Por Jesús Miguel ALONSO CHÁVARRI
06 May 2008
YO NUNCA OLVIDARÉ LO RECIBIDO
TÍTULO: Yo nunca olvidaré lo recibido
AUTOR: Pedro José Sáez Alfaro
GÉNERO: Poesía
Ediciones del 4 de agosto; 180 págs.
Llaman la atención en este poemario, titulado “Yo nunca olvidaré lo recibido”, la solidez del lenguaje, acentuada por la longitud de la obra –no es habitual un libro de poemas de casi doscientas páginas, y menos aún en obra de temática amorosa- y el peso del amor en la propuesta, un peso casi excesivo, que llena el guión argumental y derrama la sombra de Eros por sus páginas; sólo dos poemas escaparían de la clasificación de “poesía amorosa”, dos poemas elegíacos dedicados a la muerte del padre, en los que está presente otro amor: el filial ante la pérdida.
Estos cien poemas construyen un poemario preciso, en el que se aprecian los conocimientos filológicos del autor, así como el buen ritmo, la cadencia de los versos y la correcta acentuación: “Es mejor recordarlo que olvidarlo. / Así yo sabré ocupar mi sitio. / Y verte tu hornacina oscurecida por el tiempo, / y el eco tierno de tu infiel ternura.”
En estos poemas de Pedro J. Sáez, se perciben rastros de sus poetas y escritores preferidos, unos citados, otros escondidos; así Valle Inclán, Juan Ramón, Guillén, Aleixandre… aparecen casi como sombras, sin querer interferir en el relato amoroso, acaso dejando una insonora huella.
A pesar del buen hacer poético, a veces el autor cae en la repetición, no sé si de forma pretendida, pero, en ningún caso, esta circunstancia empaña el valor de los versos: “No pongas pretiles al verano. / El calor, al final, llega a cualquier rincón / de las casas invernadas.”
“ALONSO CHÁVARRI”
30 Abr 2008
GAROÑA: ¿EL PELIGRO QUE NO CESA?
No deja de ser sorprendente que se proponga prolongar la vida útil de la central nuclear Santa María de Garoña, hasta 2019, justo al conocerse los “incidentes” en la central nuclear de Ascó. No es que sorprenda el que una fuga en Ascó, ocurrida en noviembre, sea conocida en abril, pues siempre se ha temido y sospechado que el ocultamiento sea la forma habitual de proceder con los “incidentes” en las centrales nucleares; lo verdaderamente sorprendente e indignante es que hayan continuado las visitas, hasta de escolares, a la central, y ahora se hable de que pueden ser examinadas clínicamente quinientas personas. ¡Cómo podemos estar tranquilos con una energía en la que se actúa con ese secretismo! ¿Quién nos asegura que en los cientos de visitas, a este tipo de centrales, no han ocurrido otros “incidentes” que han permanecido ocultos? ¿Podremos saber, alguna vez, cuántos escapes radiactivos reales ha habido en las centrales españolas? Porque las opiniones, al respecto, entre la propiedad y los grupos ecologistas, difieren como el agua y el vino. Es este secretismo el que lleva a invalidar la opción nuclear de la energía.
Ahora, se propone prolongar la vida útil de Garoña. Como no ha pasado nada –eso dicen- se prolonga la actividad otros diez años. ¡Qué otra cosa pueden querer los dueños del negocio! No hace mucho, un amigo científico me decía: “Cuesta tanto poner de acuerdo a todos, para construir una central nuclear, que harán funcionar las existentes hasta el accidente”. No digo que la central de Garoña sea como la de Chernobil, pero creo recordar que, inicialmente, se diseñó para un periodo determinado, luego ampliado hasta 2009, y que el propio Gobierno de España decidió, el año pasado, cerrarla en esta fecha. Y ahora quieren regalarnos, a burgaleses y riojanos, una ampliación de la vida útil de la central. Me imagino el interés de la propiedad por continuar explotando la central, pero ése no tiene por qué ser el interés de riojanos y burgaleses. Yo no soy, “a priori”, enemigo de la opción nuclear, si no hay otra opción real para obtener energía, pero no me gusta, como a la mayoría, alargar y alargar la vida útil, haciendo la explotación cada vez más peligrosa –en artículos de organizaciones verdes, se denomina a Garoña como “la central de las mil y una grietas”-. El único consuelo es que, si hay un escape, quizá nos enteremos, o que lo hagamos tarde, como en Ascó. Y desgraciadamente, en este tema, los ciudadanos estamos bastante solos, pues no veo a los políticos riojanos opinar sobre el asunto.
