EL CINE QUE NO LLEGA

Ojeando la cartelera comercial de mañana observo la creciente dificultad para encontrar en los locales de exhibición cinematográfica de la comunidad ese título destellante que un servidor ha tenido ocasión de apreciar en los festivales de cine que visita y que permanece ausente, una semana más, de nuestras pantallas.
En esta ocasión me estoy refiriendo al curioso, sorprendente y simpático filme, “El extraordinario viaje de T.S. Spivet”, escrito entre Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant, y dirigido por el primero.
El autor de “Delicatessen”, fiel a su proverbial y polivalente estilo visual, pleno de recursos narrativos y de cuidada estética visual, propone, una vez más, una imaginativa fantasía, mezcla de aventura y road movie, en el que un despierto chaval de 12 años, que vive con sus padres en una granja de Montana, emprende en solitario un viaje hasta Chicago para recoger un premio otorgado por una prestigiosa institución científica.
La película, rodada con mucho gusto y poseedora de una fotografía muy elaborada, está dividida en capítulos. La primera hora es fascinante y rica en matices y descripciones. Dibuja con gracia e ironía a la familia de granjeros, en el que vemos al padre perfilado como un genuino y tosco cowboy y una madre obsesionada con meticulosidad por los insectos. En este ambiente y con una educación en la que se juntan dos ADN poco ortodoxos, el inteligente chaval logra despertar un interés por materias de variada índole, mostrándose en la pantalla a modo de gráficos y fórmulas sus extraordinarias dotes para los cálculos y su capacidad creativa para la investigación y los experimentos.
Con este alucinante bajage, de indudable precocidad, y sin el consentimiento de sus extrovertidos padres, el inquieto e intrépido muchacho se lanza a recorrer de Oeste a Este una larga travesía, entre emocional y sentimental, utilizando varios medios de transporte, para llegar a un foro de sesudos científicos en los que impartirá una conferencia sentando las bases de sus razonadas teorías.
El filme, pese a su extravagante naturaleza, tiene toque y aroma muy americana, de aventura iniciática, algo disparatada y rocambolesca, pero subrayando los elementos icónicos, ambientes, postulados desde hace años por el cine norteamericano, entre la idealización y la desmitificación. Inclusive, en su tramo final, el bautizado como “el Este”, Jean Pierre Jeunet aprovecha la ironía y la mala leche que le caracteriza para criticar y denunciar a personajes como el interpretado por Judy Davis, una oportunista que quiere aprovecharse de T.S. Spivet y lanzarlo a la fama a través de un apestoso programa de televisión.
Confío que el día de mañana este apreciable título pueda verse en la obligada VO en el Teatro Bretón o en la Filmoteca Rafael Azcona.

–————————————————-CASINO JACK————————————————-

De los estrenos de la semana pasada, de esos que pasan sin dejar huella y como una exhalación, me llamó la atención la cinta, “Corrupción en el poder”, dirigida por, George Hickenlooper. Se trata de una producción del año 2010, estrenada ahora de tapadillo, sin apenas publicidad e inspirada en hechor reales. Curiosamente, tras finalizar el rodaje, su director falleció con apenas 47 años.
La película, intepretada con un cinismo galopante por el actor, Kevin Spacey, es una furibunda diatriba contra los aledaños del poder, es decir, los famosos y corruptos, lobbys. Al inicio del filme te explican el significado de la palabra, bastante utilizada hoy en día por los picajosos medios de comunicación. Al escuchar su definición, sientes miedo y asco a la vez. Se trata de grupos poderosos que con una maestría marrullera influyen en personas con mucha pasta para favorecer determinados intereses y obtener pingües beneficios.
Kevin Spacey encarna al lobbista, Jack Abramoff, un tipo inmoral y sin escrúpulos, cercano a la administración republicana (son los años de George Bush Jr como Presidente) que maneja un sucio e ilegal tinglado supuestamente para favorecer a una minoría india ante el Congreso que esconde y oculta una torticera maniobra para hacer negocio en Florida con unos barcos convertidos en casinos flotantes.
Entre los temas que aborda el largometraje hay uno que me atrae bastante. Y es la forma en la que actúa la justicia en los EE.UU. No hay esos aforamientos que rompen el equilibrio de igualdades y que si cometes delito te juzgan y te meten en la cárcel. Conviene ver la cinta hasta los títulos de créditos finales porque se ven imágenes del verdadero Jack Abramoff en actos políticos republicanos hablando bondades de sus líderes.

CANTA A LA VIDA

Aunque no lo parece, estamos en verano, y como es costumbre en estas fechas, las distribuidoras de cine reservan para la canícula sus lotes de películas de saldo. Es decir, un puñado de títulos que salvo honrosas excepciones carecen de atractivo hechizante y fulminante.
Aún así siempre es menester estar alerta y detectar oportunidades. No bajar la guardia y pese a la temporada vacacional es preferible seguir coqueteando con la afición al séptimo arte por si entre tanto descarte se cuela alguna obra que merezca la pena repasar.

TESTOSTERONA

Este no es el caso de, “Sabotaje”, título que ya he tenido la ocasión de ver y, a mi juicio, sólo recomendable para los tronados incondicionales de los filmes de persecuciones y mamporros. Está dirigida por el realizador norteamericano, David Ayer (1968), responsable, entre otros trabajos, de producciones como, “Sin tregua”, “Dueños de la calle y “Vidas al límite”.
Todas ellas relacionadas con el thriller, el cine policíaco y la trama criminal. Tienen un poso de amargura y tragedia. Están armadas con fiereza y componen miradas escépticas sobre el mundo de la ley. En sus discursos se pueden detectar denuncias y corrupciones de variado pelaje. Unido todo forman un relato áspero y vibrante.
De este perfil se descuelga, “Sabotaje”, simple e iracunda, con toques gore (cadáver atornillado al techo y cuerpos humanos despanzurrados que una cámara morbosa no duda en filmar tripas e intestinos), sobre un grupo especial de agentes de la DEA, encabezado por John Breacher (Arnold Schwarzenegger), que tras una misión desastrosa contra un cartel de narcotraficanes en la que asuntos internos sospecha que se quedaron con el botín, son apartados del trabajo y cuando se les vuelve a entregar las credenciales y armas, alguien, sólo o acompañado, está eliminando, de una forma salvaje y cruel, a los miembros del grupo.
Venganza y traición, lealtades y renuncias, son algunos de los temas que se cruzan por su agitada historia, algo previsible, que llama la atención porque los componentes son casi todo hombres y la única mujer, Lizzy, encarnada por la actriz, Mereille Enos, rezuma una ansiedad varonil que sus reuniones y ejercicios se convierte en un canto a la testosterona. El poco toque femenino lo pone, Olivia Williams, que interpreta a la agente federal, Caroline, encargada de investigar de cerca a los sospechosos de haberse apropiado 10 millones de dólares.

LAS CANCIONES COMO TERAPIA

Otra cinta que ya he tenido ocasión de disfrutar es, “Amanece en Edimburgo”, que entra mañana en la cartelera y además lo hace en su versión doblada al castellano y subtitulada. Ni que decir tiene que recomiendo encarecidamente la VO. Está dirigida por, Dexter Fletcher (“Wild Bill”) y se trata de un melodrama musical que toca varías vías aunque siempre se impone la sentimental.
Dos jóvenes soldados que han intervenido en una trágica operación en Afganistán, regresan a su ciudad, Edimburgo. Aquí, en medio de una ciudad preciosa y captada en tono festivo, se reencuentran con la familia, los amigos y las novias. Todos los conflictos se plantean, se desarrollan y se resuelven con la interpretación de las canciones del grupo, The Proclaimers.
El espectador asiste a una serie de situaciones cotidianas y universales. Los hogares, las calles escocesas y los pubs son los escenarios en los que acontece la acción. Entre lo más destacado del filme está la poderosa interpretación del actor, Peter Mullan. Sobre él y su mujer recae la diáspora más incisiva, aunque se corrige con un tono demasiado melindroso.
La película es agradable y muy agradecida. Disfrutas observando las veleidades de los sentimientos y las emociones de los jóvenes, su presente y su futuro, sus momentos dulces y sus insignificantes rifirrafes. Y, sobre todo, es la frescura que aporta un musical que aunque intrascendente y algo melifluo, logra contagiarte la pasión por la música y las soluciones a los problemas resueltos en medio de la calle con la solidaridad de los traseúntes que se unen al jolgorio interpretando los populares temas del repertorio de los The Proclaimers.

