24 Jun 2009

TETAS

El otro día escuché la noticia, o tal vez la leí, y me sorprendió por lo inesperada: En España hay más operaciones de pechos que en Estados Unidos; cincuenta mil españolas se operan cada año en nuestro país, para mejorar su imagen pectoral. Y especificaba más: Cuanto más al sur, las mujeres se ponen tetas más grandes; si en la cornisa cantábrica se rigen más por el dicho aquel de que “…en la mano quepa”, en Andalucía parece que lo fían más a lo de “…tiran más que dos carretas”, y les gustan de buen tamaño.

Uno puede entender las operaciones de pecho en casos de conflicto psicológico personal –y como cirugía reparadora, naturalmente, aunque eso es otra cosa-, pero cincuenta mil operaciones al año, en España, sólo pueden interpretarse como seguimiento de una moda, y eso, la verdad, me cuesta entenderlo, y que me perdonen las empresas de cirugía plástica que, supongo, estarán haciendo buen negocio.

Me imagino que tiene mucho que ver, en esta afición al quirófano, la actual moda del escote inacabable, que enseña buena parte de los pechos, pero con los actuales “super-bras”, debería ser suficiente para mantener “la apariencia”; no quiero pensar que la estupidez humana –me cuesta decir estupidez femenina, pues parece machista- llegue al extremo de pasar por el quirófano para “gustar más” al sexo opuesto, teoría sin confirmar, la de que los hombres prefieren a las mujeres con pechos grandes, pues los gustos son variables y, en cuestión de pechos, más.

Esta moda de enseñar el pecho no es ninguna novedad, más bien es una moda recurrente, y ha habido periodos históricos en los que las mujeres dejaban casi todo el pecho al descubierto. No hemos inventado nada. Lo que cuesta entender –a fin de cuentas un quirófano es un quirófano y tiene sus riesgos- es esa alegría con que se acude a la cirugía innecesaria. ¿Por qué? Un amigo decía que es porque sobra el dinero, pero otro, trabajador de la banca, le sacó de su error, hablando de los préstamos que se piden, o se intentan pedir, para arreglarse los pechos. Yo creo que este desmadre operatorio está motivado por carencias: carencias culturales y, sobre todo, carencias de sentido común. Esa sobrevaloración de la imagen, que tanto se alienta en algún programa de televisión, está haciendo perder el sentido común a buena parte de nuestros jóvenes, y no tan jóvenes: ellos se ponen musculitos y ellas se ponen tetas. Un disparate. ¡Podría ponerse de moda hablar con corrección el idioma, o la buena educación! No se inquieten, no hay peligro de que eso ocurra, pues no da dinero. Las empresas de cirugía plástica pueden estar tranquilas: las mujeres seguirán poniéndose tetas. Sin necesidad.

“ALONSO CHÁVARRI”

10 Jun 2009

FÚTBOL, LENGUAJE Y REAL MADRID

En el mundo del fútbol siempre han abundado los tópicos: “Es un deporte de hombres”, “Si no quieres que te den patadas dedícate a otra cosa”, “Lo que ocurre en el campo se queda en él”… incluso a Boskov se le ocurrió la famosa frase, capaz de explicar cualquier incongruencia: “Fútbol es fútbol”. Hubo un tiempo en que estaba mal visto que a los intelectuales les gustase el fútbol. En las islas británicas, lugar donde surgió el invento, siempre se ha dicho: “El rugby es un deporte de patanes, jugado por caballeros; el fútbol es un deporte de caballeros, jugado por patanes”, lo cual alimentaba más la creencia de que el mundo del balón era de bajo nivel cultural.

Es cierto que para jugar al fútbol no hace falta un título universitario y que, generalmente, los jóvenes que se dedican al fútbol suelen abandonar sus estudios, pero últimamente, por fortuna, algo está cambiando en este sentido, que está llevando al mundo del balón a otro nivel cultural. Hasta no hace mucho, escuchar una entrevista a un futbolista era oír una serie de frases hechas y balbuceos del tipo: “Voy a dar todo lo que llevo dentro”…; si era un entrenador, se podían escuchar frases como: “Hay que ganar por lo civil o por lo criminal”; incluso muchos presidentes solían tener dificultades para hilvanar unas cuantas frases con sentido y oportunidad.

