ACLARACIONES DIVERSAS PARA REFRESCAR LA MEMORIA ( II )

Continuando con esta larga reflexión y en cuanto al caso concreto de Navarra, tras los más que vergonzantes momentos vividos a resultas del tan traído y llevado proceso de negociación del actual gobierno con ETA, sólo cabe decir que estamos ante más de lo mismo: cinismo, falsedades, oportunismo político, desconsideración hacia la voluntad popular, deslealtad… Así pues y más allá del más que por si mismo elocuente y no menos dantesco espectáculo dado a raíz de las elecciones forales por el PSN-PSOE -sobre si gobierno socialista con abertzales sí o no-, en el supuesto caso de que susodicho proceso de negociación no hubiera saltado por los aires -como, incluso, tuve a bien vaticinar en estas páginas antes incluso de que se admitiera la existencia de las referidas negociaciones-, y por más que ahora se quiera negar la realidad de cuanto se escondía tras el mismo, en la hipótesis de que hubiera podido prosperar esta más que reprobable “iniciativa negociadora, es absolutamente oportuno afirmar que hoy no solamente estaríamos asistiendo a una inicial puesta en marcha de las bases necesarias para llevar a cabo en la Comunidad Foral de Navarra: tanto un proceso previo de progresiva concienciación como de minuciosa y sutil preparación social. Esto, obviamente y según no pocas opiniones, a fin de garantizar el éxito en un posible futuro referéndum de cara a intentar garantizar la anexión definitiva de la misma a la Comunidad Autónoma Vasca.

Consecuentemente y que duda cabe, ante cuestiones tan extremas y a priori inaceptables para una inmensa mayoría social -y no sólo en Navarra sino en España- y por ende no dispuesta a ceder la exigencia de unos compromisos y garantías políticas absolutas en semejante dirección, con además unos plazos concretos, irrevocables y públicos en cuanto hace referencia al cumplimiento de todos los acuerdos logrados sobre la mesa de negociación, es harto evidente que se trataba en última instancia de una exigencia excesiva incluso para este gobierno socialista, por mas absolutamente caciquil que sea -a pesar de los más que característicos exagerados tintes despóticamente totalitarios como los que, a menudo, ha venido poniendo de relieve. Hasta tal punto y en relación con esto último, esto es tan fácilmente constatable que no ha sentido siquiera el más mínimo pudor a la hora de mentirle, y del modo más soez, a toda la sociedad española. De cualquier modo y todo hay que decirlo, al margen de sus más que censurables devaneos y si en verdad hay algo manifiestamente destacable, lo es también el hecho cierto de que, desde una claridad meridiana e incuestionable y firme determinación, no pocos españoles han sido capaces de poner freno a una deriva a todas luces tan suicida como a la que, para vergüenza de propios y extraños, nos venía arrastrando el presidente Rodríguez con una tan incalificable e irresponsable actitud de entreguismo ante las exigencias de una simple banda de malhechores.

Es más y solamente puede albergarle alguna duda a quienes no sienten el más mínimo pudor tener un gobierno instalado en la mentira y maniqueísmo permanentes, es pertinente resaltar asimismo que, de haber llegado hasta el final tan desventurado y alocado proceso, no sólo estaríamos asistiendo en estos momentos a los preludios de un posible pacto a la catalana con los radicales abertzales del entorno etarra en dicha Comunidad Foral, sino que estaríamos ante el preámbulo de más de lo mismo en la Comunidad Autónoma Vasca. De ahí, ante el temor a que pudiera llegar a producirse un posible clima favorable para ello el gran nerviosismo de un PNV que, por estas y otras razones ya desmenuzadas en artículos anteriores también aquí publicados -tal y como metafórica y coloquialmente suele decirse-, entre otras cosas optara por radicalizar de manera tan extrema su estrategia y “echarse al monte”. Sobretodo, ante la clara evidencia de haberse llegado a aceptar en su momento por parte del actual gobierno durante el susodicho proceso negociador tratar el tema de buscar soluciones a la tan prioritaria para ETA cuestión de: “la autodeterminación del País vasco”.

Por consiguiente y en relación con todo lo mencionado en la primera parte, sin duda alguna puede afirmarse, y con inequívoca rotundidez, que este gobierno socialista ha ido infinitamente más allá en sus devaneos y negociaciones con ETA que el del propio Felipe González en su día. A este respecto y para mayor aclaración, como bien fueron haciendo ver en aquellos momentos, y muy especialmente por parte del entonces ministro Barrionuevo -como también tuve la oportunidad de comentar hace años en otro artículo aquí publicado: “Y PORQUE SABEN DONDE ESTÁN, NEGOCIACIÓN CON ETA NO”-, de ningún modo aceptaron jamás ni tan siquiera tratar el llamado “derecho autodeterminación”. Como jamás tampoco durante la etapa de negociación felipista, y por más que a este gobierno le haya resultado más conveniente ahora variar tácticamente su actitud anterior, recrudeciendo su política antiterrorista con el fin de oficializar un nuevo posible proceso de negociación, llegaron a otorgarle a la misma el cúmulo de incalificables concesiones -para no pocos incluso presuntamente delictivas y que iré tocando más adelante-, el exagerado boato de todo tipo, ni una tan descomunal proyección como, tan vergonzosa y vergonzantemente, se ha venido haciendo abiertamente durante la pasada legislatura.

Por otra parte y según diferentes fuentes poco -que a su vez sostienen que no se ha dejado de mantener contactos negociadores-, se trataría de un nuevo proceso de negociación que, a diferencia del esperpento oficialmente mantenido hasta hace bien y como bien a la vista está, en este caso pretende ser llevado a término con una ETA con el llamado sector duro más descabezado. Para lo cual y como una parte más de la estrategia global, incluido también el acercamiento de presos que se viene llevando a cabo actualmente. Lo cual y como no podría ser de otro modo, ha vuelto a despertar no poca preocupación en ámbitos diversos.

Indudablemente y al margen de que no ve o no se entera quien no quiere, el incalificable proceso de negociación protagonizado por el gobierno actual, por más que se quieran negar, tergiversar y manipular los más que tozudos y conocidos aberrantes hechos, lo verdaderamente cierto es que no sólo ha provocado una profunda sensación de humillación y desmoralización en las víctimas del terrorismo, sino entre una importante mayoría social. Mayoría social que, por cierto, no tuvo pereza alguna a la hora de expresar públicamente su rechazo a tanto aventurerismo gubernamental, por más intentos de descalificación y de vejación orquestara esta falsa progresía y demás palmeros y pesebristas estómagos agradecidos del coraje subvencionado. Aquí, para intentar justificar lo injustificable, no basta con intentar aducir de forma ladina aquello de que, el PSOE, ha vuelto a ganar las elecciones, ya que, también las ganaba en Alemania y democráticamente, el propio Hitler. Lo que, por tanto y así de triste y no menos preocupante, nos sitúa ante un gran sector social no menos corrompido e inmerso en unos muy elevados niveles de desconocimiento, desinformación y decadencia moral. Tal vez, a este respecto y ya en el extremo, nada más elocuente y desgarrador que la fotografía de los “amigos” del recientemente empresario asesinado en Azpeitia jugando a las cartas -y como si tal cosa-, mientras aun yacía caliente en el suelo el mismo.

Caótico panorama social el que hoy se proyecta desde la pasividad y tragaderas de una determinada ciudadanía totalmente despersonalizada, espiritualmente muerta y capaz de no alarmarse mientras, como ha sucedido con el presidente Rodríguez y desde una más que manifiesta deslealtad, observa como éste no tuvo reparo alguno en entrar no sólo a negociar todos los puntos de la Alternativa KAS, sino incluso a favorecer la estrategia tendente a garantizar la presencia de las diferentes franquicias de ETA en las instituciones. Por cierto y para todo aquel que se precie de respetar simplemente la decencia y transparencia política, diabólico juego propio del más repugnante particular y partidista oportunismo político. Y tanto más deleznable aun cuando, para más detalle, se ha ido infinitamente más lejos por parte del gobierno actual que lo hiciera el felipista, al entrar en el actual gobierno en la antes aludida excepción del autodenominado “derecho de autodeterminación. Fenómeno este al que, como es bien conocido y se hacia mención en la primera parte de esta reflexión, ya se hacía referencia en las manifestaciones de la vicelendakari del actual gobierno vasco.

En definitiva y para quienes no quieran cerrar los ojos o engañarse a sí mismos, a la hora de extraer las más que plausibles evidencias ciertas en torno a cuanto se ha comentado y criticado a este respecto nada como analizar con detenimiento, tanto el anterior proceso negociador producido durante el felipismo como, tal y como ya se ha afirmado y en relación con el actual, el elocuente espectáculo dado por el PSN-PSOE a resultas de las Elecciones Forales. Aunque y como es natural, hayan quedado aparcados por el momento todos los acuerdos logrados como resultado del fracaso de las susodichas negociaciones. Entre ellos, todo cuanto hace referencia a una tan traída y llevada posible estrategia tendente a la integración de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca.

En definitiva, visto lo visto y por más que muchos navarros en particular y del resto de España en general expresaran en su momento un más que firme e inequívoco rechazo a semejante antes aludida posibilidad, a priori es más que evidente que la tentación continúa latente. Especialmente, a juzgar por cuanto se ha podido intuir y conocer tanto en el pasado felipista como ahora, y por más que tácticamente y a fin de poder llegar al Gobierno de la Comunidad Foral, conviniera proyectar una imagen distinta. Por lo que, difícilmente, se puede llegar a sostener hoy sin ruborizarse que, la autonomía Navarra, pudiera ser un escollo insoslayable ante una nueva eventual negociación. Algo esto que, inevitablemente y salvo una más que manifiesta muestra de irresponsabilidad social -toda vez que alguien pueda estar pensando en que, ya ha pasada la “tormenta” suscitada de nuevo últimamente, ha podido quedar definitivamente despejado riesgo-, debiera dar lugar a un sereno proceso de reflexión y a mantenerse siempre bien alertas. Incluso aquellos que, incapaces de comprender que el terrorismo es absolutamente insaciable, se meten a aprendices de brujo ante tan complejas y delicadas cuestiones.

Y es que, como es bien sabido, por más que los actuales dirigentes socialistas insistan tan cínicamente hoy en que aquí no ha pasado nada – a fin de enmascarar la gravedad de sus actuaciones-, al igual que con las no menos peregrinas salidas de que la Nación española no se ha roto en referencia a las reformas estatutarias, lo verdaderamente cierto es que, en política y sin duda alguna, determinados delicados y sensibles procesos de cambio no se producen nunca por generación espontánea. Naturalmente, salvo que sea mediante el recurso a modos tan despreciables como el golpe de estado. Por tanto hay cambios que, a fin de poder materializarlos por vías sólo en apariencia democráticas como es el caso, requieren inevitablemente del paso de diferentes generaciones. Para lo cual y metafóricamente hablando, se va “sembrando el germen” que permitirá ir inoculando y de modo progresivo, el consiguiente veneno con el que ir modelando y “aprisionando” la conciencia social. Y, muy especialmente, cultivando y modelando las conciencias de los más jóvenes a fin de, con el tiempo, hacer factible su definitiva consumación.

Indefectiblemente y más allá de la ideología de unos y otros, por razones bien distintas o antagónicas, naturalmente asistimos a más de lo mismo que durante el franquismo, en lo que respecta a la alienación de la conciencia social. Si bien y como si de un nuevo “caudillaje” se tratara, hemos pasado de una dictadura impuesta a una especie de dictadura admitida. De ahí que, a nivel más general y de cara a hacer posible su estrategia global el PSOE, estemos asistiendo a ver como se pretende utilizar una nueva especie de instrumento de “formación del espíritu nacional”, y ahora llamado Educación para la Ciudadanía, entre otras iniciativas propias de la más que nociva cultura del relativismo y deplorable “filosofía” de lo políticamente correcto, de no menor inquietante despersonalización y desarme moral. Entre otras cosas, claro está y esa es la gran diferencia, en la búsqueda de su ansiado proyecto del Estado Plurinacional. Sin la menor duda, pretendidamente iniciado con las consiguientes reformas estatutarias que, a su vez, fueron enmarcadas dentro del proceso de negociación con ETA -y muy anterior a Perpiñan. Lo que, más coloquial y metafóricamente hablando, se entiende como el auténtico producto de una maniobra de muy alto calado y “propia de auténtica ingeniería política”. Pero, sin embargo y como quiera que la nada escasa ingenuidad social le hace a demasiados ciudadanos estar en otra onda y, a su vez, pensar en que la sucesión de hechos concatenados que se han venido produciendo durante los últimos ocho años más o menos no tienen nada que ver entre sí, pues eso, ¡viva la felicidad!

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

ACLARACIONES DIVERSAS PARA REFRESCAR LA MEMORIA ( I )

A la vista de que los acontecimientos transcurren muy deprisa y se van eclipsando entre sí, nunca está demás intentar refrescar la memoria en relación con algunas apreciaciones que aun colean en el ambiente y suelen suscitar no poca polémica. Esencialmente cuando, incluso hoy día, pretenden seguir sustentándose con erróneos o tergiversados testimonios. Por supuesto, no tanto de cara a aquellos “convencidos” a los que en su voluntaria ceguera les sirve cualquier cosa, sino en consideración a quienes y cualesquiera que sean sus motivaciones, tienen la deferencia de leer e interpretar en su justa dimensión alguno de mis artículos de libre opinión aquí publicados.

Pues bien, en un principio y a fin de ubicarnos en el contexto en el que nos movemos, resulta previo resaltar como, con excesiva frecuencia y ante cuestiones que deben merecer un máximo interés y preocupación, nos encontramos con demasiadas personas que suelen actuar como simples altavoces -como si de auténticos autómatas se tratara-, desde una incondicional y ciega sumisión a simples consignas partidistas, y sin más profundización en el por qué y para qué de las cosas. A este respecto y por más vueltas que quiera dársele, por lo general ello suele obedecer a causas tan obvias como: una muy reducida o deficiente información, escaso conocimiento de nuestra historia real, falta de interés, muy escasa cultura política, resentimiento, revannchismo… Como es natural, no sólo me refiero a quienes puedan mantener una relación o vinculación militante con los diferentes partidos políticos, sino a tantos y tantos ciudadanos sumidos, no pocas veces, en un cúmulo de injustificados prejuicios o complejos que les arrastran incluso a “hipotecar” su propia objetividad y a abandonar la defensa del propio interés general –e incluso muy a menudo el personal-, a la hora de analizar, valorar o enjuiciar.

