Apuntes para otra poética, un poema de Juan Antonio Bermúdez

Nadar contra corriente. Ese es el plan.
Cada uno lo sigue a su manera.
Hay quien se abraza a un árbol
y quien mide las nubes,
quien se arrodilla y quien se alza,
quien se persigna y quien abjura.

Sortear aduanas ortográficas,
recolectar parábolas, excitar
a los umbríos rumiantes del idioma.

Nadar contra la terca acometida,
desanudar la telaraña.
Nadar sin brújula
ni orillas a la vista.
No hundir al otro en nuestro nado.
No hundir al otro.

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31 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Sebastián en sueños

Sebastián en sueños dijo

Me gustó mucho el primer libro de Bermúdez.
Un crack.

Luis C.

Luis C. dijo

Una de las cosas que creo entender que sugiere el poema tiene que ver con la literatura pero también con el arte en general. Se trata, me parece, de no amarrarse demasiado al conservadurismo de las reglas de una técnica específica. Siempre me pareció un argumento tonto decir que una palabra está mal usada en una obra literaria o un giro gramatical, sólo porque no está recogido por la Real Academia. El lenguaje, como todo, agradece la innovación y el arte de inventar palabras que nos permitan expresar cosas hasta el momento no dichas me parece maravilloso. Aún así sigo teniendo dudas con otra cuestión, ¿para saltarse las reglas hay que interiorizarlas antes o podemos saltárnoslas de golpe y aún así ser buenos?

Una explicación de las múltiples posibles

Una explicación de las múltiples posibles dijo

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable. Ayudé muchas veces a este mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: «José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera». Había otras dos higueras, pero aquella, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera. Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba.

En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, el mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, introducía en el relato: «¿Y después?» Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los 14 años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa. Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: «No hagas caso, en sueños no hay firmeza». Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: «El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir». No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.

Muchos años después, escribiendo por primera vez sobre éste mi abuelo Jerónimo y ésta mi abuela Josefa (me ha faltado decir que ella había sido, según cuantos la conocieron de joven, de una belleza inusual), tuve conciencia de que estaba transformando las personas comunes que habían sido en personajes literarios y que esa era, probablemente, la manera de no olvidarlos, dibujando y volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del recuerdo, coloreando e iluminando la monotonía de un cotidiano opaco y sin horizontes, como quien va recreando sobre el inestable mapa de la memoria la irrealidad sobrenatural del país en que decidió pasar a vivir. La misma actitud de espíritu que, después de haber evocado la fascinante y enigmática figura de un cierto bisabuelo berebere, me llevaría a describir más o menos en estos términos un viejo retrato (hoy ya con casi 80 años) donde mis padres aparecen: «Están los dos de pie, bellos y jóvenes, de frente ante el fotógrafo, mostrando en el rostro una expresión de solemne gravedad que es tal vez temor delante de la cámara, en el instante en que el objetivo va a fijar de uno y del otro la imagen que nunca más volverán a tener, porque el día siguiente será implacablemente otro día. Mi madre apoya el codo derecho en una alta columna y sostiene en la mano izquierda, caída a lo largo del cuerpo, una flor. Mi padre pasa el brazo por la espalda de mi madre y su mano callosa aparece sobre el hombro de ella como un ala. Ambos pisan tímidos una alfombra floreada. La tela que sirve de fondo postizo al retrato muestra unas difusas e incongruentes arquitecturas neoclásicas». Y terminaba: «Tendría que llegar el día en que contaría estas cosas. Nada de esto tiene importancia a no ser para mí. Un abuelo berebere, llegado del norte de África, otro abuelo pastor de cerdos, una abuela maravillosamente bella, unos padres graves y hermosos, una flor en un retrato —¿qué otra genealogía puede importarme? ¿en qué mejor árbol me apoyaría?».

