EL INMENSO AMOR DE UN INADAPTADO




EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE UN BICHO RARO

La semana cinematográfica riojana viene marcada a sangre y fuego por el estreno de uno de los habituales bluckbusters de la temporada, “X Men apocalipsis”, otra cinta de superhéroes destinada a los incondicionales de siempre. Ni que decir tiene y a pesar de considerarme para la ocasión un comentarista cinematográfico (o crítico de cine, como prefieran los lectores), siento un total desafecto y desvinculación con este tipo de productos. ¿Por qué? Los últimos que he visto no me han interesado absolutamente nada y ahora mismo sería incapaz de recordar con detalle y precisión de qué van o qué quieren contar. En pocas palabras, y resumiendo, me aburren.
En cambio, sí que me proporciona una alegría inmensa y una satisfacción completa que se arrime a la programación logroñesa, en este caso, Cines Moderno, una de las películas que mejor huella me han dejado y título que voy a recomendar por considerarlo apropiado no sólo para el reducido ánimo e interés de cinéfilos, acostumbrados y atentos a largometrajes procedentes de latitudes lejanas y cinematografías poco conocidas, sino también para un público deseoso de ver trabajos de corte realista sobre la dureza y esfuerzo que hay que hacer para ser un “humano” marginado por la insolidaridad y crueldad de una sociedad encaprichada con la gente de “pasarela” y fashion. Me estoy refiriendo a “Fúsi”, película islandesa, escrita y dirigida por, Dagur Karí, y que se va a conocer en España por el título elegido por su distribuidora para nuestro mercado, “Corazón gigante”, que puede que guarde pequeñas adhesiones con la particular idiosincrasia del personaje principal pero resulta más transparente en su nombre original que además hace referencia en toda su grandeza a ese pedazo de tipo, cons sus contradicciones y claroscuros que es Fúsi.
Tuve ocasión de ver la película en el marco del festival internacional de cine de Valladolid. Con una sección oficial a concurso apañada y ajustada a un modelo de cine más bien timorata y de escaso riesgos, una serie de cintas comenzaron a destacarse por encima de sus competidoras. Curiosamente, las mejores, las que observaban lugares lejos de nuestro radar o se decantaban por la insumisión, bien desde la antropología o sociología, y afines a las peculiaridades de un contexto específico del norte de Europa, fueron las que mostraron signos evidentes de ceñirse a su entorno como una lapa pero ofreciendo perspectivas, cuanto menos, novedosas para el espectador siempre dispuesto a empaparse de tradiciones y costumbres no por exóticas menos recurrentes. Entre filandeses e islandeses estuvo el juego y sin duda fueron dos cinematografías que aportaron sus irrenunciables señas de identidad logrando que sus peculiaridades fueran recibidas con sorpresa y agrado.
COMPLEJO DE INFERIORIDAD
“Fúsi” es el nombre del personaje. Es un tiarrón, como un armario, enorme, deslabazado, con coleta, introvertido y dominado por su exigente y chirriante madre. No tiene atractivo físico y viste sin complejos con ropa rutinaria y de mercadillo. Trabaja como empleado del aeropuerto y su cometido es de una vulgaridad mecánica y aplastante: recoge las maletas. Sus compañeros se burlan de él. Su máxima ilusión es concentrarse en su afición favorita: replicar con miniaturas la batalla de El Alamein (Egipto) en la campaña del ejército de África Corps de Rommel durante la II Guerra Mundial. La amistad de una vecina de 8 años y la relación que entabla con una chica un tanto psicótica que ha conocido en una academia de baile conforman, junto con las visitas a un buen amigo suyo, los únicos asideros emocionales con otras personas que le permiten tener lazos de contacto con terrícolas. Digo esto porque cada uno se crea su mundo y la distancia que establece, por el motivo que sea, con el género humano es de alcance sideral. Quizás sea esta una de las parcelas mejor trabajadas del filme. El caparazón que Fúsi levanta metafóricamente como muralla es una actitud de disconformidad y rebeldía, puesto que su entorno más directo, el hegemónico, es de una banalidad y mediocridad apabullante.
La película, de corte intimista, naturalista y de estilo Capriano, es un cariñoso drama acerca de la bondad y solidaridad. Es una fábula enternecedora y emotiva, no exenta de crítica, que trata de penetrar en una mole de más de 140 kilos que se mantiene al margen de los requisitos normales exigidos por la sociedad para entrar en el canon del ciudadano de a pie. ¿Es un paria? No; un raro que tiene un valor añadido: su honradez y honestidad. No hace daño a nadie. Pero sí los prejuicios y la maledicencia ambiental conspiran contra él. Su aspecto está mal visto. Su presencia es objeto dee burla y cachondeo. Pero él no se mosquea y tal y como avanza el metraje su encomiable y medida interpretación desvela que detrás de un tipo de una corpulencia singular y un desprecio por la convivencia tradicional se esconde, debajo de una capa hosca y apesadumbrada, una persona intachable y magnífica.
Cuantas veces el cine ha llevado a cabo maniobras de este calado. Presentando gente sumida en su propio universo que incluso en su talla de adulto y un carácter esquivo guardan con inmensa humildad una anchura de respeto y cordialidad que a los ojos del espectador que en todo momento está avisado de sus circunstancias, problemas y adversidades no lo compadecen sino todo lo contrario, lo quieren, lo aman y comprenden. En cambio, ante aquellos con los que convive diariamente existe un rechazo fulminante, bien por su imagen de “bicho raro” o porque jugar con una amiguita de 8 años no significa que Fúsi sea un pederasta o pedófilo.
La aventura de Fúsi es interior. El actor que da vida a este inolvidable personaje, Gunnar Jóhsonn, que ganó el premio de interpretación en la Seminci de Valladolid, que contribuye a generar simpatía y antipatía según con los ojos con los que se le mire, es un ser “ausente” porque nada de lo que está a su alrededor merece la pena. Dos chicas cambian su vida y transforman su carácter. La mencionada vecina, con la que juega y a veces y de manera intelectual parecen estar al mismo nivel sin decir por ello que Fúsi es tonto, y Sjöfn, una empleada municipal que curra en el servicio de reciclaje de una planta de basura que pese al engaño y mentira de ésta ocultándole su verdadero oficio y su inestabilidad emocional, no le impedirán emprender una tarea de recuperación de Sjöfn, desplegando, como un tipo altruista y desinteresado, una relación que siempre está en el filo de la navaja pero como se suele decir en estos casos, “es lo que hay”.
Esta película se proyectó en VOSE en Actual 2016 y es una lástima que no se haya respetado esta versión porque la voz de Gunnar es modélica y emplea un tono y una cadencia al hablar y comunicarse que es primordial para entrar todavía mejor en la persona, a veces, indescifrable y hermética. Pero cuando accedemos a su alma y corazón, la resonancia magnética que hacemos es tajante: una buena persona con un corazón gigante.

ESTUPENDO FILME DE TERROR AVALADO POR STEPHEN KING

RECOMENDABLE FILME FANTÁSTICO

Todas las semanas, invariablemente, entra en la cartelera comercial un producto adscrito al género fantástico o de terror. La producción de este tipo de cine mantiene un ritmo imparable, nutriendo el mercado de infinidad de títulos, que se fabrican como churros, y explotando su variada temática desde tratamientos diversos y enfrentados, desde el clásico más correcto y aseado al proyecto más extremista con mixtura de influencias. Ejercicios estilísticos apreciables y dignos de verse frente a aberraciones sujetas a estereotipos juveniles que carecen de inventiva aunque no de impacto sobrecogedor.

UNA HISTORIA DE BRUJERÍA EN NUEVA INGLATERRA

De los títulos que se estrenan y que ya he tenido oportunidad de ver quiero destacar la película, “La bruja” (“The witch”, 2015) una curiosa coproducción entre, USA-BRASIL-CANADÁ -REINO UNIDO. Escrita y dirigida por el joven realizador nacido en New Hampshire, Robert Eggers, siendo este su debut en el campo del largometraje.
La película tuvo un presupuesto muy reducido, apenas un millón de euros. Su taquilla, sólo en territorio norteamericano, ha sido, comparado con la inversión, muy satisfactorio, recaudando más de 25 millones de euros.
Este éxito puede que esté justificado, a mi modo de ver, por la rigurosa puesta en escena, de gran atractivo, y por abundar en un tema que aunque viejo y posiblemente manido y desgastado, le otorga un toque de poso realista, sobre todo en su descripción como relato costumbrista de una familia de granjeros que viven de las labores y cultivos del campo. Y me atrevo a afirmar que los rituales satánicos que aparecen en el filme adquieren una dimensión hiperrealista, huyendo de la imagen convencional y el estereotipo más manoseado y vulgar. En estos aspectos y sus recursos para configurar la imagen de la superchería, “La bruja” contempla su discurso desde la seriedad y la ausencia de golpes efectistas. Esta naturalidad, obedece, según informa los títulos de crédito finales, porque la historia o el argumento está inspirado en escritos, actas judiciales y diálogos escritos durante los juicios a personas inculpadas de venerar al diablo o estar poseídos. O ya se sabe, por lo que conocemos de lecturas u otros largometrajes centrados en la farsa de la brujería: quien osaba desviarse del camino recto y dogmático era considerado anatema y por lo tanto candidato a perecer abrasado en la pira redentora.
La película se abre con un primer plano de Thomasin, magnífica y sensacional la joven actriz, Anya Taylor-Joy. El realizador, Robert Eggers, no lo hace por su belleza, sino para marcar la trascendencia e importancia que su personaje va a tener a lo largo del metraje. Su familia es expulsada de una colonia por no respetar las obligaciones religiosas impuestas. Su adoctrinado fervor a los evangelios y su fanatismo cristiano los empuja a vivir aislados, en un sitio ideal para la agricultura y cercano a un espeso bosque.
Al comienzo, el relato se apunta al tono costumbrista y naturalista. Las imágenes no es que parezcan documentales, ni nada parecido, pero sí adquieren el sentido de un realismo elaborado y conseguido, para inquietarnos, para que desde el detalle más doméstico y corriente el cineasta introduzca el elemento perturbador y fantasía, introduciendo en un contexto normal el manejo del suspense que estando la acción rodeada de bosques es factible pensar que su manto maligno se ha adueñado de la serenidad de la familia de granjeros.
La desaparición de Samuel, el hijo recién nacido, en unas circunstancias lúdicas y sin detalles que anticipen la presencia de algo sobrenatural le confiere al momento una inquietud e impacto notable. Sin efectos ni adornos innecesarios. Un simple y bien utilizado, además de funcional, plano/contraplano, resuelve Eggers el cometido.
A partir de aquí, “La bruja” coge fuerza, salvo algún bajón en el ritmo, el guión, minucioso y bien escrito, se adentra en el melodrama familiar, la crisis matrimonial, su encomienda al fervor protector de la religión para arreglar un desaguisado que se cobra algunas víctimas (Caleb queda abducido por la maldad de la zona boscosa) para arrastrar al núcleo familiar a una tensión con agallas y potencia, enfrentándose entre ellos, midiendo sus aguantes y poniendo en entredicho sus versiones de los hechos que les están afectando. Pero el número final con un macho cabrío apodado El negro Phillip propondrá una conclusión imaginativa y brillante; una buena idea que tiene su correlativa resolución en la pantalla, consiguiendo uno de las escenas más recordadas y difíciles de olvidar. Buena película, “La bruja” que debería verse sin ponerle objeciones.