Así pues y habida cuenta de los ya numerosos artículos publicados, a pesar de que alguien pueda recurrir a aquello de: “la excusatio non petita, accusatio manisfesta”, como aclaración previa y de forma rotunda y manifiestamente clara, en principio resulta oportuno dejar bien sentado de cara a los clásicos manipuladores de la opinión ajena y no compartida por el pensamiento único, que mis artículos no me reportan nada más allá que la exclusiva satisfacción personal del deber moral cumplido. Asimismo, que ni por principios ni por cuanto ello anularía de facto toda credibilidad, podrían estar basados jamás en nada que no sea una minuciosa selección de informaciones, datos, documentos y fuentes, absolutamente solventes. La mentira y la demagogia tiene las “alas” muy cortas, así que eso lo dejo para los actuales gobernantes, demás dirigentes socialistas, sus “palmeros”, “profesionales del coraje subvencionado y todos aquellos incapaces de entender ya no sólo el significado de elementales principios éticos, sino siquiera los más elementales fundamentos democráticos.

De otra parte y de ello estoy convencido, para quienes juzgan lo aquí expuesto desde una desfanatizada interpretación real, sin acritud, a partir de la tolerancia y desde el respeto a la libertad de expresión, no resulta necesario ir más allá del mero hecho de, simplemente, advertir que para nada pretende ser esta página un instrumento al servicio de nada ni de nadie en particular, que no sea únicamente una modesta defensa más del interés general o bien común. Del mismo modo que, para ello, además de censurar implacablemente cuanta injusticia política pueda constatarse y desde un inalienable derecho a la libertad de expresión, jamás dejar de intentar contribuir a denunciar todas aquellas circunstancias en que pretenda utilizarse abruptamente la tergiversación, la mentira o la manipulación maliciosa y tendenciosa, de posibles actuaciones del adversario, en aras a intentar justificar los errores, despropósitos y tropelías propias del gobierno de turno o cualesquiera otros grupos políticos o sociales. Y, por supuesto y de igual manera, en lo que hace referencia a los cada vez más nocivos y destructivos nacionalismos.

En tal sentido, máxime cuando y como bien se ha podido apreciar a tenor de la contundente alarma social que se ha ido poniendo de relieve desde que llegó al Gobierno el Partido Socialista y se produjeron las conocidas alianzas anti-natura -o más bien anti-Sistema, no han hecho otra cosa que extralimitarse, y muy habitualmente, en un más que manifiesto mal uso y abuso de poder. Pues y para mayor concreción, por más que hayan revestido de un más que cuestionable carácter “legal” no pocas de las iniciativas hasta ahora abordadas, es claro que no son sino una mera muestra de simple “violencia institucional” e intolerable totalitarismo que raya la “tiranía”. Y, por supuesto, tanto en lo que concierne a la Administración Central como a algunas administraciones periféricas concretas. A tal efecto, desde una reiterada extralimitación e invadiendo del modo más impune, las más íntimas y legitimas parcelas de la vida y de las conciencias. Algo esto último que, ni remotamente, le corresponden ni legitima a gobierno alguno.

Esencialmente y del mismo modo, debe añadirse que no es ya que atenten y de modo flagrante contra elementales principios y conciencia misma de la personas, sino que incluso atacan a esenciales fundamentos democráticos y, por tanto, a los cimientos mismos del propio Estado de Derecho. De hecho, a mayor abundamiento y al margen de ley natural misma, para cualquier profano, y desde el simple sentido común, es incuestionablemente claro que ni la justicia ni la legitimidad se pueden medir en simples votos. Pues, sería tan aberrante, como intentar justificar las barbaridades del nazismo porque Hitler fuera elegido democráticamente.

Asimismo y en lo que concierne a la labor de unos políticos que no deben ser vistos como otra cosa que como “meros empleados” al servicio de la sociedad, sólo procede añadir y fuera de toda tentación hacia la “mistificación” que, cuando los políticos aciertan, simplemente cumplen con su obligación, pues para eso están y cobran. De igual modo, cuando se equivocan o no cumplen con el papel que constitucionalmente tienen reconocido y socialmente les ha sido encomendando, siempre lejos de toda ciega lealtad, de sumisos y ciegos apasionamientos e inconvenientes egoístas intereses particulares, debiera prevalecer siempre la crítica y contundencia que corresponda. Muy en especial y en virtud del recurso al mero sentido de responsabilidad ciudadana, no sólo cuando manipulan y mienten, y del modo más implacable, sino ante el hecho cierto de que, a ojos de no pocos ciudadanos, determinados grupos políticos parecen “haber convertido el erario público en una especie de botín particular” y se despilfarra -¡y de que manera!, el dinero público. Esto, por no mencionar algo mucho peor y que está en la mente de la mayoría de los españoles.

Respecto a otras cuestiones de interés que suelen suscitar una fuerte polémica, y fundamentalmente de cara a todas aquellas personas de buena fe que demandan mayor veracidad, credibilidad y confianza, afirmar una vez más que, en lo que hace referencia al traslado de los presos etarras -llevado a cabo en su momento por el gobierno del PP-, para nada se puede afirmar que fuera una particular concesión de Aznar directamente a ETA, sino una más que clara respuesta al requerimiento que, en tal sentido y por aquel entonces, le fue realizado por parte de toda la oposición en bloque. A este respecto, al margen de la tramposa y maliciosa intención de los intoxicadores de turno -y cuyo fin no es otro que intentar justificar la incalificable negociación del presidente Rodríguez con dicha banda criminal-, nada mejor que recurrir a las hemerotecas, así como al diario de sesiones del Congreso de los Diputados.

Por consiguiente y a mayor abundamiento, en cuanto a la actitud del actual gobierno tanto antes como durante el proceso de negociación, es harto evidente que hubo acuerdos previos concretos y también globales en torno a los contenidos de la propia “Alternativa KAS”. De hecho y de cara a todos aquellos españoles interesados en conocer y no silenciar o desvirtuar la verdad, conviene recodar como, con anterioridad a la oficialización de las negociaciones y tan pronto, en el Ejecutivo vasco, tuvieron conocimiento del contenido de las conversaciones previas habidas con ETA por parte de los miembros del Partido Socialista, la vicelendakari Zenarrutzabeitia y en alusión directa a los susodichos acuerdos previos precisamente, salió a los medios de comunicación a responder de inmediato con aquella tajante afirmación de: “el futuro de los vascos no lo decidirá ni Zapatero, ni ETA, sino la sociedad vasca a través de una consulta”.

Como es fácilmente entendible y en relación con lo antedicho, por cierto reacción propia del estado de nerviosismo en que se encontraba el autodenominado “nacionalismo moderado” tras, como era conocido, haber quedado excluido el PNV de las susodichas negociaciones al “ser considerado por ETA un obstáculo”. Naturalmente, ante el más que presumible coste cierto que, políticamente, puede tener siempre la evidente falta de protagonismo político en un terreno tan sensible para la ciudadanía como lo es el tan sanguinario terror etarra. Lacra por cierto, ante la cual y a ojos de no pocos españoles, el actual gobierno socialista y demás partidos nacionalistas, no parecen querer abandonar definitivamente la más que reprobable pretensión o idea de volver a las andadas de la negociación.

Igualmente y abundando aun más en la susodicha fase previa a la citada patética oficialización del proceso de negociación por parte del Congreso de los Diputados a instancias del propio gobierno socialista -porque eso y no otra cosa fue, por más que se quiera cerrar los ojos a una realidad que ya hacía tiempo estaba en marcha-, los acuerdos expresos alcanzados como punto de partida para la proyección del mismo a la sociedad, eran literalmente los siguientes: “no detención de los militantes de la organización armada y, que el proceso de paz, finalizase con la aceptación del derecho de los ciudadanos vascos a decidir su futuro, mientras que la organización armada declararía como contrapartida el alto el fuego permanente”. Derecho a decidir que, como es también de sobra conocido, sería desarrollado a través de la tan traída y debatida “mesa de partidos”, y con la participación de Batasuna.

Con posterioridad, fue cuando ya se entró de lleno en el tira y daca en base al posible desarrollo de las anteriormente cuestiones globales etarras. De ahí, el no sólo “estrambótico teatro escénico” vivido hasta ese momento y que nadie podrá olvidar jamás -y menos aun unas víctimas del terrorismo vejadas y humilladas como nunca-, sino el que, acompañado de toda sarta de manipulaciones, mentiras, ocultaciones y no menos absurda demagogia, tuvo que soportar la sociedad española durante todo el tiempo que duró dicho proceso de “negociación”. Para mayor ironía y humillación, hasta la ruptura del proceso por parte de ETA. En definitiva, toda una descomunal carga de oxigenación, protagonismo y relanzamiento propagandístico gratuito, para una banda de asesinos terroristas y, asimismo, una más que injustificada cesión a las pretensiones de una ETA más que tocada tras los gobiernos de Aznar. Realidad, esta, que ha dado como consecuencia una campaña de terror orientada a provocar la reanudación pública del antes citado proceso.

En atención a lo antedicho y asimismo, es evidente que nos hallábamos ante una aberrante situación límite en la que, más allá de incluso llegar a “avalar” la presencia etarra en los comicios y en las instituciones -como ya veremos más adelante-, en su día nos encontramos con algo tan irracional e incalificable como fue la internacionalización del por esta lacra criminal llamado “conflicto vasco”. Ello, claro está, al llevarlo inconcebiblemente el propio gobierno socialista al Parlamento Europeo y, de esta manera, otorgarles previamente a los etarras nada menos que el rango de interlocutores válidos, y al mismo nivel del Estado. Amén, de los más que conocidos y alarmantes beneficios políticos que tanto está padeciendo ahora la sociedad española.

Como es natural, en cuanto a la a priori más que cantada inviabilidad del proceso y, ciertamente, advertida con suma antelación por no pocos españoles, a la vista de semejante disparate y a nada que se hiciera un mínimo análisis tanto sobre la irretornable encrucijada en que se encontraba ETA como del cúmulo de circunstancias e intereses concurrentes, era claro que en la actualidad no podía haber gobierno democrático que pudiera resistir dar un salto de semejante envergadura y repentino al vacío como ante el que, con todas sus típicas trampas, no menos “habilidad” y la cerrazón que siempre le ha caracterizado a ETA, iba a acabar colocando al presidente Rodríguez. Indefectiblemente y como bien se ha podido ver, todo ello a fin de obligarle a materializar y de forma inmediata, el cumplimiento de los más comprometidos acuerdos en base a todos los puntos de la referida alternativa KAS.

Como resulta obvio y bien a la vista a quedado, el actual gobierno únicamente podía llegar a asumir el también en si mismo siempre arriesgado compromiso de ir materializando los acuerdos alcanzados de forma gradual. Posibilidad que, de antemano y partiendo del mero antagonismo derivado de las condiciones y concausas que le rodean, de ninguna de las formas la cúpula terrorista iba aceptar nunca atendiendo al actual momento político y demás complejas circunstancias. De ahí que, una tan impertérritamente desconfiada ETA, hoy por hoy, no tenga otra salida que la de su derrota definitiva.

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

NAVARRA Y LA COMUNIDAD AUTÓNOMA VASCA ( II )

Resulta bien evidente que, en cuanto a la Comunidad Foral, nos hallamos ante una sociedad con innumerables e innegables peculiaridades propias, y no digamos ya a nivel histórico. Así como y dicho sea de paso, un no menor coraje y con un admirable sentimiento de acogida. Sin embargo, por otra parte y quizás producto a veces de una excesiva generosidad y no menos desmedida tolerancia hacia un medieval “caciquismo y esperpénticos affaires” de su clase política -aunque por otro lado algo y justo es decirlo, muy usual también en una gran parte de España-, últimamente y de forma reiterada ha venido soportando el ingrato infortunio de caer en las desaprensivas manos de políticos ávidos de poder y, por ende, incapaces de entender el verdadero, noble y “vocacional” sentido del servicio público.

En tal sentido una sociedad que, como es natural, no se ha recuperado aun del todo de la indudable conmoción y aun mayor decepción que tuvo que soportar a raíz del patético comportamiento del, en su momento, confeso y convicto delincuente ex-presidente Urralburu y demás comparsa. Y, mucho menos aun, del indescriptible desprestigio en que quedó sumida como consecuencia de todo ello. De donde y ante tanto consecutivo despropósito y consiguiente frustración sufrido por un pueblo tan abrupta y frecuentemente golpeado -amén de defraudado y herido en lo más hondo de su dignidad-, para nada sorprendería que pudiera caer en el siempre peligroso desasosiego de abandonarse a su suerte. Algo que, indudablemente y habida cuenta de que resultaría absolutamente letal, no sólo no se lo debe permitir ni remotamente sino que debe de incitar a una más que inminente serena y pragmática reflexión a fin de, por encima de volver a caer en cualesquiera trasnochados ombliguismos o interesadas demagógicas argumentaciones derivadas de simples falsedades ideológico-históricas, plantearse la firme posibilidad de depositar la necesaria confianza, y de una vez por todas, en quienes no hayan cuestionado jamás ni jugado con la razón de ser y existir de Navarra. Todo ello, como el más conveniente modo de poder obtener mayores garantías ciertas de cara al futuro.

En consecuencia y visto lo visto, la mayoría de los ciudadanos navarros y hoy más que nunca, merecen alcanzar la lealtad de una clase dirigente política más sensata, consecuente y fiable, y capaz de defender con mayor peso político su incuestionable especial relevancia e identidad histórica. Por lo que, en el supuesto caso de que alguien pudiera estar pensando en la inoportuna posible reedición de un nuevo pacto similar al tan aldeanamente violentado ahora por los dirigentes de UPN más adelante, nada más torpe ni suicida.

