CAMINO A CASA

Cartel de escala

Cartel francés de la película

 Doy la bienvenida a la película francesa que a partir de mañana va a estar en la cartelera comercial de La Rioja para que el público la pueda disfrutar cuando le apetezca. Se titula “La escala” y está escrita y dirigida por el tándem creativo formado por Delphine Coulin y Muriel Coulin. Esta pareja de realizadoras rodaron en 2011 un filme que me consta como no estrenado en nuestro país. “17 girls” era la historia de un grupo de chicas que toman una decisión bastante osada: quedarse embarazadas a la vez. Tendiendo puentes entre las dos películas puedo escribir que las cineastas les gusta el mundo femenino para construir sus obras. Porque “La escala” está contada desde el punto de vista de sus dos personajes principales, Aurore (Ariane Labed) y Marine (Soko), dos soldados del ejército francés que tras prestar servicios de ayuda internacional en Afganistán y antes de regresar a casa recalan en un hotel de lujo en la isla de Chipre a modo de terapia y exorcizar todos los fantasmas para que el tránsito a la vida civil sea lo más armonioso posible.

Un planteamiento singular y nada convencional que pretende explorar la figura de la mujer en la institución militar y su papel y presencia en los conflictos bélicos. La curiosa paradoja promovida por el ejército francés es cuanto menos sorprendente. Tras el supuesto desgaste emocional y físico en una zona hostil y entrar en combate en las misiones de reconocimiento experimentando situaciones de mucho estrés y tremendo shock, se invita a la compañía a permanecer en un sitio paradisíaco y relajante, rodeados de turistas en permanente fiesta y desinhibidos por el alcohol a compartir un período de camaradería relajante mientras, en sesiones matutinas, los mandos someten a la tropa a una especie de cura de desintoxicación sacando a relucir aquellos traumas o recovecos infernales que se han quedado alojados en la mente. Se trata de extraer la angustia y la crisis provocada por un cometido mal resuelto dentro del marco de operaciones de vigilancia y control en territorio enemigo. En una de ellas, la patrulla fue atacada por insurgentes talibanes, el convoy se separó y el asalto, mal coordinado, se saldó con la muerte de varios compañeros. Este tipo de peligrosas maniobras son recreadas virtualmente, con el apoyo de psicoanalistas del ejércitos que tratan de poner al soldado otra vez en el recuerdo de la traumática experiencia para lograr medir el grado de alteración que los hechos vividos son susceptibles de generar psicosis u otro tipo de neuras que impida la conexión con la vida rutinaria.

Aurore y Marine llegan al paraíso

Aurore y Marine llegan al paraíso

Este proceso, a mi juicio, me parece brutal y asfixiante. Tal y como está narrado en la película, con los personajes principales y los figurantes ataviados con la parafernalia militar atraviesan dependencias hoteleras invadidas por los turistas disfrutando de las piscinas, el mar o las barras de los bares, mientras tratan de olvidar el pasado más reciente mientras de manera virtual les someten a escenas de los recuerdos más inmediatos, es de una agresividad y estallido emocional muy contundente. No es de extrañar, por lo tanto, que Aurore y Marine, amigas y colegas desde la infancia, sean de la opinión que tras sufrir y padecer los infortunios más desgarradores no hay nada como contravenir las órdenes de los superiores y aceptar la invitación de unos tipos autóctonos que les quieren mostrar las bellezas de la isla.

En cualquier caso, está claro que cualquier salida, por muy exótica y excitante que parezca no es sinónimo de felicidad y divertimento. Da la sensación como si la existencia estuviera permanentemente agitada, como si no hubiera remansos de paz y tranquilidad, como si el mundo fuera siempre canallesco y que además el hecho de ser mujer signifique por condición de género estar al servicio de los caprichos sexuales de cualquier imbécil. Es lo que les pasa a las chicas. Abandonan una fortaleza envidiable por su bienestar y confort sometidas al férreo control de sus compañeros que las observan como objetos para el descanso del guerrero para divertirse y tratar de disfrutar de las fiestas de los pueblos y no terminan de salir asombradas y alucinadas por el mal rollo que se crea con los hombres, sean locales o sus conocidos de compañía.

Las actrices Ariane Labed y Soko

Las actrices Ariane Labed y Soko

“La escala” o “Voir du pays” su título original, Ver el país, nos acerca también a un tema colateral del largometraje. La crisis social y laboral. Aurore y Marine estudiaron juntas, se criaron en el mismo barrio y decidieron alistarse no por vocación sino porque el ejército les daba una salida satisfactoria y segura. Les proporcionaba trabajo y la posibilidad de progreso en la jerarquía de menos graduación. Era una fórmula, como cualquier otra, de salir del paro y la marginación. Otra cosa es cuando conoces la institución por dentro, has combatido por culpa de la geopolítica global y piensas que ya está bien de obediencia y sumisión. Son cuestiones que se plantean en la película. Seguir sirviendo a la patria o elevar anclas y buscarte los garbanzos en otro frente.

De Afganistán a la playa

De Afganistán a la playa

Me ha interesado este drama. Creo que es un tema pocas veces tratado con seriedad por el cine. Tiene una mirada poco apasionada por el estamento militar. La ironía de albergar la instrospección psicológica, detectar la paranoia y los desequilibrios mentales en un ambiente de insultante opulencia y pomposidad es un acierto de guión inmejorable. El clima de extrovertido pasatiempo de juerga incansable contrastado con la férrea disciplina de los soldados a los que se les prolonga los efectos devastadores de la guerra con simuladas reconstrucciones de sus hazañas o descuidos en Afganistán tiene un matiz entre frívolo y perverso. “La escala” en ese sentido es retorcida e infame.

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