19 Abr 2007

El grito en el cielo

Vivimos en un tiempo de censura. Cada vez que aparece un nuevo anuncio mostrando al Papa en cueros, a Mahoma fumando cannabis o a una mujer atada con cintas de cuero, miles de fervorosos espectadores ponen el grito en el cielo (no sé si en el del Papa o en el de Mahoma) pidiendo, en el mejor de los casos, la retirada de tan ofensivas imágenes.

Salvando las distancias con regímenes anteriores donde la tijera troceaba a su antojo, estamos permanentemente dispuestos a sentirnos heridos y ofendidos. Parece que algunos quieren indignarse para después censurar. Y sin embargo, tras tanta polémica absurda me sorprende como el principal motivo de ofensa pública de este país permanece en el olvido.

Cuando cualquier asociación de carniceras, agrupación religiosa o patio de vecinos hubiera quemado productoras y cadenas de televisión, los hombres de este país aguantamos imperturbables la permanente humillación que suponen para nuestro género las series de ficción españolas. En su inmensa mayoría nos presentan el estereotipo del español gañán, zafio, poco inteligente, rudo, impulsivo y obsesionado con el sexo opuesto.

Es un bombardeo continuo, que cala poco a poco y que a nadie parece molestar. Párense a pensarlo un segundo.  Si cualquier otro colectivo fuese obsequiado con semejante tratamiento tendríamos pancarta, manifestación y -en este país somos así- algún iluminado pidiendo leyes nuevas para acabar con el ultraje.

En realidad a mí me da cierta pereza protestar por estas sandeces, pero no deja de sorprenderme que nadie se percate de que, puestos a quejarnos, los hombres tenemos motivo. Seamos un poco serios y dejemos los escrúpulos para otras cosas, que las hay en abundancia. A ver cuándo alguien censura los precios del los pisos, los seiscientoseuristas, la profusión de inauguraciones previas a las elecciones o las míseras pensiones con las que sobreviven millones de españoles.

Yo les dejo, que me marcho ahora mismo a poner el grito en el cielo... pero no sé muy bien si en el del Papa o en el de Mahoma.

 

10 Mar 2007

Vergüenza ajena

 

Política (Del lat. politĭcus, y este del gr. πολιτικός )

- Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.

- Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.

- Cortesía y buen modo de portarse.


 

Demagogia (Del gr. δημαγωγία )

- Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.

- Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.


 
Crispación

 - Acción y efecto de crispar.

Crispar (Del lat. crispāre)

- Irritar, exasperar.


 Vergüenza (Del lat. verecundĭa)

-Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante.

~ ajena

- La que uno siente por lo que hacen o dicen otros.



 

 

11 Feb 2007

Lo más leído

Algunos medios  de comunicación han incorporado en sus ediciones digitales una nueva prestación. Se trata de la sección titulada lo más leído. Es un servicio revelador, pues nos da buena muestra a los profesionales de la comunicación de los temas y enfoques que mejor funcionan entre la audiencia. Por primera vez -confiando en la transparencia de esos medios digitales- tenemos al alcance de la mano y del ratón esos datos que siempre hemos deseado conocer: ¿Interesa este asunto? ¿Es esto actualidad? ¿Leerá alguien esta noticia? Ahora por fin lo sabemos.

El caso es que, movido por una mezcla de  curiosidad personal e inquietud profesional, llevo varios días navegando en diferentes medios buscando lo más leído. Observen los resultados: Detenido el asesino del alcalde de Fago. Halladas varias notas manuscritas en el piso de Erika Ortiz. Polémica por el desnudo de la peluquera gallega. Apedreadas y enterradas vivas en Cabo Verde. Revelador.

Uno siempre se había resistido a creerlo. Oíamos a los ejecutivos de los grandes grupos de comunicación usar la excusa de siempre: "Es que la audiencia pide esto" y "esto" no era otra cosa que carnaza, basura y morbo. Algunos decíamos que no, que el análisis no era tan sencillo. Que lo que sucede es que hay una saturación de contenidos similares y que la gente los consume porque no hay otra cosa.

Lo cierto es que somos así. Vivimos movidos por el espectáculo, el show, el morbo, el cotilleo y la crítica permanente. No soy el primero en decirlo, ni es un argumento nuevo, pero esta vez contamos con la frialdad de las cifras, con la consistencia que supone conocer el número de internáutas que busca y demanda ese tipo de argumentos.

Así somos. Una sociedad fascinada consigo misma, con el dolor ajeno, con la muerte y el escándalo. En las encuestas algunos dirán que escuchan las tertulias de actualidad en la radio y ven los documentales de La 2. Pero lo más leído nos devuelve a lo que somos,  a una sociedad que hace tiempo prefirió  la emoción a la razón.