Escribí estas palabras hace casi 30 años sin otra intención que no fuese reconstituir y registrar instantes de la vida de las personas que me engendraron y que estuvieron más cerca de mí, pensando que no necesitaría explicar nada más para que se supiese de dónde vengo y de qué materiales se hizo la persona que comencé siendo y ésta en que, poco a poco, me he convertido. Ahora descubro que estaba equivocado, la biología no determina todo y en cuanto a la genética, muy misteriosos habrán sido sus caminos para haber dado una vuelta tan larga... A mi árbol genealógico (perdóneseme la presunción de designarlo así, siendo tan menguada la sustancia de su sabia) no le faltaban sólo algunas de aquellas ramas que el tiempo y los sucesivos encuentros de la vida van desgajando del tronco central. También le faltaba quien ayudase a sus raíces a penetrar hasta las capas subterráneas más profundas, quien apurase la consistencia y el sabor de sus frutos, quien ampliase y robusteciese su copa para hacer de ella abrigo de aves migratorias y amparo de nidos. Al pintar a mis padres y a mis abuelos con tintas de literatura, transformándolos, de las simples personas de carne y hueso que habían sido, en personajes nuevamente y de otro modo constructores de mi vida, estaba, sin darme cuenta, trazando el camino por donde los personajes que habría de inventar, los otros, los efectivamente literarios, fabricarían y traerían los materiales y las herramientas que, finalmente, en lo bueno y en lo menos bueno, en lo bastante y en lo insuficiente, en lo ganado y en lo perdido, en aquello que es defecto pero también en aquello que es exceso, acabarían haciendo de mí la persona en que hoy me reconozco: creador de esos personajes y al mismo tiempo criatura de ellos.

En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.

Ahora soy capaz de ver con claridad quiénes fueron mis maestros de vida, los que más intensamente me enseñaron el duro oficio de vivir, esas decenas de personajes de novela y de teatro que en este momento veo desfilar ante mis ojos, esos hombres y esas mujeres, hechos de papel y de tinta, esa gente que yo creía que iba guiando de acuerdo con mis conveniencias de narrador y obedeciendo a mi voluntad de autor, como títeres articulados cuyas acciones no pudiesen tener más efecto en mí que el peso soportado y la tensión de los hilos con que los movía.

(De cómo el personaje fue maestro y el autor su aprendiz, José Saramago).

Luis C.

Luis C. dijo

Muy bonito, pero, ¿esto qué tiene que ver?

Machiatto

Machiatto dijo

Estoy hoy de un aclarador que tiro para atrás... Creo que quiere explicarte que, aparte del ejercicio necesario que es la práctica de toda escritura, hay cosa que aporta el talento, eso que los flamencos llaman duende y que no se estudia en filología ni lo da la métrica.

Luis C.

Luis C. dijo

Ya, ya. Bueno es que mi comentario no iba por ahí del todo. Pretendía que debatiéramos sobre otro tema: la cuestión concreta del devenir de las palabras, la creación de conceptos a partir de otros o a partir de la simple utilización de los sentidos, y demás. Por eso decía yo lo de conocer las reglas de la génesis lingüística o intentar parecernos más a las artes plásticas, sobre todo a la pintura o al perfumismo, en las que también hay técnicas, por supuesto, y duende, y todo lo que haga falta, pero están más enraizadas en los sentidos, en la percepción, en la sensualidad...., que en mundo simbólico de las palabras. ves por donde voy? Una palabra tiene el valor no por sí misma sino por referirse a otra cosa que no está presente necesariamente, mientras que un color un olor, creado con técnicas o al azar tiene un valor por sí mismo. La poesía es un debate abierto en este sentido, puesto que es el único género literario en el que expresamente, se hacen valer las palabras no por su significado, o al menos no sólo por eso, sino por su sonoridad, por su sensualidad y en eso serían como colores. Al mismo tiempo la pintura sería como la poesía pero al revés: conpuesta de trazos y color y luz, es decir objetos perceptuales que parecen valer por sí mismos, sin embargo para ser grande la pintura parece que esos elementos sensuales se tienen que convertir en símbolos y vlaler por su referencia a otras cosas más o menos ocultas. Es probable que precisamente por eso tantos poetas hayan coqueteado con la pintura y viceversa y tal vez en el autor del blog tengamos un ejemplo cercano de ello.

