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«Mi tiempo, padre…», un poema de Víctor Sandoval

  Mi tiempo, padre: Himnos de guerra y tableteo de metralletas. Lo estoy viviendo apenas pero lo estoy viviendo. Soy el aire del arquero y su brazo. Te veo escribiendo tus poemas, como éste, padre, como éste. ¿Para qué, para quiénes? ¿Para quiénes abres tu cartapacio, tu horrenda máquina de escribir como dentadura postiza? A

«El amor no se detiene ante la luz roja», un poema de Nizār Qabbānī

  No pienses jamás: la luz está roja, no hables con nadie: la luz está roja, no polemices sobre textos jurídicos ni sobre gramática, morfología, poesía o prosa: el intelecto es maldito, repugnante, despreciable… No abandones tu gallinero lacrado: la luz está roja, no ames a mujer ni a rata: la luz del amor está

«La cruz del Sur», un poema de José Santos Chocano

  Cuando las carabelas voladoras al fin trazaron sobre el mar sus huellas, fueron rasgando por delante de ellas la inmensidad con sus tremantes proas. Entonces, Dios, en las nocturnas horas, tras el misterio de las tardes bellas, una cruz dibujó con cuatro estrellas en el lienzo en que pinta sus auroras. Quedó la cruz

«A Roque», un poema de Mario Benedetti

  Llegaste temprano al buen humor al amor cantado al amor decantado llegaste temprano al ron fraterno a las revoluciones cada vez que te arrancaban del mundo no había calabozo que te viniera bien asomabas el alma por entre los barrotes y no bien los barrotes se afojaban turbados aprovechabas para librar el cuerpo usabas

Un poema sin título de Eduardo Milán

  hora de decir no con los dedos hora de decir tartamudeó el habla sonó, cortó el desierto hora cortada desierto paró, que lo parió la hora arena, que negó la parte  

Un poema sin título de Fernando Echevarría

  Octubre es casi un licor. Centellea por el frágil contorno de la copa, mientras reina la soledad vacía solamente en su soledad diáfana. Octubre tiene aquella forma antigua atenta a los labios, a la contención sagrada de ver contornos de sabiduría tras la felicidad de contemplarla. Mas, sobre todo, la frágil transparencia del maduro

«Rango», un poema de Elkin Restrepo

  Sabía, sin mucha razón, que alguien venía. Ignoraba quién, pero alguien venía. Este era el día ¿cómo no marcar la fecha? de una dicha imprevista. El lugar, la mesa, los preparativos, imponían un cuidado. Alguien venía. Abrió la puerta. Su apretado corazón midió la espera. El rango le inquietaba, el poder de su belleza.

«Tú crees en el ron del café, en los presagios…», un poema de Paul Verlaine

  Tú crees en el ron del café, en los presagios, y crees en el juego; yo no creo más que en tus ojos azulados. Tú crees en los cuentos de hadas, en los días nefastos y en los sueños; yo creo solamente en tus bellas mentiras. Tú crees en un vago y quimérico Dios,

«El vampiro», un poema de Efrén Rebolledo

  Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos por tus cándidas formas como un río, y esparzo en su raudal crespo y sombrío las rosas encendidas de mis besos. En tanto que descojo los espesos anillos, siento el roce leve y frío de tu mano, y un largo calosfrío me recorre y penetra hasta los huesos.

«Jueves clandestinos», un poema de José Antonio Labordeta

  Los jueves por la tarde las visitas acudían a casa como viejas gaviotas fatigadas. Mamá nos preparaba, engalanados, para los turbios besos de las viejas visitas desdentadas. Con nuestros escapularios de la Virgen del Carmen y engominados a tope nuestros cabellos las tardes nos parecían una tortura insoportable. Durante más de una hora chismorreaban

La Rioja

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