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«La máquina de escribir», un poema de Antonio Fernández Molina

  La máquina de escribir es igual que una habitación. La máquina de escribir es como pipa de fumar. La máquina de escribir anda a lo largo del pasillo como una criada coqueta. Dan ganas de invitarla a pasear, dan ganas de invitarla a bailar. Se arregla el moño cada día se coloca el sujetador,

Un poema sin título de Eduardo Milán

  hora de decir no con los dedos hora de decir tartamudeó el habla sonó, cortó el desierto hora cortada desierto paró, que lo parió la hora arena, que negó la parte  

«Incunable», un poema de José Ignacio Ciordia

  sombras mórbidas sobre desiertos aragoneses libros escribimos inútiles para el hambre polvoriento manjares y perfiles derrotadas escuadras claveles desamados si armoniosa perjura identidad esclavitudes sin raíces navegaciones lunares acaso de los muertos los dolorosos labios barrocos inaudibles aún ignorando las formas singulares mausoleos celestes el Absoluto Diluido éter naciente sería como huir al principio

«Dolor», un poema de Theodore Roethke

  He conocido la inexorable tristeza de los lápices en sus limpias cajas; el dolor de las almohadillas y el peso del papel; toda la miseria y viscosidad de los pliegues de manila y la desolación de los lugares públicos inmaculados. Cuartos de recepción solitarios, lavatorios, cuadros de distribución. El inalterable pathos de la palangana

«Por rincones de ayer», un poema de José Agustín Goytisolo

En lugares perdidos contra toda esperanza te buscaba. En ciudades sin nombre por rincones de ayer te busqué. En horas miserables entre la sombra amarga te buscaba. Y cuando el desaliento me pedía volver te encontré.

Un poema sin título de Víctor Gómez

como en un libro encontré peonías te devolví el diccionario sin la palabra error pero aún existe no sin vértigo, no sin mediodía; el errar juntos, en- contra-r- nos. De Víctor Gómez, Detrás de la casa en ruinas (Amargord, 2010).

«XIV Biografía», un poema de José Ángel Valente

Ahora cuando escribo sin certeza mi bionotabibliográfica a petición de alguien que desea excluirme de favor y por nada en consabida antología de la sempiternamente joven senescente poesía española de posguerra (de qué guerra me habla esta mañana, delicado Giocondo, entre tenues olvidos, de la guerra de quién con quién y cuándo) cuando escribo mi

Cholodenko dice:

…nuestra vida se parece a la del desierto. Ese desierto donde nunca cambia nada salvo la ilusión del cambio que traen la luz y el viento haciendo que se sucedan las apariencias. De Marc Cholodenko, Estados del desierto, citado por Fabrice Gaignault en Diccionario de Literatura para Esnobs y (sobre todo) para los que no

Aviso a los padres: la verdad duele

Si aún mienten a sus hijos no les dejen escuchar esto:

Un poema sin título de Eduardo Milán

  He visto poemas salvar vidas sin que lo supieran ni los poemas ni las vidas. No digo prolongar vidas: salvarlas, sacarlas de allí de la tiniebla inminente. Los he visto hacer lo que no sabían que sabían o al menos eso creo: que no sabían que sabían salvar vidas. Y vi esas vidas sin

La Rioja

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