03 Jul 2008
«Chévere...», un poema de Nicolás Guillén

Chévere del navajazo,
se vuelve él mismo navaja:
Pica tajadas de luna,
mas la luna se le acaba;
pica tajadas de canto,
mas el canto se le acaba;
pica tajadas de sombra,
mas la sombra se le acaba,
y entonces pica que pica
carne de su negra mala.
02 Jul 2008
El fondo de la patria
Lunes, jet lag en Madrid, celebraciones deportivas en pleno éxtasis, nunca hemos visto algo así en la provincia, de alguna manera nos convencemos para acercarnos hasta allí. Recuerdo vagamente un poema de Blas de Otero mientras alrededor se exalta la hispanidad que nos hace grandes (ay) y yo pienso en la sucesión de accidentes —puede que, tal vez, también alguna decisión consciente de algún familiar— que ha hecho que nazcamos aquí y no en cualquier otra parte del mundo (echo de menos a Ángel González, alguien al que vi de lejos y nunca conocí en persona). Ajeno y extraño miro alrededor y trato de recitar en voz baja —y sin descalabrarlo demasiado— el poema de Blas, estoy con dos grandes poetas no debería cagarla confiando en una memoria como la mía, así que me callo y, al regresar al hogar, busco entre los libros viejos las anotaciones correspondientes. Anchas sílabas, se llama. Anchas han de ser si debo estar en paz entre los exaltados que pretenden copar políticamente lo que debiera ser, simplemente, una celebración deportiva. Un espejo, pienso, un espejo en el que se miran cada uno de los bandos. A nuestro lado hablan de la Falange, jódete y baila, el cielo se tiñe de los colores de la bandera. Tenemos urgencia de salir de ahí pero aguantamos un poco más y bebemos cerveza a escondidas. Miramos con la expectación y crueldad de quien visita un zoo, aunque puede que estemos observando desde la jaula. ¿Hay crisis? ¿Están inquietos los fascista de uno u otro lado? Somos españoles y hoy, por lo que se ve y por ello, invencibles e invulnerables. Bendito fútbol, bendito eres entre todos los alucinógenos. Que mi pie te despierte, sombra a sombra / he bajado hasta el fondo de la patria. / Hoja a hoja, hasta dar con la raíz / amarga de mi patria. // Que mi fe te levante, sima a sima / he salido a la luz de la esperanza. / Hombro a hombro, hasta ver un pueblo en pie / de paz, izando un alba. / Que mi voz brille libre, letra a letra / restregué contra el aire las palabras. / Ah, las palabras. Alguien heló / los labios —bajo el sol— de España.
16 Jun 2008
«Las novias de John Snake», un poema de Pedro Juan Gutiérrez

usan collares de perlas
y se emborrachan
desde las 10 de la mañana/pero pierden
la compostura definitivamente por las tardes.
Entonces gritan desaforadas
por encima de los boleros
y las rancheras
de Paquita La Del Barrio.
Las gentiles señoritas
no soportan los latigazos
y otros abusos (sicológicos/corporales/anales/
y hasta telepáticos)
de John Snake/que se cuida mucho
y jamás menciona estas trifulcas infames
en sus memorias.
Sus atildados poemas/en cambio/
parecen escritos por esos poetas del sistema/seductores/
que usan traje y corbata
y cultivan amistades en las altas esferas.
Sus atildados poemas, decía,
sólo hablan de amores insoportables
largos/tediosos/aburridos/Y de señoritas inmortales
que se extienden románticas en el crepúsculo/
Johnny cree que engaña al respetable público
con sus máscaras y escapes imposibles
al mejor estilo Houdini.
Pero la realidad es otra:
cultivar el arte de la fuga
es una reiteración de la inutilidad,
querido Johnny.
Todos saben que eres un hijo-de-puta-más-
en-este-mundo-lleno-de-grandes-y-famosos-hasta-
heroicos-y-admirados-hijos-de-puta.
Ahh, John Snake,
si supieras
cómo te engañan tus novias.