Algo ha cambiado en la forma de expresarse el mundo del fútbol, en los últimos tiempos: muchos periodistas deportivos hacen literatura en sus crónicas y columnas, cosa que antes era más raro; también muchos entrenadores hablan con buen trato al idioma –los argentinos han tenido mucho que ver en esto- e, incluso, los futbolistas comienzan a manejarse con soltura en las entrevistas.

Todo esto, que a algunos puede parecer un asunto sin importancia, me parece fundamental, por la influencia que el deporte rey tiene en los niños. Y es, una vez más, el Real Madrid quien está en primera línea en este buen uso del lenguaje futbolístico. Desde Florentino Pérez, que maneja el lenguaje aceptablemente bien, hasta el entrenador Pellegrini y el director deportivo Pardeza, o los antiguos futbolistas: Butragueño, Sanchís o Michel, todos son un ejemplo de cómo ha de tratarse el idioma, cuando se habla de fútbol. Del director general, Valdano, inventor de la frase que hizo fortuna: “El Bernabeu produce miedo escénico”, no es necesario decir nada, porque, cada vez que habla, nos parece estar asistiendo a una clase de español.

“ALONSO CHÁVARRI”

27 May 2009

CRISIS, LAICISMO Y DEBATES SOBRE SEXO

Es muy conocido el dicho: “En épocas de crisis, no hacer mudanza”. Lo que no está escrito es que en épocas de crisis haya que enrocarse y hacer ostentación de las ideas más arcaicas. Y es que, últimamente, proliferan en tribunas de prensa, columnas y cartas al director, de repente y con todo el derecho, ideas conservadoras, respetables, igual que las opuestas, pero con llamativa reiteración sobre temas ya debatidos hace años, relacionados con el sexo: aborto, anticonceptivos, etc. No voy a entrar a dar mi opinión sobre estas cuestiones -personalmente me aburren- que utilizan tirios y troyanos para arrimar el ascua a su sardina: unos, para desviar la atención del desempleo; otros, para defender no sé qué posiciones, aunque algunos se quemen electoralmente con el ascua.

Vienen a mi memoria las palabras de Rafael Azcona: “Nada es más insoportable para el ser humano que la felicidad ajena, por eso en gran parte de nuestra historia ha habido una sistemática represión del placer y de la felicidad”. En esta represión de la felicidad terrenal, ha tenido mucho que ver la Iglesia católica, enredada en cuestiones doctrinales secundarias, más que en las primarias de paz, amor e igualdad entre los hombres; y el recuerdo de esa represión de la felicidad no es nada agradable. Es la misma sensación que vuelvo a tener con estas bizantinas y aburridas discusiones sobre la píldora del día siguiente, sobre si es abortiva o anticonceptiva y demás detalles, para mi, intelectualmente obscenos.

Los católicos tenemos el derecho de seguir las indicaciones de nuestra Iglesia, pero los políticos, en su función legisladora, no deben tener ese derecho, mucho menos el deber, pues sería legislar sólo para una parte de los ciudadanos. El estado laico, de hecho no de palabra, es una necesidad, pues a la mayoría de las personas suelen parecerle absurdas todas las religiones, excepto la propia; y los políticos no deben dejarse contaminar, en la función legisladora, por sus creencias, que, para los no creyentes o los creyentes en otra opción religiosa, son sólo humo.

Los partidarios de seguir reprimiendo la felicidad ajena, y supongo que la propia, están en su perfecto derecho a decirlo en los foros que consideren oportunos, pero los políticos no deben caer en el error de hacerles caso, porque el ser humano desea ser feliz y seguirá castigando en las urnas a quien intente coartar su felicidad. Si un partido político no da sensación de laico, es difícil que gane unas elecciones, aunque la crisis haga caer chuzos de punta.

“ALONSO CHÁVARRI”

13 May 2009

TELEVISIONES Y ESPECTADORES

Eso de que “todo tiempo pasado fue mejor”, sabemos que es un equívoco, propiciado por nostalgia de la juventud, pero en televisión se cumple escrupulosamente. ¿Quién no echa de menos programas como Estudio 1, La Clave u otros olvidados, que mantenían la condición de “servicio cultural” del medio televisivo?

Recuerdo los tiempos en que había una sola cadena de TV –luego tuvimos dos cadenas: la 1 y la UHF- y también recuerdo aquella campaña para convencernos de lo mala que era nuestra única TV: “la mejor televisión del país”, decían, con sorna, columnistas y gacetilleros, intentando convencernos de que la llegada de las televisiones privadas iba a abrir un mundo desconocido y maravilloso al espectador. Lejos estaba de imaginar que detrás de la campaña sólo había negocio y apetitosos puestos de trabajo, y que la realidad de la programación, en las nuevas televisiones, iba a hacer buena aquella frase de que la única TV era la mejor televisión del país.

