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«El amor no se detiene ante la luz roja», un poema de Nizār Qabbānī

  No pienses jamás: la luz está roja, no hables con nadie: la luz está roja, no polemices sobre textos jurídicos ni sobre gramática, morfología, poesía o prosa: el intelecto es maldito, repugnante, despreciable… No abandones tu gallinero lacrado: la luz está roja, no ames a mujer ni a rata: la luz del amor está

«A mi madre», un poema de Mahmud Darwish

  Añoro el pan de mi madre, El café de mi madre, Las caricias de mi madre… Día a día, La infancia crece en mí Y deseo vivir porque Si muero, sentiré Vergüenza de las lágrimas de mi madre. Si algún día regreso, tórname en Adorno de tus pestañas, Cubre mis huesos con hierba Purificada

«Yo, perro», un poema de Andrés Ramón Pérez y Carmen Contreras

  No soy más que un perro famélico, que solicitó en vano los cuidados y la atención de su amo, que arañó sombras en busca de cobijo y ladró al viento necesitando tu tiempo. Si muero de pena será únicamente por tu indiferencia. ¿Quién conoce el precio de los sueños? La seductora tiniebla nos protege

«Madrigal», un poema de José García Nieto

  Porque te hice de la nada, de la sorpresa y el deseo, de la carne de las palabras y con la forma de los sueños, y porque sólo una mirada, sólo un temblor entre mis dedos eres, y por mis labios pasas dándole alivio a mi destierro, en la alta noche me amenazan tus

«Poema para la ventana del pobre», de María Luisa Carnelli

  Para el techo de los humildes construyo este poema que es una teja roja. Deseo de poeta para sonrisa del pobre: enredadera que sube hasta su ventana sin flores. Como el silbido de las fábricas, mis palabras desafinadas buscan la estrella de los vientos, para lanzarse sobre la multitud desde el extremo del verso.

Un poema sin título de Fernando Sarría

Nadie me besó al llegar a París a pesar de que en la Gare d’Austerlitz las mujeres tuvieran la mirada puesta en lejanías y sus labios rojos todavía hubieran podido detenerse en mí. Mi mochila anunciaba un viaje sin regreso y aunque me perdí en los muelles pulcros de Ámsterdam y en sus luces rojas

«Museos», un poema de Luisa Miñana

Pasó su mano como una culebra por el cuello blanco de la estatua. Sobre la nuca desolada ancló temblando sus labios y le pidió dos cosas: protégeme del frío y deja que te ame eternamente. El vigilante miraba el monitor y no se movió. De Luisa Miñana, Las esquinas de la Luna (Eclipsados, 2009)

La poeta Carmen Beltrán participa en la semana del libro de Ejea de los Caballeros

Hoy por la tarde acompañaré a Carmen Beltrán en su participación en la mesa redonda a la que ha sido invitada por la organización de la 4ª Semana del Libro de Ejea de los Caballeros, mesa que se articulará en torno a la propuesta temática de esta edición: Femenino, singular, que retende explorar la relación

La Rioja

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