En las conversaciones entre viticultores es fácil escuchar frases relativas a la venta y compra de papel: “el papel está caro”, “fulanito ha vendido a menganito tres fanegas de papel”, etc. ¿Qué es el papel?
La política comunitaria vitivinícola ha generado en los últimos años un buen número de textos legislativos sobre la vid y el vino. Entre todos cabe destacar el Reglamento (CE) nº 1493/1999 del Consejo de la Unión Europea por el que se establece la OCM del vino. Con él surgen un buen número de neologismos jurídicos vitivinícolas (arranque, plantación, derechos de plantación, derechos de replantación, inventario del potencial de producción vitícola, sistema de reserva, vcprd, etc.) que han pasado a enriquecer el ya copioso léxico de la vid y el vino. Tal vez uno de los más importantes y conflictivos ha sido el de derechos de plantación nacido como forma de regular y controlar el incremento del volumen de viñedo, como consecuencia de la política vitivinícola comunitaria que, entre otras cosas, persigue el equilibrio entre la oferta y la demanda.
En la letra c del punto 1 del artículo 7 del citado Reglamento se definen derechos de plantación como: “el derecho a plantar nuevas vides en virtud de un derecho de nueva plantación, un derecho de replantación, un derecho de plantación procedente de una reserva o un derecho de plantación de nueva creación en las condiciones establecidas en los artículos 3, 4, 5 y 6, respectivamente”. Una definición así, al más puro estilo del lenguaje jurídico, no hay quien la digiera. Por cierto, comete un error de principiante: introducir en la definición el concepto que se quiere definir. Además de las odiosas remisiones, su lectura desconcierta, pues en ella se introducen nuevos términos como derecho de nueva plantación, derecho de replantación, reserva… que habría que aclarar previamente. Esto último, muchas veces es inevitable.
El concepto de derechos de plantación generó en su día no pocos conflictos y quebraderos de cabeza entre los funcionarios que debían interpretarlos, sobre todo en lo referente a la titularidad de los mismos: ¿Quién es el dueño de los derechos, el propietario de la tierra o el cultivador? En el fondo, se discutía su propia naturaleza. ¿Qué son realmente los derechos de plantación? También los juristas organizaron jornadas y se publicaron libros sobre el tema. El viticultor, por su parte, en su afán de hacer más comprensible el concepto, generó, por etimología popular, la voz papel para referirse a los derechos de plantación, pues al fin y al cabo, era cuestión de “hacer papeles” con la administración.
La definición arriba recogida, nos guste o no, es la única jurídicamente válida; sin embargo vamos a aportar otra más comprensible, sin que, por ello, deje de ser rigurosa. Los derechos de plantación contempla sencillamente la posibilidad de hincar legalmente nuevas vides. Lo complejidad radica en saber en qué casos se puede realizar: básicamente cuando la administración concede nuevas plantaciones (las que implican aumento de la masa vegetal) o decide utilizar los derechos guardados en las reservas o cuando se dispone de derechos de replantación (los generados por el arranque de viñedo).
Ahora bien, el uso del término y, sobre todo, el hecho de que los derechos de plantación se pueden comprar y vender legalmente ha generado otra acepción o significado que no está explícitamente recogido en el reglamento comunitario. También significan la cantidad o volumen de viñedo plantado. Cuando se negocia la venta o compra de un viñedo en la conversación pueden surgir expresiones como “… es que el papel solo ya vale tanto…” para justificar y fijar el precio final. Se habla del precio del papel con independencia del coste de la tierra en sí misma y de las plantas de vid (la variedad y su calidad, si son jóvenes, si están emparradas, etc.). Está claro que los derechos de plantación son también un bien, en el sentido jurídico del término, ¿de qué naturaleza? No lo sé. Son tal vez una entelequia, pero que se compra y se vende. Si hace unos años su compra-venta no estaba regulada, hoy, al menos en La Rioja, se exige contrato y hacienda se lleva su parte.
El hecho de que en el subconsciente colectivo un bien se asocie a algo material y tangible ha llevado a identificar y a llamar a los derechos de plantación con lo único que se puede tocar y ver: “el papel” (el documento oficial) que acredita su existencia. Así papel ha pasado a tener una nueva acepción (neologismo semántico) que tal vez el Drae algún día recoja.
De manera que la definición podría quedar como sigue. Derechos de plantación (fr: droits de plantation, en: planting rights, de: pflanzungsrechte), (forma popular: papel, el papel): 1. Facultad del viticultor de poder hincar legalmente nuevas vides, tras haberle otorgado la administración, previa solicitud, derechos de nueva creación o de una reserva o procedentes de parcelas arrancadas de su misma explotación u otra tercera. Viñedo legal en potencia. 2. Volumen de viñedo, contabilizado como la tierra por hectáreas, correspondiente a un particular y cuya propiedad es distinta a la de la tierra, de manera que pueden venderse separadamente de aquélla. Derechos de plantación en potencia. El titular de los mismos es el propietario de la tierra.
