Zarcillo

Publicado en Diario La Rioja el 18/04/08

Con la brotación, que se está produciendo durante estos días, una vez más la vid ha iniciado su ciclo vegetativo. Pronto, en unas semanas, podremos distinguir los órganos verdes que surgen con su desarrollo: pámpanos, hojas, frutos y zarcillos. Se trata de la parte aérea o vuelo, según la nomenclatura de los técnicos.

Hoy nos vamos a ocupar de los zarcillos. ¿Qué son los zarcillos? Al ajeno a la viticultura le sorprenderá descubrir que el zarcillo no es otra cosa que una inflorescencia estéril. La inflorescencia es el estadio primero del racimo, cuando éste es únicamente un conjunto de flores. Después, con el cuajado, de cada flor, si las cosas van bien, tendremos un grano o baya. El zarcillo (fr: vrille; en: tendril; de: Ranke; it: viticcio) es pues un racimo truncado, con una función muy concreta: la de facilitar que la vid pueda trepar. No olvidemos que la vid es una planta trepadora. Si el zarcillo no encuentra un obstáculo en su camino se curva en forma de espiral y se mantiene verde. Si, por el contrario, entra en contacto con un soporte se enrosca en él y se lignifica (se endurece), consiguiendo así cumplir con su función de sujetar al pámpano.

Zarcillo es el nombre culto, la forma más estandarizada. Sin embargo, este órgano de la vid conoce otras denominaciones; algunas de ellas ciertamente curiosas.

En los textos antiguos se pueden leer las formas tenazuelas y tijeruelas. Sin duda, en el primer caso, se debe a la función de “tenaza” del zarcillo y en el segundo a su forma de tijera. En Alonso de Herrera (1513) se dice: “Es bien en principio del invierno, y en creciente, porque más presto pudren aquellas tenazuelas con que se abrazan al árbol y no les quiten luego los sarmientos, hasta que se hayan podrido las tijeruelas, y assi se quitaran fácilmente”.

Actualmente la forma tenazuelas o similar (tenaza o tenazilla) no la tengo registrada. Desconozco si se usa. Sin embargo, sí se dice tijereta, por ejemplo en la región del Condado (Huelva), en la zona de Aranda (Burgos) y en Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera (Cádiz). Tal vez es la forma más usual junto a zarcillo. En Requena-Utiel usan tijeretas y ramalillos. En francés, además de la forma vrille antes anotada, se la forma popular fourchette (en español horquilla/tenedor). También he escuchado a algún viticultor llamarles hilos.

Me sorprendió mucho cuando en Azofra escuché la voz cólicos para referirse a los zarcillos. No hace mucho lo comentaba con Enrique Martínez Glera quien se lo había oído decir a su madre, de Azofra. No sé de ningún otro sitio donde se conozca a este órgano de la vid con el nombre de cólicos (siempre en plural). No encuentro una explicación verosímil para este curioso nombre. Tal vez, teniendo en cuenta que ha existido cierta costumbre de comerse los pámpanos y zarcillos, pudiera pensarse que su ingesta diera lugar a algún dolor intenso en los intestinos similar al producido por un cólico. Se trata de todas formas de una explicación peregrina.

En Argentina (A. E. González de Ortiz, 2006), además de zarcillo, se usa rulillo, rulito, retortuño, cordoncillo y vinagrillo. Esta última forma puede que derive de su fuerte sabor ácido, lo que enlaza con la costumbre de comérselos antes comentada. En Argentina se recomendaba chuparlos y morderlos para extraer su jugo y así combatir los parásitos.

Escrito por: mibanez 0 comentarios 19 Jun 2008 URL Permanente

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Las palabras de la vid y el vino

Miguel Ibáñez Rodríguez es doctor en filología, profesor titular de universidad y decano de la Facultad de Traducción e Interpretación –en Soria- de la Universidad de Valladolid. Ha sido profesor en la Universidad de La Rioja y en la del País Vasco (campus de Vitoria). También es profesor del Máster Oficial conjunto entre la Universidad de Salamanca y la de Universidad de Valladolid: “Traducción y Mediación Intercultural en Entornos Profesionales”. Ha impartido clases y cursos en diferentes universidades francesas, belgas e italianas.
Sus líneas de investigación han girado en torno a la literatura medieval francesa, a la literatura comparada francesa-española en la Edad Media y a la traducción. Es experto en San Millán de la Cogolla y sus dos monasterios (Suso y Yuso). Desde 1996 se viene interesando más intensamente por el estudio de la lengua de la vid y el vino y su traducción. Dirige un grupo de investigación sobre el tema (GIRTraduvino) y también imparte un curso de doctorado sobre dicha temática en el marco del cual se han desarrollado y se están desarrollando varios trabajos de investigación y hay varias tesis en curso.
Ha publicado varios libros y más de una veintena de artículos en diferentes revistas científicas del ámbito de la filología y de la traducción. Sobre la lengua de la vid y el vino, entre otras cosas, ha editado un libro con su colega María Teresa Sánchez Nieto, fruto del “I Congreso Internacional sobre la Lengua de la Vid y el Vino y su Traducción” del que fue promotor y organizador.

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