EL CINE QUE NO LLEGA

Ojeando la cartelera comercial de mañana observo la creciente dificultad para encontrar en los locales de exhibición cinematográfica de la comunidad ese título destellante que un servidor ha tenido ocasión de apreciar en los festivales de cine que visita y que permanece ausente, una semana más, de nuestras pantallas.
En esta ocasión me estoy refiriendo al curioso, sorprendente y simpático filme, “El extraordinario viaje de T.S. Spivet”, escrito entre Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant, y dirigido por el primero.
El autor de “Delicatessen”, fiel a su proverbial y polivalente estilo visual, pleno de recursos narrativos y de cuidada estética visual, propone, una vez más, una imaginativa fantasía, mezcla de aventura y road movie, en el que un despierto chaval de 12 años, que vive con sus padres en una granja de Montana, emprende en solitario un viaje hasta Chicago para recoger un premio otorgado por una prestigiosa institución científica.
La película, rodada con mucho gusto y poseedora de una fotografía muy elaborada, está dividida en capítulos. La primera hora es fascinante y rica en matices y descripciones. Dibuja con gracia e ironía a la familia de granjeros, en el que vemos al padre perfilado como un genuino y tosco cowboy y una madre obsesionada con meticulosidad por los insectos. En este ambiente y con una educación en la que se juntan dos ADN poco ortodoxos, el inteligente chaval logra despertar un interés por materias de variada índole, mostrándose en la pantalla a modo de gráficos y fórmulas sus extraordinarias dotes para los cálculos y su capacidad creativa para la investigación y los experimentos.
Con este alucinante bajage, de indudable precocidad, y sin el consentimiento de sus extrovertidos padres, el inquieto e intrépido muchacho se lanza a recorrer de Oeste a Este una larga travesía, entre emocional y sentimental, utilizando varios medios de transporte, para llegar a un foro de sesudos científicos en los que impartirá una conferencia sentando las bases de sus razonadas teorías.
El filme, pese a su extravagante naturaleza, tiene toque y aroma muy americana, de aventura iniciática, algo disparatada y rocambolesca, pero subrayando los elementos icónicos, ambientes, postulados desde hace años por el cine norteamericano, entre la idealización y la desmitificación. Inclusive, en su tramo final, el bautizado como “el Este”, Jean Pierre Jeunet aprovecha la ironía y la mala leche que le caracteriza para criticar y denunciar a personajes como el interpretado por Judy Davis, una oportunista que quiere aprovecharse de T.S. Spivet y lanzarlo a la fama a través de un apestoso programa de televisión.
Confío que el día de mañana este apreciable título pueda verse en la obligada VO en el Teatro Bretón o en la Filmoteca Rafael Azcona.

–————————————————-CASINO JACK————————————————-

De los estrenos de la semana pasada, de esos que pasan sin dejar huella y como una exhalación, me llamó la atención la cinta, “Corrupción en el poder”, dirigida por, George Hickenlooper. Se trata de una producción del año 2010, estrenada ahora de tapadillo, sin apenas publicidad e inspirada en hechor reales. Curiosamente, tras finalizar el rodaje, su director falleció con apenas 47 años.
La película, intepretada con un cinismo galopante por el actor, Kevin Spacey, es una furibunda diatriba contra los aledaños del poder, es decir, los famosos y corruptos, lobbys. Al inicio del filme te explican el significado de la palabra, bastante utilizada hoy en día por los picajosos medios de comunicación. Al escuchar su definición, sientes miedo y asco a la vez. Se trata de grupos poderosos que con una maestría marrullera influyen en personas con mucha pasta para favorecer determinados intereses y obtener pingües beneficios.
Kevin Spacey encarna al lobbista, Jack Abramoff, un tipo inmoral y sin escrúpulos, cercano a la administración republicana (son los años de George Bush Jr como Presidente) que maneja un sucio e ilegal tinglado supuestamente para favorecer a una minoría india ante el Congreso que esconde y oculta una torticera maniobra para hacer negocio en Florida con unos barcos convertidos en casinos flotantes.
Entre los temas que aborda el largometraje hay uno que me atrae bastante. Y es la forma en la que actúa la justicia en los EE.UU. No hay esos aforamientos que rompen el equilibrio de igualdades y que si cometes delito te juzgan y te meten en la cárcel. Conviene ver la cinta hasta los títulos de créditos finales porque se ven imágenes del verdadero Jack Abramoff en actos políticos republicanos hablando bondades de sus líderes.

CANTA A LA VIDA

Aunque no lo parece, estamos en verano, y como es costumbre en estas fechas, las distribuidoras de cine reservan para la canícula sus lotes de películas de saldo. Es decir, un puñado de títulos que salvo honrosas excepciones carecen de atractivo hechizante y fulminante.
Aún así siempre es menester estar alerta y detectar oportunidades. No bajar la guardia y pese a la temporada vacacional es preferible seguir coqueteando con la afición al séptimo arte por si entre tanto descarte se cuela alguna obra que merezca la pena repasar.

TESTOSTERONA

Este no es el caso de, “Sabotaje”, título que ya he tenido la ocasión de ver y, a mi juicio, sólo recomendable para los tronados incondicionales de los filmes de persecuciones y mamporros. Está dirigida por el realizador norteamericano, David Ayer (1968), responsable, entre otros trabajos, de producciones como, “Sin tregua”, “Dueños de la calle y “Vidas al límite”.
Todas ellas relacionadas con el thriller, el cine policíaco y la trama criminal. Tienen un poso de amargura y tragedia. Están armadas con fiereza y componen miradas escépticas sobre el mundo de la ley. En sus discursos se pueden detectar denuncias y corrupciones de variado pelaje. Unido todo forman un relato áspero y vibrante.
De este perfil se descuelga, “Sabotaje”, simple e iracunda, con toques gore (cadáver atornillado al techo y cuerpos humanos despanzurrados que una cámara morbosa no duda en filmar tripas e intestinos), sobre un grupo especial de agentes de la DEA, encabezado por John Breacher (Arnold Schwarzenegger), que tras una misión desastrosa contra un cartel de narcotraficanes en la que asuntos internos sospecha que se quedaron con el botín, son apartados del trabajo y cuando se les vuelve a entregar las credenciales y armas, alguien, sólo o acompañado, está eliminando, de una forma salvaje y cruel, a los miembros del grupo.
Venganza y traición, lealtades y renuncias, son algunos de los temas que se cruzan por su agitada historia, algo previsible, que llama la atención porque los componentes son casi todo hombres y la única mujer, Lizzy, encarnada por la actriz, Mereille Enos, rezuma una ansiedad varonil que sus reuniones y ejercicios se convierte en un canto a la testosterona. El poco toque femenino lo pone, Olivia Williams, que interpreta a la agente federal, Caroline, encargada de investigar de cerca a los sospechosos de haberse apropiado 10 millones de dólares.

LAS CANCIONES COMO TERAPIA

Otra cinta que ya he tenido ocasión de disfrutar es, “Amanece en Edimburgo”, que entra mañana en la cartelera y además lo hace en su versión doblada al castellano y subtitulada. Ni que decir tiene que recomiendo encarecidamente la VO. Está dirigida por, Dexter Fletcher (“Wild Bill”) y se trata de un melodrama musical que toca varías vías aunque siempre se impone la sentimental.
Dos jóvenes soldados que han intervenido en una trágica operación en Afganistán, regresan a su ciudad, Edimburgo. Aquí, en medio de una ciudad preciosa y captada en tono festivo, se reencuentran con la familia, los amigos y las novias. Todos los conflictos se plantean, se desarrollan y se resuelven con la interpretación de las canciones del grupo, The Proclaimers.
El espectador asiste a una serie de situaciones cotidianas y universales. Los hogares, las calles escocesas y los pubs son los escenarios en los que acontece la acción. Entre lo más destacado del filme está la poderosa interpretación del actor, Peter Mullan. Sobre él y su mujer recae la diáspora más incisiva, aunque se corrige con un tono demasiado melindroso.
La película es agradable y muy agradecida. Disfrutas observando las veleidades de los sentimientos y las emociones de los jóvenes, su presente y su futuro, sus momentos dulces y sus insignificantes rifirrafes. Y, sobre todo, es la frescura que aporta un musical que aunque intrascendente y algo melifluo, logra contagiarte la pasión por la música y las soluciones a los problemas resueltos en medio de la calle con la solidaridad de los traseúntes que se unen al jolgorio interpretando los populares temas del repertorio de los The Proclaimers.

