Dios existe
no en Dios, pero muchos entendemos que Dios es la invisible... evidencia.
Desde que supe un poco de la vida, siempre me fastidió ese decir popular -y tan frecuente en el País Vasco- de que "hoy no hay sol". Cuando era pequeño contestaba: "Claro que hay sol, pero las nubes no dejan verlo". La existencia del sol queda probada por la luz durante el día, incluso por el amanecer que sucede a cada noche. Así mismo, a veces, desde la desolación podemos dudar de que Dios exista, pero Dios es como el viento que pasa: puede sentirse por todas partes, aunque no se vea en ninguna.
Es respetable la opción de negar la existencia de Dios. Y no sólo aquéllos a quienes no conviene que Dios exista, niegan su evidencia. Lamartine declaró que "Dios no es más que una palabra soñada para explicar el mundo"; Nietzsche, "Dios ha muerto"; y Gagarin, tras su vuelo orbital, "No he visto a Dios allá arriba". Algunos insisten en que Dios no existe, que eso ya se acabó. Pero se equivocan.
Dios existe, porque nosotros existimos. Dios vive en nuestras conciencias, en el alma de la Humanidad, en todo el Universo que nos circunda. Dios existe, pero se toma su tiempo en hacerlo saber a algunos. Abundan las religiones, que no son sino formas variadas de un mismo Dios, interpretado desde cada civilización y cada época. Como Mahoma señaló: "Dios ha dado a cada pueblo un profeta en su propia lengua".
Es fácil reconocer a Dios: Está ahí donde hay amor. Dios nos dice de millones de formas diferentes, pero siempre mediante el corazón y nunca mediante el odio, que sigue confiando en los seres humanos. Y, al final, Dios nos perdonará a todos, a creyentes y ateos, porque ése es su oficio.
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Petro Pétriz dijo
Comprenderá usted, señor Agirregabiria, que el enunciado "Dios existe" tiene el mismo valor que su contrario ("Dios no existe"), puesto ninguno de los dos refleja una verdad que pueda ser probada. Ninguno de los dos tiene valor apodíctico. De ahí que la posición más prudente, desde una perspectiva rigurosamente lógica, sea dudar de ambos enunciados o plantear ambos como meras hipóstesis. Ignoro qué o quién sea Dios y si hay uno, ninguno o son muchos los habitantes del Olimpo y confieso que me parece mucho más interesante para la humanidad la última fórmula, que es más clásica y a mi gusto y también es una posibilidad. Me sorprende, sin embargo, que ese "mysterium tremedum et fascinans" del que habla Rudolph Otto haya sido reducido por los modernos creyentes a una fórmula, tan simplona como vaga, a partir de un "dictum" popularizado entre los biempensantes que jamás han sufrido las iras inquisitoriales: "Deus est amor". ¿Y por qué no odio, si, de existir, hace padecer a la mayor parte de la humanidad (más de las tres cuartas partes de los seres humanos sufren hambre, discriminación y violencia) los más terribles tormentos en esta vida? ¿Y por qué no un todo desordenado y caótico, el "khaos" original del que surge el "kosmos" por negación? ¿No fue Agustín de Hipona quien, fascinado y aterrorizado al mismo tiempo ante la idea misma de su existencia, se enfrentó a la supuesta realidad de la que usted habla en estos términos: "quid est illud quod interfecit mihi et percutet cor meum sine laesione. Et inardesco et inhorresco. Inardesco in quantum similis ei sum; inhorresco in quantum dissimilis ei sum"? Disculpe, señor Agirregabiria, que haya citado de memoria, pero no tengo a mano el texto de Agustín. Solo quería hacerle ver que, si Dios existe --cosa que yo no creo, aunque tampoco puedo probarlo, por lo que no pretendo imponer mi credo a nadie y no hago por ello proselitismo-- debe de ser mucho más terrible de lo que los ingenuos enamorados del amor en abstracto pueden siquiera imaginar. Lleva usted razón, sin embargo, cuando dice que "Dios existe, porque nosotros existimos", puesto que es probable que la idea misma de la divinidad, bajo los más diversos nombres, tal vez sea la mayor creación de nuestra especie. Falta saber en qué se han fundado los hombres para crearlo. Una visión divertida de estos problemas puede encontrarla usted, más que en los sesudos teólogos y filósofos (por cierto, la "muerte de Dios" en Nietzsche no es tan simple como usted la presenta), en ese librito que Mark Twain dejó inédito y que muchos años después de su muerte se pudo, por fin, publicar bajo el título de "Cartas desde la Tierra". Tole et lege.
Petro Pétriz dijo
Señor Agirregabiria:
Acabo de releer el texto que le envié y he observado dos errores garrafales. Allá donde se lee "hipóstesis" deberá leerse "hipótesis". Este es el menor de los errores. El mayor está referido a la cita de Agustín de Hipona. Allá donde se lee "intefecit" deberá leerse "interlucet", que significa algo completamente diferente, como usted muy bien comprenderá. Le ruego encarecidamente que me disculpe.
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