Las palabras de la vid y el vino
de Miguel Ibáñez
Derechos de plantación
Aguapié
Por todos es conocido que en el pasado en ocasiones se consumía el vino mezclado con agua. En la misa cristiana pervive la costumbre y hay quienes no tienen reparo en beber el vino con un poco de agua, lo que no suele ser bien visto, sobre todo si se trata de un buen vino. En el aguapié, el agua interviene de otra manera y da lugar a una bebida. Veamos cómo.
En el libro de oficios del Monasterio de Guadalupe de 1490 se dedica el capítulo XXII a cómo “hacer las aguas”. Se trataba de mezclar la casca (el orujo) con agua: “E quando esta agua se echa en las cubas, fazlas meçar muy rezio, para que se rebuelva bien la casca con el agua, y abasta que esté esta agua en las cubas siete u ocho días, e luego se trasiegue…”.
Esta bebida se conocía ya en la antigüedad. Se sabe que las mujeres romanas, a diferencia de las griegas, sólo podían beber el aguapié. Su elaboración se mantuvo al menos hasta los años 70 del siglo pasado. A. Huetz de Lemps (1967) explica cómo se hacía con cierto detalle. Después de tres o cuatro prensadas sucesivas, muchos viticultores deshacen el montón compacto de orujo, le echan cierta cantidad de agua y dejan que fermente la mezcla durante varios días, tras lo cual vuelven a prensar y así obtienen una bebida ligeramente alcoholizada que en Castilla llaman aguapié y en Navarra aguavino.
El aguapié (fr. piquette, en: piquette, de: Tresterwein, it: vinello) era la bebida de los pobres. En Galicia, los pequeños viticultores pagaban elevadas rentas por sus cosechas, a veces hasta la mitad, vendían el resto y recurrían para el consumo propio al aguapié, del que no tenían que pechar. En algunos municipios castellanos como Medina del Campo, esta bebida, que se conocía con el nombre de chichorra, se daba a los obreros agrícolas, pues se consideraba muy apropiada por su alto contenido en agua y por no ser perjudicial.
Sin embargo, una orden del 5 de abril de 1588 del concejo municipal de Logroño prohíbe, bajo pena de 9.000 maravedíes de multa, que se dé esta bebida, que aparece con el nombre de espensa, a los jornaleros del campo, a los hombres y a las mujeres. Se consideraba que se trataba de agua podrida y corrompida que lejos de dar cualquier vigor a los trabajadores les ocasionaba epidemias y otros males. Los hospitales estaban preocupados por la masiva llegada de enfermos.
En 1763 los soldados de Zamora se quejan, pues les daban una bebida infame que se obtenía echando hasta varias veces agua a la madre (orujo), de modo que el resultado de la última mezcla era algo imbebible.
Había efectivamente distintas calidades de aguas. Las hechas en los lagares con participación de los escobajos debían consumirse preferentemente en las mismas vendimias, pues llegando los calores se estropeaban. Se guardaban en las peores cubas para que éstas no tomaran malos sabores. Eran de más calidad las aguas hechas con las cascas, de mejor sabor y aguantaban mejor los calores, se anota en el citado libro del Monasterio de Guadalupe. También se dice que las aguas blancas son buenas para el tiempo del frío y las tintas para el verano pues se conservan mejor y matan mejor la sed. También había aguas primeras y segundas; aunque ya se dice en el mismo texto: “… pero si quisieres fazer algunas aguas primeras, bien lo puedes fazer, mas sé çierto que las segundas serán bien floxas”.
Oídio
Las noches de verano frescas acompañadas de rocíos o incluso de neblinas por la mañana favorecen el desarrollo de la ceniza. Este es el nombre popular de otra de las enfermedades de la vid. Su denominación culta es oídio, procedente del latín oidium.
¿Cómo se ha llegado al nombre ceniza? Sin duda, esta etimología popular se debe al aspecto cenizoso (de ceniza) que adquieren tanto las hojas como los granos de uva afectados por la enfermedad, como se puede apreciar en la foto.
La forma popular más generalizada es ceniza, aunque se utilizan otras como: polvo, polvillo, blanqueta, cenizo, cenicilla, cendrada, malura, peste blanca, roña, roya, sendreta. Estas son las que conocemos nosotros, pero seguramente hay más.
En La Rioja la forma más habitual ceniza convive con otras de uso más restringido como roña, denominación propia de Ausejo. En el occidente asturiano, a esta enfermedad, además de ceniza, le llaman peste blanca. Roya es la forma utilizada en algunos municipios (Torralba y Ayódar) de Castellón. En la región del Condado (Huelva), así como en Jerez de la Frontera, la denominación utilizada es cenizo. En la región valenciana de Requena-Utiel, por su parte, se dice cenicilla o polvillo.
El oídio es una enfermedad de origen americano que se debe a un hongo microscópico llamado Uncinula necator y que se desarrolla en la superficie de los órganos verdes con tiempo caluroso y atmósfera húmeda.
En las hojas se manifiesta mediante manchas difusas constituidas por un polvo grisáceo a las que sucede un ligero rizado del borde de las mismas. En los pámpanos aparecen manchas pardo-rojizas y en los racimos, si son atacados antes de la floración, las flores se caen y, si ya ha tenido lugar el cuajado, los granos contaminados se cubren de un polvo fino y grisáceo que provoca necrosis negra que favorece la penetración de la podredumbre gris.
