se entreguen a la especulación, les pongo claro que esta partida es amigable. Abandono el sitio, primariamente, en busca de una plataforma técnica más flexible y adecuable a las necesidades de mi blog.
En segundo
Luego me fuí dando cuenta de que el portal al que me brindaba no era, ni de lejitos, un proyecto independiente. Entendí que Lomejordelvinoderioja era parte de una entidad corporativa grande. Comencé a ver como la publicidad invadía mi blog sin advertencia previa a mí, a veces interrumpiendo su feng shui de forma harto molesta (porque vamos, ¿cuántas veces hay que ver el mismo anuncio de un banco o una aseguradora mientras transitas lateralmente de post a post en un blog?). Me dí a pensar que proporcionaba contenido gratuito y creaba tráfico no para aquellos amigos
Ojo a la voz pasiva. Yo les mandaba mensajes a los amigos que me instaran originalmente a hacer el blog. Pero en realidad no estaba en ellos solucionar los problemas que yo anunciaba. Había todo un aparato burocrático—con la característica lentitud de todo aparato burocrático que se precie—dedicado, tal parecía, a ignorar mis necesidades. Mis frustraciones aumentaban casi con cada entrada que hacía. Tenía que hacer algo. Yo mismo.
Y hasta ahí mi versión. Cansadito de la dieta de ajo y agua y de regalar mi tiempo y energías a una entidad corporativa no especialmente agradecida, tomé una decisión que desemboca en este último mensaje, la última entrega de La otra botella a albergarse en este portal.
No es accidental tampoco la semántica de la oración precedente. La otra botella continúa. Tendrá ahora una nueva dirección:
Poseer mi propio dominio me da una paz que aquí no tenía. Si bien la sombra de alguna gran corporación me rozará, pues todo en esta internet es así, el responsable
Sólo me queda reiterar que mi partida de aquí es en amistad y en busca de satisfacción personal más que nada. Los amigos que me motivaron a crear La otra botella saben que les estoy agradecido. Quizás sin sus arengas me hubiese tomado mucho más embarcarme en esto de hacer un blog. La verdad, el espacio ha dado mucho de sí, aún con las obvias trabas y los vicios de diseño
En el futuro no descarto en lo absoluto colaborar muevamente con Lomejordelvinoderioja.com, aunque probablemente la colaboración sería muy distinta en su carácter. Me parece un portal con inmenso potencial y sé que algo podremos hacer en conjunto, por el vino y por la convivialidad. Además, está el delicado asuntillo de todos los posts míos que aquí quedan. Tengo personal de mi lado trabajando en una migración, o al menos una copia,
Pero bueno, eso era. Nos vemos en mi nuevo chiringuito. Corra la voz, riéguese por foros y, amigos blogueros, actualicen su lista de enlaces. Aún no tengo nada colgado allí más que la “administrivia”, o sea que les agradezco una mini-paciencia hasta el 1 de octubre, cuando lanzaré la cosa de verdad-verdad.
Con afecto,
La otra botella
19 Sep 2008
Adiós y homenaje a dos grandes, entre sismos
Resulta que sí, me pasé unos días en Nueva York, hacienda visitas a todos mis medicos (son unos cuantos, pero lamento desencantar a mis queridos enemigos: Estoy de muy Buena salud) y recargando las pilas imaginativas en general.
También resulta que, al regresar, todo parecía ser malas noticias. Primero, el suicidio de David Foster Wallace el fin de semana pasado. Wallace, autor de Infinite Jest (1996) fue un joven escritor dotado de habilidades casi joyceano-cortazáricas para el juego lingüístico. Tal disposición para con el lenguaje usualmente viene acompañada por un sentido
Por lo menos
Sin embargo, se sienten los efectos aquí,
El remache de todo lo malo que ha venido pasando es que anteayer tarde leía en Wine Disorder, un nuevo foro de vino y vida que surge de las cenizas
Puedo concebir, un poco más allá
Pero claro, andar reconociendo paralelos es una cuestión puramente personal. Le entré a David Foster Wallace por primera vez con un libro de relatos cortos llamado Brief Interviews with Hideous Men (1999) y he de confesar que no fue amor a primera lectura. Tuve luego que lidiar con las mil y tantas páginas de Infinite Jest porque un amigo me había dicho: “Ese es el que tienes que leerte”. En un principio me costó el mismo trabajo que, digamos, Pynchon en V o el Joyce de Finnegan’s Wake. No comprendía yo lo que intentaba hacer el autor, adonde pretendía llevarme. Sin embargo, no podia soltar aquel monumental libro y devoraba decena de páginas tras decena de páginas, sintiéndome provocado, pensando.
Algo similar me pasó con los vinos de Didier Dagueneau. Decir que mi relación con ellos es “conflictuada” es quedarse corto. Fuí introducido a ellos a través de algún Pur Sang de principios de los noventas que me parecía demasiado opulento y de
Aunque no, quizás es solo fruto de mi imaginación, triste
De todos modos, en el mismo Wine Disorder leí, al levantarme esta mañana, una meditación más larga y muy elocuente de mi apreciado Dressner sobre la manera de ser y operar y el legado de Didier Dagueneau (vale aclarar que, al menos en los últimos años, Dressner importaba los vinos de Dagueneau a E.E.U.U.):
http://winedisorder.com/comment/56/281/
Bueno, y tres días le tomó a Decanter.com reporter sobre la muerte de Didier Dagueneau. Ya cuando vino a salir la noticia en ese sitio era tema Viejo para mí y para muchos más de quienes enérgicamente por la internet
http://www.decanter.com/news/268039.html
Aparentemente, la megaindustria
Je, je…
En otro orden de ideas, y volviendo a temas un poco más difíciles, al parecer el episodio
La cuestión es que en lo que ese particular hacha va y viene, he tomado una decision. A partir de la semana que viene, publicaré mis posts simultáneamente en un Nuevo sitio que creé en Wordpress y en este portal. Es echarme una tarea extra, pero lo hago de la major fe, a ver si la solución que logran aquí es satisfactoria y luego podemos consolidarlo todo. En la medida en que le pongan ganas a la solución, tendré yo ánimos de continuar colaborando y copublicando. Claro, si las cosas no suceden a buen paso, pues, probablemente me limite a una sola dirección, que sera la nueva.
Luego les contaré más, Todavía tengo que familiarizarme bien con el interface de Wordpress, subir imágenes, widgets y otras tonterías antes de comenzar a colgar artículos propiamente dichos. Se admiten consejos, per favore, pues considero que esto
06 Sep 2008
¿Proto-réquiem?
Ultimamente no le tengo muchas ganas al blog. Estoy muy ocupado en mi trabajo y, a decir verdad, me cuesta bastante justificar los ratos que he de dedicarle a pensar y crear nuevas entregas de La otra botella. Además—y esto es crucial—, como que no despiertan ya en mí la misma indignación o espíritu burlón los temas que se cuecen hoy en el mundo del vino. Me planteo frecuentemente que todo lo que tenía que decir, ya lo he dicho.
Encima, el otro día pensaba en como adjudicaría los premios El Botellazo™ este año. Desde mi mudanza a Santo Domingo se me ha acabado la aventurera promiscuidad vínica que gozaba en Manhattan. Donde antes tenía muchísimo que contar sobre muchísimos vinos interesantes, ahora me veo limitado a repetir de un puñado de vinos decentes que aquí he encontrado.
Tiene su peculiar encanto, lo de pasarse una caja de botellas de esto o aquello en noches cercanas una de la otra. Comprendes como se creaban nuestros padres o abuelos sus lealtades a marcas “de confianza” y creas una relación verdaderamente íntima con vinos que, si son buenos de verdad, te muestran facetas distintas cada vez y te mantienen atento. De ese orden puedo mencionarles por lo menos tres o cuatro. El Georg Breuer, Riesling “Charm”, Rheingau 2005 es una maravilla de personalidad bajo tapón de rosca. Llevo ya 16 botellas abiertas, cada una encantadora. El Foradori, Teroldego Rotaliano 2006 es un tinto encantador en su sencillez, con frescura y garra. Llevo media caja. El La Rioja Alta S.A., “Viña Alberdi” Reserva, Rioja 2000 (aproximadamente diez botellas) es todo lo que me piden los chuletones en mi steak house habitual. Y encima está muy bien de precio. Con estos vinos, como decía aquella canción de Prince, “There’s joy in repetition”.
