Sé verle del revéS
Al derecho y al revés lo digo para que me entiendas: Da la vuelta a muchas de las interpretaciones y acciones más usuales.
Hacen algunos mucho caso de lo que importa poco, y poco de lo mucho, ponderando siempre al revés. Leemos el mundo al revés y nos lamentamos de no comprender nada. Nadie puede cambiar su pasado; pero todo el mundo puede contarlo al revés. O mejor, no contarlo al revés, sino explicarlo de modo completamente distinto. Los errores fueron meros caminos de aprendizaje, que permitieron alcanzar los éxitos. Así los miedos no son sino deseos al revés, convertidos ya en objetivos positivos.
Si revés un revés al revés, reconsideras como logro lo que antes era desacierto. De este modo pasamos de historiadores de fracasos a convertimos en profetas anticipadores de nuevos triunfos que completen nuestros sueños. Una buena guía de progreso no consiste en aniquilar el ayer, fallido en alguna medida, sino en conservar aquella esencia del pasado, glorioso parcialmente en la nueva evaluación, porque tuvo la virtud de crear este hoy más prometedor.
Probemos a vivir la vida al revés: Pensemos con los pies, bailemos con las ideas, lloremos cuando viene la felicidad, riamos cuando nos abruma la desesperación. Nuestra singularidad reside no en qué nos pasa, sino en cómo reaccionamos ante lo que nos sucede. Merece la pena probar a ver el mapamundi al revés, con el sur hacia arriba y hacia abajo el norte. Quizá así comprendamos que de África no vienen emigrantes para compartir solidaridad, sino emisarios de quienes aprender.
Las sociedades serían muy distintas. Nadie mataría, como ahora acontece, para llamar la atención mundial, ni nadie perseguiría la construcción nacional a bombazo limpio. Sería el bien lo que ocuparía las portadas y las páginas centrales de los periódicos. Las noticias no serían protestas que buscan la solidaridad de toda la ciudadanía, provocando el máximo de molestias justamente a los usuarios más implicados. Al revés, las huelgas serían de celo prestando el mejor servicio, lo más rápida y eficazmente, para revalorizar su necesidad. Para ello se ofrecerían gratuitamente esos servicios o productos que ahora se derraman o vuelcan infructuosamente en plena calle.
Pensando y actuando al revés, el mismo negocio de la alimentación ofrecería soluciones para reorientarse hacia otros intereses más sensatos e igualmente rentables. En los países avanzados el volumen económico de los productos dietéticos de adelgazamiento no superaría ya al volumen propio de la nutrición, que no alcanza al Tercer Mundo. ¿No podrían volcarse las multinacionales del tabaco y el alcohol en un anhelo inverso: en el tratamiento para su erradicación y para la no recaída en otros tipos de drogas. Quizá incluso esta tarea sería lucrativa a más largo plazo, e indudablemente sería impagable el beneficio para la Humanidad.
Mikel Agirregabiria Agirre. Getxo
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