CANTA A LA VIDA

Aunque no lo parece, estamos en verano, y como es costumbre en estas fechas, las distribuidoras de cine reservan para la canícula sus lotes de películas de saldo. Es decir, un puñado de títulos que salvo honrosas excepciones carecen de atractivo hechizante y fulminante.
Aún así siempre es menester estar alerta y detectar oportunidades. No bajar la guardia y pese a la temporada vacacional es preferible seguir coqueteando con la afición al séptimo arte por si entre tanto descarte se cuela alguna obra que merezca la pena repasar.

TESTOSTERONA

Este no es el caso de, “Sabotaje”, título que ya he tenido la ocasión de ver y, a mi juicio, sólo recomendable para los tronados incondicionales de los filmes de persecuciones y mamporros. Está dirigida por el realizador norteamericano, David Ayer (1968), responsable, entre otros trabajos, de producciones como, “Sin tregua”, “Dueños de la calle y “Vidas al límite”.
Todas ellas relacionadas con el thriller, el cine policíaco y la trama criminal. Tienen un poso de amargura y tragedia. Están armadas con fiereza y componen miradas escépticas sobre el mundo de la ley. En sus discursos se pueden detectar denuncias y corrupciones de variado pelaje. Unido todo forman un relato áspero y vibrante.
De este perfil se descuelga, “Sabotaje”, simple e iracunda, con toques gore (cadáver atornillado al techo y cuerpos humanos despanzurrados que una cámara morbosa no duda en filmar tripas e intestinos), sobre un grupo especial de agentes de la DEA, encabezado por John Breacher (Arnold Schwarzenegger), que tras una misión desastrosa contra un cartel de narcotraficanes en la que asuntos internos sospecha que se quedaron con el botín, son apartados del trabajo y cuando se les vuelve a entregar las credenciales y armas, alguien, sólo o acompañado, está eliminando, de una forma salvaje y cruel, a los miembros del grupo.
Venganza y traición, lealtades y renuncias, son algunos de los temas que se cruzan por su agitada historia, algo previsible, que llama la atención porque los componentes son casi todo hombres y la única mujer, Lizzy, encarnada por la actriz, Mereille Enos, rezuma una ansiedad varonil que sus reuniones y ejercicios se convierte en un canto a la testosterona. El poco toque femenino lo pone, Olivia Williams, que interpreta a la agente federal, Caroline, encargada de investigar de cerca a los sospechosos de haberse apropiado 10 millones de dólares.

LAS CANCIONES COMO TERAPIA

Otra cinta que ya he tenido ocasión de disfrutar es, “Amanece en Edimburgo”, que entra mañana en la cartelera y además lo hace en su versión doblada al castellano y subtitulada. Ni que decir tiene que recomiendo encarecidamente la VO. Está dirigida por, Dexter Fletcher (“Wild Bill”) y se trata de un melodrama musical que toca varías vías aunque siempre se impone la sentimental.
Dos jóvenes soldados que han intervenido en una trágica operación en Afganistán, regresan a su ciudad, Edimburgo. Aquí, en medio de una ciudad preciosa y captada en tono festivo, se reencuentran con la familia, los amigos y las novias. Todos los conflictos se plantean, se desarrollan y se resuelven con la interpretación de las canciones del grupo, The Proclaimers.
El espectador asiste a una serie de situaciones cotidianas y universales. Los hogares, las calles escocesas y los pubs son los escenarios en los que acontece la acción. Entre lo más destacado del filme está la poderosa interpretación del actor, Peter Mullan. Sobre él y su mujer recae la diáspora más incisiva, aunque se corrige con un tono demasiado melindroso.
La película es agradable y muy agradecida. Disfrutas observando las veleidades de los sentimientos y las emociones de los jóvenes, su presente y su futuro, sus momentos dulces y sus insignificantes rifirrafes. Y, sobre todo, es la frescura que aporta un musical que aunque intrascendente y algo melifluo, logra contagiarte la pasión por la música y las soluciones a los problemas resueltos en medio de la calle con la solidaridad de los traseúntes que se unen al jolgorio interpretando los populares temas del repertorio de los The Proclaimers.

