Por Jesús Miguel ALONSO CHÁVARRI
07 Mar 2007
Gestos
El primero de los gestos fue la retirada de la llamada ley «Antialcohol», una buena ley, con la salvedad de si el vino debería entrar o no en el mismo saco de los demás destilados alcohólicos, porque es cierto que chirría en las conciencias escuchar, en programas musicales para adolescentes, cómo se trasmite la idea de que, «para estar en la onda», hay que consumir determinados destilados alcohólicos de alta graduación. Sin embargo, es entendible que ciertas comunidades autónomas, en las que el vino es parte importante de sus economías y de sus puestos de trabajo, se resistan a que forme parte del mismo paquete que los demás productos alcohólicos de alta graduación, pues en estos lugares sucede con el vino lo que en la milicia con la patria, cambiando la conocida frase cuartelera: «Con la patria y con la madre, con razón o sin ella» por esta otra: «En La Rioja, con el vino, con razón o sin ella». Y es un feo gesto, además perjudicial para los adolescentes, retirar la ley por no conseguir introducir el vino en el paquete, que indica una especie de orgullo herido, que no casa con una buena cintura política, o un compás de espera, hasta que pasen las elecciones, lo cual, si así fuera, causaría peor impresión.
Esta sensación de orgullo herido, o de firmeza de convicciones, se acrecentó en la reciente visita de los Reyes a La Rioja, para inaugurar el hospital San Pedro, cuando en el brindis de rigor, como deja constancia la prensa, la ministra tomó en su mano un zumo de tomate. Feo gesto en la capital del vino, pues, aunque no era necesario que ella bebiese, sí resultaba conveniente que simulase beber, para no desairar a sus anfitriones riojanos, después del pequeño rifirrafe, a propósito de la ley «Antialcohol».
Tanto si estos gestos son por firmeza de convicciones, como por falta de cintura política, creo que les ha hecho un flaco favor a sus correligionarios riojanos, que deberían haberle recordado que estamos en precampaña electoral. Y estos gestos contra el vino, en La Rioja, suelen pagarse.
06 Mar 2007
EL DIFÍCIL MARIDAJE DE POLÍTICA Y LITERATURA
Título: "LA RIOJA 1936"
Varios autores
Género: Narrativa corta
Ediciones FRES
Política y literatura rara vez casan bien, pues suele ser una unión basada en el interés y, este tipo de uniones, sabemos que no suelen producir química ni amor. El libro "LA RIOJA 1936", ya en el prólogo, la presentación y la introducción -quizás demasiados introitos- nos indica de qué trata: una visión lateral, aunque real, siguiendo las directrices oficiales de recuperar la "memoria histórica", de los acontecimientos que rodearon el inicio de la Guerra Civil; y creo que este planteamiento es un error, pues el libro, por la calidad de los relatos, estaba llamado a ser algo más, y con otras intenciones más literarias y menos políticas, o con unas intenciones políticas más indirectas y menos evidentes, que es lo que suele reclamar la literatura, lo hubiera conseguido.
Ya el primer relato, de Juan Aguilera, sobre un encuentro entre María de la O. Lejárraga y Margarita Xirgú, que tiene un interés extraordinario y está muy bien escrito y documentado, se disgrega en un mitin político final, que, a mi juicio, no le favorece, y difumina el indudable interés literario del relato. Esta sensación, de que la "doctrina directa" disminuye el interés literario, se mantiene a lo largo del libro, que es, sin duda, en buena parte, muy valioso por su calidad literaria. Hay relatos muy bien trabajados, como "La guerra de Zenón", en el que Sáenz Gamarra expone, con el lenguaje adecuado y el sentimiento justo, lo cual no es nada fácil, los inicios de la guerra en los trashumantes Cameros; o "El pecado nefando de la música negra", en el que Roberto Fandiño, con estilo barroco y personal, deja al descubierto la ridiculez ideológica del fascismo; o "Memorias de la Guerra Civil Española en el exilio de Nueva York", impecable trabajo de María Teresa González de Garay sobre el escritor Escobal; o "La tiranía de la desmemoria", una bien tramada y escrita carta al alcalde, en la que Marcelino Izquierdo solicita una calle para Martín Zurbano; o el de Diego Iturriaga, o el de María Pilar Salas...
