Manuel Camblor
28 Ago 2008
Mi agosto, casi hecho (1)
Post #222 de La otra botella. No sé por qué me da con que son cifras así las que debiera celebrar…
El mes de agosto, tras el disco party que les dejé en mi penúltima intervención acá, transcurrió tranquilo.
La segunda semana comenzó bien. En una me ví comiendo y bebiendo feliz en una mesa donde yo era el único hombre, cosa rarísima en esto de la enochaladura y que me gustaría ver mucho más. No que en el pasado haya yo dejado de disfrutar en un montón de ocasiones libatorias bastante machocéntircas sencillamente porque la compaña fuera toda masculina, pero hay que decirlo, en esto de la vinomanía nos hacen falta más chicas bebiendo junto a nosotros y, sobre todo, opinando. Opinando mucho.
Pues estaba yo en Davy Crockett, mi steak house favorito en la capital dominicana, junto a Josie, Elizabeth Peña, la editora de la revista local de vinos El Enófilo y Carolina García Viadero, de Bodegas Valduero, quien estaba de visita en Santo Domingo. A Elizabeth le había parecido buena idea que yo conociese a Carolina y la agenda de esta última permitió, o sea que allí apareció Camblor con su bella esposa, la que siempre protesta porque las reuniones de vino son todo hombres y “demasiado tecnicistas”.
Aparte de lo simpatiquísima y ocurrente que es
Yo había traido un par de botellas conmigo al restaurante. Una era del François Cotat, “Les Monts Damnés”, Chavignol, Sancerre 2005, cuidadosamente doble-decantado un par de horas antes de la cena. La razón para ofrecer esta botella en un obvio acto de infanticidio era que había conocido a Elizabeth Peña tras leer en su revista una nota de cata en la que atribuía aromas de “sílex” a un sauvignon neozelandés. Yo, curioso, le mandé un e-mail a su revista pidiéndole que me contara más sobre esos aromas silíceos y sobre sus ideas acerca de los demás aromas que encontraba en ese sauvignon. Entablamos un animado intercambio de correo electrónico sobre un montón de temas vínicos locales e internacionales que continúa hasta el día de hoy. Quería yo mostrarle a
Sin duda, la jarreada lo ayuda, pero está apretadísimo ahora mismo. Bonitos aspectos florales y especiados sobre cítricos limpios. El cotatiano golpe sulfuroso. Mucha viveza, con un espinazo acídico firme y mucha piedra blanca. Pero lo que está dejando ver actualmente es una mera fracción de la realidad. Compacto y muy primario.
Mi otra botella fue de un vino recomendado por Lyle Fass en Chambers Street Wines. Iba a llevarlo a un jeebus en Manhattan, pero luego aparecieron otras cosas y tuve que echarlo en la maleta, o sea que a Santo Domingo vino a parar. Era el Rapet Père et Fils, Aloxe-Corton 2006 y estaba delicioso. Ligero de cuerpo y volador de nariz, con fruta negra muy compacta, jazmín, violetas y una banda salina muy interesante que, por momentos, me recordaba a sangre y quizás tenga que ver con contenido férrico en el suelo
Probamos un par de vinos de Valduero con los platos principales. El primero fue el Valduero, Reserva, Ribera del Duero 2004. Amplio, cálido y especiado,
Siguió un Valduero, Reserva “6 Años”, Ribera del Duero 1998 bastante hermético. Fruta negra salina y seriota entre aspectos de peletería y roble. Potente y muy tánico. Esto necesitaba o varias horas de aire para consumirlo esa noche, o necesita unos cuantos años más de botella. Mucha estructura. Lo que digo siempre: Si la Ribera diese más vinos
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Andaba yo un poquito estresado en el trabajo y con algo de mal humor. Llegué un jueves a casa determinado a agarrar algo de la reserva que hice de vinos para reafirmarle a uno las ganas de vivir. Abrí el Alice et Olivier de Moor, “Rosette”, Chablis 2006 con una ensalada de pescado (estoy a dieta de nuevo; quiero botar treinta libras y es ya). Comienza un poquito raro, en términos de lo que esperaba: Todo crema, manzana dorada, jengibre y almendra. Parecería demasiado carnoso y opulento para un chablis “násico” y, encima, resulta de un tenor golosón que me perturba. Me lo encuentro regordete, saltarín y simpático, pero eso en un principio me molesta en vez de agradarme. Afortunadamente, con un par de horas de aire da un cambio radical. Sus carnes adquieren firmeza y la fruta va de manzana a naranja y limón, conservando la misma nota de jengibre
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Una segunda botella
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Creo que a la muchacha que me atendía en la tienda de uno de los distribuidores locales de vino le resulté curioso. Me pareció notarle una cierta superciliaridad cuando vió la botella de Marqués de Riscal, Rosado, Rioja 2006 que había colocado sobre el mostrador junto a media docena de otras variadas. Le dije: “Me imagino que no son muchos los hombres aquí que compran rosado”. Ella respondió: “No señor”. Vamos, que al ser esto y un par de cositas más lo que hay disponible en
En fin, que el rosadito de Riscal, de un color fresa-coral afucsiado y con destellos cobrizos… Aromas un tanto balbuciantes (o sea, no claros de expresión) de fresa, pasa dorada, mentol y nueces. En boca es de cuerpo medio, ciruelesco y simplón. Tiene buena acidez en un posgusto medio donde surge un agradable amargor naranjesco y un no sé qué de pimiento morrón asado.