EL CINE QUE NO LLEGA

Ojeando la cartelera comercial de mañana observo la creciente dificultad para encontrar en los locales de exhibición cinematográfica de la comunidad ese título destellante que un servidor ha tenido ocasión de apreciar en los festivales de cine que visita y que permanece ausente, una semana más, de nuestras pantallas.
En esta ocasión me estoy refiriendo al curioso, sorprendente y simpático filme, “El extraordinario viaje de T.S. Spivet”, escrito entre Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant, y dirigido por el primero.
El autor de “Delicatessen”, fiel a su proverbial y polivalente estilo visual, pleno de recursos narrativos y de cuidada estética visual, propone, una vez más, una imaginativa fantasía, mezcla de aventura y road movie, en el que un despierto chaval de 12 años, que vive con sus padres en una granja de Montana, emprende en solitario un viaje hasta Chicago para recoger un premio otorgado por una prestigiosa institución científica.
La película, rodada con mucho gusto y poseedora de una fotografía muy elaborada, está dividida en capítulos. La primera hora es fascinante y rica en matices y descripciones. Dibuja con gracia e ironía a la familia de granjeros, en el que vemos al padre perfilado como un genuino y tosco cowboy y una madre obsesionada con meticulosidad por los insectos. En este ambiente y con una educación en la que se juntan dos ADN poco ortodoxos, el inteligente chaval logra despertar un interés por materias de variada índole, mostrándose en la pantalla a modo de gráficos y fórmulas sus extraordinarias dotes para los cálculos y su capacidad creativa para la investigación y los experimentos.
Con este alucinante bajage, de indudable precocidad, y sin el consentimiento de sus extrovertidos padres, el inquieto e intrépido muchacho se lanza a recorrer de Oeste a Este una larga travesía, entre emocional y sentimental, utilizando varios medios de transporte, para llegar a un foro de sesudos científicos en los que impartirá una conferencia sentando las bases de sus razonadas teorías.
El filme, pese a su extravagante naturaleza, tiene toque y aroma muy americana, de aventura iniciática, algo disparatada y rocambolesca, pero subrayando los elementos icónicos, ambientes, postulados desde hace años por el cine norteamericano, entre la idealización y la desmitificación. Inclusive, en su tramo final, el bautizado como “el Este”, Jean Pierre Jeunet aprovecha la ironía y la mala leche que le caracteriza para criticar y denunciar a personajes como el interpretado por Judy Davis, una oportunista que quiere aprovecharse de T.S. Spivet y lanzarlo a la fama a través de un apestoso programa de televisión.
Confío que el día de mañana este apreciable título pueda verse en la obligada VO en el Teatro Bretón o en la Filmoteca Rafael Azcona.

–————————————————-CASINO JACK————————————————-

De los estrenos de la semana pasada, de esos que pasan sin dejar huella y como una exhalación, me llamó la atención la cinta, “Corrupción en el poder”, dirigida por, George Hickenlooper. Se trata de una producción del año 2010, estrenada ahora de tapadillo, sin apenas publicidad e inspirada en hechor reales. Curiosamente, tras finalizar el rodaje, su director falleció con apenas 47 años.
La película, intepretada con un cinismo galopante por el actor, Kevin Spacey, es una furibunda diatriba contra los aledaños del poder, es decir, los famosos y corruptos, lobbys. Al inicio del filme te explican el significado de la palabra, bastante utilizada hoy en día por los picajosos medios de comunicación. Al escuchar su definición, sientes miedo y asco a la vez. Se trata de grupos poderosos que con una maestría marrullera influyen en personas con mucha pasta para favorecer determinados intereses y obtener pingües beneficios.
Kevin Spacey encarna al lobbista, Jack Abramoff, un tipo inmoral y sin escrúpulos, cercano a la administración republicana (son los años de George Bush Jr como Presidente) que maneja un sucio e ilegal tinglado supuestamente para favorecer a una minoría india ante el Congreso que esconde y oculta una torticera maniobra para hacer negocio en Florida con unos barcos convertidos en casinos flotantes.
Entre los temas que aborda el largometraje hay uno que me atrae bastante. Y es la forma en la que actúa la justicia en los EE.UU. No hay esos aforamientos que rompen el equilibrio de igualdades y que si cometes delito te juzgan y te meten en la cárcel. Conviene ver la cinta hasta los títulos de créditos finales porque se ven imágenes del verdadero Jack Abramoff en actos políticos republicanos hablando bondades de sus líderes.

A TIROS CON LOS RUSOS

SIEMPRE es gratificante y digno de elogio encontrar el nombre y apellido de un cineasta español en una producción norteamericana. Demuestra, sin entrar en la envergadura del proyecto, el acomodo de nuestros realizadores en una industria no sólo poderosa sino exigente.
Ahora le ha tocado el turno al director andaluz, Paco Cabezas, autor, entre otros trabajos, de títulos como, “Aparecidos” (2007) y “Carne de neón” (2010). Dos referencias, plausibles ambas, que se mueven en dos territorios de gran pegada hoy en día, el fantástico y el thriller de acción.
Con estos mimbres, de suficiente bagaje y avalado por una narrativa fuerte y agitada, Cabezas se lanza al mejor mercado mundial, el estadounidense, demostrando, por lo menos, buenas maneras, habilidad, funcional manejo de los recursos expresivos, y demuestra, a mi modo de ver, ser un entregado entusiasta del género de tramas criminales. Sus virtudes técnicas, correctas y si alardes de autor, se acomodan como anillo al dedo a los deseos que una producción de este tipo necesita, en espera, ojalá, de mejores resultados y calidad estilística para futuros proyectos, que se traduce, por ahora, en un disparatado y enérgico filme, “Tokarev”, que entra el próximo viernes en la cartelera comercial.

