Continuando con esta larga reflexión y en cuanto al caso concreto de Navarra, tras los más que vergonzantes momentos vividos a resultas del tan traído y llevado proceso de negociación del actual gobierno con ETA, sólo cabe decir que estamos ante más de lo mismo: cinismo, falsedades, oportunismo político, desconsideración hacia la voluntad popular, deslealtad… Así pues y más allá del más que por si mismo elocuente y no menos dantesco espectáculo dado a raíz de las elecciones forales por el PSN-PSOE -sobre si gobierno socialista con abertzales sí o no-, en el supuesto caso de que susodicho proceso de negociación no hubiera saltado por los aires -como, incluso, tuve a bien vaticinar en estas páginas antes incluso de que se admitiera la existencia de las referidas negociaciones-, y por más que ahora se quiera negar la realidad de cuanto se escondía tras el mismo, en la hipótesis de que hubiera podido prosperar esta más que reprobable “iniciativa negociadora, es absolutamente oportuno afirmar que hoy no solamente estaríamos asistiendo a una inicial puesta en marcha de las bases necesarias para llevar a cabo en la Comunidad Foral de Navarra: tanto un proceso previo de progresiva concienciación como de minuciosa y sutil preparación social. Esto, obviamente y según no pocas opiniones, a fin de garantizar el éxito en un posible futuro referéndum de cara a intentar garantizar la anexión definitiva de la misma a la Comunidad Autónoma Vasca.
Consecuentemente y que duda cabe, ante cuestiones tan extremas y a priori inaceptables para una inmensa mayoría social -y no sólo en Navarra sino en España- y por ende no dispuesta a ceder la exigencia de unos compromisos y garantías políticas absolutas en semejante dirección, con además unos plazos concretos, irrevocables y públicos en cuanto hace referencia al cumplimiento de todos los acuerdos logrados sobre la mesa de negociación, es harto evidente que se trataba en última instancia de una exigencia excesiva incluso para este gobierno socialista, por mas absolutamente caciquil que sea -a pesar de los más que característicos exagerados tintes despóticamente totalitarios como los que, a menudo, ha venido poniendo de relieve. Hasta tal punto y en relación con esto último, esto es tan fácilmente constatable que no ha sentido siquiera el más mínimo pudor a la hora de mentirle, y del modo más soez, a toda la sociedad española. De cualquier modo y todo hay que decirlo, al margen de sus más que censurables devaneos y si en verdad hay algo manifiestamente destacable, lo es también el hecho cierto de que, desde una claridad meridiana e incuestionable y firme determinación, no pocos españoles han sido capaces de poner freno a una deriva a todas luces tan suicida como a la que, para vergüenza de propios y extraños, nos venía arrastrando el presidente Rodríguez con una tan incalificable e irresponsable actitud de entreguismo ante las exigencias de una simple banda de malhechores.
Es más y solamente puede albergarle alguna duda a quienes no sienten el más mínimo pudor tener un gobierno instalado en la mentira y maniqueísmo permanentes, es pertinente resaltar asimismo que, de haber llegado hasta el final tan desventurado y alocado proceso, no sólo estaríamos asistiendo en estos momentos a los preludios de un posible pacto a la catalana con los radicales abertzales del entorno etarra en dicha Comunidad Foral, sino que estaríamos ante el preámbulo de más de lo mismo en la Comunidad Autónoma Vasca. De ahí, ante el temor a que pudiera llegar a producirse un posible clima favorable para ello el gran nerviosismo de un PNV que, por estas y otras razones ya desmenuzadas en artículos anteriores también aquí publicados -tal y como metafórica y coloquialmente suele decirse-, entre otras cosas optara por radicalizar de manera tan extrema su estrategia y “echarse al monte”. Sobretodo, ante la clara evidencia de haberse llegado a aceptar en su momento por parte del actual gobierno durante el susodicho proceso negociador tratar el tema de buscar soluciones a la tan prioritaria para ETA cuestión de: “la autodeterminación del País vasco”.
