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Un fragmento de «La visión de Colón» de Ciro Bayo

  ¿Qué misterioso afán, cuál aliciente éstos encerrarán, que tal atraen al humano, y asi continuamente á ellos su memoria retrotraen? ¿Por qué este golpe de lucida gente de los caseros goces se distrae y dándose á la vela, desde el puerto se dejan lo seguro por lo incierto? Es el afán de libertad bendita

«Peregrino», un poema de Luis Cernuda

  ¿Volver? Vuelva el que tenga, tras largos años, tras un largo viaje, cansancio del camino y la codicia de su tierra, su casa, sus amigos, del amor que al regreso fiel le espere. Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas, sino seguir libre adelante, disponible por siempre, mozo o viejo, sin hijo que te busque,

«Fabulita», un poema de Eugenio d’Ors

  A Sophie Vichatsky Dijo la Flor al Libro, De feria a feria: —¿Por qué tan serio? ¿Aburre Tanto la Ciencia? Y el Libro respondióle: —¡Si usted supiese La guasa que, en el cuerpo, Me traigo a veces!    Eugenio d’Ors, Novísimo Glosario (Aguilar, 1946).

Un fragmento de «Leyenda del César Visionario» de Francisco Umbral

  Los libros, en deshecha pirámide sobre las losas del patio, arden en la noche con lumbrarada alta, vertical y renovada. A cada nuevo mordisco del fuego, un deslumbramiento de chispas, casi diurno, cae sobre las páginas abiertas de un libro grande y tendido, como disponiéndolo para la lectura. Los soldados salen y entran con nuevas brazadas de libros,

«Poema para la ventana del pobre», de María Luisa Carnelli

  Para el techo de los humildes construyo este poema que es una teja roja. Deseo de poeta para sonrisa del pobre: enredadera que sube hasta su ventana sin flores. Como el silbido de las fábricas, mis palabras desafinadas buscan la estrella de los vientos, para lanzarse sobre la multitud desde el extremo del verso.

«Plegaria a Dios en la gravedad de mi gato Moña», un poema de Pablo de la Torriente Brau

  ¡Señor! Soy una virgen pálida que ora con fervor ante tu altar, piadoso acoge mi cálida plegaria y siempre te he de amar. ¡Señor! ¡Señor! Yo tengo un gato que si es cojo y anda como un pato eso mismo lo hace más hermoso el pobre está enfermito de una cruel dolencia y a

«Elegía al guardameta», un poema de Miguel Hernández

  Tu grillo, por tus labios promotores, de plata compostura, árbitro, domador de jugadores, director de bravura, ¿no silbará la muerte por ventura? En el alpiste verde de sosiego, de tiza galonado, para siempre quedó fuera del juego sampedro, el apostado en su puerta de cáñamo añudado. Goles para enredar en sí, derrotas, ¿no la

«Algo en mi sangre espera todavía», un poema de Carlos Bousoño

  Algo en mi sangre espera todavía. Algo en mi sangre en que tu voz aún suena. Pero no. Inútilmente yo te llamo. Aquella voz que te llamaba es ésta. Ven hacia mí. Mis brazos crecen, huyen donde los tuyos la mañana aquella. Ven hacia mí. La tierra toda oscila, se mueve, cruje. Vístete. Despierta.

La propia vida y la de los otros

  Mi vida, os la puedo contar en dos palabras: un patio y un trocito de cielo por donde a veces pasan una nube perdida y algún pájaro huyendo de sus alas.   Marcos Ana, Poemas de la prisión y la vida (Umbriel, 2011).

Un fragmento de «Aldebarán», un poema de Miguel de Unamuno

  Cuando después que entrego al público un escrito de esos que al punto con deleite traga por haberlo sacado del puchero que guarda su bazofia cotidiana, viene un amigo el parabién a darme, me esfuerzo por ponerle buena cara —¿es que voy a pegarle si acaso su intención es muy honrada? ¡Oh, la amistad,

La Rioja

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