Lástima que el prisma, desde el que se hacen mirar estos buenos trabajos -algunos excelentes-, haga ver más el envoltorio político que la buena literatura que late entre sus líneas, pero de eso parece que se trataba y, cuando unos autores escriben un libro, tienen derecho a plantearlo como quieran, aunque algunos pensemos que no le favorece y que esconde sus méritos.
"ALONSO CHÁVARRI"
21 Feb 2007
El güisqui de los poetas y el vino de la ministra
En mi juventud, un amigo, con excelentes inicios de poeta, tomó al pie de la letra lo de vivir la bohemia y la noche, y su afición por el alcohol estropeó estudios y cualidades literarias, dejando su posible condición de poeta en la de «maldito», como su colega, de versos y siglo, Buscarini; no era difícil encontrarlo, ya treintañero, en la noche madrileña, pasado de bebida y, tal vez, de otras cosas, hablando obsesivamente de la perversión de la poesía y de la edición, ya digo: como Buscarini.
Más me extrañó la aparición, en el ateneo, de un poeta que escribía como los ángeles, a quien no pude entender ninguno de los poemas que nos recitó, porque los güisquis previos habían trabado su lengua, sin ninguna consideración a su bien ganada condición de poeta importante y académico.
En otra ocasión, tuve el privilegio de cenar con un, no menos famoso, poeta hispano, quien, tras los güisquis previos a la cena -cosa extraña para mí- y los posteriores a la misma -más razonables- y sin perder en ningún momento su compostura ni la sabiduría de su conversación, me arrastró, de bar en bar, de madrugada, sin que hubiera forma de acercarlo a su hotel ni de que se mostrara el inevitable efecto de su aprecio por el escocés. Esta anécdota suele repetirse, cambiando matices, con poetas no tan grandes.
También la mejor historia amorosa, que he leído en verso, la escribió un gran poeta, a quien esta común afición por el alcohol acabó destrozando la salud y, supongo, también fue la causa de su inesperado suicidio.
Esta inclinación de tantos importantes poetas hacia la bebida, me hace sospechar que, quizás, este falso don de la ebriedad, que nunca me ha acompañado, tenga que ver con ese otro don, que no quiso darme el cielo, de la grandeza poética, y que me ha hecho permanecer en esa discreta y, en el fondo, odiosa segunda fila en la que, como dijo un crítico afamado, estamos casi todos. Es posible, ya digo, que todo haya venido por la poca afición que he tenido a beber; al vino sí, pero, como dicen en mi pueblo: «Beber vino en las comidas no es beber». Que el vino es distinto del güisqui, lo sabe todo el mundo; bueno, la ministra no sé si lo sabe.
07 Feb 2007
Cultura
Hace unos días, hube de repartir mi tiempo para asistir, a la misma hora, a dos actos culturales. En uno, varios ponentes, moderados por la directora general de Cultura, explicaban, muy bien por cierto, a los muchachos del programa 'Volver a las raíces', la cultura oficial riojana: el camino de la lengua, el significado de los monasterios de San Millán, los históricos escritores riojanos, etc. En el otro, se presentaba un libro de poemas, escrito, en bellos endecasílabos -del libro hablaré en otro momento y lugar de este diario- por un pastor riojano, de formación autodidacta, que lleva más de veinte años -desde sus catorce- compaginando el pastoreo de las ovejas con su afición por los versos. En el libro, se nos hablaba del campo riojano, del sol, del viento, de penas y alegrías del amor por la vida, y latía en él un cariño desmedido por la tierra y, sobre todo, por las palabras. ¿Cuál de los dos actos expresaba mejor qué es la cultura? No lo sé ni me importa, y no me cabe duda de que los dos actos tenían que ver con el título de esta columna, pero me gustó el gesto, del consejero riojano de Cultura, de abandonar a su directora general y acudir a escuchar las bellas palabras del pastor. Yo también lo hice, y creo que salimos ganando.
24 Ene 2007
Euskadi: un problema abierto
Dejando de lado las causas del conflicto -nadie, que haya leído algo de historia, puede creerse esa especie, que circula en ciertos ámbitos interesados, acerca de «la histórica opresión de España sobre Euskadi»- hay un hecho incontestable: si un pueblo decide, con razón o sin ella, que quiere ser independiente, no hay forma razonable de impedirlo. Por lo tanto, la solución es bien sencilla: una ley de las Cortes Españolas que diga, más o menos, «Toda Comunidad Autónoma que decida, mediante referéndum, su autodeterminación, necesitará un X % de los votos» Póngase un X conveniente y problema solucionado.
