La Rioja

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Las chicas de oro
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Alberto Gil | 04-05-2012 | 14:22

Mi compañero Teri Sáenz ‘bautizó’ a César Luena como el ‘chico del coro’, aunque, por un error tipográfico en Internet, acabó siendo el ‘chico de oro’. No hay maldad (lo juro) en este cocinero, pero a la terna que dirigirá la política local y el grupo municipal del PSOE en Logroño, bien podríamos llamarla las ‘chicas de oro’: Inmaculada Ortega, Concha Arribas y Pilar Criado.

Rondando en algún caso y, en otros, superando la sesentena (con todo el respeto, insisto), lo cierto es que el modelo, al menos a primera vista, propuesto por Inmaculada Ortega parece bastante similar al de César Luena: es decir, la renovación generacional prometida queda en segundo plano, de forma que serán las personalidades históricas del partido los que pilotarán la travesía en el desierto a la que han condenado los electores al PSOE riojano y logroñés.

Al margen del propio Luena, que es secretario general del PSOE desde Madrid, los cargos de responsabilidad del partido en La Rioja recaen prácticamente todos en viejos conocidos de la política riojana, pese a que con ellos los socialistas no han ganado elecciones desde 1995, más allá del gobierno de coalición municipal logroñés de la pasada legislatura y que tampoco puede considerarse una victoria puesto que el PP quedó a poco más de un puñado de votos de la mayoría absoluta.

Inmaculada Ortega con el grupo municipal del PSOE

Pablo Rubio es el portavoz parlamentario del PSOE. José Ignacio Pérez Sáenz, presidente, tutor y ‘guardián’ de los intereses de Luena y, en el caso de Logroño, son Inmaculada Ortega, Concha Arribas y -sorprendentemente porque es reconocida Luenista, número dos de Tomás Santos y luego de la pretendida y fracasada ‘renovación’ oficial encabezada por María Victoria de Pablo- Pilar Criado.

El ‘movimiento’ de Inmaculada Ortega de elegir a Pilar Criado como sustituta de Vicente Urquía en la portavocía municipal no puede explicarse de otra forma que un intento de congraciarse con el ‘aparato’ del partido (cosa que personalmente dudo que sea posible) y evitar un cisma con el grupo municipal, pero queda por ver cómo asumirán dicho planteamiento las diferentes corrientes que eligieron secretaria general de Logroño -más allá del comité local nombrado por ella misma-.

La asamblea de Logroño apostó por el cambio y, más bien, parece que lo que ha sucedido es la alianza o el resurgir del ‘movimiento de mujeres’ que se estuvo fraguando como candidatura a la secretaría general del partido con la propia Ortega como protagonista, pero que luego no salió adelante porque la diputada regional y secretaria general del PSOE logroñés es lo suficientemente inteligente como para no dar pasos adelante sin posibilidades de llegar a destino.

Ya dijimos en esta ensalada que Inmaculada Ortega contaba con un ‘número 2’, que representaba la renovación y que estaba llamado a asumir la responsabilidad del PSOE logroñés. Carlos Arriazu se marchó de un portazo en visperas de la fecha clave (de lo que estoy seguro es de ahora sería contrario a esta estrategia de ‘conciliación’) y, si bien es cierto que el comité local de Inmaculada Ortega tiene muchas caras nuevas y gente con preparación profesional ajena a la política, de momento no hay renovación, como tampoco la hay, por ahora, en el proyecto de César Luena.

José Luis Prado, que era una de las opciones claras de relevo de Urquía, se apartó para no competir con Inmaculada Ortega por la secretaría general del PSOE logroñés, aunque luego cometió el error de significarse en segundo plano con la candidatura ‘oficial’ que apoyaba el propio Urquía. La pregunta que se hace este cocinero es que, si era necesaria esa ‘conciliación’ con el aparato y el grupo municipal, no era Prado un mejor candidato que Pilar Criado para asumir la portavocía. Tal y como quedarán las cosas en el grupo municipal, no sé cómo serán las listas del 2015 y, sobre todo, ni cuándo, ni cómo, asúmirán las caras nuevas prometidas las responsabilidades.

La sensación que queda después de todo este viaje tras las elecciones de mayo del año pasado es que la renovación, sea en el PSOE o en cualquier partido político, es más una quimera que una posibilidad real, puesto que, sin quienes controlan los aparatos y los grupos de presión de los partidos, no hay movimientos posibles.