PELÍCULAS DE VERANO

OLEAJE CINEMATOGRÁFICO
El verano es la época del año que con bastante diferencia absorbo la menor cantidad de celuloide. Mis quince días de vacaciones son genuinamente playeros. De relax y descanso. La lectura ocupa un espacio importante. Todos los días el periódico y por las tardes, los libros. “Una verdad delicada”, de John Le Carre, que no me ha entusiasmado, y “Hasta el último aliento”, de José Giovanni, excelente y briosa novela, además de lecturas cinematográficas, han sido los libros elegidos para esta canícula.
Pero no me olvido de los estrenos. Me suelo escapar a Valencia, a veinte minutos del Mareyn de Barraquetes (Sueca), lugar que elijo para disfrutar del período vacacional, y tratar de encontrar, entre tanto programa comercial, alguna película que me satisfaga y que rompa con una cierta rutina de producto veraniego. Y qué duda cabe que entre tanto material de saldo siempre hay en la cartelera un par de obras que hagan que el desplazamiento valga la pena.

MÚSICA Y SENTIMIENTOS

No desaproveché la tarde viendo y disfrutando, “Begin again”, una estupenda, entretenida, emotiva y moralista fábula en clave musical dirigida por John Carney, el mismo cineasta de la apreciable, “Once”.
Muy bien interpretada en su elenco actoral por la estrella, Keira Knightley y el siempre resuelto e interesante, Mark Ruffalo. Ni que decir tiene que a éste último habría que empezar a tenerlo muy en cuenta porque a parte de elegir muy bien los proyectos es un hombre fascinante, completo, que se atreve con todo y rara vez desbarra.
La pinta que tiene, a mi juicio, la producción es de las que te enganchan desde los primeros fotogramas. Se trata de una cinta con todas las características, para lo bueno y lo regular, del cine independiente. Historia de medio perdedores (me encanta, me fascina, esa semblanza muy enraizada en la cultura norteamericana), de sueños, frustraciones, alegrías y pequeños triunfos. Sus diez minutos iniciales son bellísimos y colosales: un puñado de personajes, de linaje diverso, se reúnen en un garito de copas y el guión relata los pasos que cada uno ha dado hasta llegar al bar y conocerse gracias a la música. Los derroteros siguientes por lo que se desarrolla la historia tiene de todo un poco, desde su lado condescendiente en la observación de las dificultades para criar a los hijos adolescentes y conciliar esa lucha entre padres separados, con la visión, no sin ironía, del actual negocio discográfico, prefabricado y sin fantasía y riesgo.
A mi me parece que “Begin again” es un largometraje muy digno, que toca temas de interés, que retrata con gusto lugares de Nueva York y que no cae en la tentación del cuento baboso y melindroso. Salvando las distancias, se parece, se acerca o son de idéntica estirpe a “Francis Ha”, otro filme de patrones similares. Si todavía no han visto el último trabajo de John Carney, háganme caso, vayan a verla y disfruten de una velada romántica (en el mejor sentido de la palabra) y paladeen su frescura y entusiasmo.

FRITANGA CUBANA

Convencional y sosa anoté en mi inseparable libreta cuando salí de visionar, “Chef”, escrita, interpretada y dirigida por Jon Favreau. No me hizo falta más adjetivos. Tampoco me propuse calentarme la sesera para calificar esta película como predecible y aburrida. Si en un periódico tuviera que coronar mi reseña con una numeración o ristra de símbolos, como estrellas, no pasaría del 1. Más sería traicionarme y estafar al lector. Y la verdad es que la gente, es decir, el público, disfrutó bastante con las tribulaciones de un cocinero experimental que se larga del restaurante en el que trabaja porque su jefe, el siempre magnífico, Dustin Hoffman, le exige que se ciña al menú tradicional y se deje de experimentos. A parte de este conflicto, su enfrentamiento con un famoso e icónico crítico gastronómico le empuja a replantearse un nuevo giro en su cocina. Tanto es así que cambia el lujo por una camioneta donde sirve bocatas de origen cubano. El asunto se convierte en un éxito y además logra empatizar con su hijo y que su ex le tenga en cuenta por si existe la posibilidad de un arreglo. John Leguizano hace de pinche de confianza y Robert Downey Jr se gana con creces el cocido. Poca cosa.

HORROR A TRAVÉS DEL OBJETIVO

Me gustó bastante, “Mil veces buenas noches”, un duro y escalofriante relato dirigido por el noruego, Erik Poppe. Una obra, para nada cómoda, que abre un áspero y espinoso debate en torno a lo que capta el objetivo de una reportera gráfica en lugares conflictivos y arriesgados.
Cine moral a la hora de medir el horror de la guerra y la vida. Sus secuelas y consecuencias. Reflexión sobre periodismo y encrucijada del testigo que ve desfilar acontecimientos que te repelen pero tienes que fotografiarlos o contarlos.
El personaje central se llama Rebeca, interpretada por Juliett Binoche. Fotógrafa experta y con instinto. Veterana y aguerrida. Meticulosa y apasionada. No deja rescoldos por recoger con su herramienta. En Afganistán asiste a los preparativos de una mujer bomba. Su entereza, pulso y sangre fría no la conmueven. Pero cuando estalla el artefacto y su honda expansiva le alcanza, queda dañada. Entonces se replantea asuntos de calado humano y profesional. Porque es una deflagración que te indica que este mundo, de la que ella es testigo privilegiada, es una locura, una aterradora tragedia imparable. Ella observa que todo está dividido y podrido. Que entre todos nos estamos cargando la belleza de la vida. Y Rebeca tiene un marido, y dos hijas. Y esta gente también opina. Y tienen sus sentimientos y posicionamiento acerca de lo que hace y a lo que se dedica Rebeca. Cuando regresa a casa, es testigo de otro conflicto, en este caso, familiar; y muy grave. Tiene que saber vivir sin la cámara…pero cuesta tanto.
Todavía está en cartel este filme muy recomendable que no habría que perder de vista porque plantea y sugiere temas llamativos y que no dejan a nadie indiferentes.

