Rafael Azcona, con perdón

«Eso tiene una explicación; fue por un amor mal curado. De muy joven, me enamoré, y como no me hacían caso, hice eso de ponerme a escribir versos. Otros hacen lo de “la maté porque era mía”, pero como no era mía todavía… Me puse tristón y me puse a escribir versos de forma clandestina. Hasta que un día me franqueé con un amigo de mis padres, el único que pensaba por su cuenta en el Logroño de entonces; me dijo que eso se me quitaba yéndome a París. Tenía razón; con estos percances uno se cree que el mundo termina en eso y no sabe lo que hay por ahí, lo que le puede esperar. De poeta me quité enseguida, mi temperamento no era el de poeta melancólico». ( En Muf@ce, 203).

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Casiana

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Todo lo hace el amor, para bien o para mal.

k

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Yo estuve en París y no se me quitó.

teucro

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Por que eso se arregla en Pigalle, y seguro que allí no fuiste.....

Russ

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Qué pena lo del Azcona.

Leonardo di Capri

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Nuestro intelectual del siglo XX.

Thor

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Odín lo salve de los buitres, por si ya tenía pocos...

Apuntador Literario

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CULTURA
Muere Rafael Azcona, gigante del cine y riojano universal
El escritor y guionista logroñés falleció el lunes a los 81 años y sus restos fueron incinerados ayer
BENJAMÍN BLANCO

Fin. El guionista de cine Rafael Azcona escribió el lunes su último párrafo de una vida dedicada al cine, la literatura... y a sus amigos. Tras este último fundido en negro, las salas de cine se quedan vacías de su genialidad y los corazones de sus allegados, huérfanos de su cariño. Este riojano universal murió en Madrid a los 81 años víctima de un cáncer de pulmón y sus restos fueron incinerados ayer en la más estricta intimidad.

El maestro de guionistas estaba siendo tratado de un cáncer de pulmón desde principios de año y él le hizo frente como mejor sabía: la enfermedad no impidió a Azcona, ganador de cinco premios Goya, trabajar en la reescritura de Los ilusos, su ya último proyecto. Murió como vivió, discretamente. Hasta después de su incineración, efectuada ayer, no se supo que había fallecido el lunes en Madrid perdiendo su batalla contra la enfermedad. Ni siquiera pudo recoger la medalla al mérito del Trabajo, que recibió en su nombre Maribel Verdú.

«El mejor guionista de Europa de su generación y el mejor que tenemos en España», en palabras del cineasta Luis García Berlanga, con quien formó una de la parejas de oro de nuestra cinematografía, fue un mago de la sátira y de su pluma, primero, y después de su ordenador, salieron los guiones de El pisito, El cochecito, Plácido,, El verdugo, La escopeta nacional o Belle Epoque, títulos que cubren más de medio siglo de cine doméstico. Como era su deseo y el de su esposa, Susie, al acto de cremación en el cementerio de La Paz, en la localidad madrileña de Alcobendas. sólo asistió su familia -su mujer, sus dos hijos y su hermana y su cuñado-, ni siquiera sus íntimos estuvieron presentes, como confirmaba ayer con la voz entrecortada uno de sus mejores amigos, el director José Luis García Sánchez, con el que trabajó en La corte del faraón, Tranvía a la Malvarrosa, María querida y Martes de carnaval,, uno de 'los esperpentos' de Valle-Inclán que se lanzará en televisión.

«Ha sido un grupo reducidísimo. No hemos ido ni sus compañeros. Ahora hay que hacerle un homenaje. Como no tiene la Medalla de Oro de la Academia, pues sería una buena ocasión para juntarnos, recordarle y beber vino», expresa García Sánchez, para quien Azcona ha sido «una de las personas más importantes que he conocido. Era generoso, inteligente y con sentido del humo,», subrayó. García Sánchez recordaba (informa Colpisa) que el veterano guionista murió escribiendo porque, después de 'los esperpentos', adaptó la novela que José Luis Cuerda ha llevado a fotogramas, Los girasoles ciegos; terminó el guión de una de sus primeras novelas, Los muertos no se tocan, nene; y acababa de reescribir su primera novela, Los ilusos, que se lanzará en breve.

Una fotografía tomada el pasado verano, en Almería, junto a varios de sus amigos, entre los que se encontraba Manolo Gutiérrez Aragón, en la que todos están 'muertos de risa' es la mejor presencia que, para García Sánchez, se puede tener del veterano guionista, que pidió que un notario fuera a su casa para votar el pasado 9 de marzo. «¿Que hermoso! Eso da una idea de la categoría de este señor», apostilla García Sánchez. Ferreri, Saura, Berlanga, Olea, Trueba, Chávarri, Gutiérrez Aragón, Bardem y Fernán Gómez, son sólo algunos de los muchos directores con los que colaboró Azcona, de quien no hay muchas fotos y apariciones públicas, y mucho menos entrevistas -gran parte, concedidas a Diario LA RIOJA, periódico que le entregó el Premio Excelencia en su primera edición, allá por 1995-, aunque en los últimos años este indispensable del cine español parecía haber superado su timidez.

En el mundo del celuloide su nombre siempre se ha dicho con gran cariño hacia la persona y con admiración hacia su obra. Azcona nació en 1926, en Logroño, donde iba a los toros y leía mucho, y a fuerza de leer le dio por escribir, por lo que se fue a Madrid para ver si se ganaba la vida escribiendo. Quiso ser poeta y también novelista -en ese momento todavía no le interesaba el cine-, pero dejó los versos por el humor, lo suyo, aunque antes colaboró en programas de radio y revistas, y ejerció de escribiente en un almacén.

Ya en Madrid, comenzó a colaborar con la revista satírica La Codorniz. «Empecé a escribir cosas divertidas sobre cosas tristes», rememoraba Azcona, que entró en el cine y se quedó cuando sus relatos fueron descubiertos por el director italiano Marco Ferreri, para quien creó El pisito, el primer libreto que escribió, y El cochecito. Pero, según sus palabras, no se consideró guionista hasta Plácido,, de Berlanga. A partir de ese momento, su propia historia es la historia del cine español. Aquí en la tierra como en el cielo.

Filmografía
El pisito (1959, de Marco Ferreri)

El cochecito (1960, de M. Ferreri)

Plácido (1961, de Luis G. Berlanga)

Las cuatro verdades (1962, de Alessandro Blasetti)

El verdugo (1963, de Luis G. Berlanga)

Se acabó el negocio (1963, de Marco Ferreri)

La marcha nupcial (1965, de Marco Ferreri)

Peppermint Frappé (1967, de Carlos Saura)

Tuser Street. (1967, de Jordi Grau)

La madriguera (1969, de C. Saura)

¿Vivan los novios! (1970, de Luis García Berlanga)

El jardín de las delicias (1970, de Carlos Saura)

El monumento (1970, de José María Forqué)

La audiencia (1971, de M. Ferreri)

La cera virgen (1972, de José María Forqué)

La gran comilona (1973, de Marco Ferreri)

Ana y los lobos (1973, de C. Saura)

Tamaño natural (1973, de Philippe Agostini)

La prima Angélica (1974, de Carlos Saura)

La revolución matrimonial (1974, de José Antonio Nieves Conde)

No tocar a la mujer blanca (1974, de Marco Ferreri)

Pim, pam, pum ¿fuego! (1975, de Pedro Olea)

La última mujer (1976, de Marco Ferreri)

El anacoreta (1976, de Juan Estelrich)

La escopeta nacional (1978, de Luis G. Berlanga)

Un hombre llamado 'Flor de Otoño' (1978, de Pedro Olea)

127 millones libres de impuestos (1980, de Masó)

Patrimonio nacional (1981, de Luis García Berlanga)

Nacional III (1982, de Lusi García Berlanga)

La Corte del Faraón (1985, de José Luis García Sánchez)

La vaquilla (1985, de Luis García Berlanga)

Hay que deshacer la casa (1986, de José L. García García Sánchez)

Blancos ser buenos (1987, de Marco Ferreri)

El bosque animado (1987, de José Luis Cuerda)

El pecador impecable (1987, de Augusto Martínez Torres)

Moros y cristianos (1987, de Luis García Berlanga)

Soldadito español (1988, de Antonio Giménez Rico)

El vuelo de la paloma (1988, de J.L. García Sánchez)

Pasodoble (1988, de José L. García Sánchez)

Sangre y arena (1989, de Javier Elorrieta)

¿Ay, Carmela! (1990, de C. Saura)

Belle époque (1992, de Fernando Trueba)

Chechu y familia (1992, de Álvaro Sáenz de Heredia)

Tirano Banderas (1993, de José L. García Sánchez)

El rey del río (1995, de Manuel Gutiérrez Aragón)

El seductor (1995, de José L. García Sánchez)

Gran slalon (1995, de J. Chávarri)

En brazos de la mujer madura (1996, de Manuel Lombardero)

La Celestina (1996, de Gerardo Vera)

Tranvía a la Malvarrosa (1996, de José L. García Sánchez)

Una pareja perfecta (1997, de Francisco Betriú)

Siempre hay un camino a la derecha (1997, de José L. García Sánchez)

La niña de tus ojos (1998, de Fernando Trueba)

La lengua de las mariposas (1999, de José Luis Cuerda)

El paraíso ya no es lo que era (2000, de Francisco Betriú)

Adiós con el corazón (2000, de J.L. García Sánchez)

La marcha verde (2001, de José Luis García Sánchez)

Son de mar (2001, de J.J. Bigas Luna)

Franky Banderas (2003 de José L. García Sánchez)

María Querida (2004, de José L. García Sánchez).

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RAFAEL AZCONA EL GUIONISTA QUE DIO CATEGORÍA AL CINE ESPAÑOL
Un autor que se fue huyendo del oropel de los honores y el aplauso
Dos ciudades marcaron su vida: Logroño, en la que nació en 1926, y Madrid en la que se instaló en 1951 y que le ha visto morir. Allí dio sus primeros pasos como escritor y en la capital de España se consagró como el mejor guionista del cine español, aunque se negara a presumir de ello.
26.03.08 -

Un autor que se fue huyendo del oropel de los honores y el aplauso
Rafael Azcona Fernández, escritor y guionista de películas tan significativas como
El verdugo
,
La escopeta nacional
o
Belle époque
, escribió durante su larga trayectoria profesional en torno a un centenar de guiones que consiguieron dar categoría al cine español, contribuyendo a alcanzar su esplendor más notable tras los años de la posguerra.