Claro, también hay otros que no dan tan buenas relaciones. ¿Se acuerdan de aquel Abbazia di Novacella, Kerner, Alto Adige 2007 con 14% que no se le notaba y muy bonita floralidad en la primera botella? Resulta que, tras seis botellas abiertas, comienza a pesar el alcoholillo y las florecitas a empalagar un tanto. Cinco te dejan preguntándote qué carajos te habrá poseido a dejarte enchular por la primera.
La cuestión: ¿Da esto para mantener un blog animado? La otra cuestión: ¿Qué diablos ganaría con vivirme quejando de la monotonía que generalmente encuentro en las tiendas de vino de esta isla en que vivo? Pocos SKUs con muchos frentes y que “el consumidor” se sienta que está teniendo una experiencia amplia y variada del “vino” es el sueño de la actual gran industria de las enobebidas. Puedo protestar hasta el hartazgo, pero… ¿Y qué? La vida no me da tantas agradables sorpresas como antes… ¡Gran vaina!
Incluso cuando abro ahora una de esas botellas de la Reserva de Emergencia, importadas a mano con todo mi amor para aliviarme y ubirme los ánimos cuando la vida me apesta, ya ni me dan ganas de tomar notas de cata, mucho menos de colgarlas aquí. ¿Qué van a ser? ¿Otro inventario de la despensa? ¿Otra cantaleta sobre lo que es vino de verdad y lo que es enoproducto tecnobastardeado? ¿Otro sermón sobre si los “descriptores” analógicos tan abusados en las notas de cata de todo quisque son manifestaciones de tal o cual asqueroso doxa?
Lo dicho: ¿Y qué?
Pasó recientemente que un par de buenos amigos que bloguean sobre vino manifestaron una malaise similar a la que hoy me aqueja. Bloguear requiere un entusiasmo que a veces a uno—ser humano al fin—le falla. Uno se cansa. Se aburre. Se le van las ganas de seguir fastidiando. Los del gran negocio, que hagan su gran negocio. Mientras siga yo encontrando que beber, que es lo importante, podemos quedar en paz, ellos por su lado y yo por el mío.
Puede que lo mejor para La otra botella sea un sabático. O quizás deba fingir mi propio deceso y luego—como el personaje ambivalente interpretado por Rebecca Romijn en Ugly Betty, un programita de la tele que es uno de mis placeres más culpables—retornar con un cambio de sexo y una nueva personalidad… Bueno, no tanto como eso. Meramente me hablo figurativamente de cerrar este chirinquito y reinventarlo, como les pasa a ciertas discotecas. Quizás pudiera asumir la postura exactamente opuesta a la que he mantenido hasta ahora. Aunque no sé, eso requiere energía y una magnanimidad con el propio tiempo de la que últimamente ando justito. Nota añadida posteriormente: Molesta bastante la plataforma en la que estoy blogueando actualmente, reitero. No por continuar dando canna a los organizadores de este portal en que habita La otra botella. Intentar editar cualquier cosa en este software desde un buscador que no sea Explorer y un generador de texto que no sea Microsoft Word es una receta par alas más horribles frustraciones. A cada rato el formato de la página se violenta como por arte de magia negra. Ahora mismo intentaba corregir dos errorcillos ortográficos y todo se jodió, cambiando medalaganariamente a negritas o itálicas meramente porque estoy trabajando en la Mac de mi casa. Y no digamos nada de que tan sólo intentar leer el blog desde un buscador que no sea Explorer es una zambullida en la frustración. El ámbito tecnológico es el otro aspecto que me tiene con estos pensamientos de escape. Esto no es lo que debiera ser, ni de lejitos…
En fin, que les dejo dos notas de lo que ha valido la pena beber últimamente y que ha sido diferente de lo que aparece en el mercado local. En una abrí el Jean-Paul Brun, “L’Ancien” Vieilles Vignes, Beaujolais 2006, un Ancien para más bien poca guarda, según muchos entendidos.
Lejos queda la ligereza perfumada de su llegada al mercado neoyorquino. Ha ganado peso y su fruta se ha oscurecido en cuanto a carácter. Donde antes había preciosa fresa fresca, ahora hay notas de frambuesa negra añadiendo profundidad. También presenta un deje de remolacha que me recuerda a ciertos pinots noirs de más al norte. Aroma y sabor pleno y puro, con capa tras capa de fruta sobre un fondo de cemento recién vertido. Aterciopelado y mullido en boca, con taninos vivaces y acidez marcada. Eso sí, se siente en la estructura menos solidez que de costumbre—como en un tejido menos apretado, que deja pasar aire. Quizás eso es lo que indica una potencial menro longevidad. Pero no importa. Está delicioso ahora mismo, carnoso y mineral.

Otra noche, ante una dietética ensalada con gambas y aguacate, me abrí el Schnaitmann, Riesling Trocken Uhlbacher, Wurttemberg 2006. Este lo compré en Chambers Street Wines durante mi última estadía en Nueva York. La nariz es más bien reservadita, con melocotón blanco y limón tocando una económica melodía (la sinestesia es lo único que queda, diría un amigo mío) sobre el poderoso y sincopado ritmo que marca una mineralidad tremenda. Lo importante aquí, queda claro inmediatamente, es una monumental mineralidad tizoso-cuárzica. Completamente seco y con excelente acidez para complementar su mineralidad, esto te hace la boca agua. La mineralidad se manifiesta en capas de textura, una de grano fino sobre otra de grano grueso, sobre otras diez más dando distintas impresiones. Largo y muy sabroso precisamente por esa texturalidad.
Pero, ¿y qué? No deja de ser más que otra nota de cata de un vino que tendría que viajar lejos para conseguir de nuevo, si es que quedan existencias. Quizás no me empate con él nunca más, aunque quiera, lo que me pone en una situación parecida a la de algunos de los lectores de este espacio, que me dicen que los vinos de los que hablo son inconseguibles.
Justicia poética quizás.
Otra nota añadida posteriormente: Notarán que el texto aparece en el formato que le da la gana. Aparentemente, desde mi Mac no puedo insertar texto con formato de negritas o itálicas (aún en Word for Mac 2007) sin que el texto contiguo “adquiera” también el formato de la palabra en negritas, etc. Se imaginarán como a alguien tan entregado y perfeccionista como yo el que mis textos aparezcan como le da la gana a un software de porquería y no como yo quise que salieran me parece insultante. Al departamento tecnológico de como se llame la empresa que lleva esto: EL SISTEMA ES UN DESASTRE. DE CONTRA QUE ESTOY FRUSTRADO CON LA ACTIVIDAD MISMA DE BLOGUEAR, SI USTEDES INSISTEN EN SU INACCION CON RESPECTO A TODAS LAS PEGAS DE ESTE PORTAL, VqAN A ACABAR POR MANDARME AL CARAJO LAS GANAS DE SEGUIR DANDOLES CONTENIDO GRATIS. POR SI NO SE HAN DADO CUENTA, YA NO TENGO MUCHAS. O HACEN ALGO POR ARREGLAR ESTA PORQUERIA, O LO TOMARE MUY PERSONALMENTE.
Por lo pronto, no sé que hacer. Podría irme unos días a Nueva York, a comer y beber. Va y eso me da ganas de seguir escribiendo. Vida. Inyectable. Para un pobre blog que se nos muere. Les dejo una musiquita, en lo que me tomo un momento de reposo y meditación. Hace un ratito tenía puesta en la computadora aquella Missa Solemnis K337 de Mozart que me tiene, por momentos, más de criptozarzuela que de misa. De eso no hay video, pero de lo que he puesto después sí: Matt Johnson fue una de las figuras claves del rock alternativo cuando yo estaba en la universidad. Siempre esperaba con ansias la aparición de un nuevo disco de The The, su grupo. Se tomaba su tiempo y no sacó muchos. Me pregunto dónde andará metido. Esta se llama “Slow Emotion Replay”:
31 Ago 2008
Interludio musical, aunque nadie hable de esas cosas...