Naturalmente, a la vista de lo sucedido y a todas luces, cualquier tentación en la dirección antes mencionada acabaría siendo interpretado por gran parte de la sociedad Navarra, como un acto de manifiesta e imperdonable irresponsabilidad. En base a la cual, el PP acabaría pagando un muy elevado coste electoral, ya que, en modo alguno, sería entendible y menos perdonable que este partido volviera a hacer dejación de nuevo de sus siglas y del papel preponderante que, necesariamente y de cara a una más que urgente revitalización de la confianza y esperanza de muchos navarros, le corresponde llevar a cabo como la única y más importante opción política nacional fiable en este caso. Un partido nacional serio y con aspiraciones de gobernar además al conjunto de la Nación española, además de reflejar con mayor vehemencia el sentir e inquietudes sociales en su quehacer diario, no debiera volver a quedar ni un segundo más a merced de un “caciquismo” local incapaz de ver más allá de su propio ombligo.

Consecuentemente y por más música celestial quisiera derrocharse hoy o más adelante, máxime atendiendo a como se ha arrastrado a toda una comunidad como Navarra a saltar a la opinión pública -incluso a nivel internacional-, no por sus muchas particulares excelencias y potencialidades sino por el más que rastrero juego llevado a cabo con el interés general de una gran mayoría del pueblo navarro por un mero apego al “poder” político, es evidente que no existe atractivo ninguno de cara a reeditar más de lo mismo. Ahora, salvo que se tienda hacia el abismo y fuera de todo prejuicio y complejo, se impone el hecho de que el PP asuma, inteligentemente, una decidida labor de liderazgo político en torno al cual gire cualquier firme opción de gobierno. Toda aquella iniciativa que se aleje de esta posible realidad, además ser interpretada por la mayoría de los navarros como una simple vuelta a más de lo mismo, acabaría siendo vista como un vulgar o “repugnante apaño”.

Como es natural y por mucho tiempo, hoy a quedado firmemente fijado en el imaginario colectivo como, por simples pretensiones personales y “partidistas”, se ha contribuido egoísta, codiciosa, torpe e imprudentemente por parte de UPN a quebrantar la estabilidad de Navarra, y como, asimismo, se ha puesto a esta Comunidad aun más a merced de quienes no tendrán nunca escrúpulo alguno a la hora de utilizar al pueblo navarro como simple moneda de cambio. Por lo que, ante semejante aberración y más que condenable conducta política por parte del actual presidente Sanz y demás acólitos suyos -incapaces como pocos de entender que, todo pacto firmado y sellado, ha de estar siempre basado en una inquebrantable relación de confianza-, a nadie debe sorprenderle el inicio de las tareas de reorganización política iniciada por el PP y cuantas iniciativas sean precisas, de cara a la posible implantación en Navarra de una más fiable alternativa política al Gobierno Foral. En todo caso y con todo el convencimiento del mundo, llenarles de un espíritu de renovada ilusión y esperanza de cara a poner en marcha una más que urgente regeneración de su vida pública.

De otra parte y por más dura y difícil que a priori pueda parecerle a alguien la tan honrosa e ilusionante decisión adoptada por el PP, a nadie debe extrañarle semejante esperanzadora empresa por cuanto, hoy más urgente que nunca, se sustenta por si misma en la apremiante necesidad de poder disponer de una opción alejada -para mayor garantía socio-política-, tanto de los conocidos típicos conchabeos del presidente Rodríguez con ETA y con el conjunto del nacionalismo vasco como de presuntas o o más que probadas corruptelas políticas y económicas como han venido padeciendo los navarros. Máxime, además, teniendo en cuanta que nos hallamos ante un Partido Popular siempre e inequívocamente fiel a la defensa de la identidad, integridad y estabilidad de las Instituciones Forales de Navarra. Por lo que y sin más reservas que las propias que toda iniciativa política merece a la hora de ser debidamente fiscalizada por sus destinatarios, semejante obligado paso para el Partido Popular debiera ser visto e incluso abiertamente compartido como algo esperanzador e ilusionante, por todos cuantos de verdad crean tanto en la autonomía Navarra como en el extraordinario futuro que tiene por delante.

Indefectiblemente y en relación con lo antedicho, resulta obvio que no asistimos a una situación de hipotético capricho político por parte del PP, sino a una imprescindible y lógica reorientación de la acción socio-política en Navarra como imprescindible respuesta a un negligente desenlace final como el que han propiciado los actuales dirigentes de UPN. Partido este que, como es propio de cualquier democracia asentada y sociedad avanzada, con tan reprobable unilateral y perniciosa conducta política ha hecho inviable a ojos de sus defraudados votantes de cualquier posible pacto, y menos aun, en iguales o similares términos del habido hasta ahora y tan soez y deplorablemente incumplido por el mismo. Salvo que, como es natural y políticamente hablando, una gran parte de la sociedad Navarra pretendiera suicidarse o, por su parte, el Partido Popular estuviera dispuesto a entrar en una a priori inconcebible aberración de más de lo mismo.

Indefectiblemente y como ha quedado bien probado, aquí y a excepción de que la sociedad se ponga definitivamente en el lugar que le corresponde a la hora de ejerce con la mayor objetividad imaginable su poder soberano, nada ni nadie va a “salvar” graciablemente al pueblo de navarro. En todo momento y sin el menor atisbo de duda, ha de ser éste quien, como ya se ha apuntado y articulando e instrumentalizando de forma adecuada y bien calculada la proyección y defensa de sus más nobles y racionales sentimientos -que sin duda los tiene y a rebosar-, ha de partir del único convencimiento posible: salvarse a sí mismo. Obviamente, desde una acción solidaria y libre de absurdas ataduras o falsas hipotecas ideologico-históricas, y, en consecuencia, esencial y debidamente encauzada a través de quienes nunca han titubeado respecto a la historia y legitimidad institucional de Navarra, ni con quienes acostumbran a coquetear con aquellos que no sienten reparo alguno a la hora de atacar sus cimientos, o como bien patente ha quedado, pudieran volver a tener la tentación de acabar cediendo, llegado un momento dado, a las pretensiones del nacionalismo vasco.

Finalmente y como bien suele decirse, la sociedad Navarra tiene ante sí la posibilidad de pensar de ahora en adelante en que: “un político piensa en las próximas elecciones, un estadista en las futuras generaciones”. Este es, inexorablemente, el punto de partida sobre el cual debe asentarse el nuevo periodo que, por el bien de Navarra, debiera abrirse a partir de ahora. Si no se asume la imperiosa necesidad de asumir que, a partir de lo sucedido con el desplante y falta de lealtad política del presidente Sanz, debe haber un antes y un después, difícilmente podrán instrumentalizarse los medios y medidas necesarias de cara a asentar los propios pilares en que ha de sustentarse el desarrollo futuro de la Comunidad Foral como tal.

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

NAVARRA Y LA COMUNIDAD AUTÓNOMA VASCA ( I )

Una vez más “calmadas las aguas” dentro del ya de por sí convulso panorama político navarro, tras la más que imprudente decisión tomada desde las filas de UPN, no es ninguna exageración comenzar afirmando que hemos asistido de nuevo en Navarra a una imprudente muestra más de lo que no debiera haberse producido nunca en susodicha Comunidad. Sin embargo y para decepción de no pocos navarros, quienes ostentan allí hoy la máxima representación, el presidente Sanz y quienes le han respaldando en semejante temeraria decisión de ruptura, han dejado de manifiesto no sólo que no tenían suficientemente claro el verdadero significado del sentido del deber de servir leal y fielmente a quienes les pagan: el pueblo navarro, sino lo que el propio sentido común demanda dada la delicada situación que vienen atravesando Navarra. En definitiva y como se desprende de semejante e inexplicable suicida decisión, una actitud más bien propia de meras conveniencias personales o partidistas

En verdad que, todo cuanto ha venido sucedido, resulta más que insólito y censurable a tenor del cúmulo de las más que tartarinescas e inverosímiles triquiñuelas e inconsistentes argumentaciones empleadas a la hora de intentar justificar semejante aberración con vacuas retóricas de incluso indudable trasfondo caciquil. En definitiva, una tan apabullante carencia de fundamentos mínimamente convincentes que, para mayor demencial despropósito y vergüenza ajena, resultan aun más reprobables cuando, arrogándose cínicamente y sin ni siquiera sonrojarse una no exenta carga de delirante y elevado “mesianismo”, el presidente Sanz se permite aludir a que su infumable decisión de deslealtad al PP era debida a una especie de sobrevenido, inevitable y sacrificado obligado gesto de vital trascendencia en pro de la salvación de Navarra ante la “amenaza nacionalista.

En tal sentido, por más cuento chino y fantasiosa imaginación se le quiera echar a semejante acto de temeraria deslealtad, y no sólo hacia lo pactado en su día con el PP, sino hacia todos los votantes de la “coalición UPN-PP, lo verdaderamente cierto es que tan deplorables actitudes propias de políticos ávidos de una irrefrenable ambición y codicia por el poder -y demás prebendas-, no hacen sino debilitar gravemente la fortaleza de aquellos necesarios instrumentos capaces de, entre otras cosas, garantizar de un modo eficaz y eficiente la defensa del actual status navarro. Y hoy, por cierto, más que imprescindibles ante una amenaza que transciende muy mucho de las decisiones o posicionamientos del nacionalismo abetzale, y que, esencialmente, depende de una firme actitud de lealtad a Navarra que no debiera llegar a volver intentar quebrantar de nuevo ningún otro gobierno de la Nación española con nuevos “experimentos” negociadores con los etarras.

De ahí que, a partir de la interesada escasa visión política del señor Sanz y sus seguidores, estemos asistiendo por tanto no sólo a una clara muestra de simple “egocentrismo”, sino que nos hallemos ante una muestra del más peligroso, zafio y reprobable interés personalista de un político que debiera pensar en su retirada política y definitiva, por el bien de la Comunidad Foral. Máxime, además, ante una no menos flagrante e insultante muestra de desconsideración y manipulación de la sensibilidad de un pueblo navarro al que, para colmo de males y a juicio de no pocos, han pretendido engañar del modo más chabacano, y como si se tratase de una mera “manada de ilusos”. Pues, a ojos de sus votantes y como en cualquier país de nuestro entorno democrático, semejante censurable conducta política, debiera inhabilitar de facto para el desempeño de cualesquiera responsabilidades políticas a susodicho político y cuantos le han secundado en semejante temeraria tropelía. Por lo que, llegado el momento de elegir nuevamente al futuro presidente del Gobierno Foral, y por el bien de Navarra, es de esperar que así sea.

Consiguientemente, a la vista de la tan inoportuna crisis política originada y habida cuenta de los reiterados delicados momentos por los que ha venido atravesando muy habitualmente tan extraordinaria Comunidad, es obvia la más que delicada situación ahora provocada, tan necia e irresponsablemente, por el señor Sanz y sus acólitos. Por todo lo cual, no debe perderse de vista que, producto de su más que extrema gravedad y muy al contrario de los demagógicos y populistas argumentos esgrimidos, con ello han contribuido nada menos que a situar de nuevo a Navarra aun más a merced del riesgo de debilitar, y sobremanera, su propia razón de ser y existir como tal. Quebrando, de plano, el hasta ahora bastante sólido sostenimiento y defensa de sus propios fundamentos, derechos históricos, identidad, particular personalidad socio-política e institucional. Y que, como nunca en todo el periodo democrático, le habían permitido hasta ese momento a la sociedad Navarra mantener unas más elevadas cotas de tranquilidad, estabilidad y de máxima confianza ante el futuro.

A mayor abundamiento y muestra palpable de la frivolidad de semejante imperdonable deslealtad -por calificarlo de un modo suave-, es evidente que nos encontramos ante el más que plausible resultado derivado de una maliciosa e interesada oportunista maniobra de envenenada connivencia política en la que, aprovechando la lejanía de las elecciones próximas -y todo parece apuntar a ello-, han entrado consciente y más que temerariamente para Navarra el susodicho dirigente navarro, señor Sanz y quienes le han secundado. Sin lugar a dudas con el fin de, por encima de todo e incluido el “sagrado” interés general, aferrarse al sillón presidencial.

Indudablemente y para mayor sonrojo aun, y bien claro ha quedado, maniobra auspiciada deliberada y concienzudamente desde las altas instancias del Partido Socialista según no pocas opiniones. Empleando “hábilmente” para ello, la coincidencia de los debates presupuestarios y, de ese modo, poder “tenderle” una trampa apropiada para aquellos políticos con escasa visión política y que, poco más o menos -metafóricamente hablando-, “se colocan” poco más o menos en aquella conocida disyuntiva del “Estado o yo”. Claro que, para su propia autodestrucción, sin haberse enterado aun de que, hasta ahora, el señor Sanz y demás, se han venido beneficiando electoralmente del total desprestigio en que había entrado el PSN-PSOE a resultas de la corrupción, condena y encarcelamiento del ex-presidente socialista Urralburu, Roldán y demás compañía. Pero, dicho sea de paso y por más sorprendente que pueda parecer, partido político al que una parte importante de la sociedad ha tardado bien poco en perdonar.

Por todo lo cual, además de la mediocridad e inoportunidad de tan incalificable actitud, para quienes no quieran cerrar los ojos o anteponer meros intereses partidistas -y ya no a cualesquiera valores o principios morales-, una más que reprobable conducta política por cuanto atenta, y de que manera, contra la naturaleza misma de los más básicos elementales fundamentos democráticos y la inviolable relación de confianza en que ha de basarse toda alianza electoral. De donde y a la vista de tanto continuado tropiezo y frustración, es claro que la sociedad Navarra tiene ante sí razones más que suficientes para reabrir, y de forma inminente, un profundo proceso de reflexión política de hacia donde, como y con quien quiere ir. Pues hoy, y tal vez como pocas veces, esté tan en juego el ser o no ser para Navarra. De ahí, la imperiosa necesidad de lograr una más sólida estabilidad institucional que permita establecer unas nuevas pautas globales de conducta política y social, absolutamente pragmáticas. Amén de, asimismo, tendentes a acabar con tanto reiterado mal uso y abuso del poder.