TRIPLE A, LO MEJOR DE LOS ESTRENOS

MUCHOS TÍTULOS PARA VER

Otra semana, y van unas cuantas seguidas, que las distribuidoras preparan su mejor material para llenar las pantallas, al menos, cuantitativamente de un puñado de títulos para satisfacer el variado gusto del espectador.
Como ya es costumbre, y salvo honrosas excepciones, no todo ese capazo de largometrajes llegan a los cines de La Rioja. Son pocas las ocasiones que se da el caso del pleno total. Y preferentemente las películas que se asoman a nuestras salas vienen definidas por parámetros comerciales o de cierto gusto más o menos atractivo que pueda entusiasmar a un nutrido grupo de espectadores para nada afines a las temáticas o tratamientos juveniles. Haberlos, haylos. Y para mí es una grata satisfacción encontrar gente en los locales de proyección que no son muchachitos/as y que se entregan con placer a descubrir determinadas cintas, por ejemplo, la francesa, “Los recuerdos”, que entran en la cartelera de tapadillo y luego, bien sea por la voz en oído o por buscar referencias del largometraje, registran cifras de asistencia nada desdeñables.
En un principio tres películas españolas se iban a estrenar en este fin de semana. Dos de ellas vienen firmadas por cineastas de prestigio con una carrera consolidada pero irregular. A última hora, la distribuidora de, “Lejos del mar”, la última obra escrita y dirigida por el veterano realizador vasco, Imanol Uribe, y que tuve ocasión de ver en la sección oficial del últimos festival internacional de cine de San Sebastián, la ha desplazado a otra fecha que considere más oportuna. La otra es, “El olivo”, que se podrá ver, afortunadamente, en Logroño. Está escrita por un guionista curtido es su profesión, Paul Laverty, vinculado desde hace bastantes lustros a la afilada filmografía del combativo, Ken Loach. Laverty, compañero sentimental de Iciar Bollaín, directora del filme, leyó una noticia en el periódico sobre el destino de árboles centenarios comprados a precios de obras de arte y trasladados a cualquier institución pública o privada. El tema le interesó de tal manera que ha escrito una historia conmovedora, ubicada en el norte de Castellón, sobre un anciano, muy apegado al “terruño”, que pierde las ganas de vivir cuando su olivo favorito es vendido por un organismo alemán. Su nieta y dos amigos de la zona emprenderán su cruzada (como no podía ser de otra manera tratándose de un libreto redactado por Paul Laverty) para volver a traer el árbol a su campo.
Otro largometraje español se podrá ver también. Este se titula, “Nacida para ganar”, un argumento irónico y cínico que ha dirigido, Vicente Villanueva y que cuenta con dos actrices muy distintas. Una, Victoria Abril, de sobra conocida, que no necesita presentación, y que está de vuelta y encarna a una ejecutiva sin escrúpulos. La otra es la simpática y pizpireta, Alexandra Jiménez (“Embarazados”, “Kiki, el amor se hace”, entre otras), una muchacha emergente, con buenas maneras para la comedia romántica, que se pone en la piel de Encarna, una joven de Móstoles que a falta de mejores oportunidades entra en una empresa de carácter pirameidal como comercial de productos y que termina envuelta en asuntos de corrupción y malversación. Palabras estas que no son nada desconocidas en el panorama político/social de nuestro país.
También entran en la cartelera, “Mayo 1940”, de Christian Carion, director francés de quien pudimos ver hace unos años una cinta muy aclamada, “Feliz Navidad”, inspirada en hechos reales que acaecieron en las trincheras de la I Guerra Mundial y cuando las tropas aliadas y alemanas hicieron una tregua la noche buena para cantar unos villancicos.
De Estados Unidos viene, “Freeheld, un amor incondicional”, dirigida por Peter Sollet, inspirada en eventos reales y que también tuve ocasión de ver en el Zinemaldia. Tiene un reparto más que atractivo y de mucho peso. Ellen Page y Julianne More interpretan a dos amantes lesbianas que ante la enfermedad terminal de la segunda, detective de policía, emprenderá una campaña para que a su muerte la pensión vaya a parar a su compañera sentimental. Un propósito que encontró la oposición de la asamblea ciudadana que representaba a la comunidad del condado y que se convirtió en un grito por la igualdad y honestidad. El gran y enorme, Michael Shannon completa el reparto.
Y otra que he tenido ocasión de ver con antelación y que recomiendo de manera encarecida es, “Triple A”, escrita por Matt Cook, ex oficial del ejército norteamericano que se estrena como guionista con su propuesta. La cinta está realizada por el cineasta de origen australiano, John Hillcoat, conocido sobre todo por su versión de “La carretera”, la historia apocalíptica basada en una novela de Corman McCarthy. No hace mucho visioné uno de sus primeros trabajos para la pantalla grande, “The proposition”, con Guy Pearce, un western australiano, formidable, árido, violento y algo salvaje, que enfrenta a bandidos y agentes de la ley sin que haya mucha diferencia en sus métodos brutales cuando tratan a rehenes y prisioneros respectivamente.
“Triple A” es un colosal thriller, que en algunos pasajes me recuerda, salvando las distancias, el cine de Michael Mann, y como referencia más inmediata, su poderosa y extraordinaria, “Heat” (Al Pacino y Robert de Niro), que sobre un tupido mosaico de delincuentes y policías, ofrece, con una mirada cargada de cinismo y mala baba, un complejo y turbio tejemaneje entre oficiales corruptos y la violenta mafia ruso-judía.
Es una cinta tremenda, rodada con mucha fuerza, en una siniestra Atlanta, que ofrece una geografía casi espectral, en el que se mueven bandas callejeras, gángsters y una variada ralea de servidores de la justicia de sucias maniobras.
El reparto es de auténtico lujo. Una casi desconocida, Kate Wislet, en el papel de capo de la mafia rusa, en una de sus mejores interpretaciones que yo haya visto y que ofrece, aún en un rol secundario, momentazos que dan cuenta de su altura como actriz. Cassey Afleck en el papel de joven policía llegado a un nuevo destino y encontrándose en una jungla urbana descontrolada y torticera, Woody Harrelson, en otr de sus grandes logros como actor, aquí como detective vestido con ropajes ridículos y extravagantes e intentando limpiar de mierda todo el asqueroso departamento en el que curra. Y Chiwetel Ejiofor, en otra más que precisa incursión en el género de acción encarnando a un ex agente que actúa como mercenario, que estuvo casado con Kate Wislet, que tienen un hijo en común, y que esa vinculación lo tiene atado para los golpes que los rusos preparan.
Sin duda, una película que recomiendo que no dejen de ver porque a buen seguro no les va a decepcionar.

CRIMINALIZAR EL PENSAMIENTO

DALTON TRUMBO, UN GUIONISTA DE HOLLYWOOD

Gracias a la película de Jay Roach, “Trumbo: la lista negra de Hollywood”, logre remover en la memoria colectiva la persona y figura de uno de los más grandes creativos en el terreno del guión que ha dado la industria clásica del entretenimiento norteamericano. Me estoy refiriendo al hombre y al guionista, Dalton Trumbo, para mi, un icono legendario de la libertad, honradez, tenacidad y orgullo de una profesión, muchas veces menospreciada e infravalorada, a la que sirvió con gran profesionalidad y brillantez, que significó, además, un incontestable ariete de la resistencia e independencia frente a una poderosa maquinaria orquestada desde un gobierno ultraconservador y cuya vanguardia más torticera y chapucera estaba dirigida por el tristemente célebre senador, Joseph McCarthy, y apoyada por una industria, la del cine, que prefirió mirar a otro lado y favorecer la artimaña patriótica del Comité de actividades antiamericanas que promover la emancipación de ideología y pensamiento de sus escritores.
Este largometraje reinvindica tanto el nombre de Dalton Trumbo en su faceta de persona afín a unas ideas y principios inviolables, curtidos al rebujo de jóvenes posturas provenientes de europa que parecían luchar a modo cainista con la tradición más inmovilista de los americanos. Y también, como no podía ser de otra manera, la cinta, como ya hiciera el fenomenal y estupendo libro escrito por el productor, director y actor, Kirk Douglas, “Yo soy espartaco”, recuperar la larga trayectoria como guionista de Trumbo, y no sólo por los libreto estelares y conocidos por todos, sino también de aquellos trabajos que escritos en la sombra de un seudónimo evitó que su familia, esposa y tres hijos, pudieran pasar estrecheces tras haber conocido no sólo el reconocimiento del mundo del cine sino también de haber ostentado una reputación tan sólida capaz de proporcionar a su entorno un confort y estabilidad económica envidiable.
Qué duda cabe que el filme de Jay Roach, sin ser una maravilla (se nota que no está escrito por Trumbo pero sí por un entusiasta admirador), y estar plegado más o menos a los convencionalismos más socorridos del tradicional biopic, resulta, mirándolo desde la perspectiva cinéfila, como el reciente documental escrito y dirigido por el crítico de cine, Kent Jones, “Hitchcock/Truffaut”, un interesante, primero, alegato de reconocimiento y honor por la entereza y fortaleza de Trumbo, y, segundo, un apasionado relato sobre la azarosa y dramática odisea de un escritor de izquierdas criminalizado por su pensamiento y dirección de sus doctrinas. En estos aspectos, quizás muy tenues y episódicos, la mirada de Jay Roach (peca un poco de telefílmica) consigue, a mi modo de ver, transmitir la grandeza y convencimiento de un hombre por mantenerse fiel a si mismo, como si fuera un valiente y lúcido, Don Quijote, enfrentado y luchando contra verdaderos molinos de viento, un grupúsculo de facinerosos mercaderes que protegiendo sus “piscinas” pusieron en riesgo la supervivencia y aguante de aquellos que se mantuvieron firmes a sus postulados.
Hacía tiempo que no sentía la emoción penetrar a través de los ojos e instalarse en la mente, en la memoria, trayéndome el recuerdo chispazos tan excitantes relacionados con los primeros libros que leí acerca de los “10 Holywood”, las listas negras y la caza de brujas, textos contextualizados en las maniobras aupadas por el senador McCarthy y encaminadas a frenar la propaganda roja en el seno de la industria del cine. En esos capítulos ya se hacía referencia a muchos nombres y, entre ellos, como muy destacado, el de Dalton Trumbo, que ya desde entonces lo coloqué en un pedestal, del cual, nunca lo bajé; y en la medida de las posibilidades de los años 70 y 80 intenté afanosamente ponerme al día con el legado del guionista, comenzando la comunión con una de sus obras más perseguidas por mí y que me costó largo tiempo encontrarla. Me refiero a su película, “Johny cogió su fusil”, una cinta escrita y dirigida por Trumbo, basada en su novela homónima, que viviendo en Valencia y con pases continuos en los diferentes cine-clubes que había en aquella época en la capital del Turia, no pude verla en aquellos garitos. Tuve que esperar, ya en Calahorra, a una proyección en 16 mm., en el salón de actos del Instituto Marco Fabio Quintiliano, dentro de unas jornadas de cine-club organizadas por el propio centro y que tenían como presentador del filme y moderador del posterior coloquio al profesor de Lengua Española y Literatura, Daniel Rubio Bretón. Pues bien. Maté la curiosidad fílmica, me apropié de su belleza y potencia, reafirmé la figura de Trumbo y a partir de ahí me empapé todo lo que pude de cuanto se escribiera o publicara del guionista. También conseguí otra obra suya, “La noche del Uro” y con el transcurrir del tiempo mantuve mitificado a Dalton Trumbo y la lectura de “Yo soy Espartaco” me mantuvo con mucha expectación para ver, “Trumbo: la lista negra de Hollywood”, película que tuve el placer de visionar hace seis meses y que ahora llega a la cartelera comercial.
La cinta arranca en 1947. El espectador asiste al rodaje de una secuencia de una producción interpretada por Edward G. Robinson, encarnado por el actor, Michael Stuhlbarg, amigo y colega de Dalton Trumbo. Es una escena de cine dentro del cine y se utiliza para enmarcar el ambiente que a partir de ahí se va a respirar. Además, en la calle y en la sociedad se palpa la agitación y desconfianza por la Guerra Fría, que vivía en su máximo auge. La paranoia anticomunista se extendió por Norteamérica desatando una injusta persecución que afectó a todos los sectores pero especialmente a intelectuales y cineastas. El comité de actividades antiamericanas del Congreso estaba decidido a exponer la infiltración comunista en Hollywood y citó en audiencia pública a actores, directores y guionistas. Algunos denunciaron a sus compañeros de izquierdas, otros se negaron a declarar y culpabilizar a amigos. A estos se les condenó por desacato y se les prohibió continuar con su trabajo fuera cual fuese su parcela o dominio. Dalton Trumbo fue uno de los proscritos.
La llamada Caza de Brujas fue una operación de limpieza. Una de las adalides e inclemente azote de los sospechosos de simpatizar con la corriente comunista, fue la pizpireta, locuaz y artera, Hedda Hooper, una periodista especialista en cotilleos sobre el mundo del cine cuya columna de opinión era muy leída y tenida en cuenta y cualquier nombre que apareciera en ella podía significar el aprecio o la ignominia. El papel lo interpreta con afortunado tono canallesco y barriobajero por una singular, Helen Mirren. Esta señora se fijó en Trumbo. Hizo todo lo posible por hundirlo, humillarlo y menospreciarlo. Sus cochambrosos y letales párrafos hicieron mucho daño y se cobraron bastantes víctimas. Trumbo no cayó por ella. Más bien, todo lo contrario. Hedda podía escribir barrabasadas mentirosas sobre él, inventándose reuniones y chanchullos despreciativos y furibundos, pero cuando se encontraban vis a vis en alguna fiesta, la altura intelectual de Trumbo echaba por tierra sus bobalicones y perversos chascarrillos, como bien demuestra en una escena la película.
La primera parte del filme, que siempre coge gallardía por el enorme talento de Brian Cranston, que se mete en el personaje de Trumbo, de tal manera que nos deja ver al ídolo caído en desgracia, recorre los momentos exitosos del autor de “The brave one” (por la que ganó un Oscar que no puedo recoger), al lado de su familia, con sus amigos liberales y en el cénit de su estimada reputación, llegando un productor a redactar un contrato en exclusiva por una cifra astronómica para aquella fecha y, sobre todo, para un guionista. Su conato en la vista del CAA del Congreso, su negativa a declarar y acusar a sus colegas, recogidas en secuencias de gran exactitud, buscando la verosimilitud, tanto física como personal, es decir, el ambiente tenso y policial con la desafiante actitud del personaje, merece el intento y esfuerzo de la parte artística y actoral del filme, que revela la degradación moral de un país custodiado por una puñado de guardianes que tenían más peligro que los afligidos intelectuales a los que se pretendía criminalizar por sus simpatías socialistas.
La segunda parte, más dramática, amarga, oscura y tenebrosa comienza con la encarcelación de Trumbo y su paso por prisión. Quizás los momentos que se desarrollan entre rejas no dejan el poso de fastidio, opresión y decadencia que a mi juicio debería ocasionar en un escritor de repente desposeído de su condición de hombre libre mientras alternativamente vemos como su familia soporta la lejanía de su “héroe” rebajando su estatus social por carecer de ingresos que aportaba el trabajo del guionista.
Pero este bache, trufado de anécdotas más bien cómodas y de nula enjundia, se sucenden con rapidez para encarar el último tercio del metraje enfocando la historia hacia uno de los episodios de la vida de Trumbo más logrado, aquellos que atañen a su recalcitrante y compulsivo tesón para aceptar la oferta de un productor de largometrajes de serie B o Z, magnífica y divertidamente interpretado por John Godman, que sin poner su nombre en los guiones es capaz de fabricar varios libretos pagados a 1.000 dólares a un ritmo frenético, describiendo argumentos sobre gorilas, marcianos, vaqueros, etcétera, impensable de un hombre de sus cualidades. Pero había que comer y alimentar a una familia.
El broche final lo pone la aparición de dos monstruos de las estrellas de Hollywood, dos titanes del tinglado, dos efigies respetables y de sólida notoriedad. Por un lado, Kirk Douglas, encarnado por Dean O’Gorman, que le propone escribir el guión de una gran súper producción, “Espartaco”, que va a dirigir, Anthony Man, y que sería sustituido a las tres semanas de rodaje por Stanley Kubrick. Ni que decir tiene que la importancia y trascendencia del ofrecimiento de Kirk Douglas para la revindicación de Dalton Trumbo es decisiva y de mucho coraje. Pero para su mejor información aconsejo la lectura del libro, “Yo soy Espartaco”, en el que Douglas explica muy bien por qué llamó a un represaliado de las listas negras. El otro as que intervino fue Otto Preminger, cineasta de origen austríaco que le encargó el libreto de “Éxodo”, inspirada en una novela de Leon Uris y que interpretaría, Paul Newman.
Si algo de esta película, “Trumbo”, verdaderamente me ha impactado, emocionado, arrebatado, me ha hecho sentir felicidad extrema y que me parece un momento estupendo y glorioso es cuando en el estreno de “Espartaco”, se suceden los títulos de crédito. La cámara hace un travelling por el pasillo que separa el patio de butacas por la mitad. Actores y productores están sentados mientras oímos la bonita partitura que Alex North escribió para el filme. Enseguida vemos a la gran estrella, Kirk Douglas, y, en seguida, la cámara se para en Trumbo, justo en el momento que en la pantalla aparece su nombre de verdad, DALTON TRUMBO, y que se refleja en los cristales de sus gafas. El gesto de satisfacción y victoria en Bryan Craston es insuperable. Por eso merecela pena ver la película. Y también por su manía de escribir metido en una bañera, para evitar o paliar los frecuentes dolores de espalda.