La otra botella tiene un componente musical que para mí, al menos, es crucial. He visto estas páginas pasar a ser mucho más que mi blog, convirtiéndose en un intenso medio de discusión seria y no tan seria sobre el estado actual de la cultura
Lo que me pregunto es por qué, con tanto que se habla aquí, casi nunca hablamos de toda esta música que les pongo. Hay cosas nuevas y cosas viejas, cosas convencionales y cosas rarísimas, se estiran y se pliegan géneros, hay euforia y languidez…
Esta tarde de sábado, penúltima
Jim White, “Book of Angels”: Country alternativo, atmosférico, profundo, fantasmal…
Junior Boys, “Teach Me How to Fight”: Pop electrónico minimalista, dulcemente melancólico. Magnífico video.
Yaël Naim, “Toxic”: Sí, es la canción de Britney Spears y ésta es la chica de la canción del anuncio de la MacBook Air, subvirtiendo a Britney exquisitamente…
French Kicks, “The Trial of the Century”: En Brooklyn hay de todo.
Solomon Burke, “None of Us Are Free”: El soul
Spearhead, “Hole In the Bucket”: Clásico del rap consciente.
Macaco, “Giratuto”: Lo bonito que puede ser el pop ibérico…
Les Nubians, “Temperature Rising”: Estas chicas son prueba fiel de que aún algo bueno puede salir de Burdeos.
Josh Rouse, “Winter In the
Los Amigos Invisibles, “Playa azul”: Estoy seguro que vivo cerca de una…
The Bird and the Bee, “Psycho Killer”: Una de mis canciones favoritas, pasada por la máquina de osmosis inversa. Dedicada a todo lo de eso que hay por ahí.
30 Ago 2008
Mi agosto, casi hecho (y 3)
A cada rato alguien me pide que le haga una lista de “vinos recomendados” de alguna región, por lo de facilitarles su introducción a la misma. Esas peticiones, en la medida que puedo, las complazco a la mayor amplitud posible, pues siempre espero que, ante una amplitud de opciones se despierte una amplitud de curiosidad. Así, viéndose ante una cantidad considerable de ejemplos de buenos vinos de la Côte de Nuits, o de
Otra cosa que hago mucho es dar bibliografías sobre vino. Siempre he dicho que aprender de vino es cosa de beber mucho, de hablar con la gente
Este preámbulo no es un mero elogio a lo complaciente que tiendo a ser. Resulta que me ha asaltado una inquietud. Cada vez que construyo una de esas listas de lecturas vínicas obligadas, predominan libros en idiomas que no son mi lengua materna. Recientemente me encontraba desempacando mi biblioteca tras la mudanza de Nueva
Ya este problema lo he discutido con varios amigos, copas de por medio. Invariablemente, todos me han sugerido que comience yo a escribir esos libros de vino que tanto extraño. No sé. Yo me siento conflictuado ante esa idea. Alguna vez escribí, en una mini-autobiografía que una profesora me asignó escribir en la universidad, la siguiente petición: “No me llamen “escritor”. Lo de “escritor” implica un profesionalismo
Me dió buena nota, la profe. Y me aseguró que cambiaría de parecer algún día, cosa que aún, veinte años más tarde, no he hecho. Sigo con la misma actitud de amateur en todo. Y así estoy feliz. ¿Cambiará? ¿Me saldrá algún día de dentro lo de sentarme a escribir un libro, de vino o de lo que sea? ¿Qué forma tendrá?
Mientras todo eso se resuelve, sigo leyendo lo que escriben los profesionales. Se acaba agosto y ahora les comentaré un poco sobre mis lecturas vínicas

Además, difícil que uno no se lea un libro vorazmente cuando en él aparece bastante gente que uno conoce y la autora, encima, es de ideas más o menos afines a las de uno. Josie, al verme leyendo, no se cansaba de decirme que el subtítulo
Les diré que al final de todo, mis sentimientos acerca de The Battle for Wine and Love son un tanto encontrados. Por una parte, se trata de un libro que aboga por el vino natural, conectado inextricablemente a un terruño, con energía y tensión vitales: Tout court, vino de verdad.
“Cuando Louis Pasteur se involucró con las levaduras, involuntariamente creó la base para que la industria
Habiendo conocido unos cuantos filósofos bastante objecionables durante mis años de académico, puedo afirmar que no creo que sean la solución de nada. Vamos, que no es cualquier filósofo el que haría falta para que la gente de UC-Davis dé el giro que satisfaría a
Hablando de “romántica”, ése es el punto en el que flaquea en verdad el libro. El tono narrativo coquetea con la idea de presentarnos el a Alice Feiring en un plan de “chica-soltera-busca-al-hombre-de-su-vida-en-Nueva-York” sonante a veces a Sex & the City que, a decir verdad, para mí no funciona.
Además de lo
Claro, quizás todas estas quejas mías no son más que mera minucia. No puedo negar que disfruté mucho leyendo The Battle for Wine and Love—o, mejor dicho, devorándolo, porque me lo leí en cuestión de horas. Me reí un poquito, pensé otro poquito, me indigné otor poquito más (es que les tengo poca paciencia a los vegetarianos…) y aprendí cositas que no sabía, no digamos nada de enterarme de algún sabroso chisme. Además, pude rememorar sobre amigos que veía—o intuía, si no salían mencionados por su verdadero nombre. Eso, con vino, es bastante para una lectura de verano. Tendrá leves fallos
Uno que sí cae definitivamente en la categoría de “buen libro manqué” es Reflections of a Wine Merchant, de Neal Rosenthal (Farrar, Straus & Giroux, Nueva York 2008). Rosenthal es, después de Joe Dressner, el importador de vinos de verdad que más admiro. Digo “después de Joe Dressner” porque creo que la mejor manifestación de mi admiración está en cuantas botellas de sus vinos compro cada año, y a Dressner, por un pequeño margen, le compro más. Pero la labor de Rosenthal y el portafolio que ha creado son verdaderamente admirables, que quede claro.

¿Qué me pasa con estas memorias, que digo que se quedan cortas? Pues,
Entonces, ¿qué me pasó? Pues quizás que Reflections of a Wine Merchant aparece en el vigésimo aniversario de un libro escrito por un colega de Rosenthal que sale repetidamente mencionado por este último; un libro
El estilo literario de Rosenthal es elegante y fluido en la mayoría
El tercer libro que me leí en estas últimas semanas fue, por mucho, el que más me cautivó. En parte historia de intriga, en parte invitación a excesos de Schadenfreude ante los infortunios de gente con más dinero que sentido común, en parte cuento de la caida de ídolos, en parte recuento histórico y en parte culebrón con beautiful people, The Billionaire’s Vinegar, de Benjamin Wallace (Crown, Nueva York, 2008) me absorbió completamente.

¿Se acuerdan de aquel magnífico artículo de Patrick Radden Keefe en The New Yorker sobre el escándalo de las “botellas de Thomas Jefferson”?
Espero que solamente con describirles de lo que va el libro les despierte la curiosidad. La investigación y el estilo narrativo de Benjamin Wallace son impecables y The Billionaire’s Vinegar acaba siendo de lo mejor que he leido este año. Ahora mismo me acuerdo de la simpática frase utilizada por un amigo hace unos días: “Dios dijo ‘hermanos’, no ‘primos’”, y me da por responderle que mire ujté, va y sí dijo ‘primos”, después de todo, al menos considerando el elenco de megaricachones, directores de casa de subasta y críticos de vino con grandes ínfulas que pueblan las páginas de este tremendo libro.
