«Estocada al pulmón», un poema de Manuel González Busto

Alguien puede asegurar los gatos vuelan
al hombre le han nacido escamas
ahora es un pez famoso que incuba sobre el fuego
y no pierde el rostro
y no llora porque aprendió a amar las quemaduras.
Alguien pudiera decir eso y mucho más.
Y uno creerlo.
Seguirle el juego como si las llamas fueran
hormiguitas
y pudiera mentirse con la cara más cierta.
Hay caras soberbiamente serias cuando mienten.
Sólo salvan sus lepras cuando los crédulos
son demasiado crédulos
y el arte de las simulaciones se hace hábito
transfusión cardíaca.
Los que reciben estocadas
no siempre acribillan a los fabuladores rotos.
Temen un supuesto orden
que al final resulta un artificio.
Los tramposos son como los pulpos.
Cada tentáculo es una posibilidad
un laberinto de final imprevisible.

Olvidan que el poeta
también tiene espadas en la punta de la lengua.

De Confesiones de un loco descreído (Premio «Fayad Jamis» 1992, Ediciones Luminaria, Cuba, 1993)
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