Aunque las obligues a usar
collares de perlas y gruesos ajustadores de loneta
para evitar que se marquen sus pezones
en las blusas.
Nada es suficiente.
Ni un cinturón de castidad electrónico.
Nada, querido John.
Son infieles
por el delicioso placer de ser infieles.
Y se ríen. A carcajadas.
Una simple burla/Rumberas de circo/Mulatas de fuego/
Y tú crees todo lo que te dicen
en el crepúsculo
cuando se emborrachan
y usan collares de perlas
y dan paseítos a lo largo de la casa
ansiosas y desesperadas/incapaces
de permanecer tranquilas
a tu lado
y escuchar esas monótonas
suites de Bach para cello
que tú oyes extasiado cada tarde
mientras deduces cómo
las habría escrito Mahler o Wagner
y tragas whisky como si fuera agua
y piensas que el mundo
es desastroso
pero sólido.
No, querido Johnny,
no te imaginas cómo todo se desmorona
y se hunde en mierda líquida.
Debajo del piso no hay solidez/Hay un pantano
de mierda
que hiede asquerosamente.
Las cucarachas
los gusanos apestosos
y tu Johnny
y tus novias infieles y sarcásticas
no tienen importancia.
Creo que te ahogarás en la mierda
y el pantano negro.
Ya no hay luz/y te hundirás
como un imbécil
perdido en esta isla
con crepúsculos dorados.
No tienes salvación.
Una vez más
te hundirás en la mierda del burdel
y las suites de Bach para cello
será el último ruido que irá contigo
hasta el fondo del pantano.
Adiós, Johnny,
querido Johnny.
15 Jun 2008
«El puerto», un poema de José Lezama Lima
Como una giba que ha muerto envenenada
el mar quiere decirnos ¿cenará conmigo esta noche?
Sentado sobre ese mantel quiere rehusar,
su cabeza no declina el vaivén
de un oleaje que va plegando la orquesta
que sabe colocarse detrás de un árbol o del hombre despedido
por la misma pregunta entornada en la adolescencia.
Un cordel apretado en seguimiento de una roca que fija;
el cordel atensado como una espalda cuando alguien la pisa,
une el barco cambiado de colores con la orilla nocherniega:
un sapo pinchado en su centro, un escualo que se pega con una encina submarina.
La rata pasea por el cordel su oído con un recado.
Un fuego suena en parábola y un ave cae;
el adolescente une en punta el final del fuego
con su chaqueta carmesí, en reflejos dos puntos finales tragicómicos.
La presa cae en el mar o en la cubierta como un sombrero
caído con una piedra encubierta, con una piedra.
Su índice traza, un fuego pega en parábola.
La misma sonrisa ha caído como una medusa en su chaqueta carmesí.
El alción, el paje y el barco mastican su concéntrico.
El litoral y los dientes del marino ejecutan
una oblea paradisíaca para la blancura que puede
enemistarse con el papel traspasado por aquél a otro más cercano.
El barco borra el patio y el traspatio, el fanal es su máscara.
Se quita la máscara, y entonces el fanal.
Se apaga el fanal, pero la máscara explora con una profunda banalidad.
Entra el aceite muerto, los verdinegros alimentos de altamar,
a una bodega para alcanzar la mediada vivaz como un ojo paquidermo.
Como una pena seminal los hombres hispanos y los toros penosos
recuestan su peso en la bodega con los alimentos que alcanzan una medida.
Al atravesar ese hombre hispano y ese toro penoso revientan su concéntrico.
Un fuego pega en parábola y el halcón cae,
pero en la bodega del barco ha hundido lo concéntrico oscuro, penoso,
lo mesurable enmascarado que aleja con un hilo lo que recoge con un hilo.
14 Jun 2008
«El adolescente», un poema de Juan Ramón Jiménez

El alba me sorprende
buscando entre los lirios
la huella de tu paso.
¡Imajen del naciente,
que yerras en los hilos
del renacer temprano!
¿En dónde el blanco tenue
que luzca en el sol fino,
por el frescor morado?
