La Rioja
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Echad la llave
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Alberto Gil | 02-08-2012 | 11:35

Aunque estéis en casa. Los tiempos cambian, las puertas de seguridad también y la crisis aprieta, incluso ahoga. Los ladrones ya no esperan a que los inquilinos se vayan de vacaciones. ¿Por qué hacerlo? Una radiografía, incluso una simple tarjeta de crédito o de plástico, puede abrir una puerta cuando el propietario está dentro. Los robos pueden ser a pleno día, a las horas habituales de estar en casa, que rara vez cerramos cuando estamos dentro.

Sigilosos, los cacos abren la puerta, entran a hurtadillas y actúan. La víctima puede ser un jubilado. Vive sola y está en la terraza pasando la tarde de verano. El caco se percata. Tiene olfato o intuición, y encuentra rápidamente en un pequeño cajón del armario del dormitorio el sobre con dinero en metálico para pasar el mes porque los jubilados no usan las tarjetas de crédito.

Al ladrón le gustan los cajones pequeños: va a la caza de objetos de valor, muy sentimentales, y guardados en pequeños compartimentos. A continuación, busca en los cajones principales del dormitorio. Sabe lo que hace: saca el cajón del dormitorio porque la víctima está en la terraza y se le lleva al hall de entrada por si hay que salir corriendo.

Ya tiene el botín en metálico y unas cuantas piezas de valor. Deja intacta la bisutería del cajón principal y se lleva todo aquello que sospecha que tiene valor. Hoy en día es fácil deshacerse de la mercancía robada: uno de los pocos negocios al alza, y podéis comprobarlo en los parabrisas de vuestros coches, es la compra de oro y joyas. En muchos sitios no piden razón ni documentación. Se compra, se funde… y a otra cosa.

La víctima regresa de la terraza y se encuentra el cajón de su dormitorio en el hall de entrada.: ¡Me han robado! La puerta está cerrada. Llama a la policía, que en unos minutos llega al domicilio.

 
Es el pan nuestro de cada día dicen los agentes. “¿La han dormido? ¿Puede ser que no se acuerde y se haya despertado tumbada en el sofá? ¿Se ha echado siesta?” A continuación, los policías se explican: “suelen llevar cloroformo o alguna sustancia química capaz de dormir a la o a las víctimas”. Y, eso, en el mejor de los casos.

Al día siguiente viene la policía científica. La mayoría de las veces no hay huellas, pero aunque las haya si el individuo no está fichado será prácticamente imposible encontrarle.

Los ladrones están preparados, se ayudan o incluso forman bandas organizadas. En este sentido, los policías preguntan por marcas en el buzón. No se ven a primera vista, pero, en este caso, había una cruz: el domicilio era un potencial objetivo.

Las marcas son códigos internos de los ladrones y, lógicamente cada uno o cada grupo, tiene el suyo propio, por lo que no hay una interpretación estandar, pero si veis marcas similares a las del dibujo en buzones, puertas o fachadas sospechad si ya no es tarde.

(*) Pdta: La estadística también refleja un importante aumento de los robos (domicilios, joyerías, tiendas, campos de golf…), pero la prueba es que si comentáis con unos amigos un caso reciente que os hayan contado seguro que ellos también conocen otros parecidos.