COLOSOS DEL SEXO

BUENA CARTELERA PARA LA SEMANA ENTRANTE
Nunca es tarde si la dicha es buena. Esta frase hecha viene a colación por la inesperada aunque satisfactoria entrada en la cartelera comercial riojana de un par de títulos fechados en meses anteriores y que ahora al calor del verano sofocante encuentran un hueco en la programación.
Siempre es refrescante y valioso tomar posición ante la llegada de material que sabes avalado por su paso por los festivales de cine o juzgado y recomendado con cariño por los profesionales de la información cinematográfica que han tenido la oportunidad de valorar sus imágenes anticipadamente.
En esa misma línea me sitio para llamar la atención del posible lector y espectador y subrayar la emoción que me produce que dos películas que ya he tenido ocasión de ver con antelación lleguen a las pantallas de Logroño. Me refiero a los largometrajes, “Las vidas de Grace”, que la vi en la prestigiosa Seminci vallisoletana; está dirigida por, Destin Daniel Cratton; y la otra es “Stockholm”, una producción española, de notable aceptación, realizada por Rodrigo Sorogoyen e interpretada por los actores, Javier Pereira y Aura Garrido. Si que es verdad que ésta última ya tuvo un pase en el Teatro Bretón a propósito de su elección para ilustrar el ciclo de proyecciones especiales los domingos a las 19.30. En cualquier caso, y a rebufo de las temperaturas calentitas de estos días, no está de más volver sobre ella para llenar cualquier hueco que en su momento no se llenó, recuperarla si nos dejó KO en su primer pase o acudir sin más a disfrutar de una cinta que ha cosechado encendidos entusiasmos.
Estas dos obras gozan, además, de estar enfocadas y planteadas con mimbres exigentes. Tocan temas de interés y sus propuestas son apetecibles y rigurosas. Te invitan a contemplar situaciones cotidianas y universales en la vida laboral y afectiva. Por lo tanto, sus puntos de vista, nada frágiles y baladís, apuntan, y es de destacar, hacia personajes y entornos de gente más o menos joven, con su problemas, alegrías y fracasos.
“Las dos vidas de Grace”, es un drama que resulta más lógico apuntarlo por su título original, “Short Term 12”, que hace referencia a un centro de acogida de adolescentes especiales en el que el foco principal se pone narrativamente desde los sentimientos y emociones que transforman a una de sus entregadas monitoras, Grace (Brie Larson) cuando se interesa por una nueva paciente que padece traumas afilados (abusos sexuales por parte de su padre) y que le arrebata la estabilidad.
Más evanescente resulta, “Stockholm”, otra prueba del aguerrido e intrépido cine español, rodada en un impecable blanco y negro, cuya acción transcurre durante una noche y la mañana siguiente, que comienza como una comedia típica y tópica de chico busca chica, chico encuentra chica, chico y chica se acuestan, y chico y chica…bueno aquí mejor no escribir nada más, dejar un poso de suspense (sí, ya sé, un suspense de escasa enjundia y originalidad; pero no sé hacerlo mejor) y que sea el espectador el que tropieze y se desconcierte con la parte final de la película, quizás uno de sus pilares más sólido, por lo menos, para mí. Por cierto, tanto Javier Pereria como Aura Garrido están maravillosos; con una gran química entre ellos y muy convincentes en sus respectivos roles. Gracias a su trabajo interpretativo consiguen meterse al público en el bolsillo. Pocas situaciones y diálogos muy elaborados y espontáneos refuerzan una comedia romántica con tintes trágicos que gana con el paso de su metraje.

–———————————-COLOSOS DEL SEXO——————————————————

Mañana llega a la cartelera, “Sex tape: algo pasa la nube”, de Jake Kasdan, con Cameron Diaz y Jason Segel, componiendo un matrimonio fogoso y al que le gusta divertirse fornicando. Sus ganas e ímpetus son irrefrenables y para poner a prueba su osadía y atrevimiento acuerdan darse un homenaje en su estabilidad sexual que organizan una orgía sin tapujos filmándose en sus circenses posturas coitales. Ni que decir tiene que la juerga es todo un éxito pero la grabación en vez de quedarse en el disco duro o ir a parar a la papelera como un desecho queda divulgado en el nuevo espacio virtual conocido como “la nube” al que tiene acceso todo el que esté interesado. Abochornados y desquiciados emprenden contra reloj la tarea de evitar que el lujurioso contenido llegue a los ojos de su entorno familiar y profesional. Sin más. Puede estar graciosa. Me la apunto para este fin de semana. Tiene algo de friki y tontorrona que es necesario descubrir. Ya veré.
“Vampire Academy”, de Mark Waters y “Llenar el vacío”, codirigida por Rama Burshtein y Yigal Bursztyn, amplían las posibilidades de ver cine diferente y de variado pelaje.

PELÍCULAS DE VERANO

OLEAJE CINEMATOGRÁFICO
El verano es la época del año que con bastante diferencia absorbo la menor cantidad de celuloide. Mis quince días de vacaciones son genuinamente playeros. De relax y descanso. La lectura ocupa un espacio importante. Todos los días el periódico y por las tardes, los libros. “Una verdad delicada”, de John Le Carre, que no me ha entusiasmado, y “Hasta el último aliento”, de José Giovanni, excelente y briosa novela, además de lecturas cinematográficas, han sido los libros elegidos para esta canícula.
Pero no me olvido de los estrenos. Me suelo escapar a Valencia, a veinte minutos del Mareyn de Barraquetes (Sueca), lugar que elijo para disfrutar del período vacacional, y tratar de encontrar, entre tanto programa comercial, alguna película que me satisfaga y que rompa con una cierta rutina de producto veraniego. Y qué duda cabe que entre tanto material de saldo siempre hay en la cartelera un par de obras que hagan que el desplazamiento valga la pena.

MÚSICA Y SENTIMIENTOS

No desaproveché la tarde viendo y disfrutando, “Begin again”, una estupenda, entretenida, emotiva y moralista fábula en clave musical dirigida por John Carney, el mismo cineasta de la apreciable, “Once”.
Muy bien interpretada en su elenco actoral por la estrella, Keira Knightley y el siempre resuelto e interesante, Mark Ruffalo. Ni que decir tiene que a éste último habría que empezar a tenerlo muy en cuenta porque a parte de elegir muy bien los proyectos es un hombre fascinante, completo, que se atreve con todo y rara vez desbarra.
La pinta que tiene, a mi juicio, la producción es de las que te enganchan desde los primeros fotogramas. Se trata de una cinta con todas las características, para lo bueno y lo regular, del cine independiente. Historia de medio perdedores (me encanta, me fascina, esa semblanza muy enraizada en la cultura norteamericana), de sueños, frustraciones, alegrías y pequeños triunfos. Sus diez minutos iniciales son bellísimos y colosales: un puñado de personajes, de linaje diverso, se reúnen en un garito de copas y el guión relata los pasos que cada uno ha dado hasta llegar al bar y conocerse gracias a la música. Los derroteros siguientes por lo que se desarrolla la historia tiene de todo un poco, desde su lado condescendiente en la observación de las dificultades para criar a los hijos adolescentes y conciliar esa lucha entre padres separados, con la visión, no sin ironía, del actual negocio discográfico, prefabricado y sin fantasía y riesgo.
A mi me parece que “Begin again” es un largometraje muy digno, que toca temas de interés, que retrata con gusto lugares de Nueva York y que no cae en la tentación del cuento baboso y melindroso. Salvando las distancias, se parece, se acerca o son de idéntica estirpe a “Francis Ha”, otro filme de patrones similares. Si todavía no han visto el último trabajo de John Carney, háganme caso, vayan a verla y disfruten de una velada romántica (en el mejor sentido de la palabra) y paladeen su frescura y entusiasmo.

