Por Jesús Miguel ALONSO CHÁVARRI
05 Mar 2008
¿NI MORAL CATÓLICA NI ÉTICA LAICA?
Una jota riojana, escuchada de niño en las rondas festivas de las cuadrillas de mozos, decía así: “Caminito de la iglesia,/ cuántas medias habré visto,/ cuántos pecados mortales/ habré cometido a Cristo.”
Hoy no tendría sentido esta jota, pues, afortunadamente, el concepto de pecado ha cambiado mucho; y digo “afortunadamente” porque aquel concepto de pecado, impuesto a la niñez en la educación católico-franquista de la posguerra inacabable, amargó la vida a muchos, especialmente a quienes eran de conciencia escrupulosa, creían firmemente y seguían las normas de
A pesar de estas contradicciones entre doctrina y vida, aquella mala educación tuvo efectos positivos en otros aspectos, por ejemplo: ayudó a que los adolescentes se formasen en la renuncia a ciertas cosas, en el trabajo y en el sacrificio, como medio para conseguir un fin –no confundir con el sacrificio inútil, difícil de entender-. El sustituir aquella moral obligada por una ética laica fue el gran reto de la democracia, pero hay que reconocer que no se ha conseguido: hemos pasado de aquella dominación, de aquel absurdo intento de controlarlo todo, hasta los sentidos, al hedonismo como forma de vida; las nuevas generaciones no aceptan con facilidad que no todo se puede conseguir, y la ética personal brilla por su ausencia. Tampoco
“ALONSO CHÁVARRI”
20 Feb 2008
EL CREPÚSCULO DE LAS IDEOLOGÍAS Y EL ÁTICO
Hace cuarenta años, el libro “El crepúsculo de las ideologías” nos hizo sonreír a muchos, por lo que de dislate se nos antojaba el título y por la intención del autor. Olvidando la intención, hemos de reconocer que el título fue una premonición de lo que se nos avecinaba, pues hoy en día, a pesar de que algunos se empeñen en negarlo, las ideologías han desaparecido, prácticamente, del mapa político y, casi diría, del equipaje personal de los ciudadanos. Echemos un vistazo a nuestro alrededor: Todos los partidos de cierto peso aceptan, sin pestañear, las reglas económicas marcadas por Bruselas o el Fondo Monetario Internacional, -o quien sea, que eso nunca queda muy claro para el profano-, esas reglas que proclaman la bondad incuestionable del libre mercado y el crecimiento económico como meta –aunque, a la larga, el crecimiento insensato sea la tumba de la especie, pero a quién importa lo que suceda dentro de x años- y que hacen que los partidos se parezcan, en lo fundamental, como gotas de agua. Lo extraño es que diciendo, los distintos partidos, casi lo mismo, pues las diferencias se marcan, sobre todo, en asuntos secundarios: moral y costumbres, pequeñas disensiones en la distribución de partidas presupuestarias, discrepancia en la forma de solucionar problemas ocasionales, etc., la vida política se encuentre tan crispada, sin que existan razones de fondo para tal crispación; lo cual me lleva a pensar que la crispación es pretendida, se alcanza, fundamentalmente, con el verbo poco amable de algunos políticos, siempre empeñados, más que en convencer al elector, en molestar y ridiculizar al adversario.
¿Y cómo vota el ciudadano, si han desaparecido las ideologías? Buena pregunta, que no admite una respuesta única para todos, aunque supongo que, en buena medida, se hace por eliminación, una variación, salvando las distancias, de aquellas demostraciones “por reducción al absurdo”, en que uno se queda con quien menos le incomoda, con quien menos mete la pata, o con quien cree que despilfarra menos. Y no es asunto baladí, en la lógica del elector, este del despilfarro. Por eso son tan peligrosos, para su partido, algunos altos cargos que no calibran el alcance de ciertas decisiones, esos personajes que, una vez llegados al cargo, olvidan con demasiada facilidad que han de dar cuenta de sus actos, como representantes públicos, esos que despilfarran el dinero de todos con demasiada alegría, ya sea regalándose viajes en avión, para asuntos privados, o gastando 250.000 euros en arreglarse un ático.
