Cabezudo

Se trata de otra voz que debemos incluir entre las palabras de la vid y el vino. Es un término en desuso actualmente, pero que aparece en los tratados antiguos cuando se explica cómo se debe proceder para plantar una viña. Lo hemos encontrado en Columela.

Lucio Junio Moderato Columela nació en Cádiz en los primeros años de la era cristiana. Siendo adolescente se trasladó a Roma donde se formó y estuvo durante un tiempo en el ejército romano y fue tribuno en Siria. Después se dedicó a la agricultura en Roma donde tenía tierras y viñedos. Su familia también tenía viñedos en Cádiz. Su obra más conocida es Res rustica, que consta de doce libros sobre la agricultura, escritos en latín en el siglo I. Su libro tercero y cuarto están dedicados al cultivo de la vid. En el capítulo VI, titulado “Cómo ha de ser el cabezudo, y de qué parte de la vid se ha de cortar”, del libro tercero, se explica que el cabezudo “es un sarmiento nuevo nacido sobre una vara del año anterior: y por la semejanza que tiene con un martillo pequeño se llama en latín malleolus, que quiere decir martilluelo, porque sobresaliendo por ambos lados en la parte que se corta del sarmiento viejo, presenta la figura de un martillo”. Citamos de la traducción de Juan María Álvarez de Sotomayor y Rubio publicada por la Imprenta de D. Miguel de Burgos en 1824 (p. 113).

Esta cita aclara cualquier duda sobre la palabra majuelo cuya etimología, a partir de la forma latina malleolus ‘martillito’, ya explicamos en otra ocasión. Entonces ya anotábamos que la forma popular majuelo, cada uno de los sarmientos plantados, pasó a designar a la viña joven. Así podemos hacer cabal comprensión del siguiente texto de Alonso de Herrera de 1513:

“Hay otras dos maneras de plantones: destas los unos llaman cabezudos, que son los sarmientos que se podan; otros hay barbados, que tienen sus raicitas. De los cabezudos los que prenden salen muy mejores, mas no son tan ciertos como los barbados, porque de los unos muchos se pierden y de los barbados pocos yerran; y por eso los antiguos agricultores procuraron de los cabezudos, que ellos llaman maleolos, hacer barbados, juntando en uno lo bueno de ser cabezudos y lo seguro haciéndolos barbados, haciendo almácigas, que ellos llaman seminario, que es como quien en un lugar siembra porrino o colino para después trasportarlo en eras: hácese de esta manera en las viñas, escogiendo primero los sarmientos.”

 

Está claro que Alonso de Herrera toma las ideas y las palabras de Columela. Éste explica con todo tipo de detalle cómo después de haber seleccionado un buen sarmiento, el cabezudo, debe éste ponerse en un terreno húmedo que no pantanoso y con dos o tres yemas fuera (la almáciga o seminario) hasta que eche raíces y se convierta así en un barbado, listo ya para ser plantado en la nueva viña.

 

 

 

 

 

 

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