Enrique Cabezón, firma invitada en el número 13 de la revista Rock Estatal

Además de las reseñas de los nuevos trabajos de Perseverance y No Quite Dead, el número 13 de la revista Rock Estatal viene a refrendar el espacio que enBlanco se está ganado a pulso en el panorama rockero del país. Además de la crónica de la accidentada actuación del grupo en el Garrido Rock, yo mismo, vuestro servidor, fui invitado a escribir un texto que os reproduzco a continuación. Espero que os guste…

El poso de las canciones

Salgo del local de ensayo a la noche riojana. Delante de mí, una viña —no puede ser de otra manera—, al fondo las luces temblantes de esta pequeña ciudad. Es viernes noche y, si no estamos de bolo por ahí, los enBlanco ensayamos (creo que la disciplina es importante). Dentro del local todavía está el resto de la banda desenchufando aparatos y guardando instrumentos. Ríen. No sabría calcular las miles de horas que una banda, en este caso la mía, puede llegar a invertir en tratar de componer e interpretar canciones que arañen a aquellos que, finalmente, hagan suyas en la escucha las melodías y letras de cualquier grupo. En mi ciudad hay muchas y buenas bandas, doy fe. Espero que todas tengan suerte, aunque sé, es de lo poco que he aprendido de los largos años que llevo trabajando con enBlanco y con otras bandas, que la suerte tiene muy poco que ver con el premio que uno puede obtener de la música. No digo que moleste y que no sea necesario, pero todos podéis imaginar que no estoy hablando precisamente de dinero. Hablo del pellizco, de ese escuchar una canción que automáticamente se nos queda tatuada en la memoria y nos traslada a algún momento que no hemos podido (o querido) olvidar. Lo dicen los que saben: el rock se escucha con el corazón. Con vuestro permiso seré más atrevido: el buen rock, la música de verdad se hace y se vive con las entrañas y, sin duda, la entraña con mejor prensa es el corazón. En definitiva, cosa de casquería. El secreto, el verdadero secreto, y os lo dice uno que es feliz simplemente por estar en el camino, es el trabajo, la exigencia y la constancia. Cada uno de esos elementos, en diferentes proporciones en cada momento concreto, son la fórmula que ha hecho que enBlanco vayamos recogiendo pequeños —pero jugosos— frutos de estos años de dedicación a nuestra pasión compartida.
Acabo de leer un email en myspace, alguien escribe sobre lo que significan nuestras canciones para él, es hermoso, me sonrojo un poco, cuando escribo las letras me limito a hablar de mí, a explorarme a mí y a mi relación con los sucesos y el resto del mundo. Me limito a descubrirme a través de las canciones, a tratar de conocerme mejor, si puede ser. Me alegro de que otros sientan como yo, me alegro de no estar solo. Al fin y al cabo creo que las canciones son fotografías emocionales que congelan un momento, unas sensaciones, que uno puede rememorar volviendo a escucharlas en cualquier otro instante. En ese momento pago feliz la pasta que me corresponde del local de ensayo, no me duele nada.
Los chicos salen del local, Diego, Héctor, Sergio y Gorka quieren tomar una cerveza para culminar la noche. Nuestra noche que es la vuestra. ¿Por qué sólo una? —les pregunto. Nos miramos y no encontramos razones para tan escaso número. Acción.

Y…

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