RETORNO AL PASADO

El regalo 3


Vísperas de la tradicional Semana Santa, la cartelera de cine comercial riojana se anima de una manera rotunda y destacada. Casi todos los estrenos previstos para estos días entran ocupando muchas salas y apeando de la programación a títulos consolidados exprimidos hasta el último aliento.
De todos ellos, el único que he tenido ocasión de ver es, “El regalo” (“The gift”), una coproducción entre USA y Australia escrita y dirigida por, Joel Edgerton. Esta película estuvo presente en el último festival de cine de Sitges. Tiene raíces de terror psicológico, mezcladas con un drama familiar y humor negro, y derroteros sobre el rencor y la venganza. Ingredientes bien utilizados que derivan hacia una historia inquietante y sibilina, en la que a veces las apariencias engañan.
Su director, Joel Edgerton, debuta con este trabajo en el espacio del largometraje. Detrás de la cámara se le conoce por un par de cortometrajes. En cambio, como actor, es de sobra conocido. Una de sus últimas y grandes interpretaciones la hemos visto en el filme, “Black Mass”, junto a Johnny Deep, en la que encarnaba, con mucha sutileza y matices, a una oficial del FBI corrupto y torticero que apañaba tejemanejes con el mafioso y asesino que interpretaba Deep para que éste le mantuviera al tanto de las maniobras delictivas de los italianos para detenerles, evitar su expansión en Boston y sumar operaciones exitosas en su palmarés.
Si hubiera que atenerse y valorar su faceta como realizador partiendo de su ópera prima, “El regalo”, diría que para ser una primera puesta de largo me parece que acierta en la puesta en escena y que el montaje transmite ansiedad y misterio. El planteamiento no es novedoso. Y la idea de partida tampoco es brillante. Pero no le advierto grandes ambiciones de fabulador ni ejercicio pretencioso y epatante de narcisismo fallido. Sus pretensiones, me da la sensación, y por lo que he visto, encajan en la de construir una trama simple y sencilla sobre lo venenoso que puede ser nuestro presente cuando el pasado se asoma desde su postura más incómoda y desagradable.
Seguramente, viendo el desarrollo del metraje de “El regalo”, pronto se puede advertir las características de su material de partida y tener la sensación que cintas como ésta las hay a montones y cada temporada hay varias que toquitean asuntos de parecida índole. Es posible que se tenga ese juicio. Pero aún así, a pesar de los prejuicios y la solvencia más o menos artesanal y funcional que emplea Edgerton, tienes el ánimo de continuar observando la evolución de los personajes y las situaciones. Es como esperar una sorpresa o aguantar sentado en la butaca suponiendo, a veces con impaciencia, que algunos de los personajes se descubra, se borre su inocencia y acelere a pasos agigantados su transformación en retorcido y asqueroso villano.
EN BUSCA DEL PARAÍSO
Todo arranca desde una posición que no es un ejemplo de inventiva. Los primeros minutos es para presentar a la pareja protagonista. Simon (Jason Bateman) junto a su guapa esposa, Robyn (Rebecca Hall) se instalan en una lujosa, elegante, envidiable y hermosa casa ubicada en un paraje bonito y paradisíaco. Buscan tranquilidad y sosiego. Lo tienen todo. Son jóvenes, dichosos y social y económicamente potenciales. Sólo les falta formar una familia. Y creen que el lugar y el ambiente que les rodea es formidable e idóneo para que Robyn se quede embarazada. Los antecedentes han sido fallidos. Hasta aquí todo sigue una trayectoria de manual, previsible y monótona. No ha ocurrido nada destacable y la insustancialidad predomina en el discurrir de las secuencias.
El punto de inflexión lo pone la entrada, como no podía ser de otro modo, y fiel a las costumbres del modelo de relato que se maneja, de un extraño, Gordo, interpretado por el propio, Joel Edgerton. Aborda a Simon y a su mujer en una tienda. Simon quiere ignorarlo y pasar de él, pero la insistencia de Gordo y su cabezonería para que Simon lo recuerde (fueron compañeros de clase), motiva que el encuentro no tenga nada de casual.
Así las cosas, y con el giro del argumento hacia el foco de atención puesto en el trío, un simple “regalo” que Gordo hace al matrimonio que deja en la puerta de su casa, activa la función y pone en circulación la herramienta para generar turbiedad y suspense, a la vez que un nuevo árbitro irrumpe en la unidad familiar, tomando protagonismo, Robyn, psicológicamente más compleja, y devastada por las inesperadas irrupciones de Gordo, catalizador de los secretos más ignominiosos de Simon, el egocéntrico triunfador puesto en apuros.