Si por algo se caracterizan las actuales televisiones, más allá de los programas basura y de la banalización del medio, es por el desprecio absoluto que parecen manifestar hacia el espectador, consumidor sin derecho alguno: si una serie, recién lanzada, tiene baja audiencia, se cambia su horario o se suprime directamente; se coloca la publicidad de forma engañosa y sibilina: poca al principio de las películas, más a partir de la mitad y mucha más al final, sobre todo unos minutos antes del final; se ningunean los deportes que se retransmiten en otras cadenas y se empalaga al espectador con los de la propia… todo muy poco profesional y sin asomo de ética.

Sería injusto no reconocer, a la antigua televisión española, su labor en la educación gramatical y léxica de los españoles, y lo que esto ha contribuido en igualar a las personas, labor que están deshaciendo las actuales televisiones, en su afán por alentar personajes televisivos que hacen, de su incorrección en el habla, ostentación; de su chabacanería, presunción; de su mala educación, virtud; y de su nefasta influencia en la juventud, jactancia.

Como los poderes públicos no aciertan a parar este desatino, sería hora de crear alguna asociación de teleespectadores que intente acabar con tanto desmán.

“ALONSO CHÁVARRI”

29 Abr 2009

LA REALIDAD DE LAS AUTONOMÍAS

Todos aquellos que tengan memoria –iba a decir memoria histórica, pero renuncio al adjetivo por su uso excesivo, que le hace sonar a calaveras y fosas- recordarán como, en un momento determinado de nuestra corta historia democrática, hubo una rara unanimidad en la conveniencia de dividir España en comunidades autónomas. Y digo “rara unanimidad” porque sorprendió que, con la cantidad de partidos políticos de variado pelaje que, entonces, pretendían dirigir la política española y cuyos credos cubrían el extenso mapa ideológico del país, prácticamente todos estuvieran de acuerdo en la bondad de aquel nuevo régimen quasi-federal, llamado “La España de las Autonomías”. Los ciudadanos, confiados e ilusionados por la nueva democracia, creímos las buenas palabras de los políticos y las aceptamos, convencidos de que era lo mejor para la etapa que comenzaba, sin sospechar que el motivo de aquella rara unanimidad tal vez pudiera ser el aumento de altos cargos en gobiernos y parlamentos autonómicos, que tanto favorecían los intereses personales de la clase política.

Desde entonces, ha llovido mucho. Las transferencias, desde los distintos gobiernos centrales a los autonómicos, han sido exigidas y concedidas de forma incesante, hasta llenar de competencias los “ministerios” periféricos. También de deudas, pues las autonomías, ávidas de demostrar la bondad de la descentralización, no cesaron de introducir mejoras en los servicios, así como gastos no tan necesarios: televisiones regionales, asesorías sin medida, subvenciones excesivas a multitud de asociaciones y entes, etc., sin reparar en que vivían por encima de sus posibilidades o, en caso de que repararan, sin importarles.

Ahora, además de una deuda asfixiante, el país se encuentra con un entramado de leyes diferentes que trastorna innecesariamente al ciudadano: cartillas diferentes para la Seguridad Social, que no siempre sirven de una comunidad a otra; trabas laborables, que impiden el libre acceso al trabajo por mor de idiomas y nacimientos; distintos sueldos por el mismo trabajo y distintas prestaciones por desempleo,… así hasta el aburrimiento.

Y, como no podía ser de otra manera, se comienzan a oír voces, pidiendo un cambio en la dirección de las transferencias, una vuelta parcial al poder central que limite los desatinos y que, sobre todo, mantenga el principio inalienable que debe regir a las naciones: “Todas las personas son iguales ante la ley”. Hace tiempo que en España no somos todos iguales. Y deberíamos serlo.

“ALONSO CHÁVARRI”

16 Abr 2009

EL CARTEL

Que algún partido político tiene creado algo parecido a un Ministerio de Propaganda, aunque la rancia resonancia a dictadura y a guerra haga eliminar el nombre, lo suponemos casi todos; lo que no imaginábamos es que dicha propaganda fuese considerada una obligación, supongo que haciéndola pasar por propaganda institucional, y estuviesen especificados sus detalles en el Boletín Oficial del Estado.