“ALONSO CHÁVARRI”
06 Feb 2008
TITÍN
Cuando era pequeño, yo quería ser Titín. En realidad, todos los niños de Leiva queríamos ser Titín, cuando, en el recién estrenado frontón, jugábamos con aquellas pelotas verdes, de goma, que venían en las cajas de zapatos Gorila. Casi siempre era Pitín el que hacía de Titín, y no porque su nombre sonase parecido, sino porque era quien mejor jugaba a la pelota y, además, le salían heriditas entre los dedos, de tanto jugar, como a los pelotaris. Los demás habíamos de conformarnos con ser Nalda, Del Val, Pablito o los hermanos Barberito. Una vez sí conseguí ser Titín; fue cuando mi tío Julián me hizo una pelota, con ovillo de tripa, gomas de una faja y lana del viejo jersey, la forró con cuero de animal y consiguió que la pelota “sonase”. Cuando uno era dueño de una pelota que “sonaba”, tenía muchos privilegios, y uno de ellos era jugar con el nombre de su pelotari favorito.
Todo comenzó a finales de los años cincuenta, cuando, cansada de jugar sin cuchillo, en la pared de la iglesia o en el palacio, donde las pelotas se picaban en las uniones de los sillares y en el suelo terroso, la villa de Leiva decidió construir un frontón. Se hizo “a veredas”, trabajando los hombres del pueblo, que es como se hacían las obras municipales, en aquella posguerra inacabable de escasez, letanías y brazos en alto, hasta que el frontón quedó precioso, con gradas para los espectadores, brea entre los cuadros y un cuévano alargado, por el que escapaba el agua de las tormentas; y el escudo de “una grande y libre”, en el frontis, pintado de rojo, hasta que la lluvia hizo parecer que el águila lloraba sangre.
El partido de inauguración fue un acontecimiento, en el que se enfrentaron, de blanco y con fajas azules y rojas, Titín y Pablito contra Nalda y Del Val. El partido, al decir de los entendidos, lo ganó Titín, que era el zaguero dominador, aunque Del Val consiguió dar un gran pelotazo, que envió la pelota a botar a la tierra, que comenzaba en el ocho. El buen juego de Titín fue el que hizo que todos los niños quisiéramos adoptar su nombre, todos menos Nicasio el Golondrino, quien siempre quería llevar la contraria, jugaba a botivoleo y se empeñaba en ser el zurdo de Mondragón.
Mi tío Eusebio, que fue pelotari aficionado, cada vez que ve jugar a Titín III, después de decir la frase: “Si este Titín hubiera sido vasco, ¡dónde estaría!”, se acuerda del otro Titín, de su padre, y repite: “¡Quién nos iba a decir que de aquel zaguero iba a salir este delantero!”
Ahora se está cubriendo y remozando el viejo frontón de Leiva, que pronto será inaugurado por segunda vez. Sería bonito que, después del partido, los niños continuasen disputando por llevar el nombre de Titín, aunque, bien pensado, eso ocurrirá de todas las maneras.
“ALONSO CHÁVARRI”
30 Ene 2008
NÚMERO 23 DE LA REVISTA FÁBULA
La revista literaria riojana “Fábula”, siempre bien dirigida por el profesor y escritor Carlos Villar, se consolida en el panorama nacional de las revistas literarias. Sin duda, tiene mucho que ver, en esta consolidación, la seriedad del consejo de redacción, formado por Eugenio Sáenz de Santa María y María Luisa Lázaro, ambos escritores y entendidos en la materia, que han conseguido dejar atrás tiempos más confusos y hacer que en la revista prime la calidad.
En este número 23 destaca la variedad temática: además de apartados habituales como “NOS VISITARON”, donde Pilar Salas escribe sobre el poeta Luis Alberto de Cuenca, y Eugenio Sáenz de Santa María sobre Mario Vargas Llosa, “DE AQUÍ Y DE ALLÁ”, donde se hace crítica literaria y reseñas de libros, o los dedicados a poesía –hay poemas de Iván Montes, Alfonso Aguado, Carmen Beltrán, Nerea Férrez, Irelia Pérez, Fernando Abascal y Carlos Martínez Aguirre- y relato corto -escriben Fernando Krapp, Luis M. Díez Merino, Daniel Alejandro, Miguel Canterac y Nina Melero- se presentan once relatos muy cortos de Juan Pedro Aparicio, reflexiones literarias de Fernando Abascal, poemas de la condesa de Noailles, traducidos por Mireia Alonso, que hace un pequeño trabajo de investigación, y una entrevista de Blanca Fernández al poeta Leopoldo María Panero.
