Luego que la gente se queja…
Llevo sin acudir al pediatra de mi centro de salud una buena temporada. De hecho con una de mis mellizas sólo lo he hecho para las revisiones mensuales (al principio) y anuales (después), para las vacunas y todas esas cosas obligatorias. Con la otra la cosa cambia, lo reconozco.
El pasado viernes, la misma de siempre, empezó a vomitar. Como ya ‘son mayores’ piensas que puede ser un frío al estómago o un virus y empiezas con la dieta… A media mañana el dolor en la parte derecha abdominal se hace casi inaguantable, no se puede levantar, ni sentarse (lo primero que se te viene a la mente es que pueda ser apendicitis).
Como no tenemos cita con el pediatra, y lo más probable es que nos la den para el lunes, o el martes o incluso el miércoles (a ver como le explicas a la maquinita que da las citas que la cosa pinta en bastos)…mi marido se acerca hasta el centro de salud para preguntarle a la pediatra si la puede ver a última hora.
La intención no es otra que no tener que esperar a urgencias (que digo yo que por qué no hay urgencias todo el día en este santo pueblo) ni tener que bajar al hospital (puede que estemos hablando finalmente sólo de un enfriamiento).
Mi marido: “Mire usted tengo una niña…”
Su contestación: “Usted tiene una y yo 1.300”.
Sin comentarios.
Bueno sí; uno: seis horas más tarde la operaban de peritonitis.