Ya había observado, estos últimos años, unos enormes carteles en las carreteras en obras, y en pueblos y ciudades, en los que se informaba de la obra a realizar o en realización, pero nunca había dado en reflexionar sobre el “porqué” de aquellos carteles. Fue mi amigo Cosme, concejal de mi pueblo riojano, quien me abrió los ojos; fue con su respuesta a mi pregunta sobre la fecha en que comenzarían las obras, regaladas por el Gobierno de la nación para combatir el paro y el desempleo y morigerar la crisis: “No podemos empezar las obras porque no está hecho el cartel”. Ante mi asombro, por la ridiculez de la situación, siguió informándome de que en el Boletín Oficial se explicita la obligatoriedad del cartel, sus dimensiones y demás detalles necesarios, así como la imposibilidad de comenzar las obras, mientras no esté colocado en el lugar adecuado el famoso cartel. Ya interesado por aquel asombroso asunto y aparente disparate, le pregunté el precio del cartel de marras y me contestó: “Mil quinientos euros”.

Aficionado como soy a las matemáticas –profesional, en realidad- hice cálculos, teniendo en cuenta los más de ocho mil pueblos españoles, y, si cada pueblo colocara solamente un cartel, se gastarían más de doce millones de euros; además, como en las ciudades se harán obras por docenas, no sería descabellado inferir que se pueden gastar más de cien millones de euros en carteles, o sea más de dieciséis mil millones de las antiguas pesetas.

Ya sé que este gasto es poca cosa, comparado con el dinero a utilizar en esas obras para amortiguar el desempleo un par de meses –seguramente serán pan para hoy y hambre para mañana- pero es una de las peores formas que se me ocurren de tirar un dinero que bien se podría emplear en mejor causa para todos, menos para quien fabrica los carteles; y no me extraña que haya retrasos en las obras y no baje en número de parados en marzo, como se esperaba, si todos tienen que pedir a la vez el cartel. Yo me pregunto: ¿Qué beneficios nos trae a los ciudadanos el dichoso cartelito? ¿Para qué es indispensable? Uno cree haberlo visto todo, pero no deja de asombrarse. ¡País!

“ALONSO CHÁVARRI”

01 Abr 2009

PESCADORES Y TRUCHAS

El otro día, en una bodega del pueblo, coincidí a media mañana con mis amigos Torrente y Colombo, que probaban el vino joven y el chorizo de la matanza. Torrente y Colombo se han pasado media vida en el río Tirón; de niños, cuando no existían acotados, pescaban “a mano”, pisando las truchas que se escondían entre la berraña, y ahora son muy aficionados a la caña. Saben que, en el río Tirón, prácticamente han desaparecido los peces tradicionales y no lo pueden entender. Unas veces culpan a la presa de Leiva, a las carpas que algún indocumentado ha echado en las aguas, a los cormoranes, esa especie de cuervo marino, sorprendentemente protegido en agua dulce, que consume muchos peces; otras veces culpan a la contaminación, a las aguas residuales que se vierten al río, a pesar de las órdenes de la Unión Europea; y siempre culpan a los gestores del río y de la pesca –Colombo dice que, si él hiciera así su trabajo, llevaría mucho tiempo en el paro, y no se explica que, en tramos vedados, no haya peces-.

Torrente, que se imagina cosas disparatadas, está indignado con los gestores de la pesca, porque, en el coto de Tormantos, han reducido los permisos a los ribereños –de diez permisos a la semana, en años anteriores, a solamente dos- dice que es un castigo, por no haber utilizado todos los permisos del año pasado, y que para qué los iban a sacar, si en los seis que utilizaron, él y Colombo, no vieron una trucha, que pagar permisos para nada es de tontos; insiste en que se los han traspasado a los de Logroño, que esos pagan de todas maneras, haya o no haya truchas, que a los pescadores de ciudad es más fácil engañarlos ,pues para todo buscan excusas: “el agua está todavía fría”, “ el tiempo ha sido malo”, “este río no lo conocemos”…, cualquier disculpa es buena para negar la realidad de que ni hay truchas ni las echan. Colombo, sin embargo, dice que no es un castigo a los ribereños, por no sacar los permisos, que se sacaron casi todos, que es para recaudar más, pues los permisos ribereños cuestan siete euros y los de Logroño catorce, que es el dinero el que manda. Y Torrente que no, que les sobra dinero, que si no ha visto el edificio que tienen en Logroño y los coches oficiales que utilizan, y, erre que erre, ya he dicho que se imagina cosas disparatadas, dice que es un plan premeditado para echar a la gente de los pueblos, que es con todo igual. Yo intento hacerle ver que los pueblos han mejorado mucho, y él que no, que todo es para los de Logroño, hasta el río Tirón, que siempre había sido suyo… Y no hay quien le saque de su empecinamiento. Dice que va a pedir que echen a los que gestionan el río, que sólo cuidan el coto de Anguciana, pero no el de Tormantos; y es que Torrente –por algo le viene el apodo- ¡tiene cada cosa!