La enfermedad se combate mediante el azufrado preventivo. El número de tratamientos dependerá de la región, siendo mayor en las regiones húmedas obviamente, y de las circunstancias climáticas del año.
Seguro que conoces otra forma distinta a las aquí recogidas para el oídio, no te quedes con las ganas y anótala en el blog.
Correrse
Dice el refranero que “Aguas por San Juan quitan vino y no dan pan”, haciéndose eco de lo determinante que es la climatología en uno de los momentos, sin duda, más críticos del ciclo de la vid: la floración-cuajado, que culmina con la formación de las bayas o granos de uva. Suele tener lugar en torno a la festividad de San Juan, el 24 de junio. La lluvia impide que se abra la flor (floración) y que, como consecuencia de ello, salga el polen, imposibilitando la fecundación. A partir de 15 ó 16 grados se desencadena la floración.
El saber popular relativo al cultivo de la vid tiene sus propias formas de expresión y, además del citado refrán, utiliza la palabra limpia para referirse a lo que el técnico anota en sus libros como cuajado. Así, con frecuencia, en boca del viticultor riojano podemos escuchar expresiones como: “este año la viña está limpiando bien” o “con la limpia es mejor no mover –no arar- las viñas” o “los rocíos son malos para la limpia”, etc. Es bastante probable que esta palabra haya surgido por el aspecto “limpio” que adquieren los racimos, cuando, tras la floración, ya aparecen los granos y/o porque se hace referencia a lo que al final ha quedado “en limpio” descontados los desperdicios.
Cuando a alguien, ajeno al cultivo de la vid, le dicen que “la garnacha se corre mucho”, puede que no entienda nada o que para intentar aclarar algo las cosas pregunte quién es esa tal garnacha que tanto se corre. El tema puede incluso derivar en una situación incómoda para el que no sepa que la garnacha es simplemente una variedad de vid. Correrse, forma pronominal del verbo correr, coloquialmente hablando quiere decir, según recoge el drae, “eyacular o experimentar el orgasmo”. De ahí, ha pasado a tener un uso especializado en viticultura, a significar que la limpia no ha sido buena. Dicho uso especializado no sorprende, pues se está buscando el símil entre el proceso reproductor humano y el de la vid. La connotación sexual es más que evidente, aunque en el uso no se percibe como tal. Esto enlaza con el interesante simbolismo de la vid y su supuesta sensualidad.
El cuajado (fr: nouaison; en: setting; de: Fruchtansatz) es una de las fases del ciclo reproductor de la vid, que llega tras la floración, polinización y fecundación, en la que el ovario se transforma en fruto o dicho de otra manera la flor se convierte en grano o baya. Granar y fructificar sería pues buenos sinónimos de cuajar.
El viticultor, como ya hemos anotado, lo denomina la limpia, forma ampliamente documentada en La Rioja y también conocida en Huelva. En nuestra región se puede escuchar igualmente ligar como equivalente de limpiar. En la parte soriana de la Ribera del Duero se habla de la cierna y se puede escuchar expresiones como la siguiente: “este año la viña está cerniendo muy bien”. Cerner está recogido en el drae y en una de sus acepciones significa: ‘Dicho de la vid, del olivo, del trigo y de otras plantas: dejar caer el polen de la flor’.
Ahora bien, no todas las flores cuajan en grano, hay algunas que se pierden incluso entre las fecundadas. Si son muchas las flores que no han granado se dice, en registro culto, que el cuajado no ha sido bueno y, en registro popular, que se han corrido mucho. Conviene precisar que el mal cuajado o corrimiento se aplica en rigor a las flores fecundadas que no han llegado a fructificar, pues la caída de un cierto porcentaje de flores no fecundadas es normal.
Correrse está ampliamente documentado en La Rioja y en otras zonas vitícolas de España como la comarca valenciana de Requena-Utiel.
Espergurar
En el viñedo riojano ya se han iniciado las llamadas operaciones en verde o poda en verde que en términos generales consisten en eliminar parte de la vegetación de la cepa con el fin de buscar un óptimo desarrollo del racimo. Estas operaciones son el espergurado (o la espergura), ya acabado por estas fechas, y al cual siguen por este orden: el desnietado (o el desniete), el despunte, el deshojado y el aclareo. Hoy nos vamos a ocupar de la primera de ellas: el espergurado (fr: ébourgeonnage o épamprage, en: crown suckering o desuckerign, de: Ausbrechen o Ausschneiden). Consiste en eliminar en primavera los brotes -llamados chupones- de la madera vieja, tronco y brazos de la cepa, para facilitar el mejor desarrollo de los pámpanos que brotan en los pulgares y son portadores de los racimos. Los chupones, a lo que algunos llaman mamones, por lo general, no tienen fruto y sólo en algunos casos se suele dejar uno o varios de ellos para reconducir la cepa o reconstruirla a veces por entera si fuera necesario. La tarea se hace a mano (véase la foto) por lo que resulta gravosa, aunque no tanto como el desniete. También es posible realizarla de manera mecánica y química.