COLOSOS DEL SEXO

BUENA CARTELERA PARA LA SEMANA ENTRANTE
Nunca es tarde si la dicha es buena. Esta frase hecha viene a colación por la inesperada aunque satisfactoria entrada en la cartelera comercial riojana de un par de títulos fechados en meses anteriores y que ahora al calor del verano sofocante encuentran un hueco en la programación.
Siempre es refrescante y valioso tomar posición ante la llegada de material que sabes avalado por su paso por los festivales de cine o juzgado y recomendado con cariño por los profesionales de la información cinematográfica que han tenido la oportunidad de valorar sus imágenes anticipadamente.
En esa misma línea me sitio para llamar la atención del posible lector y espectador y subrayar la emoción que me produce que dos películas que ya he tenido ocasión de ver con antelación lleguen a las pantallas de Logroño. Me refiero a los largometrajes, “Las vidas de Grace”, que la vi en la prestigiosa Seminci vallisoletana; está dirigida por, Destin Daniel Cratton; y la otra es “Stockholm”, una producción española, de notable aceptación, realizada por Rodrigo Sorogoyen e interpretada por los actores, Javier Pereira y Aura Garrido. Si que es verdad que ésta última ya tuvo un pase en el Teatro Bretón a propósito de su elección para ilustrar el ciclo de proyecciones especiales los domingos a las 19.30. En cualquier caso, y a rebufo de las temperaturas calentitas de estos días, no está de más volver sobre ella para llenar cualquier hueco que en su momento no se llenó, recuperarla si nos dejó KO en su primer pase o acudir sin más a disfrutar de una cinta que ha cosechado encendidos entusiasmos.
Estas dos obras gozan, además, de estar enfocadas y planteadas con mimbres exigentes. Tocan temas de interés y sus propuestas son apetecibles y rigurosas. Te invitan a contemplar situaciones cotidianas y universales en la vida laboral y afectiva. Por lo tanto, sus puntos de vista, nada frágiles y baladís, apuntan, y es de destacar, hacia personajes y entornos de gente más o menos joven, con su problemas, alegrías y fracasos.
“Las dos vidas de Grace”, es un drama que resulta más lógico apuntarlo por su título original, “Short Term 12”, que hace referencia a un centro de acogida de adolescentes especiales en el que el foco principal se pone narrativamente desde los sentimientos y emociones que transforman a una de sus entregadas monitoras, Grace (Brie Larson) cuando se interesa por una nueva paciente que padece traumas afilados (abusos sexuales por parte de su padre) y que le arrebata la estabilidad.
Más evanescente resulta, “Stockholm”, otra prueba del aguerrido e intrépido cine español, rodada en un impecable blanco y negro, cuya acción transcurre durante una noche y la mañana siguiente, que comienza como una comedia típica y tópica de chico busca chica, chico encuentra chica, chico y chica se acuestan, y chico y chica…bueno aquí mejor no escribir nada más, dejar un poso de suspense (sí, ya sé, un suspense de escasa enjundia y originalidad; pero no sé hacerlo mejor) y que sea el espectador el que tropieze y se desconcierte con la parte final de la película, quizás uno de sus pilares más sólido, por lo menos, para mí. Por cierto, tanto Javier Pereria como Aura Garrido están maravillosos; con una gran química entre ellos y muy convincentes en sus respectivos roles. Gracias a su trabajo interpretativo consiguen meterse al público en el bolsillo. Pocas situaciones y diálogos muy elaborados y espontáneos refuerzan una comedia romántica con tintes trágicos que gana con el paso de su metraje.

–———————————-COLOSOS DEL SEXO——————————————————

Mañana llega a la cartelera, “Sex tape: algo pasa la nube”, de Jake Kasdan, con Cameron Diaz y Jason Segel, componiendo un matrimonio fogoso y al que le gusta divertirse fornicando. Sus ganas e ímpetus son irrefrenables y para poner a prueba su osadía y atrevimiento acuerdan darse un homenaje en su estabilidad sexual que organizan una orgía sin tapujos filmándose en sus circenses posturas coitales. Ni que decir tiene que la juerga es todo un éxito pero la grabación en vez de quedarse en el disco duro o ir a parar a la papelera como un desecho queda divulgado en el nuevo espacio virtual conocido como “la nube” al que tiene acceso todo el que esté interesado. Abochornados y desquiciados emprenden contra reloj la tarea de evitar que el lujurioso contenido llegue a los ojos de su entorno familiar y profesional. Sin más. Puede estar graciosa. Me la apunto para este fin de semana. Tiene algo de friki y tontorrona que es necesario descubrir. Ya veré.
“Vampire Academy”, de Mark Waters y “Llenar el vacío”, codirigida por Rama Burshtein y Yigal Bursztyn, amplían las posibilidades de ver cine diferente y de variado pelaje.

CANTA A LA VIDA

Aunque no lo parece, estamos en verano, y como es costumbre en estas fechas, las distribuidoras de cine reservan para la canícula sus lotes de películas de saldo. Es decir, un puñado de títulos que salvo honrosas excepciones carecen de atractivo hechizante y fulminante.
Aún así siempre es menester estar alerta y detectar oportunidades. No bajar la guardia y pese a la temporada vacacional es preferible seguir coqueteando con la afición al séptimo arte por si entre tanto descarte se cuela alguna obra que merezca la pena repasar.