Directores como Erice, Saura, Trueba y Garci son sólo algunos de los realizadores españoles que trabajaron codo con codo con Rafael Azcona, cuya obra adquirió enorme popularidad rápidamente y llevó a la pantalla a actores que alcanzaron tanto prestigio como Pepe Isbert o Jose Luis López Vázquez, entre otros, considerados como unos iconos de una época. José Luis López Vázquez protagonizó
El pisito
en 1958, en plena época de posguerra, película dirigida por el italiano Marco Ferreri y para la que Azcona escribió sus primeros diálogos cinematográficos.

Su trayectoria humana y profesional partió de la España en blanco y negro de posguerra, y las numerosas películas sacadas de sus ideas obtuvieron galardones en los festivales internacionales, mientras él se mantenía en un segundo plano, sin conceder entrevistas, ni honores que todos le reconocían, entre otras cuestiones porque no le gustaba la vida pública.

Azcona nació el 24 de octubre de 1926 en Logroño, capital riojana que inspiraría sus primeros escritos y dibujos, aparte de un naciente entusiasmo por el cine al que, sin embargo, llegó a su vida por azar.

En 1951 se estableció en Madrid donde fue colaborador asiduo de publicaciones como la revista humorística
La Codorniz
.

El autor de novelas descubrió que era más «fácil» escribir guiones que novelas, según declaró en su día: «Soy un escritor frustrado; el cine me apartó de la literatura».

Así, embarcó en el cine. Tras
El pisito
, su siguiente guión fue para
El cochecito
(1960), de nuevo con Ferreri y con un reparto encabezado por Pepe Isbert. Para Ferreri hizo otros como
Ape Regina
,
Se acabó el negocio
,
Contrasexo
,
Marcha nupcial
,
La audiencia
o
La comilona
.

De su colaboración, iniciada en 1960, con Luis García Berlanga son los guiones inolvidables de
Plácido
(1961),
Las cuatro verdades
(1962),
El verdugo
(1963),
Las pirañas
(1967),
Vivan los novios
(1970),
La escopeta nacional
(1978) y
Patrimonio Nacional
(1980).

También trabajó con otros realizadores: Carlos Saura (
Pippermint Frappé, La madriguera, La prima Angélica
y
Ay, Carmela
), José María Forqué (
El monumento
y
El ojo del huracán
), Víctor Erice (
Los desafíos
), José Luis García Sánchez
(Pasodoble
y
Tirano Banderas
), José Luis Cuerda (
El bosque animado
), Alberto Latuada (
El poder de la mafia
), Luigi Polidoro (
Una esposa americana
y
Huracán
) y Fernando Trueba (
El año de las luces
y
Belle époque
).

De su labor con José Luis García Sánchez resultó la saga
Suspiros de España y Portugal
(1995),
Siempre hay un camino a la derecha
(1997) y
Adiós con el corazón
(1999).

Azcona recibió seis Goyas, incluido el Honorífico. A todos ellos se suman los premios al argumento original y guión del Círculo de Escritores Cinematográficos (1963) por
El verdugo
, al guión del Círculo de Escritores Cinematográficos (1969) por
Los desafíos
, Premio Nacional de Cinematografía (1982), Premio Ennio Flaiano de Italia (1983), Premio Europa Cine de Italia y mejor guión de Midi-Pyrennes (1997) por
Tranvía a la Malvarrosa
.

También ha recibido el Premio Max de Artes Escénicas (2001), Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón de Artes Escénicas (2006) y Premio Ricardo Franco del Festival de Cine Español de Málaga (2006).

Enamorado de la escena, destaca la versión que hizo del 'Quijote' y una adaptación televisiva de la novela de Marguerite Yourcenar
Memorias de Adriano
. En 1996 fue homenajeado en Logroño por cineastas y amigos, en un ciclo con el patrocinio de Fundación Caja Rioja y el Instituto de Estudios Riojanos. En 1999 publicó el libro
Estrafalario
, que reúne tres de sus trabajos (
El pisito
,
El cochecito
y
Los muertos no se tocan, nene
), y en 2007 vio la luz
La paella
, un guión de los años 80 para una serie de TV. Este título se sumaba a
El repelente niño Vicente
(Aguilar, 2005) y
Los europeos
(Tusquets, 2006), reediciones, como
La paella
, de novelas escritas por Azcona en su juventud, en las que el autor retrata los estragos de la represión sobre varias generaciones de españoles.

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perfil | rafael azcona
El educador del sentimiento cinéfilo
Muere a los 81 años el guionista que dio categoría al cine español
25.03.08 - 20:37 -
EFE |
MADRID

El educador del sentimiento cinéfilo
Imagen de archivo del guionista Rafael Azcona.
Rafael Azcona Fernández, escritor y guionista de películas como El Verdugo, La escopeta nacional o Belle époque, escribió a lo largo de su vida en torno a un centenar de guiones que consiguieron dar categoría al cine español, contribuyendo a su esplendor.
Víctor Erice, Carlos Saura, Fernando Trueba, Jose Luis García Sánchez son sólo algunos de los realizadores españoles que trabajaron codo con codo con Azcona , cuya obra adquirió popularidad enseguida y llevó a la pantalla a actores como Pepe Isbert o Jose Luis López Vázquez, entre otros.
Fue López Vázquez el que protagonizó El pisito en 1958, película dirigida por Marco Ferreri y protagonizada también por Mari Carrillo y Maria Luisa Ponte, y para la que Azcona escribió sus primeros diálogos cinematográficos.
Su trayectoria humana y profesional partió de la España en blanco y negro de posguerra, y las tantísimas películas sacadas de sus ideas obtuvieron galardones en los festivales internacionales, arrancando aplausos, mientras él se mantenía en un segundo plano, sin conceder entrevistas, ni aceptar los honores que todos le reconocían, porque no le gustaba la vida pública, de ahí que su muerte no se diera a conocer hasta pasadas ya varias horas.
El nacimiento de un poeta de la imagen
Nació el 24 de octubre de 1926 en Logroño, capital riojana que inspiraría sus primeros escritos y dibujos, aparte de un naciente entusiasmo por el cine al que, sin embargo, llegó a su vida por azar. En 1951 se estableció en Madrid donde, como él mismo ha dicho, empezó a "escribir cosas divertidas sobre cosas tristes" y fue colaborador asiduo de publicaciones como la revista irónico-humorística La Codorniz.
El autor de novelas -Los muertos no se tocan, nene; Los europeos; Pobre, paralítico y muerto o Los ilusos- descubrió que era más "fácil" escribir guiones que novelas, según afirmaciones propias. Así, embarcó en la nave de celuloide.
Tras El pisito, su siguiente guión fue para El cochecito (1960), de nuevo con Ferreri y con un reparto encabezado por Pepe Isbert. Para Ferreri hizo otros como Ape Regina, Se acabó el negocio, Contrasexo,Marcha nupcial, La audiencia o La comilona.
De su colaboración, iniciada en 1960, con Luis García Berlanga son los guiones inolvidables de Plácido (1961), Las cuatro verdades (1962), El verdugo (1963), Las pirañas (1967), Vivan los novios (1970), La escopeta nacional (1978) y Patrimonio Nacional (1980).
Un mito de la cinematografía española
También trabajó con otros realizadores: Carlos Saura (Pippermint Frappé, La madriguera, La prima Angélica y Ay, Carmela), José María Forqué (El monumento y El ojo del huracán), Víctor Erice (Los desafíos), José Luis García Sánchez (Pasodoble y Tirano Banderas), José Luis Cuerda (El bosque animado), Alberto Latuada (El poder de la mafia), Luigi Polidoro (Una esposa americana y Huracán) y Fernando Trueba (El año de las luces y Belle époque).
De su labor con José Luis García Sánchez resultó la saga Suspiros de España y Portugal (1995), Siempre hay un camino a la derecha (1997) y Adiós con el corazón (1999); esta última supuso el regreso al cine de Aurora Bautista.
Una andanada de premios
Ha recibido seis Goyas, al mejor guión original de 1987 por El bosque animado (José Luis Cuerda), al guión adaptado de 1990 por Ay, Carmela! (Carlos Saura), al guión original de 1992 por Belle époque (Fernando Trueba), al guión adaptado de 1993 por Tirano banderas (José Luis García Sánchez), Goya Honorífico de 1997 y al guión adaptado de 1999 por La lengua de las mariposas (J.L. Cuerda).
A todo ello se suman los Premios al argumento original y guión del Círculo de Escritores Cinematográficos (1963) por El verdugo, al guión del Círculo de Escritores Cinematográficos (1969) por Los desafíos, Premio Nacional de Cinematografía (1982), Premio Ennio Flaiano de Italia (1983), Premio Europa Cine de Italia y mejor guión de Midi-Pyrennes (1997) por Tranvía a la Malvarrosa.
También ha recibido el Premio Max de Artes Escénicas al autor teatral en castellano (2001) por la adaptación de "El verdugo" (que tuvo seis galardones más), Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón de Artes Escénicas (2006) y Premio Ricardo Franco del Festival de Cine Español de Málaga (2006).
Incursión en otras artes
Rafael Azcona también fue un enamorado de la escena. Destaca la versión que, con motivo de la Exposición Universal de Sevilla (1992), hizo del "Quijote" para el director italiano Maurizio Scaparro, con quien preparó la película Cadaqués 27, basada en la España de los años 20 y personajes como Lorca o Dalí, y posteriormente repitió en una adaptación televisiva de la novela de Marguerite Yourcenar Memorias de Adriano.
En 1996 fue homenajeado en su tierra natal por diversos cineastas y amigos, en un ciclo con el patrocinio de Fundación Caja Rioja e Instituto de Estudios Riojanos. Este segundo organismo publicó un libro sobre el célebre guionista (1997), que reunió a colaboradores suyos como Berlanga, López Vázquez, Saura y Pedro Almodóvar, entre otros.
En 1999 publicó el libro Estrafalario, que reúne tres de sus trabajos (El pisito, El cochecito y Los muertos no se tocan, nene), y en 2007 vio la luz La paella, un guión de los años 80 elaborado para una serie de televisión que nunca se emitió.