LA IRA DEL FUNDAMENTALISMO

Mustang



Siempre es interesante y merece la pena prestar la debida atención a cinematografías aunque europeas no dejan de tener un barniz o poso exótico. La turca, a mi parecer, pertenece a esa raingambre u origen que sabemos que está ahí pero que sus producciones difícilmente se cuelan, salvo honrosas excepciones, en las carteleras comerciales. Cuando sucede el hecho, es decir, que determinado título de nacionalidad otomana accede a los cauces y flujos convencionales de la distribución y exhibición es por razones casi siempre de índole puntual. no por azar y casualidad, puesto que las circunstancias casuales no son motivo suficiente para apostar por ellas para apoyarlas en su difusión. Para que ocurra el “milagro” de su pase en los conservadores estándares comerciales, el título en cuestión ha de poseer unas características temáticas y narrativas consensuadas y acordes con el gusto “progre” de determinado espectador que si bien admite con cortesía amigable el cine más o menos trillado “normalizado” por un modelo de factura acostumbrada, a la vez, y sin que se produzca paradoja, admite y acepta con curiosidad determinadas películas etiquetadas como de “autor” o reconocidas por sus premios en los más prestigiosos festivales de cine internacionales.
Este es el caso de la cinta, “Mustrang”, una “atrevida” coproducción entre Francia y Turquía dirigida por la joven realizadora nacida en Ankara (Turquía) en 1978, Deniz Gamze Ergüven. La película ha recorrido varios e importantes festivales de cine. En casi todos ellos ha salido cargada de premios. De su extenso palmarés sólo voy a mencionar los galardones cosechados en la Seminci de Valladolid, certamen por el que pasé y marco de lujo donde tuve ocasión de ver y disfrutar de este singular y emocionante largometraje. En este veterano festival, “Mustang” fue reconocida con la Espiga de Plata a la mejor película; Premio “Pilar Miró” al mejor nuevo realizador (ex aequo); Premio del público; Premio Fipresci de la crítica; Premio Seminci Joven y Sociograph award 2015. Ahí es nada. Con tantos e insignes logotipos en su cartel promocional es muy inusual y raro que este fresco drama pase inadvertido para el público, atento, como casi siempre, al esplendor de sus reconocimientos como a los comentarios y críticas leídas o escuchadas en los medios de comunicación.
PREMIO DEL PÚBLICO EN LA SEMINCI
Sin duda, si existe en el lanzamiento de un filme un rótulo más sincero, honesto y de fácil aceptación, no es otro, “PREMIO DEL PÚBLICO”, que otorga sensación de “tranquilidad” y descarta el temor de enfrentar al espectador a experimentos o enjuages reservados, quizás, para la cinefilia de combate y apasionada por el riesgo formal. Ahora bien, si en el mismo saco te han adjuntado la recompensa bendecida por la exigente asociación de comentaristas de cine internacionales, FIPRESCI, es que la película en cuestión, en este caso, “Mustang”, o es una pieza rebosante de toda la energía capaz de transmitir un largometraje o, simplemente, es un caso absolutamente “genial” de obra que ha dejado flipado y enamorado a un conjunto muy amplio de una audiencia variopinta y preparada. De cualquier manera, la mejor manera de despejar la incógnita es verla por uno mismo y que cada cual saque sus propias conclusiones.
LAS VÍRGENES SUICIDAS TURCAS
No es mío el enunciado. Se lo oí a alguien a la salida del pase en el Teatro Calderón de Valladolid, sede de su longevo festival. Caminaba hacia la sala de prensa a escribir la crónica diaria para DIARIO LA RIOJA cuando comentando con otros informadores acreditados la opinión rápida y sagaz de la película, uno de ellos apuntó que le había parecido o le encontraba similitudes con la cinta de Sofia Coppola, “Las vírgenes suicidas”. Redactando mi texto, valorando los títulos que había vista e intentando encontrar la línea temática de la jornada festivalera, aprecié y di sentido al razonamiento del compañero, sin por ello desviarme de mi idea inicial de ponderar la película en el apresurado análisis a vuela pluma que conservaba de su proyección al finalizar la misma.
LA CÁRCEL DE LA VIDA
La temprana edad de la realizadora, por lo que vemos en la pantalla, ha ejercido de inspiración para volcar su atenta mirada, no exenta de acidez, hacia el grave problema que padecen las jóvenes turcas de zonas rurales sometidas a las tradiciones bárbaras y trogloditas de una sociedad inmóvil y caduca, apegada al castigo de una religión fundamentalista, que obliga a las chavalas, da igual se fecha de nacimiento, a ser simples objetos mercantiles para las casamenteras o celestinas del lugar que les buscarán maridos sin que las chicas puedan revelarse ante esa inclemente costumbre.
Los pesonajes principales son cinco hermanas huérfanas. Viven con su abuela y un tío. Los dos adultos son gente orgullosa y tradicionalista. La acción arranca al principio del verano y final del curso escolar. Las muchachas, como es lógico, para celebrar las buenas notas y la conclusión del ciclo académico, disfrutan en la playa jugando con sus compañeros y amigas. Los chicos suben a sus hombros a las chicas, y este gesto, tan inocente y natural, genera un escándalo de proporciones mayúsculas, de tal manera que la abuela y el tío de las hermanas piensan a pies juntillas que han sido avergonzados y humillados por la supuesta “erótica” que tenía la juerga.
LEVANTANDO UN MURO
Este breve prólogo, fotografiado con luz luminosa, festiva y alegre, es el preludio del descenso a los infiernos de las jóvenes. No han podido convencer a los “adultos” que sus intenciones eran buenas y saludables, para nada pretendían enojar y avergonzar a sus molestos e iracundos familiares. Pero como las rígidas normas no las ponen ellas, sino que vienen impuestas, y estas son como son, y no hay manera de modificarlas, ni adaptarlas, ni tan siquiera modernizarlas, sufrirán, por su bello, bonito, entrañable y juguetón acto, el más siniestro e injusto castigo. Y este castigo viene expresado en fases y escalonado en función del comportamiento de las chicas. Si una de ellas ve un amigo que merodea por la casa y esta visita cae en el conocimiento del ultraortodoxo tío, éste decide, por ejemplo, levantar un muro de tal manera que la vista se reduzca al patio de la mansión. Y así sucesivamente.
El colmo de la vejación y el rapto más innoble y traidor que sufren, por otra parte, muy unidas hermanas, radica en ese bárbaro y despreciable “invento” de los matrimonios apalabrados. Una manera casposa y torticera de desprenderse de las jóvenes (que inmediatamente dejan de serlo), entregarlas a tipos (los de la película, patéticos y patanes) que las observan con una miradas y gestos pánfilos que te dan ganas de detener la proyección y sacar de ahí a esas pobres “muchachitas” ante el futuro tan desolador a las que las van a arrojar la sumisa abuela y el abyecto tío (cochino y abusador).
Vestidas como serviles, desprovistas de su identidad, reciben clases de cocina y de tareas domésticas. La directora no pierde detalle ni momento en criticar esa obscena y antidiluviana costumbre. Aunque también es verdad que deja respirar a las hermanas, liberándolas del yugo y generando en la película momentos de calma y relax, incluso de humor, más o menos divertido. Que hacen que “Mustang” se vea como un drama, pero también tiene apuntes de comedia, incluso se podría advertir que el degüello no es tan salvaje gracias a las pinceladas “liberadoras” que tiñen de esperanza el relato, marcado también por la tragedia, en un cúmulo de situaciones, que aportan diferentes tonos a la película, mezcla de desgarro y coraje, que nunca debe faltar para plantar cara a estos desmanes e incongruencias que todavía “resisten” hoy en día en cualquier parte del mundo. Por este motivo, por su carga de denuncia, de la ignominia y el descalabro de prácticas pútridas, cobardes y mezquinas, puede estar el éxito de un título menor pero que sabe muy bien manejar sus elementos. Si es así, bravo por “Mustang”

EL CINE QUE NOS LLEGA



Esta semana va a estar condicionada, en parte, por las películas recompensadas, en opinión y criterio de los académicos norteamericanos, con las valiosas y valoradas, sobre todo, de cara al rico comercio de su distribución, estatuillas Oscar, ese premio exquisito que tanto gusta, se adora y se persigue. Aquellos títulos, sobre todo los más recientes, que han conseguido alguno del amplio ramillete de posibilidades, se reafirman en la cartelera y ven como los diseños promocionales de sus carteles se modifican añadiendo en sitio destacado la famosa y célebre estauilla. Si alguno de los largometrajes que han recibido esta significativa distinción se ha retirado de la programación porque su tiempo de exhibición se ha agotado, vuelve, otra vez, a los cines, resaltando su flamante y llamativo logotipo, para dar oportunidad a los espectadores que por un motivo u otro no la consideraron en sus preferencias.
En Logroño se mantienen firmes, “El renacido”, de Alejandro González Iñárritu, que ha significado, a nivel histórico, el primer galardón de esta consideración para su actor principal, Leonardo DiCaprio, y para el realizador, el mejicano, Alejandro, el logro, nada baladí, de obtener por segundo año consecutivo el Oscar al mejor director. Entró la semana pasada, “La habitación”, de Lenny Abrahmson, y es momento, por lo tanto, de ir a verla y, especialmente, para descubrir a su intérprete, Brie Larson, hasta la fecha una actriz semi desconocida, tapada en papeles secundarios, que por este filme, de cierta intensidad dramática, ha obtenido el Oscar por su rol de madre secuestrada y con un niño de cinco años al que trata de educar con los elementos a su alcance, su fantasía, su amor y cariño, sin que estos recursos avisen al muchachito que está retenido, para no complicarle la existencia. Regresa a las pantallas riojanas, “Spotlight”, de Tom McCarthy, la triunfadora en la modalidad de mejor guión original y mejor película. Dos broches dorados relevantes que acentúan, desde el punto de vista del libreto, extraordinario y muy matizado, el barniz o pose intelectual con el que está enfocada la película, que la dota de una fortaleza indiscutible como afilado instrumento de denuncia y, a la vez, magistral lección de periodismo, con unos reporteros, no sin contradicciones, que tienen tanto como profesionales de la noticia y conciencias un asunto de extrema gravedad que tratan de dar a conocer como iconos de la libertad de expresión y adalides de la libertad de prensa.
CINE ESPAÑOL
De las mucha películas que se estrenan a partir de mañana viernes, me gustaría hacer hincapié, aunque no la he visto, en la producción española, “Cien años de perdón”, dirigida por Daniel Calparsoro (“Salto al vacío”), una cinta de acción, por lo que sé, trepidante y colosal, que pone en el debate o reflexión de su intención, además, por supuesto, de entretener, de señalar, como sucedía en, “El desconocido”, a los bancos o sus empleados ejecutivos como responsables, por sus políticas facinerosas, de contribuir a la crisis económica de este país. La cinta, que tiene unas pintas estupendas y espectaculares, por lo que he podido ver en los trailers y avances, atesora un reparto, creo, que muy ajustado e interesante, encabezado, nada más y nada menos, que por Luis Tosar, Raúl Arévalo, Rodrigo de la Serna, José Coronado y Beatriz Vico. El asalto a una entidad bancaria con el propósito de llevarse un cuantioso botín es el arranque que sirve de pretexto para en el desarrollo de los acontecimientos y siempre desde la idea que nada sale según lo planeado, para proponer giros inesperados encaminados a sorprender al espectador.
EL NAZISMO TRATADO DESDE DOS ÉPOCAS DIFERENTES
Dos títulos que llegan a la cartelera comercial y que he tenido ocasión de ver coinciden en el tema del nazismo. Uno de ellos, “13 minutos para matar a Hitler”, de Oliver Hirschiegel, tiene base histórica porque está inspirado en hechos reales. Se trata de una cuidada y puntillosa producción alemana realizada por el autor de “El hundimiento”, que recrea la acción en solitario que emprendió un simpatizante comunista para atentar y matar a Hitler. Apresado apenas unas horas después del estallido de la bomba, la película, estructurada con contínuos flash-backs, es un relato que indaga en la curiosa personalidad de un tipo que en solitario, sin la ayuda de nadie y de forma muy artesanal construyó un artefacto de gran potencia que los oficiales alemanes que lo interrogaron pensaron de forma tozuda que el hombrecillo que tenían delante jamás hubiera podido elaborar semejante arma de destrucción sin la colaboración de otros indidividuos. La cinta se centra en su vida, amores, amigos, etcétera, alternado con las secuencias de torturas y humillaciones. Me parece un filme correcto, entretenido, con buena producción, pero que no aporta nada a esta corriente temática de cintas que giran alrededor de los intentos de asesinato que sufrió Adolf Hitler. Evidentemente, “13 minutos”, título original, es también a la vez un intento de acercarnos a la época previa al comienzo de la II Guerra Mundial y el brutal escarnio que empezaba a sufrir tanto la población judía como los afiliados a partidos de izquierda.
“Remember” es un filme canadiense dirigido por el prestigioso cineasta, Atom Egoyan (“El liquidador”, “Exótica”, “Dulce porvenir”, entre otras), hasta la fecha, una figura clave de su país y también un realizador habitual de los festivales de cine, y cuyas películas siempre han destacado además de obtener importantes galardones. Para esta ocasión se sirve de un texto ajeno y cuenta la historia de Zev, un anciano judío inquilino en una residencia para mayores que está interpretado por Christopher Plumer que junto a su amigo y compañero, Max (Martin Landau) planean ejecutar a los nazis supervivientes y que fueron oficiales en el campo de concentración de Auschwitz, ordenaron la muerte de multitud de judíos y que ahora viven bajo otra personalidad y de manera honorable.
Por supuesto le concedo a casi toda la filmografía de Atom Egoyam una personalidad, estilo y capacidad visual muy rotundas que sin embargo y pese a sus buenas intenciones no están presentes en este casi telefilme. Está bien rodada y estupendamente interpretada. Se sigue con interés las andanzas del anciano Zev, que además está enfermo y tiene problemas de memoria, pero da la impresión que es un asunto menor e inferior para las cualidades temáticas que siempre han desarrollado las obras de Egoyam.