TESTOSTERONA

Este no es el caso de, “Sabotaje”, título que ya he tenido la ocasión de ver y, a mi juicio, sólo recomendable para los tronados incondicionales de los filmes de persecuciones y mamporros. Está dirigida por el realizador norteamericano, David Ayer (1968), responsable, entre otros trabajos, de producciones como, “Sin tregua”, “Dueños de la calle y “Vidas al límite”.
Todas ellas relacionadas con el thriller, el cine policíaco y la trama criminal. Tienen un poso de amargura y tragedia. Están armadas con fiereza y componen miradas escépticas sobre el mundo de la ley. En sus discursos se pueden detectar denuncias y corrupciones de variado pelaje. Unido todo forman un relato áspero y vibrante.
De este perfil se descuelga, “Sabotaje”, simple e iracunda, con toques gore (cadáver atornillado al techo y cuerpos humanos despanzurrados que una cámara morbosa no duda en filmar tripas e intestinos), sobre un grupo especial de agentes de la DEA, encabezado por John Breacher (Arnold Schwarzenegger), que tras una misión desastrosa contra un cartel de narcotraficanes en la que asuntos internos sospecha que se quedaron con el botín, son apartados del trabajo y cuando se les vuelve a entregar las credenciales y armas, alguien, sólo o acompañado, está eliminando, de una forma salvaje y cruel, a los miembros del grupo.
Venganza y traición, lealtades y renuncias, son algunos de los temas que se cruzan por su agitada historia, algo previsible, que llama la atención porque los componentes son casi todo hombres y la única mujer, Lizzy, encarnada por la actriz, Mereille Enos, rezuma una ansiedad varonil que sus reuniones y ejercicios se convierte en un canto a la testosterona. El poco toque femenino lo pone, Olivia Williams, que interpreta a la agente federal, Caroline, encargada de investigar de cerca a los sospechosos de haberse apropiado 10 millones de dólares.

LAS CANCIONES COMO TERAPIA

Otra cinta que ya he tenido ocasión de disfrutar es, “Amanece en Edimburgo”, que entra mañana en la cartelera y además lo hace en su versión doblada al castellano y subtitulada. Ni que decir tiene que recomiendo encarecidamente la VO. Está dirigida por, Dexter Fletcher (“Wild Bill”) y se trata de un melodrama musical que toca varías vías aunque siempre se impone la sentimental.
Dos jóvenes soldados que han intervenido en una trágica operación en Afganistán, regresan a su ciudad, Edimburgo. Aquí, en medio de una ciudad preciosa y captada en tono festivo, se reencuentran con la familia, los amigos y las novias. Todos los conflictos se plantean, se desarrollan y se resuelven con la interpretación de las canciones del grupo, The Proclaimers.
El espectador asiste a una serie de situaciones cotidianas y universales. Los hogares, las calles escocesas y los pubs son los escenarios en los que acontece la acción. Entre lo más destacado del filme está la poderosa interpretación del actor, Peter Mullan. Sobre él y su mujer recae la diáspora más incisiva, aunque se corrige con un tono demasiado melindroso.
La película es agradable y muy agradecida. Disfrutas observando las veleidades de los sentimientos y las emociones de los jóvenes, su presente y su futuro, sus momentos dulces y sus insignificantes rifirrafes. Y, sobre todo, es la frescura que aporta un musical que aunque intrascendente y algo melifluo, logra contagiarte la pasión por la música y las soluciones a los problemas resueltos en medio de la calle con la solidaridad de los traseúntes que se unen al jolgorio interpretando los populares temas del repertorio de los The Proclaimers.

EL CINE QUE NO LLEGA

Ojeando la cartelera comercial de mañana observo la creciente dificultad para encontrar en los locales de exhibición cinematográfica de la comunidad ese título destellante que un servidor ha tenido ocasión de apreciar en los festivales de cine que visita y que permanece ausente, una semana más, de nuestras pantallas.
En esta ocasión me estoy refiriendo al curioso, sorprendente y simpático filme, “El extraordinario viaje de T.S. Spivet”, escrito entre Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant, y dirigido por el primero.
El autor de “Delicatessen”, fiel a su proverbial y polivalente estilo visual, pleno de recursos narrativos y de cuidada estética visual, propone, una vez más, una imaginativa fantasía, mezcla de aventura y road movie, en el que un despierto chaval de 12 años, que vive con sus padres en una granja de Montana, emprende en solitario un viaje hasta Chicago para recoger un premio otorgado por una prestigiosa institución científica.
La película, rodada con mucho gusto y poseedora de una fotografía muy elaborada, está dividida en capítulos. La primera hora es fascinante y rica en matices y descripciones. Dibuja con gracia e ironía a la familia de granjeros, en el que vemos al padre perfilado como un genuino y tosco cowboy y una madre obsesionada con meticulosidad por los insectos. En este ambiente y con una educación en la que se juntan dos ADN poco ortodoxos, el inteligente chaval logra despertar un interés por materias de variada índole, mostrándose en la pantalla a modo de gráficos y fórmulas sus extraordinarias dotes para los cálculos y su capacidad creativa para la investigación y los experimentos.
Con este alucinante bajage, de indudable precocidad, y sin el consentimiento de sus extrovertidos padres, el inquieto e intrépido muchacho se lanza a recorrer de Oeste a Este una larga travesía, entre emocional y sentimental, utilizando varios medios de transporte, para llegar a un foro de sesudos científicos en los que impartirá una conferencia sentando las bases de sus razonadas teorías.
El filme, pese a su extravagante naturaleza, tiene toque y aroma muy americana, de aventura iniciática, algo disparatada y rocambolesca, pero subrayando los elementos icónicos, ambientes, postulados desde hace años por el cine norteamericano, entre la idealización y la desmitificación. Inclusive, en su tramo final, el bautizado como “el Este”, Jean Pierre Jeunet aprovecha la ironía y la mala leche que le caracteriza para criticar y denunciar a personajes como el interpretado por Judy Davis, una oportunista que quiere aprovecharse de T.S. Spivet y lanzarlo a la fama a través de un apestoso programa de televisión.
Confío que el día de mañana este apreciable título pueda verse en la obligada VO en el Teatro Bretón o en la Filmoteca Rafael Azcona.