Por consiguiente y en relación con todo lo mencionado en la primera parte, sin duda alguna puede afirmarse, y con inequívoca rotundidez, que este gobierno socialista ha ido infinitamente más allá en sus devaneos y negociaciones con ETA que el del propio Felipe González en su día. A este respecto y para mayor aclaración, como bien fueron haciendo ver en aquellos momentos, y muy especialmente por parte del entonces ministro Barrionuevo -como también tuve la oportunidad de comentar hace años en otro artículo aquí publicado: “Y PORQUE SABEN DONDE ESTÁN, NEGOCIACIÓN CON ETA NO”-, de ningún modo aceptaron jamás ni tan siquiera tratar el llamado “derecho autodeterminación”. Como jamás tampoco durante la etapa de negociación felipista, y por más que a este gobierno le haya resultado más conveniente ahora variar tácticamente su actitud anterior, recrudeciendo su política antiterrorista con el fin de oficializar un nuevo posible proceso de negociación, llegaron a otorgarle a la misma el cúmulo de incalificables concesiones -para no pocos incluso presuntamente delictivas y que iré tocando más adelante-, el exagerado boato de todo tipo, ni una tan descomunal proyección como, tan vergonzosa y vergonzantemente, se ha venido haciendo abiertamente durante la pasada legislatura.
Por otra parte y según diferentes fuentes poco -que a su vez sostienen que no se ha dejado de mantener contactos negociadores-, se trataría de un nuevo proceso de negociación que, a diferencia del esperpento oficialmente mantenido hasta hace bien y como bien a la vista está, en este caso pretende ser llevado a término con una ETA con el llamado sector duro más descabezado. Para lo cual y como una parte más de la estrategia global, incluido también el acercamiento de presos que se viene llevando a cabo actualmente. Lo cual y como no podría ser de otro modo, ha vuelto a despertar no poca preocupación en ámbitos diversos.
Indudablemente y al margen de que no ve o no se entera quien no quiere, el incalificable proceso de negociación protagonizado por el gobierno actual, por más que se quieran negar, tergiversar y manipular los más que tozudos y conocidos aberrantes hechos, lo verdaderamente cierto es que no sólo ha provocado una profunda sensación de humillación y desmoralización en las víctimas del terrorismo, sino entre una importante mayoría social. Mayoría social que, por cierto, no tuvo pereza alguna a la hora de expresar públicamente su rechazo a tanto aventurerismo gubernamental, por más intentos de descalificación y de vejación orquestara esta falsa progresía y demás palmeros y pesebristas estómagos agradecidos del coraje subvencionado. Aquí, para intentar justificar lo injustificable, no basta con intentar aducir de forma ladina aquello de que, el PSOE, ha vuelto a ganar las elecciones, ya que, también las ganaba en Alemania y democráticamente, el propio Hitler. Lo que, por tanto y así de triste y no menos preocupante, nos sitúa ante un gran sector social no menos corrompido e inmerso en unos muy elevados niveles de desconocimiento, desinformación y decadencia moral. Tal vez, a este respecto y ya en el extremo, nada más elocuente y desgarrador que la fotografía de los “amigos” del recientemente empresario asesinado en Azpeitia jugando a las cartas -y como si tal cosa-, mientras aun yacía caliente en el suelo el mismo.
Caótico panorama social el que hoy se proyecta desde la pasividad y tragaderas de una determinada ciudadanía totalmente despersonalizada, espiritualmente muerta y capaz de no alarmarse mientras, como ha sucedido con el presidente Rodríguez y desde una más que manifiesta deslealtad, observa como éste no tuvo reparo alguno en entrar no sólo a negociar todos los puntos de la Alternativa KAS, sino incluso a favorecer la estrategia tendente a garantizar la presencia de las diferentes franquicias de ETA en las instituciones. Por cierto y para todo aquel que se precie de respetar simplemente la decencia y transparencia política, diabólico juego propio del más repugnante particular y partidista oportunismo político. Y tanto más deleznable aun cuando, para más detalle, se ha ido infinitamente más lejos por parte del gobierno actual que lo hiciera el felipista, al entrar en el actual gobierno en la antes aludida excepción del autodenominado “derecho de autodeterminación. Fenómeno este al que, como es bien conocido y se hacia mención en la primera parte de esta reflexión, ya se hacía referencia en las manifestaciones de la vicelendakari del actual gobierno vasco.