El viticultor riojano cuando habla de esta tarea utiliza casi siempre la forma verbal espergurar y a veces la nominal espergura y nunca espergurado o despampanado que son las formas que se recogen en los manuales. También se denomina espergura a los brotes eliminados. La etimología de espergurar es la forma latina ex- purgare que significa ‘limpiar’.
Espergurar es una voz emblemática del léxico vitivinícola caracterizado por la variación. A continuación anoto un buen número de las distintas denominaciones para referirse a esta operación, aun a temor de dejarme alguna en el tintero. En La Rioja la forma más utilizada es espergurar, pero también se dice: escardar (Uruñuela), esparrar (Alcanadre), esforijinar (Cornago)… Mi amigo Fran de Camprovín me señala que en su pueblo se dice deshornizar. También se utiliza esta forma en Bobadilla y Baños de Río Tobía.
Fuera de La Rioja, en Azagra (Navarra) se dice despampanar. En la comarca valenciana de Requena-Utiel se habla de la esporga, pues lo que se hace es esporgar y los brotes que se retiran se llaman esporguines y también se puede escuchar en dicha zona las variantes esforgar y esforguines e incluso esborgar. En Aragón se utiliza también esporgar. Estando de vacaciones en La Gería, en la isla de Lanzarote, los viticultures me dijeron que allí dicen espampanar y que desnietar no lo conocen, pues al parecer no practican dicha operación. Supongo que debido a su clima seco.
M. Llano Gorostiza recoge en 1974 para la voz espergurar, sin especificar los lugares, todas estas variantes: castrar, destallar, destallicar, despleguetear, despimpollar, despollonar, desramillar, desarrocinar, sarracinar, esporgar, esbordegar, espurgar, dar de mano, despampanar, deslechugar, escardar, desmamonar, deslechuguillar y desfollonar. Deslechugar está documentado en el siglo XVI (Alonso de Herrera) y también aparece en la traducción de 1845 del diccionario del Abate Rozier. Sumadas estas variantes a las anotadas más arriba y no repetidas hacen un total de 25. Todo un récord. No conozco otro caso de una palabra con tantas variantes. Esto deja claro que espergurar era y sigue siendo una labor muy practicada y por consiguiente muy necesaria.
Dado su mayor uso parece conveniente, con el fin de facilitar la comunicación, priorizar la forma espergurar o espergurado o si se quiere despampanado (surgido como traducción de la voz francesa épamprage) para las situaciones formales (el discurso técnico-académico) y dejar las demás formas para usos locales y populares, sin que eso signifique marginarlas. Fernando Martínez de Toda me apunta que despampanado no es técnicamente correcto, ya que no se quitan pámpanos, que en rigor son los brotes de la madera del año anterior. Nos quedamos pues con espergurar y espergurado.
La voz espergurar, aun siendo un riojanismo, me consta su uso en otras regiones vitivinícolas. Es evidente que no sería propio que el profesor de viticultura utilice ante sus alumnos la forma local, por ser sencillamente la de su pueblo, o que si un día le toca hablar a sus paisanos les corrija cuando digan escardar, por ejemplo. De todas formas, lo que procede en ambas situaciones comunicativas es recordar la riqueza de formas existentes.
Desborre
Hay un conocido refrán que dice: “Por la Cruz la viña en luz”. El refrán, fórmula por excelencia de expresión del saber popular, suele ser combinación -como ocurre en este caso- de lo divino (ciclo festivo) y de lo humano (ciclo de la vid). Quiere decir que para la festividad de la Cruz, el 3 de mayo, la viña, comienza a renquear, está “iluminada”, se ve desde la distancia que ya ha brotado.
En La Rioja, para anunciar que la vid reinicia su ciclo se suele decir que “ya está moviendo la viña”. Esta es la forma más frecuente. Algunos también dicen que ya “están pimpollos”, que ya se ven los botones o que “están abotonadas”, cuando comienzan a hincharse las yemas. Los pimpollos, según el drae, son los ‘vástagos o tallos nuevos de las plantas’. También se usa el verbo “mover”, con ese mismo significado, en Olite (Navarra). En el habla zamorana de Toro se le llama roseta a la yema hinchada que está a punto de brotar y mariposa cuando comienza a desplegar sus pequeñas hojas (alas). La voz mariposa también se emplea en Villaconejos de Trabaque, en Cuenca.
En Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), cuando por marzo-abril comienzan a salir las hojas de las vides se dice que las cepas están pampaneando. Bonito verbo, formado a partir del sustantivo pámpano.
En la comarca valenciana de Requena-Utiel también se usa el verbo “mover”: la viña ya movío (la viña ya ha movido). Además, se pueden escuchar estas expresiones: y´han empezáo a garbanciar; ya’stán las viñas en mariposa; han empezáo a romper y por último, y’han esclafáo. Esclafar, aquí con el sentido de ‘romper’, es posiblemente un catalanismo.
Sin duda, el momento de la brotación puede incidir en la calidad del vino. El refranero recoge este aspecto. En el occidente asturiano se dice “el vino de marzo pa’al amo, el d´abril pa mí ya’al de maiu pa’l diablo”.