La botella
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Llegué yo a casa tras otra de mis tardes estresantes, de viernes bajo la torrencial lluvia que virtiera sobre
En fin, que echando mano a lo que había en la neverilla de vinos
Lo primero que le dije a Josie al servir el vino en
De nariz es bastante recatado, considerando lo que suele hacer el promedio de los tecnotintos argentinos de lujo hoy día. Mermelada de cereza y frambuesa negra, yerbabuena, canela y borra de café. Huele sobremaduro, pero hay una peculiar armonía entre los componentes. Nada se hace exagerado ni se sale de lugar. En boca entra con un aire ketchupesco. Sí, “potente” y “aterciopelado” lo es. Dulzor de mermelada de frutas negras con toquecitos de amargor agradable. Muy cálido de primera impresión, aunque lo sirvo más bien fresquito, por este clima en que vivo ahora y porque es verano. La relación de este vino con la acidez que se le nota es un tanto incómoda. La acidez anda por una banda
Nos bebemos la botella sin particular protesta. Lo único viene cuando le digo a Josie lo que costó. Ahí ella dicta sentencia: “Mullidez genérica; demasiado caro para lo que es”.
Yo concurro. ¿En qué quedaremos, si,
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Les mencioné el otro día a Bengodi, el “deli market” cerca de mis oficinas donde encontré los vinos de Cantina Terlan, Abbazia di Novacella y Foradori. Pues tienen un restaurante al lado de la tienda y Josie y yo nos aventuramos a ir, viendo que había pasado la tormenta tropical Fay sin mayores consecuencias que el aburrimiento de los bebés, quienes hacía días habían tenido que limitar su área de juegos a nuestro apartamento.
Pues bien, nos sentaron en “la cava:, un área
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Experiencia extraña. Abro una botella del Mastroberardino, Aglianico, Campania IGT 2005 para acompañar una ensalada asiática con churrasco marinado en hoisin, ajo y un toquecito leve de chipotle. No porque esperara un maridaje especialmente feliz, sino porque fue la primera botella que me miró desde la neverita y no estaba en las de ponerme a buscar más. Por suerte, funcionó.
Ciruela fresca, cuero, lavanda y notas térreas en nariz y boca, con un deje de fresas y otro de violetas en la retronasalidad que resultan sumamente interesantes. Vamos, que levantan aún más un vino de por sí jugoso y fresco. Pos eso, jugoso y fresco al entrar en boca, pero con unos taninos de cuidado en el paladar medio. El posgusto es larguete y especiado, con un toque de punta de lápiz. El plato hace resaltar la jugosidad
Lo extraño de la experiencia es que cuando iba a vertir la última copa, de repente y sin provocación alguna la cabeza de la botella se desprendió
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Dos canciones que he estado oyendo mucho en mi computadora, en el carro, o cantadas por mí con el reverb de losetas de la ducha. La primera es de un músico al que admiro muchísimo y que sigo desde los primeros ochentas, cuando lidereaba a The Jam. Paul Weller sigue haciendo soul y magia. Su más reciente disco, 22 Dreams ha sido una de las alegrías de mi verano. “Have You Made Up Your Mind?” me recuerda algo setentero entre Detroit y California, dulce, pero con garra. En los comentarios a este video alguien cita a Jools Holland sobre Paul Weller en este nuevo álbum.
La otra canción es “The Dynamo of Volition”, una irresistible tonadita de Jason Mraz. A Jason lo oí por primera vez a causa de mis hijos.
Pues en una de ésas me encontré en una tienda con dos CDs titulados For the Kids y For the Kids Too. Eran de excelentes artistas alternativos haciendo sus versiones de canciones infantiles. Instantáneamente me enamoré de lo que hizo este Jason Mraz con “The Rainbow Connection”, aquella canción que cantaba la rana René en la secuencia inicial de la primera película de los Muppets (yo la ví en el cine…). La letra sigue siendo preciosa y la melodía, pues igual. Desde entonces he seguido lo que hace este muchacho y sus discos me gustan por lo naturales y divertidos. No se anda con jodiendas. Hace pop orgánico que a veces peca de tener excelentes letras, muy irónicas y mordaces en un contexto implacablemente pegajoso. Pues, aquí, gracias a la televisión australiana, una versión acústica de la canción más tarareada por Camblor en agosto, de un álbum cuyo título me fascina: We Sing, We Dance, We Steal Things…
(Continuará)
23 Ago 2008
Je, je, je...
Entrada cortita, mientras continúo mi meditación acerca de si vale la pena seguir blogueando aquí—veo a lomejordelvinoderioja un tanto abandonado, el foro aún lleno de ofertas fatulas de viagra todavía e historias supergastadas en portada y me pregunto en qué anda la gente (irónico que el único suministrando contenido fresco y al filo de las cosas aquí sea un bloguero no remunerado; se pregunta uno donde andará todo el staff pagado de este medio poderoso…), porque el mundo entero no está de vacaciones y la vida y el texto siguen su fluir… Pero bueno, nada, vainas que me cruzan por la cabeza y debo manifestarlas antes de aquello a lo que venía.
Resulta que pasan cosas a la vez muy raras y muy cómicas en este mundo
http://www.drvino.com/2008/08/19/fictitious-restaurant-wins-wine-spectator-award-of-excellence/
Para los no angloleyentes, resumo: Robin Goldstein, autor del libro The Wine Trials (no, no lo he leido, o sea que no puedo comentar), presentó la lista de vinos y el menú ficticios de un restaurante inexistente como candidata a los “Premios a la Excelencia” otorgados anualmente por la revista Wine Spectator a restaurantes con programas de vino supuestamente superlativos, etc., etc. Junto con sus menús, Goldstein sometió la cuota de entrada a concurso, US$250. Su restaurante inexistente, llamado Osteria L’Intrepido y definitivamente no ubicado en Milán, recibió el Wine Spectator Award of Excellence, egún se anunció en el número de agosto 2008 de la revista. Según Goldstein, parece que lo único que hace falta para ostentar ese premio es los dos y medio
Les recomiendo, a partir de “Dr. Vino” seguir los enlaces a la web de Robin Goldstein, donde se explica con lujo de detalles la bromita a costa de esa tan reconocida revista de vinos que tantos puntos da y tanta influencia dizque tiene. Esto es de pelarse de la risa. La mejor parte es lo de la lista privilegiada de la Osteria, que contenía una buena tajada de los vinos italianos peor puntuados por el Wine Spectator en las últimas décadas.