Otra cuestión, no menor, es en qué condiciones se alcanza esa autodeterminación, porque no parece probable que, si un pueblo rechaza estar con los demás dentro de España, estos quieran estar con él en Europa, ya que todos los pueblos tienen su corazoncito; como tampoco parece razonable que las empresas nacionales, o multinacionales, de capital español, quieran mantener sus sedes en un territorio que ya no sería España. Y este mismo razonamiento, u otro similar, puede aplicarse al comercio, al I.V.A. y otros tributos, etc., etc.
En resumen, con una mayoría de votos, simple o cualificada, eso es lo de menos, cualquier territorio podría ser independiente, eso sí, seguramente, con fronteras y aranceles y, probablemente, fuera de Europa, por pura y elemental reciprocidad: si no soy lo suficientemente bueno, para que te juntes conmigo, tú tampoco lo eres para estar junto a mí.
Si Euskadi, o cualquier otra comunidad, desea permanecer en España, el pueblo español estará encantado, ¿cómo no!, de continuar la unión actual, pero si no desea permanecer en esa unidad -no de destino, sino política- que llamamos España, estoy convencido de que les abriría la puerta. Sólo hay una cosa que el pueblo español no acepta: la desigualdad ante la ley; todas las comunidades, que permanezcan en España, han de tener los mismos derechos y obligaciones. ¿Cuántos muertos y sinsabores inútiles nos habríamos ahorrado, dictando una ley así, hace treinta años? Y, además, esta solución elemental tiene una gran ventaja: no hay que negociarla con nadie.
10 Ene 2007
El cambio climático y la cena del equipo A
En estos momentos de pesadilla terrorista, con la que no vale la pena gastar dos líneas, pues está todo dicho, y otro será el momento de hablar del problema vasco, que siempre me ha parecido solucionable, se agradece que en los pueblos riojanos todavía queden constumbres, aunque ya pocas, de las que te reconcilian con la especie, como esas meriendas participativas que puedes encontrar en el bar y que te retrotraen a tiempos más compartidos, de puertas abiertas y de ayudas comunes. Al final de una de estas cenas, en la que el equipo A nos regaló con una cabeza de cerdo, rodeada de guindillas escabechadas y del vino de la tierra - el frío de enero agradece los asados con escabeche y el vino- dimos en hablar; ¡qué cosas!, sobre el cambio climático.
Hubo quien defendió ardorosamente la realidad de ese cambio en la temperatura de la tierra y sus potenciales peligros: inundaciones y huracanes, calores sofocantes, desertización, deshielos, subidas del nivel de los océanos, etc. Otro estaba de acuerdo con la realidad del cambio climático, pero no en sus consecuencias; según él, el deshielo de los polos originaría una llegada masiva de témpanos y aguas frías al atlántico norte, que enfriarían la corriente del Golfo y producirían un descenso masivo de las temperaturas en Europa: una especie de glaciación. También hubo quien decía que el cambio climático no era producto de las emisiones humanas a la atmósfera, sino simplemente un aumento cíclico de las temperaturas, y no había, por tanto, de qué preocuparse.
Yo no sé quién llevará razón en el asunto, y espero no saberlo, pero no deja de llamarme la atención el repentino interés mediático por este supuesto problema, lo que me hace sospechar -pues ya he cruzado ese signo climatérico de los cincuenta años y sé que las noticias no aparecen sin motivo- en intereses espurios, es decir que hay dinero en juego. Y no creo andar desencaminado, si imagino una campaña contra las emisiones a la atmósfera, no por actitud ecológica y responsable, como sería de desear, sino por allanar el camino a esa vuelta, temida por muchos y deseada por ciertos dueños del dinero, a la energía nuclear.
Un tema polémico donde los haya, pero en el que estoy dispuesto a entrar, siempre que sea tras cenar una cabeza de cerdo asada, con guindillas escabechadas y vino de Rioja, con el equipo A
27 Dic 2006
El espíritu de D. Óptimo (cuento de Navidad)
-Vanesa, ¿has recogido mi encargo de ayer? Es muy importante.
-Sí, D. Óptimo, lo tiene en su despacho. Es un paquete verde. El jefe de personal lo espera allí, para preparar el trabajo de la semana.