Así pues y de modo muy especial en estos delicados momentos, por encima de siempre peligrosos apasionamientos, los ciudadanos navarros debieran de procurar la máxima objetividad política en sus decisiones, y muy especial mente, habida cuenta de tanta frecuente tendencia a la invocación de “maximalistas mensajes socio-políticos” revestidos de un “dogmático bondadoso voluntarismo”, que no deja de ser la mera consecuencia de un vulgar, peligroso y envenenado populismo. Lo que es lo mismo, repudiar sin contemplación alguna tanta vacía, chabacana y demagógica verborrea como se viene vertiendo desde tiempos “inmemoriales”, y que ofende hasta la propia inteligencia.

Finalmente, en relación con lo antedicho y sin la menor duda, ese es el único medio de combatir más eficazmente tanta pretendida vulneración y acoso a la propia e inalienable libertad y legitimidad de una ciudadanía Navarra a la que, en no pocas ocasiones sobradamente conocidas, se le ha pretendido utilizar como simple moneda de cambio. Sin ir más lejos y como ya ha sido referido antes, como recientemente pudieron intuir no pocos navarros a resultas del aventurero e incalificable proceso negociador del presidente Rodríguez con ETA. Proceso mediante el cual, y de no haber fracasado, se pretendía no tan subrepticiamente superponerle al más que legítimo interés general de los navarros, pretendidas iniciativas de laboratorio nacional-socialista falsamente pacificadoras.

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

NO ES POSIBLE UNA SOCIEDAD LIBRE SIN VALOR Y CON COMPLEJOS ( II )

Como es natural y que duda cabe, tanto si se mira desde la “delirante” política actual como desde la perspectiva de un pasado no muy lejano -tan letalmente nocivo para la propia convivencia y el progreso incluso desde antes ya de la República-, para nada se puede sostener que las autodenominadas izquierdas disfruten de legitimidad alguna, sino más bien todo lo contrario. Por supuesto y que duda cabe, ya se haga referencia específicamente al caso español o cualquier otro país en el que, la en otros tiempos irracional locura radical de las ideas socialistas, hubiera causado tanto caos, estragos y exterminio, como hoy se van conociendo.

En tal sentido y por otra parte, nada hay más convincente que recurrir a los implacables hechos históricos que avalan la más que absoluta innegable realidad. Así que, por meras razones de elemental justicia y como muestra harto elocuente -y no me cansaré jamás de repetirlo-, baste recordar el irrefutable hecho cierto de que, durante el siglo XX, fueron exterminados en el mundo y en nombre exclusivo del socialismo, a bastante más de 100 millones de seres inocentes -y, por cierto, a los que el Frente Popular con los socialistas, comunistas, nacionalistas y demás al frente aportaron también su parte, y muy especialmente, PSOE, PCE y Ezquerra Republicana… En cualquier caso y en términos generales, como bien puede comprobarse, incluso infinitamente más en nombre de la izquierda que en nombre de todos los no menos repugnantes y despreciables crímenes del nazismo y fascismos juntos. A partir de semejante monstruosidad, ¿dónde están los fundamentos o razones para que pueda haber tanto complejo ciudadano? ¡Simplemente, no existen!

Así pues y dicho lo cual, está absolutamente fuera de lugar toda tendenciosa e interesada publicidad político-ideológica orientada a intentar instalar en el imaginario colectivo una “verdad” inventada, por más que se siga intentando tergiversar y falsear la historia de la II República. Así como que, al amparo de ello y tanto los partidos de las autodenominadas izquierdas como los no menos reaccionarios nacionalismos, pretendan atribuirse una falsa “legitimidad” moral que nada tiene que ver con la realidad, ya que y como bien puede constatarse hoy -recurriendo incluso a sus propios archivos-, éstos jamás defendieron ni la libertad ni la democracia.

Por consiguiente, hora es ya de superar sin reserva alguna los falsos prejuicios y complejos que, mediante la invención permanente de un pasado que nada tiene que ver con la realidad y que, tan tendenciosa y maliciosamente, le han venido siendo imbuidos en sus mentes a grandes sectores de la sociedad. Fenómeno este que, como es de sobra conocido y en su afán por desprestigiar e incluso convertir en la más cruel amenaza al sistema capitalista liberal, proviene fundamentalmente de la tan profusa labor que, durante tantos y tantos años, vino desarrollando la gran maquinaria propagandística de una extinta Unión Soviética necesitada de enmascarar su propia represión, crueldad, total carencia de libertad y no menor injusticia social, en aras a salvaguardar la gran mentira del más que perverso “paraíso socialista”.

Claro que, de otro lado, tampoco debe perderse de vista la nada desdeñable colaboración activa de todos aquellos partidos políticos del resto del mundo -y demás movimientos de todo tipo-, que tuvieron a las dictaduras de los denominados países del Este y homólogos como referentes. Y quienes, para mayor aberración histórica, no sintieron nunca ni el más mínimo pudor en respaldar abierta, directa o silentemente -según el momento-, tanta persecución y atrocidad cometida en los mismos. De ahí, que aun resulte aun más incomprensible que, la actual oposición, sea incapaz de descender al debate y contribuir al esclarecimiento de tanta falsedad político-ideológica.

Es más, como bien puede conocerse hoy y sin mayor dificultad, en cuanto al pasado y como sucediera en su momento en España, donde por desgracia quienes hoy tratan de inventarse por todos los medios una vulgar historieta sobre la “memoria histórica” a fin de enmascarar sus crímenes y miserias, inclusive acabaron imitando y hasta tan cruelmente las propias atrocidades y objetivos de aquellos -incluida la tan pretendida dictadura del proletariado que, de haber prosperado, habría supuesto el extermino masivo de amplios sectores sociales y políticos. Máxime si, tal y como antes he tenido a bien mencionar, tenemos bien presente la innegable evidencia cierta de un Frente Popular absolutamente entregado y a las más ciegas órdenes de un criminal tan repugnante como Estalin -a quien, ciertamente, llegaron incluso a entregarle las reservas de oro del Banco de España propiedad de todos los españoles. Baste no perder de vista el iniciado exterminio en las tan siniestras checas republicanas. Aquí, por más demagogia quiera derrocharse, no cabe aquello de crímenes legítimos o no, sino tan execrables y deleznables unos y otros.

Incesante, agresiva e intolerante “propaganda ideológica” que, dicho sea de paso, acabó expandiendo hasta tal punto su veneno intoxicador y con tal grado de “eficacia” que, aun en la actualidad, la comunidad internacional está pagando y a muy elevado coste, los tan nocivos efectos del para nada democrático fundamentalismo y radicalismo de las autodenominadas izquierdas. Un exacerbado fanático radicalismo, que también en España y a diferencia de lo que ahora pretenden vendernos socialistas, comunistas o nacionalistas, les caracterizó por no defender nunca durante la República ni la libertad ni la democracia, como ya he afirmado antes. Valores estos que, desgraciadamente y a las pruebas me remito, no sólo ni siquiera hoy en día son capaces de entender ni respetar, sino que están atacando del modo más frenético y fascistoide. Pues, fascismo o estalinismo, tan semejante y despreciable lo uno como lo otro.

En definitiva, como bien puede apreciarse y a mayor abundamiento, vicios y efectos, derivados de dicha destructiva propaganda aun vigentes, y tan tendenciosa y perniciosamente “revolucionarios” –claro que y como es natural, de nuevo cuño. Aunque y como bien se está viendo hoy, de manera “astutamente” enmascarada y que se ha dado en llamar: “la revolución silenciosa”. Y, por supuesto, desde una abierta asunción del capitalismo liberal y abandono -en parte más bien teórico, de los comportamientos y postulados marxistas-, por más demagogia que quiera seguir haciéndose al respecto desde la falsa invocación de un aparente talante libertario. No obstante y ante el estrepitoso fracaso del hasta no hace mucho tan ingenuamente elogiado “paraíso” socialista, es evidente que se han visto en la imperiosa necesidad de tener que retomar nuevas formas. Para ello, agarrándose a renovadas inventadas“causas”, y desde un exagerado populismo de carácter fundamentalmente efectista.

En definitiva, con la mismas típicas costumbre, demagogias y como si de ello “dependiera la salvación del mundo”, si ayer fue la defensa del más que perverso y criminal marxismo, del “internacionalismo”, dictadura del proletariado, el más recalcitrante anticlericalismo -y, esto último, continuando igualmente en la actualidad con gran intensidad y maliciosa visceralidad-, etc., hoy, desde la “filosofía de lo políticamente correcto” abarcan: el feminismo a ultranza, los matrimonios de lesbianas y homosexuales, la eutanasia, el aborto -por cierto, originario del nazismo y del estalinismo-, y demás excentricidades. Y para culminar esta especie de “paranoia”, el eco-alarmismo con la no menor bucólica farsa de: “el calentamiento global antropogénico”, como una bandera esencial y desde la pretensión de convertirla en un eslabón principal de cara a una nueva “religión” para el siglo XXI. Visto lo visto, “filosofía de lo políticamente correcto” que, en realidad y generalmente, es lo más propio de la más aberrante incorrección, y que tanto está y tan gravemente, está quebrando las libertades y sumiendo a la ciudadanía en una especie de esquizofrenia.

Por supuesto, dentro de toda la parafernalia descrita y dicho con toda la rotundidez y censura imaginables, para mayor desdoro y vergüenza ajena, incluida la incomprensible mitificación referencial, aun hoy en día, de supuestos “personajes de leyenda” que, simplemente y dada su absoluta perversidad, se corresponden con un mundo de simple falsa fantasía. Sobretodo, si se tiene en cuenta que, todos ellos, en realidad no fueron o son sino meros déspotas y despreciables criminales, ya se llamen: Lenin, Stalin, el Che, Castro…,

Y que decir, de tanto dirigentes y sátrapas sin escrúpulo alguno que pretende tomar el doctrinario relevo de aquellos. Es decir, seguir teniéndolos como referentes para el desarrollo de su labor político-ideológica en sus respectivos países, y dentro de la antes mencionada nueva aventura del “silencioso proceso revolucionario” para este siglo. Menos mal que, para consuelo de propios y ajenos, sus iniciativas no pueden derivar por lo general hacia los mismos trágicos modos y efectos de tiempos pasados, y de tan infausto recuerdo. Afortunadamente, gracias a la propia evolución social experimentada en el mundo y, en especial, a partir del último cuarto del siglo pasado. Si bien, desgraciadamente, con la excepción de bastantes subdesarrollados rincones del Planeta, donde aun se siguen reproduciendo tan espeluznantes episodios. Actitudes todas ellas que, en no pocos casos, simplemente esconden tras de sí meras ansias de poder, de lucro… Y, cuando no, de “endiosamiento” personal también. Por supuesto, como bien se ha podido comprobar y en términos generales, por parte de determinados políticos de muy bajo perfil siempre.

Por lo que aun resulta más absolutamente penoso que, a no pocos dirigentes, no sólo les pudiera resultar necesario seguir “idolatrando” a semejantes ideas y “prehistóricos personajes”, a fin de no enfrentarse a la obligación de tener que asumir el consiguiente grado de responsabilidad universal histórica ante tanta represión, crimen y decadencia como han provocado en el mundo. ¡No! Sino que, en realidad, lo resulta verdaderamente extenuante es el hecho de que a lo largo y ancho del globo terráqueo aun les siga resultando rentable a muchos líderes, partidos políticos y demás movimientos, recurrir a tanto inconsistente mensaje derivado de unas ideologías tan denigrantemente perversas para la raza humana.

Lamentablemente y en gran medida , tal vez sólo debido al propio grado de transitoriedad en que se han acabado sumiendo muchas personas tras abandonar la noción intelectual de trascendencia. Esto y que duda cabe, al haberse dejado atrapar por una tiranía del relativismo que, inexorablemente, les ha conducido hacia una decadente acepción existencial meramente consumista y materialista de la vida. Y, por tanto, de un enorme grado de insatisfacción permanente e indudable vaciedad espiritual -analizándolo inclusive más allá del aspecto meramente religioso-, que tratan de llenar con efímeros “dioses” terrenales de pies de barro y demás inconsistentes pretendidas “religiones” estatalistas. Prostituyendo y degradando hasta tal punto su propia personalidad y concepto de la libertad, como para supeditar su propia razón de ser y existir a una tan decadente, fanática y surrealista asimilación conceptual, que les lleva a ver semejante aberración histórica y todo cuanto le circunda, como un símbolo de “verdadero progresismo”. ¡Sin comentarios!

Para finalizar, desde la más firme invocación a la libertad de pensamiento, y como incluso hasta el propio Proudhon sostenía: “…Hay, a la verdad, en esto con qué humillar la intolerancia de los fanáticos, que no pueden oír hablar de una opinión contraria a la suya sin hasta cierto punto horripilarse. Sepan esos desgraciados que empiezan ellos mismos por ser necesariamente infieles a su principio, y es toda su fe política un tejido de inconsecuencias… Y es que y si se me permite: ¡pobres de aquellos ciudadanos, que dejen su vida y su futuro, en manos de algún necio y ambicioso iluminado, cualquiera que sea su ideología!

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

NO ES POSIBLE UNA SOCIEDAD LIBRE SIN VALOR Y CON COMPLEJOS ( I )

Dentro del actual momento político-social y según el criterio de amplios sectores, es evidente que venimos asistiendo a una de las más complejas, confusas y delicadas situaciones de los últimos tiempos. En la cual, el grado de desorientación, incertidumbre, falta de credibilidad, descrédito institucional, aumento de la confrontación social…, han alcanzado cotas tan elevadas como preocupantes. Un panorama de gran desencuentro social, cargado de una notoria dificultad convivencial y, a su vez, preocupante agudización de la tensión y crispación ciudadana.

En tal sentido, una sociedad que, a su vez y para mayor desarme moral, se ve en la “tiránica” tesitura de tener que soportar a un ejecutivo socialista -incapaz donde los haya-, acostumbrado al más descarado cinismo, a la mentira permanente y a la más repugnante manipulación e incitación al revanchismo y al odio. Todo lo cual, ante el ambiente de gran decadencia y elevada corrupción en que se viene dado tan perversa situación, y habida cuenta de la consiguiente sensación de frustración, inseguridad e impotencia que de ello se derivan, está sumiendo a no pocos individuos en un estado de auténtica angustia existencial.