Me ha parecido especialmente oportuno el editorial sobre “LAS NOVELAS-ABORTO”, reivindicación del escritor que intenta escribir bien, cuidando lenguaje, ética y estética, y actualmente abandonado por las editoriales, que sólo piensan en “minimizar riesgos”, llevando a las listas de libros más vendidos a “los sospechosos habituales” de una literatura degenerada, facilona, sin chicha ni limonada, sólo apta para leer en la playa, porque, si el libro se lo llevan las olas, no se pierde nada.
Hermoso el número 23 de esta revista FÁBULA, que nos muestra en sus páginas destellos literarios de hoy y de siempre.
“ALONSO CHÁVARRI”
27 Ene 2008
VINO Y LITERATURA
Título: HISTORIAS PARA CATAR
Autor: Benjamín Prado, Javier Casis y otros
Género: Relato corto
Edita: Tropo Editores
Es una buena idea la edición de este libro de relatos, relacionados con el vino, en el que diez autores aportan su experiencia literaria, y una bodega aragonesa financia el intento de casar vino y literatura; aunque hubiera sido más lógico que este proyecto naciese en
Estas “HISTORIAS PARA CATAR” son diez relatos bien escritos, de estilo variado y que se leen con mucho agrado, pues, además del interés añadido del vino como objeto literario, la calidad de sus autores es reconocida. Estos escritores son: Lara Moreno, Martínez Lainez, Elena Medel, Lorenzo Mediano, Pilar Zaldívar, Javier Pérez, Félix Romeo, Daniel Gascón y el riojano Javier Cásis, además del conocido y más mediático Benjamín Prado, que inicia el libro con un buen relato y que, curiosamente, es el único no relacionado con el vino. Suele ocurrir.
“ALONSO CHÁVARRI”
23 Ene 2008
POLÍTICOS HETERODOXOS Y ELECCIONES
El político heterodoxo es una especie no demasiado frecuente en nuestra democracia, entendiendo como tal al militante de partido poco amigo de seguir las pautas de conducta aconsejadas por el grupo político al que pertenece, o aquel que aparece en política, por primera vez, en los lugares cabeceros de una lista electoral, como si de un fichaje futbolístico se tratara. La principal virtud, de estos políticos heterodoxos, es que pueden pescar votos en aguas no frecuentadas por barcos de su formación; y no suelen gustar a los férreos militantes con aspiraciones.
Tradicionalmente, las formaciones de izquierda suelen manejar bien la heterodoxia política, integrando con facilidad en sus listas a dirigentes de grupos alternativos, a personalidades mediáticas y a personas de variada orientación sexual o creencia religiosa; y, si tienen en su seno a destacados militantes, que puedan pescar votos en tradicionales caladeros ajenos: católicos, empresarios, etc., los cuidan con inteligencia. La derecha, en este aspecto, no se suele manejar tan bien: si realizan fichajes electorales, en vez de hacerlos entre personalidades atrayentes para el electorado que navega entre dos aguas, que es el que decide las elecciones, los hacen de grandes hombres de empresa, de hábiles contramaestres del IBEX-35, que solo entusiasman a quienes ya están entusiasmados, no generando especial fervor en ese porcentaje de votantes dudosos que decide quien gobierna; y cuando disponen en su formación de algún posible gran parlamentario, capaz de generar ilusión en ese centro decisivo, al que todos aseguran pertenecer, lo suelen dejar de lado, prefiriendo contentar al férreo grupo de simpatizantes alérgicos al centro.
La izquierda tenía difícil las próximas elecciones, dada la volátil coyuntura económica, precursora de crisis, y ciertos errores de gobierno, fáciles de recordar, pero se han encontrado con ayudas inesperadas, que han vuelto a colgarles el cartel de favoritos.
Los votantes indecisos, los que en cada consulta electoral se plantean la dirección de su voto, suelen querer candidatos cercanos, buenos parlamentarios, pero gente normalita, al menos en apariencia, personas que generen esa ilusión que busca su indecisión, como pueden ser los aspirantes riojanos de la derecha al Congreso de los Diputados, a quienes en Génova, al apartar la heterodoxia, se lo están poniendo más difícil, aunque siempre podrán mirar hacia su casa riojana, que funciona muchísimo mejor que la madrileña. Sin comparación.
“ALONSO CHÁVARRI”
08 Ene 2008
ELOGIO DEL HOMBRE TRANQUILO
Esto debe ser: me estoy volviendo viejo. Dicen que uno de los primeros síntomas de vejez es no estar de acuerdo con los nuevos tiempos –los tiempos presentes siempre son nuevos- y a mí, la verdad, alguno de los símbolos de estos nuevos tiempos, que nos ha tocado vivir, no me entusiasman.