Con este secretismo que envuelve a “lo nuclear”, parece un peligro público prolongar la vida de Garoña, o tal vez sea ese secretismo la confirmación de que puede ser un peligro.
“ALONSO CHÁVARRI”
16 Abr 2008
¿QUIÉN TEME A SORAYA SÁENZ?
Yo creo que lo temido es el aire fresco que trae consigo –todos sabemos que el aire fresco es bueno para hacer limpieza en las estancias e, incluso, esta prescrito para curar la tuberculosis- ese aire fresco capaz de centrar realmente a su partido, porque en el Búnker hablan mucho de centro-derecha, pero sólo hablan; en el fondo temen al centro más que a un nublado, aunque sepan que en él están los votos. Prefieren seguir perdiendo elecciones, antes que centrar a “su” partido, por eso no dudan en acosar a Soraya Sáenz, hasta que todo vuelva donde estaba y donde quieren: a la confrontación, al aire viciado, a lo de siempre.
Ahora, el Búnker tiembla ante un rumor: Rajoy puede nombrar a Gallardón secretario general del partido; eso les abre las carnes, aunque pudiera llevar a la victoria electoral. Prefieren el inmovilismo controlado por los suyos, en eterna oposición, antes que una victoria en las urnas. El Búnker es así. Soraya Sáenz puede poner en peligro ese inmovilismo y, por eso, la temen, aunque no sea Virginia Woolf, sino una sensata mujer, recién nombrada. Ese miedo del Búnker es la mejor señal de que Rajoy puede estar acertando.
“ALONSO CHÁVARRI”
06 Abr 2008
UNA BUENA NOVELA HISTÓRICA RIOJANA
“El Escriba y el Rey” es una novela histórica, situada en
Demetrio Guinea, su autor, es medievalista y se nota en el ajustado tratamiento que hace, tanto de la época como de la geografía y, sobre todo, del lenguaje, siempre respetuoso con los términos habituales de la época: los del lenguaje cortesano y, especialmente, los del monástico, pues el protagonista del libro es el monje escriba Abzio Sánchez, llamado a la corte del rey Sancho. El autor no se permite concesiones fáciles en la historia ni en el lenguaje, que posiblemente le hubieran conseguido el favor de lectores y editores, a cambio de perder el rigor, mantenido a lo largo de todo el relato; prefiere que la novela sea una difícil apuesta, tanto del autor como de la editorial “El Tragaluz”, pero una valiosa y necesaria apuesta, que devuelve la dignidad a la novela histórica, últimamente algo perdida.
La novela está narrada en pasado y primera persona por el monje Abzio, que va recorriendo la geografía riojana, especialmente la monástica: Cárdenas, San Millán, Nájera… y narrando su juventud en la abadía de San Millán, su llegada a Nájera, la vida cortesana, las relaciones del rey Sancho con otros reinos vasallos, sus viajes a otros monasterios, la política del monarca, la entrada del rey, con sus huestes, en León, etc…., si bien el relato no deja de ser una disculpa para rememorar la época histórica del reinado de Sancho III el Mayor: la vida cotidiana, la monástica y la cortesana, todo ello mostrado con un lenguaje exacto, de rico y difícil vocabulario, a cuyo entendimiento ayuda el glosario final.