En definitiva y para quienes no quieran cerrar los ojos o engañarse a sí mismos, a la hora de extraer las más que plausibles evidencias ciertas en torno a cuanto se ha comentado y criticado a este respecto nada como analizar con detenimiento, tanto el anterior proceso negociador producido durante el felipismo como, tal y como ya se ha afirmado y en relación con el actual, el elocuente espectáculo dado por el PSN-PSOE a resultas de las Elecciones Forales. Aunque y como es natural, hayan quedado aparcados por el momento todos los acuerdos logrados como resultado del fracaso de las susodichas negociaciones. Entre ellos, todo cuanto hace referencia a una tan traída y llevada posible estrategia tendente a la integración de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca.
En definitiva, visto lo visto y por más que muchos navarros en particular y del resto de España en general expresaran en su momento un más que firme e inequívoco rechazo a semejante antes aludida posibilidad, a priori es más que evidente que la tentación continúa latente. Especialmente, a juzgar por cuanto se ha podido intuir y conocer tanto en el pasado felipista como ahora, y por más que tácticamente y a fin de poder llegar al Gobierno de la Comunidad Foral, conviniera proyectar una imagen distinta. Por lo que, difícilmente, se puede llegar a sostener hoy sin ruborizarse que, la autonomía Navarra, pudiera ser un escollo insoslayable ante una nueva eventual negociación. Algo esto que, inevitablemente y salvo una más que manifiesta muestra de irresponsabilidad social -toda vez que alguien pueda estar pensando en que, ya ha pasada la “tormenta” suscitada de nuevo últimamente, ha podido quedar definitivamente despejado riesgo-, debiera dar lugar a un sereno proceso de reflexión y a mantenerse siempre bien alertas. Incluso aquellos que, incapaces de comprender que el terrorismo es absolutamente insaciable, se meten a aprendices de brujo ante tan complejas y delicadas cuestiones.
Y es que, como es bien sabido, por más que los actuales dirigentes socialistas insistan tan cínicamente hoy en que aquí no ha pasado nada – a fin de enmascarar la gravedad de sus actuaciones-, al igual que con las no menos peregrinas salidas de que la Nación española no se ha roto en referencia a las reformas estatutarias, lo verdaderamente cierto es que, en política y sin duda alguna, determinados delicados y sensibles procesos de cambio no se producen nunca por generación espontánea. Naturalmente, salvo que sea mediante el recurso a modos tan despreciables como el golpe de estado. Por tanto hay cambios que, a fin de poder materializarlos por vías sólo en apariencia democráticas como es el caso, requieren inevitablemente del paso de diferentes generaciones. Para lo cual y metafóricamente hablando, se va “sembrando el germen” que permitirá ir inoculando y de modo progresivo, el consiguiente veneno con el que ir modelando y “aprisionando” la conciencia social. Y, muy especialmente, cultivando y modelando las conciencias de los más jóvenes a fin de, con el tiempo, hacer factible su definitiva consumación.
Indefectiblemente y más allá de la ideología de unos y otros, por razones bien distintas o antagónicas, naturalmente asistimos a más de lo mismo que durante el franquismo, en lo que respecta a la alienación de la conciencia social. Si bien y como si de un nuevo “caudillaje” se tratara, hemos pasado de una dictadura impuesta a una especie de dictadura admitida. De ahí que, a nivel más general y de cara a hacer posible su estrategia global el PSOE, estemos asistiendo a ver como se pretende utilizar una nueva especie de instrumento de “formación del espíritu nacional”, y ahora llamado Educación para la Ciudadanía, entre otras iniciativas propias de la más que nociva cultura del relativismo y deplorable “filosofía” de lo políticamente correcto, de no menor inquietante despersonalización y desarme moral. Entre otras cosas, claro está y esa es la gran diferencia, en la búsqueda de su ansiado proyecto del Estado Plurinacional. Sin la menor duda, pretendidamente iniciado con las consiguientes reformas estatutarias que, a su vez, fueron enmarcadas dentro del proceso de negociación con ETA -y muy anterior a Perpiñan. Lo que, más coloquial y metafóricamente hablando, se entiende como el auténtico producto de una maniobra de muy alto calado y “propia de auténtica ingeniería política”. Pero, sin embargo y como quiera que la nada escasa ingenuidad social le hace a demasiados ciudadanos estar en otra onda y, a su vez, pensar en que la sucesión de hechos concatenados que se han venido produciendo durante los últimos ocho años más o menos no tienen nada que ver entre sí, pues eso, ¡viva la felicidad!
Ex senador