Vistos algunos ejemplos de las formas populares, ¿cuáles son las formas cultas? Desborre (fr: débourrement, it: germogliamento, de: Austrieb, en: bud burst) es la voz técnica que se utiliza para referirse al momento en que se inicia la brotación. Se trata de la primera manifestación del crecimiento. Se produce cuando en la primavera las yemas comienzan a hincharse, entonces las escamas que las recubren se abren y aparece al exterior la borra (sustancia algodonosa y parduzca); de ahí el nombre desborre.
El desborre suele ir precedido del lloro que es una exudación que se produce en las heridas de la poda a finales del invierno o comienzos de la primavera, en particular en días de cierto calor. La elevación de la temperatura provoca la subida de la savia que se derrama por los cortes de poda recientes. En algunas cepas puede llegar hasta los cinco litros.
El lloro y el desborre son distintos momentos del ciclo vegetativo de la vid, que se repite anualmente en los climas mediterráneos. Con el fin de hacer un mejor seguimiento del ciclo vegetativo de la vid y aplicar adecuadamente los tratamientos que corresponden en cada momento, se distinguen distintos estadios fenológicos: A/01 yema de invierno (en reposo), B/03 desborre (yema hinchada algodonosa), C/05 punta verde (se percibe el verdor del joven brote), D/06 hojas incipientes, E/09 hojas extendidas, F/12 salida de racimos, etc. Cada estadio se identifica con una letra según el sistema Baggiolini o con un número según Eichhorn y Lorentz.
En los textos de viticultura españoles se utiliza la forma estados fenológicos; sin embargo, lo más correcto sería decir estadios fenológicos. Una vez más el error viene de una mala traducción, que tiene su origen, casi seguro, en la traducción al español del manual francés de viticultura de Alain Reynier. Su versión española ha sido durante mucho tiempo libro de referencia, hasta la aparición de obras escritas originariamente en español. Alain Reynier escribe “stades phénologiques” y se traduce, por falso amigo, “estados fenológicos”, cuando lo más correcto hubiera sido “estadios fenológicos” o “fases fenológicas”. Se trata de “estadios” en el sentido de ‘etapas o fases de un proceso, desarrollo o transformación’ y no de “estados” (‘situación en que se encuentra alguien o algo’).
Las formas populares y las cultas son dos caras de la misma moneda. El viticultor tradicional entre pimpollos, rosetas, mariposas y refranes cuenta, a su manera, con sus propios estadios fenológicos. En algunos casos, los paralelismos son evidentes: las rosetas podrían ser el desborre y las mariposas, las hojas incipientes, por ejemplo.
Viñador
Hoy día nos puede sorprender, pero en el pasado era habitual la vigilancia de las viñas. En el Cantar de los Cantares se hace referencia a esta circunstancia. La amada justifica su tez morena –lo que entonces no era signo de belleza- ante su amado diciéndole que sus hermanos le han obligada a vigilar las viñas: “Los hijos de mi madre, airados contra mí, me pusieron a guardar viñas”.
En varios fueros, como el de Salamanca y el de Soria, se regula la figura del viñador. En este último, en su capítulo XXII, titulado “De la guarda de las viñas” se indica que por cada pago pago debe haber dos viñadores. Para facilitar su labor se concentran las viñas en ciertos pagos. Que las viñas están mejor vigiladas si están juntas ha quedado reflejado en el refranero: “Mi viña entre viñas, mi casa entre buenas vecinas”. En Ojacastro a comienzos del siglo XVI hay tres pagos de viñas (Las Viñas, Malarriña y Quiricia) y tres de parrales (Guisala, Irionda y San Asensio).
Las que están fuera de los pagos de viñas deben cercarse obligatoriamente. En el citado fuero se especifica las medidas de la cerca: cinco palmos de altura (1 m. aprox.) y tres de ancho (algo más de medio metro). También se dice que las viñas que no estén cavadas, ni podadas no son objeto de vigilancia. Las cercas junto a los caminos deben estar siempre en buen estado, ya que “La viña junto al camino siempre tiene mal vecino”.
El salario del viñador se fija en un dinero por cada arençada de viña. Los viñadores disponían de cabañas donde guarecerse, que en la documentación aparece con los nombres de chozas, casetas, casillas, cabañas, etc. En Zamora se las conocía con el curioso nombre de bien-te-veo. Hoy día se ha generalizado la denominación de guardaviñas.
¿Por qué se vigilaban las viñas? ¿Qué peligros corrían? Los enemigos de las viñas eran los animales y las personas. En el Fuero soriano se especifica cuánto se debe pagar según el animal que ocasione el daño. Si se trata de un buey, bestia u otro ganado mayor se debe pagar 16 dineros por cada cabeza y por cada cabra 8 dineros. El perro era uno de los animales más temidos y así se dice que en estos casos es el dueño del can quien debe pechar (pagar). El Fuero de Salamanca señala que el perro que fuere sorprendido en una viña en fechas próximas a la vendimia debe matarse allí mismo. En la Puerta de Ramos de la Catedral Nueva de Salamanca se puede ver una escena en la que aparece un perro comiéndose un racimo de uvas. En las tierras de viñedos de Ávila a partir del uno de agostos los perros deber estar atados o llevar bozal.
