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«Fe como laberinto», un poema de José María Iglesias

en círculos

como un atleta
corriendo el círculos
dibujando con los pies
una espiral descendente
como un triste atleta
que no sabe que lo es

«9 de marzo de 2001», un poema de Begoña Abad de la Parte

A los cincuenta me nacieron alas.
Dejaron de pesarme los senos
y los pensamientos que cargaba desde niña.
A las alas les enseñé a volar
desde mi mente que había volado siempre,
y comprobé desde el aire
que mientras yo anduve dormida tantos años
alguien trabajaba afanosamente
recogiendo plumas para hacer esas alas.
Tuve suerte de que cuando estuvieron hechas
me encontraron despierta en el reparto.

Begoña Abad de la Parte, Logroño, 1952. (Publicado en De buena fuente, Nº. 1021. 19 de junio de 2009).
Poema leído en la concentración contra la violencia de género celebrada el pasado 4 de junio en Logroño.

«Pero sólo lo hago de vez en cuando», un poema de Carlos Cabezón

Me encuentro caminando lo más rápido que puedo camino a casa,
un lunes a las cinco de la madrugada.
A las siete y media debo estar en pie para ir a clase
y es tan tarde que ni siquiera se me ocurre una idea razonable.
Mira, ¿qué tal si dices la verdad?

Vale, mi hermano está de viaje,
yo tengo las llaves de su casa
y me he quedado dormido leyendo un libro de Cohen,
otro mujeriego, pero no otro libro más.
Suena algo estúpido. Será mejor mentir.
Ya sé.
Vengo todo puesto de farlopa, mamá.
No te preocupes, porque podría haberme metido más
pero al final he decidido timarle a un chaval
y le he vendido el medio gramo que me quedaba por 60 euros.
Así soy, madre, vivo al día, aprovecho el momento.
No me la cuentes.
Yo no soy ningún pringao gafotas,
yo me gano la cosa con huevos,
a mí me enseña la calle, ¿qué te creías?,
vengo de juerga.

Llego y meto la llave y abro sin hacer ruido. Todos duermen.
Cruzo el pasillo andando con cuidado,
todavía parece que están mis abuelos,
aunque dijeron que hoy se marchaban.
Entro a mi habitación y me desvisto sin despertar a mi hermano
que duerme en la cama de al lado.
Me meto en la cama y pienso si me despertaré mañana
y si es así con qué cara lo haré.
No puedo decirle a nadie que fue leyendo un libro.
Me mirarán raro, me dejarán de hablar,
o mucho peor,
pensarán que he dejado de ser listo.

De La venganza del Inca. Antología de poemas con cocaína (El Cangrejo Pistolero Ediciones, 2007) y Dibujo de Lujo

Napule nel occhi: Dante Alighieri

La Divina Comedia (fragmento)

Y cuál cortado y cuál roto su miembro
mostrase, vanamente imitaría
de la novena bolsa el modo inmundo.
Una cuba, que duela o fondo pierde,
como a uno yo vi, no se vacía,
de la barbilla abierto al bajo vientre;
por las piernas las tripas le colgaban,
vela la asadura, el triste saco
que hace mierda de todo lo que engulle.
Mientras que en verlo todo me ocupaba,
me miró y con la mano se abrió el pecho
diciendo: ¡Mira cómo me desgarro!
y mira qué tan maltrecho está Mahoma!
Delante de mí Alí llorando marcha,
rota la cara del cuello al copete.
Todos los otros que tú ves aquí,
sembradores de escándalo y de cisma
vivos fueron, y así son desgarrados.
Hay detrás un demonio que nos abre,
tan crudamente, al tajo de la espada,
cada cual de esta fila sometiendo.

Napule nel occhi: Virgilio

La Eneida (fragmento)

