Entiendo por lo que leo hoy aquí y escribe mi compañera Isabel Álvarez además de por lo que he oído por la ciudad, que el ayuntamiento de Calahorra propuso a las peñas la posibilidad de reducir algún día de las fiestas de agosto. Una idea que no me extraña teniendo en cuenta que el mismo alcalde me lo dijo en esta entrevista hace casi cinco meses.
Mi opinión es que ha llegado el momento. Pero no de quitar un día (como parece que se propuso) sino de quitar un par de ellos.
Todos los que me conocen saben que adoro las fiestas de aquí (así que nadie piense que soy una anti patriota ni nada por el estilo). Pero es verdad que la situación económica obliga. No sólo la del ayuntamiento sino también la de las familias.
Pongo mi caso, que supongo que será el de decenas de familias. Una familia con dos hijos viene a gastarse unos 150 euros diarios mínimo contando comidas o cenas con cuadrillas, caballitos de los pequeños, las gafitas del top-manta o el globito con forma de Bob Esponja, vermús, toros, degustaciones varias y alguna noche (una o dos como mucho) de cubatas… Claro, si estás en casa todo el día, no gastas nada; pero eso no vale. 150 x 7 son ni más ni menos que 1.050 euritos del ala.
Por otro lado, calculándolo por lo bajo, un día normal de fiestas puede costar alrededor de unos 18.000 euros con su encierro, sus fuegos, su orquesta o teatro, su fiesta infantil, sus horas extras del personal de la brigada, seguros, permisos, SGAE… Osea que nos estaríamos ahorrando unos 6 millones de pesetas (ya digo que tirando por lo bajo).
Sé que este año la cosa pinta mal por el tema de calendario (las fiestas comienzan en sábado y terminan en viernes), y como no se puede recortar por detrás (el día 31 es el día grande) sería quitar el primer fin de semana. Algo que no conviene ni a peñas, ni a calagurritanos, ni a calagurritanos que trabajan fuera de Calahorra ni a hosteleros ni a nadie.
Pero también creo que puede existir otra opción que bajo mi punto de vista sería ideal y es que las fiestas de Calahorra fuesen los días 29, 30 y 31 de agosto y 1 y 2 de septiembre. Cinco jornadas, cinco días con sus cinco noches. Y por fin el día grande no sería el último.
Pongo un calendario para que se más fácil visualizarlo.
120 horas disfrutadas al máximo. Y no como en los últimos tiempos, que al final, a mitad de semana, la gente ya está agotada o no le tira la cartera y se tiene que quedar en casa; o la otra opción, que son los que viven el fin de semana de las fiestas, y los otros cinco días se van a la playa dejando el aspecto de las calles, a veces, desolador. Creo que es preferible cinco días llenos de gente que no lo que vengo viendo en los últimos años.
Me parece una buena idea, y si ha salido de la alcaldía, que creo que sí, le alabo el gusto al alcalde… pero, y aquí viene el pero y el título de esta entrada.
Lo que no se puede es intentar que tomen la decisión otros por ti. No se puede lanzar un globo sonda y esperar a ver qué pasa. No se puede tirar la piedra en el tejado de las peñas y que sean ellas las que tenga que decidir algo así. Especialmente porque el equipo de gobierno tiene una mayoría absoluta que para otras cosas sí que utiliza.
Creo que las peñas se han equivocado al votar en contra (si se llegó a votar). Y creo ésto porque tendrán que currar muchísimo más que ningún otro año para que las fiestas luzcan la mitad y a pesar de tener un 10% menos de subvención. Y además porque al final las familias sí que están priorizando y os aseguro que los que tienen que elegir prefieren que sus hijos tengan libros en septiembre que caballitos en agosto.
Los que estáis a favor de que las cosas sigan igual no me tireis muchas piedras.
P.D. La foto, si no recuerdo mal, es de Alfredo Iglesias.