COLOSOS DEL SEXO

BUENA CARTELERA PARA LA SEMANA ENTRANTE
Nunca es tarde si la dicha es buena. Esta frase hecha viene a colación por la inesperada aunque satisfactoria entrada en la cartelera comercial riojana de un par de títulos fechados en meses anteriores y que ahora al calor del verano sofocante encuentran un hueco en la programación.
Siempre es refrescante y valioso tomar posición ante la llegada de material que sabes avalado por su paso por los festivales de cine o juzgado y recomendado con cariño por los profesionales de la información cinematográfica que han tenido la oportunidad de valorar sus imágenes anticipadamente.
En esa misma línea me sitio para llamar la atención del posible lector y espectador y subrayar la emoción que me produce que dos películas que ya he tenido ocasión de ver con antelación lleguen a las pantallas de Logroño. Me refiero a los largometrajes, “Las vidas de Grace”, que la vi en la prestigiosa Seminci vallisoletana; está dirigida por, Destin Daniel Cratton; y la otra es “Stockholm”, una producción española, de notable aceptación, realizada por Rodrigo Sorogoyen e interpretada por los actores, Javier Pereira y Aura Garrido. Si que es verdad que ésta última ya tuvo un pase en el Teatro Bretón a propósito de su elección para ilustrar el ciclo de proyecciones especiales los domingos a las 19.30. En cualquier caso, y a rebufo de las temperaturas calentitas de estos días, no está de más volver sobre ella para llenar cualquier hueco que en su momento no se llenó, recuperarla si nos dejó KO en su primer pase o acudir sin más a disfrutar de una cinta que ha cosechado encendidos entusiasmos.
Estas dos obras gozan, además, de estar enfocadas y planteadas con mimbres exigentes. Tocan temas de interés y sus propuestas son apetecibles y rigurosas. Te invitan a contemplar situaciones cotidianas y universales en la vida laboral y afectiva. Por lo tanto, sus puntos de vista, nada frágiles y baladís, apuntan, y es de destacar, hacia personajes y entornos de gente más o menos joven, con su problemas, alegrías y fracasos.
“Las dos vidas de Grace”, es un drama que resulta más lógico apuntarlo por su título original, “Short Term 12”, que hace referencia a un centro de acogida de adolescentes especiales en el que el foco principal se pone narrativamente desde los sentimientos y emociones que transforman a una de sus entregadas monitoras, Grace (Brie Larson) cuando se interesa por una nueva paciente que padece traumas afilados (abusos sexuales por parte de su padre) y que le arrebata la estabilidad.
Más evanescente resulta, “Stockholm”, otra prueba del aguerrido e intrépido cine español, rodada en un impecable blanco y negro, cuya acción transcurre durante una noche y la mañana siguiente, que comienza como una comedia típica y tópica de chico busca chica, chico encuentra chica, chico y chica se acuestan, y chico y chica…bueno aquí mejor no escribir nada más, dejar un poso de suspense (sí, ya sé, un suspense de escasa enjundia y originalidad; pero no sé hacerlo mejor) y que sea el espectador el que tropieze y se desconcierte con la parte final de la película, quizás uno de sus pilares más sólido, por lo menos, para mí. Por cierto, tanto Javier Pereria como Aura Garrido están maravillosos; con una gran química entre ellos y muy convincentes en sus respectivos roles. Gracias a su trabajo interpretativo consiguen meterse al público en el bolsillo. Pocas situaciones y diálogos muy elaborados y espontáneos refuerzan una comedia romántica con tintes trágicos que gana con el paso de su metraje.

–———————————-COLOSOS DEL SEXO——————————————————

Mañana llega a la cartelera, “Sex tape: algo pasa la nube”, de Jake Kasdan, con Cameron Diaz y Jason Segel, componiendo un matrimonio fogoso y al que le gusta divertirse fornicando. Sus ganas e ímpetus son irrefrenables y para poner a prueba su osadía y atrevimiento acuerdan darse un homenaje en su estabilidad sexual que organizan una orgía sin tapujos filmándose en sus circenses posturas coitales. Ni que decir tiene que la juerga es todo un éxito pero la grabación en vez de quedarse en el disco duro o ir a parar a la papelera como un desecho queda divulgado en el nuevo espacio virtual conocido como “la nube” al que tiene acceso todo el que esté interesado. Abochornados y desquiciados emprenden contra reloj la tarea de evitar que el lujurioso contenido llegue a los ojos de su entorno familiar y profesional. Sin más. Puede estar graciosa. Me la apunto para este fin de semana. Tiene algo de friki y tontorrona que es necesario descubrir. Ya veré.
“Vampire Academy”, de Mark Waters y “Llenar el vacío”, codirigida por Rama Burshtein y Yigal Bursztyn, amplían las posibilidades de ver cine diferente y de variado pelaje.

PELÍCULAS DE VERANO

OLEAJE CINEMATOGRÁFICO
El verano es la época del año que con bastante diferencia absorbo la menor cantidad de celuloide. Mis quince días de vacaciones son genuinamente playeros. De relax y descanso. La lectura ocupa un espacio importante. Todos los días el periódico y por las tardes, los libros. “Una verdad delicada”, de John Le Carre, que no me ha entusiasmado, y “Hasta el último aliento”, de José Giovanni, excelente y briosa novela, además de lecturas cinematográficas, han sido los libros elegidos para esta canícula.
Pero no me olvido de los estrenos. Me suelo escapar a Valencia, a veinte minutos del Mareyn de Barraquetes (Sueca), lugar que elijo para disfrutar del período vacacional, y tratar de encontrar, entre tanto programa comercial, alguna película que me satisfaga y que rompa con una cierta rutina de producto veraniego. Y qué duda cabe que entre tanto material de saldo siempre hay en la cartelera un par de obras que hagan que el desplazamiento valga la pena.

MÚSICA Y SENTIMIENTOS

No desaproveché la tarde viendo y disfrutando, “Begin again”, una estupenda, entretenida, emotiva y moralista fábula en clave musical dirigida por John Carney, el mismo cineasta de la apreciable, “Once”.
Muy bien interpretada en su elenco actoral por la estrella, Keira Knightley y el siempre resuelto e interesante, Mark Ruffalo. Ni que decir tiene que a éste último habría que empezar a tenerlo muy en cuenta porque a parte de elegir muy bien los proyectos es un hombre fascinante, completo, que se atreve con todo y rara vez desbarra.
La pinta que tiene, a mi juicio, la producción es de las que te enganchan desde los primeros fotogramas. Se trata de una cinta con todas las características, para lo bueno y lo regular, del cine independiente. Historia de medio perdedores (me encanta, me fascina, esa semblanza muy enraizada en la cultura norteamericana), de sueños, frustraciones, alegrías y pequeños triunfos. Sus diez minutos iniciales son bellísimos y colosales: un puñado de personajes, de linaje diverso, se reúnen en un garito de copas y el guión relata los pasos que cada uno ha dado hasta llegar al bar y conocerse gracias a la música. Los derroteros siguientes por lo que se desarrolla la historia tiene de todo un poco, desde su lado condescendiente en la observación de las dificultades para criar a los hijos adolescentes y conciliar esa lucha entre padres separados, con la visión, no sin ironía, del actual negocio discográfico, prefabricado y sin fantasía y riesgo.
A mi me parece que “Begin again” es un largometraje muy digno, que toca temas de interés, que retrata con gusto lugares de Nueva York y que no cae en la tentación del cuento baboso y melindroso. Salvando las distancias, se parece, se acerca o son de idéntica estirpe a “Francis Ha”, otro filme de patrones similares. Si todavía no han visto el último trabajo de John Carney, háganme caso, vayan a verla y disfruten de una velada romántica (en el mejor sentido de la palabra) y paladeen su frescura y entusiasmo.

FRITANGA CUBANA

Convencional y sosa anoté en mi inseparable libreta cuando salí de visionar, “Chef”, escrita, interpretada y dirigida por Jon Favreau. No me hizo falta más adjetivos. Tampoco me propuse calentarme la sesera para calificar esta película como predecible y aburrida. Si en un periódico tuviera que coronar mi reseña con una numeración o ristra de símbolos, como estrellas, no pasaría del 1. Más sería traicionarme y estafar al lector. Y la verdad es que la gente, es decir, el público, disfrutó bastante con las tribulaciones de un cocinero experimental que se larga del restaurante en el que trabaja porque su jefe, el siempre magnífico, Dustin Hoffman, le exige que se ciña al menú tradicional y se deje de experimentos. A parte de este conflicto, su enfrentamiento con un famoso e icónico crítico gastronómico le empuja a replantearse un nuevo giro en su cocina. Tanto es así que cambia el lujo por una camioneta donde sirve bocatas de origen cubano. El asunto se convierte en un éxito y además logra empatizar con su hijo y que su ex le tenga en cuenta por si existe la posibilidad de un arreglo. John Leguizano hace de pinche de confianza y Robert Downey Jr se gana con creces el cocido. Poca cosa.