Las personas solían llevarse sarmientos o las cepas para plantar nuevas vides y las uvas para comérselas. Si eran pillados in fraganti por la noche el castigo era doblado, así se recoge en el texto soriano. En la ley visigótica se dice que el que arranca una cepa es condenado a reponer dos. Sobre el robo de racimos se suele distinguir en la documentación entre el ladrón y el viajero que por saciar su sed puede coger uno o dos racimos. En ese caso el castigo es leve mientras que el auténtico ladrón puede ser castigado con 6 maravedís si lleva uno o dos racimos y hasta con 200 si los lleva en una cesta.
El viñador era pues la persona encargada de la vigilancia de las viñas, el guarda de las viñas. En los documentos del pasado, además de la variante viñadero, se recogen otras denominaciones para el viñador como: costiero, baile y montero. Pero viñador era también la persona que cultivaba las viñas, lo que hoy llamamos viticultor. Se trata de una palabra con dos acepciones hoy ya caída en desuso.
Segunda Circular del III Congreso sobre la Lengua de la Vid y el Vino
Ponemos en marcha una nueva convocatoria, ya la tercera, del Congreso Internacional sobre la Lengua de la Vid y el Vino, animados por el éxito creciente de las dos ediciones anteriores (2004 y 2008), cuyos frutos han sido recogidos en dos volúmenes editados, en 2006 y en 2010 respectivamente, por la Secretaría de Publicaciones de la Universidad de Valladolid.
La novedad de esta edición radica en que ampliamos el tema al español del vino de Hispanoamérica y al resto de lenguas de España: euskera, catalán, gallego… Nos consta la existencia de investigadores en estas lenguas y en Hispanoamérica, por ello no podían faltar en esta cita, entre cuyos objetivos se encuentra el de reunir a todos los estudiosos del tema, con el fin de intercambiar opiniones y conocer sus últimas líneas de investigación.
Fechas: del 6 al 9 de abril de 2011.
Lugar de Celebración: Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Valladolid, en Soria.
Organiza: GIRTraduvino. Área de Traducción e Interpretación. Departamento de Lengua Española. Universidad de Valladolid.
Habrá reconocimiento de créditos de libre configuración.
Comité Científico:
-Dra. Dña. Christiane Nord. Profesora en la Fachhochschule de Magdeburgo (Alemania).
-Dra. Dña. Mercè Tricás Preckler. Catedrática de Traducción (francés). Universidad Pompeu Fabra.
-Dra. Dña. María Teresa Cabré Castelví. Catedrática de Lingüística y Terminología de la Universidad Pompeu Fabra.
-Dra. Dña. Pilar Elena García. Catedrática de Traducción (alemán). Universidad de Salamanca.
-Dra. Dña. Purificación Fernández Nistal. Catedrática de Traducción (inglés). Universidad de Valladolid.
-Dr. D. Pierre Lerat. Profesor Emérito. Universidad París XIII. Escuela Interlatina de Altos Estudios en Lingüística Aplicada (Francia).
-Dr. D. Miguel Ibáñez Rodríguez. Universidad de Valladolid.
-D. Kirk Anderson. Traductor profesional, sumiller y profesor en Florida International University.
-Dr. D. Stéfano Arduini. Universidad de Urbino (Italia).
-Dña. Mª Isabel Mijares y García Pelayo. Equipo Team S.L.
-Dr. D. Fernando Martínez de Toda. Catedrático de Viticultura de la Universidad de La Rioja.
-Dr. D. Luis Vicente Elías Pastor. Departamento Cultural de Bodegas López de Heredia.
Comité Organizador:
Director: Dr. D. Miguel Ibáñez Rodríguez. Uva.
Secretaria: Dña. María Pascual Cabrerizo. Uva.
Colaboradoras: Dña. Cristina Sánchez Barbero, Dña. Judith Carrera, Dña Sheila Daroca , Dña. Victoria Frías Ruiz, profesoras de la Uva y Dña. Laura Barahona Mijancos -doctoranda Uva-.
Conferencias plenarias
-Dr. D. Luis Vicente Elías. Departamento Cultural de Bodegas López de Heredia. La Cultura de la vid y el vino andino: Imitación y singularidad.
-Dr. D. Fernando Martínez de Toda. Catedrático de viticultura de la Universidad de La Rioja. Arquitectura de la viña y paisaje.
-Dra. Dña. Pamela Faber. Universidad de Granada. Design Parameters for a Knowledge Base on Wine and Winemaking.
-Dr. D. Pierre Lerat. Profesor Emérito. Universidad París XIII. Escuela Interlatina de Altos Estudios en Lingüística Aplicada (Francia). Variabilité lexicale et variabilité conceptuelle chez les professionnels du secteur vitivinicole.
-Dra. Dña. Isabel Mijares. Equipo Team S.L. Proyecto de vocabulario del vino en Hispanoamérica.
Propuestas de comunicación con arreglo al siguiente calendario:
-Hasta el 1 de febrero de 2011: envío del título y resumen de la comunicación en la lengua en que se vaya a presentar.
-Hasta el 1 de marzo de 2011: se responderá si la comunicación ha sido aceptada.
-El texto completo de la comunicación se deberá enviar por correo electrónico (girtraduvino@uva.es) antes del 4 de abril de 2011.