UNA DE ROMANOS, COMO LAS DE ANTES

Ave césar

Los miércoles, invariablemente, recibo de manera puntual los correos de las diferentes empresas de exhibición cinematográfica que me informan de las películas que van a estrenar y los horarios de las mismas. Al mismo tiempo, por curiosidad, comparo esa oferta, que unas veces es generosa y otras desalentadora, con el número de largometrajes que, por ejemplo, entran en la cartelera comercial de Madrid o Barcelona, las principales ciudades a nivel cuantitativo de proyecciones. Aunque es una rivalidad odiosa en todos los términos, me atrapa saber la apasionante versatilidad de las diferentes propuestas; y sobre todo conocer qué películas, si no las he visto con antelación, me perderé momentáneamente o dejaré pasar por desinterés. Sí, por desinterés. También los comentaristas de cine tenemos esa función o tecla. Además es fácil configurarla. Hay filmes, a mi juicio, que me despiertan poco o nada entusiasmo. Sin ir más lejos. La semana pasada desistí de ver, “Zoolander 2″, de Ben Stiller. Aduje mi nulo conocimiento de la franquicia, puesto que en su día, hace ya por los menos dos lustros, pasé, creo que acertadamente, de entrometerme en la vida y caprichos del diseñador de moda, Zoolander. Su tono friqui, tontorrón y bufo no logró seducirme ni tan siquiera con la tarjeta de presentación, el trailer. Decía, retomando el hilo de la narración, que este fin de semana es otro de esos que entra mogollón de material a la cartelera. Más o menos la mitad, quizás un poco menos, viene a La Rioja, sobre todo el más fuerte, “Ave, César”, de los hermanos Coen, con un reparto de lujo.
LOS HERMANOS COEN NUNCA FALLAN
Tras hacer un nostálgico inciso en los años 60 con “A propósito de LLewyn Davis”, la odisea algo indómita de un cantante folk por alcanzar su cima interpretando temas en en escenario emblemático, que fue una apuesta visualmente arriesgada, rodada en blanco y negro, pero fortalecida con un reparto robusto y a prueba de inclemencias temerarias, los siempre interesantes hermanos Coen, tras participar en el guión de “El puente de los espías”, de Steven Spielberg, se embarcan en una odisea atrevida y jocosa mirando con humor y socarronería al Hollywood de los años 50, que quería renacer con grandes y espectaculares súperproducciones y atacado en su línea de flotación intelectual por la tristemente famosa caza de brujas del senador McCarthy emprendida contra los simpatizantes liberales.
En esa época, dichosa para algunos y ofensiva para otros, los autores de “No es país para viejos” sitúan las curiosas y extravagantes andanzas de sus personajes. Hollywood era una máquina muy bien engrasada preocupada por surtir de entretenimiento a una horda de espectadores que comenzaban a mirar un aparato doméstico, la televisión, con ojos curiosos y entregados. Los estudios principales animaron a sus guionistas a escribir historias grandiosas y dramas monumentales para atraer hacia las salas a una masa que disfrutaba sólo de las citas colosales y grandiosas o de títulos tocados con la varita mágica que constituían, bien por su elenco actoral y por los arrebatadores perfiles de su argumento, éxitos de incuestionable valor. Uno de los géneros frecuentados con buen ritmo y a gusto del consumidor, era el Peplum o película de romanos.
Pues, “Ave, César”, va de eso, de romanos. Del rodaje de una producción enclavada en la antigua Roma. Y cómo el secuestro de su gran estrella, interpretada por George Clooney, por una banda organizada de “comunistas” pone en serio peligro la continuación de la filmación.
No he tenido ocasión de ver todavía la película. Me remito al chispeante trailer de promoción, por cierto, bastante divertido, y a las declaraciones tanto de los autores de la película, los hermanos Coen, como de algunos intérpretes que aparecen, para imaginar, sobre todo al tratarse de una cinta que aborda el tema del cine dentro del cine, con homenajes a “Cantando bajo la lluvia” o las coreografías acuáticas de Esther Williams, que puede ser, y no creo que me equivoque, un largometraje fresco e irónico, de humor y comedia ácida y socarrona, sobre argucias y más de una marrullería, de los estresantes momentos y chocantes peripecias que una inesperada e insólita situación de esta magnitud puede generar en un estudio de cine cuando la principal figura del reparto de una mega producción que mueve dinero a espuertas e intereses de todo tipo es raptada por un grupo paralizando todas las gestiones que la rodean.
Desde luego es un punto de partida que sólo describirlo te empuja a la risa y la carcajada. Si esta historia, además, tiene fuerza, engancha, seduce, te arrastra por derroteros sobre la ilusión de los que hicieron posible las películas, te emociona y quedas postrado por la fascinación de su relato, pues es posible que se vuelva a disfrutar, otra vez, de una película de los hermanos Coen, esa pareja de autores que nunca fallan. O, por lo menos, me lo parece a mí.
OTRAS PELÍCULAS
También se podrá ver a partir de mañana, “El mal que hacen los hombres”, de Ramón Térmens. De la misma nacionalidad, “La corona partida”, de Jordi Frades. Para los amantes de la ciencia-ficción, “Deadpool”.

AMARGURA Y DESESPERACIÓN DEL PARADO

La ley del mercado 1

Así como en semanas anteriores el tono de mi escrito era animoso y casi festivo, celebrando por todo lo alto la llegada a las pantallas riojanas de un puñado de títulos de muy variado signo capaces por su argumento y temática de suscitar los deseos y pasiones más impacientes, no ocurre lo mismo con el capazo de largometrajes previsto para su estreno que llenarán a partir de mañana la cartelera comercial.
También es verdad que el entusiasmo encendido y sulfuroso estaba justificado porque las películas programadas eran conocidas, es decir, que ya las había visto en los preestrenos y, por lo tanto, tenía opinión propia para subrayar sus virtudes y mencionar una serie de recomendaciones que siempre viene bien detallarlas para que el lector y posible espectador las conozca y luego pueda contrastarlas o analizarlas de otra manera.
Aún así, siempre gotean largometrajes suficientemente publicitados con bastante antelación que bien elegida su propaganda acompañada de unas imágenes certeras y expectantes, provocan, cuando menos, un aviso muy bien estudiado y estratégicamente convalidado por expertos en la materia, sobre el posible potencial de una película. Puede ser el caso, por ejemplo, de “La verdad duele”, dirigida por Peter Landesman e interpretada en su papel principal por el carismático y arrollador actor norteamericano, Will Smith. Este intérprete, de quien no hace mucho vimos el thriller, “Focus”, estuvo no hace mucho en un conocido programa de entretenimiento de una cadena de TV privada en horario de máxima audiencia, despertando, entre otras cosas, las filias posibles para generar el ánimo de querer ver la película. Además, su argumento, típico yanki, está inspirado en hechos reales relacionados con la neurología deportivo y en concreto con los casos de suicidio entre jugadores ya retirados de fútbol americano. Pues bueno, esa es una de las historias que mañana entrarán en la cartelera.
Otra de la cintas de nacionalidad norteamericana y muy bien difundida e incluso en el mismo programa de entretenimiento que la anterior es “Zoolander 2″, escrita y dirigida por el comediante, Ben Stiller, tipo al que respeto y que me parece muy bien lo que hace. En este filme, de comedia local y extravagante, que gira alrededor de la moda en su vertiente más friki y cachonda, cuenta con un reparto lujoso y atractivo, de eficacia comprobada, encabezado por el propio autor de la descacharrante idea, y acompañado por Will Farrell, Owen Wilson y nuestra actriz más internacional, Penélope Cruz. La primera entrega de esta franquicia no tuve el placer de concederle mi curiosidad. No me llamó la atención y nada de lo que querían ofrecerme en imágenes me parecía digno de robarme dos horas de mi tiempo. No sé, pasado el tiempo, si me arrepentí. Lo único cierto que sabiendo de una continuación no quise enterarme del “asunto” que trataba la primera y, casi seguro, que pasaré también de “Zoolander 2″, a no ser que alguna voz de reputada solvencia y que cuente con todas mis garantías escriba o diga que se trata de un disparate de visión obligada.
Otro de los títulos previstos para mañana es, “Mejor…solteras”, otra comedia, esta vez dirigida por Christian Ditter. He visto secuencias de esta farsa, con humor escatológico incluído, que se apunta al carro de qué bien se está y cómo se lo montan los solteros y solteras, que viven en juergas continuas y cuando quieren sexo siempre hay peña dispuesta a entregarse a la causa sin rechistar. Dakota Johson, la muchachita virgina de “50 sombras de Grey” y la potente, Rebel Wilson (“Dando la nota”), son sus estandartes provocativos, encarnando la primera a una joven algo deprimida por una relación rota y la segunda una tipa sin prejuicios que la cobijará y le dará fortaleza para entregarse a causas más atrevidas y sugerentes. En fin, como muy visto ¿no?
EL NO ESTRENO
De las películas que, por ahora, no llegará a ningún cine de La Rioja está, “La ley del mercado”, una producción francesa de Stéphane Brizé, que estuvo en el festival de Cannes y que su actor principal, el galo, Vincent Lindon, obtuvo el máximo reconocimiento con el premio al mejor actor. Y no me extraña, porque este formidable actor está colosal y se sale en un papel de gran complejidad y tormento moral. Precisamente esta película sí que he tenido ocasión de ver y me disgusta bastante que nadie haya reparado en ella para ofrecérsela a los espectadores y cinéfilos riojanos. Además es una cinta que golpea en una línea de flotación como es la pérdida del trabajo habitual y la suerte de encontrar otro que más que una bendición es una tortura por su condición de vigilante de las actividades laborales de empleados de un gran súper mercado.
Lindon, como digo, fenomenal, y me quedo corto, encarna a Thierry, un parado, amargado, deprimido, hundido. Su careto lo dice todo. Su forma de andar, de hablar, de vestir resume su estado de ánimo y angustia vital. Está casado y tiene un hijo discapacitado. Ha realizado todos los cursos obligatorios aunque infructuosos porque su especialidad es otra completamente distinta. Necesita dinero. El director de su sucursal bancaria le solicita contrato de trabajo y justificantes de nóminas para concederle un préstamo. Desea desprenderse de una caravana para conseguir pasta. El trabajo es necesario, es como el maná, y cuando lo consigue, por las características del mismo, supervisor y sherif para que nadie robe ni haga chanchullos con los clientes del súper mercado, resulta que su situación de desamparo no amaina por las contradicciones morales que le supone su puesto.
Esta película, “La ley del mercado”, que tiene un componente social afilado, es otro ejemplo de ese cine “neorealista” que de vez en cuando llega a las pantallas, que no mira para otro lado, si no que a través de su vertiente de denuncia no sólo explora la situación de desprotección total del obrero, del empleado, sobre todo cuando tiene más de 50 años, sino que viene a recalcar la cantidad de trabajo basura, de contratos de mierda, mal pagados, con los que tiene que conformarse un padre de familia que verlo en la pantalla, como una ruina física y moral, llega a calar en el espectador. Y si cala es porque todo cuanto acontece en la pantalla tiene la inconfundible pátina de la verdad. Y la verdad, duele, como la película que he mencionado más arriba.

EL CINE QUE NO LLEGA

Ojeando la cartelera comercial de mañana observo la creciente dificultad para encontrar en los locales de exhibición cinematográfica de la comunidad ese título destellante que un servidor ha tenido ocasión de apreciar en los festivales de cine que visita y que permanece ausente, una semana más, de nuestras pantallas.
En esta ocasión me estoy refiriendo al curioso, sorprendente y simpático filme, “El extraordinario viaje de T.S. Spivet”, escrito entre Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant, y dirigido por el primero.
El autor de “Delicatessen”, fiel a su proverbial y polivalente estilo visual, pleno de recursos narrativos y de cuidada estética visual, propone, una vez más, una imaginativa fantasía, mezcla de aventura y road movie, en el que un despierto chaval de 12 años, que vive con sus padres en una granja de Montana, emprende en solitario un viaje hasta Chicago para recoger un premio otorgado por una prestigiosa institución científica.
La película, rodada con mucho gusto y poseedora de una fotografía muy elaborada, está dividida en capítulos. La primera hora es fascinante y rica en matices y descripciones. Dibuja con gracia e ironía a la familia de granjeros, en el que vemos al padre perfilado como un genuino y tosco cowboy y una madre obsesionada con meticulosidad por los insectos. En este ambiente y con una educación en la que se juntan dos ADN poco ortodoxos, el inteligente chaval logra despertar un interés por materias de variada índole, mostrándose en la pantalla a modo de gráficos y fórmulas sus extraordinarias dotes para los cálculos y su capacidad creativa para la investigación y los experimentos.
Con este alucinante bajage, de indudable precocidad, y sin el consentimiento de sus extrovertidos padres, el inquieto e intrépido muchacho se lanza a recorrer de Oeste a Este una larga travesía, entre emocional y sentimental, utilizando varios medios de transporte, para llegar a un foro de sesudos científicos en los que impartirá una conferencia sentando las bases de sus razonadas teorías.
El filme, pese a su extravagante naturaleza, tiene toque y aroma muy americana, de aventura iniciática, algo disparatada y rocambolesca, pero subrayando los elementos icónicos, ambientes, postulados desde hace años por el cine norteamericano, entre la idealización y la desmitificación. Inclusive, en su tramo final, el bautizado como “el Este”, Jean Pierre Jeunet aprovecha la ironía y la mala leche que le caracteriza para criticar y denunciar a personajes como el interpretado por Judy Davis, una oportunista que quiere aprovecharse de T.S. Spivet y lanzarlo a la fama a través de un apestoso programa de televisión.
Confío que el día de mañana este apreciable título pueda verse en la obligada VO en el Teatro Bretón o en la Filmoteca Rafael Azcona.

–————————————————-CASINO JACK————————————————-

De los estrenos de la semana pasada, de esos que pasan sin dejar huella y como una exhalación, me llamó la atención la cinta, “Corrupción en el poder”, dirigida por, George Hickenlooper. Se trata de una producción del año 2010, estrenada ahora de tapadillo, sin apenas publicidad e inspirada en hechor reales. Curiosamente, tras finalizar el rodaje, su director falleció con apenas 47 años.
La película, intepretada con un cinismo galopante por el actor, Kevin Spacey, es una furibunda diatriba contra los aledaños del poder, es decir, los famosos y corruptos, lobbys. Al inicio del filme te explican el significado de la palabra, bastante utilizada hoy en día por los picajosos medios de comunicación. Al escuchar su definición, sientes miedo y asco a la vez. Se trata de grupos poderosos que con una maestría marrullera influyen en personas con mucha pasta para favorecer determinados intereses y obtener pingües beneficios.
Kevin Spacey encarna al lobbista, Jack Abramoff, un tipo inmoral y sin escrúpulos, cercano a la administración republicana (son los años de George Bush Jr como Presidente) que maneja un sucio e ilegal tinglado supuestamente para favorecer a una minoría india ante el Congreso que esconde y oculta una torticera maniobra para hacer negocio en Florida con unos barcos convertidos en casinos flotantes.
Entre los temas que aborda el largometraje hay uno que me atrae bastante. Y es la forma en la que actúa la justicia en los EE.UU. No hay esos aforamientos que rompen el equilibrio de igualdades y que si cometes delito te juzgan y te meten en la cárcel. Conviene ver la cinta hasta los títulos de créditos finales porque se ven imágenes del verdadero Jack Abramoff en actos políticos republicanos hablando bondades de sus líderes.