Lamentable panorama al que, con conductas muy similares a nivel político-ideológico, y con igual descaro, impunidad y despotismo, se haya agravado paralelamente por unas no menos reprobables despóticas políticas alienantes que, desde una siempre “interesada” colaboración y en gran medida planificada desde una clara connivencia con los dirigentes socialistas, vienen llevando a cabo los diferentes movimientos nacionalistas. Esto, como ha sido siempre una constante habitual en su historia -y aunque con objetivos finales obviamente no coincidentes-, desde la mutua recíproca utilización de unos para con otros.

Consiguientemente, tarea esta que no les resulta difícil, si se tiene en cuenta su tradicional falta de pudor o reparo en recurrir a cuanto sea menester a la hora de imponer sus pretensiones. Propiciando unos elevados niveles de descomposición política e institucional donde todo vale, y donde la miseria moral y social se está afianzando a un ritmo frenético. Con rasgos, por lo general, muy similares entre actitudes socialistas y nacionalistas: retrógrados y vacíos discursos falsamente progresistas -y siempre tendentes al más bananero populismo-; recurso a una carca táctica de “elaborado” e injustificado revanchismo, mediante la tergiversación, falseamiento e invención de nuevas versiones de la reciente historia; tendencia sin escrúpulo alguno a la más marrullera utilización y manipulación del dolor ajeno -incluso a los más mezquinos niveles-; y demás medidas de harto dudosa legitimidad, permanentes improvisaciones, experimentalismos por doquier … En fin.

Despóticos recursos, los anticipados, propios de una descarnada y totalitaria estrategia global orientada a tratar de instalarse en el poder -y cada uno, a su nivel, el mayor tiempo posible. Por supuesto para, a partir de ahí y desde el más corrosivo relativismo del que vienen haciendo gala, acelerar: su férrea labor ideologizante, el susodicho desarme moral, despersonalización de la sociedad -mediante la alienación de las conciencias de los individuos… Esto, como bien se está viendo, en aras a imponerles a éstos unos “valores” acordes con la misma y, a priori, elaborados a simple y particular conveniencia político-ideológica.

Labor, la antes descrita, que se viene produciendo desde la invocación e imposición de la no menos letal, asfixiante, coaccionante -y tan extremadamente contraria a la libertad y desarrollo integral de la persona-, llamada: “filosofía de lo políticamente correcto” -corriente surgida a raíz de los años sesenta. Definitivamente y como ha sido siempre típico, tanto en lo que se refiere a las autodenominadas izquierdas como en los nacionalismos, a fin de ir consolidando aquellas condiciones idóneas que hagan plausible su expresa pretensión de hacer, del individuo y de la sociedad, elementos absolutamente sumisos, controlables, manipulables y, en definitiva, totalmente manejables.

Por otra parte y ya a otros niveles igualmente destacables, aquellos intelectuales, oportunistas del “espectáculo”, diferentes medios de comunicación y demás movimientos, abierta e interesadamente afines al “régimen socialista” y a la búsqueda de privilegio. Y claro está, a su vez agradecidos beneficiarios directos de las muy sustanciosas “políticas de subvenciones” -muy pocas veces justas, a ojos de la ciudadanía-, concesión de privilegios, reconocimientos a la carta de “supuestos y si es necesario inventados méritos”, favores, concesiones, otorgamientos, demás obstinados en la posible imposición de sus minoritarias reivindicaciones revestidas de “falso progresismo y…, suma y sigue. Para todo lo cual quienes, además y entre otras motivaciones, tratan de obtener una “rentable” influencia en la sociedad jugando con las emociones ciudadanas. Sin duda alguna y en gran medida, al albur de un poder institucional cada vez más alarmantemente corrompido.

Del mismo modo y entre otros, aquellos movimientos políticos minoritarios, simple e irrenunciablemente animados por las más rancias, mezquinas e históricamente injustificadas actitudes anti-Sistema, y que suelen obedecer a una interpretación sesgada, falseada y cuando no delirante de la realidad histórica como consecuencia de un furibundo radicalismo político-ideológico. Como bien se está viendo, muy utilizados a todos los efectos y de diferentes “insólitas” maneras, por una “casta” dirigente socialista sin más visión ni pretensión: que las meras ansias de poder, así como la de convertir su actividad política en una garantía de empleo eterno y bien remunerado.

Igualmente, los no menos codiciosos que se van “colgando” también la etiqueta falsamente progre, a la espera de obtener alguna que otra prebenda; los afectados por una tradicional e incesante campaña de envenenamiento político-ideológico, y que no hace sino traernos a la memoria las incansables censuras que, en tiempos pasados, hacía el propio socialista Julían Besteiro a semejantes deleznables prácticas. Y, resultando no menos triviales en sus posiciones, quienes instalados ciegamente en una cadena de absurdos prejuicios y complejos, no son capaces de superar un acumulado, arraigado, denigrador y plenamente injustificado resentimiento histórico que, en no pocos casos, no deja de resultar un tanto paranoico. En fin, que hay de todo.

En definitiva, como denominador común y para mayor ironía aun, todos aquellos que, a diario, y en su mayoría desde su auto-ubicación en un ámbito ideológico u otro -socialista, nacionalista,…-, acostumbran a dar muestras fehacientes de radical intolerancia, y hasta de una incontrolada agresividad. Indudablemente, desde sus pretensiones de conseguir intimidar y coartar la libertad de expresión, dada su frenética obsesión por imponer como sea o defender la implantación del pensamiento único -según sean, quienes mandan o, simplemente, sus incondicionales o “interesados” seguidores. Lo que es lo mismo, todos aquellos que, curiosamente y como si el mundo se hubiera vuelto del revés, acostumbran a acusar a los demás de lo que ellos son y practican a diario: el más que conjugado comportamiento “fascista-estalinista”.

A partir de todo cuanto ha sido mencionado, es de todo punto de vista indudable que, social y políticamente hablando, nos encontramos ante un panorama muy poco halagüeño. Sobretodo, si además de la ruina que está suponiendo para el futuro de España la incompetencia de uno de los más nefastos y nocivos gobiernos de la historia de España, se analizan de manera serena y objetivamente las destructivas y letales consecuencias que se están poniendo de manifiesto como consecuencia de la tendencia rupturista que, paralelamente, está protagonizando un incontrolado e incontrolable desarrollo autonómico en clara desbandada. Amén, de la absoluta insostenibilidad que va a suponer, incluso a nivel económico, el no menos irrefrenable aventurerismo en que se hayan inmersas algunas comunidades autónomas convertidas en simples “reinos de taifas”.

Nada más clarificador, a la hora de constatar la tristemente rancia y chabacana deriva que está tomando la vida pública en este País, que pararse a pensar en que es lo que, para determinadas “caudillistas” castas políticas y en la práctica real, representan o significan los ciudadanos no sólo a nivel nacional -que es muy poquito-, sino a niveles autonómicos, ante tanta tartarinesca extravagancia y para colmo del más cutre y denigrante “primitivo aldeanismo” en el que, más que como dirigentes políticos a su servicio, actúan con una incalificable y más que oportunista tara de insaciables nuevos ricos a costa del dinero de todos los españoles. Por cierto, “sin más límite” que sus propias apetencias particulares.

Tan lamentable y despótica situación en la que, inconcebiblemente, se ha llegado al aberrante y delirante extremo de “aceptar”, sumisamente y como algo habitual, que susodichas auténticas cínicas castas conviertan a este País y a algunas comunidades autónomas, en una especie de cortijo particular donde se practican: el más intolerable y ruinoso despilfarro: en aventuras “estadistas”, en fastuosos bienes muebles e inmuebles, despachos y coches de lujo -y demás salvajes gastos suntuarios de todo tipo-, masificación de las administraciones, derroche de subvenciones improductivas por doquier a los afines, políticas salariales comparativamente “desproporcionadas”, utilización de bienes públicos para fines particulares, súper mansiones multimillonarias y despachos a la carta en edificios institucionales para algún que otro ex-presidente, jubilaciones de lujo y…, aquello que tanto le indigna a casi todo el mundo-, el más necio intrusismo, el indecente enchufismo -incluso familiar-, etc.

Tanto y tan abrupto que, a ojos de algunos ciudadanos, parece dejar corto al más enfermizo boato fascista. Además de que, caprichosamente y en una no menor muestra de más de lo mismo, una “cuadrilla de iluminados” -con la complicidad de la actual casta dirigente socialista- le priven o impidan, impunemente, el uso de la lengua común a la ciudadanía. Indefectiblemente, alarmante síntoma del anteriormente citado estado de extrema enfermiza decadencia social, descomposición política y máxima corrupción institucional, que acabará quebrando y muy gravemente las expectativas de progreso para propios y ajenos. Y, por ende, relegando la imagen y credibilidad de España a niveles de Nación de tercera.

Por lo que a la vista de cuanto ha sido expuesto hasta ahora, es de esperar que, tras un ya demasiado largo y por momentos no menos letal “sarampión”, la ingenuidad vaya remitiendo de forma progresiva para bien de España y de todos los españoles. Y, como no, que todo el mundo pueda ir teniendo claro en este terreno de notoria extenuante perversión, no sólo la enorme descomposición política y decadencia moral que vive el País como consecuencia de todo ello, sino y del mismo modo, que nada suele hacerse gratuitamente y en beneficio expreso del interés general o bien común, por casi nadie. Por más demagogia, tergiversación, falso bucolismo o falsedades históricas, se puedan continuar vertiendo a fin de enmascarar la ambición, el egoísmo y la codicia de tanto cara dura. Lo que, a fin de no continuar cayendo en la surrealista tentación de elevar tanto despropósito a la categoría de virtudes, necesariamente y desde el más rotundo rechazo a tanta mera falaz verborrea como deambula en el ámbito político, hace imprescindible a la hora de analizar, juzgar y establecer juicios de valor, recordar aquello de: “por sus hechos les conoceréis”.

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

ESPAÑA: DE PAÍS RESPETADO Y RESPETABLE, A MENDICANTE

Si bien últimamente venimos asistiendo a una auténtica “romería verbenera”, y por si ya no fuera de por sí suficientemente inquietante el actual panorama socio-político español, ahora también y con respecto a la tan traída y llevada cumbre a celebrar en Washington, ha saltado a la opinión pública un bochornoso espectáculo que ha acabado colocando a España en el candelero del más de los pobres deterioros de imagen y desprestigio internacional. En este sentido, entre otras cosas, para mayor cinismo e inconsistente discurso nacional, y a fin de intentar justificar el más que absurdo de los actuales gobernantes, se pretende insistir machaconamente en la sentimental cosa típica esa: de que se está hiriendo poco menos que la dignidad del pueblo español con semejante negativa a que, el presidente Rodríguez, este presente en la misma.

Algo un tanto rocambolesco todo ello a estas alturas de la “fiesta”, máxime si se tiene en cuenta que, salvando amplias honrosas excepciones, no es menos cierto que asistimos a una sociedad manifiestamente culpable de haber sido capaz de consentir -y cuando no de asentir-, complaciente e impasiblemente, las habituales tropelías y desmanes que se vienen produciendo y de forma reiterada, dentro del gran “mercadeo” político-partidista nacional -que para nada sensato desarrollo racional de la vida pública. Un incesante cúmulo de insultos y permanentes descalificaciones hacia los EEUU, que además de descalificar a sus responsables, no sólo provocan vergüenza ajena, sino una absoluta hilaridad y no menor repugnancia. Por todo lo cual y ante la lamentable factura que nos está deparando tamaños incalificables deslices que, no por esperada, ha de resultar menos bochornosa e inquietante por cuanto que, semejante toque de atención a tanta falta de madurez socio- política, no menor ombliguismo y mayor auto-aislacionismo, ha dado ya el correspondiente toque de alarma en relación con la insensata y alocada deriva que ha tomado nuestro infumable y rocambolesco papel en el mundo.

Así pues, lejos de rasgarnos las vestiduras, elevar el grito y demás tentaciones de injustificada demonización hacia nada ni de nadie, y por una vez, más nos valdrá entonar humildemente el “mea culpa” y asumir, lo más decorosa y humildemente posible, la parte alícuota que nos corresponde a todos los españoles que, bien por acción u omisión, hemos transigido con las habituales bufonescas y desafiantes jaimitadas de un actual gobierno de desaprensivos con su presidente a la cabeza. Y, muy particularmente y no menos importante, ante la más que grave e infantil ofensa y harto reprobable menosprecio y ultraje que representa hacia la bandera de los EEUU sentarse en un desfile oficial al paso de la misma como una muestra del más despectivo desprecio. Lo que, en un país minimamente avanzado democráticamente hablando, habría supuesto la inhabilitación de facto para la vida pública del señor Rodríguez a perpetuidad. Máxime, teniendo en cuenta que, en aquel momento, era nada menos que el jefe de la oposición. Algo, a todas luces, propio de un panderetero y más que primitivo concepto de la vida pública, y que, tanto un presidente como la Nación de una potencia como EEUU, en modo alguno pueden pasar jamás por alto. Y más grave aun cuando, por más rocambolescas “letanías” o bananeros antiamericanismos de poco pelo nos quieran seguir soltando unos insensatos gobernantes socialistas carentes de ideas e imaginación, tanto debe a susodicha Nación Europa en la salvaguarda de la libertad y estabilidad.