Eso nos enseña lo más leído, que, nos guste o no, formamos parte de una masa infecta y narcotizada que madruga, trabaja y se vuelve a acostar, y que -en medio de esa rutina- bucea en las miserias de si misma para entretenerse un rato.

23 Ene 2007

Bordes

Entrevisto a una persona en la radio. Me sorprende su vehemencia, la claridad con la que expone sus argumentos y la aparente indiferencia que muestra ante las consecuencias de sus palabras. El entrevistado critica, argumenta, amonesta y reprende sin preocuparse. Resulta ser un borde y además un grato invitado.

Me paro a pensar en la candidez con la que trabajamos en general los medios de comunicación, una asepsia obligada o auto impuesta que en pocas ocasiones se rebasa. Además, los que tenemos que preguntar y entrevistar a personas más o menos relevantes nos encontramos casi siempre con que al otro lado del micrófono el personaje en cuestión tampoco se sale del guión.

Esa es la ficción que presentamos a menudo. Una calma pactada y sosa. Pero lo cierto es que el borde vende, el desagradable, el maleducado cae bien, seguramente por que escasea. Por eso triunfa el Dr. House y su versión española, el admirado Vilches de Hospital Central. Por eso en la pequeña pantalla Antonio Gasset nos manda a paseo con la misma facilidad con la que hunde cualquier película en Días de Cine. Y nos encanta.

El borde escasea, pero escasea sólo en los medios de comunicación, tan acostumbrados como digo al dulce y al pastel de cada día. Porque en la vida real hay maleducados por doquier: groseros detrás del escaparate, clientes descorteses, vecinos malencarados y compañeros insoportables. Pero esos -sobra decirlo- no nos caen bien.

Ahora se explota lo borde y lo incorrecto. Y la moda, como siempre, pasará. Mientras tanto algunos contertulios y periodistas incendiarios se suben al carro de la grosería permanente. No se equivoquen, ellos son también personajes de ficción, igual que el Dr. House. 

Para el cierre, una cita que atribuyen a mi admirado Antonio Gasset, un borde de verdad, porque ya  lo era antes de esta moda pasajera:

 

Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos. La diferencia es mínima.

                     

09 Dic 2006

Siete días en La Habana

Voy a La Habana con la mochila llena de preguntas.

 

Vuelvo cargado de dudas

 

               

19 Nov 2006

La tele

La televisión es puro show.  Por definición el medio televisivo esta concebido para atraer la mirada, y para ello utiliza el morbo, la sangre, el rumor o el sexo. Son ingredientes que, a lo largo de décadas, se han revelado más atractivos para ese fin que otros como la reflexión, el análisis o la información aséptica. Estos últimos aburren.

En los últimos meses se ha abierto la guerra de los informativos (si es que alguna vez no lo estuvo) de forma declarada. Lo que más cuenta en un noticiero nacional no es la calidad de las noticias, su desglose o profundidad; lo importante son los números y la audiencia, y para ello cada noche a las nueve se monta un espectáculo. Se trata del show.

En esta funesta batalla hay rostros que han sabido adaptarse. Seguramente no sea culpa suya, pero es el caso de Matías Prats, ese hombre que es capaz de saltar con absoluta naturalidad desde los cuarenta y tres muertos en Irak hasta el chino que jamás se ha cortado las uñas. Con esta fórmula Prats y su equipo de informativos se han consolidado como los preferidos por la audiencia española. Además de las cifras, sus espacios de noticias y el propio rostro de Matías son los que más credibilidad proyectan entre la ciudadanía.

Parece que la receta se expande, porque en la actualidad los "telediarios" se componen de un poco de política, bastante de sociedad, buena dosis de morbo-espectáculo y mucho, mucho deporte. Como diría Matías, éste es su modelo y cada día el de más gente.

El panorama es desolador. De cadena en cadena los informativos recuerdan cada vez más a "Vídeos de Primera", eso sí, con un poco de ZP o Rajoy, según sea la línea ideológica de los dueños de la cadena.

Por si quedaba alguna duda esta semana se pudo comprobar como el show-bussines se ha adueñado sin pudor de los espacios de noticias. Es la guerra por captar al televidente, y para ello nos ofrecieron en titulares y con detalle la detención de la ex mujer de un político marbellí. Unos días después enviados especiales cubrían con exquisito rigor informativo el trascendental enlace entre una pareja de actores por el rito sectario de la cienciología. Estas eran las noticias que abrían los informativos durante la semana.