Lenguas del Congreso: español, francés, inglés, alemán e italiano
Publicación de las Actas del Congreso:
Se publicará bajo formato de libro una selección de los trabajos presentados en el Congreso. Libros de las anteriores ediciones (2004 y 2008):
-Ibáñez Rodríguez, Miguel y Sánchez Nieto, María Teresa (2006): -coordinadores- (2006): El lenguaje de la vid y el vino y su traducción. Universidad de Valladolid: Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial.
-Ibáñez Rodríguez, Miguel, Sánchez Nieto, María Teresa, Gómez Martínez, Susana, Comas Martínez, Isabel: -editores- (2010): Vino, lengua y traducción. Universidad de Valladolid: Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial.
Inscripción de asistentes y comunicantes
Plazo: hasta el 15 de marzo de 2011.
Cuotas:
-Estudiantes: 40 euros hasta el 25 de febrero de 2011 y 50 euros a partir de esa fecha.
-Asistentes: 50 euros hasta el 25 de febrero de 2011 y 60 euros a partir de esa fecha.
-Comunicantes: 70 euros hasta el 25 de febrero de 2011 y 80 euros a partir de esa fecha.
Las propuestas de comunicación versarán sobre:
-Las lenguas y traducción especializadas: aproximaciones teóricas
-La lengua de la vid y el vino como lengua de especialidad: caracterización, terminología, fraseología, siglas-abreviaturas, géneros y tipos textuales, etc.
-La traducción (e interpretación) vitivinícola: diccionarios, bases de datos, glosarios, documentación, el mercado de la traducción vitivinícola, herramientas TAO aplicadas a la traducción vitivinícola, etc.
-La lengua de la vid y el vino a lo largo de la historia (perspectiva diacrónica).
-El español del vino: variedades diatópicas peninsulares.
-El español del vino en Hispanoamérica
-La lengua del vino en euskera, catalán, gallego…
-La lengua de la vid y el vino en la literatura
-Otros temas afines
Estos temas se tratarán en las lenguas del congreso, aunque también, previa solicitud, se podrán aceptar propuesta en otras lenguas.
BOLETINES DE INSCRIPCIÓN EN http://www3.uva.es/girtraduvino/ (pinchar en congresos)
Parral
En un documento de San Millán de 1221 se menciona “el parral de Badarán” y “el parral de Iohan Ribero” entre las heredades de Santa María de Badarán. ¿Qué era un parral? ¿Tiene algo que ver con las parras actuales que decoran muchas fachadas de los pueblos riojanos y de otras regiones o que algunos tienen en sus jardines o huertos?
Años más tarde, la palabra es citada por Gonzalo de Berceo en la estrofa 55, verso tercero, de los Milagros de Nuestra Señora escritos hacia 1246: “asentó buena viña cerca de buen parral”. Estos versos no nos aclaran mucho sobre qué era un parral. ¿Servía para producir uva de mesa o uva para vinificación? La respuesta nos la da el mismo Gonzalo de Berceo en otra de sus obras, en el verso cuarto de la estrofa 230 de la Vida de Santo Domingo de Silos, fechada hacia 1236: “el otro plus vermejo que vino de parrales”. El vino de los parrales era pues un vino con mucho color.
Ahora bien, seguimos sin saber qué diferencia había entre un parral y un majuelo o una viña, que con tanta frecuencia aparecen en la documentación emilianense para referirse a los distintos tipos de parcelas de vides propiedad del monasterio. Parece claro que los majuelos (malliolo, malleolo, maiuelos en la documentación) eran las viñas jóvenes, quedando el término viña para aquéllas ya criadas y viejas. En un documento de 1024 se señala la compra de una tierra y de cómo su comprador puso, con la ayuda de su mujer, un majuelo que ya se había hecho viña: “et creavi eam cum mea uxore malleolum, et facta est vinea”. En ocasiones, se habla también de malliolo vetero, es decir de majuelo viejo, para referirse al que teniendo cierta edad aún no había llegado a ser viña. Más difícil resulta saber qué eran exactamente los parrales. Estos se citan mucho menos en los documentos; por ello, cabe pensar que eran menos numerosos.
Alonso de Herrera en su tratado de agricultura de 1513 explica que hay cuatro tipos de viñas: “Las unas son armadas en árboles…”; “Otras ay armadas a manera de parrales…”; “Otras ay tendidas por el suelo…”; “Otras ay, que, como pequeños árboles…”. Dice que las primeras y las segundas vienen a ser lo mismo y que requieren tierras llanas y húmedas.
En la traducción de Juan Álvarez Guerra del diccionario francés de agricultura del Abate Rozier (volumen XIII editado en 1845) se dice: “Entendemos aquí por parral propiamente dicho una cepa atada contra el pie de un árbol, y cuyos sarmientos se confunden con las ramas”. Más adelante se anota: “La segunda especie de parrales difiere de la primera en el género de apoyo: en vez de árboles se le ponen varas”.