“El Escriba y el Rey” no defraudará a los amantes de la historia y la literatura y, aunque es una apuesta arriesgada, es un libro cuya presencia, y la de su autor, se agradece en el actual panorama de la novela histórica.
“Alonso Chávarri”
02 Abr 2008
CUATRO HOMBRES BUENOS
(A Rafael Azcona I. M.)
Siempre se ha dicho que “la necesidad es la madre del aprendizaje”, y yo completo “…del aprendizaje y del atrevimiento”, por eso los necesitados de algo o de alguien son tan atrevidos. Los necesitados en el más estricto sentido de la palabra, o sea los pobres, se atreven a poner en peligro su existencia, con tal de mejorar sus condiciones de vida, pero también son atrevidos los necesitados en un sentido más amplio: los que necesitan cariño, atención, consideración profesional o intelectual… o simplemente lectores, como ocurre con los escritores que empiezan.
Este atrevimiento de los jóvenes escritores –ya se sabe que uno es joven escritor hasta casi la edad de jubilación- suele conducir a comportamientos sin mucho sentido, como enzarzarse en luchas generacionales o grupales, apuntarse a disparatadas vanguardias… o pretender que lean sus libros los escritores consagrados. Confieso que yo también participé, en su momento, de este último atrevimiento y envié mi primera novela a muchos escritores admirados o famosos; esto, además de permitirme comprobar la dificultad de que mi obra fuera leída, me permitió establecer una clasificación de la intelectualidad, según su amabilidad, tacto o consideración, para con el escritor desconocido.
Resulta obvio decir que, de la mayoría, no supe si habían recibido mi libro, pues ni siquiera enviaron un acuse de recibo; estos fueron directamente a engrosar la lista negra de mi indiferencia –un buen escritor riojano, amigo mío, tiene la costumbre de ajustar cuentas, con los integrantes de su lista negra, en posteriores novelas, pero no es mi caso-. Casi todos los demás acusaron el recibo con una fórmula de compromiso, que consideré suficiente para clasificarlos como escritores atentos y considerados; sólo unos pocos fueron más allá y comentaron mi novela, con mayor o menor profundidad, en un gesto desacostumbrado y que les honró. Entre ellos, cuatro alcanzaron el santoral de mis escritores admirados, por sus cariñosas cartas manuscritas o por su consideración para con mi obra primeriza, sin duda excesiva para mis merecimientos –curiosamente, los cuatro eran ya escritores admirados y consagrados por la calidad de sus obras-. Estos cuatro maestros eran: don Rafael Azcona, que nos acaba de dejar para nuestro pesar, don Arturo Pérez-Reverte, don Gustavo Bueno y don Miguel Delibes. Al margen de sus trayectorias, de todos conocidas y admiradas, para mí siempre han sido, desde entonces, CUATRO HOMBRES BUENOS.
“ALONSO CHÁVARRI”
19 Mar 2008
MACHISMOS DE NUEVO CUÑO EN LOGROÑO
El otro día, en una céntrica plaza logroñesa, un grupo de jóvenes llamó mi atención por su extraña actitud de espera. Eran quince, o tal vez veinte, todos vestidos de igual manera: zapatillas deportivas, chándal y gorra de béisbol, en una especie de uniforme generacional o tribal, habitual en ciertos lugares del otro lado de la mar océana, de donde parecían proceder. Luego supe que esperaban para pelearse con otros muchachos de su edad que, alertados por terceros, habían huido del lugar con anterioridad. La cercana presencia de algunas fuerzas del orden me hizo pensar que era una pelea conocida y esperada.