Enviado especial a Marbella, conexión en directo con el evento desde Roma, noticia de los record Guinnes, Imelda Marcos enseña sus joyas, los bomberos de Bilbao agotan sus calendarios...

Estoy confundido y pegado a la pantalla. Bruce Lee me sonríe en blanco y negro.

   

 

      

 

 

         Be water my friend

02 Nov 2006

Cuéntame...

Circula por Internet un artículo atribuido a Forges bajo el título de "La nómina de mi padre". Si teclean esa frase en cualquier buscador les aparecerá el artículo en cuestión, aunque tal vez antes algún conocido se lo envíe al correo electrónico.

Uno tiene la manía de confirmar las informaciones -deformación profesional- y al leer el texto busqué en la versión digital de El País cualquier referencia al artículo, a su autoría y a la fecha de publicación. Nada. No hay reseñas al respecto, así que se tratará de nuevo de una ocurrencia de algún anónimo internauta con ganas de difundir sus ideas.

El caso es que el escrito está bien. En poco más de un folio el supuesto Forges habla de la situación de muchos jóvenes españoles que se plantean comprar una vivienda. Para ello utiliza un argumento tan demoledor que, después de leerlo, uno se hunde en el sofá y navega entre el pesimismo y la cólera. Su argumento son los números.

Para no aburrir lo explicaré brevemente: El artículo compara los sueldos de un joven de finales de los 70 con uno actual, hace lo propio con el precio de los pisos y nada más. Con eso basta. Punto final. 

Vamos allá: El sueldo de un currante medio en diciembre del 79 era de 38.000 pesetas. El precio de un piso en el extrarradio de una gran ciudad era de medio millón. La relación es sencilla, bastaban 14 nóminas para pagar el piso. (38.000 X 14 = 532.000)

En 2006 el sueldo de un licenciado en informática -pongámoslo en pesetas-  es de unas 200.000 al mes.  Un piso modesto y  de segunda mano puede encontrarse por 35 millones. La relación es sencilla, bastan 175 nóminas para pagarlo. (175 X 200.000 = 35.000.000)

Todavía hay más, una cuenta que (por la pereza que nos suele dar a los de letras) nos viene francamente bien. Con las cifras en la mano un joven español de 2006 debería cobrar dos millones y medio de pesetas al mes (15.000 €) para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres. Así, con ese sueldo podríamos pagar lo que cuesta hoy un piso en 14 mensualidades. Lo dicho, entre la cólera y el pesimismo.

Así que ya tenemos respuesta para la frase de "a ver cuándo te vas de casa hijo". Y sí, es cierto que a nuestros padres también les supuso un gran esfuerzo y que los intereses entonces eran escandalosos. Pero esto es otra historia. Desde que leí "La nómina de mi padre" estoy sumido en una atmósfera pesada y extraña, como de tormenta antes de explotar. Miren a ver si a ustedes les pasa lo mismo, que empiezo a estar preocupado. Aquí les dejo el enlace. Ánimo.

Te vas a cabrear, pero pincha aquí para leerlo completo

                      

13 Oct 2006

Vuelta a la vida

Llevo días sin palabras. El torrente de noticias descarga como una borrasca de otoño. Tengo tanto de qué hablar... Vuelta a la vida tras el verano. Todo debe cambiar para que todo siga como está. Leo los periódicos y observo las miradas. De Logroño a Corea el horizonte continúa siendo el mismo.

El Roto me facilita el trabajo. Con tu permiso, Andrés.

03 Sep 2006

Confieso

Un título como este promete líneas de cierto interés y reflexiones de calado. No se hagan ilusiones, debo reconocer que mi siguiente confesión es una mera futilidad: Leo best-sellers. Lo confieso.

Acabo de terminar Un lugar llamado libertad, de Ken Follet, paradigma de autor de éxito con una obra conocida mundialmente y millones de fervorosos seguidores. Lo he leído con fruición, con una insana adicción que sería perjudicial en cualquier otra faceta de la vida.

Se trata de un libro sencillo, grandioso y cautivador. Narra las peripecias de Malachi MacAsh, un minero escocés de finales del siglo XVIII. Sin tregua, Follet maneja la narración con maestría, llevando al lector desde Escocia hasta las colonias británicas en América sin olvidar una parada en el mugriento Londres de la época. Una historia con amor, pero también con sangre y pesadumbre, con delincuentes piojosos y muerte tras la esquina. En resumen, se trata de un best- seller que además es un gran libro.

