16 Jun 2009
Sobre Cristiano Ronaldo
Un empresario privado gasta su dinero en un negocio. Inversión. Va a recuperar sus euros multiplicados. Le llueven las críticas.
Propongo a todos los que se escandalizan por el dinero que ha costado CR9 asuntos vergonzosos de verdad.
Actuales y conocidos. Una pequeña muestra de entre muchos ejemplos
Por ellos sí tiene sentido sentir rubor:
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21 May 2009
El hombre más solo de la historia
Me gusta recordar la hazaña de julio del 69 y creo en ella. Creo de verdad que el hombre llegó a la Luna, me encanta esa aventura, esa búsqueda constante del lugar extraño, del sitio al que nunca se ha ido. Eso es lo que nos hace
seres humanos.
Este verano se cumplirán cuarenta años del primer alunizaje tripulado. Después del Apollo 11 vendrían otras cinco misiones que lograron colocar sobre ese suelo gris, rocoso y polvoriento los pies de doce afortunados.
Doce. Doce personas han pisado la Luna. Pequeño paso, gran salto. Neil Armstrong personaliza a esa docena, pero también a los cientos, a los miles de ciudadanos, de ingenieros o políticos que -por uno u otro motivo- creyeron en ese sueño.
Armstrong fue el primero, huella, bandera y frase para la historia. Buzz Aldrin descendió por la escalerilla algo después, pero ha pasado también a la historia. Él es el astronauta de esta famoso foto conocida como Man On The Moon, formidable imagen que siempre me deja congelado, como si el astronauta me estuviera preguntando algo. 
Pero el tercero, el indispensable y olvidado Michael Collins, fue seguramente el hombre más solo del mundo, del cosmos, de la historia. Por lo menos durante los minutos en los que la sonda en que orbitaba pasaba por la cara oculta de la Luna y todo era silencio.
Abajo, Aldrin y Armstrong paseaban y recogían muestras lunares, izaban una bandera y sacaban cientos de fotografías. En La Tierra, millones de personas aguardaban en vilo, otras muchas ignoraban la hazaña o dudaban del logro que estaba a punto de conseguirse.
Collins no dudaba. O sí. Quién sabe. A veces pienso en él, en su orbitar silencioso pero capital para la hazaña que llegaba. Pienso en Collins, y me gusta imaginar sus pensamientos durante esos minutos fríos, eternos y negros de una misión en la que le tocó cumplir ese papel, el del hombre más solo de la historia.
30 Sep 2008
Cuando florecen las ortigas
Llevo días con ese verso en la cabeza. Lo vi en un reportaje de TVR. El poeta Adrián Pérez lo recitaba en pleno campo, junto a su rebaño de ovejas.
cuando florecen las ortigas
Hacía mucho tiempo que no escuchaba palabras tan bonitas.


12 Sep 2008
Globalización
Salgo a la calle y llueve.
Abro un paraguas barato.
Recuerdo que le pagué tres dólares a un vendedor mexicano en Carnegie Hill, Nueva York.
De repente me fijo. Pone MADE IN CHINA.
Llueve en Logroño.
Abro un paraguas barato.
21 Dic 2007
Carta
En estas fechas uno recibe y envía cartas, manda e-mails, desea, sueña... A veces hay tiempo incluso para recordar, para mirar el año que se va. Buscando algo para escribir en el blog he encontrado una vieja carta. Está amarillenta y raída. La tinta casi ha desaparecido de algunos párrafos, pero aún se lee bien con algo de esfuerzo. Me gusta esta carta, y eso que apenas recordaba quién la escribió y por qué lo hizo.
Es mi carta para despedir el año. Ni siquiera la escribí yo. Ni siquiera es auténtica. Bueno, sí es cierto que el reportero Smith estuvo allí. Escuchó el sermón que dio el jefe Seattle en aquel invierno de 1855, pero en realidad no entendía una palabra de la lengua de los indios Squamish.
No sé... Supongo que el Seattle Sunday Star era un periódico como casi todos los de entonces, repleto de historias fabulosas, hambriento de héroes con hazañas y palabras emocionantes. Mi vieja y polvorienta carta no es real, pero estoy seguro de que Henry A. Smith recogió en aquella noticia el espíritu de lo que dijo el anciano jefe indio.
Ese es el camino de mi carta de Navidad. Un recorrido que, sin necesidad de sello ni de oficina postal, pasa por las palabras de un hombre que habla a su pueblo con lágrimas en los ojos, un reportero que se emociona y pregunta"¿qué dice? ¿a qué se refiere?" y una noticia publicada en un periódico local años después. Aquí os la dejo. No sé muy bien por qué escribo esto. Supongo que después de leerla de nuevo y aunque el papel sea frágil y su voz suene débil y ronca, el mensaje es tan poderoso que hoy, terminando el año 2007, sigue resonando intensa y fuerte, urgente y triste, la carta de Seattle, el Jefe Indio.
Al Presidente de los Estados Unidos de América, Sr. Franklin Pierce. Año 1855:
El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.
¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para
nosotros una idea extraña.
Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.
Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.
No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.
¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.
El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.
Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si
decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.
¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.
Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.
Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.
Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.
Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.
Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.
La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.
Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.
Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.
¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.
¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.
La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