FRITANGA CUBANA

Convencional y sosa anoté en mi inseparable libreta cuando salí de visionar, “Chef”, escrita, interpretada y dirigida por Jon Favreau. No me hizo falta más adjetivos. Tampoco me propuse calentarme la sesera para calificar esta película como predecible y aburrida. Si en un periódico tuviera que coronar mi reseña con una numeración o ristra de símbolos, como estrellas, no pasaría del 1. Más sería traicionarme y estafar al lector. Y la verdad es que la gente, es decir, el público, disfrutó bastante con las tribulaciones de un cocinero experimental que se larga del restaurante en el que trabaja porque su jefe, el siempre magnífico, Dustin Hoffman, le exige que se ciña al menú tradicional y se deje de experimentos. A parte de este conflicto, su enfrentamiento con un famoso e icónico crítico gastronómico le empuja a replantearse un nuevo giro en su cocina. Tanto es así que cambia el lujo por una camioneta donde sirve bocatas de origen cubano. El asunto se convierte en un éxito y además logra empatizar con su hijo y que su ex le tenga en cuenta por si existe la posibilidad de un arreglo. John Leguizano hace de pinche de confianza y Robert Downey Jr se gana con creces el cocido. Poca cosa.

HORROR A TRAVÉS DEL OBJETIVO

Me gustó bastante, “Mil veces buenas noches”, un duro y escalofriante relato dirigido por el noruego, Erik Poppe. Una obra, para nada cómoda, que abre un áspero y espinoso debate en torno a lo que capta el objetivo de una reportera gráfica en lugares conflictivos y arriesgados.
Cine moral a la hora de medir el horror de la guerra y la vida. Sus secuelas y consecuencias. Reflexión sobre periodismo y encrucijada del testigo que ve desfilar acontecimientos que te repelen pero tienes que fotografiarlos o contarlos.
El personaje central se llama Rebeca, interpretada por Juliett Binoche. Fotógrafa experta y con instinto. Veterana y aguerrida. Meticulosa y apasionada. No deja rescoldos por recoger con su herramienta. En Afganistán asiste a los preparativos de una mujer bomba. Su entereza, pulso y sangre fría no la conmueven. Pero cuando estalla el artefacto y su honda expansiva le alcanza, queda dañada. Entonces se replantea asuntos de calado humano y profesional. Porque es una deflagración que te indica que este mundo, de la que ella es testigo privilegiada, es una locura, una aterradora tragedia imparable. Ella observa que todo está dividido y podrido. Que entre todos nos estamos cargando la belleza de la vida. Y Rebeca tiene un marido, y dos hijas. Y esta gente también opina. Y tienen sus sentimientos y posicionamiento acerca de lo que hace y a lo que se dedica Rebeca. Cuando regresa a casa, es testigo de otro conflicto, en este caso, familiar; y muy grave. Tiene que saber vivir sin la cámara…pero cuesta tanto.
Todavía está en cartel este filme muy recomendable que no habría que perder de vista porque plantea y sugiere temas llamativos y que no dejan a nadie indiferentes.

VIAJE A LA TIERRA DEL MAÑANA

SIEMPRE HAY UN MAÑANA
Cada semana y de manera invariable entra en la cartelera la típica superproducción norteamericana de lujo, rodada con un presupuesto desorbitado y auspiciada por un estudio de reputada solvencia diseñada como producto industrial de irreprochable encanto e ideada para conquistar a una masa de jóvenes espectadores dispuestos a entregarse a fascinantes aventuras galácticas.
Esta vez, el turno le ha correspondido a la grandiosa y espectacular, “Tomorrowland”, una coqueta producción de Disney, interpretada, como reclamo principal, por el actor, George Clooney, y dirigida por el estupendo técnico, Brad Bird.
La misión de la película, de apabullante campaña publicitaria, es, gracias a las 500 copias con las que la distribuidora pone al servicio de los exhibidores, exprimir al máximo su potencial comercial en apenas tres semanas y dejar por el camino un reguero de abundantes euros para compensar los abultados costes de cintas de este calibre.
Por lo visionado en las imágenes promocionales, el filme, de aspecto muy juvenil, parece vincularse en la medida de lo posible con éxitos recientes como, “Los juegos del hambre” y sucedáneos, tipo, “El corredor del laberinto”. Un modelo de cine, con una tipología de personajes, que parece enganchar y engatusar a una porción muy amplia de espectadores, muy dispuestos a recibir, sin muchos impedimentos, estas aventuras de corte fantástico, por las que se cuela, a veces, reflexiones o mensajes acerca del mundo, de los humanos y su relación con futuros venideros.
Rodada, entre otros escenarios, en la ciudad de las ciencias de Valencia, “Tomorrowland”, a falta de conocerla en la intimidad de la sala de proyección, flirtea, espero con éxito, esmero y cierta capacidad intelectual, con reflexiones acerca de sitios situados más allá de la imaginación donde convergen una raza privilegiada de humanos expulsados del paraíso terrenal. Como siempre, hay que esperar su visionado para dejar las ideas claras, que a mí este tipo de cine, muchas veces, me parece sobrevalorado y repleto de tonterías.

ZAPATERO A TUS ZAPATOS
El título original, “The cobbler” (“El zapatero”) se ajusta con más exactitud a cuanto acontece en la pantalla que el soso, “Con la magia de los zapatos”, más tontorrón y dispuesto a desvelar el secreto que esconde, a mi juicio, decepcionante filme.
Como ya he tenido ocasión de ver la cinta, la verdad es que me he llevado un chasco tremendo. Esperaba mucho más de un guión escrito por Thomas McCarthy y Paul Sado y dirigido por el primero. De Tom McCarthy todo lo que había visto de su filmografía me resultaba hermoso y muy emotivo. Con historias simples pero audaces. Rodadas con mucho tacto y, sobre todo, encanto. Tiene una mirada muy observadora y se fija en personajes afligidos e introvertidos. Su gama de temas no es muy amplia pero si certera y llena de matices. La soledad, desazón y la hostilidad exterior están presentes en algunos de sus mejores trabajos. A mi me robaron el corazón, “Vías cruzadas” y “The visitor”, dos piezas fundamentales de su trayectoria, no muy extensa pero sí interesante.
Sin embargo, su buena progresión, se rompe, aunque no de forma drástica, ni para lamentarse con esta comedia agridulce, de tono fantasioso, acerca de un tipejo, llamado Max, de origen judío, interpretado por, Adam Sandler, tan monigote como es habitual en él, que hereda de su padre el oficio de zapatero, y cuyo establecimiento comercial y taller está ubicado justo en un barrio al que una especuladora sin escrúpulos, encarnada por Ellen Barkin, pretende expulsar a los comerciantes para rehabilitar la zona con la entrada de nuevos propietarios.
Este apartado, en el que se puede adivinar una lectura de denuncia, con un dibujo un tanto extravagante y extrovertido de los mafiosos, se completa, en su vertiente cómica, aunque con un humor de tapadillo, con una parte, de arranque sutil, en el que el director introduce un elemento nuevo, la fantasía, con la animosa posibilidad de adquirir una personalidad extraña poniéndose los zapatos de sus clientes. De esta manera vivirá una serie de percances y situaciones variopintas y juguetonas pero nunca desternillantes ni excesivamente llamativas. Perdiendo la inestimable posibilidad de sacarle partido al enredo y a los momentos comprometidos.