MAFIA RUSA
Tuve ocasión de ver la película hace unos meses y me sorprendió la determinación y garra en las convulsas imágenes que filma Cabezas para dotar de fiereza un relato oscuro y sombrío, de amistades y traiciones, de venganzas y redenciones, que a falta de un guión más sólido e imaginativo apuesta por ofrecer un espectáculo visual entretenido y cargado de adrenalina.
Para redondear la función, es decir, para catapultarla a una audiencia mayoritaria y arrimar a los espectadores que se dejan arrastrar por los intérpretes que componen el elenco actoral, se contrata a un actor, Nicholas Cage (sobrino de Francis Ford Coppola), que no sé si en estos momentos está en una etapa decadente, que dura ya unos cuantos filmes, o, simplemente, no descarta ningún papel, por egoísmo o lucrativo, independientemente de su composición técnica/artística. El caso es que Cage acepta el reto y se mete en la piel de Paul McGuire, un poderoso constructor, con excelentes contactos en la política local (alcalde), casado con una rubia despampanante, algunos años más joven que él y con una hija adolescente que es su debilidad.
Todo en la vida, tanto en el plano afectivo como profesional, funciona a los acordes de su ambición y conquistas sociales. Sin embargo la placidez y triunfos en los negocios se resquebraja cuando su hija es secuestrada. Unos leves flashes del pasado nos sitúan e informan que “algo” oculto y bajo secreto de los testigos puede ser el motivo de su desgracia. El punto álgido se alcanza cuando la chica aparece muerta. Una investigación policial se abre conducida por el detective interpretado por el actor afroamericano, Danny Glover (“Arma letal”). Como prueba del asesinato se encuentra una pistola de la marca Tokarev, arma utilizada por la mafia rusa. Por este indicio, Paul, y sus colegas de siempre, Dany y Kane, emprenden una espiral vengativa y repleta de violencia desatada que tiene como objeto eliminar a todos los sospechosos de origen ruso.
El líder ruso, Chernov, está atónito y sorprendido por los acontecimientos y furioso por la aniquilación de sus huestes. Fiel a sus formas gangsteriles, emprende una cruzada, una guerra, contra Paul. Mientras tanto la policía está perpleja por la enconada rivalidad de las bandas y sin entender bien por qué los rusos han entrado a degüello y utilizando una violencia imparable.
Nada cuanto acontece en el largometraje denota brillantez. Más bien, un servilismo furibundo y atronador, que anuncie que detrás de la cámara hay un cineasta firme y riguroso para atender con oficio los encargos. Que llame la atención y que se lo rifen los productores. Que estos confíen en él, le proporcionen curro; y que Paco Cabezas esté en la agenda de los mandamases del negocio. Ya llegarán, espero, mejores ocasiones para demostrar el verdadero talento y la chispa exquisita.

FRANKENSTEIN MODERNO

REINTERPRETANDO A FRANKENSTEIN
Una vez eliminada España del Mundial de Brasil, el cine, como siempre ha sido, puede convertirse en un perfecto aliado para aliviar el fracaso y bochorno provocado por los jugadores seleccionados por Vicente Del Bosque.
El viernes pasado todo giraba en torno al debut del combinado hispano frente a las huestes de Holanda. La debacle, en forma de humillante derrota, y el hundimiento total ayer miércoles frente a la correosa y aguerrida, Chile, ponen a La Roja, la española, de patitas en la calle, y permite, aunque no lo quisiera, un desahogo en determinados actos culturales, mientras que bares y locales parecidos lamenten el repentino e inesperado fin de ciclo de la otrora campeona.
Volviendo al terreno cinematográfico, y en espera de títulos con mejor cartel, conviene, a mi juicio, no perder el rastro de una cinta, coproducción Australia/Usa, en torno a un mito del género fantástico, Frankenstein, en este caso, inspirado en una novela gráfica, y que presenta un planteamiento, al menos, curioso y atrevido.
La película, “Yo, Frankenstein”, que ya he tenido ocasión de ver, está escrita y dirigida por el realizador y guionista de origen australiano, Stuart Beattie, autor, entre otros trabajos meritorios, de los libretos para producciones del tamaño, “Collateral”, de Michael Mann, y, la tercera entrega de la franquicia, Piratas del Caribe.
El actor, Aaron Eckhart interpreta a Adam, la criatura del doctor, Víctor Frankenstein. Su nacimiento tiene lugar en 1775, en pleno invierno. El científico, algo trastornado, y decepcionado con su creación, decide desacerse de su experimento. El monstruo, en el mejor sentido de la palabra, como venganza, decide matar a Elizabeth, esposa de Víctor. Éste, arrebatado por la ira y la venganza, viaja hasta el gélido norte, por donde deambula Adam, con la intención de aniquilarlo. Pero falla en su propósito y muere por el frío. Adam, melancólico, lo entierra. Solo, sin nadie en el mundo, se enfrenta a una legión de demonios, derrotándolos y encontrado cobijo en la Orden de Las Gárgolas, criaturas sacramentales que se dedican a luchar contra el mal.
Se produce una elipsis extraordinaria y la acción se ubica en tiempo presente. Adam, como inmortal, sigue buscando destino y un sitio en el que se le quiera. Mientras tanto, Ángeles y demonios siguen su pelea. El señor de la oscuridad, Noberius, interpretado por el actor inglés, Bill Nighy, pretende hacerse dueño del mundo, para ello roba el libro de Víctor Frankenstein, y siguiendo a rajatabla sus apuntes acerca de la resurección de la materia muerta, aplica la teoría sobre un ejército de cuerpos muertos para crear un ejército de guerreros sin alma para someter tanto a los humanos como a las rebeldes gárgolas.
Filme llamativo y colosal, muy espectacular y vibrante, repleto de encarnizadas luchas muy bien coreografiadas, que desarrolla una historia típica del bien contra el mal, que no olvida sus raíces románticas, sobre todo con la aparición de la doctora Terra, interpretada por la actriz, Rosamund Pike, que adquiere, también, un tono apocalíptico y pesimista, y sus componentes artísticos, es decir, tanto fotografía como efectos digitales, resultan estupendos, y habría que añadir, para terminar, que su atmósfera y cuidado diseño de decorados está bastante conseguido. No defrauda esta visión y relectura del mito de Frankenstein y, según mi modesta opinión, la película se agradece mucho más que el nuevo capítulo de “X Men”.