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Adiós a un genio de la escritura

Azcona deja el mundanal ruido
El guionista más grande del cine español y maestro de la ironía muere a los 81 años

ÁNGEL SÁNCHEZ HARGUINDEY - Madrid - 26/03/2008

A estas alturas de la película ya resulta difícil aportar algo nuevo o distinto sobre la obra de Rafael Azcona (Logroño, 1926) pues, pese a su comprobado amor por la clandestinidad, lo cierto es que en los últimos años su escrupulosa actitud de alejamiento del mundanal ruido se vio trastocada por una serie de apariciones públicas, lo que a su vez supuso abrir la veda para una profusión de comentarios y entrevistas, siempre brillantes por su parte, que acentúan la dificultad de encontrar un enfoque novedoso hacia su persona y obra. Murió el lunes a las siete de la mañana, pero sus familiares cumplieron su deseo: que no se supiera públicamente hasta que fuera incinerado, y fue incinerado ayer. Tenía 81 años. Lo tumbó un cáncer de pulmón.

* Una brillante trayectoria

* La última elegancia
* "Pero ¿vosotros queréis la Liga o no?"
* El guión era un arte
* Con los pies en la tierra
* Una necrológica imposible

La noticia en otros webs

* webs en español
* en otros idiomas

Era ambiguo y sutil, sabía que en la vida predominan los grises y sepias

Dejaba de lado los grandes conceptos y buscaba la afinidad personal

Sus personajes son perdedores que asumen las reglas del juego

El excelente prólogo que escribió Josefina Aldecoa a la recopilación de tres de sus relatos largos o novelas cortas, Estrafalario (Alfaguara), en los que Azcona se reencuentra, 40 años más tarde, con algunos de sus escritos, reconstruye el momento en el que el guionista recupera su vocación primigenia y, sin duda, la más deseada: la de escritor, una vocación que siente en su pubertad y que lo estimula a dar el gran salto desde Logroño a Madrid. Hablamos de un tiempo, los muy primeros años cincuenta, y de un país en el que el autoritarismo, la represión y el encumbramiento de la mediocridad sólo podían desembocar en lo sombrío; un tiempo y un país en el que un trayecto de 400 kilómetros escasos -y más en las condiciones en que podía hacerlo Rafael Azcona, rayanas en la indigencia- podía ser una epopeya de características similares a las de quienes partían en busca del nuevo mundo. Pues bien, ese cambio lo dio guiado por su afición a la literatura, por su ansia de convertirse en escritor.

Una carbonería, un hotel en el que desempeñaba indistintamente funciones de mantenimiento de fontanería y contabilidad, tertulias interminables en cafés, pensiones de mala muerte, seductor de jóvenes que le alimentaban a base de bocadillos, horas de paseos nocturnos por la Gran Vía a la espera de que abrieran de nuevo los acogedores cafés...: los primeros tiempos de Azcona en Madrid son, probablemente sin saberlo, un manantial más que una fuente de inspiración. Allí están buena parte de sus futuros personajes, esos batallones de perdedores que sin embargo aceptan las reglas del juego social hasta límites insospechados y a los que Azcona trata siempre con ternura.

Releyendo ahora sus novelas cortas, Los muertos no se tocan, nene, El pisito y El cochecito, nos encontramos con muchos personajes ante los que tenemos la impresión de que ya los habíamos visto: pobres de solemnidad, funcionarios del último peldaño del escalafón, "chicas de servir", nobles venidos a menos, pícaros... Son los mismos o similares que irán surgiendo en los filmes de Ferreri, Berlanga y García Sánchez, entre otros. Individuos que asumen su condición de derrotados con estoicismo, miedo y educación, cualidades que se justifican por el desarrollado espíritu de supervivencia en un medio inhóspito como era el franquismo puro y duro -recordemos las mil y una piruetas vitales que hace Plácido para conseguir pagar en la tarde de Nochebuena una letra del motocarro- y que en muy escasas ocasiones son capaces de subvertir lo establecido, como en el final de El cochecito -Azcona dijo en varias ocasiones que el de ese viejecito envenenando a toda la familia es el final del que se siente más orgulloso de todos cuantos imaginó-. En definitiva, todos y cada uno de sus personajes literarios o cinematográficos son Azcona, o una parte importante de él porque, preexistentes o inventados, son lo que son gracias a su estilo y a su modo de entender el mundo: lúcido, irónico y tierno.

Cuando una buena parte de sus compañeros de generación se enfrentaban al hecho de narrar la sombría e injusta España tendían a los grandes conceptos, a las dicotomías radicales, al maniqueísmo rotundo. Azcona era más sutil, más ambiguo: aplicaba su personal lupa a las relaciones humanas y comprobaba que el blanco y el negro son colores abstractos; que en la vida predominan los grises o los sepias, o dicho con sus palabras, que los grandes dramas suelen terminar en melodramas o comedias. Y así, a bote pronto, cabe citar al personaje que interpreta Fernando Fernán-Gómez en La corte de faraón, de José Luis García Sánchez. Se trata de un falangista de viejo cuño reconvertido en constructor de éxito con todos los tópicos de un reaccionario: fascista, esposo insatisfecho de una mujer de bandera y padre de un homosexual que demuestra su poderío invitando al comisario y a los muy próximos a una paella de Riscal en la casposa comisaría. Y de esta forma, una persona que tiene todos los ingredientes para convertirse en un ser despreciable se integra perfectamente en esa historia coral de náufragos entrañables sobre los que caen las iras divinas y terrenales por el simple hecho de estrenar una opereta costumbrista y castiza que las fuerzas vivas consideran pecaminosa. En esto hay que reconocer que la actual Conferencia Episcopal mantiene la coherencia.

Pero sería injusto, por parcial, si no añadiera que Azcona fue un gran lector, que tenía una cultura literaria mucho más sólida de la que solía exhibir y que esa cultura, como la de tantos otros de su generación, y de las posteriores, es completamente personal, hecha a golpes de intuición y recomendaciones amistosas. Rafael solía comentar que el primero que le dejó un libro de Kafka -sin duda uno de sus autores preferidos, con Baroja y Dickens- fue un comandante. También es verdad que era el comandante menos militar de Madrid: Antonio Mingote, un ser providencial en la vida de Azcona pues no sólo le iba dejando los libros de la biblioteca familiar sino que lo introdujo en La Codorniz y lo animó a escribir colaboraciones y relatos. Fue el comienzo de su tránsito hacia el anhelado mundo de los profesionales de la escritura.

Integrado sólidamente en el semanario de humor, es decir, con ingresos fijos, Azcona no renunció a ese primer Madrid de los cafés y el callejeo, pero ahora con nuevas amistades y algo más de dinero. Era el tiempo de las tertulias con los Aldecoa, con Ferlosio y Carmiña, con Jesús Fernández Santos y Eusebio García Luengo, las noches de El Comercial con la farándula teatrera, el Sésamo de Tomás Cruz, más el añadido de los de La Codorniz: Tono, en primer y respetadísimo lugar; Quique Herreros padre; Álvaro de la Iglesia; Edgar Neville; el siempre alabado Mingote, en fin, las gentes que sobrevivían mal que bien con el esfuerzo de su creatividad y talento.

La simple enumeración de sus amistades y contertulios aporta también bastante información sobre Azcona: la variedad de gentes, de actitudes políticas y vitales que frecuentaba nos remite a un aprecio básicamente personal. Los criterios de selección no se basaban en los planos ideológicos o teóricos aunque, naturalmente, debían de cumplir unos irrenunciables mínimos en cuanto a dignidad y honradez. Una vez más deja de lado los grandes conceptos y busca la afinidad personal. Es una actitud coherente y que durante bastante tiempo no resultó fácil, pues no olvidemos que la izquierda más militante mantuvo unos criterios inflexibles y sectarios sobre todo aquello que no comulgaba con sus mismas ruedas de molino.

Se ha citado el miedo como uno de los componentes esenciales del instinto de supervivencia. Los cobardes, según una inteligente opinión de Manuel Vicent, resultan imprescindibles para perpetuar la especie. Las cucarachas que al encenderse la luz de la cocina se meten debajo de la nevera o los soldados que desfilan autosatisfechos tras la victoria son los que conseguirán que la especie continúe. Por el contrario, las cucarachas que se enfrentan al inquilino del piso o los soldados que abren sus pechos a las balas enemigas resultan biológicamente inútiles. Si el miedo y la cobardía cumplen un requisito fundamental para sus congéneres, el humor es, probablemente, esencial para el propio individuo, para su salud mental. Alguien que vino de Logroño, que no tenía ni para comer, que se pasaba las horas muertas en un café sin poder consumir, que su primer abrigo se lo hizo en las madrugadas de las aceras de la Gran Vía madrileña y al que le pusieron una multa de cinco pesetas, que no tenía, por agradecerle a una chica en el Retiro el bocadillo que le acababa de bajar, tenía pocas opciones vitales: poner bombas o reírse de todo y de todos, incluido de él mismo. No hace falta explicar cuál de las dos opciones eligió Azcona.

La ventaja de quien poseía un talento como el de él es que cuando elegía una vía la desarrollaba hasta las últimas consecuencias. En los relatos y en los filmes de Azcona no se salvaba ni Dios: los notarios, las señoras de los lavabos, el del motocarro, el verdugo, su hija y su yerno, el turismo, la paella, los curas integristas, las monjas, los enamorados, los pajilleros, los marqueses, los financieros, los militares, el servicio doméstico, los comilones, los hambrientos, los nacionales, los extranjeros, los vivos y los muertos. No salvaba a nadie pero tampoco condenaba a nadie pues su escepticismo y su ironía se inscribían siempre dentro de la bonhomía y la ternura. Rafael Azcona vio todas las caras posibles de la vida y conoció suficientemente bien la condición humana como para despreciar cualquier tipo de fundamentalismo. Ésa fue, sin duda, su grandeza.
Una brillante trayectoria

- 1951. Rafael Azcona se instala con 25 años en Madrid, donde empieza a colaborar en la revista

La Codorniz.

- 1958. Con su primer guión, basado en su novela El pisito, que dirigió Marco Ferreri, alcanza enorme popularidad.- 1961. Plácido supone el inicio de su colaboración, plagada de éxitos, con Luis García Berlanga.- 1963. Es el año en el que firma El verdugo, su guión quizás más emblemático que se convierte en una referencia en la historia del cine español.- 1982. Premio Nacional de Cinematografía.- 1986. Escribe el guión de El año de las luces, dirigido por Fernando Trueba, y al año siguiente firma. El bosque animado, José Luis Cuerda, con el que obtiene el Goya al mejor guión original.- 1990. Recibe otro Goya por el guión adaptado de Ay, Carmela, de Carlos Saura.- 1992. Con Belle époque, de Fernando Trueba, consigue otro cabezón. El filme logró el Oscar al mejor filme en lengua no inglesa. Al año siguiente obtiene un Goya por Tirano Banderas, de José Luis García Sánchez.- 1997. Goya honorífico a su carrera.- 1999. Firma el guión La lengua de las

mariposas, de José Luis Cuerda, nuevo Goya y se recupera su libro Estrafalario.- 2007. Se rueda su guión Los girasoles

ciegos, de José Luis Cuerda.