HORROR A TRAVÉS DEL OBJETIVO

Me gustó bastante, “Mil veces buenas noches”, un duro y escalofriante relato dirigido por el noruego, Erik Poppe. Una obra, para nada cómoda, que abre un áspero y espinoso debate en torno a lo que capta el objetivo de una reportera gráfica en lugares conflictivos y arriesgados.
Cine moral a la hora de medir el horror de la guerra y la vida. Sus secuelas y consecuencias. Reflexión sobre periodismo y encrucijada del testigo que ve desfilar acontecimientos que te repelen pero tienes que fotografiarlos o contarlos.
El personaje central se llama Rebeca, interpretada por Juliett Binoche. Fotógrafa experta y con instinto. Veterana y aguerrida. Meticulosa y apasionada. No deja rescoldos por recoger con su herramienta. En Afganistán asiste a los preparativos de una mujer bomba. Su entereza, pulso y sangre fría no la conmueven. Pero cuando estalla el artefacto y su honda expansiva le alcanza, queda dañada. Entonces se replantea asuntos de calado humano y profesional. Porque es una deflagración que te indica que este mundo, de la que ella es testigo privilegiada, es una locura, una aterradora tragedia imparable. Ella observa que todo está dividido y podrido. Que entre todos nos estamos cargando la belleza de la vida. Y Rebeca tiene un marido, y dos hijas. Y esta gente también opina. Y tienen sus sentimientos y posicionamiento acerca de lo que hace y a lo que se dedica Rebeca. Cuando regresa a casa, es testigo de otro conflicto, en este caso, familiar; y muy grave. Tiene que saber vivir sin la cámara…pero cuesta tanto.
Todavía está en cartel este filme muy recomendable que no habría que perder de vista porque plantea y sugiere temas llamativos y que no dejan a nadie indiferentes.

LA MAFIA CALABRESA DISPARA EN LOGROÑO

VUELVE EL CINE SOBRE LA MAFIA

Los días festivos venideros no auguran, salvo honrosas excepciones, un provechoso lote de imprescindibles estrenos de visión obligada. La conocida Semana Santa no es propicia para reconfortarse con el cine de actualidad porque se supone que la gente es muy viajera y disfruta de las jornadas sin pensar que ver una película es también una opción válida.
A pesar del ancestral estigma que pesa sobre los días de Pascua, con una programación todavía respetuosa con la efemérides y con horarios reducidos para no “molestar” el ultramontano rito católico de la procesión, se puede, y todavía hay tiempo, observar con precisión y cautela las diversas cintas en cartelera, y percatarse que se pueden rescatar, si no se han visto aún, algunos títulos que a mi parecer deberían visionarse con mucha atención.
Es una pena que de los productos “raros” o “cinéfilos” se haya descolgado con cierta prontitud el discreto, pero valiente, homenaje que el realizador y guionista norteamericano, Abel Ferrara, ha dedicado, con gusto y mirada discutible, pero no exento de emoción, a la trágica figura desaparecida del autor italiano, Pier Paolo Pasolini, en “Pasolini”. Una cinta fruncida con amor y cariño, rodada con emoción y aprecio por el ser retratado, que observa, con costumbrismo y lealtad, los últimos días del responsable de, “Saló, o los 120 días de Sodoma”, reflejando en la pantalla su estrecha y afable relación con sus seres queridos más directos, a la vez, como no podía ser de otra manera, intenta captar, no sin polémica, la hondura reflexiva y de pensamiento de Pasolini, un artista de su tiempo que alumbró como pudo un cine libre y personal. Lástima, a mi juicio, que el esfuerzo de, Abel Ferrara, se queda corto. También es verdad, y no podía ser de otra manera, que es inabarcable y materialmente imposible ser certero y estricto con un hombre de la talla y profundidad del maestro italiano. En cualquier caso, el largometraje debería haber merecido un apoyo más incondicional por parte del público. Yo me pregunto, ¿qué espectador tiene conocimiento y medida exacta de quién era Pasolini para sentirse atraído por una cinta que aborda parte de su vida? ¿Los jóvenes?. Estos, no; pienso yo. ¿Los aficionados que frisan los 50 o 60 años? Posiblemente. ¿Pero dónde están?
“El año más violento”, de J.C. Chandor, con un reparto excepcional, Oscar Isaac y Jessica Chastain, entre otros, me parece un filme vigoroso, enérgico, arrollador y espléndido en todas las observaciones sociales como en el retrato de la tipología de personajes. Ambientada en los turbulentos años 80, recuerda, salvando las distancia, y con los mismos honores, el cine realizado por cineastas de la talla de Sidney Lumet, Alan J. Pakula o Sidney Pollack. Negocio, justicia y corrupción se dan cita en un afilado relato nada convencional acerca de un inmigrante hombre de empresa decidido a ampliar su negocio de distribución de carburantes en un entorno hostil y contrario a sus intereses.
Esta película del autor de, “Margin Call” y “Todo está perdido”, se arrima, con un guión sólido y muy bien construido, y en forma de thriller, al vetusto ideal “del sueño americano”, al lema, “una oportunidad para todos”, centrado en los vaivenes de hombre que en el Nueva York más iracundo de la década pretende construir un imperio blandiendo la integridad en una sociedad ajena al sentimentalismo y la limpieza. Película muy recomendable que a buen seguro no dejará indiferente a nadie.
MAFIA
Me informan que a partir de mañana miércoles día 1 de abril entra en Logroño la cinta de nacionalidad italiana, “Calabria”, dirigida por, Francesco Munzi, autor de, “Saimir”. Entre sus actores se encuentra el español, Carlos Bardem. El largometraje, que pasó por el festival de cine de Venecia, se adentra con escalpelo en los entresijos de la Ndrangheta, una organización criminal de la Calabria italiana.
No he tenido ocasión de ver, “Calabria”, inspirada en la novela, “Anima nere”, de, Giocchino Criaco, pero todos los comentarios que he leído y las críticas que he repasado escriben virguerías de este filme, sobre todo por su mirada realista, que lo enlazaría con los vestigios de cineastas tan sobrios como, Francesco Rosi, por poner un ejemplo de realizador que atendió de una técnica documentalista el sórdido y sombrío estrato de los bajos fondos y la mafia. Por lo tanto, a ver cuando se pueda. Imprescindible.

EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE

Se mantiene una más que excelente trayectoria de estrenos en Logroño. Todavía se pueden visionar filmes más o menos controvertidos, como, “Maps to the stars”, de David Cronenberg, cuyo tono amargo y desencantado, lejos del glamour que le suponemos al siempre eterno Hollywood, puede fatigar al espectador, al recibir una ración podrida y decadente de su gente y aledaños. Aún así es una producción firmada por el torvo y esquinado Cronenberg que propone miradas y estilos para nada convencionales. Me gustó, “Calvary”, de John Michael McDonagh, con un Brendan Gleeson maravilloso, encarnando a un atribulado párroco irlandés amenazado de muerte en un confesionario por un iracundo y atormentado feligrés. “Negociador”, de Borga Cobeaga, coguionista de la exitosa, “8 apellidos vascos”, tuve ocasión de verla en el festival de San Sebastián y me dejó perplejo y dudoso, contrariado conmigo mismo al no saber descifrar si había visto una cinta irreverente (que lo es), mordaz, irónica y con mucha mala baba, inspirada en eventos reales (negociaciones entre el gobierno socialista y miembros de la banda terrorista ETA), o es una divertida pachanga entre colegas con la finalidad de polemizar, con algo de humor sardónico, sobre un asunto o asuntos que tenga que ver con negociaciones de calado profundo. En cualquier caso, a ratos, me lo pasé en grande.
Estos relatos siguen en la cartelera. De la semana pasada me aburrí viendo, “Chappie”, dirigida por Neil Blomkamp, el fulano que filmó, “District 9” y “Elysium”, que es otra soporífera y anodina reflexión acerca de la inteligencia artificial y el mundo de la chatarra en clave cyborg policía para combatir la delincuencia. Un trasto, no podía ser de otra manera.

