En tiempos de luz menguante

Bruno Ganz bronceándose

Bruno Ganz bronceándose

 “En tierras de luz menguante” (2017) es un filme alemán cuyo enunciado principal se centra en la descomposición del régimen totalitario de la antigua RDA enfocado desde el despiece de una familia desencontrada y que representa la agonía del régimen comunista alentado por la nueva política impulsada por el renovador patrón que gobernaba en el Kremlin a finales de los ochenta. El simbolismo del relato se ciñe a un objeto material, una mesa larga, en la cual, en los tiempos de felicidad y esperanza, los miembros de la familia se reunían a comer y expresar el orgullo de la nación. Ahora, en la narración, es motivo de un fácil y poco elaborada y sutil alegoría sobre el fracaso.

La película arranca en la antigua villa soviética de Slava. Una dulce y melancólica voz over traza las bonitas y alegres bondades de una población agrícola y trabajadora que las imágenes transmiten. El vuelo aéreo de la cámara deja ver una zona cálida y acogedora bañada por la hora bruja del atardecer y que es conocida por los aldeanos como luz menguante. Una fotografía anaranjada, suave, cariñosa, envuelve la pose evocadora y triste del narrador, Que revela el fin del verano y la llegada del otoño. El empleo del acordeón como instrumento utilizado para el fondo musical le proporciona el toque alegre y festivo.

Cartel de la película

Cartel de la película

El corte en la continuidad narrativa nos lleva de repente a un escenario distinto, de edificios decrépitos, mal mantenidos y peor conservados y un rótulo sobreimpreso sitúa la acción. Año 1989 y el espacio geopolítico es la antigua RDA. La paleta de colores deja de ser candorosa y el tono gris y azulado alumbra, con mucha frialdad, el discurso que se nos va a ofrecer. La fecha y el ambiente, sórdido y desmejorado, anticipa una historia desapasionada y lúgubre. Una visión y punto de vista sobre el desmoronamiento de una república con los días contados y a un paso de su definitiva desintegración con la caída del muro de Berlín, noviembre de ese mismo curso.

La hecatombe y conmoción de la ruina moral de un desvencijado régimen obsoleto y patibulario se refleja en el planteamiento del largometraje. Wilhelm Powileit, encarnado por el siempre imperecedero y brillante actor alemán Bruno Ganz, es un veterano y convencido comunista que cumple 90 años y la familia y parte de la burocracia del partido le van a rendir un merecido homenaje. A pesar de su avanzada edad, se encuentra físicamente bien y tiene todavía el atrevimiento coqueto de broncearse con lámparas de luz ultravioleta. Desoye los consejos de su médico y amigo y esconde las pastillas recetadas detrás de los libros de su biblioteca. Está casado en segunda nupcias y tiene dos hijos de su primera mujer. Afiliado al partido de los trabajadores tuvo que exiliarse a México con la llegada de los nazis. Después de 10 años regresa a Alemania y se instala en la zona de Berlín comandada por los soviéticos. Su efemérides es el reconocimiento a su integridad y al tenaz e indesmayable servicio a la causa.

Wilhelm con la mesa de la discordia

Wilhelm con la mesa de la discordia

El palmarés es envidiable y la vitola de persona acérrima a unas ideas le ha granjeado la simpatía y admiración de camaradas y burócratas. A la fiesta de aniversario acuden, en varios turnos, hijos, nueras, nietos, colegas, vecinos y una nutrida delegación de funcionarios que le felicitan y le honran con distintas muestras de aprecio y consideración. El periódico reseña su firme lealtad al partido comunista y niños cantantes le dedican en el patio de su casa con jardín un tema de exaltación del héroe. Un personaje, Wilhelm, que tiene sirvienta, que actúa a modo de confidente, a la que no duda en apreciar su apoyo y atención ofreciéndole dinero que acomoda entre sus generosos pechos.

El filme, inspirado en la novela homónima de Eugen Ruge, está escrito por el guionista Wolfgang Kohlhaase y dirigida por el realizador teutón Matti Geschonneck, no muy conocido por estos lares y autor de “Boxhagener Platz” (2010). La pieza, de narración calmada y metódica, se apunta a la línea de películas sobre los diversos estados de ánimo de los ciudadanos de la República Federal de Alemania. Su propuesta y estética estaría más cerca de la formidable “La vida de los otros”, de Florian Henckel, la concentrar su historia en la opresión y espionaje que el estado acecha a posibles disidentes y desafectos del régimen. El caso contrario sería “Goodbye Lenin”, de Wolfgang Becker, al introducir la comedia de tintes surrealistas como la manera de hacer creer a una convencida comunista que nada ha cambiado después de un largo letargo por enfermedad.

Impresionante Bruno Gang

Impresionante Bruno Ganz

La reunión familiar, en calidad de drama coral, tiene el propósito de fijar, con cierto realismo costumbrista, la disolución de una sociedad atrapada en el inmovilismo decadente de una estigmatización que tiene las horas contadas. Wilhelm así lo adivina al reconocer los cambios que se están produciendo en la madre patria, la Unión Soviética, y la la política de apertura impulsada por Gorbachov. Su comentario al respecto es descorazonador. De igual modo que todo el folclórico desfile de personajes de a pie como aquellos que representan a instituciones para felicitar al camarada nonagenario tiene una aspecto ultramontano, como asfixiado por un ritual tan bien coreografiado como sórdido y varado en el tiempo.

Pero el hecho que termina de degradar el status quo del protagonista no es otro que la ausencia de su nieto mayor y más querido por él. Sasha, al que vemos al comienzo de la película solo y en un edificio de apartamentos desolador y destartalado, que representa la clave de la urgencia de un cambio, se ha fugado a Occidente. Su abuelo lo espera con impaciencia porque es el único que sabe abrir y montar la mesa gigante del comedor en la que se pondrá el catering para lacelebración. Wilhelm ignora que no vendrá. Antes de saberlo opina quien huye de la república hay que tacharlo de traidor. El espectador sabe que no acudirá a la cita. Y espera con alerta cómo se lo tomará el viejo.

La muerte. El comienzo del fin

La muerte. El comienzo del fin

“En tiempos de luz menguante” es una crónica familiar en torno a un anciano patriarca que va notando en advertencias metafóricas como el derrumbe de la mesa que él mismo se ha encargado de arreglar por la ausencia de su nieto escapado hacia el capitalismo es sinónimo de la herrumbre de un sistema forjado por personas como él al que le ha llegado la caducidad de su funcionamiento. Este relato es una sombrío y elegante obituario de la irremediable muerte de una obsoleta manera de entender la vida que nació como una utopía y devino en una funesta tragedia ruinosa y desmoralizante. Todos los personajes que se mueven y pululan por la casa de Wilhelm representan un cliché en la organización de una sociedad que permanecen incólumes y partidarios de una estructura de la que no reniegan por no alzar la voz y convertirse en parias y defenestrados.

Novela que inspira la película

Novela que inspira la película

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