«3. el capitán lázaro», un poema de Aloysius Bertrand

 

Todas las precauciones son pocas en estos tiempos que corren, sobre todo desde que los falsificadores de monedas se han establecido en este país.
El sitio de Berg-Op-Zoom

Se sienta Johan Blazius en su sillón de terciopelo de Utrecht, mientras el reloj de San Pablo da las doce
campanadas sobre los tejados carcomidos y caliginosos del barrio.
Se sienta el lombardo gotoso en su banco de madera de Irlanda para cambiarme este ducado de oro que saco de mis calzones, y que aún guarda el calor de un pedo.
¡Uno de los dos mil que una sangrienta carambola de la fortuna y de la guerra arrojó desde la escarcela
de un prior de benedictinos hasta la bolsa de un capitán de lansquenetes!
¡Dios me perdone, el cicatero lo examina con su lupa y lo pesa en su balanza, como si mi espada hubiese acuñado falsa moneda sobre el cráneo del monje!
Ea, abreviemos, maese cornudo. No estoy de humor ni tengo tiempo para amedrentar a esos rufianes a los que tu mujer acaba de lanzar un ramo de flores por aquel agujero.
Y necesito echarme al coleto alguna que otra jarra, ocioso y melancólico como estoy desde que la paz de Munster me tiene encerrado en este castillo como una rata en un farol.

 

De Aloysius Bertrand, Gaspard de la nuit (Artemisa, 2009).

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La Rioja

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