TODOS LOS HERMANOS ERAN VALIENTES

AVALANCHA DE ESTRENOS
Ojalá, y así lo quisiera, todas las semanas se caracterizaran en un modelo de estrenos comerciales idénticos a los títulos que entran a partir de mañana en las pantallas de las diferentes empresas de exhibición. Puedo confirmar que si por mí fuera sugeriría que se mantuvieran similares patrones de decisión para seleccionar el material que en apenas unas horas el espectador de La Rioja va a tener a su disposición la oportunidad de visionar algún trabajo de los que considero imprescindibles. Aunque, a mi modo de ver, la mejor producción, la que considero la película de todas las que he visto que supera con creces a todas las demás, “Corn island”, una modesta cinta de origen georgiano dirigida por, George Osvashvili, no ha logrado encontrar un hueco en nuestra región. Es una pena porque se trata de un filme minimalista, con apenas cinco personajes, de tono costumbrista y vocación documental que se centra en el arduo y fatigoso trabajo de un agricultor que aprovecha la formación de islas por el arrastre de tierra por las crecidas de caudales de los ríos afluentes del Mar Negro para plantar y cultivar maíz y aprovechar el buen tiempo para almacenar víveres para el duro invierno. La película triunfó en el festival de Karlovy Vary y tiene un rigor narrativo y una fuerza expresiva de notable calidad. Una pena.
HERMANOS ENFRENTADOS
A mi juicio, de todos los estrenos, el más resplandeciente y afilado es, “Lazos de sangre”, un sugestivo y atractivo thriller escrito por el interesante cineasta frances, Guillaume Canet, responsable, entre otros trabajos, de títulos con cierta consistencia y observadores con ironía de conductas humanas como, “Pequeñas mentiras sin importancia”, que llegó a estrenarse en España y gozó de la atención del espectador y prestigio crítico.
Ahora, en la línea de otro filme anterior, “No se lo digas a nadie”, inspirado en una novela del reputado especialista en novela negra, Harla Coben, se adentra de nuevo en los vibrantes y tensos elementos del género policíaco para ofrecernos una mirada apasionante, turbadora y emotiva, no exenta de tragedia, sobre las relaciones de la familia y sus procelosas raíces. “Lazos de sangre” es un drama criminal en torno a dos hermanos de características y posicionamientos no sólo diferentes sino enfrentados. Frank, interpretado por el actor, Billy Crudrup, es un policía de estirpe y entregado a cualquier causa. Chris, encarnado por el siempre convincente, Clive Owen, es un delincuente que acaba de salir de prisión persuadido de querer cambiar y comportarse ajeno a los asuntos fuera de la ley. Cada uno tiene sus parejas, Mila Kunis y Zoe Saldana, y pivotan con más o menos resquemos alrededor del padre, un impresionante, James Caan. Sin embargo, el idilio y la tranquilidad sólo es una quimera en una sociedad, año 1974, tan necesaria como huidiza. Motivos dispares y negocios sucios involucraran a los hermanos y cada uno deberá ejercer su condición, uno como perseguidor y el otro como presa, dando pie a situaciones físicas y morales de hondo calado que ahondan en una acerada descripción de contradicciones enfocadas a prevalecer los lazos de sangre como una disputa más que una ventaja, aunque sin perder nunca que un hermano nunca deja de ser un hermano por mucho que una actitud sea funesta y torticera.
La francesa y excelente actriz, Marion Cotillard, en un incríble papel de prostituta completa el reparto de una pequeña joya que yo pongo a una altura parecida al filme, “El años más violento”, también estrenada durante esta temporada.
ZAPATERO A TUS ZAPATOS
Otro de los filmes que he tenido ocasión de visionar es, “The Cubbler”, traducida aquí como, “Magia de los zapatos”, una producción norteamericana, escrita por, Paul Sado y Tom McCarthy, y dirigida por este último. De Tom McCarthy he visto casi toda su filmografía y la verdad que su estilo y fijación por una serie de tipos esquinados, como malditos, pero muy humanos y entrañables, siempre han conquistado mi corazón. Reafirman esta opinión títulos como, “Vías cruzadas” o “The visitor”, ambas, conocidas por el espectador exigente y atento al cine independiente.
Con Adam Sandler como principal reclamo, metido en el personaje de Max, un bucólico, introvertido y solitario zapatero, fiel continuador del oficio de su padre, encarnado por Dustin Hoffman, en plan truhán y progenitor desafectado, descubre, por pura casualidad, que al ponerse los zapatos de algunos clientes, adopta, de manera fantasiosa, su personalidad e imagen, metiéndose en asuntos mafiosos por calzarse los mocasines pijos de un gángster de raza negra y comprobar como la tranquila y pacífica vida que llevaba se viene abajo incorporándose a un mundo feo, lleno de corruptos, asesinos y de turbios asuntos inmobiliarios.
El flechazo que siente por una activista que promueve y lucha porque los viejos negocios de siempre no se vayan de un barrio modifican su apagado porvenir y sirven para tener aventuras y frentes abiertos con los que disimular su gris y aburrida existencia.

EL REGRESO DE MAD MAX

ASFALTO RECALENTADO

La tengo guardada en mi caja de pandora la trilogía completa de la saga, “Mad Max”. Conservada en alta definición en un disco duro externo que a modo de almacén desempeña una función de gran validez, importancia y comodidad. Ya no es necesario tener las viejas cintas de VHS o lo más recientes, y de gran calidad, Blu Ray. La ventaja que supone, por puro placer, conectar estos pequeños dispositivos al aparato de smarthtv, conectar la barrra de sonido vinculada al monitor a través de un cable digital, buscar, por ejemplo, “Centauros del desierto”, de John Ford, y disfrutar de su enésimo pase en unas condiciones tecnológicas inmejorables. O repasar, también con prestaciones altísimas, virguerías cinéfilas como, “El silencio de un hombre”, de Jean Pierre Melville y Alain Delon como figura principal. Es lo que tiene los nuevos tiempos y sus coquetos adelantos. Todos estos cambios, a mejor, desde mi modesto punto de vista, derivan en el reecuentro de nuevas sensaciones y emociones. El recuerdo de una secuencia en concreto, el magistral plano/secuencia de, “Sed de mal”, de Orson Welles o la carrera de cuádrigas de, “Ben Hur”, de William Wyler, son tan inmediatas y cercanas, y visualizadas en una pequeña pantalla acondicionada para ofrecer la mejor imagen posible, que me está generando, casi inadvertidamente, una especie de readaptación de mi recalcitrante y apasionada cinefilia, que me empuja, con deseo irrefrenable, a buscar con frenesí y un entusiasmo inaudito, grandes momentos estelares de la Historia del Cine. Son incontables las veces que por pura psicosis anhelo ver el comienzo magnífico de, “Tiburón” (uno de mis incunables predilectos), de Steven Spielberg o el portento inicial de, “2001…Una odisea del espacio”, de Stanley Kubrick. Y se me cae la baba, literalmente, abrazado al monólogo con el que un sembrado y sentimental Woody Allen da comienzo al relato romántico y agridulce de, “Annie Hall”. Este material, y mucho más, guardo en una pequeña caja metálica de apenas 1 cm/ de grosor que es una de las piezas domésticas que más utilizo en mi casa. La cafetera es otra.
Toda esta perorata viene a cuento para comentar el inmediato estreno de, “Mad Max: furia en la carretera”, una epopeya apocalíptica que retoma el planteamiento inagural de la aparatosa franquicia nacida en 1979 de la mente de un médico, George Miller, que en sus eternas y aburridísimas guardias se dedicó a escribir un guión sobre un policía, interpretado por un desconocido, Mel Gibson, que en medio de una sociedad devastada por una violencia descontrolada, ve morir a toda su familia a manos de violentos gamberros a los que persigue sin compasión. Ni que decir tiene que, “Mad Max: salvajes de autopista” se convirtió en un inesperado éxito de taquilla. Ese neowestern crepuscular y furibundo, de chillona estética y cargado de barrabasadas brutales, fue objeto de varias entregas más, a cual más espectacular y exigente, dotadas de una fuerza visual incontestable y un diseño de producción muy elaborada y electrizante.
He repasado la trilogía y a pesar del tiempo transcurrido me merecen toda mi admiración y respeto. Sin pertenecer a un género que ame sin concesiones, sí que encontré furor en las aventuras y desventuras del personaje de Mel Gibson, como un héroe introvertido y castigado por sucesos íntimos y físicos (el ambiente es catastrófico y decadente), que debe enfrentarse, como superviviente de un modelo de sociedad extinguido, a un colección de excéntricos villanos, para frenar, con un barniz de antihéroe introvertido pero letal, el vil propósito por parte de los malandrines de instaurar un nuevo orden de caos, muerte y dictatorial.
George Miller, padre del personaje de Max Rockatansky, ha vuelto a tomar las riendas del asunto (nunca abandonó la idea de continuar ofreciendo carnaza) y retoma el planteamiento original para ofrecer un capítulo vibrante y pirotécnico sobre los peligros mortales que se ciernen sobre el protagonista, esta vez interpretado por Tom Hardy, para contener las iras de feos energúmenos que le van a complicar la existencia. Le acompaña en el reparto la siempre fascinante, Charlize Theron, que maquillada para la ocasión tendrá oportunidad de aportar un punto de vista femenino, con cierto peso, ausente en los títulos precedentes, y demostrar su valía para este tipo de apabullantes producciones. La película se podrá ver también en 3D. Veremos.