Hablando de primos, a Tyler Colman, mejor conocido como “Dr. Vino”, le debo aquella noticia sobre el Wine Spectator y su “Premio a la Excelencia” otorgado a un restaurante inexistente. También le debo otro de los libros de vino que me leí en agosto—Wine Politics: How Governments, Environmentalists, Mobsters, and Critics Influence the Wines We Drink (

Aparentemente, este libro comenzó sus días
Pero me voy por la tangente… Que Wine Politics fue otro que también me gustó. Quizás no tiene el brio narrativo de The Billionaire’s Vinegar, pero expone muchísimo de lo que ocurre tras bastidores en la industria actual
Ahora me estoy leyendo uno traducido

Ya les contaré más de mis lecturas, pero luego. Por el momento, y en el espíritu del que aún no cree que pudiese yo decir que una porción de concierto de Duran Duran me encantó, o que pudiese yo andar por el Carrefour de Santo Domingo empujando un carrito como cualquier paterfamilias más en domingo, aquí otro choc al sistema, que los amigos de DJ CamblorNO conocen bien, pues es una de las favoritas perennes de dicho pincha-mp3s:
28 Ago 2008
Mi agosto, casi hecho (2)
Creo que no es ningún secreto que he estado tratando de adelgazar. Bueno, ya lo dije ayer, ¿no? Mi cocina de por las noches se ha convertido no solamente en hipocalórica, sino específicamente en hipocarbohidrática. Mucha ensalada con sustancia es lo que estoy cenando y creo—al menos eso me dice la gente—que los resultados comienzan a notarse. A continuación imágenes de lo que crea Camblor cada noche para ayudar a la causa y muy pese a las limitaciones



Algo poseyó a Josie uno de los domingos de agosto, creándole un irresistible deseo de explorar el Carrefour de Santo Domingo. Había visto no sé qué en los diarios sobre “productos franceses” y, pues, quería averiguar de lo que se trataba. Yo hice mi poquito por disuadirla de hacerse ilusiones, pues al final es Carrefour de lo que estamos hablando. Pero claro, no iba al híper desde hacía años, o sea que tampoco es que le metiera verdadera voluntad. Al final le dije: “Bueno, vamos…” Después de todo, no es que tengamos muchas opciones en cuanto a buenos ingredientes aquí y hay que apañarse con lo que aparece.
Muy para mi sorpresa, el Carrefour de la Autopista Duarte ostenta una sección de “productos biológicos”. Okey, no se tratará de hortalizas frescas, pero al menos pude abastecerme de granos integrales diversos para amenizar las comidas y llenar la tripa sin hacer mucho desarreglo: Bulgur, quinoa, etc.
En lo que Josie exploraba la sección de chismes bebológicos, yo me dí un paseito por el área de vinos. No esperaba encontrarme nada particularmente apetecible. Si bien Carrefour es el único sitio donde sabía que encontraría vino de apelaciones francesas de las que tanto gustaba durante mi residencia en Nueva York, pero que en Santo Domingo no aparecen ni a jodidas, lo que apareció en mis anteriores visitas fue invariablemente producto industrial que no tiene nada que ver con lo que yo espero de dichas apelaciones, o sea, aquello a lo que me han acostumbrado en la última década sus mejores representantes.
Pues, la selección francesa no había cambiado en lo absoluto. Nada a lo que entrarle. Me dediqué, ante esta carencia, a ver lo que había en las estanterías españolas, notando unas cuantas etiquetas que no conocía. Entre éllas habían una decena (más o menos) de diseño bastante similar, con gráficas modernas y coloridas. Los vinos que las vestían alegaban ser de muchas denominaciones, desde Ribeiro hasta Rioja hasta Somontano hasta Montsant hasta Ribera del Duero hasta Cariñena. Las contraetiquetas indicaban, bajo descripciones “organolépticas” de las que se han vuelto estándar en el marketing
Pensando yo que quizás me daría este fenómeno de los vinos “elegidos por expertos enólogos” una buena entradita de blog y que, en un improbable mejor caso, hasta podía aparecérseme algo potable, decidí comprar media docenita variada.
Al llegar a la caja me encontré con un problema. El precio
Mis expectativas para estos vinos eran lo que eran. Sabía que no iban a darme nada extraordinario, así que me ajusté a ellos. El primero fue el Bodegas Fábregas, “Vega Milano” Rosado (Elaborado para Carrefour), Somontano 2007. Según la contraetiqueta, syrah 100%. Color frambuesa afucsiado, de leve fluorescencia. Nariz tranquilona de gelatina de frambuesa con leves notas pirazínicas (o sea, de pimiento morrón). Correcto en boca, jugosito y simple, con una refrescante mordida cítrica. Corto. El segundo vino fue el Bodegas Frutos Vilar, “Barbaldos” Rosado (Elaborado para Carrefour), Cigales 2007: Aquí el color es fresa luminoso con destellos violáceos. La nariz es discretaal principio, pero con el aire va ampliándose para dar sandía, fresa y ciruela fresca. Lo mismo en boca. Suculentillo y fácil de beber, pero cortito y olvidable. De hecho, aunque puedo enunciar diferentes descriptores
Lo que no quiere decir que estén malos.

El
El último de los elaborados o seleccionados para Carrefour que compré fue el Bodegas San Valero, “Río Mayor” Reserva (Seleccionado para Carrefour), Cariñena 2004. Josie desaprobó de
Otra cosa saqué del viajecito a Carrefour: En la sección dedicada a diversos burdeos de tercera, cuarta o quinta división pude ver lotes de Clementin de Pape Clément y Château Fombrauge que ostentaban, debajo de sus respectivas etiquetas, banditas blancas y doradas que ponían “Bernard Magrez”. M. Magrez es, por si alguno no ha estado prestando atención a mis diatribas, el responsible de lo que para mí equivale a la muerte de Château Pape Clément. Sí, el megamillonario negociante que contrató a Michel Rolland para que “mejorara” un vino que no necesitaba mejoría alguna, uno de mis antiguos favoritos de
Según entiendo, M. Magrez continúa ampliando su portafolio y,
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Hay noches en las que llego a la casa molesto, sin ganas de más que abrir una botella de algo vivo, vibrante, elocuente, que me provoque y me haga olvidar las diarias cargas. ¿Les suena? Pues eché mano a otra de mis botellas reafirmantes y reconstituyentes importadas a mano desde Nueva York para casos de emergencia. Así. Mi piedra de salvación, casi literalmente, lo fue el delicioso Emrich Schõnleber, Riesling Trocken “Mineral”, Nahe 2007: Un vino delicado
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El verano en
El verano no está siendo tan piadoso con algunas zonas vinícolas de Europa. Ya les dije de lo del Beaujolais. Y recién me enteré de que en Toscana una granizada se cargó la mayor parte de la cosecha de Brunello de Montalcino.
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Otra, comprada aquí a sobreprecio sin pensármela mucho… El Ceretto, “Siana”, Barbera d’Alba 2006: Térreo, con mucha carne curada y una notita de consommé que me hace pensar que la botella estaba en condición menos que pristina.Un barbera rústico y oscuro, con taninos vivos que dan una sensación granulosa al paladar. No muy largo, pero sabroso, sobre todo con unos farfalle en pesto de espinaca con setas y salchicha picante. Receta humilde para romper la dieta un viernes en la noche, vino sencillo. Claro, el problema hoy día es que cualquier vino sencillo te sale por US$30, y eso fastidia lo suyo la jugada.
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Recibí un mensaje el otro día de mi apreciado DJR refiriéndome a un artículo de Gabriela Malizia (les sonará el nombre; fue la autora de aquel artículo que ya discutimos sobre el marketing a “jóvenes” y “mujeres”) en Area
http://www.areadelvino.com/Contenido1.aspx?pID=8900
Básicamente la trama va de
Lo de las levaduras genéticamente manipuladas no es cosa nueva. En ciertos círculos he estado platicando sobre el tema por lo menos desde el 2005. Sé que en la Unión Europea existen reglas que impiden la utilización de materia genéticamente modificada en productos alimenticios sin etiquetar claramente para indicar la presencia de dicha materia. En Estados Unidos, en cambio, el reglamento es más laxo, por no decir turbio. Y allá en el Cono Sur no quiero ni imaginarme… Al menos en Estados Unidos sé que se permite utilizar levaduras genéticamente modificadas en la elaboración de vino, pues las levaduras son consideradas “agentes de procesado” y no parte
Chocante (y no poco hilarante) en el reporte de Malizia es lo que cuenta uno de los directivos de la Asociación de Profesionales en Enología y Alimentos de
Yo,
Antes de invitar al habitual commentez et discutez, les exhortaría a considerar la culpa que tiene de todo este despelote el lenguaje que utilizamos para comunicar nuestras catas. Yo soy el peor de todos, que vivo diciendo que voy a abandonar las “frambuesas” y la “madreselva” y la “canela” o el “café” o el “tomillo” o la “toronja” a la hora de describir los vinos y a concentrarme eb ek carácter de lo que bebo a un nivel más profundo e íntimo. Pero vuelvo a caer en la bobería
Con nuestras listicas de supermercado, ¿no les hemos indicado a estos laboratoristas ym ercadólogos exactamente qué buscar? ¿No hemos creado el monstruo tecnológico que sólo desea “potenciar aromas y sabores” con nuestro propio lenguaje, que parecería indicar que esos aromas y sabores son lo único que deseamos en el vino?