Para mí, lo asombroso del caso fue la ridícula motivación de aquella fallida pelea multitudinaria: un vulgar desencuentro amoroso en una joven pareja, por la aparición de una tercera persona. Los amigos, o tal vez la banda, del sentimentalmente ofendido, iban a apalear al atrevido, que había osado galantear a una chica de “su propiedad”, y, de paso, a los amigos que estuvieran con él. Después, me enteré de que, en ciertos ambientes juveniles de inmigrantes, la manera más sublime de demostrar el amor a una mujer era pelearse por ella. ¡Tantos años de evolución cultural, feminismo incluido, para acabar reproduciendo el clásico comportamiento animal! He aquí material para una buena tesis doctoral de diversas especialidades.
No es desconocido, aunque pueda ser políticamente incorrecto decirlo, que la llegada de inmigrantes ha hecho retroceder varias décadas la lucha contra el machismo en la sociedad española. Es cierto que aún quedan residuos del viejo machismo, con trágicas y frecuentes consecuencias, que cuesta atajar, y el incesante goteo de muertes lo atestigua, pero en el plano educativo se ha avanzado enormemente hacia la igualdad entre los sexos; era anacrónica una pelea por amor, el rechazado asumía que debía sufrir en silencio.
Sin embargo, los tiempos están retrocediendo; vuelve, además del velo, la opresión hacia la mujer: “¡Para qué va a salir a la calle una mujer! ¡Dónde va a estar mejor que en casa!”, nos decía, no hace mucho, un joven alumno, proveniente de un país lejano, en los confines del imperio de Alejandro. Y también vuelve, del otro lado del mar, el concepto de “propiedad” en las relaciones amorosas: ¡Cómo se va a dejar uno arrebatar lo que es de su exclusiva propiedad!
Me temo que estos machismos de nuevo cuño va a costar erradicarlos tanto como los que heredamos y estábamos en camino de dejar atrás. Aunque, en el fondo, todos los machismos sean lo mismo.
“ALONSO CHÁVARRI”
05 Mar 2008
¿NI MORAL CATÓLICA NI ÉTICA LAICA?
Una jota riojana, escuchada de niño en las rondas festivas de las cuadrillas de mozos, decía así: “Caminito de la iglesia,/ cuántas medias habré visto,/ cuántos pecados mortales/ habré cometido a Cristo.”
Hoy no tendría sentido esta jota, pues, afortunadamente, el concepto de pecado ha cambiado mucho; y digo “afortunadamente” porque aquel concepto de pecado, impuesto a la niñez en la educación católico-franquista de la posguerra inacabable, amargó la vida a muchos, especialmente a quienes eran de conciencia escrupulosa, creían firmemente y seguían las normas de
A pesar de estas contradicciones entre doctrina y vida, aquella mala educación tuvo efectos positivos en otros aspectos, por ejemplo: ayudó a que los adolescentes se formasen en la renuncia a ciertas cosas, en el trabajo y en el sacrificio, como medio para conseguir un fin –no confundir con el sacrificio inútil, difícil de entender-. El sustituir aquella moral obligada por una ética laica fue el gran reto de la democracia, pero hay que reconocer que no se ha conseguido: hemos pasado de aquella dominación, de aquel absurdo intento de controlarlo todo, hasta los sentidos, al hedonismo como forma de vida; las nuevas generaciones no aceptan con facilidad que no todo se puede conseguir, y la ética personal brilla por su ausencia. Tampoco
“ALONSO CHÁVARRI”
20 Feb 2008
EL CREPÚSCULO DE LAS IDEOLOGÍAS Y EL ÁTICO
Hace cuarenta años, el libro “El crepúsculo de las ideologías” nos hizo sonreír a muchos, por lo que de dislate se nos antojaba el título y por la intención del autor. Olvidando la intención, hemos de reconocer que el título fue una premonición de lo que se nos avecinaba, pues hoy en día, a pesar de que algunos se empeñen en negarlo, las ideologías han desaparecido, prácticamente, del mapa político y, casi diría, del equipaje personal de los ciudadanos. Echemos un vistazo a nuestro alrededor: Todos los partidos de cierto peso aceptan, sin pestañear, las reglas económicas marcadas por Bruselas o el Fondo Monetario Internacional, -o quien sea, que eso nunca queda muy claro para el profano-, esas reglas que proclaman la bondad incuestionable del libre mercado y el crecimiento económico como meta –aunque, a la larga, el crecimiento insensato sea la tumba de la especie, pero a quién importa lo que suceda dentro de x años- y que hacen que los partidos se parezcan, en lo fundamental, como gotas de agua. Lo extraño es que diciendo, los distintos partidos, casi lo mismo, pues las diferencias se marcan, sobre todo, en asuntos secundarios: moral y costumbres, pequeñas disensiones en la distribución de partidas presupuestarias, discrepancia en la forma de solucionar problemas ocasionales, etc., la vida política se encuentre tan crispada, sin que existan razones de fondo para tal crispación; lo cual me lleva a pensar que la crispación es pretendida, se alcanza, fundamentalmente, con el verbo poco amable de algunos políticos, siempre empeñados, más que en convencer al elector, en molestar y ridiculizar al adversario.
