Cuentos Zen: Buena suerte o mala suerte

Un maestro Zen se acerca a un puesto de perritos calientes:

- ¿De que lo quiere, maestro?

- Lo quiero con todo.

¿Que significa Zen?

En japonés, la palabra Zen quiere decir “meditación”, y se trata de una de las escuelas budistas más conocidas en Occidente, y más practicadas en toda Asia.

Una escuela Zen, busca ante todo la intuición y la naturalidad de la vida, para así conseguir alcanzar la meta del camino que lleva al nirvana (el cielo).

Para ello los maestros muchas veces les relatan a sus discípulos cuentos que ayudan a la meditación o para mostrar ejemplos para resolver problemas a los que no saben como enfrentarse.

Debo mencionar que muchos de los cuentos que escribiré no tienen origen asiático y algunos quizás ni siquiera provengan de la escuela Zen, pero aun así, como todos ellos hacen pensar a la mente y a la alma, se consideran de ese genero.

¿Buena suerte o mala suerte?

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tú eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien sabe.

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