Los jueves por la tarde las visitas acudían a casa como viejas gaviotas fatigadas. Mamá nos preparaba, engalanados, para los turbios besos de las viejas visitas desdentadas. Con nuestros escapularios de la Virgen del Carmen y engominados a tope nuestros cabellos las tardes nos parecían una tortura insoportable. Durante más de una hora chismorreaban
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«Fantasmas de mediodía», un poema de Grzegorz Wróblewski
Esa carnosa mujer que saborea el vino a lo lado O esa otra del vestido negro con la que me cruzo y con la que seguramente nunca me volveré a cruzar O aunque sea esa doctora sin maquillaje que con su mano fría me toma el pulso sorprendida de que todavía respire Veo de
«Sebastián va a la escuela» un poema de Jarosław Mikołajewski
dame la mano déjame ir junto a ti después de clase dime los secretos los guardaré confiaré les seré fiel ya los perdí una vez no volveré a perderme incluso cuando tú mismo olvides tu fascinación guardaré tus verdades las salvaré de ti un día vendrás para que te cuente la historia del niño
Un fragmento de «Te veo triste» de Fernando Sanmartín
Muchas bibliotecas, cuando muere su dueño, dejan de serlo, abatidas como un ciervo en el monte, se regalan o se tiran a la basura como si hubiera rencor o saña contra los libros. Si el muerto regresara, comenzaría a morder a los que hubiesen hecho eso. Pero el muerto se queda en el camposanto,
Un poema sin título de Fernando Sanmartín
En octubre de 1901, a bordo del Ville de la Ciotat, salió de Marsella el escritor Marcel Schwob rumbo a Samoa. El primer día escribió: «Yo no pertenezco a las suplantaciones». Lo hizo en un papel que después arrojó al mar para que nadie lo leyera. Evitaba así la usurpación de los testigos.
Un poema sin título de Julio Alejandro de Castro
Estoy quieto, porque estoy muerto, no porque tenga desgana. Cuando vivía, sí caminaba. La savia de un recuerdo dulce por los caminos me desangraba. Julio Alejandro de Castro, Singladura (Prensas Universitarias de Zaragoza, 1987).
Un haiku de Rafael Fombellida
Ciegan los copos el camino. Ya nunca sabré quién fui. De Rafael Fombellida, Montaña roja (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2008).

