Tantas veces canté tu profundo
vacío de teatro,
que hace del hombre gárgola indefensa
en la turbia plenitud de las auroras
pero no dije dónde.
Fui estancado río y llegué junto a ti;
fui feliz en las estaciones de la flor
y buscaba tus noches.
sabedor me sé de cierta inclinación
que tengo hacia los largos ecos;
ya cualquier campana recuerda la medida
de alguna berenguela que no hizo
el póstumo poema.
ahora que ya tienes la longitud
de un sueño
y podemos, a tientas, proseguir
viejos andares que van a morir al día,
cómo voy a evocarte por vez primera!
donde quise encuentros
me espera un abrazo nunca dado.
Ramiro Fonte, Pensar no tempestade (Leliadoura, 1986).