CANTA A LA VIDA

Aunque no lo parece, estamos en verano, y como es costumbre en estas fechas, las distribuidoras de cine reservan para la canícula sus lotes de películas de saldo. Es decir, un puñado de títulos que salvo honrosas excepciones carecen de atractivo hechizante y fulminante.
Aún así siempre es menester estar alerta y detectar oportunidades. No bajar la guardia y pese a la temporada vacacional es preferible seguir coqueteando con la afición al séptimo arte por si entre tanto descarte se cuela alguna obra que merezca la pena repasar.

TESTOSTERONA

Este no es el caso de, “Sabotaje”, título que ya he tenido la ocasión de ver y, a mi juicio, sólo recomendable para los tronados incondicionales de los filmes de persecuciones y mamporros. Está dirigida por el realizador norteamericano, David Ayer (1968), responsable, entre otros trabajos, de producciones como, “Sin tregua”, “Dueños de la calle y “Vidas al límite”.
Todas ellas relacionadas con el thriller, el cine policíaco y la trama criminal. Tienen un poso de amargura y tragedia. Están armadas con fiereza y componen miradas escépticas sobre el mundo de la ley. En sus discursos se pueden detectar denuncias y corrupciones de variado pelaje. Unido todo forman un relato áspero y vibrante.
De este perfil se descuelga, “Sabotaje”, simple e iracunda, con toques gore (cadáver atornillado al techo y cuerpos humanos despanzurrados que una cámara morbosa no duda en filmar tripas e intestinos), sobre un grupo especial de agentes de la DEA, encabezado por John Breacher (Arnold Schwarzenegger), que tras una misión desastrosa contra un cartel de narcotraficanes en la que asuntos internos sospecha que se quedaron con el botín, son apartados del trabajo y cuando se les vuelve a entregar las credenciales y armas, alguien, sólo o acompañado, está eliminando, de una forma salvaje y cruel, a los miembros del grupo.
Venganza y traición, lealtades y renuncias, son algunos de los temas que se cruzan por su agitada historia, algo previsible, que llama la atención porque los componentes son casi todo hombres y la única mujer, Lizzy, encarnada por la actriz, Mereille Enos, rezuma una ansiedad varonil que sus reuniones y ejercicios se convierte en un canto a la testosterona. El poco toque femenino lo pone, Olivia Williams, que interpreta a la agente federal, Caroline, encargada de investigar de cerca a los sospechosos de haberse apropiado 10 millones de dólares.

LAS CANCIONES COMO TERAPIA

Otra cinta que ya he tenido ocasión de disfrutar es, “Amanece en Edimburgo”, que entra mañana en la cartelera y además lo hace en su versión doblada al castellano y subtitulada. Ni que decir tiene que recomiendo encarecidamente la VO. Está dirigida por, Dexter Fletcher (“Wild Bill”) y se trata de un melodrama musical que toca varías vías aunque siempre se impone la sentimental.
Dos jóvenes soldados que han intervenido en una trágica operación en Afganistán, regresan a su ciudad, Edimburgo. Aquí, en medio de una ciudad preciosa y captada en tono festivo, se reencuentran con la familia, los amigos y las novias. Todos los conflictos se plantean, se desarrollan y se resuelven con la interpretación de las canciones del grupo, The Proclaimers.
El espectador asiste a una serie de situaciones cotidianas y universales. Los hogares, las calles escocesas y los pubs son los escenarios en los que acontece la acción. Entre lo más destacado del filme está la poderosa interpretación del actor, Peter Mullan. Sobre él y su mujer recae la diáspora más incisiva, aunque se corrige con un tono demasiado melindroso.
La película es agradable y muy agradecida. Disfrutas observando las veleidades de los sentimientos y las emociones de los jóvenes, su presente y su futuro, sus momentos dulces y sus insignificantes rifirrafes. Y, sobre todo, es la frescura que aporta un musical que aunque intrascendente y algo melifluo, logra contagiarte la pasión por la música y las soluciones a los problemas resueltos en medio de la calle con la solidaridad de los traseúntes que se unen al jolgorio interpretando los populares temas del repertorio de los The Proclaimers.

COLOSOS DEL SEXO

BUENA CARTELERA PARA LA SEMANA ENTRANTE
Nunca es tarde si la dicha es buena. Esta frase hecha viene a colación por la inesperada aunque satisfactoria entrada en la cartelera comercial riojana de un par de títulos fechados en meses anteriores y que ahora al calor del verano sofocante encuentran un hueco en la programación.
Siempre es refrescante y valioso tomar posición ante la llegada de material que sabes avalado por su paso por los festivales de cine o juzgado y recomendado con cariño por los profesionales de la información cinematográfica que han tenido la oportunidad de valorar sus imágenes anticipadamente.
En esa misma línea me sitio para llamar la atención del posible lector y espectador y subrayar la emoción que me produce que dos películas que ya he tenido ocasión de ver con antelación lleguen a las pantallas de Logroño. Me refiero a los largometrajes, “Las vidas de Grace”, que la vi en la prestigiosa Seminci vallisoletana; está dirigida por, Destin Daniel Cratton; y la otra es “Stockholm”, una producción española, de notable aceptación, realizada por Rodrigo Sorogoyen e interpretada por los actores, Javier Pereira y Aura Garrido. Si que es verdad que ésta última ya tuvo un pase en el Teatro Bretón a propósito de su elección para ilustrar el ciclo de proyecciones especiales los domingos a las 19.30. En cualquier caso, y a rebufo de las temperaturas calentitas de estos días, no está de más volver sobre ella para llenar cualquier hueco que en su momento no se llenó, recuperarla si nos dejó KO en su primer pase o acudir sin más a disfrutar de una cinta que ha cosechado encendidos entusiasmos.
Estas dos obras gozan, además, de estar enfocadas y planteadas con mimbres exigentes. Tocan temas de interés y sus propuestas son apetecibles y rigurosas. Te invitan a contemplar situaciones cotidianas y universales en la vida laboral y afectiva. Por lo tanto, sus puntos de vista, nada frágiles y baladís, apuntan, y es de destacar, hacia personajes y entornos de gente más o menos joven, con su problemas, alegrías y fracasos.
“Las dos vidas de Grace”, es un drama que resulta más lógico apuntarlo por su título original, “Short Term 12”, que hace referencia a un centro de acogida de adolescentes especiales en el que el foco principal se pone narrativamente desde los sentimientos y emociones que transforman a una de sus entregadas monitoras, Grace (Brie Larson) cuando se interesa por una nueva paciente que padece traumas afilados (abusos sexuales por parte de su padre) y que le arrebata la estabilidad.
Más evanescente resulta, “Stockholm”, otra prueba del aguerrido e intrépido cine español, rodada en un impecable blanco y negro, cuya acción transcurre durante una noche y la mañana siguiente, que comienza como una comedia típica y tópica de chico busca chica, chico encuentra chica, chico y chica se acuestan, y chico y chica…bueno aquí mejor no escribir nada más, dejar un poso de suspense (sí, ya sé, un suspense de escasa enjundia y originalidad; pero no sé hacerlo mejor) y que sea el espectador el que tropieze y se desconcierte con la parte final de la película, quizás uno de sus pilares más sólido, por lo menos, para mí. Por cierto, tanto Javier Pereria como Aura Garrido están maravillosos; con una gran química entre ellos y muy convincentes en sus respectivos roles. Gracias a su trabajo interpretativo consiguen meterse al público en el bolsillo. Pocas situaciones y diálogos muy elaborados y espontáneos refuerzan una comedia romántica con tintes trágicos que gana con el paso de su metraje.

–———————————-COLOSOS DEL SEXO——————————————————

Mañana llega a la cartelera, “Sex tape: algo pasa la nube”, de Jake Kasdan, con Cameron Diaz y Jason Segel, componiendo un matrimonio fogoso y al que le gusta divertirse fornicando. Sus ganas e ímpetus son irrefrenables y para poner a prueba su osadía y atrevimiento acuerdan darse un homenaje en su estabilidad sexual que organizan una orgía sin tapujos filmándose en sus circenses posturas coitales. Ni que decir tiene que la juerga es todo un éxito pero la grabación en vez de quedarse en el disco duro o ir a parar a la papelera como un desecho queda divulgado en el nuevo espacio virtual conocido como “la nube” al que tiene acceso todo el que esté interesado. Abochornados y desquiciados emprenden contra reloj la tarea de evitar que el lujurioso contenido llegue a los ojos de su entorno familiar y profesional. Sin más. Puede estar graciosa. Me la apunto para este fin de semana. Tiene algo de friki y tontorrona que es necesario descubrir. Ya veré.
“Vampire Academy”, de Mark Waters y “Llenar el vacío”, codirigida por Rama Burshtein y Yigal Bursztyn, amplían las posibilidades de ver cine diferente y de variado pelaje.

PELÍCULAS DE VERANO

OLEAJE CINEMATOGRÁFICO
El verano es la época del año que con bastante diferencia absorbo la menor cantidad de celuloide. Mis quince días de vacaciones son genuinamente playeros. De relax y descanso. La lectura ocupa un espacio importante. Todos los días el periódico y por las tardes, los libros. “Una verdad delicada”, de John Le Carre, que no me ha entusiasmado, y “Hasta el último aliento”, de José Giovanni, excelente y briosa novela, además de lecturas cinematográficas, han sido los libros elegidos para esta canícula.
Pero no me olvido de los estrenos. Me suelo escapar a Valencia, a veinte minutos del Mareyn de Barraquetes (Sueca), lugar que elijo para disfrutar del período vacacional, y tratar de encontrar, entre tanto programa comercial, alguna película que me satisfaga y que rompa con una cierta rutina de producto veraniego. Y qué duda cabe que entre tanto material de saldo siempre hay en la cartelera un par de obras que hagan que el desplazamiento valga la pena.

MÚSICA Y SENTIMIENTOS

No desaproveché la tarde viendo y disfrutando, “Begin again”, una estupenda, entretenida, emotiva y moralista fábula en clave musical dirigida por John Carney, el mismo cineasta de la apreciable, “Once”.
Muy bien interpretada en su elenco actoral por la estrella, Keira Knightley y el siempre resuelto e interesante, Mark Ruffalo. Ni que decir tiene que a éste último habría que empezar a tenerlo muy en cuenta porque a parte de elegir muy bien los proyectos es un hombre fascinante, completo, que se atreve con todo y rara vez desbarra.
La pinta que tiene, a mi juicio, la producción es de las que te enganchan desde los primeros fotogramas. Se trata de una cinta con todas las características, para lo bueno y lo regular, del cine independiente. Historia de medio perdedores (me encanta, me fascina, esa semblanza muy enraizada en la cultura norteamericana), de sueños, frustraciones, alegrías y pequeños triunfos. Sus diez minutos iniciales son bellísimos y colosales: un puñado de personajes, de linaje diverso, se reúnen en un garito de copas y el guión relata los pasos que cada uno ha dado hasta llegar al bar y conocerse gracias a la música. Los derroteros siguientes por lo que se desarrolla la historia tiene de todo un poco, desde su lado condescendiente en la observación de las dificultades para criar a los hijos adolescentes y conciliar esa lucha entre padres separados, con la visión, no sin ironía, del actual negocio discográfico, prefabricado y sin fantasía y riesgo.
A mi me parece que “Begin again” es un largometraje muy digno, que toca temas de interés, que retrata con gusto lugares de Nueva York y que no cae en la tentación del cuento baboso y melindroso. Salvando las distancias, se parece, se acerca o son de idéntica estirpe a “Francis Ha”, otro filme de patrones similares. Si todavía no han visto el último trabajo de John Carney, háganme caso, vayan a verla y disfruten de una velada romántica (en el mejor sentido de la palabra) y paladeen su frescura y entusiasmo.