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Lo que sé de Azcona

[Adiós a Azcona, el educador del sentimiento cinéfilo]

Hace apenas una semana lloraba de risa leyendo el relato que inspiró la película El cochecito y ahora he de llorar de pena por tu muerte, Azcona. No hace nada que hablé con tu mujer Susan para tramitar una entrevista sobre tus últimas publicaciones y, finalmente, no ha sido posible. Como dijera Coll a la muerte de Tip: «Esta broma no te la perdono». Yo he de confesar que descubrí a Rafael Azcona tarde –o quizá en mi tiempo–, aunque la frescura y el humor que caracterizó su obra no había envejecido, se mantenía vivo y actual, como si toda su obra la hubiera escrito ayer. Pero mucho antes había leído los poemas de juventud en Logroño publicados en la revista Codal («¡Ay, mi soledad tan sola!») y me encantaron, me emocionaron, me descubrieron un alter ego en otro autor. Eso, supongo, es la poesía. Él, Rafael, sin embargo, casi renegaba de aquellos versos, debía de sentirlos ya muy lejanos. Antes conocí la obra cinematográfica de Azcona como alumno de Filología Hispánica en la Universidad de La Rioja, de mano de los profesores Bernardo Sánchez y Miguel Ángel Muro, y fue una de esas pocas cosas por las que uno piensa que ha merecido la pena pasar por allí. Mi propio hermano, precisamente, coordinó el libro Retorno a Calle Mayor (2006) en homenaje a aquella película de Bardem rodada en Logroño y Palencia y en el que Azcona narra cómo descubrió el cine gracias a ella, y cómo la vio –en principio, como tantos otros– sólo por aparecer en ella su (ahí) anónima ciudad natal. Poco después, el Octubre Corto le homenajeó concediéndole el Premio Ciudad de Arnedo y publicó el guión inédito La paella (2006) al mismo tiempo que Tusquets volvía a dar a luz la novela Los europeos. Al año siguiente, en 2007, recibió el Galardón a las Bellas Artes de La Rioja y la editorial logroñesa Pepitas de Calabaza reeditó aquellas ingeniosas y disparatadas Memorias de un señor bajito –que ya van por la segunda edición– aparecidas originalmente en la revista La Codorniz. Rafael Azcona pertenecía a una tríada de escritores logroñeses que marcharon jóvenes de aquí, donde entonces parecía entumecerse la imaginación. José María Cañas, Marcos Martínez y Azcona, liderados por aquella especie de mecenas extravagante que fue Godofredo Bergasa, marcharon a Barcelona, Buenos Aires y Madrid, respectivamente, en busca de otro mundo donde cumplir su sueño: vivir de la literatura. Y, más o menos, los tres lo consiguieron, uno con la novela erótica, otro con el teatro y el más joven con el cine. A Rafael Azcona le debo, además, el descubrimiento de una peculiar novela como Nubes y barro (1953), de Cañas, en la que de modo semiautobiográfico se cuenta la vida de estos tres autores en aquel Logroño de los años 40. Pero con lo que me lo he pasado pipa es con su último libro, Pobre, Paralítico y Muerto, publicado por Ediciones del Viento en La Coruña, que además prepara la publicación de la novela Los ilusos. Casi 50 años después, relatos como estos siguen siendo desternillantes y le hacen a uno reírse saludablemente con unas historias firmadas cuando ni sus padres se habían conocido. Eso, supongo, es ser un clásico, pervivir en el tiempo, dejar constancia de que uno ha pasado por aquí, por la vida, y ha dejado huella. Así pues, yo te admiro, Rafael.

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Metamedio.com - Blog de Rubén Vinagre (Logroño, La Rioja, ES)
martes 25 de marzo de 2008

Rafael Azcona: "Ni velatorio, ni funeral, ni entierro, ni luto; te has muerto y ya está"

La tarde ha comenzado con una triste noticia. Los diarios digitales anuncian que Rafael Azcona ha muerto. A comienzos de septiembre, el maestro me había contado por correo electrónico que tenía un tumor pulmonar "bastante engorroso". No pudimos hablar por teléfono; una afonía derivada de la enfermedad le impedía estar como a él le hubiera gustado. "No tengo más cojones que admitir que no estoy lo que se dice 'operativo”, me dijo.

Conocí a Azcona hace poco más de dos años. Llevaba mucho tiempo intentando entrevistarle para la revista. Me habían comentado que no le gustaba prodigarse mucho en los medios de comunicación. Parecía cierto. Sin embargo, un día me llamó y, gracias a el cable que me echó Joaquín Gómara, nos fuimos a Madrid a hacerla.

Fue una entrevista cercana y, lo mejor, Azcona se abrió a hablar de su Logroño natal como nunca -al menos en los anteriores reportajes que había rescatado, poco o nada comentaba de la capital riojana-. Estuvo salpicada de anécdotas desde el primer momento. El maestro quería un rincón tranquilo para hacer la entrevista. Los días previos no acertábamos a encontrar un sitio adecuado. De hecho, confieso que empecé a ponerme nervioso con la posibilidad de que Azcona aplazara el encuentro. Pero, casi el día anterior al viaje a Madrid, Azcona propuso el hall de un hotel próximo al Santiago Bernabéu. No quería gente. Sin embargo, todo salió al revés.

Llegamos al sitio que nos había propuesto el guionista pero no veíamos a Azcona. ¿Por qué? No porque no estuviera, sino porque en el hotel se alojaban los tíos más altos de España: en esos días se jugaba la final de Copa de baloncesto. Al pobre Rafael era difícil divisarle. A esto se añadió el hecho de que el hall estaba abarrotado de periodistas, aficionados y seguidores de los clubes. Nos llamó como pudo y casi sin tiempo para las presentaciones, salimos corriendo a un bar próximo -sí, literal, casi corriendo-. Hicimos la entrevista en un VIPS -manda huevos- mientras nos tomábamos unos buenos vasos de vino. El encuentro se fue entonando y me atreví a preguntarle por la muerte. Azcona tenía 79 años en aquel momento. El maestro dejó un deseo en el aire que dudo mucho que se cumpla pero que tiene su guiño irónico: "Cuando me muera, que me dejen insepulto en la cima del monte Cantabria para seguir viendo la tierra que me vio nacer. ¡Lo malo es si provoco una epidemia! ".

De hecho, Azcona no quería ningún ruido para el día del adiós: "Ni velatorio, ni funeral, ni entierro, ni luto; te has muerto y ya está". Su discreción no ha fallado ni en el día de su muerte. Nos hemos enterado tarde.

La entrevista sigue así y fue publicada en el número de marzo de 2006 de DATO.

"Meter la política en el cine es un error"
D.E.: ¿Se siente querido por los riojanos?
R.A.: A mí La Rioja me ha tratado estupendamente. De hecho, gracias a los riojanos acabaré en el Guiness; Aparte de ser titular de dos pasodobles –uno de ellos, estupendo, de nuestro paisano el compositor José Fernández Rojas–tengo dos calles en vida, una en Logroño y otra en Villamediana, y eso a pesar de mi resistencia a convertirme en espectáculo. Estoy muy contento de ser riojano, pero no voy por la vida presumiendo de ello: si echamos mano del cálculo de probabilidades, nacer en una ciudad tiene menos mérito que venir al mundo en una aldea, y tampoco parece serio proclamar que los de Logroño somos más altos y más guapos que nadie. Una vez vi a Clemente, entrenador del Bilbao, en la tele, y decía que habían ganado la Liga porque eran vascos. Me pregunté: “Si es así, por qué no la ganan todos los años?”

D.E.: ¿Sigue la actualidad de La Rioja?
R.A.: Pues hará casi cien años que me fui, pero me gusta leer la prensa en Internet y lo hago casi todos los días. Puesto a ser sincero, confieso que no consigo interesarme por los problemas de nuestra tierra; me preocupan más los que me encuentro en Madrid al salir a la calle.

D.E.: De lo que lee, ¿qué le llama más la atención?
R.A.: El Logroño que yo encuentro en el periódico no es el que me traje a Madrid. El de ahora tiene poco que ver conmigo, y quizá por eso no siento añoranza. Aparte, a menudo me llevo algún disgusto, porque la gente por la que yo conocía se va muriendo, y claro, eso sí que son pésimas noticias.

D.E.: ¿Por eso no visita Logroño con asiduidad?
R.A.: No tengo nada que hacer allí. Si tuviera una casa, una huerta o algo, pues iría. Pero, ¿para qué voy a ir, si mi Logroño me lo traje aquí aquí? Sería como ir de vendimia y llevar uvas de merienda. Me preguntas de Logroño de los años cuarenta y cincuenta y me acuerdo de todo: en la memoria tengo un plano de la ciudad y las caras de mis convecinos, me acuerdo de las tiendas o de los árboles de calles que ya no existen. ¿Para qué voy a ir a verlas si han desaparecido?

D.E.: ¿Qué diferencias ve en sus visitas?
R.A.: Cuando yo vivía en Logroño, la mayor parte de la vida se hacía de El Espolón hacia abajo, es decir, hacia el río. La Calle Mayor, Portales y la Plaza de la Imprenta o del Mercado tenían mucha vida. Ahora la vida se hace para el otro lado. El Logroño que viví ya no existe.

D.E.: Entonces, ¿no le inspira Logroño para hacer un guión?
R.A.: A quien le tiene que inspirar es un productor o a un director: los guionistas –al menos yo– pintamos poca cosa a la hora de decidir qué películas se deben hacer; yo me considero una especie de asistenta al servicio del director, que es mi señorito, y si mi señorito me pide que escribamos una historia sobre Logroño, yo, encantado de la vida. Pero es que no me lo piden. Claro que me gustaría participar en una película que tuviera Logroño por escenario. La verdad es que ya he escrito algunas cosas que, aunque no se diga explícitamente, se desarrollaban en Logroño, pero en el Logroño en el que viví, una ciudad que debía andar por los 30.000 habitantes en donde los taxis sólo se tomaban para ir al Chalet, un prostíbulo de lujo que había por Cascajos, y sólo se hablaba castellano con más o menos deje del Ebro; ahora la ciudad debe estar por los 150.000 y allí, como en todas las partes, se oyen el árabe, el rumano, alguna que otra lengua subsahariana y español con acentos andinos. Por cierto, y ya que estamos en esto, yo estoy por el mestizaje: en el mundo habrá menos tensiones el día que su población sea de un color café con leche con gotas de amarillo.