16 Nov 2007
Por fin llueve
Tararea la melodía y ya sientes como vuelve esa sensación. Camina feliz bajo la lluvia, y por un momento te gustaría estar ahí , mojándote con Gene Kelly en lugar de estar viéndolo al otro lado de la pantalla.
Da igual que aquella tarde de 1952 el bailarín tuviese 40 grados de fiebre. Es igual. Da lo mismo saber que no era lluvia de verdad, que había decenas de personas encima del
escenario regando al pobre enfermo con litros de leche diluida en agua. No importa.
Es el encanto que tienen algunas cosas. De repente uno se entera de que aquello que hace tiempo creía que era de una manera no realmente así. A veces sientes esa bofetada de realidad en la mejilla y, bueno, en el momento te quedas ahí, en el sofá, mirando al protagonista sorprendido y extrañado... ¿Es esta la misma película?... ¿Cómo que agua con leche? Para qué me lo habrán contado....
Lo bueno que tienen algunas cosas es eso que no se puede definir, que no se puede poner en dos líneas de un blog un jueves por la noche. Es esa fuerza extraña y mágica que hace que algunas cosas -muy pocas- nos gusten y nos cautiven sin saber por qué.
“I’m dancing and singing in the rain”
Eso es todo lo que le dice al agente mientras la cámara empieza a alejarse en un plano general. La melodía resuena todavía en tu cabeza y dices.. es cierto... claro que sí.. al mal tiempo, buena cara.
27 Oct 2007
Escenas de Nueva York
Camino por la Quinta Avenida bajo el sol de otoño de Manhattan. Un hombre de traje y corbata pasa con una pancarta por delante de mí. En el cartel se lee "3.818 american soldiers killed in Irak. Stop War". Soy el único de toda la calle que le dedica dos segundos de atención.

Estoy en la cola para subir a la Estatua de la Libertad. Detrás de mí hay unos turistas griegos. Acabamos hablando del Real Madrid y de Cesc Fábregas.
Entro en una pizzería de la 7ª Avenida. El dueño es un italoamericano descamisado y sudoroso. Está al teléfono. De repente le grita a un cliente "¿De qué talla son los pantalones que quieres?"
Times Square. El centro de Nueva York. Las calles están repletas de gente. Un hombre me sonríe con un cartel colgado. Me dice que no vote por Hillary Clinton, porque sabe que es el demonio en persona.
El metro. Vagón lleno. Un tipo con sombrero empieza a hacer trucos de magia. En su
camisa se puede leer "Magic Lorenz". Convierte pompas de jabón en cristal, saca tangas de las orejas de las viajeras, aparece una paloma de la nada. La gente le ovaciona, le llena de dólares y le pide su tarjeta. No tiene.
Estoy en la cola para subir al Empire State. Un hombre me pide que le haga una foto. Es de Bulgaria. Acabamos hablando de Hristo Stoichkov.
Battery Park. Dos hermanos negros hacen acrobacias y bailan al son de música Hip
Hop. El público aplaude y ellos pasan la gorra. Se acercan y me piden que les dé un dolar porque si no, me dicen sonriendo "remember, black guys run faster..."
.
27 Ago 2007
En la mesa de al lado
Cuando uno no encuentra las palabras, mejor que las diga otro.
Dale Juanjo
19 Abr 2007
El grito en el cielo
Vivimos en un tiempo de censura. Cada vez que aparece un nuevo anuncio mostrando al Papa en cueros, a Mahoma fumando cannabis o a una mujer atada con cintas de cuero, miles de fervorosos espectadores ponen el grito en el cielo (no sé si en el del Papa o en el de Mahoma) pidiendo, en el mejor de los casos, la retirada de tan ofensivas imágenes.
Salvando las distancias con regímenes anteriores donde la tijera troceaba a su antojo, estamos permanentemente dispuestos a sentirnos heridos y ofendidos. Parece que algunos quieren indignarse para después censurar. Y sin embargo, tras tanta polémica absurda me sorprende como el principal motivo de ofensa pública de este país permanece en el olvido.
Cuando cualquier asociación de carniceras, agrupación religiosa o patio de vecinos hubiera quemado productoras y cadenas de televisión, los hombres de este país aguantamos imperturbables la permanente humillación que suponen para nuestro género las series de ficción españolas. En su inmensa mayoría nos presentan el estereotipo del español gañán, zafio, poco inteligente, rudo, impulsivo y obsesionado con el sexo opuesto. 
Es un bombardeo continuo, que cala poco a poco y que a nadie parece molestar. Párense a pensarlo un segundo. Si cualquier otro colectivo fuese obsequiado con semejante tratamiento tendríamos pancarta, manifestación y -en este país somos así- algún iluminado pidiendo leyes nuevas para acabar con el ultraje.
En realidad a mí me da cierta pereza protestar por estas sandeces, pero no deja de sorprenderme que nadie se percate de que, puestos a quejarnos, los hombres tenemos motivo. Seamos un poco serios y dejemos los escrúpulos para otras cosas, que las hay en abundancia. A
ver cuándo alguien censura los precios del los pisos, los seiscientoseuristas, la profusión de inauguraciones previas a las elecciones o las míseras pensiones con las que sobreviven millones de españoles.
Yo les dejo, que me marcho ahora mismo a poner el grito en el cielo... pero no sé muy bien si en el del Papa o en el de Mahoma.
10 Mar 2007
Vergüenza ajena
Política (Del lat. politĭcus, y este del gr. πολιτικός )
- Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
- Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
- Cortesía y buen modo de portarse.
Demagogia (Del gr. δημαγωγία ) - Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular. - Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.
- Acción y efecto de crispar. Crispar (Del lat. crispāre) - Irritar, exasperar.
Vergüenza (Del lat. verecundĭa) -Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante. ~ ajena - La que uno siente por lo que hacen o dicen otros.
Sobre este blog
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Carlos SantamaríaLicenciado en Periodismo, Carlos Santamaría ha trabajado en prensa, radio y televisión. En la actualidad dirige y presenta el magacín diario "Protagonistas La Rioja" en Punto Radio y también, claro, escribe en este blog.
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