“ALONSO CHÁVARRI”

18 Mar 2009

EL LECTOR

Cuando leí la novela “El Lector”, me pareció un buen análisis sobre los límites del derecho a salvar a alguien que no quiere ser salvado; ahora, que he visto la película, me reafirmo en aquel parecer, pero también creo que es, sobre todo, una extraordinaria reflexión sobre la generación alemana que posibilitó el nazismo. No es habitual que una película mantenga el interés que generó la novela, pues en la adaptación suelen perderse matices, descripciones y líneas argumentales, sin embargo, no es el caso de “El Lector”, porque el guión de la película continúa con esa labor sorda y efectiva de hacer reflexionar al espectador.

La disculpa argumental es la relación amorosa-sexual, en el Berlín de los años cincuenta, de un adolescente con cierta mujer madura, que fue SS y se vio implicada en un homicidio masivo, pero tampoco es sólo disculpa, pues permite reflexionar sobre las servidumbres del amor y sobre la influencia de los amores tempranos en la vida posterior; lo principal tampoco es el juicio al nazismo, sino que toda la obra acaba siendo un “porqué”: ¿Cómo se llegó a aquella situación? ¿Por qué una generación de alemanes asistió, en silencio, al ascenso y derrumbe del III Reich? ¿Por qué esa misma generación admite la miseria moral de su país?...

La pregunta que yo me haría es la siguiente: ¿Puede trasladarse esa reflexión a la generación española de la guerra civil? Buena pregunta. La primera consideración es que el ascenso del fascismo español no fue tal; nunca tuvo importancia cuantitativa. Hubo un golpe militar, por las razones que fueran, que dividió al país y obligó a todos los españoles a alinearse con un bando, sin posibilidad de elegir, y a combatir al otro; los golpistas se aliaron con la minoría fascista, pero, en cuanto el pueblo español pudo decidir, volvió a arrinconar a esa minoría. La segunda consideración es que el pueblo alemán acogió con entusiasmo la llegada del nazismo y cerró los ojos ante sus desmanes y crímenes, mientras que el pueblo español fue obligado a sufrir la dictadura, mientras la propaganda hacía el resto. Evidentemente no es lo mismo.

Volviendo a la película, esa manera de hacer reflexionar al espectador, manteniendo el interés argumental, es lo que echo en falta en el cine español sobre la guerra civil, siempre limitado a películas que toman partido e imparten doctrina –fascista en la dictadura y republicana en la democracia- sin apenas ánimo de investigar los “porqué”, preguntas que, en el fondo, hacen al hombre reflexivo y, por lo tanto, más libre.

“ALONSO CHÁVARRI”

09 Mar 2009

15 VOCES RIOJANAS

Título: ENCUENTROS

Varios autores

Género: POESÍA

Editorial 4 de Agosto; 207 págs.

Una de las cosas maravillosas que tiene la poesía, ya lo he comentado alguna vez, es que, al margen de su mayor o menor calidad –en el caso de que la calidad poética fuera posible medirla de forma objetiva y no fuese una cualidad cambiante- siempre tiene un público que se siente identificado con el lírico mensaje de los versos. Así ocurrió en la presentación de este libro de poesía, titulado ENCUENTROS, en el que 15 escritores riojanos, pertenecientes a la Asociación de Amigos de la Poesía de la Rioja Baja, nos muestran sus últimos poemas.

Este grupo poético, surgido en torno al colegio público “La Estación” de Arnedo, lleva a cabo una importante labor de divulgación poética por los pueblos riojanos, lo cual siempre es de agradecer. Los autores de esta obra son: Teo Basterra, Miguel Correas, Michel Garrido, Antonio Lezana “Bohe”, Leyre López, Mario Martínez, Miguel Marzo, María José Marrodan, Iván Mendoza, Petricio Nájera, Augusto Olarte, Adrián Pérez, Madelayne Pérez, María Jesús Robles y Máximo Sicilia; el prólogo es de José Luis Pérez Pastor y el epílogo de José Ángel Lalinde.