Machiatto

Machiatto dijo

Veo por donde vas, sólo era una teoría. En mi opinión existe una ruptura en lo contemporáneo (del arte) de ese simbolismo que hablas, precisamente por la utilización que se ha hecho de ello políticamente y religiosamente a lo largo de la historia. Eso lleva a caminos distintos, ritmos sincopados que beben directamente de la rítmica de la música del siglo veinte. También juegos como el "calambre, calavera, calcetín" del otro día que beben del creacionismo o el ultraismo (como alguien explicaba). Yo creo que toda obra artística debe ser un compromiso con el experimento en sí misma. Un riesgo. Las habrá más logradas que otras supongo. Creo que llevas razón en que Kb podría hablarnos de su experiencia como autor, porque él viene del dibujo, tiene una concepción, creo, bastante plástica de sus poemas, abundan las imágenes fuertes. ¿Por qué no tratas de tomarte un café con él y comentarlo? Es un chaval bastante accesible y majo.

Vasily

Vasily dijo

The drawings are Enrique poetry in themselves. Forgive my English, this is the work of an automatic translator.

enriquekb dijo

No tengo inconveniente en tomarme ese café, si te animas, que propone Machiatto. Será un placer.

Basilio

Basilio dijo

Yo creo que si lo que mejor define a la obra artística es el riesgo, subir al ascensor con algunos artistas es una obra artística que te kagas.

Luis C.

Luis C. dijo

Pues lo haré en cuanto pueda porque la verdad es que la comunicación por aquí es algo confusa. Incluso he visto que en otras entradas han usado mi nombre para hacer comentarios que no son míos. O eso o me estoy volviendo loco y no me acuerdo de lo que escribo (pero no creo, jaja). Bueno, tampoco tiene importancia. Sin embargo, de momento lo tengo un poco complicado. Yo tengo mi residencia habitual en Salamanca y, por cuestiones laborales, hay períodos en los que tengo que viajar bastante. Pero en cuanto tenga una temporada tranquila intentaré poner de mi parte para facilitar ese encuentro ya que estoy convencido de que promete interesantes conversaciones. Mientras, seguiré el blog y de vez en cuando dejaré caer mis comentarios y si podemos intercambiar puntos de vista en lo que respecta al arte, yo encantado. Por cierto, creo que teneis razón sobre el tema del desfase del simbolismo, aunque también es verdad que algunos prefieren hablar de una nueva etapa del símbolo, en la que el símbolo ya no es una figura representativa. Sí, precisamente ya no estaría en lugar de otra cosa y menos aún con pretensiones de representarla, ni esquematizarla, ni hacerla más comprensible. Todo ello se situaría en la crítica a la representación, que, como sabemos, también afecta a la política, que tal vez debería empezar a parecerse más al arte y experimentar en lugar de intentar representar lo irrepresentable ni homogeneizar aquello que de suyo es múltiple, diverso y heterogéneo (y de ahí su riqueza). Lo que me preocupa es que teóricamente es aún difícil de explicar: símbolos que ya no representan: jugar con palabras pero sin significantes. Se trata de una recuperación de la sensualidad? Se acabó definitivamente la interpretación? Sólo experimentación. Lo veo positivo, pero como abandonar la manía que tenemos por codificar, traducir, transcribir, interpretar, esquematizar (o dicho en una palabra: controlar)?

Panoptico

Panoptico dijo

Es una manía a la que es difícil renunciar. Es cierto.
Habría que acotar la palabra "riesgo", lo que para uno puede serlo para otro puede ser una parida.

Jeremías

Jeremías dijo

Un buen ejemplo de acto arriesgado, por ejemplo, sería pasearse por Hernani con una bandera española de dos metros; un ejemplo de acto falsamente arriesgado es quemar fotografías del rey. En el segundo caso, lo más probable es que acabes figurando como héroe popular en alguna televisión autonómica; en el primero, una manta de hostias no te las quita nadie.

Basilio

Basilio dijo

Oye, Luis C., si vas a venir de Salamanca a charlar con nosotros del "desfase del símbolo", por nosotros no te tomes la molestia, ¿vale? Aunque es posible que a Machiatto, que está muy metido en la cosa de la "ruptura en lo contemporáneo (del arte)", es posible que le interese conversar contigo, sí. Parecéis los dos igual de memos.