¿Y cómo vota el ciudadano, si han desaparecido las ideologías? Buena pregunta, que no admite una respuesta única para todos, aunque supongo que, en buena medida, se hace por eliminación, una variación, salvando las distancias, de aquellas demostraciones “por reducción al absurdo”, en que uno se queda con quien menos le incomoda, con quien menos mete la pata, o con quien cree que despilfarra menos. Y no es asunto baladí, en la lógica del elector, este del despilfarro. Por eso son tan peligrosos, para su partido, algunos altos cargos que no calibran el alcance de ciertas decisiones, esos personajes que, una vez llegados al cargo, olvidan con demasiada facilidad que han de dar cuenta de sus actos, como representantes públicos, esos que despilfarran el dinero de todos con demasiada alegría, ya sea regalándose viajes en avión, para asuntos privados, o gastando 250.000 euros en arreglarse un ático.
“ALONSO CHÁVARRI”
06 Feb 2008
TITÍN
Cuando era pequeño, yo quería ser Titín. En realidad, todos los niños de Leiva queríamos ser Titín, cuando, en el recién estrenado frontón, jugábamos con aquellas pelotas verdes, de goma, que venían en las cajas de zapatos Gorila. Casi siempre era Pitín el que hacía de Titín, y no porque su nombre sonase parecido, sino porque era quien mejor jugaba a la pelota y, además, le salían heriditas entre los dedos, de tanto jugar, como a los pelotaris. Los demás habíamos de conformarnos con ser Nalda, Del Val, Pablito o los hermanos Barberito. Una vez sí conseguí ser Titín; fue cuando mi tío Julián me hizo una pelota, con ovillo de tripa, gomas de una faja y lana del viejo jersey, la forró con cuero de animal y consiguió que la pelota “sonase”. Cuando uno era dueño de una pelota que “sonaba”, tenía muchos privilegios, y uno de ellos era jugar con el nombre de su pelotari favorito.
Todo comenzó a finales de los años cincuenta, cuando, cansada de jugar sin cuchillo, en la pared de la iglesia o en el palacio, donde las pelotas se picaban en las uniones de los sillares y en el suelo terroso, la villa de Leiva decidió construir un frontón. Se hizo “a veredas”, trabajando los hombres del pueblo, que es como se hacían las obras municipales, en aquella posguerra inacabable de escasez, letanías y brazos en alto, hasta que el frontón quedó precioso, con gradas para los espectadores, brea entre los cuadros y un cuévano alargado, por el que escapaba el agua de las tormentas; y el escudo de “una grande y libre”, en el frontis, pintado de rojo, hasta que la lluvia hizo parecer que el águila lloraba sangre.