Es un libro de estilos variados, como no podía ser de otra manera, que contiene poemas en versificación clásica, como los hermosos sonetos de Adrián Pérez o Mario Martínez, también los versos libres y sugerentes de Teo Basterra y hasta los haikus de Miguel Correas, pero lo principal, lo que hace valioso a este libro, es el empeño común de los poetas en sacar a la luz sus poemas, después de pasearlos por pueblos y ciudades, mostrarlos en papel, juntos, con esa amistad que se siente, tan escasa a veces en el mundo literario y tan necesaria.

Ante la imposibilidad de mostrar el trabajo de cada uno, acabo con estos hermosísimos versos de Mª José Marrodán, que nos recuerdan a un gran poeta, ya ido: (…) en la luna cerrada de las horas,/ en el vértice azul de la tristeza,/ en esta noche que dicen ha muerto / Ángel Gonzalez (…) / Y en el caso de ser cierto estará / en la madrugada que es su casa, / en el amor que no sabe de edades (…) / y a imaginar, sólo a imaginar,/ que nos toma la mano, mientras le recitamos / un poema, un último poema dedicado.

ALONSO CHÁVARRI”

04 Mar 2009

CORRUPCIÓN Y ELECCIONES

Lo de aprovechar la política para hacer dinero, no es nada nuevo. En la dictadura, estas cosas no trascendían, pero se sospechaban, y, como decía aquel: “A mí póngame donde “haiga”, que de lo demás ya me encargaré yo.” Algunos ingenuos pensaron que, con la llegada de la democracia, se acabarían los “negocios políticos”; otros, más ingenuos aún, creyeron que lo de meter la mano en el saco común era cosa de la “derechona” y se acabaría con la llegada de la izquierda al poder, como si la débil naturaleza humana entendiese de colores políticos; muchos aún no han perdonado ni se han recuperado de aquella corrupción asombrosa, llamada de los Roldanes, que proliferó en la izquierda de los últimos ochenta: caso Roldán, director de la Guardia Civil, asunto del Boletín Oficial del Estado, caso Filesa, despacho de Juan Guerra … etc., etc.-. Luego ha habido otros casos, aclarados o bajo sospecha, como el del famoso 3%, las tragaperras o los múltiples desmadres relacionados con el urbanismo y la construcción: Andratx, Ibiza, Marbella…, uno no tiene más que tirar de hemeroteca.

Estos trapos sucios, que ayudan a limpiar, suelen aparecer preferentemente en épocas electorales, con el evidente fin de minar la credibilidad de algún partido y, desgraciadamente, o tal vez no, entran, por costumbre, dentro del juego político. Estas elecciones de marzo, a pesar de ser unas elecciones menores –y que no se ofenda nadie- han sido especialmente virulentas, en este sentido, y los medios de comunicación se han hecho de eco de corrupciones y posibles corruptelas varias: los casos del yate y los negocios eólicos, así como el lujo asiático de las sillas, que han costado las elecciones gallegas; el asunto del cazador cazado sin licencia, que costó la dimisión al ministro; las esparcidas dudas sobre la financiación irregular de algún partido, que todavía colean; más casos urbanísticos… demasiado para tan corta campaña.

Yo no sé si levantar las alfombras, en época electoral, ayuda a separar el grano de la paja, supongo que sí, y más vale tarde que nunca, pero pone en solfa la credibilidad de la clase política y eso no es bueno. Hace unos días, un veterano y admirado columnista, de nuestro diario LA RIOJA, se refería a la clase política española como “la más zafia y ambiciosa del mundo libre”; sin duda exageró, pues la proporción de políticos bajo sospecha es muy pequeña, aunque siempre resulte demasiada, y los muchos buenos no merecen ser metidos en el saco de los pocos malos, a pesar de que en el tema de la corrupción continúe lloviendo. Y sobre mojado.

“ALONSO CHÁVARRI”

Sobre este blog

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La plazuela perdida

El escritor riojano Jesús Miguel Alonso Chávarri es catedrático de Matemáticas y autor de las novelas: 'TASUGO' (Premio "Villa de Madrid") y 'LA HIPÓTESIS DEL CONTINUO: una historia de la transición'. Ha recibido multitud de premios por sus relatos y poemas, algunos recogidos en el libro "De BUENA FUENTE". Enlaces recomendadosBlog de Leiva

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