–————————————————-CASINO JACK————————————————-

De los estrenos de la semana pasada, de esos que pasan sin dejar huella y como una exhalación, me llamó la atención la cinta, “Corrupción en el poder”, dirigida por, George Hickenlooper. Se trata de una producción del año 2010, estrenada ahora de tapadillo, sin apenas publicidad e inspirada en hechor reales. Curiosamente, tras finalizar el rodaje, su director falleció con apenas 47 años.
La película, intepretada con un cinismo galopante por el actor, Kevin Spacey, es una furibunda diatriba contra los aledaños del poder, es decir, los famosos y corruptos, lobbys. Al inicio del filme te explican el significado de la palabra, bastante utilizada hoy en día por los picajosos medios de comunicación. Al escuchar su definición, sientes miedo y asco a la vez. Se trata de grupos poderosos que con una maestría marrullera influyen en personas con mucha pasta para favorecer determinados intereses y obtener pingües beneficios.
Kevin Spacey encarna al lobbista, Jack Abramoff, un tipo inmoral y sin escrúpulos, cercano a la administración republicana (son los años de George Bush Jr como Presidente) que maneja un sucio e ilegal tinglado supuestamente para favorecer a una minoría india ante el Congreso que esconde y oculta una torticera maniobra para hacer negocio en Florida con unos barcos convertidos en casinos flotantes.
Entre los temas que aborda el largometraje hay uno que me atrae bastante. Y es la forma en la que actúa la justicia en los EE.UU. No hay esos aforamientos que rompen el equilibrio de igualdades y que si cometes delito te juzgan y te meten en la cárcel. Conviene ver la cinta hasta los títulos de créditos finales porque se ven imágenes del verdadero Jack Abramoff en actos políticos republicanos hablando bondades de sus líderes.

EL SOLITARIO

Este mes de agosto, en cuanto a estrenos de películas cargadas con aspectos de bastantes quilates (más de los esperados), continúa, ya en su recta final, con otra porción de producciones que convendría marcarlas y no dejarlas escapar.
Mañana viernes, día de entrada de nuevo material, llama la atención la presencia en la cartelera de la empresa “7 infantes”, de una modesta pero aguerrida obra titulada “Locke”, que ya he tenido el placer de verla, que está escrita y dirigida por Steven Knight, guionista reputado responsable de los libretos de “Asuntos sucios” y “Promesas del este”. Casi nada.

DRIVER

La película es una historia minimalista. Interpretada por un solo actor, Tom Hardy (“El caballero oscuro: la leyenda renace”). Los otros protagonistas son físicos: el coche, el teléfono y la carretera. Toda la acción se desarrolla en el interior del vehículo. La cámara no se mueve apenas del habítáculo del auto. Siempre vemos a su personaje central, Iván, en varios tamaños de plano. Otro recurso técnico y narrativo empleado con bastante frecuencia es el plano subjetivo, concretado en tomas de la autopista y del salpicadero lleno de lucecitas del coche. La trama es sencilla y agobiante. Al tratarse de una cinta en clave intimista y psicológica, el espectador, en 85 minutos, asiste, no sin la complicidad con Iván, a su tortura y dilema, expresado en tiempo real, tangible, cercana y humana.
El largometraje, de una belleza visual desbordante (¡qué bien está fotografiada la noche con su inmensa y aterradora oscuridad!), arranca, como no podía ser de otra manera y de forma estilística muy coherente con el resto del metraje, con planos hermosos de una mastodóntica construcción en las afueras de Londres y vemos como los pies de un hombre entran en su automóvil, lo pone en marcha, descubrimos su rostro y en cuanto escuchamos el ruido del motor, como le ocurriera al solitario personaje de Dennis Weaver en la fantástica, “El diablo sobre ruedas” (“Duel”), de Steven Spielberg, una serie de hechos cotidianos y rutinarios expresados a través de las múltiples conversaciones telefónicas que Iván mantiene con varios interlocutores, averiguamos, con una tensión in crescendo, de los agudos y afilados problemas que asolan al atribulado personaje.
Conflictos de orden laboral (debe ausentarse cuando en unas horas el mayor envío de hormigón de la historia está a punto de llegar a su obra justo cuando el no podrá estar presente para organizar el espectacular volcado del armazón) y afectivo (una amiga esporádica se ha quedado embarazada, él es el padre, y debe llegar al hospital para presenciar el parto, además de comunicarle a su mujer el motivo de su ausencia) son los que nutren un guión pletórico y fascinante, de una fuerza y realismo bestial, que te deja sin resuello y te invita a seguir, no sin una cierta lástima, la difícil y moral papeleta que se le presenta a un valiente y decidido Iván. Sin duda, por este papel, pelearían cualquier actor. Es de una complejidad enorme. Su dilema y decisiones, pueden ser polémicas y contradictorias. Su canallesco pasado, descrito como una infidelidad circunstancial, es asumido por Iván con todas las consecuencias, sabiendo que su posicionamiento deja en el camino, y nunca mejor dicho, toda un pilar fundamental de la sociedad, la familia.
El trabajo detrás de la cámara de Steven Knight, puede parecer simplón y poco elaborado. Pues a mí me parece todo lo contrario. Opino que es una realización soberana, muy bien modulada, haciendo avanzar la trama con el recurso de la conversación telefónica, para nada sencillo, y la magistral entereza de Tom Hardy como único actor de la función.
No se la pierdan y vayan a verla a partir de mañana. Si se agotan las localidades, esperen, tengan paciencia, que hay más sesiones para dejarse hechizar por esta formidable road movie.