A todos los que creen en las revistas, los puntos, los galardones… Pues nada, sírvanse una copita de algo que sepan que es decente. Les hará falta. Y ahora, a los que queden vivos, commentez et discutez.
10 Ago 2008
De jóvenes, rock alternativo con merlot, vino en la maleta y el verano que hay
Andaba yo ya un poquito desesperado, entre tienda y tienda, distribuidor y distribuidor de vinos… Encontraba en la oferta una gran mayoría de chilenitos, españoles y californianos industrialones, y alguno que otro argentino de consultoría y comenzaba a desesperarme. Cierto es que tenía de vez en cuando uno que otro consuelo
Pues, en un momento de frustración me dije que era hora de echar mano a alguna de aquellas botellas que trajera de Nueva York conmigo, específicamente para casos así. Se trataba
Eso último tengo que añadirlo porque, a decir verdad, este humilde tinto de Puzelat hace parecer cadáveres momificados a muchísimos de los enoproductos que he tenido que zumbarme últimamente. Hasta incluso algunos vinos más decentes que he encontrado, bendecidos por supestamente por vitivinicultura natural, o al menos por una intervención enológica mucho menor, como que se perjudican de la comparación con algo tan natural y vivaz.
Pero bueno, no es que estén tan mal, estos de “menor intervención” de los que hablo. Me siento que, en realidad, últimamente no he estado bebiendo taaaaaaaaaaaaan mal gracias a Bengodi Deli Market, una tienda italiana cerca de mi oficina en la cual descubrí varias cositas
Tuve—y creo que ya lo mencioné aquí—la sorpresa de encontrar en Bengodi varios vinos de Cantina Terlan. Esta casa de Alto

Lo primero que abrí en esta ronda fue el Cantina Terlan, Chardonnay “Kreuth”, Alto Adige 2006. Huele a natillas de naranja con jengibre. Regordete y facilón de entrada, anda un poquito bajo de acidez para mi gusto, pero se deja beber y hasta te suelta una cosita mineral interesante entre la cremosidad final, para mantenerte despierto.
También abrí un Cantina Terlan, Gewurztraminer, Alto Adige 2007 que fue todo un éxito con las señoras que esa noche nos acompañaban. Floral y graso, con un cierto deje tropical entre fruta melocotonesca. Bastante glicérico, pero si se sirve bien fresquito no se le siente.
Además, el Cantina Terlan, Müller-Thurgau, Alto Adige 2007, que se cayó de bruces nada más salir de la botella. Fofo y quemón, sin particular interés aromático más allá de compota de manzana y una floralidad un tanto artificial. Pero la reivindicación vino pronto con un Cantina Terlan, Sauvignon “Winkl”, Alto Adige 2007 consumido la noche siguiente. Esto no es un vino que consideraría yo cómodo para crearle a alguien una afición a la variedad sauvignon. Pero a mí me gusta. Mucho nervio, incluso al punto
También,
El último de Terlan que probé fue el Cantina Terlan, Merlot Riserva “Siebeneich”, Alto Adige 2004. Ya, ya, merlot… Pero es que el señor de la tienda se entusiasmó cuando me vió llevándome todo lo que me llevaba y me lo recomendó, aconsejándome un rato de aire para que se exhibiese mejor el vino. Yo acepté la recomendación y, a decir verdad, no tengo por que arrepentirme. Un sabroso merlotico que me hace pensar en un buen cru bourgeois nidernito, pero sin pretensiones de puntos y no avergonzado por sus pirazinas. Se dejó beber notablemente bien con farfalle al pesto de porcini y nueces. El tratamiento de roble aquí es, por suerte, moderado. Aporta un toque bizcochesco que nunca se sale de control. Notas de pimiento morrón, goma de borrar, arbusto sobre una base de ciruela roja, cereza y rocas trituradas. En boca es jugoso, primario y sabrosón de entrada. En el paladar medio se unen a la fruta roja aspectos térreos y ahumados. Buen largo, con taninos bastante pulidos y admirable frescura. Me da curiosidad
En la misma tienda de Bengodi aparecieron vinos blancos de otro productor de Alto Adige que conocía de antes y que recordaba
También le entré al Abbazia di Novacella, Müller-Thurgau, Alto Adige 2007 y la diferencia con el de Terlan fue muy marcada. Tengo que hacer la salvedad de que a Josie éste tampoco le gustó, o sea que esta apreciación la doy en solitario absoluto. Muy bonita floralidad aquí, y una fruta que, aunque tiene una cierta carnosidad pera-melonesca, mantiene buena ligereza y enfoque. Jugoso y con un aspecto de madreselva muy agradable, a la vez que algo que me recuerda a nísperos en un posgusto medio, con un suave amargor mineral. Va muy bien con una fritatta de espárragos, pancetta stessa y queso de cabra. Con el Abbazia di Novacella, Gewurztraminer, Alto Adige 2007 me queda claro que la principal diferencia entre los blancos de Terlan y los de la abadía radica en la ligereza de estos últimos. Aqu, aunque se sienten los usuales aspectos dulzones y de lanilool típicos de la variedad, la carga glicérica es menor y el vino se beneficia bastante. La ligereza se traduce en una sensación táctil delicada y en unos aromas menos obvios, que sugieren mayor profundidad. Buena acidez y persistencia.
