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«La máquina de escribir», un poema de Antonio Fernández Molina

  La máquina de escribir es igual que una habitación. La máquina de escribir es como pipa de fumar. La máquina de escribir anda a lo largo del pasillo como una criada coqueta. Dan ganas de invitarla a pasear, dan ganas de invitarla a bailar. Se arregla el moño cada día se coloca el sujetador,

«Marzo», un poema de Eloy Sánchez Rosillo

  PENSANDO EN MARZO En su momento, marzo volverá, según los calendarios nos indican. Y no es que piense yo que no sea cierto que ha de ocurrir su vuelta. Sin embargo, cuánto lo echo de menos esta tarde de mediados de enero. Se diría fábula en la memoria e ilusión de todo el bien

«[Ha venido tu lengua; está en mi boca]», un poema de Antonio Gamoneda

  Ha venido tu lengua; está en mi boca como una fruta en la melancolía. Ten piedad en mi boca: liba, lame, amor mío, la sombra.   Antonio Gamoneda, Libro del frío (Siruela, 1992).

«Madrigal», un poema de José García Nieto

  Porque te hice de la nada, de la sorpresa y el deseo, de la carne de las palabras y con la forma de los sueños, y porque sólo una mirada, sólo un temblor entre mis dedos eres, y por mis labios pasas dándole alivio a mi destierro, en la alta noche me amenazan tus

«Ahora que ya estoy solo», un poema de José Luis Hidalgo

  Ahora que ya estoy solo te llamo suavemente y bajas a mi boca como un fruto maduro desde el árbol eterno donde existes y velas, con las ramas rozadas por los astros desnudos. Ahora que ya estoy solo puedo morir. Tú sabes que a la muerte hay que ir sin que nadie nos llore,

Un fragmento de Joan Margarit

«La poesía no es que sea la antesala de la soledad, es que es la soledad misma. El poeta joven ha de saber que lo que está emprendiendo no es una vía de realización personal paralela a cualquier otra más importante que decida hacer. Esto es lo que a su alrededor creerá mucha gente, que

«Duele menos estar solo», un poema de Otto René Castillo

Creo que duele menos estar solo con tu recuerdo, bajo este cielo duro, bajo este viento espeso, bajo miradas agudas que preguntan: «¿Por qué sufren tus manos en las tardes?» «¿Por qué no vienes, sin la hoguera de su pecho lejano, y te diviertes con nosotras?» Poder asirse el alma sería eso. Y renunciar para

«Happy End», un poema de Odón Serón Zabala

Siempre me imaginé mi muerte como una calle repleta de gente con máscaras clavándome las miradas. Puskas todo el mundo sabe manejar una pistola —me decías mientras el cañón del arma jugaba con tu pecho sienes labios y lengua— todo el mundo sabe morir y para colmo matar es fácil De Odón Serón Zabala, El

«La máquina de coser», un poema de Odón Serón Zabala

sólo un mando a distancia y una burda nos separan en ese pequeño universo que es el sofá tanta aguja y tanto hilo están haciendo que tus pantalones cojan forma y sólo se me ocurre que tus manos son dos estupendas máquinas de coser te pasas la tarde hilvanando dobladuras como la paciente araña de

«Buenos amigos», un poema de Camilo de Ory

Tres hurras por el óxido que devuelve la dignidad perdida al objeto vilmente repintado y dota de salvadora pátina al que nunca la tuvo. De Camilo de Ory, Por qué sólo beso a las estatuas (II Premio Internacional de Poesía Francisco Villaespesa. Renacimiento, 2009)

La Rioja

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