Enmudecieron todos, conteniendo
el habla, ansiosos de escuchar. Eneas
empieza entonces desde su alto estrado:
«Espantable dolor es el que mandas,
oh reina, renovar con esta historia
del ocaso de Ilión, de cómo el reino,
que es imposible recordar sin llanto,
el Griego derribó: ruina misérrima
que vi y en que arrostré parte tan grande.
¿Quién, Mirmidón o Dólope o soldado
del implacable Ulises, referirla
pudiera sin llorar? Y ya en la altura
la húmeda noche avanza, y las estrellas
lentas declinan convidando al sueño.
Mas si tanto interés tu amor te inspira
por saber nuestras lástimas, y en suma
lo que fue Troya en su hora postrimera,
aunque el solo recuerdo me estremece,
y esquiva el alma su dolor, empiezo.
Del Hado rebatidos, tantos años,
los caudillos de Grecia, hartos de lides,
con arte digno de la excelsa Palas,
un caballo edifican —los costados,
vigas de abeto, un monte de madera—;
y hacen correr la voz que era el exvoto
por una vuelta venturosa. Astutos,
sortean capitanes escogidos
y en los oscuros flancos los ocultan,
cueva ingente cargada de guerreros.
Hay a vista de Ilión una isla célebre
bajo el troyano cetro rico emporio,
Ténedos, hoy anclaje mal seguro:
vanse hasta allí y en su arenal se esconden.
Los creemos en fuga hacia Micenas,
y de su largo duelo toda Troya
se siente libre al fin. Las puertas se abren
¡qué gozo ir por los dorios campamentos
y ver vacía la llanura toda
y desierta la orilla! «Aquí, los Dólopes,
aquí, las tiendas del cruel Aquiles;
cubrían las escuadras esta playa;
las batallas, aquí…» Muchos admiran
la mole del caballo, don funesto
a Palas virginal. Lanza Timetes
la idea de acogerle por los muros
hasta el alcázar —o traición dolosa,
u obra tal vez del Hado que ya urgía—.
Mas Capis, y con él los más juiciosos,
están porque en el mar se hunda al caballo,
don insidioso de la astucia griega,
tras entregarle al fuego, o se taladre
a que descubra el monstruo su secreto.
Incierto el vulgo entre los dos vacila.
De pronto, desde lo alto del alcázar,
acorre al frente de crecida tropa
Laoconte enardecido, y desde lejos:
«¡Oh ciudadanos míseros! —les grita—
¿qué locura es la vuestra? ¿al enemigo
imagináis en fuga? ¿o que una dádiva
pueda, si es griega, carecer de dolo?
¿no conocéis a Ulises? O es manida
de Argivos este leño, o es la máquina
que, salvando los muros, se dispone
a dominar las casas, y de súbito
dar sobre Ilión; en todo caso un fraude.
Mas del caballo no os fiéis, Troyanos:
yo temo al Griego, aunque presente dones.»
Dice, y en un alarde de pujanza,
venablo enorme contra el vientre asesta
del monstruo y sus igares acombados.
Prendido el dardo retembló, y al golpe
respondió en la caverna hondo gemido.
¡Y a no ser por los Hados, por la insania
de ceguera fatal, la madriguera
de esos Griegos hurgara él con la pica,
y en pie estuvieras, Troya,
y sin quebranto os irguierais, alcázares de Príamo!
En este trance unos pastores teucros
con grande grita a un joven maniatado
traían ante el rey. A la captura
no había resistido: empeño suyo
era franquear Ilión a los Argivos;
y resuelto venía a todo extremo,
o a consumar su engaño, o de la muerte
a afrontar el rigor. Para mirarle,
ansiosa en torno de él se arremolina la juventud troyana y le baldona.
Mas oye la perfidia…, y por un Dánao
podrás sin falla conocer a todos.
Porque al verse indefenso entre el concurso,
todo él turbado, en torno la mirada
tiende por la dardania muchedumbre,
y «¡Ay! —suspiró— ¿qué mar, qué tierra amiga
me podrá recibir? ¿o qué me queda
cuitado, sin asilo entre los Griegos,
y reo cuya sangre airados piden
los Dardanios a una?» Este gemido
nos conmueve y abate nuestro encono.
Le alentamos a que hable, que nos diga
de qué raza es nacido, qué le trae
y en qué fundó, al rendirse, su esperanza.
Depuesto el miedo al fin, «Oh rey —prosigue—,
de cuanto ha sido, fuere lo que fuere,
la verdad diré yo. Y antes que nada,
no niego ser argivo: la Fortuna
pudo hacer a Sinón desventurado
mas no hablador mendaz y antojadizo.
Tal vez haya llegado a tus oídos
un nombre: Palamedes, el Belida,
rey glorioso, que, al tiempo de una falsa
alarma de traición, se vio acusado
—atropello inmoral de un inocente
sin más delito que objetar la guerra—.
Lo arrastraron los Griegos al suplicio;
llóranle hoy, tarde ya. Como, aunque pobres,
éramos de su sangre, yo desde Argos,
mandado por mi padre, joven vine
a iniciarme en las armas a su sombra;
y mientras el mantuvo su fortuna
e intacto su prestigio entre los reyes,
también logró mi nombre algún decoro.
Mas cuando, al galope del falsario Ulises,
partióse, como sabes, de esta vida,
derrocado yo al par, triste y oscura
arrastraba mi suerte, protestando
a solas del malogro del amigo.
Y no callé, loco de mí: venganza
me atreví a prometer, si con victoria
volvía yo a mi patria, y duros odios
con esto concité. Tal fue el principio
de mi infortunio y del afán de Ulises
por aterrarme con achaques falsos
y dichos que esparcía por el vulgo.
Consciente de su crimen, dase mañas,
armas buscando contra mí, ni ceja
hasta lograr que Calcas, su ministro…
Mas ¿por qué revolver lo que a vosotros
nada puede importar? ¿a qué alargarme?
Si ante vuestro rigor los Griegos todos
son una cosa, y ser yo Griego basta
para el castigo, tiempo es ya: matadme…
¿Qué más se quiere Ulises? ¡y a buen precio
de seguro os lo pagan los Atridas!.