ASESINA

El otro estreno de la semana con cierto empaque es “Lucy”, de Luc Besson, donde la actriz norteamericana, Scarlett Johansson encarna a una fascinante y arrolladora mujer, de armas tomar, con un cerebro hiperdesarrollado que tras beber un extraño bebedizo se convierte en una despiadada y cruel profesional del asesinato que no se le resiste nadie. Puede resultar. La veré.

ARMAS DE MUJER

Algunos aficionados y amigos íntimos me preguntan si tengo intención de ver en una pantalla grande tres de los grandes y publicitados blockbusters del verano 2014, “Transformes: la era de la extinción”, “Guardianes de la galaxia” y “Mercenarios 3”. Obras pensadas y producidas para romper taquillas que a este cronista todavía no le seducen de forma hechizante como para moverme a visionarlas.

LAS MUJERES SON LAS REINAS
Y la culpa, parte, no toda, la tiene, sin duda, algunos títulos alojados en la cartelera comercial que me han provocado una expectación inaudita. Me estoy refiriendo en concreto a dos películas cuyo denominador común es el importante peso que en su argumento ostenta el increíble y siempre fascinante universo femenino.
Tanto “Belle”, dirigida por Amme Asante, como, “Viajo Sola”, realizada por María Sole Tognazzi, representan y defienden, a su manera, dos modelos de mujer, separadas por varios siglos, que ubicadas en tiempos para nada similares, intentan, con más o menos obstáculos, adaptarse a su entorno y pelear por ideales que definen su carácter y fortaleza.

MIRANDO CON LUPA

Me ha sorprendido gratamente el filme italiano, “Viajo sola”, una simpática y sugerente cinta, en clave intimista e introspectiva, en torno a un personaje tan curioso y coqueto como Irene, interpretado con mucha solvencia por la actriz, Margherita Buy (premio Donatello por este trabajo), cuya labor profesional me ha impactado: meticulosa y quisquillosa inspectora de hoteles de lujo.
No había visto o no recuerdo haber visto este rol en el cine. Al observalo en la cinta de Tognazzi me he encontrado con una mujer guapa y atractiva, pero también, altiva y algo soberbia que a sus 40 años y sin vida familiar y afectiva que la ate va y viene de un sitio a otro modulando su carácter y temperamento en función de una serie de situaciones entre laborales y cotidianas que provocan que sientas un cariño muy amistoso hacia Irene. Terminas haciéndote amiga de esta chica. La sigues con interés, te preocupas por sus emociones y sentimientos. Envidias su libertad y la claridad que posee sobre los asuntos más triviales y rutinarios. No te compadeces de algunos de sus esquinazos. La admiras y aplaudes sus decisiones, tanto en sus obsesivos y recalcitrantes análisis del lujo de las hospederías de 5 estrellas a las que le tiene que poner nota como en los pequeños detalles o anécdotas que nos enseña de su vida privada.
Irene es una mujer independiente. Tiene una hermana descuidada y frustrada y un examante, Andrea (Stefano Accorsi, un actor fijo en el cine italiano) indeciso y aturullado por una serie de inconvenientes de pareja. Ella es testigo, confidente y asesora. Y mientras ve la amargura y tribulaciones de su círculo más cercano viaja de un sitio a otro intentando hacer un viaje interior y encontrarse a sí misma, calificarse y encontrar la justa medida en este mundo para ser feliz sin exigirle nada a la vida y no depender de tipos de cualquier pelaje que sin duda jamás conquistarán su formidable y exquisito corazón.
Esta pequeña película todavía está en cartel. Ni que decir tiene que si mis párrafos han sido lo suficientes expectantes para generar un deseo de ver su historia, no lo duden, vayan a la sala más cercana y disfruten con un relato minimalista que habla de la gente y de nosotros mismos. Muy recomendable.

ORGULLO DE RAZA

Menos interés y pegada posee, “Belle”, escrita por Misan Sagay y puesta en escena por Amme Asante. Inspirada en hechos reales. Pese al empleo del formato panorámico, por cierto, muy bien utilizado, la materia prima de la que se nutre y sus soluciones formales, remiten, a mi modesto entender, a un típico y simplón relato televisivo servido a las 16.00 horas por cualquier cadena privada o pública.
Sin embargo, contradictoriamente, opino que su tema, tratamiento visual y punto de vista adoptado por la realizadora, además de un gusto elegante en la planificación bien asumido por el espectador, favorecen su lectura y el seguimiento de la intrépida y valiente épica propuesta por su heroína, Dayton, interpretada por la actriz, Gugu Mbatha-Raw, que encarna a una joven mulata a finales del siglo XVIII que abandonada por su padre la deja a cargo de sus abuelos, Tom Wilkinson, que encarna al Presidente del Tribunal Supremo de Inglaterra y Emily Watson.
La niña vive rodeada de lujos y privilegios. Pero es vista por los nobles como alguien inferior y sin categoría. Cuando se convierte en una joven guapa, recibe una dote de 2.000 libras anuales, suficiente para valerse por sí sola. Pero las costumbres anticuadas y tradicionalistas de la sociedad aristrocrática se burlan del color de su piel y de su ilegitimidad.
Dayton se hará fuerte y con su generosidad y resistencia, poco a poco se irá ganando el respeto de aquellos que la ningunean y menosprecian. Un asunto político, el caso del barco negrero Zong (un cargero cuyo capitán lanzó por la borda a todos los esclavos que viajaban hacinados en sus bodegas), le sirve para posicionarse y comprometerse con la corriente progresista para reclamar que el tema sea considerado como una barbarie humana. Un poco de amor, crítica y denuncias de calado social y moral animan una amena trama a la que le falta ardor y combate y le sobre convencionalismo a raudales. Aún así, y como escribía más arriba, “Belle” tiene todos los ingredientes para gustar; y mucho.