NUEVA YORK 1981

Mañana entran varias producciones. Tres de ellas ya he tenido ocasión de visionarlas, “El año más violento”, “Pasolini” y “Pride”. Sin duda la que más me ha gustado e interesado es, “A most violent year”, escrita y dirigida por, J. C. Chandor, responsable de títulos tan recomendables como, “Margin Call” y “Cuando todo está perdido”. Es un cineasta a seguir y a tener muy en cuenta.
Oscar Issac, Jessica Chastain y David Oyelowo, entre otros, completan el reparto de un apasionante guión ambientado en el fragoroso Nueva York de 1981 y que tiene como principal personaje a Abel Morales (Oscar Isaac), un emprendedor empresario que desea ampliar su negocio de distribución de combustible que ve como constantemente su mercancía es robada. Su situación laboral y personal se mueve en el filo de la navaja. Es un tipo arriesgado y decidido. Tiene su ideario, principios y moral. Se niega rotundamente a que sus chóferes porten armas de fuego. Y tiene abierta una causa judicial. Además de pedir una importante cantidad de dinero a un clan judío para invertir en su negocio.
“El año más violento” es un largometraje apasionante, tremendo, mayúsculo, muy en la línea de los grandes thrillers y policíaco de los años 70, que no sólo reflexionaban acerca del estallido de la violencia sino que incidían en el descontento de una sociedad desprotegida por acontecimientos políticos, bélicos y raciales que había socavado el legendario sueño americano. Ni que decir tiene que la cinta de J. C. Chandor aborda muchos más temas, incluso los íntimos y familiares, pero destaca, aparte de la crispación del ambiente, la notable fotografía y los punzantes diálogos. Si tienen ocasión, vean esta película. No les pesará. Y el que avisa no es traidor.

EL POETA DEL DESARRAIGO: PASOLINI

En la sección “Perlas de otros festivales” de Zinemaldia me adentré en la proyección de “Pasolini”, de Abel Ferrara, autor polémico y muy controvertido, a veces, interesante, otras, un tostón. Quise dejarme seducir por la pasión del autor de, “El teniente corrupto”, por la vida y obra de Pier Paolo Pasolini, cineasta que yo admiro, y me quedé estupefacto y anodadado por el tratamiento y mirada empleada por Ferrara para llevar a la pantalla un pedazo de Pasolini. Y si se ve a Pasolini, al que no se le descubre, es por el empeño y formidable trabajo actoral de Willem Dafoe, actor norteamericano que clava con exactitud la figura del gran maestro italiano.
La película arranca cuando Pier Paolo está montando su obra más feroz y rotunda, rodeada de un escándalo amenazante, titulada, “Saló”. Situado en el epicentro de ataques furiosos, vemos a Pasolini trabajando en su estudio, leyendo, escribiendo, relacionándose con su familia, acudiendo a encuentros con amigos y escapándose en busca de su goze sexual. También Ferraras ilustra la película con imágenes de un guión que no vio luz al que el cineasta norteamericano alumbra buscando el estilo y el alma pasoliniana. Difícil cometido que sirve para completar una cinta irregular que se jalona con las secuencias del brutal asesinato del maestro.

VIRTUDES PÚBLICAS, EROTISMO PRIVADO

AL FILO DE LA NOTICIA

El concepto estreno se reduce esta semana a la mínima expresión. Sólo dos películas entran en la cartelera comercial. Y hay que agradecer a la empresa, “7 infantes”, que además de programar en bastantes sesiones diarias el impacto mediático del momento que no es otro que el filme, de catadura erótica, “50 sombras de Gray”, incluya como alternativa las peripecias periodísticas del actor, Jack Gyllenhaal, en la trepidante y nerviosa, “Nightcrawler”, escrita y dirigida con tensión por, Dan Gilroy.
El martes, en un pase especial y en el marco del festival internacional de cine de Berlín, la organización echó a los pies de los caballos, es decir, a la prensa más sesuda y cinéfila, la adaptación homónima realizada por la cineasta, Sam Taylor-Johnson. Las crítica y los comentarios han sido demoledores. Los twiters, devastadores. Los periodistas más intelectuales, muy sembrados, no escatimaron en adjetivos descalificativos. Nadie se cortó. La frase más utilizada y casi denominador común de todas las crónicas leídas ha sido, sin respeto y rubor alguno, “muy mala”.
Toda esta inclemente metralla, a tres días de su estreno oficial, opino, que no le va a quitar espectador alguno. La novela de E. L. James, que ha sido no sólo la triunfadora en las ventas sino que también se ha convertido en un fenómeno sociológico, ya procuró sembrar sus dosis de erotismo de mesa camilla para enganchar a legiones de lectores que muchos de ellos esperan con impaciencia la correspondiente y obligada adaptación a la pantalla grande.
El que escribe estas líneas, muy apasionado por el cine, cinéfilo recalcitrante, también es un consumado lector. Sobre todo de novelas, especialmente, de género negro, y de libros relacionados y vinculados al séptimo arte. En el verano del 2013, aprovechando mi estancia en la playa, con mucho tiempo, me esforcé en conocer el boom “literario” del que se hablaba en todos los sitios. Aunque lo intenté, no pasé de las primeras cincuenta páginas. Hice alusión al título. Me pareció aburrida y no lograba entusiasmarme. Lo poco que leí me parecía, salvando las distancias, que los personajes eran los pícaros y alumnos más atrevidos de los enredos sentimentales de las acarameladas fantasías de parejas creadas por Corín Tellado. Por lo tanto, no me enganchó las travesuras de Christian Grey en papel, pero sí que confirmo que estaré presente en alguno de los pases del largometraje de, “50 sombras de Grey”. Hay que opinar.

EL GRAN CARNAVAL

“El gran carnaval” es, a mi juicio, una de las muchas obras maestras del genial, Billy Wilder. Retrató con una inmoralidad de estercolero a un derrotado periodista, interpretado con brillo y fiereza acostumbrada por Kirk Douglas, que aprovecha, como una hiena vil y psicótica, un accidente de un trabajador atrapado en una mina para explotar un espectáculo circense a costa de demorar su rescate en beneficio de su (des)prestigio.
Con idénticos mimbres y maneras parecidas, y también con ironía y mezquindad, Dan Gilroy, hermano del interesante, Tony Gilroy, debuta en la dirección con la impactante y excitante, “Nightcrawler”.
La película, rabiosa y furiosa, he tenido ocasión de visionarla. Se estrenó hace siete días en España y es de agradecer que encuentre un hueco en la cartelera de La Rioja. El personaje principal es Lou Bloom, encarnado, con perfección y matices, por el estupendo actor norteamericano, Jake Gyllenhaal. Me gusta este actor y de su generación es uno de los mejores y más brillantes. Es camaleónico y dota de intensidad sus criaturas.
Aquí dibuja a un tipo engullido en trabajos de escasa relevancia. Lou es un jeta y ama trepar. No se le resiste nada. Tiene labia y sabe defenderse en todo tipo de situaciones. Posee inteligencia, decidido, desafiante y algo chulesco. Su vida cambia cuando es testigo de un accidente y mide cómo hacen su labor dos reporteros freelance, que captan las imágenes más morbosas del accidente para luego venderlas a buen precio a las cadenas de noticias. Le gusta el oficio. Aprende pronto. Roba una bicicleta y se compra una cámara.
A partir de aquí, pilla un socio, y con su coche, y escuchando por una emisora las informaciones de la policía sobre todo tipo de conflictos, se dedica a llegar el primero al lugar de los sucesos y filmar los más escabrosos detalles. El material lo pone a la venta y conoce a Nina (estupenda Rene Russo), productora de un noticiero rompedor que se entusiasma con las imágenes que trae Lou.
La cinta es descarnada y cruel. Es una mirada sin escrúpulos a este tipo de individuos, especie de buitres carroñeros, muy marrulleros, que existen porque hay alguien que paga por unos contenidos que nutre a mogollón de espectadores ávidos de escenas impactantes y electrizantes.
El fin justifica los medios podía ser la mejor frase que define esta vibrante película que ojalá no pase desapercibida y que tenga un montón de espectadores.