El otro día, hablando con unos amigos, alguien comentaba la gran suerte de Fermín, porque su hijo había encontrado trabajo en Washington, distrito federal: “Trabaja mucho, pero gana bien y, sobre todo, ¡qué suerte!, ¡vivir en los Estados Unidos!”. Pues yo, qué quieren que les diga, no veo la suerte de Fermín por ninguna parte, a no ser que mi amigo quisiera perder de vista, de una vez, a su hijo, que todo puede ser posible en estos tiempos de treintañeros viviendo con papá y de papá, pero a mí no me hagan mucho caso, ya les digo que me debo estar volviendo viejo.
Con los viajes me pasa lo mismo, que no voy de acuerdo con la opinión general, o sea con los tiempos. Si por algo se caracteriza este siglo veintiuno, y las dos últimas décadas del siglo pasado, es por la pasión viajera de aquel que puede permitírselo, esos maravillosos viajes a países exóticos, a ciudades de moda, a estaciones invernales, a playas paradisíacas, a ..., lugares cercanos o lejanos, según las posibilidades de cada cual, o las ganas de endeudarse, y que, supuestamente, hacen morir de envidia al prójimo, pues ya digo que EL VIAJE se ha convertido en objeto del deseo de cualquiera que quiera sentirse instalado en la modernidad. Yo, sin embargo, cuando pienso en un viaje, comienzo recordando los overbooking que pueden dejarte tirado en el aeropuerto, los mil inconvenientes de esos lugares exóticos, las colas, el agobio y el frío de las estaciones invernales, el calor y similar agobio de las playas, no tan paradisíacas, y los enormes atascos de las ciudades de moda; y si, al final, salgo de viaje, además de no sorprenderme ni emocionarme nada, pues todo resulta como esperaba y conocía, me lo paso recordando lo bien que estaría plantando lechugas y cebollas en la huerta, leyendo tranquilamente en casa, o merendando en la bodega con los amigos.
Reconozco que soy raro, me conformo con la placidez y tranquilidad de mi pueblo riojano y, a ser posible, con tener cerca a los que me quieren; y tengo la sensación de que buena parte de quienes se embarcan en aventuras viajeras están huyendo de algo, pero, insisto, no me hagan mucho caso porque debe de ser que me estoy haciendo viejo, y los viejos, ya se sabe, nunca han entendido la modernidad.
“ALONSO CHÁVARRI”
25 Dic 2007
LA TRADICIÓN Y EL GORDO DEL POLO NORTE (CUENTO DE NAVIDAD)
Érase una vez un país, bañado por el mediterráneo y por la mar océana, que vivía feliz, aún en la escasez, con sus tradiciones navideñas: el portal y el nacimiento, con su mula y su buey, la estrella de los magos de oriente, que les conducía cada año hasta Belén para llevar al recién nacido oro, incienso y mirra, los inocentes… Y las gentes de este viejo y gran país, cada año, cuando llegaban las fechas del adviento, hacían recuerdo de sus tradiciones milenarias: alegraban sus casas con belenes, adornados con musgo de los valladares que miraban al norte –eran tiempos libres en que no estaba penada su recolección- prendían muñecos de papel en la espalda de sus amigos, el día veintiocho de diciembre, al grito de “los inocentes, los inocentes, que llevan carga y no lo sienten”, tomaban la senda de las bodegas, en la tarde de Nochebuena, para probar el vino joven, o mandaban a sus niños a cantar villancicos por las calles y a esperar, el último día de diciembre, el transporte que traía al misterioso hombre con más ojos que días tiene el año. Y, durante siglos, aún en la escasez, ya lo he dicho antes, fueron felices con sus tradiciones.
Sin embargo, los tiempos comenzaron a cambiar, llegaron noticias de otros reinos y otras gentes, de otros lugares y de otras costumbres, de otras formas de vida, en que la frugalidad y la moderación eran pecado, y el consumo y el negocio eran los dioses a adorar; y aquel país, bañado por el mar mediterráneo y por la mar océana, comenzó a ser un país desconocido para sus propios habitantes. Alguien decidió, no se sabe bien quien, que era conveniente, por mor de los nuevos dioses y para la buena marcha de las cosas, cambiar las tradiciones; y, al igual que otras más, las tradiciones navideñas iniciaron el camino del cambio. Muchos suprimieron nacimientos y portales –por sus connotaciones religiosas, dijeron, sin caer en la cuenta de que su civilización no podía explicarse sin esas connotaciones- y olvidaron prender muñecos en la espalda de sus amigos y enviar a los niños a esperar al hombre, que llegaba con más ojos que días tiene el año; a cambio, introdujeron en sus casas clónicos árboles foráneos, adornaron las puertas con sucedáneos de muérdago y ramitas silvestres y adoptaron como suyo un personaje extranjero, gordo y vestido de rojo, que llegaba del polo norte en un trineo tirado por renos, y que, ridículamente pesado, escalaba sus balcones con un saco al hombro. Y así, quisieron ser felices, instalados en la modernidad, pero era sólo imaginación y apenas lograron ser vasallos de otros mundos. Y tardaron las gentes de aquel gran país en darse cuenta de que quien olvida sus raíces está condenado a arrepentirse y a vagar por el limbo de la desmemoria.