Panóptico

Panóptico dijo

¿Pero quieren dejar en paz a la gente?

Mogwai

Mogwai dijo

Otro de los objetivos de Agosto Clandestino fue posibilitar la convivencia entre poetas riojanos y poetas de ámbito nacional con el fin de mostrar las sincronías entre la poesía riojana y la poesía española. Una de las aportaciones que supuso la celebración de este III Agosto Clandestino fue apoyar la poesía en La Rioja, pero no como un fenómeno regional sino como un fenómeno que se produce al unísono con la poesía nacional. En ese sentido, se quiso salir de la etiqueta de poesía riojana en la medida en que pueda ser un marbete de inferior calado. Es decir, se buscó superar la reducción que supone tratar la poesía que se escribe aquí como algo circunscrito al territorio riojano y sin trascendencia fuera de ese territorio.

enriquekb dijo

Gracias por velar por mi buen nombre cuando no estoy.
(La verdad es que) asusta pensar el tiempo que le dedican a uno sólo por tener un blog o hacer lo que le venga en gana.
A los lectores prudentes les diré que estén tranquilos, las IP´s de nuestros amigos los "insultadores" son siempre las mismas aunque cambien su nick o dupliquen el de otro, este nuevo formato de blogs en larioja.com permite que los vea y guarda un registro, así que tranquilidad, a los que os conozco ya sé desde dónde escribís.
Panóptico maja, curiosamente ayer mantuve una discusión sobre algunas opiniones de Onfray respecto al concepto con el que firmas. Es curiosa la coincidencia. Gracias por tu e-mail sobre el disco, créeme, lo hicimos con todo el amor y el talento que pudimos. Las críticas están siendo muy buenas en general, a nosotros mientras (el disco) nos permita seguir haciendo lo que nos apetece todo nos parece bien. Estamos ahí, sacando temillas nuevos, gozando, mirando como crecen las visitas en nuestro myspace, preguntándonos qué pensaran los oyentes de lugares tan lejanos (como en tu caso). A China no vamos, pero el 8 de febrero estaremos en Logroño, en el Biribay. Antes en Autol y Bilbao. La cosa marcha.

Erotanatos

Erotanatos dijo

Oye, ¿tenéis algún "marbete de inferior calado" que os sobre por ahí? Es que me voy de vacaciones a Changshá y necesito uno.

Machiatto

Machiatto dijo

Parece que la mañana ha estado movidita. Yo creo que no hay que hacer caso a los tontos, yo me tomaría ese café con vosotros.

Luis C.

Luis C. dijo

Basilio, no te preocupes, que yo no obligo a nadie a tomarse cafés conmigo. Por La Rioja paso mucho por otras razones y no siempre tengo tiempo de cafés. Precisamenteunos amigos riojanos me hablaron de este blog, me dijeron que a mí me gustaría y de momento han acertado pero eso no quiere decir que necesite hablar con todos los que se pasan por aquí. Yo esntiendo que a cada uno le interesan los temas con los que puede. A ti no te interesa el símbolo como a mí no me interesa el corner del fútbol o las marcas de los pantalones.

Gil U.

Gil U. dijo

¿Es Fonollosa o Crumb? ¿Os habéis fijado en el parecido?

Markan

Markan dijo

También en el arte hay violencia, oposiciones, antagonismos, choques, rupturas. Aunque se trate de una violencia conjetural, ya conceptual, ya formal, ya temática, esa violencia siempre remite a la violencia real. No se deje de lado, por otra parte que el arte, todo arte, es otra categoría de lo real existente, como la biología o las matemáticas y, aunque "cosa mentale" como quería Leonardo, en tanto creación humana no es menos real que otras hechuras mentales, las religiones por ejemplo.

Apuntador Literario

Apuntador Literario dijo

Como un pájaro en un cable

Como un pájaro en un cable,
como un borracho en un coro a medianoche,
he intentado, a mi manera, ser libre.

