AMOR EN TIEMPOS DE GUERRA

Cartel de la película En la vida láctea

Cartel de la película En la vida láctea

 Con los primeros planos, así de simple, casi con un chasquido de los dedos, ya se sabe o, por lo menos, se intuye que estamos dentro de una de las acostumbradas chaladuras localistas del faraón Emir Kusturica. Las imágenes iniciales hablan por sí solas. Aportan las suficientes pistas y datos para fijar a su responsable. Las tomas nos introducen en una de las características más habituales y constantes del cine de Kusturica. No lo puede evitar. En cuanto se le presenta la ocasión, la fauna animal, en su más variado género, hace gala de su jerarquía y mantiene el rastro incuestionable en muchas de las películas del realizador de “Gato negro, gato blanco”. Su presencia, incluso en los títulos de sus filmes, tiene un protagonismo especial cuya envergadura, sin importar el trazo metafórico o la pincelada realista, adquiere una icónica trascendencia cercana al protagonismo. Esta evidencia tiene también una importancia fundamental en su última película, “En la vida láctea” (“On the milk road”) que se estrena mañana y llega a la cartelera riojana.

El director Emir Kusturica

                                                                   El director Emir Kusturica

Un halcón, ave depredadora, emprende su vuelo y en su trayectoria, y a vista de pájaro, la cámara volátil de Kusturica se pasea y se detiene en uno de esos pueblos rurales de las montañas de los Balcanes a los que acostumbra muy a menudo el realizador Serbio a retratar. La acción del largometraje transcurre en los estertores de la guerra fraticida de la extinta Yugoslavia. Kusturica aprovecha para localizar y contextualizar el relato y para retratar al variopinto grupo de personajes, a los humanos, casi todos rocambolescos y bufonescos, y animales, haciendo una labor que gracias a los efectos digitales se incorporan a la historia como amigos o simples comparsas argumentales.

En estos primeros minutos de tendencia costumbrista y descriptiva, el autor de “El tiempo de los gitanos” se decanta por un tono de comedia folclórica, muy cercana al realismo mágico, en el que resalta las tradiciones culturales de la zona. Su estilo impregna las escenas de un toque Felliniano, animado por una devoción hacia el tratamiento absurdo, buscando una comicidad exagerada en el trazo y una postura antibelicista en el discurso. Inclusive las secuencias que ocupan el primer bloque de la cinta, apurando mucho, me generan, especialmente el enfoque grotesco de las algaradas bélicas, síntomas patibularios próximos al humor descacharrante y disolvente de nuestro humorista Gila. Durante el alto el fuego que enfrenta a los bandos, observamos los quehaceres cotidianos de las tropas, dedicadas a descansar o preparar la comida. Momentos que Emir Kusturica aprovecha para dibujar, con irónica caracterización, a sus criaturas, sean los protagonistas o secundarios.

Fotograma de En la vía láctea

                                                                  Fotograma de En la vía láctea

Esta explosión pintoresca de actitudes y hechos, en los que se roza la mirada estrafalaria, no se apea en ningún momento. Desde que comienza “En la vía láctea” hasta su final, la cinta está presidida por un tratamiento de contenido simbólico. No hay descanso. Cualquier situación es apropiada para dar rienda suelta a la imaginación más desprejuiciada y extrovertida. Así las cosas, una vez levantado el veto a los tiroteos, las figuras más destacadas de la función se mueven de manera desinhibida, ajenos a la crudeza de la contienda (tintes cómicos) y a la vez son testigos de experiencias inusuales. Por ejemplo. Un reloj enorme, de los de estación de tren, que tiene un mecanismo complejo, de engranajes, ruedas dentadas y poleas, se convierte, en un claro homenaje al cine silente de los grandes showmans, en un torbellino de accidentes espectaculares pero suavizados por la inconsciencia del humor extravagante.

En este ambiente rústico, bélico y de peculiaridades multiculturales, de sentimiento antropológico, surgen dos de los personajes claves que van a vertebrar el guión. Por una parte Kosta, interpretado por el propio Emis Kusturica, un tipo curioso, de perfil payasesco, acompañado de su inseparable burro y encariñado con el halcón del principio del filme. Kosta, pintoresco y entrañable, se encarga de transportar, no sin peligro, bidones de leche que recoge en una granja cercana y llevarla al frente de su unidad. Por otra aparece, rescatada de una especie de sanatorio mental Nevesta, a la que da vida la ubicua Monica Bellucci, alejada de cualquier glamour. Una mujer enamoradiza, de origen italiano, fascinada por las heroínas de las películas clásicas italianas que se queda asombrada y maravillada por el modo vital de sus anfitriones.

Emir Kusturica y Monica Bellucci un curioso matrimonio

                               Emir Kusturica y Monica Bellucci un curioso matrimonio

La aparición de Nevesta es utilizada por Kusturica para conducir la película hacia el terreno del melodrama romántico sin perder las señas de identidad “mágicas” que han caracterizado el largometraje desde los primeros planos. En esta parte también se abre interludios de jolgorio y fiesta en tugurios estrambóticos para no perder el hilo conductor. Cuya finalidad no es otra que inculcar otra de las constantes estilísticas y narrativas de Kusturica, la música. La propuesta viene firmada por Stribor Kusturica, hijo del cineasta y músico y compositor de renombre que incorpora al filme una partitura con temas propios de la zona de los Balcanes. Un sonido particular, heterogéneo, igualmente explotado en otras obras y documentales de Kusturica. Los alicientes y rasgos del cineasta Serbio se agolpan en medio de una zozobra casamentera en la que el destino juega a favor de Kosta y Nevesta, que en la último bloque de la película se quedan aislados en medio de la campiña y acechados por fuerzas del ejército rival. Estos soldados ejercen un hostigamiento inclemente que obliga a la pareja a huir a salto de mata, obligándoles a vivir en situaciones límite. Esta persecución está matizada por elementos de carácter metafórico. No podía faltar los animales (atención a la serpiente que bebe leche y alcanza un grosor y largura digna de “El libro de la selva”) y un vestido de novia que fluye por la corriente de un lago simbolizando la eternidad de los amantes.

Momento fantástico de En la vía láctea

                                                         Momento fantástico de En la vía láctea

En la vía láctea” es un resumen de los temas que incumben a Kusturica. Los rasgos estilísticos están presentes y los mecanismos expresivos se ensanchan por la influencia y homenaje a modo intertextual. Su fábula resulta risueña y fantástica. Ambicioso el cuento y hechizado por el magma que le otorga la factura digital. Pero fuera del aliento romántico, la película se queda algo difusa y errática, con propensión al disfrute del poder de la imagen sin correspondencia con la unidad dramática, que queda ahogada en un exceso de dislates pomposos y subrayados. La interactuación de los animales desvía la atención y no logra, más allá de algún localismo, insuflar un halo orwelliano a la narración.

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