FRITANGA CUBANA

Convencional y sosa anoté en mi inseparable libreta cuando salí de visionar, “Chef”, escrita, interpretada y dirigida por Jon Favreau. No me hizo falta más adjetivos. Tampoco me propuse calentarme la sesera para calificar esta película como predecible y aburrida. Si en un periódico tuviera que coronar mi reseña con una numeración o ristra de símbolos, como estrellas, no pasaría del 1. Más sería traicionarme y estafar al lector. Y la verdad es que la gente, es decir, el público, disfrutó bastante con las tribulaciones de un cocinero experimental que se larga del restaurante en el que trabaja porque su jefe, el siempre magnífico, Dustin Hoffman, le exige que se ciña al menú tradicional y se deje de experimentos. A parte de este conflicto, su enfrentamiento con un famoso e icónico crítico gastronómico le empuja a replantearse un nuevo giro en su cocina. Tanto es así que cambia el lujo por una camioneta donde sirve bocatas de origen cubano. El asunto se convierte en un éxito y además logra empatizar con su hijo y que su ex le tenga en cuenta por si existe la posibilidad de un arreglo. John Leguizano hace de pinche de confianza y Robert Downey Jr se gana con creces el cocido. Poca cosa.

HORROR A TRAVÉS DEL OBJETIVO

Me gustó bastante, “Mil veces buenas noches”, un duro y escalofriante relato dirigido por el noruego, Erik Poppe. Una obra, para nada cómoda, que abre un áspero y espinoso debate en torno a lo que capta el objetivo de una reportera gráfica en lugares conflictivos y arriesgados.
Cine moral a la hora de medir el horror de la guerra y la vida. Sus secuelas y consecuencias. Reflexión sobre periodismo y encrucijada del testigo que ve desfilar acontecimientos que te repelen pero tienes que fotografiarlos o contarlos.
El personaje central se llama Rebeca, interpretada por Juliett Binoche. Fotógrafa experta y con instinto. Veterana y aguerrida. Meticulosa y apasionada. No deja rescoldos por recoger con su herramienta. En Afganistán asiste a los preparativos de una mujer bomba. Su entereza, pulso y sangre fría no la conmueven. Pero cuando estalla el artefacto y su honda expansiva le alcanza, queda dañada. Entonces se replantea asuntos de calado humano y profesional. Porque es una deflagración que te indica que este mundo, de la que ella es testigo privilegiada, es una locura, una aterradora tragedia imparable. Ella observa que todo está dividido y podrido. Que entre todos nos estamos cargando la belleza de la vida. Y Rebeca tiene un marido, y dos hijas. Y esta gente también opina. Y tienen sus sentimientos y posicionamiento acerca de lo que hace y a lo que se dedica Rebeca. Cuando regresa a casa, es testigo de otro conflicto, en este caso, familiar; y muy grave. Tiene que saber vivir sin la cámara…pero cuesta tanto.
Todavía está en cartel este filme muy recomendable que no habría que perder de vista porque plantea y sugiere temas llamativos y que no dejan a nadie indiferentes.

EL PASO DEL TIEMPO

EL ELIXIR DE LA ETERNA JUVENTUD

Otra formidable semana repleta de muchos y buenos estrenos que se van a añadir a los ya existentes en la cartelera comercial que abrirán nuevos frentes y otras miradas para cumplir con la expectativas más o menos exigentes de los espectadores riojanos.
Desde mi modesto punto de vista, ahora mismo, y salvo alguna ausencia significativa, hay un buen puñado de películas, algunas de ellas firmadas por realizadores que pueden gustar más o menos pero cuyas producciones establecen la etiqueta de “visión obligada”, que ofrecen un atractivo panorama tanto desde la perspectiva cómoda y fácil del más simple entretenimiento a otras propuestas barnizadas incluso con la pegatina, para lo bueno como para lo menos bueno, de “autor”, suficiente como para mantener un entusiasmo óptimo y satisfactorio.
Siempre hay tiempo para reprochar y molestarse porque determinados títulos, quizás, a mi juicio, y no por casualidad, los más interesantes, no estén disponibles en las mismas condiciones para un espectador, por ejemplo, de Madrid, Barcelona o Valencia. Si obvio este berrinche que por suerte no me afecta porque muchas de las cintas las he visto con antelación, sostengo que casi todos los largometrajes en exhibición merecen atención por un motivo u otro, aun sabiendo que las películas más publicitadas tienden ser más superficiales o entusiasmar y enganchar menos que otras de planteamiento más osado.

MICHAEL CAINE Y HARVEY KEITEL

Estos dos grandísimos actores, de talla mayúscula, de los que no hay que perderse sus trabajos, independientemente de la naturaleza del filme en el que intervengan (son valor añadido, seguro), son las dos estrellas que encabezan el cartel de “Youth” (“La juventud”), a mi modo de ver, el gran estreno de la semana. Está escrita y dirigida por Paolo Sorrentino, el mismo realizador de “La gran belleza”, título que dio que hablar, y mucho. Su cine tiene un encanto inaprensible. Es bello y poético. No escatima en detalles irónicos y mordaces. Y, entre otros asuntos, habla y reflexiona sobre el arte, en un sentido amplio, la cultura, el paso del tiempo, lo perdurable y lo efímero. De todo un poco y subrayando una voz propia y sugerente. Por lo tanto, ¿es un autor?. Va camino de ello o, por lo menos, se propone, sin disimulo manierista y narcisista, dejar constancia, en estilo y puesta en escena, que detrás de la cámara y sobre un guión sobrio y lleno de matices, hay un director de cine, alguien que se interesa y preocupa por envolver sus ideas bajo el paraguas del sello propio e intransferible, rozando y coqueteando con la pretenciosidad, su mayor enemigo.
“La juventud” es un poema irónico. Como una comedia dramática. Ocurren cosas que producen risa, pero no es hilarante; más bien doliente. Pocos personajes son felices. En su tiempo lo fueron. Pero ahora no. Y como los más importantes están en una etapa de su vida profesional que o te jubilas o te conceden premios por si acaso te mueres pronto.
La acción se desarrolla en un balneario ubicado en un paraje idílico de los Alpes. El sitio es una maravilla. Es un spa 5 estrellas cuya tarifa por los servicios prestados sólo se lo pueden permitir unos pocos. Entre estos están Michael Caine, soberbio y espectacular, que encarna a un prestigioso director de orquesta talludito que es contrario a recibir una distinción por parte de su majestad la Reina de Inglaterra. El otro es Harvey Keitel, un excéntrico y atormentado guionista de cine que se está en ese paraíso ultimando los retoques de su siguiente trabajo. Estos dos personajes constituyen el alma y centro neurálgico de la historia. Y los dos, metidos en una piscina, tipo jacuzzi, protagonizan el momento más sublime de la película y cuya trascendencia, por la jeta de ambos, es rescatada para el cartel publicitario de “La juventud”. Esa escena es testimonio y justificación más que colosal de por qué la obra de Sorrentino se titula “La juventud”. Como digo, los dos tipos, maduritos y en una edad difícil y perjudicada por el deterioro de la salud, ven entrar en el agua, completamente desnuda, a una cliente, que no es otra que un bellezón, una joven mulata, miss universo, aunque con una cabeza muy bien amueblada, que despide una conexión erótico/sensual irreprimible que los dos personajes lo dicen todo con sus insuperables rictus y mohines. Sencillamente, fantástico.
Además por el balneario pululan otros personajes. Hay uno que es un sosias de Maradona, con un parecido físico perfecto, intentando perder kilos. La bella Rachel Weisz, hace de hija de Michael Caine, pasa por apuros sentimentales y luego está otro actor que encarna a un actor joven de Hollywood cansado de repetir siempre papeles de robot.
En fin, un filme que hay que ver obligatoriamente que además tiene también en el reparto una breve aparición de la actriz, Vanesa Redgrave. Y en el apartado musical subrayar la utilización en dos momentos muy delicados de la historia de una conocida y bonita balada del grupo británico de rock progresivo, Yes.

EL MEJOR PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

Parece que fue ayer cuando veía por primera vez “Todos los hombres del presidente”, de Alan J. Pakula y un libreto del fenomenal guionista, William Goldman, una magnífica y arrolladora película que detallaba con precisión muy puntillosa el exhaustivo y entregado trabajo de dos periodistas del Whashington Post, Carl Berstein y Bob Woodward, que destaparon las más feas cloacas de la Casa Blanca en lo que se conoció como el caso “Watergate”. Los artículos, escritos no sin problemas y obstáculos, derivó, dos años más tarde del inicio de la pormenorizada y obsesiva investigación de los dos redactores, en la dimisión como Presidente de los EE.UU, Richard Nixon.
Aquella odisea significó no sólo la importancia de un medio de comunicación sino también el apoyo recibido tanto por la editora y propietaria del rotativo, la señora Graham, como el incondicional refrendo del director del periódico, el emblemático y toda una institución, Ben Bradle. Además ayudó a no pocos jóvenes a decidir qué querían ser de mayores: periodistas.

THE BOSTON GLOBE

A lo largo de la historia del cine la pantalla grande se ha interesado a veces con entusiasmo inusitado por las heroicidades de los informadores. Antes de “Todos los hombres del Presidente”, hubo títulos memorables que abordaban casos de hazañas de reporteros que bien servían para destacar su labor como para criticar y censurar comportamientos que ofendían a la ética del periodismo. También después de la célebre película interpretada por Robert Redford y Dustin Hoffman se han rodado argumentos en la que el periodismo era objeto de honra o agravio. No voy a extenderme en citar títulos porque a buen seguro cada lector y espectador tendrá sus preferidos.
Ahora, y tras su aplaudido pase por la sección a concurso del último festival de cine de Venecia, llega a las pantallas riojanas un largometraje, de tema periodístico, que les voy a recomendar de manera encarecida. Es decir, me gustaría que no se la perdieran y disfrutaran, otra vez, con la misma intensidad y fervor que lo hicieron a mediados de la década de los 70 con “Todos los hombres del Presidente”.
Se trata de “Spotlight”, escrita y dirigida por el cineasta, Tom McCarthy. De este realizador se han estrenado en nuestro país toda su filmografía. Se dio a conocer con la estupenda, “Vías cruzadas”. Nos robó el corazón con “The visitor”. Dejó constancia de su buen oficio en “Win,win” (“Ganamos todos”). Algo de perplejidad me causó, “Con la magia en los zapatos”, un vehículo comercial para que Ben Stiler rebajara su penosa faceta cómica. Y vuelve a engrandecer su figura con, “Spotlihgt”.
Esta cinta recrea de manera concienzuda el ardoroso e infatigable trabajo de un equipo de redactores del diario The Boston Globe que formaban una oficina cuyo principal cometido era realizar periodismo de investigación. Su habitáculo estaba colocado en las catacumbas, es decir, en el sótano de la redacción. Allí, sin luz exterior y sin ninguna ventana que perturbe su concentración, leían y analizaban infinidad de informes hasta localizar un hecho noticiable que albergara la posibilidad de destapar algún asunto de trascendencia. El grupo, en la película, está orientado por el actor, Michael Keaton, que ya sabía lo que era ser redactor jefe puesto que bajo las órdenes de Ron Howard había intervenido en el filme, “The paper”.
La llegada desde Miami de un nuevo redactor jefe, papel que interpreta el actor, Liev Schreiber, proporciona, entre un montón de casos, enmarcado en una columna de opinión, un tema, el de un caso de abusos sexuales por parte de un sacerdote adscrito a la diócesis de Boston, que bien pudiera ser un caso aislado o un detalle no investigado lo suficiente que mereciera una mejor atención por si fuera redundante en otros curas.
Tom McCarthy, partiendo de un guión robusto, inteligente, metódico, fiable, con buenos diálogos y situaciones tensas, que despiertan las emociones más rabiosas e indignantes, construye, siguiendo modelos clásicos, de elegante y funcional puesta en escena, el ardoroso seguimiento de los periodistas, con los que no cuesta nada identificarse, porque uno de los mejores pilares del filme es su reparto, con intérpretes que hacen creíbles sus roles, como el extraordinario y siempre genial, Mark Ruffalo, en el papel de Mike, uno de los redactores más entregados y valientes; la guapa Rachel McAdams, que encarna a Sacha, la única dama del grupo. Por cierto, esta actriz es la tercera vez que ejerce de periodista en la pantalla grande. Estos actores, junto a John Slattery, Stanley Tucci y Billy Crudup, forman un elenco actoral de gran pegada y total credibilidad.
En la película, que además es amena y entretenida, aparte del encomiable esfuerzo y derroche de perspicacia de sabuesos de los redactores, resistiendo encontronazos y algunos insultos, cuya hazaña queda muy bien detallada, la cinta, como no podía ser de otra manera, no sólo denuncia, sino que informa, privilegiando la verdad, y subrayando la importancia de una prensa libre y ajena a los intereses políticos, en un país, dichosos por la democracia, pero en el que muchas veces la prensa ha sido prisionera de cierta casta para airear y vocear sus discursos.
Aquí, todo el largometraje está contado desde el punto de vista de los periodistas, que anteponen el rigor y la veracidad, y, sobre todo, el compromiso consigo mismo y con los lectores, aunque alguno de estos les cause estupor e incomodidad la lectura de una primicia que saca a la luz los trapos sucios de pederasta y pedofilia de más de 100 sacerdotes, a los que cambiaban de parroquia o los ocultaban para evitar el escándalo.
Pues de todo esto trata, “Spotlight”, que como he escrito más arriba, me parece una de las grandes películas que se van a estrenar esta semana y que llega a la cartelera en bastantes cines de nuestra comunidad. Recomendación: a ver.