Pero de este conjunto de vinos, el que me atrapó de verdad fue el Abbazia di Novacella, Kerner, Alto Adige 2007. Cuando digo “me atrapó” es que en realidad me siento un poquito raro, pues es un blanco de un viñedo alto a 14% de alcohol que, sin embargo, me engaña y me hace pensar que carga muchísimo menos. La kerner es una variedad híbrida de riesling y trollinger creada para climas extremos, que, aparentemente, es la especialidad de Abbazia di Novacella. Aquí los aromas son florales y uvosos en primer plano, pasando inmediatamente a pera, banano verde, manzana, talco y caliche, con un deje goloso que por momentos me recuerda a algodón de azúcar. Lo dicho, 14%... Pero en boca es un vino elegante, fresco y de paso suave, completamente equilibrado y sin nada que indique su nivel alcohólico. El posgusto es largo y vaporoso, con un interesante amargor entre toronja y kiwi, además de una mineralidad fina. Sigo yo alucinando por
En la misma tienda encontré unos días después algo que, si es el vino de que tan bien hablase hace un tiempo Joan Gómez Pallarès, tenía
Bueno, y otro blanco de por esos lados en Italia que cayó, casualmente, el Ronco dei Tassi, Pinot Grigio, Collio 2007. Interesante color dorado intermedio con unos destellos cobrizos muy atractivos. ¿Contacto con el hollejo? Posiblemente… En la nariz es interesante, aunque en realidad lo siento
Okey, okey. No, no ha caído nada de Rioja últimamente. Hasta me siento mal por eso, pero no es mi culpa, si no se me planta nada interesante delante.
Pero un momento, que tnego algo que me hala las partes privadas…
Este fin de semana se celebra un aniversario que probablemente pasará desapercibido por muchos. Bueno, pasará desapercibido, al menos, por aquellos que tengan la desventura de no ser amantes
El aniversario en cuestión es el segundo de esa necia prohibición de llevar líquidos en el equipaje de mano que va en la cabina de pasajeros de los aviones, instaurada por la Administración de Transporte Aéreo el 10 de agosto del 2006, otro de tantos días que vivirá en la infamia (que parece que hay tantos últimamente, dígameujté…) Aquellos terroristas de pacotilla que montaron aquella idiotez en Heathrow lo peor que lograron fue obligarnos a mí y a muchos como yo a tener que pasar de traer vino a algún lugar cuando viajamos o, si nos aventuramos a cargar con algo, tener que facturarlo con el equipaje grande.
Hay que joderse. A mí que tanto me gustaba viajar ligero con mi micromaletica negra que cabía en cualquier parte y mi mochila, igualmente negra, donde iba la electrónica que siemnpre me acompaña, casi siempre por dos o tres botellucas selectas.
Ahora me veo condenado al maletón facturado y a toda una serie de chismes diversos para proteger las botellas que mando a la panza de los aviones que frecuentemente he de utilizar.
Dos años de esto. Es que la barbarie tiene una peculiar manera de instalarse y hacerse permanente…
En otro orden de ideas, el artículo sobre las estrategias de mercadeo para “captar nuevos paladares” me dejó pensando simultáneamente en el futuro y en el pasado. Temo por que mis hijos—si los marketingones estos se salen con la suya—pierdan la oportunidad de desarrollar un amor profundo por el vino, esa pasión que a mí me mueve tanto y que tanto me enriquece culturalmente. A la vez no puedo evitar extrapolar estas estrategias de los argentinos del artículo (ojo, quien se crea que el resto de la Industria Grande del tecnovino no anda en las mismas y no abarca todo el globo va a tener un infeliz despertar un día de estos…) y pensar en como le hubieran sentado al joven principiante en el vino que una vez fuí.
Ya sé; me dirán que esa parte de los ochentas queda muy lejos y hoy “la juventud” es distinta. Pero yo pienso y pensaré siemrpe que en cada generación nace gente inteligente, de espíritu independiente, voraz curiosidad intelectual y una cierta proclividad tanto hacia los principios
O bueno, ¿y si quizás no son así? ¿Y si los
Porque entiendo que la posibilidad está, para un lado y para otro. Miren ustedes, por ejemplo, en http://www.decanter.com/news/265097.html. No se escape a nadie la ironía, grasienta y sudorosa, de “vino” de un gigante multinacional de; tecnoenoproducto corporativo en un festival de música supuestamente “alternativo”.
Recuerdo a Manuel Camblor, de diecinueve años y sumamente interesado por el tema
Eran otros tiempos, la verdad. Podías darte un gran Burdeos aún por cincuenta dólares. Es más, muchos que en aquellos tiempos descubrí y reconocí inmediatamente
En mi caso, ir a comprar vinos era, más o menos,
Descubrir bandas interesantes… Descubrir vinos interesantes… Ahondar en lo que los hacía interesantes… Eso era su propia recompensa. La gente miraba raro el entusiasmo que algunos amigos y yo adjudicábamos a estas cosas. Eramos “alternativos” a nuestra manera.
¿Les he contado alguna vez lo mucho que me identifico con los personajes (todos los personajes) de aquella novela sentimentalona de Nick Hornby, High Fidelity? Si están hastiados de tanto leer aquí, pues también se pueden alquilar o bajar la película, comiquísima, con John Cusack y Jack Black. Esos personajes vivían la música intensamente, sin casarse con ningún movimiento o estilo en particular. Eran capaces, a la hora de juzgas, de reconocer la calidad en buen punk, funk, soul, gótico, alterno, jazz, pop, o lo que fuera. Omnívoros, obsesivos coleccionistas de experiencias y memorias. Cierro los ojos y me aceurdo de tardes enteras explorando tiendas de discos de segunda mano, buscando rarezas, o metido en tiendas de vino de Miami, hablando con los empleados, decidiendo lo que el presupuesto daba para probar esa noche. A veces me iba a la casa con algo terrible. Otras tenía suerte. Pero en ambos casos sentía que había profundizado mi entendimiento al ampliar mi registro experiencial.