A TIROS CON LOS RUSOS

SIEMPRE es gratificante y digno de elogio encontrar el nombre y apellido de un cineasta español en una producción norteamericana. Demuestra, sin entrar en la envergadura del proyecto, el acomodo de nuestros realizadores en una industria no sólo poderosa sino exigente.
Ahora le ha tocado el turno al director andaluz, Paco Cabezas, autor, entre otros trabajos, de títulos como, “Aparecidos” (2007) y “Carne de neón” (2010). Dos referencias, plausibles ambas, que se mueven en dos territorios de gran pegada hoy en día, el fantástico y el thriller de acción.
Con estos mimbres, de suficiente bagaje y avalado por una narrativa fuerte y agitada, Cabezas se lanza al mejor mercado mundial, el estadounidense, demostrando, por lo menos, buenas maneras, habilidad, funcional manejo de los recursos expresivos, y demuestra, a mi modo de ver, ser un entregado entusiasta del género de tramas criminales. Sus virtudes técnicas, correctas y si alardes de autor, se acomodan como anillo al dedo a los deseos que una producción de este tipo necesita, en espera, ojalá, de mejores resultados y calidad estilística para futuros proyectos, que se traduce, por ahora, en un disparatado y enérgico filme, “Tokarev”, que entra el próximo viernes en la cartelera comercial.

MAFIA RUSA
Tuve ocasión de ver la película hace unos meses y me sorprendió la determinación y garra en las convulsas imágenes que filma Cabezas para dotar de fiereza un relato oscuro y sombrío, de amistades y traiciones, de venganzas y redenciones, que a falta de un guión más sólido e imaginativo apuesta por ofrecer un espectáculo visual entretenido y cargado de adrenalina.
Para redondear la función, es decir, para catapultarla a una audiencia mayoritaria y arrimar a los espectadores que se dejan arrastrar por los intérpretes que componen el elenco actoral, se contrata a un actor, Nicholas Cage (sobrino de Francis Ford Coppola), que no sé si en estos momentos está en una etapa decadente, que dura ya unos cuantos filmes, o, simplemente, no descarta ningún papel, por egoísmo o lucrativo, independientemente de su composición técnica/artística. El caso es que Cage acepta el reto y se mete en la piel de Paul McGuire, un poderoso constructor, con excelentes contactos en la política local (alcalde), casado con una rubia despampanante, algunos años más joven que él y con una hija adolescente que es su debilidad.
Todo en la vida, tanto en el plano afectivo como profesional, funciona a los acordes de su ambición y conquistas sociales. Sin embargo la placidez y triunfos en los negocios se resquebraja cuando su hija es secuestrada. Unos leves flashes del pasado nos sitúan e informan que “algo” oculto y bajo secreto de los testigos puede ser el motivo de su desgracia. El punto álgido se alcanza cuando la chica aparece muerta. Una investigación policial se abre conducida por el detective interpretado por el actor afroamericano, Danny Glover (“Arma letal”). Como prueba del asesinato se encuentra una pistola de la marca Tokarev, arma utilizada por la mafia rusa. Por este indicio, Paul, y sus colegas de siempre, Dany y Kane, emprenden una espiral vengativa y repleta de violencia desatada que tiene como objeto eliminar a todos los sospechosos de origen ruso.
El líder ruso, Chernov, está atónito y sorprendido por los acontecimientos y furioso por la aniquilación de sus huestes. Fiel a sus formas gangsteriles, emprende una cruzada, una guerra, contra Paul. Mientras tanto la policía está perpleja por la enconada rivalidad de las bandas y sin entender bien por qué los rusos han entrado a degüello y utilizando una violencia imparable.
Nada cuanto acontece en el largometraje denota brillantez. Más bien, un servilismo furibundo y atronador, que anuncie que detrás de la cámara hay un cineasta firme y riguroso para atender con oficio los encargos. Que llame la atención y que se lo rifen los productores. Que estos confíen en él, le proporcionen curro; y que Paco Cabezas esté en la agenda de los mandamases del negocio. Ya llegarán, espero, mejores ocasiones para demostrar el verdadero talento y la chispa exquisita.