D.E.: ¿Ha estado en su calle?
R.A.: Sí, hace tiempo. Fui con mi mujer y mis hijos. Una calle estupenda. Mi hijo me hizo una foto debajo de la placa. No estaría mal vivir en esa calle y que la gente me escribiera sus cartas poniendo en el sobre:”‘Rafael Azcona, en su calle, Logroño (o Villlamediana).”

D.E.: ¿Estaría dispuesto a recibir más premios o reconocimientos?
R.A.: Hombre, claro, Pero de los que están dotados económicamente –sonríe-, y que me los dieran sin hacerles publicidad, porque cuando el personal se entera de que te han dado algo, siempre hay alguien que se considera con derecho a pegarte un sablazo.

D.E. A lo largo de los años que lleva trabajando para el cine, ¿ha habido algún momento en que se haya visto en dificultades económicas?
R.A. Pues, aunque parezca mentira, no. Bueno, sí, una vez. Pero me encontré en un semáforo con Mario Camus, me preguntó qué estaba haciendo, le dije que llevaba en el paro unos meses, y me contrató inmediatamente para colaborar en La guerrilla, una serie de televisión. Cuando de verdad tuve problemas fue al llegar a Madrid. Traje el dinero que había sacado vendiendo los libros que yo tenía. Empecé de contable en un almacén de carbones. Resistí un mes y doce días. Por una razón: el almacén estaba mucho más allá de Ventas y yo vivía en la Puerta del Sol. Iba a trabajar a las seis y media de la m añana y volvía a casa a las once y media de la noche. Así que dejé los carbones, me puse a escribir novelas rosa, y poco después entré entré en La Codorniz. O sea, que no me quejo, aunque si las cosas me hubieran ido mal, tampoco me quejaría. Quejarse no sirve para nada. Y si lo haces mucho, la gente te rehuye. Con mucha razón.

D.E.: ¿Sigue la cultura del vino de Rioja?
R.A.: Preferentemente, me lo bebo. John Huston dijo que en su vida había cometido dos errores. El primero: haberse casado muchas veces. El segundo: no haber bebido siempre y exclusivamente vino tinto. A eso agrego yo, tinto de Rioja. Me encantan los reservas, ¡y a quién no!, pero habitualmente bebo crianza de Lan, el Contino , Viña Zaco… Estupendos.

D.E.: ¿Ha visto ‘Entre copas’?
R.A.: ¿Se imagina en España una película de hacer catas? Yo no. Es todo mentira, una exageración. Lo que pasa es que se ha puesto de moda beber tinto en Estados Unidos. Antes, en las películas los americanos pedían un Martín, pero hace un tiempo y, gracias, sobre todo a Woody Allen, los amwericanos que pretende estar a la moda siempre tienen delante un vino tinto, en general de California, donde, como ahora sucede en muchas partes, hacen unos vinos que no están nada mal. La ingeniería enológica ha conseguido trabajar en sitios en los que nunca se hacía producido vino de verdadera calidad, aunque a veces… Cuando leí eso de vino “de alta expresión” me pregunté: “Y eso, ¿qué coño será?”

D.E.: ¿Qué opinión le merecen los profesionales riojanos del mundo del cine?
R.A.: Siempre ha habido paisanos nuestros en el cine y siempre han tenido éxito; los primeros nombres que me vienen a la memoria son los de Saturnino Ulargui, que en los años cuarenta fue un gran productor; más o menos coetáneos míos son Roberto Bodegas y Antonio Gonzalo, que han firmado espléndidas y significativas películas; después han llegado José Antonio Romero, Javier Cámara, Santiago Tabernero, Bernardo Sánchez y su hermano Daniel, historiador de cine, y todos llevan unas carreras fulgurantes.

D.E.: ¿Cuál es el proyecto que nunca le han planteado y le apetece hacer?
R.A.: Soy muy limitado y la única virtud que tengo es que conozco mis límites: sé en lo que puedo rendir y en lo que no me debo de meter. No tengo espinas clavadas, aunque me fastidia no haber podido hacer El Castillo, de Kafka. Pero no me lo han hecho caso; ya le decía antes que los guionistas no decidimos nada en este terreno.

D.E.: ¿Se fractura España?
R.A.: Yo creo que se está exagerando la cosa, y que España no se fraturaría ni siquiera en el caso –para mí, deseable– de llegar a ser un estado federal; Suiza es un país federal, tiene como lenguas oficiales el alemán, el francés y el italiano, y si usted le pregunta a un señor de Lausana de dónde es, ese señor no te dice: “Del cantón del Vaud”; ese señor te responde: “Suizo”. Ya me imagino que para nosotros debe estar muy crudo lo de acabar siendo un pais federal, pero en cualquier caso no creo eso de que España se esté rompiendo a pedazos ni que problemas como el del Estatut produzcan esa crispación de la que tanto se habla en las tertulias radiofónicas y televisivas: yo veo a la gente tan tranquila haciendo la compra, echándole gasolina al coche y yendo al fútbol. Más claro: mientras ganen dinero los bancos, ni crispación ni leches. ¿Alguien cree, de verdad, que el señor Botín esté crispado por lo que pase en Cataluña. Yo lo he visto en la tele y de lo que hablaba, con legítimo orgullo, era de la buena marcha del Santander.

D.E.: ¿Qué le parece el diálogo como solución al problema del terrorismo?
R.A.: Pienso que acabar con ETA es muy difícil pero apuesto en unl diálogo en el que participen las víctimas, aunque conviene recordar que en un estado de derecho no son las víctimas quienes juzgan a sus ofensores, por muy criminales que sean. Ahí está el ejemplo de Irlanda. Es la única forma de acabar con ese tipo de conflictos.. Y dicho esto, y para empezar, el señor Rajoy debería probar que el Gobierno está en tratos con ETA, y aí así fuera, el señor Zapatero debería explicar en que consisten esos tratos.

D.E.: ¿Qué caricatura haría de la España actual?
R.A.: Meter la política en el cine o en la novela o en el teatro me parece un error porque siempre sale una cosa doctrinaria, a favor de alguien. La política debe estar implícita en las obras de creación, pero no conviene hacerla exclusivo motor de las mismas. Las películas políticas, superada la coyuntura en que se realizaron, dan la impresión de quedarse vacías. El antropólogo que dentro de cien años quiera saber como era la España de Franco lo encontrará en las comedias, incluso en las intrascendentes, mejorr que el cine comprometido. Personalmente, nunca he hecho cine político. ¿Una película sobre la España actual? En cualquier caso, una comedia, dándole a la realidad una vuelta de tuerca. El maestro Lubichs, que de esto sabía un rato, dijo: “Tragedia más tiempo: comedia.”

D.E.: ¿Está a favor de los matrimonios entre homosexuales?
R.A.: No tengo nada en contrario siempre que no pidan mi mano. Todo el mundo, por el hecho de haber nacido, tiene derecho a realizarse de acuerdo con su condición, siempre que perjudique a un tercero.i Me acuerdo de un camarero de Logroño que se llamaba Pepe y era homosexual; la gente le insultaba, e incluso le soltaba algún pescozón p al pasar a su lado. Vergonzoso. Detrás de la condena de esos matrimonios, o de la clonación, o del divorcio siempre asoma la oreja la actitud regresiva de alguien que no quiere que cambie el mundo. Si se les hubiera hecho caso a quienes defienden esa actitud, en pintura estaríamos en las cavernas pintando bisontes y no hubieramos tenido ni a Velázquez ni a Picasso. A mí, cuando Franco, me habían educado para morir bien, con todos los sacramentos, a ser posible. Pero cuando fui a Roma a trabajar y vi que allí, a lo que se dedicaban, era a vivir bien, incluso algún cardenal que vi en los restaurantes Recordemos lo mismo ocurrió cuando llegó el divorcio: se dijo que España se acababa y la familia destruida. Ahora se divorcian los de derechas, se casan hasta tres veces y no pasa nada. O, mejor dichjo, pasa que así crean tres familias, en lugar de destruir una.

D.E.: ¿Qué es lo que echa en falta de Logroño?
R.A.: Hombre, algunas tardes me gustaría dar la vuelta a los puentes –me refiero al de piedra y al de hierro; ahora ya sé que hay más– y sentir el cierzo bajando desde la sierra de Toloño. Esa vuelta me llevaría cincuenta años atrás y me devolvería a mi adolescencia, a aquellos tiempos en que íbamos a La Playa, nos bebíamos un porrón de vino en el merendero de Toalla, alquilábamos una barca en el Pasti, cruzábamos el Ebro a nado… Bueno, yo no. Era una prueba de hombría hacerlo, pero yo no me atreví nunca. Menos mal, porque todos los años se ahogaba alguien al intentarl.

D.E.: ¿Le gustaría volver a Logroño?
R.A.: Nunca me lo he planteado. De volver a La Rioja lo bueno sería regresar al campo, qué hermosura algunas paisajes de la Rioja Alta, pero como soy un urbanita, tendría que volver a la ciudad, y para ciudad ya tengo Madrid.

D.E.: ¿Y de muerto?
R.A.: Ojalá existiera un servicio municipal que una vez certificada mi muerte se hiciera cargo inmediatamente de mi cadáver: un recibo a mi viuda, y luego que hicieran lo que les diera la gana con mis restos. Ni velatorio, ni funeral, ni entierro ni luto. ¿Por qué adornar la muerte, que es una cosa bastante fea, para darle lucimiento? Te has muerto. Y ya está. Pero debo responder a su –nunca mejor dicho– última pregunta. Pues, bien, visto que ese servicio no parece que se vaya a inaugurar a tiempo, que me dejen insepulto en la cima del Monte Cantabria para seguir viendo la tierra que me vio nacer. ¡Lo malo es si provoco una epidemia!

Now listening "Stand", REM.

