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Un poema sin título de Antonio Gamoneda

  Las uñas de animales inexistentes arrancan nuestros ojos en los sueños. Así es la noche.   Antonio Gamoneda, Arden las pérdidas (Tusquets, 2003).  

«[Ha venido tu lengua; está en mi boca]», un poema de Antonio Gamoneda

  Ha venido tu lengua; está en mi boca como una fruta en la melancolía. Ten piedad en mi boca: liba, lame, amor mío, la sombra.   Antonio Gamoneda, Libro del frío (Siruela, 1992).

«Un tranvía llamado deseo», un poema de Isabel Pérez Montalbán

  Durante una horas podemos ser infelices a la manera de los hombres libres. Primo Levi. Si esto es un hombre Sin recorrido fijo, cruza el valle fronterizo del cuerpo, las colinas, la soledad extrema de los guetos y la altura más alta de un insomnio. Su ritmo de creciente surtidor intranquiliza el vuelo de

«Frío», un poema de Marina Aoiz Monreal

  Esos dioses que habitan los resquicios de las nubes sangran gotas heladas cuando el amor suelta sus esquirlas de almendra. Malheridos de soledad y olvido regresan a sus cielos de obsidiana. Permanecen en huevos de silencio durante siglos hasta que la voz del río pletórico de doncellas los despierta. Y sucede que otra vez

«En el tren», un poema de Karmelo C. Iribarren

  Hace unos minutos que ha recibido la llamada, y desde entonces no ha soltado el pañuelo. Qué tristes son las lágrimas de un viejo, te desarman, te dejan sin opción. Solo puedes imaginarte lo peor. De Karmelo C. Iribarren, Otra ciudad, otra vida (Huacanamo, 2011).

«Límites», un poema de Vicente Muñoz Álvarez

A un lado estoy yo y en la distancia al otro lado el mundo. Y en el centro invisible intangible infranqueable la misma frontera. De Vicente Muñoz Álvarez, Privado (Baile del sol, 2005)

«La tristeza», un poema de Karmelo C. Iribarren

Un gorrión muerto en la acera: un truco de la tristeza para decirnos que existe, sin ponernos muy muy tristes. De Karmelo C. Iribarren, Versos que el viento arrastra (El Jinete Azul, 2010). Ilustrado por Cristina Müller.

«Luces de madrugada», un poema de Karmelo C. Iribarren

Se acaba de encender una ventana en el edificio de enfrente. Ha sido como un breve fogonazo, como un pequeño flash. Un niño de meses —piensas—, o la próstata de un viejo, o algún insomne aburrido como tú, o alguien que llega demasiado alegre… Por último se abre paso la llamada de teléfono, esa que

«El palo», un poema de Raúl García

Para la imagen. Mírate. Corriendo como alma que lleva el diablo, cual Vaquilla tras un palo mal dado. Tres calles, tres calles de mierda dejando a perseguidores atrás, o tú o ellos, sin dejarte coger, con dos cojones. Avanza, sigues corriendo, ¿te ves? Son solo tres calles, una carrera de aficionados, en el instituto tenías

«Conocer el desaliño también es arquitectura del sentir»

Al conversar con Jesús Cuadrado (Palencia, 1946) uno tiene la sensación de encontrarse ante un profesor de los de antes. Al instante uno pierde la perspectiva y tal vez la edad, uno pierde seguridad en sus tesis primigenias y se encuentra de pronto escuchando, porque sabe que va a aprender, como cuando niño se quedaba

La Rioja

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