EL CINE ROMÁNTICO SE APODERA DE LA PANTALLA

JÓVENES Y APASIONADOS

A mi juicio, y salvo honrosas excepciones, valoro la actual cartelera de cine comercial de La Rioja como desalentadora y muy pobre si la comparamos con la oferta disponible en otras ciudades. Todas las semanas entran en programación cinco o seis títulos, es decir, novedades. No todos encuentran sitio en las salas de proyección. También es verdad, que por lógica, algunos de ellos, es imposible comercializarlos fuera de determinados ambientes o locales; sitios, por otra parte, ubicados en grandes urbes y acostumbrados a ofrecer una alternativa que casi nunca se pelea por ocupar los primeros puestos de recaudación. Aunque es entendible, en fin, fastidia, sobre todo por impedir que estupendas tramas, muchas de ellas presentadas en las secciones oficiales a concurso de de los diversos festivales de cine o acomodadas en secciones paralelas, sean desconocidas para un público deseoso de conocerlas. En cualquier caso, y de forma contradictoria, el ánimo y disposición del espectador es incierto. A una capacidad de entusiasmo y fidelidad al puñado de cintas elegidas para componer el apartado de cine del festival Actual cuyo local, el Teatro Bretón, llena todas sus sesiones para contemplar películas en VO, paradójicamente, cuando uno de esos filmes llega meses más tarde a las salas comerciales y en versión doblada el apoyo prestado por los que no pudieron obtener una localidad es pasivo o nulo. Lo mismo sucede cuando una producción de cierto prestigio artístico, en su más amplio significado, llega a la pantalla, la curiosidad, que debería ser el motor y aliciente más persuasivo para aceptar la propuesta, queda, desgraciadamente, anulada por la más absoluta indiferencia.
Esta breve reflexión, sin más ánimo que el leve apunte a una realidad cada vez más evidente y sin vuelta de hoja, viene a cuento de la frustración que me envuelve, no todos, pero sí muchos, fines de semana cuando a mi correo electrónico me llegan los anuncios de las empresas de exhibición de cine en Logroño de su oferta comercial. No soy contrario, ni mucho menos, ni me gusta atacar, faltaría más, el modelo de producciones que se imponen en las pantallas, que buscan, con mucho respeto y, a veces, un oficio más que envidiable, el favor y la presencia de la sencilla gente de a pie, esa muchedumbre, algunos veteranos y entusiastas amantes del Séptimo Arte, que desean, en la mayoría de los casos, distraerse, pasar un buen rato y emocionarse con relatos amenos y afines a sus gustos y criterios. De cuando en cuando, algo, una rareza o un hecho insólito, como “8 apellidos vascos”, logra romper la baraja y atraer en masa, gracias al boca/oído, a una señora o señor, jóvenes o adolescentes, que se dejan arrastrar para comprobar si los chistes o anécdotas argumentales son tan fascinantes como han escuchado contar.

“EL VIAJE MÁS LARGO”

Y toda esta perorata sólo es un prólogo, de tono pesimista, para escribir o avisar que mañana viernes, como ya es costumbre, entra en cartelera un tipo de cine cuyo denominador común o cordón umbilical es su planteamiento romántico y su herencia literaria, al estar inspirados, los estrenos más deslumbrantes, en novelas de autores de reconocida popularidad.
Del escritor norteamericano, Nicholas Sparks, responsable de títulos aclamados como, “El diario de Noah”, llega, “El viaje más largo”, otro cuento de amor, esta vez dirigido por, George Tillman, que cuenta, como no podía ser de otra manera, la relación entre un guapo muchacho, interpretado por, Scott Eastwood (hijo de Clint Eastwood), un bravo e intrépido chaval, campeón de rodeo, que para conseguir su meta debe convencer a su novia, Sophia (Britt Robertson), que su mundo y su vida están ligados a subirse a los lomos de un toro y permanecer el máximo tiempo sin caerse a la arena. Ella es una aplicada estudiante que piensa en la universidad como lógico horizonte para su formación. Entre dimes y diretes, si tu te vas pues yo me quedo, Luke es testigo de un accidente de coche, rescata al herido (Alan Alda) y descubre en el maletero una caja con cartas. Curioso, las lee y descubre el apasionado y tórrido romance que tuvo el ahora abuelo con una hermosa chavala en los conflictivos tiempos de la II Guerra Mundial. Argumento, a mi modo de ver, bastante manido. Pero como la película no he tenido el placer de verla todavía, mejor esperar a su visión para medir el alcance y dimensiones de la historia. Por lo tanto, a esperar.
“SUITE FRANCESA”

No sé si esta tiene mejor pinta. El caso es que su argumento también se desarrolla durante la II G.M., en territorio francés, que está inspirada en la novela de, Irène Nèmirovsky, tiene un reparto de lujo, encabezado por Michelle Williams, Kristin Scott Thomas, Matthias Schoenaerts y Sam Riley. Aquí se produce un follón del carajo y una conmoción rabiosa cuando una joven francesa se deja seducir por la galantería, finura y delicadeza de un oficial alemán ante la animadversión de todos los que la rodean. Como el filme tampoco he tenido la oportunidad de observarlo anticipadamente, me guardo la opinión hasta su pase, que si no ocurre nada será mañana mismo. Por lo menos, es lo que tengo decidido. No creo que la cambie por “El gurú de las bodas”.

DESTELLOS DE HUMOR SOBRE LA EUTANASIA

EUTANASIA HEBREA
De los periplos festivaleros del año pasado, una de las obras que más me impresionó y deleitó fue, con mucha diferencia, “La fiesta de despedida”, una cinta de producción israelí escrita y dirigida por el tándem creativo formado por, Tal Granit y Sharon Maymon. Se presentó en la sección oficial de la popular Seminci vallisoletana. Desde sus primeros compases, que enganchan con fuerza y dejan matices de su posterior desarrollo, se adivina que bajo una capa de comedia peliaguda y distraída, se esconde un afilado barniz reflexivo, no exento de acerada crítica, que se postula hacia la conveniencia de liberar de antidiluvianos prejuicios acerca de la libertad de elegir el fin de una vida en enfermos terminales. La película, con un sentido del humor fresco, espontáneo que disuelve algo el dramatismo de su propuesta, aborda un tema conflictivo y áspero como es el asunto de la eutanasia y desarrolla su impecable posición, tomada al asalto por sus dos jóvenes realizadores, que no ejercen de conservadores, precisamente, a través de las peripecias y contradicciones de un grupo de amigos talluditos que se presentan como “aliviadores del sufrimiento” y ejercen un cómico tránsito de la vida a la muerte en plan furtivo que parece, por su excentricidad, un mero soporte para provocar la risa. Pero no. No sólo de sonrisas vive y muere, La fiesta de despedida”. Es toda una generosa provocación que pretende, y lo consigue con creces, generar la suficiente controversia, que no escándalo, para intentar paliar el vacío legal y el rechazo frontal que la situación demanda. Y lo hace desde el sentimiento y emoción que nace en el corazón y mente de un puñado de personajes, de edad madura, y con la suficiente y veterana capacidad moral para juzgar, para entender mejor que nadie que cuando la muerte está anunciada y te está corroyendo las entrañas no es necesario, por humanidad, alargar el dolor y sufrimiento.
Esta fabulosa y entrañable película, y muy simpática, pese a sus derroteros amargos, estuvo en la programación cinematográfica del festival logroñés, Actual 2015. Su único pase fue un vendaval de sorpresas y mereció aplausos unánimes y sinceros. Ahora mismo, en la cartelera comercial, se puede ver y apreciar en el complejo de cines, “7 Infantes”. Sería divino de la “muerte” que su proyección no pasara inadvertida y que el espectador se acerque a la sala a visionar uno de los largometrajes más preciosos de la temporada.