LLEGA LA POLÉMICA, “LA ENTREVISTA”

ENTREVISTA AL LÍDER NORCOREANO

A veces sucede que en un concreto fin de semana se produce la bien venida casualidad de coincidir en la cartelera comercial de la entrada de un puñado de títulos más o menos significativos que atesoran, a mi modo de ver, un vendaval de expectativas difíciles de eludir por varias razones muy justificadas.
Una publicidad aplastante no exenta de polémica y controversia acompaña a la película, “La entrevista”, dirigida por Seth Roger y Evan Goldberg. Todo tipo de rotativo e informativo televisivo puso al filme en el mapa. Un ataque cibernético que según el FBI provenía de Corea del Norte y que desmanteló y penetró en la página web de la compañía SONY poniendo al descubierto no sólo material audiovisual sino también información confidencial, garantizó que una producción que no pasa de ser más que una burla cachonda y jugetona, con algo de ironía y mala baba, se convirtiera, gracias al régimen opaco norcoreano, en una cinta publicitada gratuitamente.
He tenido ocasión de ver el largometraje y puedo escribir que por un lado, “La entrevista”, tiene gracia, pero por otro, maldita la gracia que tiene. Se puede disfrutar de ella si se la toma con una distancia en la que la seriedad hay que eliminarla y disfrutarla desde una perspectiva de farra y mala sombra de amiguetes. Es una comedia cínica que en tono de farsa se envalentona al incluir en su descacharrante argumento el guiño malintencionado de incorporar al jovenzuelo líder norcoreano, Kim Jong un, como motivo del disparate, a modo de un “gran carnaval”, con mucha caricatura, brocha gorda y sal obesa. Tiene su punto fuerte y bastantes agujeros. Su actor principal, el polifacético, James Franco, está descarado e irresistiblemente payaso (en su peor acepción), con una actuación desmesurada y atolondrada, bufonesca, la mayoría de las veces, sin gracia. Lo mejor de la película está, como no podía ser de otra manera, en la reflexión y conclusión que se extrae del juego al que se prestan las cadenas de televisión por aumentar la audiencia llevando a antena contenidos de muy dudosa reputación. Quizás, “La entrevista”, que puede ser, sea una acerada y vitriólica mirada y crítica sobre la TV. Pues sí. Pero las he visto mejores. Y debo confesar, sin ningún tipo de rubor, que al principio me lo pasé en grande y me reí bastante con los cameos de artistas de variada índole con el prestigio algo devaluado que se han prestado a ser objeto de jocosos chascarrillos.

STEVEN CARELL SE SALE EN “FOXCATCHER”

Otro título que entra en la cartelera del viernes es una cuidada y esmerada producción norteamericana que recomiendo encarecidamente. Se trata de, “Foxcatcher”, dirigida por, Bennett Miller, e inspirada en eventos reales. Drama sobrecogedor, filmado con serena belleza, cuya fuerza, paradójicamente calmada y atemperada, le proporciona una dimensión íntima y humana.
Tiene un reparto de auténtico lujo, encabezado por el sorprendente, Channing Tatum, Mark Ruffalo (genial como siempre) y la guapa, Sienna Miller. He dejado para este renglón a quien me parece una genialidad su interpretación, Steve Carell (“Mi pequeña Sunsine”), que interpreta a John Dupont, un millonario conservador y patriota amante de la lucha grecoromana, filántropo y padrino del equipo olímpico de los EE.UU de este deporte. Sin embargo, su colosal fortuna no es capaz de tapar sus enormes frustraciones humanas. El trabajo de Carell es un portento. Me ha encantado. Lo veo perfecto y adecuado, sin fisuras, dejando transmitir la emoción del tipo como sus grandes miserias. Es candidato al Oscar a la mejor interpretación y creo que es una oportunidad pintiparada para que se lo concedan. También sale en un papel pequeño y secundario la gran actriz, Vanessa Redgrave. Apunten esta película, “Foxcatcher” y no se la pierdan. Me gustaría extenderme más, pero es imposible.

LA MAGIA EN EL CINE DE WOODY ALLEN

TIRAD SOBRE LA ESPIRITISTA
Tras la amarga y vil reflexión sobre el oportunismo y el ventajismo en la deslumbrante y feroz, “Blue Jasmine”, el incansable y genuino constructor de historias, Woody Allen, retoma su fase creativa más relajada y huidiza para armar un chispeante relato, “Magia a la luz de la luna”, en tono de comedia romántica, con el que se encuentra, y a mi modo de ver, muy a gusto, con un tema, el asunto de los magos y espiritistas, para, con su habitual sarcasmo e ironía, entablar un enfrentamiento en el que se oponen el racionalismo más contundente con las fantasiosas artimañas de los médiums.
Lo que podría considerar como una simple anécdota más allá de su utilidad para escribir un argumento con la aparición protagonista de personajes muy currados que ejercen como espiritistas, haciendo un somero recorrido por la última filmografía del autor de “Manhattan”, da la casualidad que magos, hipnotistas y otros faranduleros de la hipnosis o los trucos de magia aparecen con una frecuencia para observarla con detenimiento. A la memoria me vienen ahora mismo títulos como, “La maldición del escorpión de Jade”, “Scoop” o “Midnight in Paris”. Y no sé si en la magistral y formidable “Zelig” había algún rastro de esta índole.
En cualquier caso, por lo visto en la pantalla, observo que este mundillo curioso y hechizante le atrae más de lo que cabe imaginar. Tanto es así que “Magia a la luz de la luna” es un verborreico divertimento, bien construido y mejor dialogado, con afiladas observaciones, que ahonda en temas y preocupaciones afines al temario de Allen y que con la pericia a la que nos tiene acostumbrados, construye un modelo de historia de amor con su toque encantador suficiente y estimable.
A mi juicio, todo aficionado al cine de Woody Allen no saldrá defraudado por esta, hasta ahora, última obra. Sigue imperando el juego como ardid e impulso para sus gestos creativos. Quiero decir, que Allen se lo pasa en grande, disfruta, tejiendo, con la licencia que otorga la amplitud de miras con los cultivadores del espiritismo para conectar el aquí con el más allá, un entretenido y avispado choque entre posturas y posicionamientos irreconciliables que pronto en el engranaje de Allen se convierte, al estilo del más puro y atrevido toque Hawkasiano, en un disparato combate de lucha de sexos pero también una pelea por la supremacía de egos. Que en esta ocasión, como en tantas otras anteriores, es una rivalidad gozosa y apasionante, donde los roles, masculinos y femeninos, no sólo actúan como tales, sino que los perfila con tonos enconados, de tal manera que no es difícil ponerse, como a mí me pasó, al lado, de entrada, del personaje más vulnerable, Sophie Baker, una entregada y convincente médium interpretada con pizpireta soltura, Eileen Atkins.
El argumento de “Magia a la luz de la luna” es de una sencillez aplastante. Lo cual no quiere decir que sea un mero descarte o bagatela sin mérito alguno. Todo lo contrario. Fresca, espontánea, graciosa y desarmantes diálogos cuya potencia y mala baba no pasan inadvertidos. En esta aventura romántica, Colin Firth, es un afamado mago que en el Berlín de 1928 encandila a la audiencia por sus espectaculares números. Un amigo le pide un favor. Que le acompañe a la Costa Azul para desenmascarar una impostora pitonisa que le está sacando la pasta a una acaudalada familia de la zona. Hasta allí llega el atiplado y flemático experto con la intención de poner las cosas en su sitio. Lo que ignora el estirado Stanley Crawford que las dotes de convicción y sugestión de la guapa Sophie Baker lo va a dejar atónito e inmerso en un mar de dudas y contradicciones.