El partido de inauguración fue un acontecimiento, en el que se enfrentaron, de blanco y con fajas azules y rojas, Titín y Pablito contra Nalda y Del Val. El partido, al decir de los entendidos, lo ganó Titín, que era el zaguero dominador, aunque Del Val consiguió dar un gran pelotazo, que envió la pelota a botar a la tierra, que comenzaba en el ocho. El buen juego de Titín fue el que hizo que todos los niños quisiéramos adoptar su nombre, todos menos Nicasio el Golondrino, quien siempre quería llevar la contraria, jugaba a botivoleo y se empeñaba en ser el zurdo de Mondragón.
Mi tío Eusebio, que fue pelotari aficionado, cada vez que ve jugar a Titín III, después de decir la frase: “Si este Titín hubiera sido vasco, ¡dónde estaría!”, se acuerda del otro Titín, de su padre, y repite: “¡Quién nos iba a decir que de aquel zaguero iba a salir este delantero!”
Ahora se está cubriendo y remozando el viejo frontón de Leiva, que pronto será inaugurado por segunda vez. Sería bonito que, después del partido, los niños continuasen disputando por llevar el nombre de Titín, aunque, bien pensado, eso ocurrirá de todas las maneras.
“ALONSO CHÁVARRI”
30 Ene 2008
NÚMERO 23 DE LA REVISTA FÁBULA
La revista literaria riojana “Fábula”, siempre bien dirigida por el profesor y escritor Carlos Villar, se consolida en el panorama nacional de las revistas literarias. Sin duda, tiene mucho que ver, en esta consolidación, la seriedad del consejo de redacción, formado por Eugenio Sáenz de Santa María y María Luisa Lázaro, ambos escritores y entendidos en la materia, que han conseguido dejar atrás tiempos más confusos y hacer que en la revista prime la calidad.
En este número 23 destaca la variedad temática: además de apartados habituales como “NOS VISITARON”, donde Pilar Salas escribe sobre el poeta Luis Alberto de Cuenca, y Eugenio Sáenz de Santa María sobre Mario Vargas Llosa, “DE AQUÍ Y DE ALLÁ”, donde se hace crítica literaria y reseñas de libros, o los dedicados a poesía –hay poemas de Iván Montes, Alfonso Aguado, Carmen Beltrán, Nerea Férrez, Irelia Pérez, Fernando Abascal y Carlos Martínez Aguirre- y relato corto -escriben Fernando Krapp, Luis M. Díez Merino, Daniel Alejandro, Miguel Canterac y Nina Melero- se presentan once relatos muy cortos de Juan Pedro Aparicio, reflexiones literarias de Fernando Abascal, poemas de la condesa de Noailles, traducidos por Mireia Alonso, que hace un pequeño trabajo de investigación, y una entrevista de Blanca Fernández al poeta Leopoldo María Panero.
Me ha parecido especialmente oportuno el editorial sobre “LAS NOVELAS-ABORTO”, reivindicación del escritor que intenta escribir bien, cuidando lenguaje, ética y estética, y actualmente abandonado por las editoriales, que sólo piensan en “minimizar riesgos”, llevando a las listas de libros más vendidos a “los sospechosos habituales” de una literatura degenerada, facilona, sin chicha ni limonada, sólo apta para leer en la playa, porque, si el libro se lo llevan las olas, no se pierde nada.
Hermoso el número 23 de esta revista FÁBULA, que nos muestra en sus páginas destellos literarios de hoy y de siempre.
“ALONSO CHÁVARRI”
Sobre este blog
La plazuela perdida
alonsochavarriEl escritor riojano Jesús Miguel Alonso Chávarri es catedrático de Matemáticas y autor de las novelas: 'TASUGO' (Premio "Villa de Madrid") y 'LA HIPÓTESIS DEL CONTINUO: una historia de la transición'. Ha recibido multitud de premios por sus relatos y poemas, algunos recogidos en el libro "De BUENA FUENTE". Enlaces recomendadosBlog de Leiva
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