BANCARROTA ITALIANA
Otro de los filmes en la cartelera de Logroño y que me ha interesado bastante es, “El capital humano”, de Paolo Virzi. Es una producción italiana, ganadora de bastantes premios Donatellos, inspirada en la novela de Stephen Amidon, y despunta en una serie de variados temas coyunturales que son como una especie de venenosos indicadores de la realidad grisácea y pesimista de una sociedad voluptuosa víctima de su propio éxito. Estructurada en capítulos y en tono coral habla, desde varios puntos de vista, de la tragedia del orden capitalista y mundano, enfocado desde la perspectiva de los amos del universo, como los reflejó Tom Wolfe en la suprema, “La hoguera de las vanidades”, y de aquellos “otros”, desgraciados, que pretenden asomarse a una posición de privilegio que no es la suya y que además les devora. La bancarrota del título no es la bancaria, es la del sistema, que engulle en plan metafórico a todos los personajes, empezando por el más inocente de todos, un camarero que circula con una bicicleta y que es atropellado por un todoterreno. A partir de aquí, de esta simple premisa, Paolo Virzi, utilizando las clases sociales, ejerce de moderador de los vicios privados y las virtudes públicas de una serie de vidas que salvo honrosas excepciones, no son envidiables.
“El capital humano” todavía se puede ver en los cines Moderno de Logroño. Va a ser su tercera semana de proyección y es aconsejable darse prisa antes que desaparezca de la lista de preferidas.

LA MAFIA CALABRESA DISPARA EN LOGROÑO

VUELVE EL CINE SOBRE LA MAFIA

Los días festivos venideros no auguran, salvo honrosas excepciones, un provechoso lote de imprescindibles estrenos de visión obligada. La conocida Semana Santa no es propicia para reconfortarse con el cine de actualidad porque se supone que la gente es muy viajera y disfruta de las jornadas sin pensar que ver una película es también una opción válida.
A pesar del ancestral estigma que pesa sobre los días de Pascua, con una programación todavía respetuosa con la efemérides y con horarios reducidos para no “molestar” el ultramontano rito católico de la procesión, se puede, y todavía hay tiempo, observar con precisión y cautela las diversas cintas en cartelera, y percatarse que se pueden rescatar, si no se han visto aún, algunos títulos que a mi parecer deberían visionarse con mucha atención.
Es una pena que de los productos “raros” o “cinéfilos” se haya descolgado con cierta prontitud el discreto, pero valiente, homenaje que el realizador y guionista norteamericano, Abel Ferrara, ha dedicado, con gusto y mirada discutible, pero no exento de emoción, a la trágica figura desaparecida del autor italiano, Pier Paolo Pasolini, en “Pasolini”. Una cinta fruncida con amor y cariño, rodada con emoción y aprecio por el ser retratado, que observa, con costumbrismo y lealtad, los últimos días del responsable de, “Saló, o los 120 días de Sodoma”, reflejando en la pantalla su estrecha y afable relación con sus seres queridos más directos, a la vez, como no podía ser de otra manera, intenta captar, no sin polémica, la hondura reflexiva y de pensamiento de Pasolini, un artista de su tiempo que alumbró como pudo un cine libre y personal. Lástima, a mi juicio, que el esfuerzo de, Abel Ferrara, se queda corto. También es verdad, y no podía ser de otra manera, que es inabarcable y materialmente imposible ser certero y estricto con un hombre de la talla y profundidad del maestro italiano. En cualquier caso, el largometraje debería haber merecido un apoyo más incondicional por parte del público. Yo me pregunto, ¿qué espectador tiene conocimiento y medida exacta de quién era Pasolini para sentirse atraído por una cinta que aborda parte de su vida? ¿Los jóvenes?. Estos, no; pienso yo. ¿Los aficionados que frisan los 50 o 60 años? Posiblemente. ¿Pero dónde están?
“El año más violento”, de J.C. Chandor, con un reparto excepcional, Oscar Isaac y Jessica Chastain, entre otros, me parece un filme vigoroso, enérgico, arrollador y espléndido en todas las observaciones sociales como en el retrato de la tipología de personajes. Ambientada en los turbulentos años 80, recuerda, salvando las distancia, y con los mismos honores, el cine realizado por cineastas de la talla de Sidney Lumet, Alan J. Pakula o Sidney Pollack. Negocio, justicia y corrupción se dan cita en un afilado relato nada convencional acerca de un inmigrante hombre de empresa decidido a ampliar su negocio de distribución de carburantes en un entorno hostil y contrario a sus intereses.
Esta película del autor de, “Margin Call” y “Todo está perdido”, se arrima, con un guión sólido y muy bien construido, y en forma de thriller, al vetusto ideal “del sueño americano”, al lema, “una oportunidad para todos”, centrado en los vaivenes de hombre que en el Nueva York más iracundo de la década pretende construir un imperio blandiendo la integridad en una sociedad ajena al sentimentalismo y la limpieza. Película muy recomendable que a buen seguro no dejará indiferente a nadie.
MAFIA
Me informan que a partir de mañana miércoles día 1 de abril entra en Logroño la cinta de nacionalidad italiana, “Calabria”, dirigida por, Francesco Munzi, autor de, “Saimir”. Entre sus actores se encuentra el español, Carlos Bardem. El largometraje, que pasó por el festival de cine de Venecia, se adentra con escalpelo en los entresijos de la Ndrangheta, una organización criminal de la Calabria italiana.
No he tenido ocasión de ver, “Calabria”, inspirada en la novela, “Anima nere”, de, Giocchino Criaco, pero todos los comentarios que he leído y las críticas que he repasado escriben virguerías de este filme, sobre todo por su mirada realista, que lo enlazaría con los vestigios de cineastas tan sobrios como, Francesco Rosi, por poner un ejemplo de realizador que atendió de una técnica documentalista el sórdido y sombrío estrato de los bajos fondos y la mafia. Por lo tanto, a ver cuando se pueda. Imprescindible.

EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE

Se mantiene una más que excelente trayectoria de estrenos en Logroño. Todavía se pueden visionar filmes más o menos controvertidos, como, “Maps to the stars”, de David Cronenberg, cuyo tono amargo y desencantado, lejos del glamour que le suponemos al siempre eterno Hollywood, puede fatigar al espectador, al recibir una ración podrida y decadente de su gente y aledaños. Aún así es una producción firmada por el torvo y esquinado Cronenberg que propone miradas y estilos para nada convencionales. Me gustó, “Calvary”, de John Michael McDonagh, con un Brendan Gleeson maravilloso, encarnando a un atribulado párroco irlandés amenazado de muerte en un confesionario por un iracundo y atormentado feligrés. “Negociador”, de Borga Cobeaga, coguionista de la exitosa, “8 apellidos vascos”, tuve ocasión de verla en el festival de San Sebastián y me dejó perplejo y dudoso, contrariado conmigo mismo al no saber descifrar si había visto una cinta irreverente (que lo es), mordaz, irónica y con mucha mala baba, inspirada en eventos reales (negociaciones entre el gobierno socialista y miembros de la banda terrorista ETA), o es una divertida pachanga entre colegas con la finalidad de polemizar, con algo de humor sardónico, sobre un asunto o asuntos que tenga que ver con negociaciones de calado profundo. En cualquier caso, a ratos, me lo pasé en grande.
Estos relatos siguen en la cartelera. De la semana pasada me aburrí viendo, “Chappie”, dirigida por Neil Blomkamp, el fulano que filmó, “District 9” y “Elysium”, que es otra soporífera y anodina reflexión acerca de la inteligencia artificial y el mundo de la chatarra en clave cyborg policía para combatir la delincuencia. Un trasto, no podía ser de otra manera.