13 Jun 2008
«Contigo», un poema de Luis Cernuda
¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.
¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?
12 Jun 2008
«MCMLXIV», un poema de Jota Mario Arbeláez
En 1964 había un hombre que se llamaba Jotamario y usaba
sombrero de copa.
Las gentes le decían: Señor Jotamario, ¿qué hace uste con ese
sombrero de copa?
Y él les decía: Señoras Gentes, ¿qué hacen ustedes con esa pregunta?
Era 1964 y él no se había dado cuenta que los poetas que escribían
para el futuro estaban pasados de moda.
Era 1964 y él no se había dado cuenta
que los Estados Unidos los negros estaban matando a los blancos
con armas blancas
Era 1964 y él no se había dado cuenta
que si alguien le abría sus puertas era para que se estrellara más
fuerte.
Pero había oído hablar de la bomba de californio
en los bailes de pascua de las embajadas;
pero había donado medio litro de sangre
para la anemia de los hospitales del trópico:
pero había leído en la revista Playboy
que Malcolm X sostenía que Jesucristo era negro;
pero había mirado hacia atrás por el espejo de su bicicleta
medio millón de muertos diseminados en una siesta horrible.
A veces caminaba por las calles bajo su canicular sombrero de copa,
paladeaba helados que eran un polo de ricura y su mayor deseo era
orinar desde la punta de la torre Eiffel.
No tenía escritorio
pero las gentes le decían que tenía madera de escritor;
no tenía máquina de escribir
pero cuando le daba la gana escribía como una máquina,
escribía maquinalmente lo que le daba la gana,
y la gente al escucharlo le aplaudía como con guantes,
como con una sola mano.
En el colegio le enseñaron de memoria los pensamientos de Pascal
y estuvo enamorado con la amargura del filósofo.
Cambió luego a Pascal por Pascale Petite
y la amargura por la mariguana.
Nunca tenía ideales.
Los ideales le parecían ideales de la idea.
Tenía en cambio ideas geniales.
Como ésa.
Comía rositas de maíz
que eran las únicas que le gustaban
y chiflaba si las películas
no satisfacían sus caprichos.
Sólo los domingos no se miraba al espejo sino
al periódico donde publicaban su foto
y no es porque fueran de él pero le parecía
que sus poemas eran dignos de él.
Tenía una pasado judicial impecable
como un crimen perfecto.
Afortunadamente su padre
vestía la misma talla de él;
afortunadamente su amante
deseba lo mismo que él;
afortunadamente la gente
pensaba diferente de él.
Sus padres se rasgaban las vestiduras
mirándolo por las calles recibir el caldo del cielo;
sus amigos le daban la mano dos o tres veces por semana;
apóstoles de zapatos de caucho nunca escasearon en su mesa
y en las terrazas de la ciudad pedían su plato de meteoros.
Era rebelde contras las paredes de moda
y su lecho era su único cuadrilátero para luchar.
Su lecho de patas de bailarina,
de sábanas de ordenamiento de vacas.
Su lecho de blandura de corteza terrestre
cuando la tierra era como una naranja.
Su lecho de fauna de microscopio
donde devoraba los bizcochos de la mañana.
Su mujer gemía bajo su peso pluma como una balanza,
bajo su peso y su presencia de lanzallamas en la noche de
muslos hospitalarios
y se reía colocando sobre su nuca su anillo de oro negro con piedras
de diferentes colores
y su risa quebraba los cristales anaranjados de la luz.
Es un poeta inútil y se llamaba Jotamario,
como Buda.
De El profeta en su casa (Ediciones Triángulo, Medellin, 1966).