Parral y parra son pues dos cosas distintas. Un parral era, por tanto, un viñedo ubicado en tierras fértiles cuyas cepas se conducían por medio de estacas (rodrigones) o de árboles plantados junto a ellas (olmos, álamos, moreras, almendros). Para el caso de La Rioja la documentación –al menos la que yo conozco- no habla de la presencia de árboles con esta función, de manera que se utilizarían estacas. Parral, que por metonimia designaba a la parcela, era en su origen un sistema de conducción del viñedo, que ya no se utiliza o ha sido sustituido por otros más modernos (espaldera, emparrado), lo que ha hecho que la palabra que lo designa apenas se use. Parral se ha convertido así en un arcaísmo, en una palabra caída en desuso.
Curiosamente se ha conservado en una advocación mariana: la Virgen de los Parrales, en Baños de Río Tobía, que reproducimos aquí. Según la leyenda, recogida en un documento de 1613, la imagen fue hallada en un parral. De ahí ha pasado a ser nombre propio de mujer. También se conserva en la toponimia. En Badarán, hay un pago denominado el parral. Es bastante probable que sea el que aparece en la documentación emilianense que hemos citado al comienzo. Se trata de un terreno próximo al río Cárdenas, de tierra rica, casi de huerta, en el que según lo explicado se ponían los parrales. Seguro que hay otros pagos con este mismo nombre en otros municipios. La voz majuelo, por su parte, se sigue empleando, en registro popular y no en los manuales de viticultura, aunque confundiéndose su uso con el de viña, de manera que funcionan casi como sinónimos.
Reseña del libro

Ibáñez Rodríguez, Miguel, Sánchez Nieto, Mª Teresa, Gómez Martínez, Susana, Comas Martínez, Isabel -eds.- (2010): Vino, lengua y traducción. Secretaría de Publicaciones: Universidad de Valladolid.
Bajo el título Vino, lengua y traducción se recogen en este volumen 43 trabajos (14 de ellos en soporte papel y el resto en un CDRom adjunto) que versan sobre: terminología, lexicografía, traducción, análisis de géneros, vino y literatura, vino y cine y sobre el conocimiento especializado del sector vitivinícola. Lingüistas, traductólogos, traductores profesionales y especialistas del sector, españoles y extranjeros, se dan la mano para desde una perspectiva interdisciplinar abordar el tema de la lengua de la vid y el vino.
Tras las palabras que expresan el saber milenario del arte de cultivar la vid y de elaborar el vino se esconde un mundo apasionante que el lector de este volumen podrá ir desgranando poco a poco, a ser posible con una copa de buen vino en la mano. Se trata de un mundo en el que se mezcla la magia de la palabra con los saberes técnicos de la ciencia enológica. Con este libro podremos ir descubriendo el encanto de los mil y un nombre de las variedades de vid, de las voces cultas y populares que describen el proceso que va de la cepa a la copa, del vino en el mundo clásico, de cómo se puede recopilar y ordenar con las nuevas tecnologías la rica terminología vitivinícola y de cómo se puede trasladar de una lengua a otra.
¿Qué voces usa el sumiller en la descripción de los vinos? ¿Cómo se expresaban nuestros antepasados al hablar de la vid y el vino? ¿Cómo se recoge el enigmático mundo del vino en la poesía trovadoresca y en los textos medievales, en Shakespeare, en la poesía china clásica? Entre las páginas de este libro y en su CDRom adjunto hallará el lector respuestas a estas preguntas. También podrá, a través de los estudios dialectológicos, descubrir el saber popular sobre la vid y el vino de tradición oral de nuestros abuelos.
El mundo del vino está despertando mucho interés en todas las esferas de la sociedad y esto ha dado lugar al llamado turismo del vino. ¿Qué es el enoturismo y la comunicación enoturística? También ha contribuido al enorme desarrollo de géneros textuales como las etiquetas o las web de las bodegas o los textos publicitarios donde el ingenio del publicista se une al encanto de la palabra o el eslogan.
En esta publicación se recogen los frutos de lo que fue el “II Congreso Internacional sobre la Lengua de la Vid y el Vino y su Traducción”, celebrado del 2 al 5 de abril de 2008 en Soria, en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Valladolid, organizado por el GIRTraduvino. Entre los ponentes y comunicantes, tanto del mundo de la traducción como del vino, hubo especialistas españoles y otros procedentes de otros países como: Italia, Alemania, Francia, Estados Unidos, Argentina, China, etc.
Este libro es continuación de otro publicado en 2006, también por la Secretaría de Publicaciones e Intercambio Editorial de la Uva, bajo el título El lenguaje de la vid y el vino y su traducción. Los 21 trabajos entonces publicados quedan hoy más que duplicados, lo que nos llena de satisfacción, ya que las líneas de investigaciones del GIRTraduvino, constituido oficialmente como grupo de investigación reconocido por la Uva en mayo de 2005, van dando sus frutos. Los congresos organizados, estos libros, los proyectos desarrollados, los ya numerosos artículos aparecidos en diversas revistas y los trabajos de diversas jornadas y congresos, así como la organización de las Jornadas de AETER van consolidando al grupo. Además, hemos abierto una vía de investigación a la que otros colegas, ajenos a nuestro grupo, se han apuntado, tanto en España como en el extranjero. Soria poco a poco se está convirtiendo en referente mundial en el estudio de la lengua de la vid y el vino.
Miguel Ibáñez Rodríguez
Universidad de Valladolid
Director del GIRTraduvino