Como un gusano en un anzuelo,
como un caballero de un libro pasado de moda,
he salvado todos mis lazos para ti.

Si no he sido muy amable,
espero que puedas dejarlo pasar.
Si he sido insincero, espero que sepas
que jamás fue contigo.

Como un niño aún no nacido,
como una bestia con su cuerno,
he destrozado a todo aquél que se acercó a mí.
Pero juro por esta canción
y por todo lo que he hecho mal
que lo reharé para ti.

Vi a un mendigo apoyado en su muleta de madera,
que me dijo: "No debes pedir tanto".
Y a una bella mujer apoyada en el quicio oscuro de su puerta
que me gritó: "Oye, ¿por qué no pides más?"

Como un pájaro en un cable,
como un borracho en un coro a medianoche,
he intentado, a mi manera, ser libre.
Leonard Cohen
Songs from a Room (1969)

Luis C.

Luis C. dijo

Totalmente de acuerdo Markan.

Markan

Markan dijo

Es que es evidente que el arte no comulga con lo dominante preponderantemente. Es más bien como otra categoría de lo real existente, tiene otras hechuras.

Markan

Markan dijo

¿Por qué me suplantan?

Lover

Lover dijo

Yo también creo que el símbolo es algo muy presente en los escritores de hoy, algo a recuperar. Acabemos con los literatos que sólo ensucian con sus corsés la mágia y la metamística, le sobran a la poesía.

Conqueror

Conqueror dijo

( ...) Hay una literatura que oculta y huye de lo real, y otra que desvela las condiciones y reglas que rigen nuestras vidas -reales-. Desde el origen mismo de las literaturas vernáculas europeas, por la larga serie de los "relatos del mundo" que nos han precedido, sabemos que la clase y la ideología -la conciencia subjetiva del mundo- condicionan y determinan el uso de las técnicas literarias y la expresión poética de lo real -como determinan los discursos científicos y las prácticas tecnológicas-. Lo sabemos, desde el principio. Las vías de acceso y desvelamiento no son, pues, el problema; la voluntad de hacerlo, sí. Hemos renunciado a expresar la realidad presente amparándonos en la búsqueda del silencio y de lo eterno constante; en las reiteradas supuestas muertes de la novela, del teatro, de la poesía, del arte, de los dioses, del hombre y del mundo. Al tiempo que tratan de convencernos de que sólo la posesión y disfrute de las cosas/mercancías -mediante el reconocimiento y la consagración del mercado: incluido nuestro cuerpo/mercancía- tiene sentido.

Conquistar -quizás, reconquistarla- la realidad; puede que nos perdamos, que nos entretengamos y extraviemos el camino, a menudo; o que no sepamos apurar esta tarea, cumplirla cabalmente y acabarla del todo… Pero hay algunas cosas que sí sabemos: que los realismos, a menudo también, ocultan la realidad; que la relación entre lo real y lo verdadero no siempre es lineal; que la realidad no se muestra mediante la copia, sino mediante la síntesis; que los signos artísticos no pueden renunciar al Referente; y que necesitamos una literatura -un arte- que no tema, ni renuncie a las consecuencias.

Luis C.

Luis C. dijo

Repito que el arte es realidad. no podemos hablar de un dualismo arte-realidad. El arte tiene que crear conceptos, no explicar los ya existentes en otras áreas del conocimiento. En ese caso reduciríamos el arte a una especie de pedagogía y para eso ya está la mala publicidad, los panfletos y las hojas parroquiales. En caso de aceptar esa división de la literatura, yo me quedaría con la que "oculta y huye de lo real", seguro de que la huida, como el nomadismo, es revolucionaria porque arrastra tras de sí una parte del mundo. Permanecer en la realidad puede ser de lo más reaccionario porque el concepto de realidad, como el de razón, es un concepto diseñado por el poder dominante, que establece qué es lo real. Por eso huir de la realidad significa enriquecer lo verdaderamente real: implica ampliar la perspectiva sobre lo real. Permanecer en lo real es no reconocer otras realidades, otras formas de vida, otros enfoques, aún no reconocidos.