Por tanto y si algunos estaban tan extravagantemente convencidos de que, en política exterior, sale gratis jugar al “pin, pan, pum” con la primera potencia del mundo, iban dados. Como es de cajón, estar metiéndole constantemente y como auténticos cabezas de chorlito el dedo en el ojo al presidente Bush; sentarse infantil y caprichosamente al paso de la bandera de los EEUU para infinita mayor gravedad, que no quedarse sentado como se quiere vender ahora para intentar ingenuamente “suavizar” la grave ofensa al honor de todo el pueblo sureño; retirar las tropas unilateralmente de Iraq, dejando tan indecentemente abandonado al pueblo iraquí a su destino y, a su vez, cometiendo una de las mayores “felonías” que pueden cometerse habida cuenta de que, todo acuerdo internacional, ha de estar siempre sustentado en una inquebrantable relación de confianza -y, máxime, una vez que ya se contaba además con el respaldo de la ONU-; incitar encima y para mayor insultante provocación y menosprecio, invitando acto seguido a los países aliados como hizo el insensato presidente Rodríguez en Turquía a que siguieran su denigrante ejemplo; tomar partido en la contienda electoral norteaméricana, cosa que jamás debe hacer el presidente de gobierno alguno en su calidad de tal , como lo hizo éste por John Kerr; y demás imbecilidades políticas en las que no voy a extenderme por ser sobradamente conocidas, resulta obvio que nunca puede salir de rositas este aprendiz de brujo, presidente Rodríguez, y ni siquiera la Nación española misma –no en vano y al fin y a la postre, la sociedad es siempre, para bien y para mal, responsable subsidiaria de las actuaciones de sus representantes políticos. Y menos aun, salvando a una gran parte de la población española avergonzada ante tanto bufonesco espectáculo y chascarrillo de pandereta, si se tiene en cuenta que, no pocos exaltados, participan de las más que reprobables e ignominiosas torpezas políticas hacia EEUU, y hasta aplauden con las orejas estas tartarinescas iniciativas de falsos progres y propias de los más bananeros países del globo.

Por otro lado, a flor de dejar de una vez por todas de jugar a la interesada y aparente complaciente ingenuidad y conformismo a la que nos tienen acostumbrados esta esperpéntica “casta socialista” de nuevo cuño -y con la ayuda de sus “palmeros” y demás ahora tan silentes integrantes del coraje subvencionado, incluido el patético pancismo sindical-, como es archisabido, lo mismo que en la política nacional cuando se consiguen los votos del PNV y del Bloque Nacionalista Galego para sacar como sea adelante los PGE para nada le sale gratis a este incompetente gobierno -y menos aun al pueblo español, que es quién en definitiva paga-, menos todavía una tan lastimosa, débil y desesperada demanda de apoyos externos para asistir allá donde no sólo no ha sido invitado, sino donde ni siquiera resulta considerado por los principales líderes mundiales. Por supuesto, con independencia de algunas “obligadas” testimoniales posturas como consecuencia de intereses muy concretos de sus respectivos países que, como en cualquier otro, siempre han de tratar de salvaguardar en España algunos dirigentes europeos.

Por lo que, además del coste que semejantes antes referidas torpezas tienen, y más allá del presumible orgullo particular de un tan torpe, irrespetuoso y marrullero político como el presidente Rodríguez -y sin la más mínima virtud propia de un verdadero político de Estado-, no debe tampoco olvidarse, ya no el más que legítimo derecho a defender su propio orgullo por parte del pueblo americano y su presidente, sino y lo que es aun más comprensible, su más que asiduamente vituperado, vilipendiado y tan majadera y gratuitamente vejado honor como Nación, por parte de tanto “iluminado salvador” de última hora de todos los males a la Humanidad. Así pues, dicho lo cual y como coloquialmente suele decirse: “al que a Dios se la de, que san Pedro se la bendiga”. Y más nos vale aprender bien la lección, si no queremos quedar reducidos y para siempre, a lo que hoy por desgracia hemos pasado a ser: la nada en política exterior. No busquemos responsables ni en montañas ni en desiertos lejanos –parafraseando al señor Aznar-, están aquí y destrozando cuanto tocan.

Ahora bien, si estamos contentos con tanto inconveniente y suicida despropósito, pues nada que continúe la fiesta, sino y como debe corresponder a un país maduro, a poner cada cosa y a cada cual en su sitio. Y sobre todo, fuera de vulgares y ciegos fanatismos o fundamentalismos de izquierdas, a ser más consecuentes y prudentes a la hora de elegir a nuestros representantes. Y no digamos ya, a la hora de reírles sus vulgaridades y patochadas. Las vacías verborreas y extravagantes talantes caciquiles deparan, simple y llanamente, lo que estamos viendo: deterioro del bien común, merma de las libertades, descomposición democrática, despersonalización social, decadencia progresiva, despilfarro de los recursos públicos y, si me permiten la metáfora, una vuelta a la torre de babel que es en lo que parece que estamos ahora. O, lo que es lo mismo, castillos en el aire y humo por doquier.

Consiguientemente, por tanto, hoy, aquí y ahora, ya no cabe flagelarse y limitarse a invocar razones de naturaleza sociopolítica aduciendo, como si el mundo se hubiera vuelto del revés, que con tal aparente “desconsideración” se esté ofendiendo al pueblo español, ni mucho menos. Y, menos aun, cuando un pueblo no es capaz de poner freno a las permanentes insulsas bravuconadas, insultos, vejaciones y todo lo que, por de sobra harto conocido, quiera añadírsele a esta poco menos que circense situación que estamos viviendo desde que, esta “casta” de “indocumentados políticos” -incapaces e inmaduros donde los haya-, asumieron las riendas de administrar los destinos del País. Muy especialmente cuando, en este caso y bien a la vista está, el nivel de corresponsabilidad como consecuencia del permanente envenenamiento y tergiversación de la realidad del que la ciudadanía viene siendo objeto y tragando -salvando honrosas excepciones-, ha sido tan excesivamente generalizado que la connivencia con tanto “imbécil desaguisado político” ha sido una más que censurable constante.

Por todo lo antedicho y más allá de la “música celestial” que se está vertiendo ante semejante estridente culebrón, y antes de que sea demasiado tarde, en un mundo en el que los acontecimientos se suceden a una velocidad de vértigo, lo que procede es sacar las pertinentes conclusiones y ser lo suficiente maduros como para saber valorar y en sus justos términos la importancia de que, una España respetada y respetable -como la que consiguió proyectar el ex-presidente Aznar al exterior-, sepa ganarse un lugar en aquellos foros internacionales en los que se juegan los máximos intereses de las naciones y de los pueblos del mundo. Esto, o seguir jugando tan inmadura y suicidamente, como se viene haciendo tan alegremente en los últimos tiempos, a aquello de “España is different”, y seguir haciendo el más que colosal y humillante de los ridículos internacionales. Amén, de poner en cuestión no sólo nuestro futuro, sino nuestra propia razón de ser y existir. Es decir, nuestra potencial capacidad de desarrollo y progreso, con políticas, actitudes y alianzas infinitamente más coherentes, sensatas y respetuosas, con el sentir más generalizado de la sociedad española.

De otra parte, sin ir más lejos y ahora más que oportuno, incuestionablemente y al margen de aquellas aun incesantes tendenciosas y destructivas campañas de acoso y derribo provenientes de ciegas fidelidades partidistas que todo el mundo sabe a que obedecen -dimanantes del hecho cierto de que, el actual gobierno socialista, no ha dejado de hacer oposición a la Oposición en lugar de gobernar, entre otras cosas porque, más allá de su mera política efectista, no sabe como hacerlo-, resaltar una vez más, como la relevante gestión de los gobiernos de Aznar lograron situar a España en los mejores momentos de estabilidad económica y de bienestar de los últimos siglos. Además de, asimismo, ante la innegable, siempre gratificante, más que deseada y hoy tan necesitada posibilidad de, a raíz de la ávida gestión Popular en política internacional, haber colocado en condiciones óptimas para haber podido culminar el actual gobierno socialista la incorporación de España al G8. Posibilidad esta que, producto de un sectarismo sin precedentes y al igual que sucedió con el tratado de Niza -que elevaba por cierto el peso de España en Europa a los niveles de Alemania, Francia, Gran Bretaña-, pulverizó tan negligente, torpe y neciamente este nefasto “iluminado” presidente Rodríguez. Ciertamente, con un aun hoy en día tan incomprensible y más que injustificable, majadera y recalcitrante obsesión por destruir todo vestigio de la gestión gubernamental de los gobiernos del señor Aznar.

Así que, ahora y como quiera que no pinta nada en la política internacional este inconsistente presidente Rodríguez, como consecuencia de tanta dejación y no menor y continuada necedad y torpeza política” como ha llevado a cabo, pues eso, a mendigar que le admitan como sea en esta cumbre a celebrar próximamente. Triste realidad ante la que, para colmo de males y como era de esperar a la vista del “personaje” -por más sentimentalismo quiera echársele a la cosa-, si bien es cierto que ha sufrido ya la humillación que él solito se ha buscado, igualmente le ha salpicado al pueblo español. De donde, aquí y por más que nos duela, no basta con limitarse a invocar demagógicamente ahora posible ofensa alguna a la sociedad -que sin duda se siente como tal ofendida-, ya que, a este respecto y en aras a evitar lo que era algo más que esperable, viendo el insignificante o más bien nulo papel que España venía jugando ya desde hace bastante tiempo, indefectiblemente, ésta, debiera haber sido lo suficientemente madura para saber elegir a aquellos representantes que, el complejo panorama político internacional, siempre demanda.

Por último, además de saber estar a las duras y a las maduras, una vez más insistir en la inconveniencia de dejarse arrastrar por la mezquina y abyecta manipulación puesta en marcha por el PSOE y demás comparsa, a raíz del 11M, la guerra de Iraq y demás populistas y demagógicos conocidos episodios. Y si no, preguntémonos qué hacemos en Afganistán y con una presencia ampliada para compensar la circense retirada de Iraq, así como en otros no menos peligrosos lugares. A este respecto y muy esencialmente, por cuanto que cosas así nos sitúan ante un ciego y peligroso apasionamiento cuyas consecuencias, inexorablemente, suelen ser manifiestamente letales como ahora se está viendo. No en vano, no vivimos en un mundo de ensueño y donde todos los seres de la tierra somos infaliblemente muy buenos, ni mucho menos. Con estas o cualesquiera otras justificaciones, los malos están siempre ahí para, al amparo de su fanática locura, atentar implacablemente contra todo lo que se menea. De hecho, Al Qaeda continúa reivindicando la reconquista de Al Andalus con igual intensidad que siempre. Así que y como advirtiera en su tiempo el propio ex-presidente Thomas Jefferson: “ninguna sociedad, puede pretender ser llevada hacia la libertad entre algodones”. Nada más elocuente.

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

CAMBIO CLIMÁTICO, ¿LA NUEVA “RELIGIÓN” DEL SIGLO XXI?

Desde luego y si algo es harto notorio en estos momentos, es que nos encontramos en unos momentos de enorme preocupación, escepticismo y mayor desconfianza, ante los tan exageradamente elevados niveles de improvisación, corrupción y decadencia político-social que vivimos –y no menos altaneros aires de grandeza de unas insaciables castas socialistas y nacionalistas. Muy especialmente, si se tiene en cuenta, a su vez, que nos hallamos ante un panorama, tan sumamente incierto e imprevisible, que ni siquiera las mentes más privilegiadas saben con exactitud hacia donde vamos. Una sociedad internacional y nacional, en suma, por momentos más y más convulsa e inmersa a su vez en grandes dosis de inquietante y desasosegante incertidumbre de índole diversa, y no menor generalizada desorientación.

Todo lo cual, habida cuenta además de la como nunca más que evidente carencia de pensadores solventes y capaces, como en otros momentos de profundo cambio, de definir hipotéticas posibles líneas o vías a seguir de cara a la consumación de un imparable y socialmente añorado nuevo orden mundial. Ello, como producto de la también infrenable demanda global por parte de una comunidad internacional empeñada en hacer factibles unas nuevas pautas de comportamiento político-económico y convivencia social, desde la fundamentación en unas más dignas y acordes maneras con los nuevos tiempos. Innegable realidad esta que, como ya hace aproximadamente veinte años y en un artículo publicado al efecto en un importante diario navarro, tuve a bien concluir con aquella aseveración: “…nos hallamos ante una sociedad que, indefectiblemente, camina hacia la búsqueda de una nueva identidad”.

Así pues, hoy, aquí y ahora, no debe perderse tampoco de vista que, para mayor complicación, en esta nueva era de gran agilidad en las comunicaciones e Internet, va todo muy deprisa. Lo que, consiguientemente, obliga a ser lo suficientemente ágiles y aun más prudentes en nuestras acepciones y decisiones. Pues, ¡así cómo es de tan abultada la antes referida crisis de pensadores!, del mismo modo es de complejamente disperso el propio pensamiento humano. Hasta tal punto, que no caben formulas mágicas pretendidamente sintetizadoras, ante los muy diversos y tan diferentes males endémicos que viene azotando y atenazando a la humanidad en su conjunto.

Por tanto y ni mucho menos, pensar en supuestas frívolas soluciones u ocurrentes, demagógicas y embaucadoras “filosofías de laboratorio” como las que, en no pocos casos y desde ámbitos muy diversos, se nos quieren vender últimamente. Y que, para mayor despótica incongruencia, pasan por reinventar e imponer mediante decreto unos nuevos modos y formas de ver y de afrontar la vida, las relaciones cívico-interpersonales y, para mayor aberración, la uniformidad del pensamiento único como elemento determinante de cara a uno de los más frenéticos intentos ideologizantes de los últimos tiempos. Y, mucho menos, aquellas eco-alarmistas iniciativas que, respondiendo a múltiples pretensiones ideológicas, políticas, económicas…, provienen de delirantes pretensiones más que estrafalariamente egocéntricas de, nada más y nada menos -y ya no sólo a la persona, como en las corrosivas tesis marxistas-, pretender controlar y dominar hasta a la propia Naturaleza. ¡Ahí es nada!

Extravagante filosofía que, quienes se “arrogan” poco menos que el don de la omnisciencia, pretenden elevar a la categoría de “nueva religión” del siglo XXI. ¡Si, hombre, sí!, los mismos nuevos presuntos “demócratas” que, desde su más que absoluto desprecio a la libertad ajena y al inalienable derecho de opinión de todo individuo, tildan de negacionistas y demás conocidas imbecilidades de extrema derecha…, a quienes se atreven a cuestionar su más que surrealista y chabacano aventurerismo en esta especie de “cruzada” a la remanguillé puesta en marcha.