11 Jun 2008
secreto
esta claro como el agua: sólo escribiendo poesía puede uno transgredir algunas normas. Lo sabía Luis Felipe cuando dijo aquello de que en un libro de poemas uno se puede cagar en todos los monarcas del mundo y no tener ningún problema con la ley. Nadie lee poesía, o mejor, somos tan pocos que en realidad el mensaje no tendrá ninguna consecuencia. Lo sabe Szymborska, lo sabe Tsvietáieva y también Teresa Soto. Teresa escribe: «Mis vecinos no saben que escribo, / les agradezco que no lo sepan. / No lo saben y no me leen / y a mí me gusta que no me lean. / Gracias a que no me leen / no pienso nunca en qué pensarán / mis vecinos de mis versos». Es un código estéril. El día es gris como una sábana antigua, como la mortaja de un muerto. Quedan tres días para casarme, he tratado de escribir algún texto de amor para la mujer por la que doy este paso, no sale, no fluye, quedan a merced del tiempo y sobre la mesa hatos de palabras inútiles como el pene de un octogenario. No salen, pero lo intento, dejo prueba de ello con este texto, agradezco que mis vecinos, como los de Teresa, no sepan que mientras ellos duermen en este amanecer invernal de junio, yo pierdo el tiempo de esta manera tan estúpida frente a este monitor, no se lo digáis, hagamos un pacto entre caballeros sin caballo, no se lo digáis y será nuestro secreto, «los crímenes se hacen hoy para que tú los veas», pero hoy no llegaremos a la primera sangre y, esta claro como el agua de Camarón: sin sangre no hay poema que valga
10 Jun 2008
09 Jun 2008
ciudad
«Saldré dentro de poco. Gracias. Porque, a fin de cuentas, debo
salir de esta casa agrietada.
Debo ver un poco la ciudad—no, no la luna—
la ciudad con sus manos callosas, la ciudad del salario,
la ciudad que jura por su pan y por su puño,
la ciudad que a todos nos soporta sobre sus espaldas
con nuestras pequeñeces, nuestras maldades, nuestros odios,
con nuestras vanidades, nuestra ignorancia y nuestro envejecimiento—
debo oír los grandes pasos de la ciudad,
no debo oír más tus pasos
ni los pasos de Dios, ni siquiera los míos. Buenas noches».
así habla Yannis Ritsos a través de la mano de Selma Ancira. Ritsos murió en Atenas hace dieciocho años. En realidad nos sigue hablando de una idea genérica de ciudad, una ciudad que podría ser la mía o podría ser la tuya, el poeta nos habla a través de la tierra y el tiempo, más allá de su propia muerte. Logroño, ciudad, hoy Ritsos a través de mis ojos te dedica este pasaje, míralo por el lado bueno, a mí me parece un magnífico poeta y tú, una ciudad de la que ya no quiero huir
Sobre este blog
Pequeña posibilidad de honestidad
enriquekbEnrique Cabezón nació en Logroño en 1976. Ha publicado los libros de poemas "Territorio de Ceniza" (Logroño, Kabemayor ediciones , 2003), "El lenguaje de las serpientes" (Logroño, Ediciones del 4 de Agosto, 2005; junto al poeta José Luis Pérez Pastor), "Dios cabalga los lomos de las muchachas" (Béjar, LF Ediciones, 2005) y "No busques lágrimas en el ojo del muerto" (Alzira, Germanía, 2006). Además del e-libro "La traición en los colores" (Nausícaa , 2001). Además tiene una dilatada carrera como ilustrador e historietista, de su obra gráfica cabría destacar "Cementerio de las horas" (Onil, Ediciones de Ponent , 2004) o la adaptación de la novela picaresca de 1.604, original de Gregorio González, "El guitón Honofre" (Logroño, Kabemayor ediciones , 2005) con guiones de su hermano Luis Alberto Cabezón. Ha grabado un disco ("fracaso, etcétera") con su banda de rock: enBlanco, que ha recibido excelentes críticas desde los medios especializados. Además colabora habitualmente en prensa y es uno de los integrantes del proyecto Ediciones del 4 de Agosto. Desde hace siete años desarrolla su trabajo de diseñador gráfico desde su propia empresa, kbcreativos, desde la que ha trabajado para Warner Music, Dro Atlantic, EDG Music, Grupo Profisegur, Greenpeace entre otras, también para prácticamente todas las instituciones de La Rioja.
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