Lionel

Lionel dijo

Al poder crear, el hombre empieza a creer en sí mismo, en la eternidad —con todos los matices para éste término— que subyace en todo lo pasajero, descubriendo respuestas y significados, en el mejor de los casos. Al fundirse con la palabra, con el papel, mediante la poesía, el hombre se recrea tal y como es, afirmando su individualidad pero reconociendo lo universal —esquemas, inquietudes, procedimientos— que nutre sus fuentes y hacia lo que va dirigido, como esos ríos "que van a dar en la mar". Ya ves: crear para creer, para ser. De este modo razón y co-razón, en medio de sus contradicciones, a veces tan sólo aparentes, logran crear conjuntamente un objeto de paz —ya estático, sin inquietante bulle-bulle— que les una y sobreviva. ¡Por supuesto que existe la inspiración y la musa!, pero sin una reflexión (a veces inconsciente ya por el hábito), sin una lucha por encontrar esa palabra más acertada, esa construcción que exprese mejor, es difícil que el poema cimente bien y deje poso que no pueda ser barredura del tiempo, la distancia y el olvido, nuestros barreras más inmediatas.

Pierre Dumontheureux

Pierre Dumontheureux dijo

Pues me llama la atención que relacionéis la creatividad con la insolencia, lo que de alguna manera también podemos extraer y relacionar con vanguardia. Tradición es re-creación, por lo tanto canon, orden. Decía Theodor Adorno que la razón formalista se relaciona más con la moral que con la inmoralidad. Entonces, el orden y la medida incluye una ética de la re-creación. De darse vueltas sobre lo mismo. Y por otra parte, la insolencia y la inmoralidad se vincularía, de acuerdo a esto, con la creación. Desde luego hay lógicas que perturban la misma proposición que hago, pero al menos se produce una pregunta que se relaciona con lo que dice Peter Bürger: las vanguardias tienen conciencia crítica de sí mismas, considerando que el Arte burgués tiende a neutralizar la crítica en aras de construir su propia subjetividad basada en el statu quo. O sea, el orden, lo que obedece a la regla. A lo que se re-produce y se re-crea, poniendo una fantasmagórica pátina de creatividad a ello, cuando es todo lo contrario. No sé si las vanguardias sean completamente nuevas, o siempre sean nuevas, pero al menos tienen esa conciencia crítica de sí mismas -eso incluye que no niegan sus condiciones de producción, su historia, y su carácter abiertamente político- y siempre son insolentes con respecto a un escenario que las deslegitima y desautoriza.

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Sobre este blog

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Pequeña posibilidad de honestidad

Enrique Cabezón nació en Logroño en 1976. Ha publicado los libros de poemas "Territorio de Ceniza" (Logroño, Kabemayor ediciones , 2003), "El lenguaje de las serpientes" (Logroño, Ediciones del 4 de Agosto, 2005; junto al poeta José Luis Pérez Pastor), "Dios cabalga los lomos de las muchachas" (Béjar, LF Ediciones, 2005) y "No busques lágrimas en el ojo del muerto" (Alzira, Germanía, 2006). Además del e-libro "La traición en los colores" (Nausícaa , 2001). Además tiene una dilatada carrera como ilustrador e historietista, de su obra gráfica cabría destacar "Cementerio de las horas" (Onil, Ediciones de Ponent , 2004) o la adaptación de la novela picaresca de 1.604, original de Gregorio González, "El guitón Honofre" (Logroño, Kabemayor ediciones , 2005) con guiones de su hermano Luis Alberto Cabezón. Ha grabado un disco ("fracaso, etcétera") con su banda de rock: enBlanco, que ha recibido excelentes críticas desde los medios especializados. Además colabora habitualmente en prensa y es uno de los integrantes del proyecto Ediciones del 4 de Agosto. Desde hace siete años desarrolla su trabajo de diseñador gráfico desde su propia empresa, kbcreativos, desde la que ha trabajado para Warner Music, Dro Atlantic, EDG Music, Grupo Profisegur, Greenpeace entre otras, también para prácticamente todas las instituciones de La Rioja.

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