Lo malo a partir de tanta paranoia en la que se inventa y tergiversa cuanto se quiere, es que se esté intentando poco menos que crear una auténtica psicosis social por parte de no pocos demagogos oportunistas de turno y demás “extemporáneos acólitos” de todo tipo, y con la colaboración de determinados “científicos” de cuando menos dudosa profesionalidad -a juicio de otros muchos científicos y ciudadanos escépticos ante semejante estruendosa y para nada justificada campaña de alarmismo-, como si los periodos interglaciares se produjeran de la noche a la mañana y no en el transcurso de miles y miles de años. Con la más que irrefutable particularidad de que, hasta ahora, nada está científicamente probado con respecto a la posibilidad de poder justificar ni siquiera remotamente tanto desenfrenado tremendismo. Tan falsa cualquier afirmación en este sentido, como falso tratar de vender un inexistente consenso científico. Como y del mismo modo, analizando en profundidad los antecedentes y demás pruebas realizadas en el Antártico, entre otras, atreverse a afirmar que la influencia del hombre esté dando origen a una debacle que nos esté arrastrando poco menos que al exterminio. A este respecto y como un testimonio capaz de arrojar bastante luz sobre semejante extravagante montaje, bueno sería que, quien no lo haya hecho ya, se lea “Las Mentiras del Cambio Climático”, de Jorge Alcalde.

No menos hilaridad produce el hecho de que, en gran medida, quienes abanderan semejante despropósito, estén tan empeñados sin ni siquiera el más que exigible rigor científico y, generalmente, desde un particular, bien acomodado “status quo” y no menos “delirante” punto de vista, en convertir el Planeta y a las comunidades de individuos en poco menos que en una especie de “placentero museo particular”. Para semejante y tan abultada extemporaneidad exigiendo, además y a todos los gobiernos del globo terráqueo, el aventurado despilfarro para ello de cientos de miles de millones de dólares -de los que dicho sea de paso, no pocos aspiran a vivir a papo de rey y hacer grandes agostos: particulares, empresas, etc.

Por supuesto y con el consiguiente drama de que, mientras parte de la comunidad internacional se deja fascinar y aprisionar por el interesado y tendencioso alarmismo catastrofista de unos pocos “iluminados”, y a resultas de esto, retrotrayendo y no orientado mayores aportaciones estatales a nivel económico-financiero allí donde más falta hace: donde reside la eterna y más aguda destructiva miseria y pobreza que tantos millones de vidas infantiles y mayores se cobra cada año.

Incuestionablemente y no cabe duda alguna, un posible negocio para no pocos -al margen del innato misticismo que subyace y de quienes se hayan sumado a semejante “fanatizante” y tan demagógica iniciativa desde la buena fe-, sin ni siquiera haber evaluado con el imprescindible rigor que demandan las abismales diferencias socio-económicas, ni tampoco las incalculables consecuencias que, de toda índole, pueden derivarse no sólo para los olvidados de siempre: los países más subdesarrollados, sino para la comunidad internacional en su conjunto.

Asimismo y al hilo de las más que escasas soluciones que se les vienen aportando de cara a erradicar la situación de secular hambre y miseria a tanto olvidado “paria de la tierra” -incluidos, naturalmente, los crecientes millones de españoles que viven para vergüenza de todos en el umbral de la pobreza, ante tanto continuado y frívolo experimentalismo político como se viene poniendo de relieve-, para mayor desgarrante ironía y como suele ocurrir, salvando posibles honrosas excepciones, como ya he advertido antes, siempre quedará la imagen de algunos que otros cínicos famosos fotografiándose, para su mayor popularidad, junto a unos “apestados de la tierra” a los que ¿para qué esforzarse en comprender, no?

Por otra parte, eso si, al margen de los calculados gestos de cara a la galería, mientras viajan en jet privado, terminan consumiendo también cuanta energía como les place en sus grandes mansiones y demás eventos, y suma y sigue. Es más, dicho sea de paso y a título de ejemplo, quien no recuerda el catastrófico y dramático resultado de la famosa prohibición de combatir las plagas de mosquitos con el DDT como producto de las presiones eco-alarmistas, y, lo cual y para desgracia de los más deprimidos, acabó provocando la más dramática proliferación de la malaria cuando, curiosamente, dicha enfermedad ya se encontraba casi controlada. Me pregunto, ¿pero cómo es posible tanta reiterada y suicida ingenuidad social hoy en día? Y, de paso ¿quién les exige las debidas responsabilidades incluso penales a tanto frívolo político y eco-alarmista, después de semejante ligera decisión? En fin, ustedes mismos.

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

TEATRO, SOCIEDAD, POLÍTICA, CAPITALISMO Y NUEVAS IDEOLOGÍAS ( I )

Me van a permitir contarles un extraño sueño que he tenido y que, casualmente y en algunas de sus partes, pudiera asemejarse quizás algo a lo que sucede actualmente en la vida cotidiana. Así pues y para comenzar, pude ver como el desarrollo de la actividad política, y ya hacía un tiempo, se había convertido en un auténtico teatro con sus actores principales de reparto, secundarios, extras, figurantes y…, demás participantesde rango. Un teatro en cuya función u obra, más allá del papel aparentemente político-ideológico que desempeñaban los actores principales y los casi, y para más bronca, se mentía más que hablaba, se tergiversaba todo cuanto se utilizaba, se decían cantidad de majaderías políticas, se insultaba, se injuriaba, se despreciaba, se robaban fondos públicos –y no sólo metiendo la mano en el cajón del erario de idem, sino cada vez que, desde un ayuntamiento, diputación, gobierno autonómico o central…., pues en algunos eran tal para cual, pudiera promoverse el cobro de comisiones y demás condonaciones, además de emplear los medios o el dinero público para fines personales, partidistas…, y para otras cosas aun peores y mal vistas. Asimismo, también se coaccionaba, humillaba, vejaba, vilipendiaba o se perseguía a miembros de la Judicatura, gobiernos autonómicos, miembros de la oposición, cuerpos socialmente establecidos…,, y cuantos no fueran amigos. En fin, a todo lo que se meneaba, siempre y cuando no se allanaran a las pretensiones de quienes mandaban.

Pero, por supuesto y que duda cabe, por si ya de por sí no fuera suficientemente bananero, repugnante, despreciable y degradante, y para aun mayor desastre, una función en la que tampoco faltaba la “violenta” y vociferante represión, e incluso hasta la agresión -ya no sólo por parte de los cuerpos de la seguridad de cada día no se sabía muy bien de qué -y si no que se lo preguntaran a no pocos agricultores, trabajadores de otros sectores o ciudadanos víctimas de abuso de “autoridad” y que, no pocas veces, salían más que trasquilados de tanta brutalidad (¡y, cuan despiadadamente, les atizaban de vez en cuando para que se fueran dispersando!)-, sino por parte de unas bandas de desalmados energúmenos resentidos, subvencionados y demás empachados de una gran “sobredosis” de las más que retrógradas y anacrónicas ideologías autodenominadas de izquierdas y del nacionalistas fundamentalismos que tanto los ánimos alteran. Y que tan malo lo uno como lo otro era, a juicio de cuantos cerrar los ojos no quisiera. Incluso y con no escasa frecuencia, eran “alentados” y no solamente desde sus propias organizaciones políticas y demás conchabados, sino desde el propio ámbito de algunos Ejecutivos a diferentes niveles central y autonómicos sin más cortapisa, y para que la cosa fuera más deprisa. Para ello, en mi agobiante sueño, empleando fanáticos discursos poco menos que incendiarios y cargado del más mezquino abuso, y manipulando temas extremadamente delicados y complejos sin descanso, para mayor tormento ciudadano.

En definitiva, ¿y como no?, energúmenos cuyas retorcidas y perversas mentes eran previamente inoculadas -para ser bien exaltadas-, con las consiguientes sobrecargas del más duro sectarismo e ideológico-política intolerancia, a la hora de con enorme chanza lanzarlos contra aquellas organizaciones, grupos y ciudadanos, no afines al régimen socialista o nacionalista de turno y tan rancios. O sea, contra aquellos más pacíficos adversarios -pero elevados por aquellos a la categoría de enemigos en semejante calvario-, por el mero hecho de ser simples disidentes defensores de la libertad, la verdad y la transparencia política, que hay que ver cuanto esto al poder siempre pica. Energúmenos, que amenazaban, acosaban y agredían, incluso a veces hasta casi impunemente y sin que los cuerpos de seguridad ni siquiera se inmutaran frecuentemente. Sin embargo y a pesar de ello, por paradójico que a alguien le pudiera resultar, los voceros y quienes las normas “infringían”, eran sorprendentemente para el fiscal los tranquilos y respetuosos demócratas de toda la vida. Algo así, como un mundo al revés y en el que con muy mala baba trataban de defender el régimen que les animaba –y el cual, simplemente respondía a intereses aparentemente ideológico-partidistas al amparo de unas clases dirigentes pasadas de “listas” en algunos momentos de aquel tormento, y también a veces personales de unos pocos y en los que de defender el presente y garantizar a futuro el “modus vivendi” procuraban de aquellas “nuevas castas”, y con igual acento en otros supuestos, y… Todo lo que ustedes ya saben mejor que nadie.

De otra parte, como quiera que el poder real abarca infinitamente mucho más allá que el “mero empeño de un simple gobierno”, y como viene siendo habitual en la vida misma y con sobrado cuento, también se hizo de pronto necesario salvar un interés global que –que no general-, para ir en sintonía, ¡si hombre!, con la cosa esa de la globalidad, y no hacerle el feo ya que incluía a unos pocos más. Es decir, en mi sueño, se veía a banqueros e incluso altos bancarios que más poseían, mejor vivían y más crudo se lo habían llevado, hasta forrarse pero que muy bien forrados -y en el más amplio sentido semántico del vocablo. Lo mismo es, que enormes fortunas amasaron, vendiendo a “troche y moche” tantos productos financieros como pudieron, y, “convenientemente”, sin reparar en las consecuencias que habrían de derivarse del alto riesgo. Y es más, y tampoco se debe olvidar, los que según y como algunas voces críticas a decir salieron muy prestos, también algunos políticos habían hecho su buen agosto con ellos. Todo, claro está, bajo la salvedad de que ahora hay que salvar el sistema económico-financiero, habitualmente al servicio de unos cuantos que no devuelven ni un euro, y mediante el dinero y sacrificado esfuerzo de unos más que muchos que, como siempre, han de pagar los que menos tienen, así de repente. Todo un ejemplo para disgusto de algún que otro nostálgico de extrema izquierda, de esos que de en que mundo están no se enteran, puesto que, hoy y como nunca -a pesar de las cíclicas de las de turno tormentas-, de que el actual sistema capitalista goza de una salud y veneración envidiables y a toda prueba. Incluso y cómo no, “corriente ideológica”, hasta tan casi “fanáticamente” venerada, como por los propios capitalistas puros, por los autodenominados de izquierdas.

Por cierto, un capitalismo al que a degüello, bien a la vista está, se han incorporado hasta los más incrédulos, para una mayor garantizada salud futura, y sin más finura y tan raudos como el viento, ya hace tiempo sin más reservas por cierto, si hombre, sí, a él se subieron, ¡y bien de lleno!. Sin el más mínimo resquicio de vergüenza ni pudor alguno, sino más bien todo lo contrario y a pesar de su vacía verborrea, convencidos como ninguno. Tan ufanos y orgullosos como nadie-, los más selecto y significativo del sector de mandamases, los de las auto-denominadas izquierdas revolucionarias de antes. Y es que y bien a la vista está, eso de la “dolce vita” es tan contagioso como una auténtica epidemia misma. Así que, para disgusto del delirante y tan nocivo Carlos Marx, y habida cuenta de que, al margen de las tormentas de turno, el capitalismo está más sano que nunca y con buenos futuros augurios, pues como ya he dicho de pasada, la cosa esa del proletariado ya no es que sea historia, sino que está plenamente olvidada. Y sin que, curiosamente, quienes tanto retroceso y perjuicio causaron a la propia evolución y progreso de la raza humana, se hayan visto instados a entonar nunca el pertinente “mea culpa”, ” ni a hacer penitencia por nadie ni por nada. Para ello, que mejor que inventar una nueva religión estatalista y dar rienda suelta al más frenético desenfreno, “viva el amor libre y el más “promiscuo sexo”. Nada de sacrificios ni agobiantes civismos, que cada cual haga como el primero lo que quiera con su serrano cuerpo. ¡O lo que pueda!, que no es lo mismo, porque para eso hay que pertenecer al club de los acaudalados “portentos”.

Así pues, lo dicho, nada como salvar el tan socializado, defendido, fortalecido y entusiasta privilegio de unos pocos beneficiarios del sistema capitalista hoy tan respaldado, y a los que nadie jamás y como nunca, parece querer exigir responsabilidad alguna –ni menos aun y para mayor defraudo, devolución alguna de lo que de forma tan dudosamente legal han acumulado. Y ni siquiera de un poco, pues ya hemos visto bien claro que tampoco, lo dicho, ni un euro. Para qué tratar de exigir responsabilidades a nadie, ni a políticos culpables de tanto caos y desmadre, ni pretender recuperar dinero alguno y castigar a alguien. Especialmente, en esta “soñada función teatral” de “hombres tan buenos” que, como bien se sabía, por la desangelada humanidad se partían el pecho, y tan en desvelo. Eso sí, sangrándola hasta la extenuación, sin la más mínima consideración y menos aun compasión. Para qué mayor complicación sí, al fin y al cabo, y ya ha quedado más que claro, los problemas son sólo para las entidades, gobiernos, sociedades y demás particulares, mientras que, para quienes viven de ellas ¡y de que manera!, nada de nada, que esto aquí no acaba ¡pero que no se exalte nadie! Porque a aquellos toca de nuevo una vez más toca premiarles. ¿Y con cargo a quién? Pues a los de siempre, a los de las clases medias y de ahí para abajo, a los que menos tienen, que para eso son siempre los sectores más fácilmente esquilmables. A los de las grandes rentas, ¡ay amigo!, eso ya eran palabras mayores y no juego de chavales –lo digo por quienes gobiernan, ustedes ya saben. En realidad, ¿qué importaba si los que menos tenían o no podían pagar sus hipotecas que tanto les aprietan, y perdían sus viviendas, o si no tenían para comer ni para soñar en pequeñitas cosas nuevas. Particularmente, si al parecer y en aquel país de tanto desastre, el “buen rollito” y la ideología, parece que alimentan. Por eso, nada de censuras ni cosas tremendas, que de todo se sale. En especial, aquellos que dirigen a los ciudadanos de la calle.