Ahora mejor me callo, porque la verdad es que se me calientan las orejas pensando en esto
(Concluye en la próxima entrega…)
Mi agosto, casi hecho (1)
Post #222 de La otra botella. No sé por qué me da con que son cifras así las que debiera celebrar…
El mes de agosto, tras el disco party que les dejé en mi penúltima intervención acá, transcurrió tranquilo.
La segunda semana comenzó bien. En una me ví comiendo y bebiendo feliz en una mesa donde yo era el único hombre, cosa rarísima en esto de la enochaladura y que me gustaría ver mucho más. No que en el pasado haya yo dejado de disfrutar en un montón de ocasiones libatorias bastante machocéntircas sencillamente porque la compaña fuera toda masculina, pero hay que decirlo, en esto de la vinomanía nos hacen falta más chicas bebiendo junto a nosotros y, sobre todo, opinando. Opinando mucho.
Pues estaba yo en Davy Crockett, mi steak house favorito en la capital dominicana, junto a Josie, Elizabeth Peña, la editora de la revista local de vinos El Enófilo y Carolina García Viadero, de Bodegas Valduero, quien estaba de visita en Santo Domingo. A Elizabeth le había parecido buena idea que yo conociese a Carolina y la agenda de esta última permitió, o sea que allí apareció Camblor con su bella esposa, la que siempre protesta porque las reuniones de vino son todo hombres y “demasiado tecnicistas”.
Aparte de lo simpatiquísima y ocurrente que es
Yo había traido un par de botellas conmigo al restaurante. Una era del François Cotat, “Les Monts Damnés”, Chavignol, Sancerre 2005, cuidadosamente doble-decantado un par de horas antes de la cena. La razón para ofrecer esta botella en un obvio acto de infanticidio era que había conocido a Elizabeth Peña tras leer en su revista una nota de cata en la que atribuía aromas de “sílex” a un sauvignon neozelandés. Yo, curioso, le mandé un e-mail a su revista pidiéndole que me contara más sobre esos aromas silíceos y sobre sus ideas acerca de los demás aromas que encontraba en ese sauvignon. Entablamos un animado intercambio de correo electrónico sobre un montón de temas vínicos locales e internacionales que continúa hasta el día de hoy. Quería yo mostrarle a
Sin duda, la jarreada lo ayuda, pero está apretadísimo ahora mismo. Bonitos aspectos florales y especiados sobre cítricos limpios. El cotatiano golpe sulfuroso. Mucha viveza, con un espinazo acídico firme y mucha piedra blanca. Pero lo que está dejando ver actualmente es una mera fracción de la realidad. Compacto y muy primario.
Mi otra botella fue de un vino recomendado por Lyle Fass en Chambers Street Wines. Iba a llevarlo a un jeebus en Manhattan, pero luego aparecieron otras cosas y tuve que echarlo en la maleta, o sea que a Santo Domingo vino a parar. Era el Rapet Père et Fils, Aloxe-Corton 2006 y estaba delicioso. Ligero de cuerpo y volador de nariz, con fruta negra muy compacta, jazmín, violetas y una banda salina muy interesante que, por momentos, me recordaba a sangre y quizás tenga que ver con contenido férrico en el suelo
Probamos un par de vinos de Valduero con los platos principales. El primero fue el Valduero, Reserva, Ribera del Duero 2004. Amplio, cálido y especiado,
Siguió un Valduero, Reserva “6 Años”, Ribera del Duero 1998 bastante hermético. Fruta negra salina y seriota entre aspectos de peletería y roble. Potente y muy tánico. Esto necesitaba o varias horas de aire para consumirlo esa noche, o necesita unos cuantos años más de botella. Mucha estructura. Lo que digo siempre: Si la Ribera diese más vinos
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Andaba yo un poquito estresado en el trabajo y con algo de mal humor. Llegué un jueves a casa determinado a agarrar algo de la reserva que hice de vinos para reafirmarle a uno las ganas de vivir. Abrí el Alice et Olivier de Moor, “Rosette”, Chablis 2006 con una ensalada de pescado (estoy a dieta de nuevo; quiero botar treinta libras y es ya). Comienza un poquito raro, en términos de lo que esperaba: Todo crema, manzana dorada, jengibre y almendra. Parecería demasiado carnoso y opulento para un chablis “básico” y, encima, resulta de un tenor golosón que me perturba. Me lo encuentro regordete, saltarín y simpático, pero eso en un principio me molesta en vez de agradarme. Afortunadamente, con un par de horas de aire da un cambio radical. Sus carnes adquieren firmeza y la fruta va de manzana a naranja y limón, conservando la misma nota de jengibre
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Una segunda botella
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Creo que a la muchacha que me atendía en la tienda de uno de los distribuidores locales de vino le resulté curioso. Me pareció notarle una cierta superciliaridad cuando vió la botella de Marqués de Riscal, Rosado, Rioja 2006 que había colocado sobre el mostrador junto a media docena de otras variadas. Le dije: “Me imagino que no son muchos los hombres aquí que compran rosado”. Ella respondió: “No señor”. Vamos, que al ser esto y un par de cositas más lo que hay disponible en
En fin, que el rosadito de Riscal, de un color fresa-coral afucsiado y con destellos cobrizos… Aromas un tanto balbuciantes (o sea, no claros de expresión) de fresa, pasa dorada, mentol y nueces. En boca es de cuerpo medio, ciruelesco y simplón. Tiene buena acidez en un posgusto medio donde surge un agradable amargor naranjesco y un no sé qué de pimiento morrón asado.
La botella
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Llegué yo a casa tras otra de mis tardes estresantes, de viernes bajo la torrencial lluvia que virtiera sobre
En fin, que echando mano a lo que había en la neverilla de vinos
Lo primero que le dije a Josie al servir el vino en
De nariz es bastante recatado, considerando lo que suele hacer el promedio de los tecnotintos argentinos de lujo hoy día. Mermelada de cereza y frambuesa negra, yerbabuena, canela y borra de café. Huele sobremaduro, pero hay una peculiar armonía entre los componentes. Nada se hace exagerado ni se sale de lugar. En boca entra con un aire ketchupesco. Sí, “potente” y “aterciopelado” lo es. Dulzor de mermelada de frutas negras con toquecitos de amargor agradable. Muy cálido de primera impresión, aunque lo sirvo más bien fresquito, por este clima en que vivo ahora y porque es verano. La relación de este vino con la acidez que se le nota es un tanto incómoda. La acidez anda por una banda
Nos bebemos la botella sin particular protesta. Lo único viene cuando le digo a Josie lo que costó. Ahí ella dicta sentencia: “Mullidez genérica; demasiado caro para lo que es”.
Yo concurro. ¿En qué quedaremos, si,
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Les mencioné el otro día a Bengodi, el “deli market” cerca de mis oficinas donde encontré los vinos de Cantina Terlan, Abbazia di Novacella y Foradori. Pues tienen un restaurante al lado de la tienda y Josie y yo nos aventuramos a ir, viendo que había pasado la tormenta tropical Fay sin mayores consecuencias que el aburrimiento de los bebés, quienes hacía días habían tenido que limitar su área de juegos a nuestro apartamento.