DOS DÍAS, UNA NOCHE

LA CONCIENCIA EUROPEA

Por fin. Ya era hora. Llega a la cartelera comercial de Logroño la última película escrita y dirigida por los hermanos, Jean Pierre y Luc Dardanne. Se trata del excelente filme, “Dos días, una noche”, magnífica entrega que vuelve a reponer con fuerza desbocada el airado y provocador cine del tándem creativo belga en un sobrecogedor relato que hunde sus raíces en las desdichadas trayectorias laborales de los ciudadanos de a pie, esos personajes que luchan día y noche por mantener su puesto de trabajo o salir de sus casas por las mañana, tardes y noches también en busca de un puesto para currar si carecen de el.
La cinta, avalada, faltaría más, por la firma de estos ejemplares cineastas, autores, a mi juicio, de una trayectoria controvertida pero necesaria, independientemente de sus puntos de vista y tratamientos morales, capaces de leer un periódico y extraer de una noticia cotidiana un inmenso y crudo drama sobre el azorosa y problemático tránsito vital de un puñado de seres enfrentados a la lucha diaria por la supervivencia.
Su filmografía está jalonada por títulos impagables, heredera, a mi modo de ver y salvando las distanciad, del más combativo movimiento inglés free cinema, reducto de cabreados realizadores preocupados por el devenir del individuo enfrentado a un tejido social y económico tan emergente como alineante. Sólo citando cintas imprescindibles como “La promesa”, “El niño”, “Roseta” y “El hijo”, además de otras, se puede hacer el espectador idea aproximada del calibre e intencionalidad del cine de los hermanos Dardenne.
De la misma estirpe, con idéntica osadía y recurriendo a la puesta en escena minimalista y entregada a lo cotidiano y cercano, se inscribe ahora, “Dos días, una noche”, un escalofriante y corajudo drama sobre un tema que transcurre en una ciudad de Bélgica pero que según los postulados y formas de trabajar de los Dardenne su historia perfectamente puede acaecer en cualquier rincón de Europa.
Sandra, impecable y certera Marion Cotillard (una de las mejores actrices europeas para quien esto firma), es despedida de la fábrica de placas solares en la que trabaja. Un cambalache empresarial, urdido entre el patrón y el jefe de personal, ha derivado en la patada en el trasero de la desconsolada Sandra y a cambio sus compañeros de faena han recibido un pagaré de 1.000 €. Para revertir esta situación y propiciar una nueva votación entre los empleados, Sandra dispone de apenas un fin de semana para visitar con su ánimo cambiante la casa de sus colegas para sugerirles la conveniencia de rechazar la pasta a cambio de un nuevo plebiscito para que ella conserve su puesto de trabajo.
Parece un punto de partida sinuoso y frágil, pero la afilada mirada y deseo por parte de los hermanos Dardenne de reflejar la desesperación y el abatimiento de Sandra, se convierte, como no podía ser de otra manera, en un estado de ánimo particular con hechuras universales, pariendo una áspera parábola social acerca de la precariedad del trabajo y las consecuencias que ello flagela al individuo.
Pero una crónica de la desesperación y los ideales del bienestar fulminados por la crisis que afecta al desprotegido asalariado de a pie no deviene en mensaje demagógico y oportunista, sino todo lo contrario, el descenso a los infiernos de Sandra es como un ajuste de cuentas, una radiografía del miedo y la inseguridad que en tono documental conlleva en su parte más analítica instantes morales acerca del ser humano en sus distintas idiosincrasias capaces de la más surtida variedad de emociones y sentimientos. Me refiero a la catadura de cada personaje secundario que sacudido por la sorpresa y presencia de Sandra aporreando la puerta de su casa para declararle su atropellada situación y preguntarle si en su conciencia existe la posibilidad de cambiar el voto, y si es así, mostrar actitudes tan loables como la solidaridad, compañerismo y cariño.
En 48 horas Sandra recorre la ciudad de norte a sur, de este a oeste. Le acompaña a veces su fiel y animado marido. Su andadura es como tomarle el pulso a lo que le rodea. Se viene arriba cuando percibe un éxito y se deprime cuando advierte ira e incomprensión. Los Dardanne humanizan a Sandra, la dibujan frágil, aliviada con sus ansiolíticos, pero tenaz, sin heroicidades, paso a paso, con esa cámara que los cineastas a veces sitúan tan cerca de sus criaturas que sentimos su respiración. Es por eso y por otras razones que “Dos días, una noche”, que mañana coge sitio en los cines Moderno de Logroño, es de visión obligada. Y más en los tiempos que nos toca vivir y padecer.

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LA FAMILIA Y SUS ENREDOS

En el ecuador del festival y con la mitad del material a concurso visto y diseccionado, el punto de inflexión, por lo menos para mí, lo decora la presencia de la actriz norteamericana, Jessica Chastain, una de las mujeres que más papeles le ofrecen y para el que esto escribe una de las señoras de la pantalla que más me entusiasman. Muchas veces, casi siempre, su sola presencia me atrae para ver la película que sea, por muy tonta que pueda parecer con sólo leer la sipnosis.
Este hechizo provocó que ayer noche (por el lunes) me dejara arrastrar para visionar el filme, “The disappearance of Eleanor Rigby”, de Ned Benson, que se proyectaba en la expectante sección de Perlas de otros festivales. Mi emoción y deseo se esfumó al contemplar las casi dos horas de metraje que me parecieron pedantes, cargantes, reiterativos y aburridos. Eso sí; Chastain, en un papel de mujer romántica y atormentada, que se pelea con sus contradicciones, está fabulosa. Y sólo por verla a ella trabajar merece la pena perder el tiempo en este filme de sabor francés pero sin el encanto galo.
Y retomando los ecos de la sección oficial, esta mañana me he quedado prendado de una pequeña cinta de origen chileno titulada, “La voz en off”, de Cristián Jiménez. Me ha costado entrar en los enrevesados dilemas y asuntos de la familia que retrata el filme. No por su complejidad, que no lo eran, sino porque algunos diálogos se me escapaban y no cogía el tono y sentido de sus agudas y afiladas conversaciones.
Una vez adiestrado y acostumbrado a la dicción del castellano chileno, pronto me he dejado llevar por los vaivenes y situaciones normales y cotidianas tan tópicas y afines a casi todas las familias. La palabra tópica no es sinómino de vaga o de lugar común. Si no todo lo contrario, de cosas y conflictos que los puedes tocar si estiras la mano. Porque casi todos los personajes como sus conflictos, casi son vulgares, pero están descritos con una franqueza y generosidad que lo que ves en la pantalla grande es como el fluir de la vida misma, con sus altibajos y clarososcuros.
El centro de la película y foco de atención es Sofía (Ingrid Isensee), separada, con dos hijos, se ve ocasionalmente con su amante, tiene una hermana mayor y sus padres se acaban de separar. Es testigo privilegiado de un cruce de enredos y verdades que aparecen a la luz que deviene en una acerada radiografía del núcleo familiar, que se tambalea porque los hechos del día a día no los podemos controlar, como no podemos dominar los afectos y sentimientos de las personas que giran a nuestro alrededor. La película tiene detalles y matices, algunos minimalistas, pero suficientes para comprender los temas más destacados. Inclusive se puede decir que el filme tiene su punto irónico, porque Sofía quier dejar el trabajo de camarera para convertirse en dobladora de series o anuncios. Curiosamente, en sus prácticas, tiene que ponerle la voz en off a un spot en el que se ve a una familia unida, glamurosa y de diseño. Todo lo contrario que le sucede a ella.
Y para no perder la voz latina nada mejor que continuar en el cono sur americano para frustrarme con los desarreglos emocionales y trastornos de conducta del matrimonio formado por los actores, Leonardo Sbaraglia y Celeste Cid, en la desigual, “Aire libre”, una especie de desgarrador drama en torno a una pareja con mas agujeros en su estabilidad marital que un queso de gruyere. La película está dirigida por Anahí Berneri.
El terreno de las broncas y la incompatibilidad de caracteres es uno de los filones más manoseados de la historia del cine. Cada semana se estrenan comercialmente algún título que habla con autoridad o ingenuidad de este menester. Anahí Berneri realizada su propia reflexión proponiendo, con acritud y una cierta agresividad, el desmoramiento de una pareja que deciden mudarse de barrio y buscar a las afueras de Buenos Aires una vivienda más grande y acogedora para convivir.
Tienen un hijo de seis años que tampoco tiene una actitud suave. Parece que imita a sus padres y cuando puede suelta collejas y puñetazos. Esta pareja que al comienzo del largometraje parece que tienen todas las virtudes para llevarse de maravilla, se precipitan al abismo justo en el instante que inician las reformas de su chalet. El espectador carece de información de cómo eran antes de emprender las obras, pero lo que vemos a partir de los diez minutos es un descenso a los infiernos, una repentina sucesión de feos gestos e insultos constantes. El sosiego se convierte en una batalla campal y los pocos momentos de sexo es abrupto y furioso, nada complaciente y satisfactorio.
Así las cosas todo parece indicar que tarde o temprano la tragedia o desgracia puede asomarse. Menos mal que la película no entra en desaforados sentimientos y se mueve en plan metafórico, a la par que una casa no termina de construirse quizás porque el matrimonio no tiene solución.
“Aire libre” me deja una sensación fría y distante. Los personajes me parece antipáticos e insolentes. El niño un fiel modelo de sus progenitores. Y las situaciones argumentales y anecdóticas del filme son crispadas y un tanto forzadas, como si a la pareja le costaste comprender que no están hechos los unos para los otros y que viven y sufren en un auténtico polvorín.
Sin duda junto a la película alemana, “Phoenix” me ha parecido de los más flojo de la sección oficial a concurso.
Mañana más y mejor.