En cualquier caso, la cosa no quedaba ahí, ya que, por no fuera lo suficientemente grave, lamentable y reprobable y más cosas así de tristes y aun más feas, pues nada, también salía un “iluminado con menos peso político en el exterior que nadie, ¡qué ya te vale!, hasta en las “cumbres” más pequeñas se quedaba sólo en un rincón, como alma en pena. Tan poco que, en mi sueño y para mayor decepción, pintaba menos que la cabra de la legión Ahora, eso sí, le cantaba a los cuatro vientos lo de las medidas de salvación –claro que, por otro lado y ante posibles cumbres de más amplia enjundia y discusión, siempre queda la cosa esa de pagar cualquier precio por una invitación. Volviendo a la ensoñación y para mayor irónica broma, de cara a una angustiada población que casi siempre perdona, y así le va la cosa, la salvación del gran negocio capitalista, decían que “no iban a costarle un céntimo” a los sufridos y llanos ciudadanos en toda aquella incómoda “fiesta”. Y que, para mayor contradicción, habían quedado relegados a meros figurantes en la referida teatral función. Y que, para mayores pistas, así les apuntaba su principal actor al dictado de sus asesores y guionistas, el presidente de una nación con sus típicas jaimitescas ocurrencias ya más que vistas.

Por ultimo y visto lo visto, había que esperar entonces a ver si, alguna alianza de civilizaciones de esas que sólo sirven para la propaganda inversa, y que a la ciudadanía tanto dinero el tartarinesco experimento este les cuesta, los señores del petróleo que tienen mucho dinero y aun en ganar más ponen todo su empeño, o tal vez extraterrestres venidos de algún rincón del espacio celeste; finalmente lo pagaban y, de forma brava, de ese gran peso a los españoles libraban. Pero esto, era simplemente un sueño, así que los ciudadanos y ciudadanas en general lo iban a tener bastante duro, el susodicho gubernamental empeño ante semejante susto. De ahí que, cada cual haya de aportar su parte alícuota para hacer frente a semejante rudo tormento de para los pocos engordar su fortuna, y todos a una como los de Fuenteovejuna. Así eran las cosas en mi sueño y así se las he contado –y para que rime-, más en el próximo pareado.

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex senador

DEFENSA DE LAS IDEAS DE CADA CUAL SÍ, RESPETO A LAS DE LOS DEMÁS TAMBIÉN

Dentro de la enorme convulsión que estamos viviendo, y como quiera que el actual gobierno socialista ha encontrado un filón de demagogia elevada a la enésima potencia, -tras imitar a los EEUU a raíz de su conocido “plan de rescate de la banca”, además de al resto de Europa que fue detrás, ¡y, eso, que teníamos el sector financiero más seguro del mundo!-, para tratar de diluir maliciosamente su ineptitud y responsabilidad sobre la gravedad de una crisis española que, si bien se ha visto agravada por el indudable enorme deterioro internacional, veníamos arrastrando ya con anterioridad a ésta, es evidente que determinadas cuestiones han quedado por ahora aparcadas hasta el momento en que, bien a fin de distraer de nuevo la atención social ante cualquier compleja cuestión que pueda ir surgiendo, como del mismo modo y ante su más que absoluta carencia de referentes en los que poder sustentar su falso mensaje de progreso, volver a retomarlas como arma arrojadiza o como instrumentos que les sirvan a los actuales dirigentes socialistas para revestirse, sólo aparentemente por más esfuerzos de burda manipulación y verborrea quieran hacer, de una especie de manto de modernidad que les permita continuar avanzando con su totalitario proyecto ideologizante. Y, asimismo, consolidación de su pretendido estado confederal.

Pues bien, entre todas aquellas envenenadas iniciativas, se encuentra nada más y nada menos que la eutanasia. Iniciativa esta que, al igual que otras no menos complejas para la propia conciencia y como bien se ha podido ver ya, nos la presentan revestida de una cínica superficial preocupación por el sufrimiento de la persona cuando, a su vez y en la practica real, no muestran la más mínima preocupación ante el hecho cierto de que se estén triturando a no natos de hasta 8 meses y arrojándolos a la basura -es más, incluso pretenden reformar la ley del aborto, a pesar de la tajante doctrina de los más altos tribunales y de la propia filosofía y no menos contundente posicionamiento en contrario recogido en el propio texto explicativo e informativo del contenido de los debates constucionales llevados a cabo en el Parlamento español en su momento para, de esta forma, facilitar de paso el negocio de “especímenes médicos” y hospitales para los que, al parecer, no hay más principios ni fundamentos morales y éticos que el “dios” terrenal todopoderoso: don dinero -algo así, esto, como la vuelta al famoso becerro de oro.

Resulta incuestionable y bien a la vista está, que asistimos a un incontrolado profundo proceso de transformación y de cambio, dentro a su vez de un no menos pronunciado proceso de corrupción y descomposición generalizada que, lamentablemente y habida cuenta del enorme grado de incertidumbre y desorientación social, simultáneamente, nos encontramos con diferentes intereses convergentes que, a río revuelto como suele decirse y si bien persiguen objetivos diferentes, no tienen reparo alguno en aceptar entre sí y por la vía de la consumación de hechos con fines convulsos, una reciproca utilización mutua de unos para con otros y viceversa. En definitiva, una coincidencia táctica que no estratégica sin, para ello, valorar tan siquiera las posibles repercusiones que pueda tener finalmente cualquier iniciativa, tanto para la propia convivencia democrática como para la persona -como, por ejemplo, incluso en aquellos tan conocidos supuestos que pueden acabar provocando nocivas consecuencias emocionales e incluso psíquicas para la mujer. Pero, claro está, si se tiene en cuanta que, por encima de principios y valores, para las ideologías auto-denominadas de izquierdas, prima siempre aquello de que: “el fin justifica los medios” a la hora de de imponer su “ideología”, tampoco es que a estas alturas vayan a causarnos mayor sorpresa.

En tal sentido y al igual que sucediera en tiempos pasados con las ideas proletarias que terminaron por arrastrar al individuo a terribles niveles de opresión, represión, crimen y decadencia -mientras los dirigentes vivían como nadie-, ahora, nuevamente y políticos sin más “virtud” que la de su ambición personal de poder y de notorio “endiosamiento”, no tienen ningún inconveniente tampoco en recurrir, al igual que ayer, a la más sórdida y repugnante manipulación de cuanto pueda herir y movilizar las pasiones para, como el propio Maquiavelo decía, conseguir: ponerlas a disposición del príncipe -o sea, en los tiempos de hoy, del dirigente de turno. A partir de ahí, y más allá de la posible nobleza de algunas propuestas que nacen de grupos determinados de la sociedad, por lo general y en el ámbito político-ideológico, en las manos de políticos y demás grupos radicalizados y anti-Sistema sin escrúpulo, ni vergüenza y muy escasas miras, esto suele acabar adquiriendo una dimensión muy diferente, y que va infinitamente más allá de la, en muchos casos, más que legítima originaria reivindicación en sí misma.

Consiguientemente y como cualquier ciudadano que no quiera cerrar los ojos, es bien conocido que hemos pasado ya por algunos procesos que son una más que elocuente muestra de semejante realidad. Casos como el del matrimonio homosexual, la ley del aborto, la eutanasia, el proyecto gran simio…, y tantos otros, son ejemplos plausibles de ello. Cuestiones todas ellas que, en cuanto saltan a la opinión pública de la mano del susodicho ámbito político-ideológico, llevan ya una más que añadida notoria carga de tergiversación y veneno ideológico, que no simplemente filosófico conceptual, moral o científico. Por supuesto, orientado siempre a tratar de poner, y al precio que sea, en evidencia a ojos de la sociedad una imagen de cierta carga retrógada en lo que concierne a la oposición política autodenominada de derechas y de la propia Iglesia como tal institución. Lo que es lo mismo, tendente a socavar lo más férreamente posible la imagen de ambos importantes instrumentos para la sociedad, y de todo cuanto se encuentre a su alrededor.

Así pues y a partir de lo antedicho, la pretensión final no es otra que la de intentar destruir las creencias y tradicionales principios sociales, a fin de provocar el conveniente vacío en la conciencia ciudadana que, consecuentemente y a susodichos radicalizados sectores autodenominados de izquierdas, les permita más fácilmente hacer calar su totalitaria estrategia ideologizante en una ciudadanía “intelectual y moralmente desvalida y necesitada de nuevos referentes que, dicho de un modo sencillo, “alimenten de nuevo su espíritu”. Ahora bien, lo paradójico en este sentido, lo es el hecho cierto de que, a la altura del siglo veintiuno y vista la incluso mayor crueldad histórica de las tan letales autodenominadas izquierdas -bajo cuyas banderas se exterminaron a más de cien millones de seres inocentes en el mundo durante el siglo XX, es decir, mucho más que todos los fascismos y el nazismo juntos-, aun perviva la cínica creencia de que, ser de izquierdas a la antigua usanza, tiene algo de progresista y no de inequívoca y absolutamente retrógrado y reaccionario. Tan lamentable e inconcebible, máxime cuando mucha gente siquiera siente ningún pudor ni reparo a la hora de mitificar o mostrar su fascinación tan bochornosamente ante criminales sanguinarios “descendientes” de las doctrinarias consignas de Marx, Lenín Stalin…, y tantos otros, tales como Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, etc.

Como es natural, y visto lo visto, es bien notorio que todo lo antes mencionado nos conduce, inexorablemente, a tener que concluir que el nivel de incultura política y desinformación histórica continúa siendo apabullante. Claro que, obviamente y que duda cabe, no queda por menos que admitir también a este respecto, que las autodenominadas derechas no están exentas de responsabilidad en relación con esto. Quién, por ejemplo, no ha oído en algunos casos muy concretos de reparto de responsabilidades municipales aquello de: bueno, “la concejalía de cultura para la izquierda”. ¡Pues eso!, así les va ahora. Sobretodo, si se tiene en cuanta la infatigable labor de propaganda desarrollada por la extinta Unión Soviética -y con la nada desdeñable ayuda de sus acólitos seguidores-, para hacer recaer todos los males del mundo sobre la “crueldad” del liberalismo, para mayor ironía.

Algo, por otra parte, por lo que no deja de ser un tanto peculiar todo lo dicho, y muy especialmente, viniendo de un ámbito desde el que, como antes he apuntado, más represión y exterminio se ha practicado en el Mundo. Y no digamos de sus conocidos sueños expansionistas, incluidos aquellos del XXVII congreso del PCUS ( Partido Comunista de la Unión Sovietica) cuando Brezhnev decía aquello de: hay que hacerse con el control del Golfo Pérsico y con la reserva mineral de África Central y Meridional. ¡Ahí es nada! Ya ven, a pesar de esto, resulta que para la falsa progresía esto no existió jamás y eran los EEUU “los malos”. Precisamente, éstos últimos, que son quienes más han hecho por la libertad. No cabe mayor despropósito. ¡Increíble pero cierto!. Tan cierto, como el mal endémico que, para esta sociedad, tiene tanto absurdo prejuicio y complejo como rezuman los dirigentes populares cada vez que, quienes más tienen que callar icluso respecto de la propia historia reciente de España -los partidos autodenominados de izquierdas y, en no menor medida, los nacionalistas-, abren la boca para insultarles.

De otra parte y por más que uno quiera pensar optimistamente lo contrario, es innegable que vivimos unos momentos de auténtico surrealismo deshumanizante como producto de la fuerte despersonalización y debilidad social, y de las crecientes y más que nocivas corrientes nítidamente materialistas sustentadas en un relativismo cada día más acuciante. Indudablemente, un relativismo que, cada vez con más fuerza, está conduciendo a la persona hacia un profundo vacío existencial. Un vacío que, perdido el siempre necesario sentido transcendental de la vida, le hace sentirse cada día más frágil e inseguro al individuo y , por momentos, más necesitado de unos nuevos y efímeros “dioses” terrenales con pies de barro que, para mayor decadencia y como así ha sido siempre en estos casos, le van conduciendo hacia un progresivo sentimiento de impotencia, desmoronamiento y mayor desasosiego. De ahí, que estemos atravesando una etapa de gran egoismo, frustración, falta de solidaridad y no menor desencuentro, desavenencia social e intolerancia. Y, asi pues, muy proclive a fáciles procesos de crispación, confrontación y creciente sensación de angustia existencial.

Indefectiblemente, un momento histórico tan extrañamente complejo y anormal, y en el que el ser humano ha perdido hasta tal punto la perspectiva de la realidad que, sorprendentemente, es capaz de estremecerse ante la matanza de seis gorilas -algo a lo que, en modo alguno, nadie puede ser ajeno ni restar importancia-, mientras que, sin embargo y a no poca gente, les pasan inadvertidas o resultan muy lejanas a diario las grandes matanzas de personas por el terrorismo en Iraq, Paquistán, India y tantos otros lugares del Mundo ante diferentes conflictos bélicos y dictaduras del Planeta y demás éxodos. Eso, cuando incluso ya no sólo se muestran indiferentes -como bien se está viendo con no pocos conocidos salvapatrias-, sino que llegan a cometer la enorme bestialidad de comprenderlo -o, más irracional aun, cuando no justificarlo-, desde hipócritas consideraciones “progresistas” de izquierdas. Tan es así que, no sin gran estupor y en no pocas ocasiones, he podido llegar escuchar como le echaban la culpa de los atentados de Al Qaeda en Iraq a los EEUU.

Por último y ni que decir tiene, me parece absolutamente respetable cualquier posicionamiento sobre la reciente guerra, pero de ahí a justificar los crímenes de cualquier gentuza terrorista que mata a todo lo que ellos convierten fanática, unilateral y sistemáticamente en su enemigo -y sin más justificación-, hay un abismo insalvable que nos debe llevar a reflexionar cuanto antes y muy a fondo, sobre el más que actualmente constatable trastocamiento de la escala de valores. De no ser así, no cabrá la esperanza de lograr realmente un Mundo mejor y más justo.

Guillermo S. Fernández Pérez

Ex-senador

La Rioja

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