Pues bien, nos sentaron en “la cava:, un área
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Experiencia extraña. Abro una botella del Mastroberardino, Aglianico, Campania IGT 2005 para acompañar una ensalada asiática con churrasco marinado en hoisin, ajo y un toquecito leve de chipotle. No porque esperara un maridaje especialmente feliz, sino porque fue la primera botella que me miró desde la neverita y no estaba en las de ponerme a buscar más. Por suerte, funcionó.
Ciruela fresca, cuero, lavanda y notas térreas en nariz y boca, con un deje de fresas y otro de violetas en la retronasalidad que resultan sumamente interesantes. Vamos, que levantan aún más un vino de por sí jugoso y fresco. Pos eso, jugoso y fresco al entrar en boca, pero con unos taninos de cuidado en el paladar medio. El posgusto es larguete y especiado, con un toque de punta de lápiz. El plato hace resaltar la jugosidad
Lo extraño de la experiencia es que cuando iba a vertir la última copa, de repente y sin provocación alguna la cabeza de la botella se desprendió
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Dos canciones que he estado oyendo mucho en mi computadora, en el carro, o cantadas por mí con el reverb de losetas de la ducha. La primera es de un músico al que admiro muchísimo y que sigo desde los primeros ochentas, cuando lidereaba a The Jam. Paul Weller sigue haciendo soul y magia. Su más reciente disco, 22 Dreams ha sido una de las alegrías de mi verano. “Have You Made Up Your Mind?” me recuerda algo setentero entre Detroit y California, dulce, pero con garra. En los comentarios a este video alguien cita a Jools Holland sobre Paul Weller en este nuevo álbum.
La otra canción es “The Dynamo of Volition”, una irresistible tonadita de Jason Mraz. A Jason lo oí por primera vez a causa de mis hijos.
Pues en una de ésas me encontré en una tienda con dos CDs titulados For the Kids y For the Kids Too. Eran de excelentes artistas alternativos haciendo sus versiones de canciones infantiles. Instantáneamente me enamoré de lo que hizo este Jason Mraz con “The Rainbow Connection”, aquella canción que cantaba la rana René en la secuencia inicial de la primera película de los Muppets (yo la ví en el cine…). La letra sigue siendo preciosa y la melodía, pues igual. Desde entonces he seguido lo que hace este muchacho y sus discos me gustan por lo naturales y divertidos. No se anda con jodiendas. Hace pop orgánico que a veces peca de tener excelentes letras, muy irónicas y mordaces en un contexto implacablemente pegajoso. Pues, aquí, gracias a la televisión australiana, una versión acústica de la canción más tarareada por Camblor en agosto, de un álbum cuyo título me fascina: We Sing, We Dance, We Steal Things…
(Continuará)
23 Ago 2008
Je, je, je...
Entrada cortita, mientras continúo mi meditación acerca de si vale la pena seguir blogueando aquí—veo a lomejordelvinoderioja un tanto abandonado, el foro aún lleno de ofertas fatulas de viagra todavía e historias supergastadas en portada y me pregunto en qué anda la gente (irónico que el único suministrando contenido fresco y al filo de las cosas aquí sea un bloguero no remunerado; se pregunta uno donde andará todo el staff pagado de este medio poderoso…), porque el mundo entero no está de vacaciones y la vida y el texto siguen su fluir… Pero bueno, nada, vainas que me cruzan por la cabeza y debo manifestarlas antes de aquello a lo que venía.
Resulta que pasan cosas a la vez muy raras y muy cómicas en este mundo
http://www.drvino.com/2008/08/19/fictitious-restaurant-wins-wine-spectator-award-of-excellence/
Para los no angloleyentes, resumo: Robin Goldstein, autor del libro The Wine Trials (no, no lo he leido, o sea que no puedo comentar), presentó la lista de vinos y el menú ficticios de un restaurante inexistente como candidata a los “Premios a la Excelencia” otorgados anualmente por la revista Wine Spectator a restaurantes con programas de vino supuestamente superlativos, etc., etc. Junto con sus menús, Goldstein sometió la cuota de entrada a concurso, US$250. Su restaurante inexistente, llamado Osteria L’Intrepido y definitivamente no ubicado en Milán, recibió el Wine Spectator Award of Excellence, egún se anunció en el número de agosto 2008 de la revista. Según Goldstein, parece que lo único que hace falta para ostentar ese premio es los dos y medio
Les recomiendo, a partir de “Dr. Vino” seguir los enlaces a la web de Robin Goldstein, donde se explica con lujo de detalles la bromita a costa de esa tan reconocida revista de vinos que tantos puntos da y tanta influencia dizque tiene. Esto es de pelarse de la risa. La mejor parte es lo de la lista privilegiada de la Osteria, que contenía una buena tajada de los vinos italianos peor puntuados por el Wine Spectator en las últimas décadas.
A todos los que creen en las revistas, los puntos, los galardones… Pues nada, sírvanse una copita de algo que sepan que es decente. Les hará falta. Y ahora, a los que queden vivos, commentez et discutez.
10 Ago 2008
De jóvenes, rock alternativo con merlot, vino en la maleta y el verano que hay
Andaba yo ya un poquito desesperado, entre tienda y tienda, distribuidor y distribuidor de vinos… Encontraba en la oferta una gran mayoría de chilenitos, españoles y californianos industrialones, y alguno que otro argentino de consultoría y comenzaba a desesperarme. Cierto es que tenía de vez en cuando uno que otro consuelo
Pues, en un momento de frustración me dije que era hora de echar mano a alguna de aquellas botellas que trajera de Nueva York conmigo, específicamente para casos así. Se trataba
Eso último tengo que añadirlo porque, a decir verdad, este humilde tinto de Puzelat hace parecer cadáveres momificados a muchísimos de los enoproductos que he tenido que zumbarme últimamente. Hasta incluso algunos vinos más decentes que he encontrado, bendecidos por supestamente por vitivinicultura natural, o al menos por una intervención enológica mucho menor, como que se perjudican de la comparación con algo tan natural y vivaz.
Pero bueno, no es que estén tan mal, estos de “menor intervención” de los que hablo. Me siento que, en realidad, últimamente no he estado bebiendo taaaaaaaaaaaaan mal gracias a Bengodi Deli Market, una tienda italiana cerca de mi oficina en la cual descubrí varias cositas
Tuve—y creo que ya lo mencioné aquí—la sorpresa de encontrar en Bengodi varios vinos de Cantina Terlan. Esta casa de Alto

Lo primero que abrí en esta ronda fue el Cantina Terlan, Chardonnay “Kreuth”, Alto Adige 2006. Huele a natillas de naranja con jengibre. Regordete y facilón de entrada, anda un poquito bajo de acidez para mi gusto, pero se deja beber y hasta te suelta una cosita mineral interesante entre la cremosidad final, para mantenerte despierto.
También abrí un Cantina Terlan, Gewurztraminer, Alto Adige 2007 que fue todo un éxito con las señoras que esa noche nos acompañaban. Floral y graso, con un cierto deje tropical entre fruta melocotonesca. Bastante glicérico, pero si se sirve bien fresquito no se le siente.