En este mercadeo de cultura de superficie, de falta de esencia absoluta parece arriesgado confesar tal pecado. Es ya habitual escuchar mensajes en contra de los best-sellers, edictos condenatorios que se lanzan desde huecas tribunas auto legitimadas y que se repiten en cualquier cafetería de barrio. Casi hasta me divierte.

Pregunten a los libreros qué opinan acerca de Dan Brown y la posterior avalancha  de tramas medievales con pinceladas vaticanas y formidables misterios olvidados. Pregunten. Y ya de paso pídanles su opinión sobre Le Carré, Auster, Reverte o Saramago. Porque no conviene olvidar que ellos también son eso: "mejor-vendidos".Los libreros responderían con muchos matices, pero reconociendo que sus cajas registradoras pasan menos hambre gracias a El Código Da Vinci o Los Pilares de La Tierra.

Lo que realmente me desquicia es la simpleza, la falta de sustento en la que mucha gente apoya sus críticas contra los best-sellers. Todavía hay personas que hacen incompatible el éxito comercial o la acogida popular con la calidad artística. En la disparatada lógica de esa gente  todo lo que queda al margen de los cauces del mercado o del vulgo es, sólo por ese motivo, sublime, soberbio.

Pensamos y criticamos en función de clichés como esos. Así es más sencillo. No hay análisis ni reflexión y uno se posiciona en seguida junto a acólitos compañeros. Arte y mercado. Valor y precio.

¿Acaso las obras de Shakespeare no estaban escritas para gustar de forma deliberada al pueblo llano? ¿Es un mal autor Lope de Vega por haber escrito cientos de exitosas  comedias? ¿El Quijote es una bazofia porque vende cada año decenas de miles de ejemplares en todos los idiomas?

Un lugar llamado libertad. Acertada lectura para estos tiempos de pateras y cayucos. Que conste que además de a Follet los últimos meses he devorado a Buscarini, Umberto Eco, García Calvo, Bourdieu, Félix de Azúa  o Sáez Aldana. Seré obvio, hay escoria por doquier y belleza en todos los rincones. Me gustó ese libro de Follet y no me duele confesar también que Houellebecq me produce sopor. Será que soy poco inteligente.

 

 

16 Ago 2006

Contemplación

Salgo pronto. Hoy he vencido a la radio. Apenas son las seis de la tarde. Tengo cosas que hacer. Desciendo por Vara de Rey. La ciudad está despertando de la siesta. No es una tarde de piscina. Hay cuadrillas de chicos y chicas vagando por el asfalto.

 

Encuentro a Ricardo con los suyos. Sonríe. Me veo en sus gafas de sol de sheriff americano. Sigo mi paseo. Tengo que comprar cedés y líquido para las lentillas. Entro. Hay cola. La tarjeta de la señora no pasa por el lector. Qué divertido. La cola aumenta y el calor también.

 

"Sí, dos botes. Ah, que de ése no les queda... ya. ¿Y cuándo tendrán?... Claro, como es agosto, ya, ya. No, no se preocupe. Gracias. Adiós". Salgo. Respiro aire y polvo de las obras.

 

Gran Vía. Por aquí pasaba el tren. Entro a la tienda. Tarrina de cedés. La de diez. "Tres con noventa y cinco ¿no?.. muy bien, gracias"

 

Vale, ya está. Vamos a casa. El ruido de las obras salpica por doquier. Sigo mi camino. Hay grandes muñecos atados a las verjas. Extraño. Me acerco. No son monigotes. Son personas. Uno, dos tres, cuatro, cinco, seis, alli otros dos, ese con su hijo...

 

Observan el espectáculo. Quietos. Contemplan las obras. Los operarios lo saben. Se estudian discretamente mientras aprietan su turno. Unos trabajan. Otros miran. Un anciano de grandes manos asiente desde la verja. El niño señala. Cae el hormigón por un gran tubo. Contemplación.

 

Me detengo apenas dos segundos. Suenan las máquinas. Una hormigonera da marcha atrás. Polvo. Ruido. El conductor grita algo que no se escucha. Un espectador agarra la verja metálica. Entra un gran camión. El hormigón sigue bañando la estructura esquelética. Dos observadores hablan. No se les oye. El niño mira petrificado las ruedas gigantes.

 

Pienso un par de cosas. Las tiro al hormigón. Vamos a casa.

 

 

                   

Sobre este blog

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La parte contratante

Licenciado en Periodismo, Carlos Santamaría ha trabajado en prensa, radio y televisión. En la actualidad dirige y presenta el magacín diario "Protagonistas La Rioja" en Punto Radio y también, claro, escribe en este blog.

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