VACACIONES PELIGROSAS

NO TE FÍES DE UN EXTRAÑO
La buena literatura siempre tiene que servir de inspiración a guionistas y cineastas, e, incluyo en el paquete, a los productores, avispados y sagaces rastreadores de historias atentos a cualquier atisbo de chispa, bien sea por el camino de la originalidad del texto o por la simple complacencia de extraer de una novela, u otro formato en letra impresa, una simple anécdota para armar, a ser posible, un éxito de taquilla.
Todas las semanas en la cartelera cinematográfica entra alguna película basada en una obra literaria o en algún artículo periodístico o reportaje. Da igual, todo sirve. Inclusive, hace siete días, se estrenaba en España, aunque no entró en la programación de las salas riojanas, el filme, “La mujer invisible”, segundo largometraje dirigido por el actor, Ralph Fiennes, que también interviene en el reparto, reservándose el atractivo papel del escritor, Charles Dickens. La cinta, muy británica, es decir, ortodoxa y escrupulosa en diseño de producción y vestuario, cuenta, con elegancia y belleza visual, las correrías sentimentales del autor de David Coperfield con la entusiasta del teatro, Nelly Terman, interpretada, con gran fuerza y seguridad, por Felicity Jones.
Ahora, es decir, a partir de mañana, un nuevo título, de origen novelesco, intentará, y a buen seguro que lo conseguirá, seducir al espectador, ya no sólo por el reparto, que es súper llamativo, sino, y a mi juicio, muy importante, porque su guión está basado en una obra de la fascinante y retorcida escritora norteamericana, Patricia Highsmith. Se trata del filme, “Las dos caras de enero”, que estuvo en la 64 edición de la Berlinale, y está dirigido por el realizador de origen iraní, Hossein Amini. Viggo Mortensen, Kirsten Dunst y Oscar Isaac conforman el elenco actoral.
Los aficionados al cine que hayan tenido la oportunidad y el placer de visionar trabajos tan memorables y recordados deudores de la imaginación de Patricia como “A pleno sol”, de René Clement o “El amigo americano”, de Win Wenders, dispondrán de un conocimiento tan arrollador y determinante para intuir el veneno y la chulesca arrogancia que esconden las aviesas intenciones de la introvertida y esquiva señora, Highsmith.
El argumento y planteamiento de “Las dos caras de enero” son indisimulables y afines a sus maestras y afiladas intrigas criminales. En esta ocasión la acción se sitúa en 1962, en la ciudad de Atenas (Grecia). Hasta aquí viajan la típica pareja de turistas enamorados. El calor aprieta. El ambiente es seductor. Un extraño, en forma de guía turístico, Rydal, se junta al matrimonio, atraído por la belleza de la joven, Colette, y abducido por la ambigua y fascinante manera de comportarse de Chester. Rydal es un timador de baja estofa. Y como tal sabe buscar sus oportunidades. El chaval no es un lince, sobre todo cuando los acontecimientos le superan y se ve envuelto por su torpeza e instinto de macho alfa obnubilado por la carne que le impide ver con prontitud el lío criminal en el que se va a ver envuelto. A partir de aquí, y teniendo en cuenta como se las gasta, Patricia Highsmith, un atribulado juego de apariencias y nada parece lo que es se apoderará de los acontecimientos de tal manera que el suspense y las contradicciones típicas de los humanos encauzaran el filme hacia soluciones inesperadas.

–————————————UN TIPO TONIFICADO————————————————-

Espero y deseo que entre partido y partido de fútbol del Mundial de Brasil me dé tiempo de echarle un vistazo a la comedia, “No hay dos sin tres”, dirigida por, Nick Cassavetes, e interpretada por Cameron Díaz, Leslie Mann, Kate Upton y Nicolaj Coster-Waldau.
Éste último, un actor guaperas y cachas, encarna a un tipo ligón y sinvergüenza. Las tías se lo rifan y el colega no tiene problemas para enrollarse con las mujeres. Seductor y de gatillo fácil. Su novia de siempre está coladísima por él y se siente realizada al lado de semejante hombretón. El conflicto se origina cuando la guapa, sexy y muy atractiva, Díaz, se entera que su novia se ve furtivamente con otra señorita. Claro, eso es inadmisible y no se puede aguantar y tolerar. Cuando conoce a su rival resulta que en vez de declararle la guerra y señalarla como su enemigo a eliminar, resulta, por el enredo del guión, que las dos chavalas se hacen amigas íntimas. Se llevan tan bien que por esas casualidades del destino son informadas que su Don Juan tiene otra mujer escondida. Y lo mismo. Cuando la conocen en vez de pegarle una patada en el trasero se muestran orgullosas de haberse conocido. Y juntitas planean un severo castigo al irrefrenable amante.
Pues eso, una comedia, con un buen director detrás de la cámara que a buen seguro hará todo lo posible para que la función sea lo más entretenida posible.