No es esto, en realidad, muy diferente de
El vino, pues, lo mismo. ¿Un vinito de un terroir magnífico, elaborado artesanalmente por alguien que no sabe la pinta que tienen los taninos en polvo, mucho menos lo que tiene que ver un grupo de enfoque con su vino, o para qué sirve un punto Parker? Pues ojalá el vigneron en cuestión tenga descendencia de mentalidad afín, porque si no, a la hora de jubilarse va y viene el gigante multinacional X y le ofrece una millonada por su tierrita, y adiós vino, hello enoproducto elaborado bajo el más estricto control de los consultores que de seguro traerá la supercorporación de fuera. Claro, y los vecinos, viendo que el ex-vigneron, ahora jubilado y acomodado, comienzan a vender también, a la misma corproación o a cualquier superinversionista que venga pretendiendo hacerse de viñedos trofeo. Y uno aquí, ya no amante
Bueno, ya. Resulta que es agosto y
Mientras tanto, DJ Camblor NO ha levantado su cabeza y quiere dejarles un regalito.
Now that’s entertainment!
06 Ago 2008
"Captar nuevos paladares"
Muchísimas veces, lo mejor de este blog sale con las contribuciones de sus lectores. Así, ayer mi estimadísimo Jose lanzísimo Jose lanzó el siguiente enlace, a propósito de mis dos últimas meditaciones fatalistas: http://www.verema.com/articulos/509256-consumidores-no-tradicionales-como-captar-nuevos-paladares Este artículo de Gabriela Malizia, titulado “Consumidores no tradicionales: ¿Cómo captar nuevos paladares?” y publicado en Verema, me dejó erizado y me llevó a sacar un par de conclusiones, a la vez que me motivaba unas cuantas interrogantes. La más importante conclusión: Jamás podré tomarme en serio ningún producto vínico de ninguna bodega que emplee un “director de marketing” (o cualuqiera de las infinitas variantes de dicho cargo) y que base su estrategia en “estudios de mercado”. Lo siento por aquellas bodegas a las cuales he manifestado respeto y admiración en el pasado y que empleaban “expertos” de ese orden sin que yo me hubiese enterado. En el momento que me entere, se acabó lo que se daba. No que tenga yo nada contra los mercadólogos, en principio, pero en el momento en que se convierten en motores de la creación de “vino”, la verdad es que no es bonita la reevaluación que hago de las cosas. El vino de verdad, al menos para mí, es un producto agrícola que debe obedecer primero y por encima de todo, a la naturaleza. Elaborarlo a base de reverse engineering desde el consumidor hasta el viñedo es algo que lo desvirtúa completa e imperdonablemente, lo hace dejar de ser vino para convertirlo en otra cosa. Los “nuevos paladares” de los que trata el artículo de la Sra. Malizia son los de “jóvenes” y los de “mujeres” a los que la industria argentina (con entrevistas a directores de marketing y propietarios de bodegas argentinas es que se sustenta el julepe) pretende hacer atractivo el vino como bebida social. Claro, desde un principio se nota una de las más terribles enfermedades del mercadeo a grupos de consumidores: Mientras más agresivo el plan, más reduccionista es del grupo a quien va dirigido, estudiándolo en base a unas cualidades que, necesariamente, fluctúan de individuo a individuo. Este marketing se basa en juicios que, desgraciadamente para el mercadólogo, aplican a una manada, pero no a los individuos altamente diferenciados, con gustos y fobias propias, que componen un grupo humano. Vamos, si tomamos a un grupo de individuos postadolescentes, encontraremos en él diversos perfiles gustatorios en cuanto a la bebida X de cola, pongamos. A alguno le gustará la Cola X “clásica”, con azúcar y efervescencia de la fórmula original. A otros dos quizás les guste la “Cola X Light”, pero a uno porque se siente gordito y no puede darse el lujo de las calorías adicionales y al otro porque sencillamente le empalaga el azúcar. A otro más va y le gusta un chorrito de limón en su Cola X. Y al de más arriba hasta le gusta sin la efervescencia… Claro, tratándose de un producto industrial, la Cola X puede ser modificada a base de aditivos nuevos según vayan surgiendo nuevos nichos de consumo. ¿Pero puede obrarse así con el vino? Y otra cosa muy importante en esto de “captar nuevos paladares…” Considerando que el vino es un producto agrícola con ciertas limitaciones en cuanto a la cantidad producible, hasta por los más grandes productores, ¿No resulta un poquito raro eso de andar buscando seducir a segmentos enteros de la población, digamos, robándolos Pero nos complicamos demasiado… Sólo quería sugerir una ruta de objeción a nivel ”Jean Pierre Thibaud, dueño de la bodega Ruca Malén subraya que, en especial los jóvenes no se sienten cómodos con los vinos tranquilos. ‘Los chicos, casi sin excepción, rechazan los vinos. Les parecen demasiado amargos, duros, ácidos o astringentes, con un alcohol que les quema la boca. Las burbujas, a las que los acostumbraron las tan populares gaseosas, y el bajo tenor alcohólico de la cerveza hacen que esa bebida les parezca más amigable. Entonces empiezan con ella.” Cómica me resulta, con respecto al estado actual de la industria tecnovínica, la objeción “casi sin excepción” de estos jóvenes a productos “amargos” o “astringentes”, particularmente porque esa misma objeción la tengo yo a los “vinos” tan dependientes del roble que circulan hoy por hoy. Vamos, que no hay nada como una dosis abundante de roble nuevo (y debemos recordar que otro representante de bodega declara boca de jarro que “el roble es vainilla”, y claro, eso les encanta a los chicos) para impartir una sensación astringente-secante en la boca y, si por desgracia el roble es verdón por lo mozo (como los potenciales bebedores), el amargo no te lo quita ni Zeus. Pero más jocoso aún es lo Luego los ejecutivos vinícolas