de Miguel Ibáñez
Belezo
Publicado en Diario La Rioja el 18/01/08
Soy amigo de buscar la conversación con el viticultor entrado en años; con ese viticultor torpe con el bolígrafo y hábil con las tijeras de podar, al que no le gusta perder el tiempo en la lectura, pero que es un pozo de sabiduría popular, recibida por vía oral de sus padres y antepasados. Todo un manual vivo del cultivo de la vid y de la elaboración del vino. Ese viticultor al que se le ha atragantado el euro, con razón, y al que lo de internet, hoy moneda corriente, le parece cuentos chinos. La pena es que el tiempo se los llevará a todos y, lamentablemente, son una raza irrepetible. Me pregunto: ¿Qué harán en el otro lado si no hay cepas que podar?
En una de esas conversaciones, tan entrañables siempre, con un vaso de vino en la mano, surgió, hablando de las vendimias de antaño, la palabra belezo: “Miguel, antes de empezar la vendimia había que tener belezo”. ¿Qué es el belezo?
La voz belezo proviene de belhez, palabra cuya etimología no se conoce con exactitud, aunque lo más probable es que sea de origen árabe. La primera documentación de belezo es de 1552. Significa, en zonas como Valladolid o Guadalajara, ‘tinaja para echar aceite o vino’. En Gumiel de Hizán (Burgos) se llamaba así a ‘cualquier recipiente para echar vino’ y en Cuéllar (Segovia) se denominaba belezo a una ‘cuba pequeña’.
En La Rioja se le llamaba belezo a todo el conjunto de cubas necesarias para guardar la cosecha de vino. Lo tengo documentado en La Rioja Alta. Desconozco si también se usa en La Rioja Baja. Siempre era mejor pecar por exceso que por defecto. También convenía tener recipientes de distinta medida.
Antiguamente se usaban las vasijas y cubas de madera. Alonso de Herrera así lo explica en su tratado de agricultura de 1513: “De dos maneras son las vasijas para cocer, o tener el vino, las unas son de madera que llaman cubas, otras son de barro. De las cubas sale más oloroso el vino que de las tinajas, mas en las tinajas no se mohece tanto…”.
Francisco Cónsul señala en su Memoria de 1786 que “de las cubas, toneles, cestones y más vasijas no se debe hacer uso sin lavarlas perfectamente”. Las cubas de madera eran de roble, castaño y encina. Por esas fechas ya se usaban las cubas de hormigón: “Para mayor perfección del vino prefieren los más las cubas de piedra dura y poco porosa o las hechas con una argamasa de arena lavada, cascajo, cal viva y agua”.
Hoy día lo más utilizado son los depósitos de acero inoxidable, mucho más fáciles de conservar y limpiar y que, sobre todo, permiten un mejor control de la temperatura durante la fermentación.
Sobre este blog
Las palabras de la vid y el vino
mibanezMiguel Ibáñez Rodríguez es doctor en filología, profesor titular de universidad y decano de la Facultad de Traducción e Interpretación en Soria- de la Universidad de Valladolid. Ha sido profesor en la Universidad de La Rioja y en la del País Vasco (campus de Vitoria). También es profesor del Máster Oficial conjunto entre la Universidad de Salamanca y la de Universidad de Valladolid: Traducción y Mediación Intercultural en Entornos Profesionales. Ha impartido clases y cursos en diferentes universidades francesas, belgas e italianas.
Sus líneas de investigación han girado en torno a la literatura medieval francesa, a la literatura comparada francesa-española en la Edad Media y a la traducción. Es experto en San Millán de la Cogolla y sus dos monasterios (Suso y Yuso). Desde 1996 se viene interesando más intensamente por el estudio de la lengua de la vid y el vino y su traducción. Dirige un grupo de investigación sobre el tema (GIRTraduvino) y también imparte un curso de doctorado sobre dicha temática en el marco del cual se han desarrollado y se están desarrollando varios trabajos de investigación y hay varias tesis en curso.
Ha publicado varios libros y más de una veintena de artículos en diferentes revistas científicas del ámbito de la filología y de la traducción. Sobre la lengua de la vid y el vino, entre otras cosas, ha editado un libro con su colega María Teresa Sánchez Nieto, fruto del I Congreso Internacional sobre la Lengua de la Vid y el Vino y su Traducción del que fue promotor y organizador.
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