DERRIBANDO MUROS

CRUZANDO LA FRONTERA
Voy a suponer que aunque sin saberlo por confirmación concluyente, existe, por número de películas, una corriente cinematográfica enfocada a observar el enquistado y perenne conflicto palestino/israelí con una mirada pacificadora y de concordia. Intentando reducir su confrontación a términos, al menos, de diálogo. Y sin duda se trata de una buena predisposición a rebajar la intensidad y frecuencia de las continúas y graves algaradas.
Aún así, como digo, se trata de un pequeño puñado de filmes. Todavía insuficientes. Dominando, ya no tanto por goleada, aquellas cintas que prefieren utilizar el cine como vehículo para expresar las diferencias irreconciliables. Utilizando en sus argumentos el tema del terrorismo como método para imponer la guerra en un lugar geográfico en el que de momento es imposible la paz.
Toda esta breve y liviana reflexión viene a colación por el estreno el viernes pasado en la cartelera riojana del bienintencionado filme, “El hijo del otro”, dirigido por la cineasta, Lorraine Lèvy. Se trata de un drama de una intensidad y fuerza arrolladora. Sustentado por un guión que sólo por contar su espinosa sipnosis devienen un torrente de sensaciones e ideas todas ellas encaminadas a establecer a priori un estilo explosivo y beligerante para relatar su contenida fábula.
Un médico reúne a una mujer israelí para comunicarle el espantoso error que se cometió en el hospital de Haifa durante un bombardeo. En ese instante ella y otra mujer de origen palestino estaban pariendo a sus hijos. En la descordinación por las deflagraciones, se cambiaron los niños. Durante diecisite años, Yousef, de sangre árabe, ha vivido a cuerpo de rico en una casa próspera judía, recibiendo una educación religiosa acorde con su origen. Yacine, de sangre hebrea, ha vivido en la franja de Cisjordania como un árabe más pero matizado su odio por haber completado sus estudios en París.
A los pocos minutos de metraje el choque emocional alcanza su momento más terrible e incómodo. ¿Qué hacer? ¿Cómo resolver la diáspora? ¿Qué es mejor para los chavales? Menos mal que para resolver el apuro, nada sencillo y al alcanze de cualquier estómago, la realizadora, con bastante buen juicio, opta por plantear la primera sacudida desde el punto de vista de las mujeres, de las madres, sufridoras al parir, que en la decisión de alcanzar una acuerdo “amistoso”, entierran, por lo menos al principio (luego ya se verá), cualquier arma de guerra para convertir la “tragedia” en una oportunidad de diálogo y acercamiento.
Emmanuel Devos, actriz francesa de prestigio y solera, y Mehdi Dehbi, como Laila, la madre palestina, conforman, desde la grandeza del sentimiento femenino, y con sosiego e inteligencia, una postura admirable, quizás algo melindrosa, para suavizar “el marrón”, todo lo contrario que los padres, uno oficial del ejército, el israleí, el otro ingeniero, pero mecánico de automóviles en su trabajo habitual, que al enterarse de lo ocurrido sus mentes navegan hacia las zonas oscuras de la enemistad más encarnizada.
Como he dicho, si las dos mujeres tienen siempre el impulso y la voluntad de arreglar el problema sin perjudicar y violentar una situación geopolítica nada amigable, lo mismo se puede decir de los dos muchachos, que en sus visitas a las dos zonas separadas por el ignominioso muro perciben esos rasgos identitarios propios a su sangre que les hace ver, posiblemente, de forma algo ingenua, que de la calamidad y dislate se conquista, poniendo mucho de cada parte, una amistad hermanada que sin el error de la enfermera no hubiera existido.
Cine valiente, reflexivo, que abre debate, pretende cerrar heridas, repleto de diálogos que no dan puntada sin hilo, observaciones excelentes, dominado por un tono relajado y moderado, que quiere gustar, más a occidentales que a los propios interesados, que pretende ser, con un lenguaje sencillo y un contexto estético naturalista, una “quimera solución” llena de buenas intenciones.