citados entran al tema de “las mujeres”, ese otro grupo tan homogéneo. Ahí me resulta curioso que las declaran parcialesa vinos más ligeros (peferiblemente blancos afrutados) por naturaleza, pero que en los últimos años se ha visto entre un segmento de éllas una proclividad a los mismos tintos “estructurados” que antes fuesen la provincia exclusiva de los machos. ¿Les resulta a ustedes tan rara Otra que les dejo ahí, para comentar y discutir… Hay alguno que otro entre todos estos ejecutivos que ven el enoproducto en plan “big business” que habla de rechazar la producción de vinos a la medida de tal o cual segmento del mercado. Sin embargo, en el mismo trago te sirven lo de que el mercado pide un producto con tal perfil, a tal precio y siempre consistente. ¿Les eludirá la ironía? Yo, para finalizar aquí ya, que el tema me da picazón en los pies, les brindo otra cita del artículo de la Malizia, ésta de José Manuel Ortega, gerente de Bodegas O. Fournier, describiendo la clientela a la que va destinada la línea “introductoria” de enoproductos de su empresa: “Los ‘Urban’ son vinos muy frutados, con taninos suaves, con la fotografía como concepto de etiqueta y de imagen, con una marca que intenta servir de espejo a ese consumidor: urbano, cosmopolita, sofisticado. Todo está pensado para seducir a este consumidor con su primera experiencia en vino y que más adelante podrá adentrarse en otros estilos de vino más potentes”. ¡Es que tiene tanto materiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaal! Imagínense ustedes a cualquier postadolescente medianamente sofisticado cayendo en ésa… Porque la sofisticación y el cosmopolitanismo real creo que llevarían a cualquiera a huir de un producto tan obviamente calculado, especialmente en un joven adulto que opta por el vino en igual medida por gusto propio que por diferenciarse de la manada cervecero-gaseósica. Hmmmmmmmm… Bueno, y si potencia es el próximo escalafón en la cadena de deseabilidad para el joven consumidor de enoproducto, pues, les tengo un eslogan de lo más sabrosón: “¡Red Bull te da aaaaaaalaaaaas!” ¿Que ya está cogido? Qué pena. Recuerdo yo mis primeros años universitarios cuando pienso en esos “jóvenes” que tienen todos estos mercadólogos en su mirilla. Estudiaba yo en Ahora me pregunto si en Gallo había algún mercadólogo calculando friamente
Un videito. Clásico de The Replacements. Lo dedico a esos “jóvenes”
05 Ago 2008
Números rojos (El remix de la crueldad deliciosa)
Curioso. A veces mis entradas en este blog tienen mayor respuesta por vía privada que en la sección pública de “Comentarios”. Lo que escribí ayer ya me ha hecho el destinatario de varios mensajes de protesta, alguna muy bien pensada, otra mucho menos… Lástima que los que me los escribieron no quisieron iniciar un sano debate público, pues creo que sería sumamente fructífero discutir esos postulados que hice sobre algunas de las más “importantes” regiones vinícolas del mundo, que para mí han perdido casi enteramente el interés de un tiempo a esta parte.
Debo a Anya Amasova, una joven argentina (creo) que descubrió La otra botella por puro accidente de Google y gracias a mi polimorfa perversidad temática (me parece que buscaba algo sobre Duran Duran y fue a dar con un antiguo post mío), una interesante línea que acaba por demostrar todo lo que dije ayer: “[A]quí en Argentina hay vinos excelentes, nada que envidiarles a los europeos.” Digo “demostrar” estirando un tanto el término. Más bien me alimenta la vena discursiva. ¡Claro que una buena tajada de vinos argentinos no tienen nada que envidiar a los europeos! ¡Si es que hay tantos que son igualitos, vengan de donde vengan; no es sólo Europa a lo que no tienen nada que envidiarle, sino también
Yo de lo que quisiera encontrar un poco más en esta vida es vinos que ni se molesten con envidias, o con aspiraciones comparativas tan siquiera. A mí, que me los den de los que comienzan y terminan en su propio lugar de origen, los que entienden su terruño, su clima y lo que la naturaleza da en una añada tal
Por casualidad, en mi foro de vinos favorito, que ha sido, es y seguirá siendo Wine Therapy, hay un hilo que es de los más inspiradamente entretenidos y provocadores que he leido en buen tiempo:
Ya sé, hay que registrarse desde que aquel impresentable hackeara el sitio y destruyera su base de datos, de forma aparentemente irremediable, pero no me cansaré de repetirles que vale la pena. La comunidad es de la gente a la vez más erudita y divertida que conozco en materia de vinos.
La cuestión es que la discusión sobre las levaduras seleccionadas, las opciones del elaborador, la necesidad de control absoluto o el desprecio de dicho control, lo que quiere el consumidor, las analogías entre la música y la enología y todo lo demás que transpira en ese brillante hilo me han hecho repensar todo lo que dije ayer. Y reafirman mi opinión, pese a todas las protestas.
Decía Joan Gómez Pallarés en los comentarios a la entrega anterior--¡Gracias, amigo, por abrir el debate!—que:
” [L]eía anteayer una entrevista con Miguel Torres y comentaba cómo su Torres Milmanda, desde hace mucho uno de los grandes chardonnays españoles (tampoco es decir mucho eso, lo sé) había ido evolucionando al son que le dictaba el mercado, que si más madera, que si menos, que si más battonage, etc. No lo decía exacatemente con esas palabras, pero ahí estaba la filosofía de la bodega. A algunos, claro, nos desencuentra cuando da según qué pasos. Y eso es lo que pasa con tantas bodegas de algunas de las zonas más importantes del mundo que has mencionado: es una clara paradoja ésta de "morir de éxito", mueren muchas bodegas para nosotros, pero al "morir" llegan a un público mayor que pide otro tipo de sensaciones.”
