A MAL TIEMPO, BUENA CARA

Cartel de la película "Churchil"

Cartel de la película “Churchil”

Sé que los británicos realizan este tipo de películas con los ojos cerrados. Que les salen muy bien. Estupendamente rodadas, con sobria puesta en escena, argumento documentado hasta el fondo y una interpretación colosal, fuera de cualquier duda. “Churchil” es la última prueba fehaciente de ese paradigma. La fiabilidad es portentosa, no suele defraudar y provee al espectador de una información dramatizada consecuente y admirable.

El realizador australiano Jonathan Teplitzky, con un guión escrito por Alex von Tunzelman, se fija para intentar encontrar al personaje histórico de Wiston Churchil en los difíciles momentos vividos por el controvertido político en los día previos a la operación militar conocida como Overlord que culminó con el desembarco de las tropas aliadas en las playas de Normandia para frenar al ejército nazi en su afán imperialista.

La película se abre y se cierra en una playa. Tiene una estructura circular. En la primera escena vemos al polémico mandatario británico consumido por el remordimiento y el sentimiento de culpa. Las aguas del Atlántico se tiñen de sangre, de un espeso color rojo. En ellas, Churchil, ve el devastador fracaso de la batalla de Gallipoli (Turquía) durante la primera guerra mundial. Mandó a jóvenes soldados australianos y neozelandeses a atacar posiciones enemigas fuertemente armadas. La batalla se saldó con numerosas bajas. El filme refleja la angustia y desazón del primer ministro que nunca logró superar las consecuencias de una orden equivocada. En esa tesitura, Churchil, apesadumbrado y atenazado, de nuevo, por la responsabilidad de apoyar la invasión de Francia, tenía el ánimo encogido y la encrucijada no le dejaba pensar con claridad.

Excelente Brian Cox como Churchil

Excelente Brian Cox como Churchil

“Churchil” trata de acercarse al hombre, al político, al esposo y al militar en unos momentos delicados y contradictorios. Su capacidad de análisis y soberbia personalidad se peleaba con su fondo humanista y descartaba la misión por pensar en el número de muertos que semejante ataque podía causar entre los jóvenes soldados. Esta zozobra emocional, a veces expuesta con el áspero e iracundo carácter del ministro de defensa, queda matizado, en su zona íntima, por la correosa relación que mantuvo durante esos agitados días con su esposa, interpretada, con medida insolencia, por una valiosa y encantadora Miranda Richardson. La extensión de la pugna de Churchil con Eisenhower y Montgomery se traslada de igual modo a las dependencias de Downing street, lugar de algunos sonados rifirafes del matrimonio y logran retratar, con la habitual solvencia detallista del cine británico, la enconada pelea de Churchil aparentando ser Churchil mientras su fuerte temperamento se debilita por las pertinentes razones apuntadas por su inteligente esposa.

Difíciles decisiones para el primer ministro

Difíciles decisiones para el primer ministro

El actor Brian Cox, ha encontrado un papel a su medida. Su interpretación no deja lugar a las dudas de su compromiso para con el personaje. Seguro, porque se aprecia, habrá visto infinidad de documentales y habrá leído innumerables discursos para ceñirse, lo más posible, al ser retratado, consiguiendo que la capa del actor quede por debajo de su criatura y que su formidable trabajo dejé ver al personaje al que trata de dar vida en la pantalla. Todos los espectadores reconocen y admiran a los intérpretes británicos por su talento y esfuerzo. Su grado de entrega, casi siempre, supera la mera composición para sumergirse, como es el caso, en su proceloso tormento, desplegando artillería cuando se pone farruco y engreído y tierno y amable cuando comprende que detrás de un hombre siempre hay una gran mujer.

El habano que no falte en la boca de Churchil

El habano que no falte en la boca de Churchil

No se le pueden poner pegas al filme. “Churchil” cumple con creces el nivel artístico y estético que se le suele pedir a este tipo de puntillosas producciones, cuyos resultados dejan entrever la pericia y calidad de todo el equipo artístico y técnico. No se le puede reprochar ningún dislate. La historia, con una narración estructurada según los días que marcan la pauta del desembarco de Normandía, se sigue con interés y sin perder el hilo de los acontecimientos. El rigor y la profesionalidad no se esconden. Quizás, a mi modo de ver, a “Churchil” le suceda lo mismo que a otro largometraje de reciente fecha, “Su mejor historia”, dirigida por la realizadora Lone Scherfig, también ambientada durante la IIGM que tanta placidez, encanto y buen hacer funcional le reste alma y coraje a las imágenes. Es decir, que la eficacia, los temas que incumbe y los mecanismos expresivos son tan esperados que no hay hueco para el factor sorpresa. Que todo sigue igual: elaborado con alta competencia.

 

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