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RECONSTRUCCIÓN FACIAL Y PERSONAL
El día ha amanecido plomizo y nublado. Pero la temperatura es alta. Uno se mueve con celeridad de un sito a otro, intentando no llegar tarde a ningún pase y no perderme ningún acontecimiento. No logro encontrar huecos para asistir a las ruedas de prensa. Hasta el momento sólo he asistido a dos y no las he podido terminar. Los horarios de casi todas las películas que he elegido para visionar y no perdérmelas se pisan casi las unas con las otras. Pero por ahora llego a casi todas.
La mañana se ha estrenado de forma triste y mohina. Tenía muchas esperanzas en encontrarme con una buena obra con, Phoenix”, del realizador alemán, Christian Petzold. De este realizador vi no hace mucho la muy interesante, “Bárbara”, sobre una enfermera que desea huir de la República Federal de Alemania en los oscuros y siniestros años de la Stasi. Ese filme me gustó, me atrajo, me persuadió la historia y quedé conmovido por los avatares de la protagonista por sobrevivir en unas condiciones de control total.
En “Phoenix”, Petzold vuelve la mirada sobre una mujer que concluída la II Guerra Mundial, y tras pasar un calvario en un campo de concentración, salvar la vida de milagro pero con el rostro desfigurado, pretende, después de una cirujía estética reparadora, encontrar a su marido pianista que la dio por muerta.
Nelly, interpretada por la actriz alemana, Nina Hoss, es una mujer luchadora, valiente y optimista. Cree que va a ser fácil reencontrarse con su esposo. Se lanza a su búsqueda por las ruinas de una devastada ciudad de Berlín. A Johanes (Ronald Zehrfeld) lo encuentra como camarero en un garito nocturno llamado Phoenix. No la reconoce pero se la lleva a su guarida y le confiesa que se parece mucho a su difunta esposa. Quiera de ella entrenarla y se encarga de vestirla y peinarla como lo hacía su mujer. Sus aviesas intenciones son tan cínicas y deplorables como presentarla como Nina y cobrar una suma importane de dinero.
“Phoenix” es un drama intimista, que viene a decir que en los dífíciles años de la hambruna después de terminada la guerra hay que apañárselas como sea para conseguir pasta y tratar de sobrevivir. Es una película de sentimientos y verdades ocultas. De amor y desolación. De traiciones y de hombres mezquinos y miserables. Nelly es de las mujeres que creen que tras la lógica confusión, Johanes la reconocerá y se quedará con ella. Hace todo lo posible para que así sea. Nelly tiene otras oportunidades de salir de Berlín, de marcharse a Haifa o Tel Aviv, pero se queda, a pesar de la humillación, porque todavía sigue enamorada de su marido. Pero el límite y la paciencia llegan cuando se entera de unos hechos bochornosos con los que no contaba que le hacen cambiar sus planes.
Pese a la premisa que da juego, la realización no sólo adolece de una floja producción, sino que muchas de las situaciones parecen ridículas, postizas e impostadas, repercutiendo negativamente en el resultado final del filme.

CUANDO EN EL MAR ESCASEA LA PESCA
La segunda película de la sesión matinal ha sido una alocada producción coreana, “Haemu”, escrita y dirigida por Shim Sung-bo.
Cuando se trata de ver en una sección oficial a concurso una cinta coreana es conveniente y aconsejable entrar con la disposición tan abierta a ver cualquier animalidad y brutalidad que se le ocurren a estos salvajes asiáticos. Lo de cafres y salvajes lo digo y escribo con todos los respetos. Porque el buen cine coreano me suele gustar sin contemplaciones.
Como era de esperar, no me he equivocada. “Haemu” perfectamente podía haber estado en el certamen de Sitges. Eso quiere decir que es violenta y las soluciones argumentales siempre están vinculadas a la utilización de recursos propios de la carnicería o casquería. Con estos datos os podéis imaginar qué tipo de cine filman los asiáticos. Pero como digo; a mí la película me ha parecido elaborada y con un guión sólido, muy bien atado, que no da ninguna puntada sin hilo.
El capitán de un barco pesquero que está hecho un asco se niega con rotundidad a que su propietario lo lleve al desguace y por la chatarra se beneficie de las ayudas estatales que gobierno da a fondo perdido a aquellos armadores que se acogen a la ley de reciclaje de navíos caducos. Ante un panorama pesimista y sin trabajo decide aceptar una oferta de un mafioso de la zona para transportar en su bodega a chinos para llevarlos a un puerto de Corea. Cambia la escasa pesca por el tráfico ilegal de inmigrantes.
La acción se ubica en 1998, en plena crisis económica y con el FMI ofreciendo dudas acuciantes. En este contexto y ante la escasez de pesca de arrastre, para seguir subsistiendo, no hay nada como intentar los negocios sucios. Es una medida dudosa e inmoral. Pero la situación es grave.
Primero puede verse como una cinta social, obreros con problemas; una película de denuncia, hay corrupción; pero nada comparable con las hechuras del drama y la tragedia y las psicóticas reacciones de los personajes, tanto principales como secundarios, que previamente han sido tipificados con descripciones muy bien detalladas.
A mitad de película los inmigrantes fallecen por inalación de gas. El accidente se convierte en un caso. En vez de unir a los marineros, los separa, prevaleciendo los intereses personales, aunque para ello haya que utilizar una violencia inusitada y esquizoide.
La película es temperamental y emocional, de fuertes contrastes, pero todos pelean y se aniquilan por genuinas gilipolleces. El humano es así. Tiene unas contradicciones brutales y ante una situación de peligro o de pérdida de algo querido es capaz de desatar los demonios más insospechados.
El último cartucho de la jornada tiene un marcado acento vasco. Película íntegramente dialogada en vasco, “Loreak” (“Flores”) ha significado una gratísima sorpresa. Dirigida por Jon Garaño y José María Goenaga. Una cinta atrevida y valiente. Una estructura decidida y sin complejos. Utilizando unos simples ramos de flores que recibe una de los personajes femeninos, Ane, para construir, un engranaje en torno al amor, los sentimientos, las relaciones de pareja, las relaciones paterno/filiales, debates acerca de si estamos casados con la persona ideal, cómo renace el cariño hacia una persona desaparecida. En fin, muchos temas y todos ellos ordenados y diseminados en una apuesta arriesgada y compleja. El largometraje no es redondo del todo. Se aprecian algunas situaciones forzadas, muy metidas con calzador, dispuestas y escritas para que todos los giros cuadren, tanto los probables como los improbables.
La historia es bonita, delicada, hermosa, sensible y poética. De construcción y puesta en escena asceta, casi espartana. La cámara se detiene observando los gestos de los personajes como detalles ambientales, domésticos, etcétera. Es un relato que parte de la más absoluta nada, de una simple anécdota y ésta va creciendo como una bola de nieve, aportando una serie de vaivenes sentimentales y emocionales de sencillo y ameno calado, que te dejan ver a los personajes, sus actitudes ante la vida y su ideario moral; también sus profundas contradicciones.
La trama apenas es un nudo de grumete. Ane (Nagare Aramburu) comienza a recibir de forma inesperada un ramo de flores todas las semanas. Piensa que es su marido. Cuando éste niega ser el gentil amante, empiezan a indagar en su entorno más cercano. Averigua que el responsable de los regalos es un compañero de trabajo que acaba de fallecer en un accidente de tráfico. A partir de aquí, y siempre con las flores como palanca para la inventiva se desarrolla una historia en la que empiezan a intervenir la viuda, la madre del difunto, su hermana, envolviendo una serie de reflexiones acerca de la intimidad y emociones de los personajes afectados. Me ha gustado.

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JORNADA DE CINE INTENSA
CONTRA todo pronóstico, el día ha amanecido soleado y más cálido de lo esperado. Señales que me han parecido positivas y de buen ánimo para iniciar la jornada del domingo. Día festivo e importante para el festival. La organización suele reservar para las fechas punteras algunos de los títulos más potentes y significativos. No sueloe ser una regla a rajatabla pero el festival quiere premiar a los muchos visitantes y aficionados al cine de fin de semana a los que les ofrece la posibilidad de empaparse de celuloide recordable y listo para debatir.
Ayer (por el sábado), el niño Jesús Castro, fue, en cuestión de glamour y presencia anhelada por las entusiastas fans y los curiosos muchachos (que envidian su majestuosa fisonomía), el amo del cotarro. Pero a rey depuesto rey puesto. Su lugar lo ha ocupado un simpático Antonio Banderas que venía como productor y actor en “Autómata”, de Gabe Ibáñez, que a estas alturas del festival es de lo poco que no me ha interesado mucho. Y continuando con las abdicaciones, a Antonio Banderas lo ha reemplazado en un tris tras el danés, Nikolaj Coster-Waldau, que ha presentado a competición un severo drama, “A second chance”, de la realizadora y guionista, Susanne Bier. A esta dama del cine se le deben, a mi parecer, trabajos sólidos y fenomenales, relatos intensos, rabiosos, tremendos, aunque también algo pasados de rosca, como exagerados y forzados. Pero viendo sus historias es imposible apartar la mirada de la pantalla, seducido por su impecable puesta en escena y por unos guiones que no reparan en aristas que te sacuden fuerte. Simplemente recordando alguno de sus cintas anteriores, como por ejemplo, “En un mundo mejor” se puede situar de manera certera el modelo de dramaturgia que le gusta enfocar en la pantalla grande.
CINE NEGRO