LAS LEYES DE LA ATRACCIÓN

CASI TODO SOBRE MI MADRE
Canta Juan Manuel Serrat: “Este puede ser un buen día…”. Estribillo que utilizo a mi libre albedrío para saludar la llegada de nuevo e interesante material a la cartelera de cine riojana.
Una vez más, y como ya viene siendo habitual, algunos estrenos, de marcado acento autoral, se quedan fuera de nuestro ámbito de exhibición. Se podrán recuperar más adelante, imagino, en su formato DVD y Blu Ray.
Lo que entra el próximo fin de semana está marcado por dos títulos de indudable impacto y trascendencia en su vertiente más comercial. Se trata de dos largometrajes muy publicitados desde hace unos meses y que parecen estar predestinados a convertirse en filmes muy respaldados por la taquilla. Me estoy refiriendo a, “Maléfica”, dirigida por, Robert Strombert, cuyo poderío se afianza en el reparto, encabezado por la imprevisible, Angelina Jolie, capaz, ella solita, de lo mejor y lo peor. Le acompaña en el reparto, Elle Fanning. Como no la he visto, y tampoco me despierta mucha emoción, puedo escribir, por lo que he visionado en su trailer, que se trata de una relectura del clásico, “La Bella durmiente”, que la actriz Angelina Jolie encarna a una bruja malvada obsesionada con imponer sus perversas leyes con tal de garantizar la infelicidad del Rey y su hija. Producción Disney con excelentes técnicos en el apartado de efectos especiales.
El otro título de relumbrón es, “Al filo del mañana”, una espectacular aventura futurista interpretada por el cada vez más rancio, Tom Cruise, y la sugerente, Emily Blunt. El sombrío asunto sigue las pautas de cierto cine norteamericano preocupado por el apocalipsis o la destrucción de la Tierra por fuerzas del más allá de las estrellas cuya maquinaria de guerra es letal e imparable y que el héroe de la función y salvavidas de la humanidad es un valiente soldado, sin mucha experiencia, que en su primer rifirafe con los invasores es aniquilado. Pero el guionista, muy habilidoso, le da una segunda y no sé cuantas oportunidades hasta que adquiere la destreza suficiente como para derribar a todo bicho alienígena que se pone por delante. Este tinglado, así expresado, con algo de ironía por mi parte, está pensado y diseñado para incondicionales de este tipo de dramas sobre el advenimiento de la definitiva catástrofe. En cualquier caso, por razones obvias, el viernes iré a ver el largometraje para tener una opinión mucho más veraz de su potencial, si lo tiene, argumento.
CUANDO TE ENAMORAS DE LA MEJOR AMIGA DE TU MADRE
Sin embargo, de todo el celuloide que se estrena, recomiendo, porque ya he tenido ocasión de disfrutarla, la excelente, emotiva, brillante y seductora, “Dos madres perfectas”, una obra originaria de Australia dirigida por Anne Fontaine y con guión del prestigiosa escritor, Christopher Hampton. Si además añado que está interpretada por dos actrices guapas y sexys como, Noemi Watts y Robin Wright, el filme acumula avales suficientes como para atraer a un número elevado de espectadores. Y otra de sus virtudes es el tema, nada cómodo, que gira en torno a dos amigas desde la más tierna niñez que han crecido casi como hermanas y que han visto como su duradera e intachable amistad se ha extendido a sus respectivos hijos varones, que se han criado con ellas, desarrollando una amistad irrompible sólo puesta en duda cuando ambos muchachos se enamoran de la madre de su amigo.
La película, que se desarrolla en una zona costera, está inspirada en una novela de, Doris Leasing. Los personajes femeninos están muy definidos. Son mujeres con experiencia, de fuerte carácter y personalidad, responsables e inquietas. Lil (Naomi Watts) acaba de quedarse viuda. La soledad la deja melancólica pero no desesperada y hundida. Roz (Robin Wright), está casada con un profesor. Todo en ellas es cordialidad y afecto, cariño y amor. Se respetan y adoran. No tienen disidencias y conviven sin que nada enturbie su excelente relación.
El drama y punto de inflexión, bien madurado en el guión, deriva de una situación para nada falsa e impostada. Y mucho menos morbosa. Incluso diría que nace provocada por la lógica y por el deseo de atracción hacia personas de diferente edad. Casi como si fuera un juego, coqueto y sensual, nada extravagante y ridículo, todo anticipado por las miradas y el lenguaje corporal, en el que Roz es la primera en traspasar el límite, atraída por la irresistible belleza del cuerpo joven y por la permisividad que otorga el continuo roce con un adolescente al que ha visto casi nacer. Aún así, la relación está dibujada como furtiva, a escondidas, esperando el despiste de los “adversarios” para no despertar sospechas. Pero accidentalmente, Jill, los pilla y se muestra ofuscada y bien por venganza o por un sentimiento soterrado encuentra en el hijo de Roz un sentir íntimo o la escusa para un idilio de amor loco sólo estropeado cuando los acontecimientos pierden su discreción y se convierten en motivo de crispación.
Solo la lejanía de los chavales por asuntos estudiantiles y la aparición de unas novias en el campus universitario parece poner freno a lo que se supone sentimientos pasajeros. Sin embargo nada hace olvidar el esplendor en la hierba.