Publicado por Rubén Vinagre a las 11:15 PM 0 comentario/s Etiquetas: cine, La Rioja, Metamedio

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CULTURA
Logroñés trasterrado
26.03.08 -
JORGE ALACID

El gran Azcona existe. Su voz lo confirma al otro lado del teléfono, cuyo número ha facilitado al periodista un viejo compañero de pupitre en los Maristas. Existe y resulta ser un abuelo encantador, no el cascarrabias que uno había imaginado, refractario a la popularidad. Azcona estaba advertido de la llamada, que se debía producir antes de las nueve de la mañana. ¿Por qué? «Porque a partir de esa hora, descuelgo el teléfono y me pongo a trabajar». Desde esa respuesta, rematará el resto de frases con una risa que a veces se confunde con la carcajada recia y a ratos desemboca en una pregunta, de modo que el entrevistado se convierte en interrogador. Quiere que el periodista le hable de Logroño, del Logroño que dejó de pisar hace demasiados años. La misma ciudad que en 1998 le concedió el honor de dedicarle una calle, ubicada en El Cubo: entonces, un inhóspito rincón perdido en el callejero que ni entrevistador ni entrevistado lograban situar en el mapa. «Me han dicho que está por el antiguo cuartel, pero el cuartel ya ni es antiguo ni es nada, creo que es un solar, ¿no?», bromeaba. Y más risas: «Me pregunto dónde pondrán la plaquita de la calle. Lo mismo la ponen en un palo. Y la gente que vea la placa dirá: 'Este hombre, este hombre... Este hombre es un genio'».

Azcona, ya se ve, no se tomaba demasiado en serio. Prefería refugiarse en su guión de hombre ensimismado, mientras informaba de que seguía los partidos del Logroñés por la tele escrutando entre los rostros de los hinchas que aún llenaban Las Gaunas, en la vana esperanza de dar con alguna cara conocida. Y seguía preguntando. Preguntaba por antiguos conocidos, cuyos nombres recitaba como la alineación del Nostalgia Fútbol Club: «Me acuerdo de Pepe Renta, Pepe Lacalle, Urzay el guarnicionero, Valentín el de la carne de caballo». Azcona recordaba incluso al cura del cementerio, el famoso don Santiago, a quien situaba asomado a su mirador de Martínez Zaporta sobre el Moderno. El cura a quien desde entonces el periodista ve reencarnado en el atrabiliario mosén que Agustín González encarnó para el cine en 'Belle Epoque'.

Todo esto sucedió hace diez años. A vuelta de correo, hasta el buzón llegó una carta con su remite fechado en el madrileño Paseo de la Habana. Azcona agradece gentil al periodista sus desvelos y le felicita por la entrevista, educada costumbre que uno no ha vuelto a conocer. Así debía ser el paisano ahora fallecido, que en la misiva se confesaba «un logroñés trasterrado»: una suerte de caballero inglés en cuya sesera se agita el eterno show celtibérico. Un hijo de Cervantes que ingresaba extrañado en el otoño de su vida. «La gente», se asombraba, «tiene la manía de morirse».

Thor

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Qué canso!

Machiatto

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Qué equivocado estaba, precisamente, lo que sobrevive de Rafael es su obra. También lo harán sus versos, si no, al tiempo...

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CULTURA
El Ayuntamiento de Logroño concederá a Rafael Azcona la Medalla de la ciudad
Esta distinción reconoce a los logroñeses que han destacado a nivel internacional por su profesión
27.03.08 -

El Ayuntamiento de Logroño concederá a Rafael Azcona la Medalla de la ciudad
Rafael Azcona, fallecido el pasado lunes en Madrid. / ESTEFANÍA MARTÍNEZ
El Ayuntamiento de Logroño acordó ayer conceder la Medalla de Oro de la ciudad al guionista Rafael Azcona, fallecido el pasado lunes y nacido en la capital riojana en el año 1926.

El portavoz del equipo de Gobierno del Ayuntamiento Logroñés (PSOE-PR), Vicente Urquía, dio a conocer este acuerdo de la Junta de Gobierno, aunque ha explicado que la fecha en la que se entregará esta distinción será acordada con el Grupo Municipal de oposición -el Partido Popular-.

Además, ha aclarado que la entrega de la Medalla podría coincidir con la de otros galardones que Logroño concede con motivo de sus fiestas patronales de San Bernabé, que se celebran el once de junio.

Historia riojana

Esta distinción reconoce a los logroñeses que han destacado a nivel internacional en sus campos profesionales o que han tenido una relevancia especial en relación a la historia de la capital riojana.

Por ejemplo, la Medalla se entregó en 2005, también a título póstumo, al oftalmólogo logroñés Ramón Castroviejo, por ser considerado uno de los pioneros mundiales en los trasplantes de córnea.

También tienen esta Medalla los tres primeros alcaldes democráticos de la ciudad: Miguel Ángel Marín, Manuel Sáinz y José Luis Bermejo.

El guionista Rafael Azcona , uno de los más reconocidos y galardonados del cine español, nació en Logroño en 1926, aunque residía en Madrid, donde falleció el pasado día 25 después de una larga enfermedad.

BR

BR dijo

Hola a todos!!

El cortometraje "Colgados" dirigido por Manolo Vázquez y producido por La Chula Productions acaba de ganar el premio al mejor cortometraje tragicómico en el New York International Film and Video Festival. Además, se pasará este lunes a las 00:30 h en el programa Metrópolis de TVE. Si queréis verlo antes, podéis ir a nuestra página www.lachula.tv, lo encontrareis en la sección Lab.
Pues nada, que estábamos muy contentos y que queríamos compartirlo con vosotros.

Un besote,

Benet
--
La Chula Productions
C/Vilamarí, 71, tda 1
08015 Barcelona
cell +34 667411454
fax +34 93 1629422
www.lachula.tv

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CULTURA
La diáspora riojana
Unos setenta profesionales riojanos viven del teatro, principalmente fuera de nuestra región
28.03.08 -
B.GARCÍA-BAQUERO

La diáspora riojana
Hablar del teatro en La Rioja resulta difícil porque «el teatro en La Rioja no existe», a decir de Ricardo Romanos, experto teatrero. Lo que sí existen son profesionales del mundo del teatro riojanos. Pero no están en la comunidad. No se quedan. Y si se quedan a vivir en La Rioja, pocos son los que trabajan en La Rioja.

La lista de actores, directores, dramaturgos, técnicos, tramollistas y demás profesionales del mundo del teatro riojanos que han triunfado fuera de nuestras fronteras es interminable. Caras más 'mediáticas' como Javier Cámara (salido del Teatro Pobre del I.E.S. La Laboral), Pachi Freytez, Pepe Viyuela o César Vea, se mezclan con rostros menos conocidos para el gran público, pero reconocidos dentro del mundillo: Pepe Pereza, actor de la Compañía Nacional de Teatro Clásico junto con los riojanos Cipri Lodosa y Arturo Querejeta; Celso Bugallo, que participó en
Los lunes al sol
y
Mar adentro
; Concha Hidalgo, decana actriz con más de 80 años y aún en activo; Alejandro Ruiz Pastos, director y actor; David Tenreiro; Inmaculada Ochoa; Mercedes Ochos, clown; y un largo etcétera.

Entre los escritores destacan, como no, el recientemente desaparecido Rafael Azcona o su amigo y adaptador de su obra, Bernardo Sánchez Salas. De hecho, Salas recibió en el 2001 el premio Max de Teatro por la adaptación teatral de
El Verdugo
, guión de Rafael Azcona y cuyo montaje recibió otros cinco Max.

No faltan en la lista interminable de profesionales riojanos los de discretos técnicos, siempre en un segundo plano y cuya labor es esencial. En este sentido, Romanos destaca sin lugar a dudas y con un gran entusiasmo al equipo completo del teatro logroñés Bretón de los Herreros: Fidela Amado, sastra y taquillera; Jaime Llerins, Carlos Pereira, Jacinto San Martín, luminotécnicos; Raúl Ceña, director técnico, etc. Por cierto, que Ricardo Romanos solo tiene buenas palabras para este teatro y su dirección. «La programación es magnífica, las instalaciones y los profesionales que trabajan en él, idem. Muchas compañías quieren estrenar aquí sus obras y todas vienen encantadas a Logroño». Y tres cuartos de los mismo hacia el teatro Ideal de Calahorra. No así en el caso de la sala Gonzalo de Berceo en Logroño o del teatro Cervantes de Arnedo. «La Gonzalo de Berceo está abandonada, en muy mal estado y no se usa con un criterio claro», afirma Romanos. Quien resalta además el poco respaldo que el teatro recibe por parte de las autoridades. Parece, en fin, que queda mucho por hacer.

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MORIR EN PRIMAVERA

Publicado el Miércoles, 26 de Marzo de 2008 por dildo

“Don Fabián Bígaro Perlé estaba convencido de que morirse en primavera era un despropósito: el mundo ofrecía épocas más adecuadas para abandonarlo y sólo a un bohemio o a un anarquista se les podía ocurrir fallecer cuando todo en la tierra empezaba a renacer; de tan asociales sujetos cabía esperar cualquier cosa, incluso que arrastrados por su perversidad fallecieran en señalados días de fiesta, el colmo, pues los días de fiesta estaban en los calendarios para celebrarlos con la misa mayor, el concierto de la banda municipal, el arroz con pollo comido en familia y la corrida de toros, de haberla, y no para enlutarlos con un cadáver.
¡Qué dislate, morirse cuando al otro lado de la ventana la primavera encendía en los hombres de bien el ansia de vivir!”
Este texto fue parido por el brillante escritor y guionista Rafael Azcona cuando aún estaba vivo, claro. Y ahora, el muy pelafustán va y se muere en primavera: son las ironías de Tánatos que, a buen seguro, leyó la novelita “Los muertos no se tocan, nene” (su mejor libro, con permiso de “Pobre, paralítico y muerto” y “Los europeos“) y decidió gastarle una broma final al “hombre que escribía cosas divertidas sobre cosas tristes” y llevárselo ahora que la primavera está recién estrenada.
genio y figura
Yo, aunque odio a muerte algunos de sus trabajos (como “Belle Epoque”, “La lengua de las mariposas” o “¡Ay, Carmela”) he disfrutado mucho con la mayoría, así que le rindo tributo no con una cosa de risa floja ni de humor negro, sino con el más melancólico y enfermizo final de pinícula que escribió jamás este señor, y que rodó el (también grande) director Luis García Berlanga. Se trata, por supuesto, de “Tamaño natural“. Sí, a mí me gusta incluso más que “El verdugo”, “El pisito”, “El cochecito” o “La grande bouffe”. Qué le voy a hacer…

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Rafael Azcona

Quisiera hacerle un homenaje a esta gran persona. La noticia de su muerte me salpicó por tierras extranjeras, y no me pude informar bien hasta ayer.

