De nuevo en el ajo

Lo había incluido dentro de mis propósitos para el 2013 y lo estaba alargando porque no quería que la primera entrada después de unos meses sabáticos coincidiese con algún tema en el que tuviese que criticar a unos u a otros, y claro, en los tiempos que corren, eso es tarea difícil.

Empujada ayer por @inesimar y aprovechando que hoy es el patrón de los periodistas he pensado: ¿qué mejor día que hoy?, ¿por qué esperar a mañana?

No ha sido un día fácil, para qué nos vamos a engañar. Lo empezaba acordándome, esta mañana,  de todos esos compañeros que hoy no tienen profesión que celebrar, que son enormes profesionales y que sin embargo no tienen medio en el que demostrarlo.

Me acordaba de compañeras de universidad que demostraron ser estupendas periodistas y que nunca han podido ejercer esta bella profesión, me acordaba de compañeras que comenzaron con una sustitución y que luego nunca más pudieron saborear lo maravilloso de este trabajo, me acordaba de periodistas muy valientes que supieron plantar cara y que, a pesar de que lucharon, se quedaron finalmente sin empleo.

No es un buen momento para el periodismo. Lo del cuarto poder es una auténtica mentira. Si hay un cuarto poder os aseguro que no lo tenemos nosotros. No sé si las cosas siempre fueron así, pero ahora lo son. Estamos posiblemente igual de mal valorados que los políticos, la diferencia es que nosotros no somos protagonistas de esas encuestas de suspenso o aprobado. Hay periodistas despreciables, orgullosos y prepotentes. Hay otros vagos de solemnidad, con pocas ganas de trabajar y apoltronados en sus sillas delante de sus ordenadores. Hay periodistas que llevan años sin salir de la redacción, sin mirar a la cara a la noticia. Hay periodistas que se han convertido en jefes de la empresa y que ya no se acuerdan cuan necesaria es esta profesión para la sociedad y están más preocupados de los números que de los lectores (que son al fin y al cabo a los que nos debemos).

Pero también hay fontaneros que nunca aciertan a la primera, abogados que no ganan ni un juicio, policías que sólo piensan en poner recetas e incluso políticos que de vez en cuando meten la mano en el cajón.

Hoy no ha sido un día fácil aunque lo hemos celebrado trabajando (que para como está el patio es más que suficiente) pero hoy no me quiero ir a la cama sin acordarme de aquellos periodistas que luchan porque tú sepas un poquito más de lo que pasa. No hablo de los grandes de EL MUNDO o EL PAÍS, hablo de mis compañeros, de los que dejan a su familia para irse a cubrir un partido de balonmano, de los que se han perdido las tardes de Navidad o Año Nuevo para que al día siguiente a usted no le falte este periódico, de los que, en sus horas libres, atienden sus blogs sin recibir nada a cambio y con el único objetivo de que usted esté más informado, de los que se pegan cada semana con los números de las estadísticas y encuestas para sacar un titular o de los que se pasan la mañana del sábado con el ojo puesto en el Ebro.

Son profesionales que se patean las calles para tomarle el pulso a las ciudades en las que viven, son profesionales que miran y remiran sus textos para que luego en un comentario anónimo de internet pongan en duda su trabajo, son profesionales que posiblemente se van a casa enfadados porque saben que las cosas se podrían hacer mucho mejor, que habría otros temas que tratar o que la gente cree que son más importante otras cosas que las que contamos. Son hombres y mujeres enamorados de esta profesión.

Una profesión, que al menos a mi, me ha dado muchos de los mejores y peores momentos de mi vida, que me ha hecho crecer como persona, que me ha obligado a tomar duras decisiones y que me ha demostrado día a día que es la profesión más bella del mundo.

 

 

P.D. La foto es de otro gran compañero: Miguel Herreros.

 

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La Rioja

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