EL PARTIDO EN MANOS DE UN LOCO

EL DESENCANTO DE LA POLÍTICA
Mientras otras cinematografías del continente europeo, como las potentes Francia, Reino Unido, Alemania e Italia, observan su realidad más inmediata, entre ellas la alta política, con intenciones críticas, aviesas y de denuncia, el cine español, se muestra no sólo indiferente, sino más bien refractario e inoperante para analizar y escarbar en las miserias de las entrañas gubernamentales y en los partidos de la oposición para indagar y reflexionar acerca de la infame catalogación que hoy en día ostenta la fauna política y cómo sus decisiones afectan a los más desfavorecidos.
Todo esto viene a colación por el estreno en España del filme italiano, “Viva la libertad”, escrito y dirigido por, Roberto Andó, que adapta su novela y que muestra una visión amarga y desencantada de los políticos, atrapados por la sed de poder, agotados en las propuestas, desilusionados porque su compromiso se ha corrompido y testigos directos de una cabreada masa de ciudadanos que exigen medidas reparadoras.
La película no ha llegado a la cartelera de Logroño. Tuve la ocasión de verla hace un par de meses y me pareció un material lo suficientemente atractivo como para que su mensaje pudiera llegar con facilidad al espectador común.
Hoy, domingo, día de las elecciones europeas, me parece que “Viva la libertad”, se me antoja una cinta necesaria, provocativa, que te hace pensar, que te despierta, que te sacude y que te hace valorar a los vociferantes e iracundos candidatos como rastreros y necios, todos ellos conjurados, para perseguir, en el caso de las elecciones europeas, un rimbombante escaño en el Parlamento Europeo, que les permita, todos ellos apesebrados y con programas endogámicos, cuidar sus generosos sueldos y aprovecharse de los viajes gratis en primera y gastos de representación para comiditas y cenas.
—————-EL PARTIDO EN MANOS DE UN LOCO——————–
El magnífico y ecléctico actor italiano, Toni Servillo, encarna a dos personajes: a Enrico Oliveri, político del principal partido de la oposición, de izquierdas, y a Giovanni Oliveri, filósofo, intelectual, trastornado y depresivo, pero una mente preclara y juiciosa, acorde con los tiempos de crisis. Son gemelos pero no se ven desde hace 20 años.
Enrico vive sus horas más bajas como secretario general de su partido. Las encuestas lo sitúan con un 17% de aceptación. Meditabundo y triste, sin previo aviso, decide retirarse de la palestra y buscar refugio en casa de una antigua amiga en París.
Andrea Bonetti, el fiel ayudante de Enrico, ante la situación tan incómoda y ruinosa, busca una solución: de chiripa encuentra al hermano gemelo de Enrico, Giovanni, de parecido colosal, y lo ficha para la causa y organizan, acuciado por la ausencia de Enrico, una farsa, una suplantación, un engaño. Lo que ignora Andrea es que Giovanni es un tipo alegre, divertido, sencillo, que pronto causa empatía y aprecio. Su único problema es que acaba de salir de un sanatorio mental y si no toma su medicación pierde la noción de lo que le rodea.

VÍSTEME DE PRINCESA

PRINCESA DE PAPEL COUCHÉ
La vida de famosos en el sentido más amplio de la palabra sigue siendo uno de los filones más manoseados no sólo por la poderosa industria del entretenimiento norteamericana, sino también otras cinematografías buscan con ahínco una trayectoria ejemplar o controvertida como inspiración para armar un entramado argumental.
La etiqueta “inspirada en hechos reales” es una veta inagotable como punto de partida. Luego la sumisión al caso o la relectura del guionista ya depende del libre albedrío de la producción. El caso es que temporada tras temporada el espectador no se libra de la porción, y cada vez más generosa, de ser testigo de la detallada descripción de la grandeza o miseria del biografiado.
Ahora le toca el turno a una mujer que pasó de plebeya, y vinculada a un mundo o sociedad considerada por los más conservadores como frívola y desatada, el cine, a princesa, con todo su oropel y grandilocuencia, de un minúsculo principado europeo, Mónaco.
Mañana entra en la cartelera comercial la película, “Grace de Mónaco”, dirigida por Olivier Dahan y escrita por Arash Amal. Interpretada por Nicole Kidman en el papel de Grace Kelly. El actor, Tim Roth, se encarga del rol del Príncipe Raniero III de Mónaco. Paz Vega encarna a María Callas.
El largometraje es posible que levante alguna expectación. Ignoro si entre la gente incondicional de las revistas del corazón e imantada por la personalidad de la figura retratada, con todos sus clarososcuros, o, por los amantes del cine que quedaron hechizados por su elegancia, no exenta de sosería, que desplegó en sus trabajos delante de una cámara, sobre todo en los majestuosos títulos como “Mogambo”, de John Ford o “La ventana indiscreta”, de Alfred Hitchcock.
La cinta inaguró el festival de cine de Cannes. Si me ciño al material leído escrito por los informadores acreditados, todo parece indicar, y reservándome mi opinión porque todavía no he tenido ocasión de visionar el largometraje, que aparte de una entregada y pormenorizada vampirización por parte de Nicole Kidman para humanizar la alguna observación más o menos conocida (la pasión incontenible que el maestro del suspense sentía por ella), deja una sensación de dèjá vu.
Personalmente, “Grace de Mónaco” no la tengo apuntada como un estreno rotundo que hay que ver sí o sí. Tampoco ha sido una actriz por la que he sentido mucho aprecio. La he considerado siempre ajustada a los papeles que ha interpretado. Y siempre me ha quedado la duda, algo morbosa y erótica, del alcance de los propósitos de Hitchcock si Grace hubiera continuado en el cine y si ésta hubiera aceptado superar sus límites de chica pánfila y maternal. Alguna perversidad inconfesable le rondaba al autor de, “Crimen perfecto”, que quería y deseaba enfocar sobre Grace. Una pena.
——————–SEGUNDAS OPORTUNIDADES—————–
De las películas que se estrenan mañana he tenido la oportunidad de ver anticipadamente, “Dom Hemingway”, dirigida por Richard Shepard, como Jude Law, como reclamo principal. Y, “Redención”, de Steven Knight, con la presencia en el reparto de, Jason Statham.
Se trata de dos thrillers, dos películas de acción, de diferente signo, que resultan más interesantes de lo que cabía esperar. Especialmente la segunda, muy atractiva, con un guión sólido y bien construido, inclusive con reflexiones nada baladís, que presenta al habitual cachas y mamporrero, Jason Statham, que encarna a Joey, un tipo solitario, casi nihilista, parco en palabras pero letal tanto con los puños como con las armas de fuego, cuyo discurrir por una sociedad de corruptos y maleantes es justificar un pasado turbio y vergonzante, actuando y ayudando a los más desfavorecidos y evitarles ser aniquilados por los poderosos. Bien rodado y con una coreografía en las escenas de violencia muy lograda. Además tiene un toque de denuncia que es de agradecer.