Napule nel occhi: Torquato Tasso

Noches (fragmento)

¿Qué digo? ¿Acaso mi amor no está impreso en todos los objetos que me rodean? ¿No está escrito en mi frente, en mis ojos, en todas mis acciones? Mis palabras, mis suspiros, hasta mi mismo silencio, aquel silencio mudo tan largo, tan profundo, ¿no expresan vivamente los afectos de mi corazón? El aire, el aire testigo tanto tiempo de mis sentimientos, de mis votos, de mis suspiros; el aire, sí, herido tantas veces por mi voz lamentable, ha elevado sus tristes acentos hasta el lugar donde ella habita.

«In girum imus nocte et consumimur igni», un poema de David Franco Monthiel

Hemos venido para no hacernos los sordos,
para golpear desde la palabra,
para continuar en pie amándonos,
para mirar el rostro de la muerte,
y seguir soñando, seguir viviendo.
Hemos venido para no volver,
para despertar en el paso adelante
y ser cada día un único cuerpo
que desea una luz en carne viva,
un verbo de plural desinencia.
Hemos venido para cambiar la vida.
Nuestro terror será suave caricia
en los tiempos de mordaces bozales.
Hemos venido para formar parte,
para ser poema, para ser trabajo.
Hemos venido para esperanzarnos,
para vivir de nuestras manos,
para tener un nombre sin fiebres
deudoras o vómitos mensuales,
para ser gritos o cuchillas que desentierren
las podridas raíces.
Hemos venido para ser feroces
a pesar de mandíbulas
y de segundos despojados,
a pesar de domingos asignados
a la cómoda muerte.
Hemos venido para preguntarnos,
para vivir a la intemperie,
para ser un instante incómodo
en el tiempo pasajero de los ladrones.

De Las cenizas de Salvochea (Baile del Sol, 2008)

Un poema sin título de Carmen Beltrán Falces

Nos heló la sangre descubrir
que la muerte habita ya en nosotros.
Antes fuimos niños.
Inconscientes, felices, tontorrones,
pensábamos que morir era cosa de otros.
Nos llenó el miedo.
Y un vértigo ciego nos mostró
una vida mecánica.
Y absurda.
Dolorosamente entendimos
el origen de todas las sombras.

Carmen Beltrán Falces, Logroño, 1981. (Publicado en De buena fuente, Nº. 1019. 29 de mayo de 2009)

Un poema sin título de Hasier Larretxea

Yo también
me enfrenté a la policía.
Yo también
grité "policía asesina".
Yo también
sentí la misma rabia.
Yo también me sulfuré.
Yo también
luché hasta el final.

Tuve claro cuál podía ser el final.

Por eso,
antes que fuese demasiado tarde, lo dejé.

En Azken Bala / La última bala (Point de lunettes, 2008,
el poema ha sido traducido del original en euskera por Ángel Erro)

Sobre este Blog

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Pequeña posibilidad de honestidad

Enrique Cabezón nació en Logroño en 1976. Ha publicado los libros de poemas "Territorio de Ceniza" (Logroño, Kabemayor ediciones , 2003), "El lenguaje de las serpientes" (Logroño, Ediciones del 4 de Agosto, 2005; junto al poeta José Luis Pérez Pastor), "Dios cabalga los lomos de las muchachas" (Béjar, LF Ediciones, 2005), "No busques lágrimas en el ojo del muerto" (Alzira, Germanía, 2006) y "Existir en los días" (Zaragoza, Eclipsados, 2009). Además del e-libro "La traición en los colores" (Nausícaa , 2001). Además tiene una dilatada carrera como ilustrador e historietista, de su obra gráfica cabría destacar "Cementerio de las horas" (Onil, Ediciones de Ponent , 2004) o la adaptación de la novela picaresca de 1.604, original de Gregorio González, "El guitón Honofre" (Logroño, Kabemayor ediciones , 2005) con guiones de su hermano Luis Alberto Cabezón. Ha grabado dos discos ("fracaso, etcétera" y "nuestra es la noche") con su banda de rock: enBlanco. Además colabora habitualmente en prensa y es uno de los integrantes del proyecto Ediciones del 4 de Agosto. Desde hace siete años desarrolla su trabajo de diseñador gráfico desde su propia empresa, kbcreativos, desde la que aguanta los rigores de la crisis con alegría.

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