Un logroñés del que estoy orgullosa, comenzó a escribir en la famosa revista de La Codorniz, y, al colaborar cinematográficamente con Marco Ferreri, director italiano que allá por los 50 le ofreció adaptar la novela El pisito, se coló entre luces y cámaras, con un bolígrafo, hasta sus últimos días.

Este estupendo guionista se preocupó siempre por mostrar la realidad social de nuestro país y de una forma asombrosa, ya que, a diferencia de muchos guionistas que desgraciadamente se quedan entre las fichas técnicas de las películas, el nombre de Rafael Azcona ha trascendido.

A continuación destaco filmografía y premios, pero para el que quiera saber más, dejo una página web muy útil, http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Azcona/sinmontar.shtml

El pisito Marco Ferreri (1959),El verdugo Luis García Berlanga (1963) La vaquilla,El año de las luces Fernando Trueba (1986),El bosque animado José Luis Cuerda (1987) ,¡Ay, Carmela! Carlos Saura (1990) ,Belle époque Fernando Trueba (1992) ,La niña de tus ojos Fernando Trueba (1998) ,La lengua de las mariposas José Luis Cuerda (1999)

Entre otros reconocimientos públicos, Rafael Azcona recibió nueve premios Goya:en 1991, premio al mejor guión adaptado por ¡Ay Carmela!, junto a Carlos Saura, en 1998 el Premio Honorífico, en 1993, premio al Mejor guión original por Belle Époque de Rafael Azcona, José Luis García Sánchez y Fernando Trueba.`

Aquí queda un pequeño homenaje desde mi rincón para este gran guionista, y gran hombre.

Apuntador Literario

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CUATRO HOMBRES BUENOS

(A Rafael Azcona I. M.)

Siempre se ha dicho que “la necesidad es la madre del aprendizaje”, y yo completo “…del aprendizaje y del atrevimiento”, por eso los necesitados de algo o de alguien son tan atrevidos. Los necesitados en el más estricto sentido de la palabra, o sea los pobres, se atreven a poner en peligro su existencia, con tal de mejorar sus condiciones de vida, pero también son atrevidos los necesitados en un sentido más amplio: los que necesitan cariño, atención, consideración profesional o intelectual… o simplemente lectores, como ocurre con los escritores que empiezan.

Este atrevimiento de los jóvenes escritores –ya se sabe que uno es joven escritor hasta casi la edad de jubilación- suele conducir a comportamientos sin mucho sentido, como enzarzarse en luchas generacionales o grupales, apuntarse a disparatadas vanguardias… o pretender que lean sus libros los escritores consagrados. Confieso que yo también participé, en su momento, de este último atrevimiento y envié mi primera novela a muchos escritores admirados o famosos; esto, además de permitirme comprobar la dificultad de que mi obra fuera leída, me permitió establecer una clasificación de la intelectualidad, según su amabilidad, tacto o consideración, para con el escritor desconocido.

Resulta obvio decir que, de la mayoría, no supe si habían recibido mi libro, pues ni siquiera enviaron un acuse de recibo; estos fueron directamente a engrosar la lista negra de mi indiferencia –un buen escritor riojano, amigo mío, tiene la costumbre de ajustar cuentas, con los integrantes de su lista negra, en posteriores novelas, pero no es mi caso-. Casi todos los demás acusaron el recibo con una fórmula de compromiso, que consideré suficiente para clasificarlos como escritores atentos y considerados; sólo unos pocos fueron más allá y comentaron mi novela, con mayor o menor profundidad, en un gesto desacostumbrado y que les honró. Entre ellos, cuatro alcanzaron el santoral de mis escritores admirados, por sus cariñosas cartas manuscritas o por su consideración para con mi obra primeriza, sin duda excesiva para mis merecimientos –curiosamente, los cuatro eran ya escritores admirados y consagrados por la calidad de sus obras-. Estos cuatro maestros eran: don Rafael Azcona, que nos acaba de dejar para nuestro pesar, don Arturo Pérez-Reverte, don Gustavo Bueno y don Miguel Delibes. Al margen de sus trayectorias, de todos conocidas y admiradas, para mí siempre han sido, desde entonces, CUATRO HOMBRES BUENOS.

“ALONSO CHÁVARRI”

Markan

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La verdad es que don Gustavo Bueno es un crack total. A mi me la pone pina hasta ecir basta, como por ejemplo cuando dice aquello de que "el Gobierno se equivocó al hablar de proceso de paz cuando no existe guerra, porque si existe guerra, entonces habría que meter los tanques en Bilbao". Para Bueno, las personas que no advierten que ETA seguirá matando son "débiles mentales, bobos o analfabetos". Señaló que el Gobierno de España incurrió desde un principio "en el error fundamental de hablar de proceso de paz cuando no existe guerra".

Tambien cuando señala que "el Gobierno se olvida de que la guerra supone la conculcación de un orden establecido y esto implica que existan vencedores y vencidos. Y que en el caso de que exista guerra hay que meter los tanques en Bilbao que para eso están, como también están en Afganistán".

Para Bueno el dialogo con ETA no es posible porque los órdenes que pretenden establecer esta organización y el Ejecutivo son "contrapuestos". "El Gobierno pide reestablecer un marco donde se mantenga la Constitución española, y ETA desde el principio está constantemente reafirmando la independencia, la anexión de Navarra y del País Vasco francés".

Por esta razón, Bueno calificó el diálogo con los terroristas de "diálogo de sordos", y emplazó al Gobierno a mostrarse fuerte contra los terroristas. Criticó a la vicepresidenta del Gobierno, Maria Teresa Fernández de la Vega, a la que pidió que "se preocupe más por estudiar" que por "maquillarse y comprar trajes". Bueno se preguntó cómo es posible que De la Vega culpe a Rajoy de la política antiterrorista que "fabrica" el Gobierno, y afirmó que "el PSOE prefiere aislar al PP pactando con los nacionalistas que adoptar una postura firme contra el terrorismo".

"Zapatero debería expresar a la opinión pública que el proceso está roto y cerrado y dejarse de juegos semánticos", dijo Bueno, y añadió que "no se puede confundir a la opinión pública como se está haciendo desde el Ejecutivo". También manifestó que, después del atentado, el PSOE ha mantenido reuniones con el entorno de ETA, y que "hay que pensar que o el Gobierno ya se ha comprometido en algo con ETA o que nuestros gobernantes son imbéciles".

Precisó igualmente que el Gobierno "no quiere romper el proceso porque hay pactos", y ETA sabe que después de la caída de la URSS "no tiene nada que hacer". Para Bueno, los terroristas "no tienen salida y pretenden engañar al Gobierno para conseguir la autodeterminación. La banda terrorista tienen una gran minoría que les apoya en el País Vasco y el Gobierno está perdiendo terreno".

En definitiva, según Bueno, el PSOE no volverá al pacto antiterrorista porque "juega a no perder votos" para las siguientes elecciones y preferirá buscar el apoyo de los nacionalistas que el de la mitad de los españoles para "plantar cara" al terrorismo. "No se puede dialogar con alguien que anuncia una tregua con las capuchas puestas", concluye el filósofo.

Chapeau!

Cisneros

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Nos vemos en las jornadas, pringaos!!!

Paulino

Paulino dijo

¿Cardenal Cisneros?

Ecclestone

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Alguno no se entera, por lo visto, pero como tengo ya dicho en el blog del perros: "Si no vuelve a ganar el PP en Logroño no habrá Décimas Jornadas de Poesía en Español." Más claro, agua.

Leonardo di Capri

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Hombre, como profecía no es mala, pero donde esté aquella mía sobre las elecciones:

"El movimiento de IU es inteligente y necesario, se une a una lista ya existente (IC-LV) y salva los barcos, devuelve la esperanza a los votantes de izquierdas y encima van a sacar concejal, coherencia 100%. No está mal la jugada."

Es que hay que analizar la realidad volviendo a Marx, sin figuración mediática mediante, y entonces las cosas cuadran en su marco (no-castrador).

Leonardo di Capri

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Sin olvidarme de las jornadas de poesía en apañol y la transmigración del suplemento Codal en revista. Las profecías, ya lo dijo el rabí, con una cosa de fe.

Apuntador Literario

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En los cafés no hace frío

Alguien dijo, con cierta razón pero también con falta de ella, que no hay riojanos famosos. Yo diría que quizá los haya, pero usted no los conoce, e incluso pudiera ser así porque ellos lo han querido. Logroñés quizá por error, hace dos días murió, sin decir nada para no molestar (dejó dicho que su muerte no se hiciera pública hasta que ya estuviese incinerado, hecho que me resulta tremendamente llamativo), Rafael Azcona.

En la fría y manida enumeración de guiones aparecen las películas que escribiera quizá en un café “porque en los cafés no hace frío como en la calle” y que no reflejan esa máxima suya según la cual “para lo único que me sirvió el cine fue para ganarme la vida”:
El pisito (1958), Se vende un tranvía (1959), El cochecito (1960), El secreto de los hombres azules (Le tresor des homes bleus) (1960), Le italiane e l'amore (1961), Plácido (1961), Il mafioso (El poder de la mafia) (1962), La muerte y el leñador [episodio de Les quatre vérités] (1962), Una storia moderna: l'ape regina (1963), El verdugo (La ballata del boia) (1963), La donna scimmia (Se acabó el negocio) (1963), Un rincón para querernos (1964), Il profesore [sketch de Controsesso] (1964), Una moglie americana (Una esposa americana) (1965), L'uomo dei cinque palloni [sketch de Oggi, domani e dopo-domani] (1965), Break up [versión completa de L'uomo dei cinque palloni] (1965), Marcia nuziale (1966), L'estate (1966), Il fischio al naso (¡Qué dulce es morir así!) (1967), L'harem (1967), Peppermint frappé (1967), La boutique (Las pirañas) (1967), Tuset street (1968), Los desafíos (1969), La madriguera (1969), ¡Vivan los novios! (1970), Las secretas intenciones (1970), El jardín de las delicias (1970), El monumento (1970), El ojo del huracán (1971), Un omiccidio perfecto a termini di legge (Homicidio al límite de la ley) (1971), L'udienza (La audiencia) (1971), La cera virgen (1972), Si può... fare, amico (En el oeste se puede hacer... amigo) (1972), Tarots (Ángela) (1972), Una razón para vivir y una para morir (1972), Ana y los lobos (1973), La grande bouffe (La gran comilona) (1973), Permette, signora, che ami vistra figlia? (1974), Instant coffee (Malos pensamientos) (1974), El poder del deseo (1974), Tamaño natural (1974), La prima Angélica (1974), Touche pas la femme blanche (No tocar la mujer blanca) (1974), Alla mia cara mamma nel giorno del suo compleanno (1974), La revolución matrimonial (1974), La adúltera (1975), Pim, pam, pum... ¡Fuego! (1975), L'ultima donna (La última mujer) (1976), El anacoreta (1976), Mi hija Hildegart (1977), Una noche embarazosa (Il Pupazzo) (1977), Ciao, maschio (Adiós al macho) (1978), La escopeta nacional (1978), Un hombre llamado Flor de Otoño (1978), La miel (1978), La familia bien, gracias (1979), El divorcio que viene (1980), Patrimonio nacional (1980), 127 millones libres de impuestos (1981), Puente aéreo (1981), Bésame, tonta (1981), Nacional III (1982), La vaquilla (1984), La corte de Faraón (1985), Hay que deshacer la casa (1986), El año de las luces (1986), El pecador impecable (1987), El bosque animado (1987), Moros y cristianos (1987), Soldadito español (1988), Y'a bon les blancs (Los negros también comen) (1988), Pasodoble (1988), Sangre y arena (1989), El vuelo de la paloma (1989), ¡Ay, Carmela! (1990), Chechu y familia (1992), Belle Époque (1992), Tirano Banderas (1993), El rey del río (1994), El seductor (1995), Suspiros de España (y Portugal) (1995), Gran Slalom (1995), La Celestina (1996), Tranvía a la Malvarrosa (1996), En brazos de la mujer madura (1997), Pintadas (1997), Siempre hay un camino a la derecha (1997), Una pareja perfecta (1997), La niña de tus ojos (1998), La lengua de las mariposas (1999), Adiós con el corazón... (2000), El paraíso ya no es lo que era (2001), Son de mar (2001), La marcha verde (2001), María querida (2004).