NUEVA YORK 1981

Mañana entran varias producciones. Tres de ellas ya he tenido ocasión de visionarlas, “El año más violento”, “Pasolini” y “Pride”. Sin duda la que más me ha gustado e interesado es, “A most violent year”, escrita y dirigida por, J. C. Chandor, responsable de títulos tan recomendables como, “Margin Call” y “Cuando todo está perdido”. Es un cineasta a seguir y a tener muy en cuenta.
Oscar Issac, Jessica Chastain y David Oyelowo, entre otros, completan el reparto de un apasionante guión ambientado en el fragoroso Nueva York de 1981 y que tiene como principal personaje a Abel Morales (Oscar Isaac), un emprendedor empresario que desea ampliar su negocio de distribución de combustible que ve como constantemente su mercancía es robada. Su situación laboral y personal se mueve en el filo de la navaja. Es un tipo arriesgado y decidido. Tiene su ideario, principios y moral. Se niega rotundamente a que sus chóferes porten armas de fuego. Y tiene abierta una causa judicial. Además de pedir una importante cantidad de dinero a un clan judío para invertir en su negocio.
“El año más violento” es un largometraje apasionante, tremendo, mayúsculo, muy en la línea de los grandes thrillers y policíaco de los años 70, que no sólo reflexionaban acerca del estallido de la violencia sino que incidían en el descontento de una sociedad desprotegida por acontecimientos políticos, bélicos y raciales que había socavado el legendario sueño americano. Ni que decir tiene que la cinta de J. C. Chandor aborda muchos más temas, incluso los íntimos y familiares, pero destaca, aparte de la crispación del ambiente, la notable fotografía y los punzantes diálogos. Si tienen ocasión, vean esta película. No les pesará. Y el que avisa no es traidor.

EL POETA DEL DESARRAIGO: PASOLINI

En la sección “Perlas de otros festivales” de Zinemaldia me adentré en la proyección de “Pasolini”, de Abel Ferrara, autor polémico y muy controvertido, a veces, interesante, otras, un tostón. Quise dejarme seducir por la pasión del autor de, “El teniente corrupto”, por la vida y obra de Pier Paolo Pasolini, cineasta que yo admiro, y me quedé estupefacto y anodadado por el tratamiento y mirada empleada por Ferrara para llevar a la pantalla un pedazo de Pasolini. Y si se ve a Pasolini, al que no se le descubre, es por el empeño y formidable trabajo actoral de Willem Dafoe, actor norteamericano que clava con exactitud la figura del gran maestro italiano.
La película arranca cuando Pier Paolo está montando su obra más feroz y rotunda, rodeada de un escándalo amenazante, titulada, “Saló”. Situado en el epicentro de ataques furiosos, vemos a Pasolini trabajando en su estudio, leyendo, escribiendo, relacionándose con su familia, acudiendo a encuentros con amigos y escapándose en busca de su goze sexual. También Ferraras ilustra la película con imágenes de un guión que no vio luz al que el cineasta norteamericano alumbra buscando el estilo y el alma pasoliniana. Difícil cometido que sirve para completar una cinta irregular que se jalona con las secuencias del brutal asesinato del maestro.

VIRTUDES PÚBLICAS, EROTISMO PRIVADO

AL FILO DE LA NOTICIA

El concepto estreno se reduce esta semana a la mínima expresión. Sólo dos películas entran en la cartelera comercial. Y hay que agradecer a la empresa, “7 infantes”, que además de programar en bastantes sesiones diarias el impacto mediático del momento que no es otro que el filme, de catadura erótica, “50 sombras de Gray”, incluya como alternativa las peripecias periodísticas del actor, Jack Gyllenhaal, en la trepidante y nerviosa, “Nightcrawler”, escrita y dirigida con tensión por, Dan Gilroy.
El martes, en un pase especial y en el marco del festival internacional de cine de Berlín, la organización echó a los pies de los caballos, es decir, a la prensa más sesuda y cinéfila, la adaptación homónima realizada por la cineasta, Sam Taylor-Johnson. Las crítica y los comentarios han sido demoledores. Los twiters, devastadores. Los periodistas más intelectuales, muy sembrados, no escatimaron en adjetivos descalificativos. Nadie se cortó. La frase más utilizada y casi denominador común de todas las crónicas leídas ha sido, sin respeto y rubor alguno, “muy mala”.
Toda esta inclemente metralla, a tres días de su estreno oficial, opino, que no le va a quitar espectador alguno. La novela de E. L. James, que ha sido no sólo la triunfadora en las ventas sino que también se ha convertido en un fenómeno sociológico, ya procuró sembrar sus dosis de erotismo de mesa camilla para enganchar a legiones de lectores que muchos de ellos esperan con impaciencia la correspondiente y obligada adaptación a la pantalla grande.
El que escribe estas líneas, muy apasionado por el cine, cinéfilo recalcitrante, también es un consumado lector. Sobre todo de novelas, especialmente, de género negro, y de libros relacionados y vinculados al séptimo arte. En el verano del 2013, aprovechando mi estancia en la playa, con mucho tiempo, me esforcé en conocer el boom “literario” del que se hablaba en todos los sitios. Aunque lo intenté, no pasé de las primeras cincuenta páginas. Hice alusión al título. Me pareció aburrida y no lograba entusiasmarme. Lo poco que leí me parecía, salvando las distancias, que los personajes eran los pícaros y alumnos más atrevidos de los enredos sentimentales de las acarameladas fantasías de parejas creadas por Corín Tellado. Por lo tanto, no me enganchó las travesuras de Christian Grey en papel, pero sí que confirmo que estaré presente en alguno de los pases del largometraje de, “50 sombras de Grey”. Hay que opinar.

EL GRAN CARNAVAL

“El gran carnaval” es, a mi juicio, una de las muchas obras maestras del genial, Billy Wilder. Retrató con una inmoralidad de estercolero a un derrotado periodista, interpretado con brillo y fiereza acostumbrada por Kirk Douglas, que aprovecha, como una hiena vil y psicótica, un accidente de un trabajador atrapado en una mina para explotar un espectáculo circense a costa de demorar su rescate en beneficio de su (des)prestigio.
Con idénticos mimbres y maneras parecidas, y también con ironía y mezquindad, Dan Gilroy, hermano del interesante, Tony Gilroy, debuta en la dirección con la impactante y excitante, “Nightcrawler”.
La película, rabiosa y furiosa, he tenido ocasión de visionarla. Se estrenó hace siete días en España y es de agradecer que encuentre un hueco en la cartelera de La Rioja. El personaje principal es Lou Bloom, encarnado, con perfección y matices, por el estupendo actor norteamericano, Jake Gyllenhaal. Me gusta este actor y de su generación es uno de los mejores y más brillantes. Es camaleónico y dota de intensidad sus criaturas.
Aquí dibuja a un tipo engullido en trabajos de escasa relevancia. Lou es un jeta y ama trepar. No se le resiste nada. Tiene labia y sabe defenderse en todo tipo de situaciones. Posee inteligencia, decidido, desafiante y algo chulesco. Su vida cambia cuando es testigo de un accidente y mide cómo hacen su labor dos reporteros freelance, que captan las imágenes más morbosas del accidente para luego venderlas a buen precio a las cadenas de noticias. Le gusta el oficio. Aprende pronto. Roba una bicicleta y se compra una cámara.
A partir de aquí, pilla un socio, y con su coche, y escuchando por una emisora las informaciones de la policía sobre todo tipo de conflictos, se dedica a llegar el primero al lugar de los sucesos y filmar los más escabrosos detalles. El material lo pone a la venta y conoce a Nina (estupenda Rene Russo), productora de un noticiero rompedor que se entusiasma con las imágenes que trae Lou.
La cinta es descarnada y cruel. Es una mirada sin escrúpulos a este tipo de individuos, especie de buitres carroñeros, muy marrulleros, que existen porque hay alguien que paga por unos contenidos que nutre a mogollón de espectadores ávidos de escenas impactantes y electrizantes.
El fin justifica los medios podía ser la mejor frase que define esta vibrante película que ojalá no pase desapercibida y que tenga un montón de espectadores.