FRANKENSTEIN MODERNO

REINTERPRETANDO A FRANKENSTEIN
Una vez eliminada España del Mundial de Brasil, el cine, como siempre ha sido, puede convertirse en un perfecto aliado para aliviar el fracaso y bochorno provocado por los jugadores seleccionados por Vicente Del Bosque.
El viernes pasado todo giraba en torno al debut del combinado hispano frente a las huestes de Holanda. La debacle, en forma de humillante derrota, y el hundimiento total ayer miércoles frente a la correosa y aguerrida, Chile, ponen a La Roja, la española, de patitas en la calle, y permite, aunque no lo quisiera, un desahogo en determinados actos culturales, mientras que bares y locales parecidos lamenten el repentino e inesperado fin de ciclo de la otrora campeona.
Volviendo al terreno cinematográfico, y en espera de títulos con mejor cartel, conviene, a mi juicio, no perder el rastro de una cinta, coproducción Australia/Usa, en torno a un mito del género fantástico, Frankenstein, en este caso, inspirado en una novela gráfica, y que presenta un planteamiento, al menos, curioso y atrevido.
La película, “Yo, Frankenstein”, que ya he tenido ocasión de ver, está escrita y dirigida por el realizador y guionista de origen australiano, Stuart Beattie, autor, entre otros trabajos meritorios, de los libretos para producciones del tamaño, “Collateral”, de Michael Mann, y, la tercera entrega de la franquicia, Piratas del Caribe.
El actor, Aaron Eckhart interpreta a Adam, la criatura del doctor, Víctor Frankenstein. Su nacimiento tiene lugar en 1775, en pleno invierno. El científico, algo trastornado, y decepcionado con su creación, decide desacerse de su experimento. El monstruo, en el mejor sentido de la palabra, como venganza, decide matar a Elizabeth, esposa de Víctor. Éste, arrebatado por la ira y la venganza, viaja hasta el gélido norte, por donde deambula Adam, con la intención de aniquilarlo. Pero falla en su propósito y muere por el frío. Adam, melancólico, lo entierra. Solo, sin nadie en el mundo, se enfrenta a una legión de demonios, derrotándolos y encontrado cobijo en la Orden de Las Gárgolas, criaturas sacramentales que se dedican a luchar contra el mal.
Se produce una elipsis extraordinaria y la acción se ubica en tiempo presente. Adam, como inmortal, sigue buscando destino y un sitio en el que se le quiera. Mientras tanto, Ángeles y demonios siguen su pelea. El señor de la oscuridad, Noberius, interpretado por el actor inglés, Bill Nighy, pretende hacerse dueño del mundo, para ello roba el libro de Víctor Frankenstein, y siguiendo a rajatabla sus apuntes acerca de la resurección de la materia muerta, aplica la teoría sobre un ejército de cuerpos muertos para crear un ejército de guerreros sin alma para someter tanto a los humanos como a las rebeldes gárgolas.
Filme llamativo y colosal, muy espectacular y vibrante, repleto de encarnizadas luchas muy bien coreografiadas, que desarrolla una historia típica del bien contra el mal, que no olvida sus raíces románticas, sobre todo con la aparición de la doctora Terra, interpretada por la actriz, Rosamund Pike, que adquiere, también, un tono apocalíptico y pesimista, y sus componentes artísticos, es decir, tanto fotografía como efectos digitales, resultan estupendos, y habría que añadir, para terminar, que su atmósfera y cuidado diseño de decorados está bastante conseguido. No defrauda esta visión y relectura del mito de Frankenstein y, según mi modesta opinión, la película se agradece mucho más que el nuevo capítulo de “X Men”.

VACACIONES PELIGROSAS

NO TE FÍES DE UN EXTRAÑO
La buena literatura siempre tiene que servir de inspiración a guionistas y cineastas, e, incluyo en el paquete, a los productores, avispados y sagaces rastreadores de historias atentos a cualquier atisbo de chispa, bien sea por el camino de la originalidad del texto o por la simple complacencia de extraer de una novela, u otro formato en letra impresa, una simple anécdota para armar, a ser posible, un éxito de taquilla.
Todas las semanas en la cartelera cinematográfica entra alguna película basada en una obra literaria o en algún artículo periodístico o reportaje. Da igual, todo sirve. Inclusive, hace siete días, se estrenaba en España, aunque no entró en la programación de las salas riojanas, el filme, “La mujer invisible”, segundo largometraje dirigido por el actor, Ralph Fiennes, que también interviene en el reparto, reservándose el atractivo papel del escritor, Charles Dickens. La cinta, muy británica, es decir, ortodoxa y escrupulosa en diseño de producción y vestuario, cuenta, con elegancia y belleza visual, las correrías sentimentales del autor de David Coperfield con la entusiasta del teatro, Nelly Terman, interpretada, con gran fuerza y seguridad, por Felicity Jones.
Ahora, es decir, a partir de mañana, un nuevo título, de origen novelesco, intentará, y a buen seguro que lo conseguirá, seducir al espectador, ya no sólo por el reparto, que es súper llamativo, sino, y a mi juicio, muy importante, porque su guión está basado en una obra de la fascinante y retorcida escritora norteamericana, Patricia Highsmith. Se trata del filme, “Las dos caras de enero”, que estuvo en la 64 edición de la Berlinale, y está dirigido por el realizador de origen iraní, Hossein Amini. Viggo Mortensen, Kirsten Dunst y Oscar Isaac conforman el elenco actoral.
Los aficionados al cine que hayan tenido la oportunidad y el placer de visionar trabajos tan memorables y recordados deudores de la imaginación de Patricia como “A pleno sol”, de René Clement o “El amigo americano”, de Win Wenders, dispondrán de un conocimiento tan arrollador y determinante para intuir el veneno y la chulesca arrogancia que esconden las aviesas intenciones de la introvertida y esquiva señora, Highsmith.
El argumento y planteamiento de “Las dos caras de enero” son indisimulables y afines a sus maestras y afiladas intrigas criminales. En esta ocasión la acción se sitúa en 1962, en la ciudad de Atenas (Grecia). Hasta aquí viajan la típica pareja de turistas enamorados. El calor aprieta. El ambiente es seductor. Un extraño, en forma de guía turístico, Rydal, se junta al matrimonio, atraído por la belleza de la joven, Colette, y abducido por la ambigua y fascinante manera de comportarse de Chester. Rydal es un timador de baja estofa. Y como tal sabe buscar sus oportunidades. El chaval no es un lince, sobre todo cuando los acontecimientos le superan y se ve envuelto por su torpeza e instinto de macho alfa obnubilado por la carne que le impide ver con prontitud el lío criminal en el que se va a ver envuelto. A partir de aquí, y teniendo en cuenta como se las gasta, Patricia Highsmith, un atribulado juego de apariencias y nada parece lo que es se apoderará de los acontecimientos de tal manera que el suspense y las contradicciones típicas de los humanos encauzaran el filme hacia soluciones inesperadas.

