Los poetas se santiguan a través de sus libros oxidados, yo ya no quiero leerlos, sólo quiero permanecer ahí parado mientras me moja el orvallo de tus ojos tristes, mientras ante mí se escapan las cosas importantes de la vida. De Daniel Sancet Cueto, Insolenzia, La boca del volcán (Carcajada Records, 2010). www.danielsancetcueto.blogspot.com/

