Tag ‘ prosa’

Un poema sin título de Ósip Mandelshtám

  Yo he regresado a mi ciudad, que conozco hasta las lágrimas, Hasta las venas, hasta las inflamadas glándulas de los niños. Tu regresaste también, así que bébete aprisa El aceite de los faros fluviales de Leningrado. Reconoce pronto el pequeño día decembrino, Cuando la yema se mezcla a la brea funesta. Petersburgo, todavía no

«El vampiro», un poema de Efrén Rebolledo

  Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos por tus cándidas formas como un río, y esparzo en su raudal crespo y sombrío las rosas encendidas de mis besos. En tanto que descojo los espesos anillos, siento el roce leve y frío de tu mano, y un largo calosfrío me recorre y penetra hasta los huesos.

«Yo, perro», un poema de Andrés Ramón Pérez y Carmen Contreras

  No soy más que un perro famélico, que solicitó en vano los cuidados y la atención de su amo, que arañó sombras en busca de cobijo y ladró al viento necesitando tu tiempo. Si muero de pena será únicamente por tu indiferencia. ¿Quién conoce el precio de los sueños? La seductora tiniebla nos protege

«El amor en los tiempos de prosa», un poema del indio Naborí

  a Gabriel García Márquez Junto a mi cabecera una mujer marchita, celosa de la muerte, está velando día y noche, atenta a mis orines y mis heces fecales, sustituyendo con los ojos suyos los míos obsoletos, dándome el alimento como a un niño, bañándome, vistiéndome, besándome, acariciándome las manos. En un ambiente así –no

«La isla en peso», un poema de Virgilio Piñera

  La maldita circunstancia del agua por todas partes me obliga a sentarme en la mesa del café. Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer hubiera podido dormir a pierna suelta. Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar doce personas morían en un cuarto por compresión. Cuando a

«Canción nocturna», un poema de León de Greiff

  En tu pelo está el perfume de la noche y en tus ojos su tormentosa luz. El sabor de la noche vibra en tu boca palpitante. Mi corazón, clavado sobre la noche de avenuz. La noche está en tu frente morena, erguida y frágil y en tus brazos que un vello sutil aterciopela. La

«4 de enero de 1936», un poema en prosa de Pablo Picasso

  los cuadros son locas con el corazón carcomido por burbujas radiantes anudados los ojos a la garganta el latigazo caramboleador aleteando sobre el cuadrángulo de su deseo   Pablo Picasso, Poemas en prosa (Plataforma, 2008).

«3. el capitán lázaro», un poema de Aloysius Bertrand

  Todas las precauciones son pocas en estos tiempos que corren, sobre todo desde que los falsificadores de monedas se han establecido en este país. El sitio de Berg-Op-Zoom Se sienta Johan Blazius en su sillón de terciopelo de Utrecht, mientras el reloj de San Pablo da las doce campanadas sobre los tejados carcomidos y caliginosos del

«El herrero de Ituren», un poema de Gabriel Celaya

  (Variación sobre «Ituringo Arotza») El herrero de Ituren, Joxe Ramón Iribas, le ha dicho a su mujer: -Vete a buscar el Santo, que lo tengo que fundir para hacer unas esquilas. -¡Hombre, hombre!, ¿lo has pensado? ¿No será eso un gran pecado? -Las esquilas hacen falta, ¿y para qué sirve el santo? Joxe Ramón en

«Las dos buenas hermanas», un poema de Charles Baudelaire

  La Licencia y la Muerte son dos gentiles rameras, Pródigas de besos y ricas en salud, Cuyo vientre siempre virgen y cubierto de andrajos En la incesante labor jamás ha procreado. Al poeta siniestro, enemigo de las familias, Favorito del infierno, cortesano mal rentado, Tumbas y lupanares muestran bajo sus atractivos Un lecho que

La Rioja

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.