Hemos sustituido el «Debo hacer algo» por un lloroso grito de petición de socorro universal: «¡Que alguien haga algo!». Y a eso, curiosamente, lo llamamos «democracia». Una especie de solidaridad egoísta de la inutilidad: la culpa nunca es mía, es del otro. Y así, «por culpa de los otros», nos estamos yendo lenta e inexorablemente al infierno.
Roger Wolfe, Siéntate y escribe (Huacanamo, 2011).