D. Óptimo entra en el amplio despacho, decorado en maderas nobles, y se dirige a Jacinto, su mano derecha en el grupo inmobiliario:
-¿Qué tenemos de nuevo, Jacinto?
-Problemas, D. Óptimo, problemas: los soladores no quieren hacer horas extras en Navidad; y los peones se niegan a trabajar los festivos.
-Mejor, que se vayan -contesta el dueño- el tipo de contrato, que tienen firmado, podemos rescindirlo en cualquier momento, sin costo. Contrata al grupo de marroquíes, los que trabajan a mitad de precio. En cuanto a los peones, dales el finiquito y llama a esos senegaleses, pero ya sabes, haz contrato sólo a tres o cuatro, los demás: lo de siempre; como estos negros parecen todos iguales, si hay algún problema con los inspectores, lo podemos apañar. Esto nos va a ahorrar una pasta.
-Otra cosa, D. Óptimo, el aislamiento térmico de los pisos de protección va a salir más caro de lo previsto.
-¡No me fastidies, Jacinto, que eso no se ve! Mete cualquier cosa, o no metas nada, que, cuando quieran darse cuenta, ya no será nuestro. Además, no van a picar la pared, para ver el tipo de aislamiento. ¿Cómo va el asunto de los ochocientos adosados al pie del monte?
-Bien, ya están convencidos los dueños de los terrenos; lo compraremos a precio rústico. ¡Una ganga!
-En cuanto firmen -dijo satisfecho D. Óptimo- avisaré, para que recalifiquen los terrenos. Después de pagar los porcentajes, ganaremos un dos mil por cien. ¡Trabajar en los pueblos es un negocio redondo!
D. Óptimo sale con el paquete verde bajo el brazo y se dirige hacia su mansión. Al llegar, abre la puerta y grita contento:
-¡Luisito, hijo! ¡Luisito! ¡Mira qué regalo te he traído!
Luisito coge el paquete, lo abre y aparece el gordo barbudo, vestido de rojo, el de los renos, ese que aparece en las películas americanas.
-Cuelga a Papá Noel en la terraza, Luisito; hay que recuperar el espíritu de la Navidad.
D. Óptimo Especulador enciende un puro, satisfecho, mientras Luisito se dirige, con desgana, hacia la terraza; el niño piensa en que no le gusta aquel gordo escalabalcones, que él prefiere a Baltasar. Con el camello.
25 Dic 2006
NO BUSQUES LÁGRIMAS EN EL OJO DEL MUERTO
Si hay algo que caracteriza a la poesía del riojano Enrique Cabezón, es que no deja a nadie indiferente. Se puede estar de acuerdo, o no, con sus planteamientos poéticos, se puede coincidir, o no, en la preponderancia que otorga, en sus versos, al vitalismo urgente, a veces brusco y excesivo, sobre el canon lírico habitual, pero ante sus poemas no cabe la indiferencia; su lectura deja un poso extraño: uno no sabe muy bien si es caricia o agresión.
Si en sus primeros trabajos predominaban el atrevimiento y el exceso, si es que puede hablarse de exceso en poesía, aunque siempre se mostró como un poeta original y de lenguaje muy personal, en sus últimos libros suaviza su rudeza inicial, sin abandonar la fuerza de sus versos, duros y directos, pero ya entreverados de la sutileza y la precisión de la buena poesía.
Ahora Enrique publica el poemario "NO BUSQUES LÁGRIMAS EN EL OJO DEL MUERTO", y lo hace en la editorial levantina "Germanía". Es un libro largo y rotundo, que sobrepasa ampliamente los mil versos, de cuidada edición, y está dividido en tres partes de similar alcance y contenido homogéneo, a pesar de su aparente disparidad: en la primera parte, titulada "Los labios de la herida", presenta los poemas con encabezamiento de citas bíblicas, y en la segunda, titulada "Darle pan al perro ajeno", muestra formato casi de prosa poética; sin embargo, son muy similares en intenciones literarias, al igual que la tercera parte, que da título al libro "No busques lágrimas en el ojo del muerto", donde Enrique nos muestra una poesía de lo concreto, así como su pericia en el uso de diverso material, y que se podrían resumir en estos hermosos cuatro versos, de uno de los poemas sin título:
(...) cada vez que se abre de piernas un libro
vuelven a mis fosas los olores trabajados
del papel lleno de máculas y estigmas
el tacto bronceado de la hierba tierna (...)