Como todos los días madrugo bastante. Me gusta acudir al cine bien desayunado y con energía. No suelo demorarme más que lo justo. Y suelo ir con bastante antelación a la sala. Me gusta situarme en una butaca frontal, que se divise, a buena distancia, todo el lienzo blanco. Pues hoy ha sido imposible elegir asiento. No he tenido más remedio que ubicarme en la segunda fila, esquinado a la izquierda porque de lo contrario las guapas azafatas me enviaban al anfiteatro, que en el teatro María Cristina no es sinónimo de comodidad.
Con el cuerpo y el cuello apuntando a la pantalla, pronto, casi con los primeros fotogramas digitales (¡qué gran contradicción!) se me ha olvidado que estaba a dos pasos de donde suceden los sueños. La primera película que he visto es cine negro puro. “The drop”, que en su distribución en España se conocerá como “La entrega” es una adaptación de un relato corto del escritor norteamericano, Dennis Lehane, el autor, entre otras, de la fantástica, “Mistic river”, que llevó al cine, Clint Eastwood. “La entrega” la dirige, Michaël R. Roskam y tiene un plantel de actores magnífico, Tom Hardy, James Gandolfini y Noomi Rapace.
La acción se desarrolla en Brooklyn. Un bar de copas y cervezas, regentado por James Gandolfine, es utilizado por la mafia Chechena para blanquear dinero de las apuestas. Una noche, dos individuos, entran con máscaras en la cabeza y se llevan la recaudación. Lo que en un principio aparenta ser un robo sin más conexión que la simple casualidad se convierte en un drama violento y salvaje, en el que las apariencias engañan y la supervivencia es cuestión de inteligencia y saber mover las piezas de modo certero y con sangre fría.
El inmenso actor Tom Hardy, que encarna a un simple camarero práctico y silencioso se erige en un bastión crucial en el filme, recayendo sobre su personaje los giros más logrados del guión. Su compañera sentimental es Noomi Rapace, una chica normal y corriente marcada por sus equivocadas relaciones con compañías indeseables. Excelente atmósfera y brillante fotografía, aderezado con una sugerente partitura de Marco Beltrani que contribuyen a conformar un relato con pegada y de categoría.
NO SIN MI HIJO
La segunda cinta a concurso del día viene marcada por el tono exagerado y las situaciones al límite, muy en consonancia, resumiendo, con el habitual cine que realiza la danesa, Susanne Bier, muy conocida en nuestro país por títulos de la talla “Te quiero para siempre”, “Brothers” y “En un mundo mejor”. Su arma preferida es el drama furibundo y enervante. Bien construido y de tamas y fuerza demoledores. A mi sus largometrajes me suelen entusiasmar. Los veo con la cautelas necesarias y me protejo para no caer en las redes de cierta tendencia al subrayado o forzado de guión.
“A second chance” responde con fidelidad lo que se espera de esta cineasta. Y diría que no decepciona. Un matrimonio feliz y dichoso con su primer hijo ven destruido su idílica existencia cuando el bebé fallece por muerte súbita. El padre, Andreas (Nikilaj Coster-Waldau) es policía y ha conocido a una pareja de yonquis que acaban de ser padres y descuidan la atención sobre el recién nacido. Para paliar la frustración y dolor que sufre su mujer, decide darles el cambiazo. A partir de aquí las cosas se complican, la dulzura se viene abajo, la tranquilidad desaparece, el complejo de culpa hace estragos y para rematar la faena la mujer del policía se suicida.
Como digo un dramón de envergadura que va creciendo en función de los acontecimientos y los rabiosos comportamientos que emprenden los personajes afectados para camuflar sus debilidades y errores.
La última sesión, a mi juicio, ha sido la más decepcionante, “Casanova variations”, con guión y dirección de Michael Sturminger. El actor norteamericano, John Malkovich, que interpreta a Giacomo Casanova, es el reclamo principal de una función que maneja varios géneros, incluído la ópera, para dibujar en el ocaso de la vida del conocido seductor veneziano, una divertida, a ratos, desmitificación de Casanova que como experimento, utilizando varios metalenguajes, puede resultar curioso, pero que a este cronista le ha parecido reiterativa y algo pesado. Me he aburrido bastante y pese a mis esfuerzos no he entrado en la historia.

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NDROIDES REBELDES

El revuelo popular, la algarabía más desatada y apasionada, la ha vuelto a poner, una vez más, la agitada, recurrente y alocada sección femenina que ha salido en tromba a la calle, en concreto, a los aledaños del Kursal 1 y el Hotel María Cristina para ver de muy cerca y tocarlo a la actual estrella del cine español. Bueno, lo de estrella le viene todavía enorme. Me estoy refiriendo al joven Jesùs Castro, uno de los intérpretes principales de la película de éxtio, “El niño”, de Daniel Monzón. A San Sebastián se ha acercado para promocionar una de las cintas que más entusiasmo y expectativas ha levantado entre los enviados especiales. “La Isla mínima”, de Alberto Rodríguez, tras dos intensas jornadas a competición, encabeza, a mi juicio, el título preferido de la sección oficial.
Jesús Castro, en el largometraje de Alberto Rodríguez, tiene una presencia secundaria. Hace de guapo, chulo y poco más. Hasta ahora el mozalbete no está para otros cometidos más exigentes. Que siga por la senda de interpretar personajes andaluces, de chico majetón y ligón, que atraviesa a las muchachas con su poderosa mirada, que ya le llegarán oportunidades. Estas, desde luego, no le van a faltar.
Encarna en el filme del autor de “7 Vírgenes”, a Joaquin, Quini, un joven despreocupado y echado hacia adelante, valiente y algo temerario, que vive en una comunidad desgastada por la falta de trabajo y subsiste aprovechándose de su belleza, atrayendo a las chicas más bonitas del pueblo para luego conducirlas a un cortijo donde serán sometidas a abusos sexuales.
Su aparición y papel es menor si lo comparamos con la fabulosa presencia que tenía en “El niño”, pero deja entrever que sus facultades y aptitudes encajan en el tipo de cine que le van a proponer.

La segunda película con producción española a concurso me ha dejado desconcertado y aburrido. Mala señal. El realizador, Gabe Ibáñez, nos propone en “Autómata”, una rebuscada y plumbea historia futurista ubicada en el año 2044 que reflexiona acerca de la relación que mantendremos con los robots.
La idea no es nueva. En el 2011, Kike Maíllo ya nos hechizó con una singular y atrevida peripecia sobre androides domésticos que tenían muy desarrollada la sensibilidad emocional. Steven Spierlber lo intentó también con “Inteligencia artificial”. Ahora, y salvando las distancias respecto a los títulos aludidos como ejemplos, Gabe Ibáñez, con una producción ajustada (ayuda de la productora de Antonio Banderas), experimenta con varios géneros, la ciencia-ficción de anticipación, el melodrama familiar y el western, para desarrollar un inquietante y desesperanzado relato de tono catastrófico (las constantes agresiones a la atmósfera han derivado en la desertización de la tierra y la práctica anulación de la vida humana) para lanzar una extravagante trama en la que los robots se atienen a dos protocolos y especialmente sirven para cuidar y proteger a los pocos humanos que quedan en el planeta tierra.
¿Es una película de denuncia? Pues sí. Algo tiene; poco, pero sirve como tema. Pero el asunto de más enjundia es la tentativa de rebelión que llevan a cabo algunas máquinas que diseñan sus propios “estados de conducta” y oponen resistencia a una todopoderosa organización que contrata a agentes de seguros para evitar que los androides se comporten indebidamente.
Antonio Banderas interpreta a Jacq, un agente de seguros, que escapará de la persecución de sus propios compañeros, vagará por el desierto y conocerá los motivos e intenciones de los androides sediciosos.
El arranque previene de lo mucho y bueno que puede tener el filme o lo contrario. También los primeros minutos me parecieron un homenaje a “Blade Runner”, de Ridley Scott. Allí la ciudad de Los Ángeles estaba atestada de gente. Aquí, todo lo contrario, despoblada. La textura y la atmósfera es árida, decadente, fea y sucia. Aspectos visuales, con una fotografía amarillenta fomentan la sensación de un futuro inhóspito y pesimista. Quizás sean los mejores momentos del filme, los que sitúan al espectador, aunque de forma algo farrogosa, sobre la utilidad de los androides y de su servicio a la escasa humanidad.
El punto de vista del relato y centro de atención del filme es Jacq. Un personaje atribulado, desengañado, cansado y en estado de tensión. Quiere marcharse a otro sitio pero su mujer, embarazada, se niega. Aunque “Autómata” me ha aburrido bastante, debo decir a su favor que todo el tramo final, rodado en exteriores desérticos, a modo de western pos apocalipsis, me parece, cuanto menos interesante. Pero nada más. Y es una lástima porque desde los primeros minutos se le ven las buenas intenciones de filmar un largometraje diferente y con un estilo personal y aguerrido. Otra vez será.

La Rioja

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