Obviamente, la manipulación
Lo que me preocupa hoy día no es necesariamente que se estén aplicando ciertas tecnologías o aditivos a ciertos vinos para satisfacer las necesidades de algún segmento
Aparte de que eso implica una clientela demasiado homogénea y mansa, existe también el problema de lo que entienden por “vino” aquellos nuevos aficionados que vemos surgir todos los días.
Me acababa yo de mudar a
Esta mañana, en la ducha, me puse a pensar en lo triste que sería el que mis hijos, de adquirir amor por el vino, no encuentren utilidad alguna en esa biblioteca que he amasado en el último cuarto de siglo. Seguro que encontrarán, si mi influencia vale para algo, la ruta
Pero me entristece pensar en
Ojalá y mis hijos no se vean reducidos a la “apreciación” de vinos que son el equivalente enotecnológico de una “reina de belleza” infinitamente manipulada y repulida artificialmente. Este mundo de placeres cuantificables (“¡98 puntos!”, grita alguna por allá atrás, declarando, acto seguido, que vivimos el mejor momento para la calidad del vino y nunca antes hubo tanto vino de tan alta calidad…) parecería indicar que por ahí van los tiros y que se forzará al placer a caber dentro de una escala, or else…
Cumplo con expresarles aquí mis preocupaciones. ¿Estaré demasiado fatalista? Probablemente. Va y lo que necesito es una inoculación de superlevadura genéticamente manipulada que no solamente me ayude a procesar mis azúcares, sino que me permita hacer la maloláctica simultáneamente con mi superfermentación alcohólica. Entonces podré creer que vivo en el mejor de todos los mundos posibles.
Ah, y antes de que todo el contingente ibérico desaparezca con motivo de las vacaciones veraniegas ésas que se traen para estos tiempos he de regalarles una serie de notas de cata de vinos con levaduras seleccionadas que he disfrutado. Es que la vida es una cosa seria.
Mientras tanto, un videito de un par de artistas favoritos, muy a propósito de si mi actitud pueda o no tener consecuencias y levantar ronchas:
04 Ago 2008
¿Números rojos?
Conté en mi última entrega de un par de vinos californianos que me pusieron nostálgico, pues la
Pues no acababa yo de escribirles aquella última narración con el zinfandel de Caymus y el cabernet de Mondavi cuando comencé a pensar en la pregunta retórica que formulara un amigo no hace mucho: ¿Todavía hay quien, sabiendo más que lo elemental sobre vino, invierta seriamente en vinos de
La pregunta me parece sumamente válida. La “moda
La otra botella,
Por coincidencia, un conocido dominicano descubrió este espacio por puro accidente hace unas semanas. El otro día nos encontramos por la calle y entablamos una interesante conversación. Este señor no podríamos llamarlo un “enófilo”, ni tan siquiera un “entusiasta
O, mejor dicho, no se sentía inclinado a profundizar. Lo que me dijo, después de lo de haber descubierto el blog, es que leerme le ha hecho ver la afición por el vino de otra forma. Incluso, apuntó unas cuantas de las referencias que yo ponía en el blog, para ver si las conseguía y probaba. También me dijo que se había dado cuenta de que yo disfrutaba de forma polimórficamente perversa
El remate vino con una pregunta: “Pero ven acá, Manolo, ¿cómo es que a ti te aguantan que escribas sobre todo tipo de vino, pero casi nunca escribas sobre riojas, en una página llamada Lomejordelvinoderioja.com? Porque me puse a contar, y los riojas que tú pones son poquísimos…”
Ahí me agarró desprevenido.
Entré en la habitual explicación de que este blog lo hacía de gratis y que me habían dado tema libre. Podía contar lo que quisiera, dentro de lo razonable, y ejercer mi espíritu crítico, bla, bla, bla. Que si rioja no lo era todo y ayudaba, aún cuando los vinos de Rioja son el tema central
Mucha explicación tratando de… ¿De qué? Había un agujero negro de verdad tan cruel
Lo mismo hubiese podido decir de unas cuantas regiones más en España, algunas de las cuales ví surgir casi que de la nada (pienso, por ejemplo, en Ribera del Duero, que antes de los ochentas era Vega Sicilia y ya), o resurgir como aves fénix de una putativa “ruina”.
El problema es que tanto Rioja
Así mismo, un corolario: Las regiones que eran las importantes, los patrones a considerar cuando uno pensaba en grandes vinos cuando yo comencé a educarme en el tema han perdido para mí casi todo interés. Seguro, quedan unos cuantos productores en Rioja, en Toscana, en Burdeos y hasta en
¿Quiere todo esto decir que he pasado, casi enteramente, a Rioja, Ribera del Duero y un montón de otras regiones vinícolas más en España, Francia, Italia, las Américas y Oceanía a la columna de las pérdidas en la que ya tenía al Burdeos parkerizado y a California?
Pues sí. Números rojos, etc. Tendrían que hacer algo mucho más puro,
¿Hay esperanzas de que el grueso de esa gigantesca columna de números rojos vuelva a hablarme?
Pues quizás. Nunca digo “de este agua no beberé”, me limito a esperar que la corriente
Ta difícil, ¿veldá? Pero no es imposible. Y sigo siendo optimista, pese a todo.