Además, el Cantina Terlan, Müller-Thurgau, Alto Adige 2007, que se cayó de bruces nada más salir de la botella. Fofo y quemón, sin particular interés aromático más allá de compota de manzana y una floralidad un tanto artificial. Pero la reivindicación vino pronto con un Cantina Terlan, Sauvignon “Winkl”, Alto Adige 2007 consumido la noche siguiente. Esto no es un vino que consideraría yo cómodo para crearle a alguien una afición a la variedad sauvignon. Pero a mí me gusta. Mucho nervio, incluso al punto
También,
El último de Terlan que probé fue el Cantina Terlan, Merlot Riserva “Siebeneich”, Alto Adige 2004. Ya, ya, merlot… Pero es que el señor de la tienda se entusiasmó cuando me vió llevándome todo lo que me llevaba y me lo recomendó, aconsejándome un rato de aire para que se exhibiese mejor el vino. Yo acepté la recomendación y, a decir verdad, no tengo por que arrepentirme. Un sabroso merlotico que me hace pensar en un buen cru bourgeois nidernito, pero sin pretensiones de puntos y no avergonzado por sus pirazinas. Se dejó beber notablemente bien con farfalle al pesto de porcini y nueces. El tratamiento de roble aquí es, por suerte, moderado. Aporta un toque bizcochesco que nunca se sale de control. Notas de pimiento morrón, goma de borrar, arbusto sobre una base de ciruela roja, cereza y rocas trituradas. En boca es jugoso, primario y sabrosón de entrada. En el paladar medio se unen a la fruta roja aspectos térreos y ahumados. Buen largo, con taninos bastante pulidos y admirable frescura. Me da curiosidad
En la misma tienda de Bengodi aparecieron vinos blancos de otro productor de Alto Adige que conocía de antes y que recordaba
También le entré al Abbazia di Novacella, Müller-Thurgau, Alto Adige 2007 y la diferencia con el de Terlan fue muy marcada. Tengo que hacer la salvedad de que a Josie éste tampoco le gustó, o sea que esta apreciación la doy en solitario absoluto. Muy bonita floralidad aquí, y una fruta que, aunque tiene una cierta carnosidad pera-melonesca, mantiene buena ligereza y enfoque. Jugoso y con un aspecto de madreselva muy agradable, a la vez que algo que me recuerda a nísperos en un posgusto medio, con un suave amargor mineral. Va muy bien con una fritatta de espárragos, pancetta stessa y queso de cabra. Con el Abbazia di Novacella, Gewurztraminer, Alto Adige 2007 me queda claro que la principal diferencia entre los blancos de Terlan y los de la abadía radica en la ligereza de estos últimos. Aqu, aunque se sienten los usuales aspectos dulzones y de lanilool típicos de la variedad, la carga glicérica es menor y el vino se beneficia bastante. La ligereza se traduce en una sensación táctil delicada y en unos aromas menos obvios, que sugieren mayor profundidad. Buena acidez y persistencia.
Pero de este conjunto de vinos, el que me atrapó de verdad fue el Abbazia di Novacella, Kerner, Alto Adige 2007. Cuando digo “me atrapó” es que en realidad me siento un poquito raro, pues es un blanco de un viñedo alto a 14% de alcohol que, sin embargo, me engaña y me hace pensar que carga muchísimo menos. La kerner es una variedad híbrida de riesling y trollinger creada para climas extremos, que, aparentemente, es la especialidad de Abbazia di Novacella. Aquí los aromas son florales y uvosos en primer plano, pasando inmediatamente a pera, banano verde, manzana, talco y caliche, con un deje goloso que por momentos me recuerda a algodón de azúcar. Lo dicho, 14%... Pero en boca es un vino elegante, fresco y de paso suave, completamente equilibrado y sin nada que indique su nivel alcohólico. El posgusto es largo y vaporoso, con un interesante amargor entre toronja y kiwi, además de una mineralidad fina. Sigo yo alucinando por
En la misma tienda encontré unos días después algo que, si es el vino de que tan bien hablase hace un tiempo Joan Gómez Pallarès, tenía
Bueno, y otro blanco de por esos lados en Italia que cayó, casualmente, el Ronco dei Tassi, Pinot Grigio, Collio 2007. Interesante color dorado intermedio con unos destellos cobrizos muy atractivos. ¿Contacto con el hollejo? Posiblemente… En la nariz es interesante, aunque en realidad lo siento
Okey, okey. No, no ha caído nada de Rioja últimamente. Hasta me siento mal por eso, pero no es mi culpa, si no se me planta nada interesante delante.
Pero un momento, que tnego algo que me hala las partes privadas…
Este fin de semana se celebra un aniversario que probablemente pasará desapercibido por muchos. Bueno, pasará desapercibido, al menos, por aquellos que tengan la desventura de no ser amantes
El aniversario en cuestión es el segundo de esa necia prohibición de llevar líquidos en el equipaje de mano que va en la cabina de pasajeros de los aviones, instaurada por la Administración de Transporte Aéreo el 10 de agosto del 2006, otro de tantos días que vivirá en la infamia (que parece que hay tantos últimamente, dígameujté…) Aquellos terroristas de pacotilla que montaron aquella idiotez en Heathrow lo peor que lograron fue obligarnos a mí y a muchos como yo a tener que pasar de traer vino a algún lugar cuando viajamos o, si nos aventuramos a cargar con algo, tener que facturarlo con el equipaje grande.
Hay que joderse. A mí que tanto me gustaba viajar ligero con mi micromaletica negra que cabía en cualquier parte y mi mochila, igualmente negra, donde iba la electrónica que siemnpre me acompaña, casi siempre por dos o tres botellucas selectas.
Ahora me veo condenado al maletón facturado y a toda una serie de chismes diversos para proteger las botellas que mando a la panza de los aviones que frecuentemente he de utilizar.
Dos años de esto. Es que la barbarie tiene una peculiar manera de instalarse y hacerse permanente…
En otro orden de ideas, el artículo sobre las estrategias de mercadeo para “captar nuevos paladares” me dejó pensando simultáneamente en el futuro y en el pasado. Temo por que mis hijos—si los marketingones estos se salen con la suya—pierdan la oportunidad de desarrollar un amor profundo por el vino, esa pasión que a mí me mueve tanto y que tanto me enriquece culturalmente. A la vez no puedo evitar extrapolar estas estrategias de los argentinos del artículo (ojo, quien se crea que el resto de la Industria Grande del tecnovino no anda en las mismas y no abarca todo el globo va a tener un infeliz despertar un día de estos…) y pensar en como le hubieran sentado al joven principiante en el vino que una vez fuí.
Ya sé; me dirán que esa parte de los ochentas queda muy lejos y hoy “la juventud” es distinta. Pero yo pienso y pensaré siemrpe que en cada generación nace gente inteligente, de espíritu independiente, voraz curiosidad intelectual y una cierta proclividad tanto hacia los principios
O bueno, ¿y si quizás no son así? ¿Y si los
Porque entiendo que la posibilidad está, para un lado y para otro. Miren ustedes, por ejemplo, en http://www.decanter.com/news/265097.html. No se escape a nadie la ironía, grasienta y sudorosa, de “vino” de un gigante multinacional de; tecnoenoproducto corporativo en un festival de música supuestamente “alternativo”.
Recuerdo a Manuel Camblor, de diecinueve años y sumamente interesado por el tema
Eran otros tiempos, la verdad. Podías darte un gran Burdeos aún por cincuenta dólares. Es más, muchos que en aquellos tiempos descubrí y reconocí inmediatamente
En mi caso, ir a comprar vinos era, más o menos,
Descubrir bandas interesantes… Descubrir vinos interesantes… Ahondar en lo que los hacía interesantes… Eso era su propia recompensa. La gente miraba raro el entusiasmo que algunos amigos y yo adjudicábamos a estas cosas. Eramos “alternativos” a nuestra manera.
¿Les he contado alguna vez lo mucho que me identifico con los personajes (todos los personajes) de aquella novela sentimentalona de Nick Hornby, High Fidelity? Si están hastiados de tanto leer aquí, pues también se pueden alquilar o bajar la película, comiquísima, con John Cusack y Jack Black. Esos personajes vivían la música intensamente, sin casarse con ningún movimiento o estilo en particular. Eran capaces, a la hora de juzgas, de reconocer la calidad en buen punk, funk, soul, gótico, alterno, jazz, pop, o lo que fuera. Omnívoros, obsesivos coleccionistas de experiencias y memorias. Cierro los ojos y me aceurdo de tardes enteras explorando tiendas de discos de segunda mano, buscando rarezas, o metido en tiendas de vino de Miami, hablando con los empleados, decidiendo lo que el presupuesto daba para probar esa noche. A veces me iba a la casa con algo terrible. Otras tenía suerte. Pero en ambos casos sentía que había profundizado mi entendimiento al ampliar mi registro experiencial.