LLEGA LA POLÉMICA, “LA ENTREVISTA”

ENTREVISTA AL LÍDER NORCOREANO

A veces sucede que en un concreto fin de semana se produce la bien venida casualidad de coincidir en la cartelera comercial de la entrada de un puñado de títulos más o menos significativos que atesoran, a mi modo de ver, un vendaval de expectativas difíciles de eludir por varias razones muy justificadas.
Una publicidad aplastante no exenta de polémica y controversia acompaña a la película, “La entrevista”, dirigida por Seth Roger y Evan Goldberg. Todo tipo de rotativo e informativo televisivo puso al filme en el mapa. Un ataque cibernético que según el FBI provenía de Corea del Norte y que desmanteló y penetró en la página web de la compañía SONY poniendo al descubierto no sólo material audiovisual sino también información confidencial, garantizó que una producción que no pasa de ser más que una burla cachonda y jugetona, con algo de ironía y mala baba, se convirtiera, gracias al régimen opaco norcoreano, en una cinta publicitada gratuitamente.
He tenido ocasión de ver el largometraje y puedo escribir que por un lado, “La entrevista”, tiene gracia, pero por otro, maldita la gracia que tiene. Se puede disfrutar de ella si se la toma con una distancia en la que la seriedad hay que eliminarla y disfrutarla desde una perspectiva de farra y mala sombra de amiguetes. Es una comedia cínica que en tono de farsa se envalentona al incluir en su descacharrante argumento el guiño malintencionado de incorporar al jovenzuelo líder norcoreano, Kim Jong un, como motivo del disparate, a modo de un “gran carnaval”, con mucha caricatura, brocha gorda y sal obesa. Tiene su punto fuerte y bastantes agujeros. Su actor principal, el polifacético, James Franco, está descarado e irresistiblemente payaso (en su peor acepción), con una actuación desmesurada y atolondrada, bufonesca, la mayoría de las veces, sin gracia. Lo mejor de la película está, como no podía ser de otra manera, en la reflexión y conclusión que se extrae del juego al que se prestan las cadenas de televisión por aumentar la audiencia llevando a antena contenidos de muy dudosa reputación. Quizás, “La entrevista”, que puede ser, sea una acerada y vitriólica mirada y crítica sobre la TV. Pues sí. Pero las he visto mejores. Y debo confesar, sin ningún tipo de rubor, que al principio me lo pasé en grande y me reí bastante con los cameos de artistas de variada índole con el prestigio algo devaluado que se han prestado a ser objeto de jocosos chascarrillos.

STEVEN CARELL SE SALE EN “FOXCATCHER”

Otro título que entra en la cartelera del viernes es una cuidada y esmerada producción norteamericana que recomiendo encarecidamente. Se trata de, “Foxcatcher”, dirigida por, Bennett Miller, e inspirada en eventos reales. Drama sobrecogedor, filmado con serena belleza, cuya fuerza, paradójicamente calmada y atemperada, le proporciona una dimensión íntima y humana.
Tiene un reparto de auténtico lujo, encabezado por el sorprendente, Channing Tatum, Mark Ruffalo (genial como siempre) y la guapa, Sienna Miller. He dejado para este renglón a quien me parece una genialidad su interpretación, Steve Carell (“Mi pequeña Sunsine”), que interpreta a John Dupont, un millonario conservador y patriota amante de la lucha grecoromana, filántropo y padrino del equipo olímpico de los EE.UU de este deporte. Sin embargo, su colosal fortuna no es capaz de tapar sus enormes frustraciones humanas. El trabajo de Carell es un portento. Me ha encantado. Lo veo perfecto y adecuado, sin fisuras, dejando transmitir la emoción del tipo como sus grandes miserias. Es candidato al Oscar a la mejor interpretación y creo que es una oportunidad pintiparada para que se lo concedan. También sale en un papel pequeño y secundario la gran actriz, Vanessa Redgrave. Apunten esta película, “Foxcatcher” y no se la pierdan. Me gustaría extenderme más, pero es imposible.

LA MAGIA EN EL CINE DE WOODY ALLEN

TIRAD SOBRE LA ESPIRITISTA
Tras la amarga y vil reflexión sobre el oportunismo y el ventajismo en la deslumbrante y feroz, “Blue Jasmine”, el incansable y genuino constructor de historias, Woody Allen, retoma su fase creativa más relajada y huidiza para armar un chispeante relato, “Magia a la luz de la luna”, en tono de comedia romántica, con el que se encuentra, y a mi modo de ver, muy a gusto, con un tema, el asunto de los magos y espiritistas, para, con su habitual sarcasmo e ironía, entablar un enfrentamiento en el que se oponen el racionalismo más contundente con las fantasiosas artimañas de los médiums.
Lo que podría considerar como una simple anécdota más allá de su utilidad para escribir un argumento con la aparición protagonista de personajes muy currados que ejercen como espiritistas, haciendo un somero recorrido por la última filmografía del autor de “Manhattan”, da la casualidad que magos, hipnotistas y otros faranduleros de la hipnosis o los trucos de magia aparecen con una frecuencia para observarla con detenimiento. A la memoria me vienen ahora mismo títulos como, “La maldición del escorpión de Jade”, “Scoop” o “Midnight in Paris”. Y no sé si en la magistral y formidable “Zelig” había algún rastro de esta índole.
En cualquier caso, por lo visto en la pantalla, observo que este mundillo curioso y hechizante le atrae más de lo que cabe imaginar. Tanto es así que “Magia a la luz de la luna” es un verborreico divertimento, bien construido y mejor dialogado, con afiladas observaciones, que ahonda en temas y preocupaciones afines al temario de Allen y que con la pericia a la que nos tiene acostumbrados, construye un modelo de historia de amor con su toque encantador suficiente y estimable.
A mi juicio, todo aficionado al cine de Woody Allen no saldrá defraudado por esta, hasta ahora, última obra. Sigue imperando el juego como ardid e impulso para sus gestos creativos. Quiero decir, que Allen se lo pasa en grande, disfruta, tejiendo, con la licencia que otorga la amplitud de miras con los cultivadores del espiritismo para conectar el aquí con el más allá, un entretenido y avispado choque entre posturas y posicionamientos irreconciliables que pronto en el engranaje de Allen se convierte, al estilo del más puro y atrevido toque Hawkasiano, en un disparato combate de lucha de sexos pero también una pelea por la supremacía de egos. Que en esta ocasión, como en tantas otras anteriores, es una rivalidad gozosa y apasionante, donde los roles, masculinos y femeninos, no sólo actúan como tales, sino que los perfila con tonos enconados, de tal manera que no es difícil ponerse, como a mí me pasó, al lado, de entrada, del personaje más vulnerable, Sophie Baker, una entregada y convincente médium interpretada con pizpireta soltura, Eileen Atkins.
El argumento de “Magia a la luz de la luna” es de una sencillez aplastante. Lo cual no quiere decir que sea un mero descarte o bagatela sin mérito alguno. Todo lo contrario. Fresca, espontánea, graciosa y desarmantes diálogos cuya potencia y mala baba no pasan inadvertidos. En esta aventura romántica, Colin Firth, es un afamado mago que en el Berlín de 1928 encandila a la audiencia por sus espectaculares números. Un amigo le pide un favor. Que le acompañe a la Costa Azul para desenmascarar una impostora pitonisa que le está sacando la pasta a una acaudalada familia de la zona. Hasta allí llega el atiplado y flemático experto con la intención de poner las cosas en su sitio. Lo que ignora el estirado Stanley Crawford que las dotes de convicción y sugestión de la guapa Sophie Baker lo va a dejar atónito e inmerso en un mar de dudas y contradicciones.

La Rioja

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