En otro orden de ideas, esta canción de New Order salió inesperadamente en mi iPod esta mañana mientras levantaba pesas en el gimnasio. Me pareció muy à propos de todos estos pensamientos que ahora tan ineptamente he intentado escribir. La mando a los que, a pesar de todas las tentaciones y la venalidad del mundo actual, siguen aferrados a la verdad, al vino, y al vino de verdad. El clip no es “oficial”, pero
Pero no me quedo ahí. O, mejor dicho, el espíritu burlón de mi iPod de ir al gimnasio (es un “Shuffle” chiquitito, de esos que te ponen las canciones a lo loco de entre lo que les has metido) no se quedó ahí, porque inmediatamente después de New Order me lanzó a The Notwist con esto:
”One with the Freaks…” Un buen título para mi acercamiento al vino en los últimos tiempos. Pero el DJ automático no se contentó con dos para una bella secuencia bromista. Allá zumbó una dedicatoria a Iñaki Gómez Legorburu con Hayseed Dixie interpretando uno de esos clásicos que tanto me gustan:
Pensé que disfrutarían de esta secuencia, real, aunque no me lo crean, con la que tanto se me animó la rutina matinal de ejercicios.
02 Ago 2008
En torno a la historia del ojo (3): Una con pato pekinés
Calma de mañana de sábado. Puedo dedicarle un ratico a bloguear. Un lujo que hoy por hoy raras veces puedo darme.
Algunos preguntaron lo que había abierto yo para celebrar el cambio que dió mi vida con la nueva prótesis ocular que ahora llevo. La respuesta quizás sea un gran desencanto.
No abrí nada en particular.
¿Por qué? Pues sencillo. Aunque tengo bien claro que la ocasión lo ameritaba, esa noche de miércoles ninguno de mis amigos estaba disponible para compartir alguna botella importante conmigo. Encima, tras que me instalaran la cubierta escleroidal tenía yo toda una tarde por delante. Me entregué a pasear de una punta a la otra de
Era tardecito ya cuando decidí que tenía hambre y debía cenar. Sin embargo, me dolían bastante los pies por las intensas caminatas
Comencé con el mismo pulpo a la parrilla de siempre, entrante obligado en ese restaurante, y una copa del Gaia, Assyrtiko “Thalassitis”, Santorini 2007. Aquí la fruta es limpia, de hecho, casi demasiado limpia… Aromas y sabores de manzana y limón nítidamente expresados, pero que no pueden competir con el verdadero atractivo
Quería seguir en esta onda con el filete de lubina que me trajeron. Pedí la más reciente versión de un viejo conocido, el Abelones Kotsoyanopoulos, Assyrtiko, Santorini 2007. Este tiene la mineralidad mucho más por delante que el Gaia y resulta más angular de primera impresión. Los tonos anisados también están ahí, pero menos dulces, más discretos. Firme, térreo y bien seco. Toronja y limón con volcán. Persistente. Mucho nervio. Al vaciarse la copa no dudé, pedí otra.
Pero bueno, no que viniera yo hoy a contarles de más griegos. Este breve interludio sirve únicamente para sacar de dudas a los curiosos. A veces el cuerpo no pide más celebración que una cenita en solitario con tres copitas, un libro, y a la cama.
Lo que sí venía a contarles es de la bebienda
Las llamadas se sucedieron durante el día. El plan original era reunirnos en el Café Cortadito a comer cubano y beber de todas partes,
”Nos” era Brad Kane, el hombre más retratado de mis últimas crónicas, Jorge Henríquez, Jeff Grossman, Greg del Piaz, el verdadero Jay Miller, SFJoe y un servidor. Pequeña peña, pero de armas tomar.
Les contaba yo a los amigos los pormenores de la instalación
El vino es de un dorado intermedio, con buen brillo. La nariz, después que se le pasa un poco la caramelez caldodepóllica que se traía, revela galletas de almendra, flan, jengibre, durazno desecado y limón. En boca es carnoso y sorprendentemente seco, considerando su amplitud. Buen enfoque cítrico-mineral en un posgusto donde surgen acentos de grano de café. Interesante meursault.
Seguimos con algo que aportara yo, más que nada porque tenía muchas ganas de probarlo, el Quinta do Feital, “Auratus” Alvarinho-Treijadura, Vinho Regional do Minho 2007. Extremadamente fresco y puro. Deliciosamente mineral. Te agarra la nariz con unos aromas muy high definition y te la despierta. Lo mismo la boca. Lo llamé “cafeina para la noche”. Uno que podr7a beber y beber.
No pude evitar reirme ante la casualidad. Ultimamente en
Otra botella traida por mí era del Movia, Ribolla Gialla, Brda, Gorincka, Eslovenia 2005. Obviamente, quería probar la añada más reciente después de que el 2004 se comportase tan espectacularmente
Comenzamos los tintos con un A. & P. de Villaine,
¿Les he contado lo mucho que me encantan los vinos de
Tomen ustedes el caso del Caymus, Zinfandel,

-Caymus, Zinfandel, Napa Valley 1987-
”Esto es lo que perdimos”, declaró Greg. Y todos asentimos, sabiendo que
Caymus, dicho sea de paso, hace años que dejó de elaborar zinfandel. Hasta podría decirse que dejaron de elaborar vino, optando hoy día por abominables tisanas de roble nuevo que etiquetan
Seguimos con un Franco Fiorina, Barolo Riserva 1978 que no comenzó nada bien. Caramelo, salsa de soya, caldo de carne, sirop de maple y rosas marchitas. En boca es de cuerpo medio y tiene bastante sustancia todavía. Lo curioso es que con el aire el aspecto de maple se hace cada vez más pronunciado. Otra experiencia interesante, pero nada
Pero este 71 fue toda una revelación. Preciosa nariz de barolo clásico. Tierra, rosas secas, arbusto, carne curada, canela y anís, con un