–————————————UN TIPO TONIFICADO————————————————-

Espero y deseo que entre partido y partido de fútbol del Mundial de Brasil me dé tiempo de echarle un vistazo a la comedia, “No hay dos sin tres”, dirigida por, Nick Cassavetes, e interpretada por Cameron Díaz, Leslie Mann, Kate Upton y Nicolaj Coster-Waldau.
Éste último, un actor guaperas y cachas, encarna a un tipo ligón y sinvergüenza. Las tías se lo rifan y el colega no tiene problemas para enrollarse con las mujeres. Seductor y de gatillo fácil. Su novia de siempre está coladísima por él y se siente realizada al lado de semejante hombretón. El conflicto se origina cuando la guapa, sexy y muy atractiva, Díaz, se entera que su novia se ve furtivamente con otra señorita. Claro, eso es inadmisible y no se puede aguantar y tolerar. Cuando conoce a su rival resulta que en vez de declararle la guerra y señalarla como su enemigo a eliminar, resulta, por el enredo del guión, que las dos chavalas se hacen amigas íntimas. Se llevan tan bien que por esas casualidades del destino son informadas que su Don Juan tiene otra mujer escondida. Y lo mismo. Cuando la conocen en vez de pegarle una patada en el trasero se muestran orgullosas de haberse conocido. Y juntitas planean un severo castigo al irrefrenable amante.
Pues eso, una comedia, con un buen director detrás de la cámara que a buen seguro hará todo lo posible para que la función sea lo más entretenida posible.

DERRIBANDO MUROS

CRUZANDO LA FRONTERA
Voy a suponer que aunque sin saberlo por confirmación concluyente, existe, por número de películas, una corriente cinematográfica enfocada a observar el enquistado y perenne conflicto palestino/israelí con una mirada pacificadora y de concordia. Intentando reducir su confrontación a términos, al menos, de diálogo. Y sin duda se trata de una buena predisposición a rebajar la intensidad y frecuencia de las continúas y graves algaradas.
Aún así, como digo, se trata de un pequeño puñado de filmes. Todavía insuficientes. Dominando, ya no tanto por goleada, aquellas cintas que prefieren utilizar el cine como vehículo para expresar las diferencias irreconciliables. Utilizando en sus argumentos el tema del terrorismo como método para imponer la guerra en un lugar geográfico en el que de momento es imposible la paz.
Toda esta breve y liviana reflexión viene a colación por el estreno el viernes pasado en la cartelera riojana del bienintencionado filme, “El hijo del otro”, dirigido por la cineasta, Lorraine Lèvy. Se trata de un drama de una intensidad y fuerza arrolladora. Sustentado por un guión que sólo por contar su espinosa sipnosis devienen un torrente de sensaciones e ideas todas ellas encaminadas a establecer a priori un estilo explosivo y beligerante para relatar su contenida fábula.
Un médico reúne a una mujer israelí para comunicarle el espantoso error que se cometió en el hospital de Haifa durante un bombardeo. En ese instante ella y otra mujer de origen palestino estaban pariendo a sus hijos. En la descordinación por las deflagraciones, se cambiaron los niños. Durante diecisite años, Yousef, de sangre árabe, ha vivido a cuerpo de rico en una casa próspera judía, recibiendo una educación religiosa acorde con su origen. Yacine, de sangre hebrea, ha vivido en la franja de Cisjordania como un árabe más pero matizado su odio por haber completado sus estudios en París.
A los pocos minutos de metraje el choque emocional alcanza su momento más terrible e incómodo. ¿Qué hacer? ¿Cómo resolver la diáspora? ¿Qué es mejor para los chavales? Menos mal que para resolver el apuro, nada sencillo y al alcanze de cualquier estómago, la realizadora, con bastante buen juicio, opta por plantear la primera sacudida desde el punto de vista de las mujeres, de las madres, sufridoras al parir, que en la decisión de alcanzar una acuerdo “amistoso”, entierran, por lo menos al principio (luego ya se verá), cualquier arma de guerra para convertir la “tragedia” en una oportunidad de diálogo y acercamiento.
Emmanuel Devos, actriz francesa de prestigio y solera, y Mehdi Dehbi, como Laila, la madre palestina, conforman, desde la grandeza del sentimiento femenino, y con sosiego e inteligencia, una postura admirable, quizás algo melindrosa, para suavizar “el marrón”, todo lo contrario que los padres, uno oficial del ejército, el israleí, el otro ingeniero, pero mecánico de automóviles en su trabajo habitual, que al enterarse de lo ocurrido sus mentes navegan hacia las zonas oscuras de la enemistad más encarnizada.
Como he dicho, si las dos mujeres tienen siempre el impulso y la voluntad de arreglar el problema sin perjudicar y violentar una situación geopolítica nada amigable, lo mismo se puede decir de los dos muchachos, que en sus visitas a las dos zonas separadas por el ignominioso muro perciben esos rasgos identitarios propios a su sangre que les hace ver, posiblemente, de forma algo ingenua, que de la calamidad y dislate se conquista, poniendo mucho de cada parte, una amistad hermanada que sin el error de la enfermera no hubiera existido.
Cine valiente, reflexivo, que abre debate, pretende cerrar heridas, repleto de diálogos que no dan puntada sin hilo, observaciones excelentes, dominado por un tono relajado y moderado, que quiere gustar, más a occidentales que a los propios interesados, que pretende ser, con un lenguaje sencillo y un contexto estético naturalista, una “quimera solución” llena de buenas intenciones.

La Rioja

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