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«El amor no se detiene ante la luz roja», un poema de Nizār Qabbānī

  No pienses jamás: la luz está roja, no hables con nadie: la luz está roja, no polemices sobre textos jurídicos ni sobre gramática, morfología, poesía o prosa: el intelecto es maldito, repugnante, despreciable… No abandones tu gallinero lacrado: la luz está roja, no ames a mujer ni a rata: la luz del amor está

«Historia de un nudo», un poema de Alberto Vega

  Con Ángel González, pensándolo mejor Huele a café con prisa la mañana mientras ajusta raudo el nudo corredizo del deber. El hombre es racional, pues se alimenta de raciones de olvido y esperanza, de amor breve a destiempo, de infinito a diario. En la radio el portavoz de un ministerio habla de algo muy

«El gamo ante la casa solitaria», un poema de Thomas Hardy

  Afuera, en las tinieblas, alguien mira a través del cristal de la ventana desde la blanca sábana aterida. Afuera, en las tinieblas alguien mira cómo, en vela, aguardamos la mañana junto a la lumbre de la chimenea. No alcanzamos a ver esos dos ojos que nos contemplan desde la intemperie y reproducen los destellos

«Tú crees en el ron del café, en los presagios…», un poema de Paul Verlaine

  Tú crees en el ron del café, en los presagios, y crees en el juego; yo no creo más que en tus ojos azulados. Tú crees en los cuentos de hadas, en los días nefastos y en los sueños; yo creo solamente en tus bellas mentiras. Tú crees en un vago y quimérico Dios,

«Inscripción copta», un poema de Marcin Baran

  Bendito sea el desgaste del cuerpo, gracias a él lo imperfecto no dura. Y lo que existe más allá de la roca del tiempo sigue estando a prueba de la acción y del abandono.   Marcin Baran, Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea (autores nacidos entre 1960 y 1980) (Prensas Universitarias de

«Fantasmas de mediodía», un poema de Grzegorz Wróblewski

  Esa carnosa mujer que saborea el vino a lo lado O esa otra del vestido negro con la que me cruzo y con la que seguramente nunca me volveré a cruzar O aunque sea esa doctora sin maquillaje que con su mano fría me toma el pulso sorprendida de que todavía respire Veo de

«Sebastián va a la escuela» un poema de Jarosław Mikołajewski

  dame la mano déjame ir junto a ti después de clase dime los secretos los guardaré confiaré les seré fiel ya los perdí una vez no volveré a perderme incluso cuando tú mismo olvides tu fascinación guardaré tus verdades las salvaré de ti un día vendrás para que te cuente la historia del niño

«Sonetos sin palabras», un poema de Emilio Ballagas

  Ya solo soy la sombra de tu ausencia, una oscura mitad que se acostumbra; dulce granada abierta en la penumbra, madura a tu rigor. Sorda existencia. Desmayado vivir, ciega obediencia que la memoria de tu voz alumbra. Pupila fiel; ojo que no vislumbra su cielo. ¡Ángel caído a tu sentencia! Desterrado de asombros y

Un fragmento de «Te veo triste» de Fernando Sanmartín

  Muchas bibliotecas, cuando muere su dueño, dejan de serlo, abatidas como un ciervo en el monte, se regalan o se tiran a la basura como si hubiera rencor o saña contra los libros. Si el muerto regresara, comenzaría a morder a los que hubiesen hecho eso. Pero el muerto se queda en el camposanto,

«En dirección al mostrador», un poema de David Pielfort

  Ella, con los codos en la formica, creyendo en la luna —como los bichos en la luz— rota y rota con su mirada el falso reflejo de forleidi. Las sanguijuelas huecas de la formica le han jugado una mala broma marmórea: la ilusión de darle vueltas a las cosas al mirar por la lupa

La Rioja

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