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Siempre Azcona

El mundo de la CULTURA se volcó ayer en el homenaje al riojano Rafael Azcona en el Circulo de Bellas Artes de Madrid.

Estuvieron TODOS: Álvaro de Luna, Ana Belén, Manuel Alexandre, Juan Luis Galiardo, Miguel Rellán, Santiago Ramos, Miriam Díaz Aroca, Juan Diego Botto, María Barranco, Santiago Segura, Julieta Serrano, Elvira Quintillá, Juan Manuel Serrat, José Luis García Sánchez, Manuel Gómez Pereira, José Luis Borau, Bigas Luna y Gonzalo Suárez, tampoco faltó Buenafuente y Juan Cruz (que ayer publicó en su blog un recuerdo a rafael en el Día de la República)

No faltó el Ministro de Cultura, César Antonio Molina, ni el Presidente del Gobierno de España, José Luíz Rodríguez Zapatero, al que Rafael Azcona apoyó en la última campaña electoral al formar parte de la Plataforma de Apoyo a Zapatero (PAZ).

Azcona, un riojano universal, que ha recibido un merecido homenaje.

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CULTURA
Zapatero encabezó el homenaje que el mundo del cine tributo ayer a Azcona en Madrid
Manuel Vicent, Manuel Alexandre y Serrat, entre otros amigos, acompañaron a la familia del guionista riojano en el Círculo de Bellas Artes
LALY RAMOS

Zapatero encabezó el homenaje que el mundo del cine tributo ayer a Azcona en Madrid
UNIDOS. El presidente del Gobierno y su mujer, junto a la viuda de Azcona, sus hijos y sus cuatro nietas. / FOTOPRENSA
Rafael Azcona «no era gracioso, era divertido, no tenía el gen de la envidia, era muy generoso, y todo lo que sabía, aunque leía mucho, lo sabía por intuición». Así definió al fallecido guionista riojano el periodista Manuel Vicent, encargado de recordarle con unas cariñosas palabras en el homenaje que anoche ofreció a Azcona la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Un sentido acto que contó con su viuda, Susanne Youdelman, sus hijos Daniel y Bárbara y sus cuatro nietas, que estuvieron acompañados por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, su mujer, Sonsoles Espinosa, el ministro de Cultura, César Antonio Molina, la presidenta de la Academia de Cine, Ángeles González-Sinde, y el presidente y director del Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde se celebró el homenaje, Juan Miguel Hernández León y Juan Barja, respectivamente.

Este especial adiós de la gente del cine comenzó por unas pinceladas de entrevistas que le hicieron, entre otros, el periodista Juan Cruz o Buenafuente, en las que el escritor y guionista comentaba alguno de sus pensamientos y bromeaba con esa característica que siempre tuvo en su vida, la discreción. Porque «yo no me escondo, sólo que no me asomo» explicaba, o «yo no pienso que el dolor enaltece, pero en aquellos momentos en que me crié estaba bien visto sufrir», o «el ser humano ha seguido adelante gracias a la capacidad de reírse de sí mismo», frases, entre muchas otras, con las que siempre nos hizo meditar.

Durante el acto varios de los actores que interpretaron algunos de sus guiones recitaron párrafos de sus textos y poemas. Para recordarle así subieron al escenario Álvaro de Luna, Ana Belén, Manuel Alexandre, Juan Luis Galiardo, Miguel Rellán, Santiago Ramos, Miriam Díaz Aroca, Juan Diego Botto, María Barranco, Santiago Segura, Julieta Serrano o Elvira Quintillá.

Manuel Vicent, rodeado de tantos amigos de Rafael Azcona, recordó lo poco que le gustaban los elogios. «Si estuviera vivo esto no lo hubiera consentido». «No le gustaban los elogios, y cambiaba de conversación en cuanto se le empezaba a elogiar». Entre los muchos amigos que no faltaron a la cita de anoche, Joan Manuel Serrat, que le recuerda como «un hombre entero, positivo, cariñoso, sobre todo con un gran talento y una gran generosidad», los directores de cine José Luis García Sánchez, Manuel Gómez Pereira, José Luis Borau, Bigas Luna y Gonzalo Suárez.

En el homenaje, en el que sonó dos veces el pasodoble que en su día compuso en honor a Azcona Carmelo Bernaola, la presidenta de la Academia de Cine señaló que este gesto era fundamental porque el mundo del cine quería abrazar a su familia, y «devolver» con ello «un poco de todo lo que nos ha dado el cineasta; era muy urgente decir cuánto queríamos a Rafael».

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CULTURA
La vida, según Azcona
Logroño, el cine y la religión: un paseo por el universo del desaparecido escritor riojano
J. ALACID

Logroño. «Llegué a Madrid en el cochazo de un tío mío que era constructor; me apeé con mi maletita en la Puerta del Sol, el coche se alejó, la matrícula de Logroño se perdió en la noche y yo, de repente, me sentí libre por primera vez en mi vida» (...)

Los toros. «Cuando tuve aquellas veleidades taurinas, un día participé en un modesto festival en un pueblo en el que nunca había habido toros. El becerrete lo pagó un indiano, la arena era una huerta en pendiente... Pues bien, yo vi por la noche en el baile a un gañán que llevaba el escroto del becerro colgado de la faja». (...) «Un recuerdo de infancia. Yo voy a la plaza por la mañana y me entra gratis el encargado del ambigú. Allí, en un oscuro rincón que olía a cerveza a y serrín mojado, me como el bocadillo que me ha dado mi madre y luego, cuando llega mi padre, que sí era aficionado, me lleva con él a su localidad, donde la gente me hace un sitio. Luego me da por leer y la verdad es que los toros dejan de interesarme».

El cine. «Que alguien quiera escribir guiones no lo compromete automáticamente con el éxito. Yo los escribo no para tener éxito, en absoluto; yo los escribo para pagar el teléfono y comerme de vez en cuando media docena de langostinos». (...) En el cine pasa una cosa muy curiosa: si colaboras en una película de éxito corres el riesgo de que los productores, temerosos de que les pidas más dinero, tarden en llamarte; en cambio, si participas en un fracaso, te llaman rápido porque confían en rebajarte el estipendio».

La religión. «Cuando tenía 15 años, un amigo de mi casa, cuando le pregunté si había infierno, me dijo: 'No lo sé. Pero sé una cosa: no existe invención, máquina, negocio, bolsa de cambio o filón que haya producido tanto dinero como el purgatorio'. Y me instalé en el laicismo». (...) «El laicismo no me impide interesarme por las religiones; yo creo que el estudio de su historia debería formar parte de cualquier plan de estudios».

La muerte. «Yo no quiero acordarme de la muerte. Cuanto menos importancia se le dé, mejor. Bastante tengo con acatarrarme de vez en cuando, que es una cosa que envilece mucho». (...) «Abrir los ojos por la mañana y notar que no me he muerto me produce una sensación muy placentera. No comprendo el lío que se ha armado intentando buscarle un sentido a la existencia. La vida no tiene otro sentido que vivirla». (...) «A mí me gustaría morir lo más tarde posible, en perfecto estado de salud, en la cama, dormido y sin ningún problema. La muerte, aparte de una hija de la gran puta, es una cosa muy obscena».

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Sobre este blog

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Pequeña posibilidad de honestidad

Enrique Cabezón nació en Logroño en 1976. Ha publicado los libros de poemas "Territorio de Ceniza" (Logroño, Kabemayor ediciones , 2003), "El lenguaje de las serpientes" (Logroño, Ediciones del 4 de Agosto, 2005; junto al poeta José Luis Pérez Pastor), "Dios cabalga los lomos de las muchachas" (Béjar, LF Ediciones, 2005) y "No busques lágrimas en el ojo del muerto" (Alzira, Germanía, 2006). Además del e-libro "La traición en los colores" (Nausícaa , 2001). Además tiene una dilatada carrera como ilustrador e historietista, de su obra gráfica cabría destacar "Cementerio de las horas" (Onil, Ediciones de Ponent , 2004) o la adaptación de la novela picaresca de 1.604, original de Gregorio González, "El guitón Honofre" (Logroño, Kabemayor ediciones , 2005) con guiones de su hermano Luis Alberto Cabezón. Ha grabado un disco ("fracaso, etcétera") con su banda de rock: enBlanco, que ha recibido excelentes críticas desde los medios especializados. Además colabora habitualmente en prensa y es uno de los integrantes del proyecto Ediciones del 4 de Agosto. Desde hace siete años desarrolla su trabajo de diseñador gráfico desde su propia empresa, kbcreativos, desde la que ha trabajado para Warner Music, Dro Atlantic, EDG Music, Grupo Profisegur, Greenpeace entre otras, también para prácticamente todas las instituciones de La Rioja.

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