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«Mi tiempo, padre…», un poema de Víctor Sandoval

  Mi tiempo, padre: Himnos de guerra y tableteo de metralletas. Lo estoy viviendo apenas pero lo estoy viviendo. Soy el aire del arquero y su brazo. Te veo escribiendo tus poemas, como éste, padre, como éste. ¿Para qué, para quiénes? ¿Para quiénes abres tu cartapacio, tu horrenda máquina de escribir como dentadura postiza? A

«Estética del cobertizo (o polipropileno es su nombre)», un poema de Alberto Santamaría

  Pensé en el tipo que esta mañana golpeaba las alfombrillas del coche contra el tronco de un árbol, y luego en el momento en el que decidí regresar a un confortable pasado. Desayunábamos. Pensé “es fácil contemplar el paisaje” y luego “tan sólo necesitas saber manejar la distancia entre dos puntos”. Un lugar no

«Reconsideración del romance», un poema de Wallace Stevens

  La noche nada sabe de los cantos de la noche. Es lo que es como yo soy lo que soy: Y desde esta comprensión me percibo a mí mismo mejor, También a ti. Sólo entre nosotros podemos intercambiar Lo que cada uno de los dos tiene para dar. Sólo nosotros dos somos uno, no

«Sonetos sin palabras», un poema de Emilio Ballagas

  Ya solo soy la sombra de tu ausencia, una oscura mitad que se acostumbra; dulce granada abierta en la penumbra, madura a tu rigor. Sorda existencia. Desmayado vivir, ciega obediencia que la memoria de tu voz alumbra. Pupila fiel; ojo que no vislumbra su cielo. ¡Ángel caído a tu sentencia! Desterrado de asombros y

«Te borraré», un poema de Carilda Oliver Labra

  Te borraré con una esponja de vinagre, con un poco de asco. Te borraré con una lágrima importante o con un gesto de descaro. Te borraré leyendo metafísica, con un telefonazo o los saludos que doy a la ceniza; con una tos o un cárdeno minuto. Te borraré con el vino de los locos,

«Madrigal», un poema de José García Nieto

  Porque te hice de la nada, de la sorpresa y el deseo, de la carne de las palabras y con la forma de los sueños, y porque sólo una mirada, sólo un temblor entre mis dedos eres, y por mis labios pasas dándole alivio a mi destierro, en la alta noche me amenazan tus

«Elegía al guardameta», un poema de Miguel Hernández

  Tu grillo, por tus labios promotores, de plata compostura, árbitro, domador de jugadores, director de bravura, ¿no silbará la muerte por ventura? En el alpiste verde de sosiego, de tiza galonado, para siempre quedó fuera del juego sampedro, el apostado en su puerta de cáñamo añudado. Goles para enredar en sí, derrotas, ¿no la

Un fragmento de «El libro de Oriana» de Nacho Escuín y David Guirao

  La soñó cerca y a los dos en llamas. Entrelazados los labios en secreto, las palabras y las manos en la noche. Dijo: «La encontraré».   Nacho Escuín, David Guirao, El libro de Oriana (Nalvay, 2012).

«Los amigos», un poema de Camilo Ferreira Botelho Castelo Branco

  Amigos, ciento diez, o tal vez más, ya te conté. Vanidoso me sentí: me imaginaba que sobre la tierra no había ¡más afortunado mortal entre los mortales! Los amigos, ¡los ciento diez! Tan serviciales, tan celosos de las leyes de la cortesía que, ya harto de verlos, me escabullía en sus curvaturas espinales. Un

«Adolescente», un poema de Vladimir Maiakovski

  La juventud tiene mil ocupaciones. Estudiamos gramática hasta atontarnos. A mí, me echaron del quinto año, y fui a apolillar las cárceles de Moscú. En nuestro pequeño mundo doméstico, para las camas aparecen poetas de pelo rizado. ¿Qué saben estos líricos anémicos? A mí, pues, me enseñaron a amar en la cárcel. ¿Qué vale

La Rioja

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