“ALONSO CHÁVARRI”
17 Dic 2007
EL MIEDO A LO DESCONOCIDO
Título:“HISTORIAS DEL LABERINTO”
Autor: JAVIER CASIS
Género: Relato corto
Editorial: HUERGA Y FIERRO
Es bien sabido por sus lectores que Javier Casis tiene muy buena pluma para los relatos “del otro lado”, esos relatos cortos en los que mezcla, en dosis adecuadas -ahí está la clave del éxito- misterio, cotidianidad, inquietud, fantasía y un terror suave, producido por lo desconocido. En este libro, “HISTORIAS DEL LABERINTO”, presenta diez relatos muy bien medidos, varios entrecruzados, en los que recupera alguno de sus anteriores personajes; estos cuentos mantienen un “desconcertante” interés para el lector, empujado a leerlos con avidez, además de resultar inquietantes y perturbadores.
Sabemos que Casis es un escritor cuajado, de amplios conocimientos, útiles a la hora de escribir, y que en cada libro mejora su prosa, pero en estas “HISTORIAS DEL LABERINTO” ha conseguido dar con el tono narrativo adecuado a su empeño, lo cual le ha llevado a presentarnos un gran libro de relatos, que no desmerece de la media docena que son alabados cada año en este país. Por poner un reparo, que no sé si lo es, se advierte claramente su estilo clásico, quizás demasiado, en el que el narrador habla con el lector, y que ya no está muy en uso, pero que, por otra parte, da un regusto decimonónico, de buen libro, muy del agrado de muchos lectores.
Son relatos en los que, a partir de una anécdota: un sueño, una carta, un recuerdo fugaz… sumerge al lector en la duda, en el misterio de presencias o ausencias presentidas, en la turbadora sensación de lo desconocido, siempre jugando con la relatividad del tiempo, de la realidad percibida e, incluso, de la propia vida, y en los que deja abierto el final para insistir en la inquietud de lo desconocido. Estamos, por lo tanto, ante un bellísimo libro de relatos de misterio, que leerán con avidez los lectores de Javier Casis, cada vez más numerosos y fieles.
“ALONSO CHÁVARRI
12 Dic 2007
EL INFORME PISA Y LA EDUCACIÓN ESPAÑOLA
Han preocupado las conclusiones del informe PISA, sobre la educación en España, que deja a nuestro país en el pelotón de los torpes, y es más que razonable la preocupación; por el contrario, el informe deja muy bien parada a nuestra comunidad riojana, situada entre los mejores países del mundo, pero no deberíamos sacar pecho, que no es bueno, y sí seguir en esta línea de mejora.
Era de esperar el mal resultado español, ya que el estudio se hizo a muchachos de 15 años, casi al final de nuestra enseñanza obligatoria, y la filosofía de
Es indicativo que las comunidades mejor paradas en el informe sean
Por último, no estaría de más recordar que en Finlandia, líder educativo y espejo en el que mirarse, las aulas tienen la mitad de alumnos que en España, y los mejores profesionales intentan entrar en el sistema educativo, por la gran consideración social del profesorado, justo lo contrario que en España. Las cosas raramente ocurren por casualidad. Y los éxitos educativos tampoco.
“ALONSO CHÁVARRI”
Sobre este blog
La plazuela perdida
alonsochavarriEl escritor riojano Jesús Miguel Alonso Chávarri es catedrático de Matemáticas y autor de las novelas: 'TASUGO' (Premio "Villa de Madrid") y 'LA HIPÓTESIS DEL CONTINUO: una historia de la transición'. Ha recibido multitud de premios por sus relatos y poemas, algunos recogidos en el libro "De BUENA FUENTE". Enlaces recomendadosBlog de Leiva
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