LA JUEZA EMBARAZADA

A VER LO QUE PASA

A falta de conocer la programación del complejo de cines “7 infantes” de Logroño, la cartelera prevista para este fin de semana denota, una vez más, importantes ausencias, respecto a los estrenos de otras capitales (también es verdad, que más potentes en cuanto a su número de espectadores), que limita, y bastante, el visionado de un material, a veces importante y destacado, que sería muy recomendable que espectador riojano conociese a la mayor brevedad posible.

Sí es verdad que de vez en cuando, y de forma inesperada, entran títulos de los considerados raros, muy de festival, recomendables, sin descartar a nadie ni categorizar su presencia, para un público atento a un tipo de historias contundentes y más exigentes. De esta catadura, por ejemplo, sitúo, por su extremismo estético y narrativo, la película polaca, “Ida”, de Pawel Pawlikowski, estrenada por los “Moderno”, y que me recordó, salvando las distancias, a los legendarios y míticos títulos de la cinematografía polaca que solía ver en los inolvidables cineclubs de la década de los 70 y 80. Ni que decir tiene que la sesión que elegí el viernes pasado para disfrutar este filme estaba rodeado de apenas siete espectadores.

En cualquier caso, todas las semanas se quedan largometrajes sin estrenar, que se pueden repescar, con el tiempo, de alguna manera, bien en sus formatos domésticos o aprovechando la amabilidad de algún amiguete latinoamericano que te envía la película descargada por internet. Aunque me gustaría o desearía ver los trabajos a la mayor prontitud posible.

EL BANDIDO EN MIS ENTRAÑAS

Una de las curiosidades cinematográficas que se podrá ver a partir del viernes en los “Moderno”, es la cinta de nacionalidad francesa, “9 meses de condena”, una disparatada y tronada farsa dirigida por el también actor, Albert Dupontel.

Si alguien tiene alguna duda sobre el excelente cine que realizan nuestros vecinos franceses, debe asumir el reto y dejarse arrastrar por uno de los géneros que los galos están abordando con éxito y frescura, la comedia. Por no citar, que no viene al caso, otros modelos, como el thriller o “noir” y el tema político, al que dotan de suficientes capas de interés.

“9 meses de condena” es un relato, a priori, chispeante y cínico. Fíjense ustedes: una de las jueces de la Corte Suprema de París más severas e irreductibles en su profesión y que aman con un placer inclasificable la libertad que proporciona la soltería, se queda momificada, por decirlo de una manera amable, cuando en una revisión médica le anuncian que está embarazada. En su agenda anota sus aventuras sexuales y deduce, no sin estupor y casi indignación, que el padre de la criatura no es otro que un delincuente de medio pelo, interpretado por el propio, Dupontel, que la sumirá en una montaña rusa de dudas y vacilaciones. ¿Qué hacer?

Con estos mimbres, que no están nada mal, se pergeña, a mi modo de ver, una historieta sentimental, en plan de coña, que cuando te fijas y atiendes a sus pormenores argumentales, me asalta a la cabeza, como un resorte al que no puedo despachar, la imagen estricta e inclemente, de la Juez de Sevilla, Alaya, con su troley y rostro impávido. ¿A qué si?

EL BANCARIO ATORMENTADO

Otro de los largometrajes que se podrán visionar estos días es, “Inevitable”, una película dirigida por, Jorge Algora, de nacionalidad argentina, inspirada en el texto, “Cita a ciegas”, de Mario Diament, e intepretada, entre otros, por Dario Grandinetti, Federico Luppi y Mabel Rivera.

El punto de partida tiene que ver con la presión y estrés que sufren los empleados de banca. Uno de ellos, en pleno trabajo, rodeado de compañeros, sufre un infarto y cae fulminado al suelo. Grandinetti es un directivo bancario que ante la situación que sufre el gremio decide poner sus atormentados criterios en conocimiento de una psicóloga. En uno de los encuentros conoce a una joven de la que se enamora y viven una relación tórrida y pasional.

El tema, por lo que toca, me atrae y el viernes descubriré cuáles son sus mejores secretos y apuntes.

La Rioja

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