DOS PELÍCULAS QUE DEBEN VERSE

Este fin de semana se entregarán los premios Goya de la Academia del cine. “La novia”, de Paula Ortiz y “Truman”, de Ces Gay, parten como las favoritas para alzarse con los galardones más codiciados. Son a mi juicio, las películas grandes, aunque de presupuestos muy nuestros, de andar por casa. Pero con el dinero que se ha invertido se ha conseguido armar dos historias poderosas, la primera partiendo de un célebre texto teatro de Federico García Lorca, rodada con estilo llamativo y rompiendo ideas preconcebidas y prejuiciosas sobre lo que se podía esperar de una adaptación, y, la segunda es un guión original que habla de varios temas pero el principal asunto que aborda es el de la amistad duradera.
Hay más películas, por supuesto, como “Techo y comida” y “B” (ésta me ha gustado más de lo que en un principio podía esperar de ella), filmadas ajustándose al tipo de producción habitual en nuestro país, es decir, con presupuestos de andar por casa. Pero con resultados finales solventes y de gran eficacia. Lástima que a pesar de las inquietudes, siempre renovadas, de los cineastas españoles, el público, salvo honrosas excepciones, se muestre reacio o refractario hacia los productos que se realizan en nuestro territorio. Aún así, los espectadores que en su momento eligieron estas cintas para adentrarse en su argumentos, seguro que no salieron defraudados.
No insisto más en las obras candidatas a premios Goya porque en sus fechas de llegada a las carteleras comerciales ya tuve ocasión de escribir algún comentario sobre ellas.
Ahora lo que me pide el cuerpo es celebrar el estreno de dos grandes e importantes títulos del cine norteamericano. A partir de mañana el espectador de La Rioja tendrá la ocasión de disfrutar y apasionarse por dos producciones de diferente signo que a buen seguro colmarán las exigencias tanto cinéfilas como de entretenimiento de los espectadores. Además creo que son títulos esperados con cierta impaciencia que la gente quiere ver lo antes posible. Y que ambos están como candidatos a los Oscars de Hollywood en diferentes categorías.

“Carol”, de Todd Haynes (“Lejos del cielo”) es, ante todo, un filme intimista y delicado, de soberbia realización, rodado con tacto y elegancia, con una fotografía sublime, que un tono clásico, depurado y reposado, en la que la duración de los planos, gracias a un puntilloso montaje sereno y maestro, permite la total observación de emociones y sentimientos, en muchos momentos contradictorios, de dos mujeres que en la pacata y árida sociedad norteamericana de los años 50 se enamoran y viven una furtiva pero intensa historia de amor.
Se vive como se siente, y Carol (una Cate Blanchett a la altura o más de sus últimas y grandes interpretaciones) y Therese (muy apropiada Rooney Mara), son dos mujeres que luchan por encontrar su sitio en este mundo y de manera velada deciden apartarse de los patrones que una sociedad mojigata y cobarde tiene reservada al sexo femenino y rompiendo moldes deciden convertirse en amantes, no sin sortear los consabidos prejuicios y buscando la clandestinidad por culpa de una moralidad de rústica severidad.
La cinta de Todd Haynes, también guionista, tiene la fuerza y determinación que tenía en su tiempo las inmarchitables cintas del siempre recordado, Douglas Sirk, figura mayúscula del melodrama más arrebatado y detallista. Viendo “Carol” se acerca uno a la estructura y dramaturgia escalonada del autor “Tiempo de amar, tiempo de morir”, de belleza esplendorosa y personajes en conflictos internos y dudas existenciales. Es un cine de miradas, gestos, detalles y expresiones que afirman o reafirman deseos y aceptaciones. Todo ello equilibrado y perfectamente coreografiado, completando una dimensión emocional que rebasa lo anecdótico para convertirse en una inaprensinble poema de amor. Sin duda, una de las grandes películas de la temporada.
No hace mucho el actor, Leonardo DiCaprio, conseguía el Globo de Oro a la mejor interpretación masculina por “El renacido”, de Alejandro González Iñárritu. Cuando se vea esta colosal y espectacular cinta de aventuras se comprenderá, con juicio imperativo, por qué el actor de “El lobo de Wall Street” es merecedor, con el permiso de Michael Fassbernder y su rol de Steve Jobs, del Oscar por su papel del cazador y explorador, Glass.
Se ha escrito mucho de las condiciones metereológicas del rodaje. Muy duras, extremas, casi insoportables y calamitosas. Filmación en escenario naturales con temperaturas bajo cero. Toda esta hazaña y riesgo queda perfectamente recogido por la cámara manejada por el operador habitual de Iñárritu, Emmanuel Luzbezki. Si añado una producción costosa pero aplicada hasta la exageración en dotar de credibilidad a este relato inspirado en eventos reales, se consigue, sin la muletilla de los efectos digitales, una película de gran envergadura que te engancha desde el arranque, con una secuencia magistral y violenta, muy elaborada, que presenta a los personajes principales, y que luego, a partir de aquí, con la tensión en alza, hacia una historia de supervivencia y venganza, elementos tradicionales del western, en este caso muy inhóspito, que te hechiza por sus latigazos y sacudidas, poniéndote al lado del atribulado Hugh Glass.
Entre los momentos más impactantes del filme, destaca el feroz ataque de un oso grizzly que sufre Glass, siendo zarandeando, mordido y arañado con un dosis de verosimilitud que seguro no será grato a la vista de todos. Hacia tiempo que no veía en una pantalla grande semejante realismo. Resulta estremecedor. Entre el ruido, la fiereza del animal, su agresividad natural, los dientes mordisqueando la carne humana y las afiladas uñas del iracundo bicho rasgando la espalda del guiñapo, porque así se ve en la pantalla Leonardo DiCaprio, zarandeado como un trapo. Seguro que cuando los espectadores vean esta escena, no la olvidaran con facilidad.

TÚ Y YO Y NADIE MÁS

La habitación 3


SOLOS EN LA HABITACIÓN
En la madrugada del domingo 28 de febrero se concederán los Oscars que otorga la Academia de las Artes y Ciencias de Holywood a los mejores trabajos cinematográficos del 2016. Un años más, esta indispensable cita, llena de glamour y de gran aceptación, acaparará la atención y mirada del aficionado al séptimo arte, sea cinéfilo o espectador atraído por la emoción de las películas. Es una cita clásica e inmarchitable. Sobre ella llueven todo tipo de comentarios y puntos de vista enfrentados y contradictorios. Su ceremonia suele ser colosal y magnífica desde el análisis del espectáculo pero aburrida, salvo honrosas excepciones, por su larga duración y por los interminables y monótonos mensajes de agradecimiento de los premiados. En cualquier caso, y resumiendo, siempre se espera un acto o gesto polémico y políticamente incorrecto para que el tono se vuelva combativo y ayude a que el discurrir de la entrega de las estatuíllas sea más soportable y divertido.
Dos de los títulos que faltaban por conocerse, “Brooklyn”, de John Crowley y “La habitación”, de Lenny Abramson, se estrenan este fin de semana en La Rioja. Por lo tanto los recalcitrantes amigos y apasionados de los Oscars que además les entusiasma postularse por alguna película, deberán sacar tiempo para verlas y así disponer de una opinión válida para elegir su producción favorita.
MADRE E HIJO
He tenido ocasión de ver los dos trabajos. También el resto de candidatas a mejor película. La que más me gusta y la que creo que tiene mejor cine, a mi juicio, es “Spotlight”, escrita y dirigida por, Tom McCarthy. De todas, es la más equilibrada entre lo que cuenta y cómo lo narra. Pese a su aseada y buena factura, de corte clásico, es decir, no tiene una puesta en escena rompedora y hechizante, aunque tampoco le hace falta, obtiene muy buen rendimiento, sobre todo para ilustrar un caso envenenado de pederastía en el seno de la Iglesia Católica de Bostón, en su formato reposado y meticuloso, muy atento a los detalles y matices, sin engolamiento y propuestas modernas. El caso contrario, sería, por ejemplo, “La gran apuesta”, también inspirada en hechos reales, que busca sorprender al espectador con una realización chocante e impactante pero que a veces sus árboles no dejan ver el bosque. Me seduce más la idea templada y moderada; y admiro, por que la dirección de McCarthy me lo permite, los pasos que siguen en su investigación los periodistas del The Boston Globe.
“La habitación”, escrita y dirigida por Lenny Abramson, puede ser, o, por lo menos, así opino, una de las grandes tapadas de la tarde/noche de Los Ángeles. Tiene atributos y recursos más que suficientes para atrapar la mirada, en esta caso sí, del cinéfilo. Su propuesta, su material (casi de derribo), enfoque y tratamiento estético y visual responde a los patrones del cine independiente americano, con todos sus valores y virtudes. Además, la valentía y osadía de afrontar un drama enervante y sugerente desde planteamientos humildes, con un presupuesto ajustado y bien aprovechado y manejando recursos variados como el terror psicológico, el cine de secuestrsos, el melodrama familiar y las relaciones, en este caso, madre e hijo. El siempre polémico asunto de las películas un tanto erizadas y áridas por incluir en su argumento la presencia de un niño, Jack, de 5 años sufriendo el calvario de un confinamiento en un recinto de apenas 20 metros cuadrados es de por sí arriesgado y temible, sobre todo, si se desenfoca la orientación del filme y se desbarra en impertinentes anécdotas de barniz lacrimógeno.
De su realizador, Lenny Abramson, recuerdo haber visto y en la programación alternativa a la sección oficial de una Seminci de Valladolid un largometraje suyo que me despertó mucho interés, “Garaje”, también con pocos personajes y situaciones comunes y cotidianas que tienen que ver con el trabajo que se desempeña en una gasolinera en medio de la nada y cómo cambia la vida de uno de los empleados cuando se incorpora a la plantilla un joven cuya forma de ser, espontánea y amable, cambia la triste rutina de un veterano y talludito gasolinero.
Ahora, sin pretender la historia más grande jamás contada, Abramson, de manera callada y sin armar mucho ruido, construye, sin perder su adhesión a temas escabrosos y esquinados, un filme carcelario, en el que la habitación que da título a la película adquiere pintas o tratamiento de prisión, y los reclusos, sin saber por qué, son una madre y su hijo.
La cinta está estructurada en dos partes muy distintas. La primera se ciñe a la privación de libertad y se desarrolla en una estancia triste, desangelada, fría y amenazante. La convivencia, gracias al tacto, cariño y ternura de su fabulosa protagonista, la descomunal, Brie Larson (candidata al Oscar a la mejor interpretación femenina), procura pasajes muy emotivos y bellos, de una gran MADRE, haciéndole que Jack no se sienta desprotegido ni desconcertado por la terrible situación, que él ni tan siquiera se plantea, entretenido con las imágenes de la TV, los pocos juguetes, una claraboya (único contacto con el exterior) y, sobre todo, con los cuentos e historias que le relata su madre, especialmente, “El conde de Montecristo”, de Dumas, muy significativo en el transcurso de la historia.
La segunda parte parece la resolución fácil e invierte el anterior proceso. No por ello resulta más optimista y menos desasosegante. Otros factores, ya en libertad, amenazan a la madre e hijo, pero no se recrudecen las aristas, y un halo de esperanza, junto a una fotografía alegre y envolvente, le cambia el rostro a la película, haciendo de “La habitación”, un filme singular e impactante, dejando el misterio y el suspense de la reclusión apartado, sin mucha relevancia, poniendo sólo el énfasis en la relación madre e hijo.

La Rioja

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