No es esto, en realidad, muy diferente de
El vino, pues, lo mismo. ¿Un vinito de un terroir magnífico, elaborado artesanalmente por alguien que no sabe la pinta que tienen los taninos en polvo, mucho menos lo que tiene que ver un grupo de enfoque con su vino, o para qué sirve un punto Parker? Pues ojalá el vigneron en cuestión tenga descendencia de mentalidad afín, porque si no, a la hora de jubilarse va y viene el gigante multinacional X y le ofrece una millonada por su tierrita, y adiós vino, hello enoproducto elaborado bajo el más estricto control de los consultores que de seguro traerá la supercorporación de fuera. Claro, y los vecinos, viendo que el ex-vigneron, ahora jubilado y acomodado, comienzan a vender también, a la misma corproación o a cualquier superinversionista que venga pretendiendo hacerse de viñedos trofeo. Y uno aquí, ya no amante
Bueno, ya. Resulta que es agosto y
Mientras tanto, DJ Camblor NO ha levantado su cabeza y quiere dejarles un regalito.
Now that’s entertainment!
06 Ago 2008
"Captar nuevos paladares"
Muchísimas veces, lo mejor de este blog sale con las contribuciones de sus lectores. Así, ayer mi estimadísimo Jose lanzísimo Jose lanzó el siguiente enlace, a propósito de mis dos últimas meditaciones fatalistas: http://www.verema.com/articulos/509256-consumidores-no-tradicionales-como-captar-nuevos-paladares Este artículo de Gabriela Malizia, titulado “Consumidores no tradicionales: ¿Cómo captar nuevos paladares?” y publicado en Verema, me dejó erizado y me llevó a sacar un par de conclusiones, a la vez que me motivaba unas cuantas interrogantes. La más importante conclusión: Jamás podré tomarme en serio ningún producto vínico de ninguna bodega que emplee un “director de marketing” (o cualuqiera de las infinitas variantes de dicho cargo) y que base su estrategia en “estudios de mercado”. Lo siento por aquellas bodegas a las cuales he manifestado respeto y admiración en el pasado y que empleaban “expertos” de ese orden sin que yo me hubiese enterado. En el momento que me entere, se acabó lo que se daba. No que tenga yo nada contra los mercadólogos, en principio, pero en el momento en que se convierten en motores de la creación de “vino”, la verdad es que no es bonita la reevaluación que hago de las cosas. El vino de verdad, al menos para mí, es un producto agrícola que debe obedecer primero y por encima de todo, a la naturaleza. Elaborarlo a base de reverse engineering desde el consumidor hasta el viñedo es algo que lo desvirtúa completa e imperdonablemente, lo hace dejar de ser vino para convertirlo en otra cosa. Los “nuevos paladares” de los que trata el artículo de la Sra. Malizia son los de “jóvenes” y los de “mujeres” a los que la industria argentina (con entrevistas a directores de marketing y propietarios de bodegas argentinas es que se sustenta el julepe) pretende hacer atractivo el vino como bebida social. Claro, desde un principio se nota una de las más terribles enfermedades del mercadeo a grupos de consumidores: Mientras más agresivo el plan, más reduccionista es del grupo a quien va dirigido, estudiándolo en base a unas cualidades que, necesariamente, fluctúan de individuo a individuo. Este marketing se basa en juicios que, desgraciadamente para el mercadólogo, aplican a una manada, pero no a los individuos altamente diferenciados, con gustos y fobias propias, que componen un grupo humano. Vamos, si tomamos a un grupo de individuos postadolescentes, encontraremos en él diversos perfiles gustatorios en cuanto a la bebida X de cola, pongamos. A alguno le gustará la Cola X “clásica”, con azúcar y efervescencia de la fórmula original. A otros dos quizás les guste la “Cola X Light”, pero a uno porque se siente gordito y no puede darse el lujo de las calorías adicionales y al otro porque sencillamente le empalaga el azúcar. A otro más va y le gusta un chorrito de limón en su Cola X. Y al de más arriba hasta le gusta sin la efervescencia… Claro, tratándose de un producto industrial, la Cola X puede ser modificada a base de aditivos nuevos según vayan surgiendo nuevos nichos de consumo. ¿Pero puede obrarse así con el vino? Y otra cosa muy importante en esto de “captar nuevos paladares…” Considerando que el vino es un producto agrícola con ciertas limitaciones en cuanto a la cantidad producible, hasta por los más grandes productores, ¿No resulta un poquito raro eso de andar buscando seducir a segmentos enteros de la población, digamos, robándolos Pero nos complicamos demasiado… Sólo quería sugerir una ruta de objeción a nivel ”Jean Pierre Thibaud, dueño de la bodega Ruca Malén subraya que, en especial los jóvenes no se sienten cómodos con los vinos tranquilos. ‘Los chicos, casi sin excepción, rechazan los vinos. Les parecen demasiado amargos, duros, ácidos o astringentes, con un alcohol que les quema la boca. Las burbujas, a las que los acostumbraron las tan populares gaseosas, y el bajo tenor alcohólico de la cerveza hacen que esa bebida les parezca más amigable. Entonces empiezan con ella.” Cómica me resulta, con respecto al estado actual de la industria tecnovínica, la objeción “casi sin excepción” de estos jóvenes a productos “amargos” o “astringentes”, particularmente porque esa misma objeción la tengo yo a los “vinos” tan dependientes del roble que circulan hoy por hoy. Vamos, que no hay nada como una dosis abundante de roble nuevo (y debemos recordar que otro representante de bodega declara boca de jarro que “el roble es vainilla”, y claro, eso les encanta a los chicos) para impartir una sensación astringente-secante en la boca y, si por desgracia el roble es verdón por lo mozo (como los potenciales bebedores), el amargo no te lo quita ni Zeus. Pero más jocoso aún es lo Luego los ejecutivos vinícolas citados entran al tema de “las mujeres”, ese otro grupo tan homogéneo. Ahí me resulta curioso que las declaran parcialesa vinos más ligeros (peferiblemente blancos afrutados) por naturaleza, pero que en los últimos años se ha visto entre un segmento de éllas una proclividad a los mismos tintos “estructurados” que antes fuesen la provincia exclusiva de los machos. ¿Les resulta a ustedes tan rara Otra que les dejo ahí, para comentar y discutir… Hay alguno que otro entre todos estos ejecutivos que ven el enoproducto en plan “big business” que habla de rechazar la producción de vinos a la medida de tal o cual segmento del mercado. Sin embargo, en el mismo trago te sirven lo de que el mercado pide un producto con tal perfil, a tal precio y siempre consistente. ¿Les eludirá la ironía? Yo, para finalizar aquí ya, que el tema me da picazón en los pies, les brindo otra cita del artículo de la Malizia, ésta de José Manuel Ortega, gerente de Bodegas O. Fournier, describiendo la clientela a la que va destinada la línea “introductoria” de enoproductos de su empresa: “Los ‘Urban’ son vinos muy frutados, con taninos suaves, con la fotografía como concepto de etiqueta y de imagen, con una marca que intenta servir de espejo a ese consumidor: urbano, cosmopolita, sofisticado. Todo está pensado para seducir a este consumidor con su primera experiencia en vino y que más adelante podrá adentrarse en otros estilos de vino más potentes”. ¡Es que tiene tanto materiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaal! Imagínense ustedes a cualquier postadolescente medianamente sofisticado cayendo en ésa… Porque la sofisticación y el cosmopolitanismo real creo que llevarían a cualquiera a huir de un producto tan obviamente calculado, especialmente en un joven adulto que opta por el vino en igual medida por gusto propio que por diferenciarse de la manada cervecero-gaseósica. Hmmmmmmmm… Bueno, y si potencia es el próximo escalafón en la cadena de deseabilidad para el joven consumidor de enoproducto, pues, les tengo un eslogan de lo más sabrosón: “¡Red Bull te da aaaaaaalaaaaas!” ¿Que ya está cogido? Qué pena. Recuerdo yo mis primeros años universitarios cuando pienso en esos “jóvenes” que tienen todos estos mercadólogos en su mirilla. Estudiaba yo en Ahora me pregunto si en Gallo había algún mercadólogo calculando friamente
Un videito. Clásico de The Replacements. Lo dedico a esos “jóvenes”
Sobre este blog
La otra botella
manuel-camblorEducado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.
Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.
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