Estamos pues ante un buen poemario, en el que el tono, a veces provocativo y coloquial, a veces tierno y acariciante, responde probablemente al deseo crítico del autor, que asume el riesgo de su escritura y sale muy airoso del lance, superando con creces las expectativas iniciales del lector.
Enrique Cabezón ha conseguido un buen trabajo, pero, sobre todo, este libro es una muestra de las grandes posibilidades que este riojano tiene en el arduo y difícil camino de la poesía, además de poner altura a su listón poético, lo cual le obligará, para con sus lectores, en futuras empresas literarias, que esperaremos con interés.
"ALONSO CHÁVARRI"
13 Dic 2006
Elogio del anonimato
Tal vez tenga que ver, este deseo de notoriedad, con el ideal de hacer algo importante en la vida, con esa necesidad de permanecer, mas como hacer algo, de verdad importante, sólo está al alcance de unos pocos, nos afanamos, de forma ingenua, en salir del anonimato de las formas más variopintas; o quizás, con más probabilidad, sea simplemente la necesidad que tiene el ser humano de sentirse amado, y la premisa para ser querido es ser conocido. En el fondo, esto tiene mucho que ver con la ostentación, esa extendida necesidad de presumir de lo que se tiene, o de lo que se simula que se tiene, y que ha sido siempre el principal signo definitorio de una forma de actuar conocida como «provincianismo», ya que, como en Logroño sabemos bien, se daba sobre todo en pequeñas capitales de provincia.
Hay un sabio refrán que dice, hablando de la situación ideal en la vida: «Ni envidioso ni envidiado». El no ser envidiado, sabemos que evita muchos problemas, y se consigue con discreción y anonimato. El no ser envidioso, es más difícil.
29 Nov 2006
La Seguridad Social, aquel invento general
Siempre he pensado que ese invento del general en su laberinto, que es la atención médica de la Seguridad Social, funciona pasablemente -que es una muy buena cosa, nadie lo duda- pero, dada la misión social del ente, debería funcionar mucho mejor. Pasaron los tiempos en que la atención media por paciente no llegaba a los dos minutos, y los especialistas te atendían, sin darte apenas oportunidad de hablar, mientras la enfermera completaba las recetas a otro paciente, pero aún que dan residuos.
De un tiempo a esta parte, las distintas autoridades sanitarias, de diverso color, están embarcadas en sucesivos programas de mejora: primero fue la cita previa, que iba a acabar con las esperas interminables, pero las colas continúan porque el sistema acumula retrasos; siguió, luego, la libre elección de médico, que no sé si llegó a ponerse en práctica, pero que nadie intente operarse o tratarse con un médico determinado, porque es misión imposible y le remiten a la ley del azar; después, llegó la promesa de solucionar el problema de las listas de espera, aquellas que llamaban a operar a algunos pacientes que ya habían muerto esperando, pero todo sigue más o menos igual, y no es extraño estar seis meses en la lista, como le ha ocurrido a un familiar recientemente operado -quien quiera saber por qué no se acaba con las listas de espera, puede leer la novela del médico Sáez-Aldana, titulada 'La Casa', pero es posible que coja alergia a los hospitales-.
Si un paciente necesita acudir al especialista, puede seguir ocurriéndole que, cuando le toque, ya se haya curado o haya necesitado acudir a Urgencias, que es lo más socorrido y, por lo tanto, se convierte en casi un perpetuo atasco, aunque, para analizar la agilidad de Urgencias, sería necesario hacer una tesis doctoral, que bien podría titularse «La angustia de las horas».
En fin, aunque el general, con ayuda eclesiástica, nos amargó la juventud y, a muchos, la vida -esto sin ayuda- y puede que, como el coronel, no tuviese quien le escribiera, sí creó una obra de envergadura: la atención médica de la seguridad social; lástima que, tras tantos cambios en el invento del general, muchas cosas sigan sin arreglarse, y me temo que algunas no se arreglarán jamás.
Sobre este blog
La plazuela perdida
alonsochavarriEl escritor riojano Jesús Miguel Alonso Chávarri es catedrático de Matemáticas y autor de las novelas: 'TASUGO' (Premio "Villa de Madrid") y 'LA HIPÓTESIS DEL CONTINUO: una historia de la transición'. Ha recibido multitud de premios por sus relatos y poemas, algunos recogidos en el libro "De BUENA FUENTE". Enlaces recomendadosBlog de Leiva
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