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Villava

Unisonic y Gotthard llaman a las puertas del futuro
mirocklloeselblog 18-10-2012 | 9:21 | 0

13 de octubre del 2012, sala Tótem de Villava-Atarrabia (Navarra)

La música es un enorme y feliz almacén de ilusiones. Y quienes nos adentramos en el metal a finales de los mágicos años 80 teníamos una que se había convertido en utopía: ver de nuevo sobre un escenario a Michael Kiske, la privilegiada garganta alemana de los míticos ‘Keeper of the seven keys’ de Helloween, pilares fundamentales del power metal.

El anuncio de su suma con Kai Hansen, el guitarrista fundador de los calabazas, y la edición del álbum homónimo de Unisonic nos llenaba este año de satisfacción. Y que su gira junto a los renacidos suizos Gotthard recabara en la sala Tótem de Villava nos la colmaría. Así, el 13 de octubre se convertía en cita fundamental. Tal fue la expectación ante el doble cartel que la Tótem colgó el cartel de ‘no hay entradas’ para una cita que congregó a decenas de seguidores riojanos.

Con la sala navarra llena, la Cabalgata de las Walkyrias introducía puntualmente a las 22.00 horas el salto a escena de Unisonic con el veloz tema que les bautiza, siendo recibidos con un enorme clamor y todos coreando el tema. Ver de nuevo en escena a Kiske desplegando los casi infinitos recursos de su garganta fue un torrente de emoción inenarrable. Sí, la para muchos mejor voz del metal volvía a inundar el ambiente. Y en esa enorme exhibición tenía a su lado a Kai Hansen, quien tanto hizo con sus Gamma Ray por el metal en los 90 cuando era una música que pregonaba en el desierto ante el azote alternativo. Verles juntos de nuevo fue, sencillamente, mágico.

Unisonic repasaron los temas de su primer álbum, más rockeros que metaleros, pero muy bien recibidos por el público, que los cantó, aplaudió y coreó el nombre de la banda y de sus dos líderes como señal de euforia. Tras ‘My sanctuary’, llegó el primer regalazo de la noche: la speedica ‘March of time’, que enloqueció a toda la sala. Sí, alguien volvía a cantar a Helloween como se debe –desde aquí, reclamar a los actuales calabazas que se centren en su carrera con Andy Deris de ya casi dos décadas y fantásticos discos en lugar de intentar cantar los temas de Kiske, algo imposible para cualquier otro humano-.

Tras la locura, continuó el repaso por su primer álbum. Desprendiendo muy buena energía entre ambos, Kiske y Hansen agradecieron la buena recepción de los temas y confiaron en regresar en el 2014 con nuevo disco y como cabezas de cartel de su propia gira. La festiva ‘Never change me’, que recuerda a los tiempos de los ‘Happy Helloween’, puso fin a la actuación. Pero el público quería más… y Unisonic nos brindaron un momento irrepetible.

Después de bromear entre su parecido y el del batería Kosta Zafiriou, Hansen iniciaba unos rasgueos por todos conocidos. Era la intro a ‘Future world’, uno de los temas banderas de Helloween. Y la Tótem estalló en una fiesta extática. Tras la larga versión en la que Kiske honró a Elvis Presley e hizo cantar a toda la sala, Unisonic engancharon con ‘I want out’… y la apoteosis fue ya absoluta. Por letra y por música, uno de los himnos de la historia del heavy metal volvía a atronar en la prodigiosa voz de Kiske y la guitarra de Hansen. Como el eterno agudo que lanzó Kiske al final, ese momento a muchos no se nos olvidará. ¡Mágicos!

Tras el éxtasis, llegaba el momento de Gotthard. Tras la muerte en accidente de su líder Steve Lee el 5 de octubre del 2010, los suizos viven el momento de resurgir. Y lo van a lograr gracias al hallazgo de Nic Maeder quien, sin querer ser un sustituto, ha tomado su relevo a la perfección. Su concierto fue una fiesta de hard rock puro y duro desde ‘Dream on’ hasta el bis regalado de ‘Mighty queen’, con una banda totalmente entregada en hacer feliz a su público.

Quizá a los seeguidores acérrimos de Gotthard les cueste ver al frente a Maeder, pero tras lo visto en Villava es la persona perfecta con la que seguir el camino. Defendió con carisma, ganas y energía los clásicos de los suizos y se engrandeció en los temas de su último y reivindicativo ‘Firebirth’. Sonando muy potentes y compactos pese a su cariz melódico, se ganaron con su entrega a un público expectante, un público que debía reencontrarse con estos Gotthard. Y lo lograron gracias a Maeder, pero también a la enorme ilusión puesta por el guitarrista Leo Leoni, que lideró la noche.

Gotthard suenan como si metieras en una coctelera a AC/DC, Def Leppard y Aerosmith… y así suenan a Gotthard. Combinaron los clásicos de dos décadas de carrera con los temas nuevos, alcanzando grandes momentos con ‘Gone too far’, la coreada versión de ‘Hush’ de Billy Joe Royal o ‘Lift u up’, antes de los bises. Pero el momento más emocionante fue el homenaje a Steve Lee en ‘One life, one soul’, que fue recibido con un aplauso de más de un minuto y la cantó todo el público.

Tema a tema, la banda se ganó al público, ya entregado en la recta final. Y nos ganaron a todos cuando, tras el festivo bis con ‘Master of illusion’ y ‘Anytime, anywhere’, volvieron al escenario para agradecer la entrega del público con la versión de Dylan ‘The mighty queen’, que puso el colofón perfecto a una noche de las que no se olvidan.

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Cartelera de conciertos destacados para mañana sabado 28 de abril de 2012
mirocklloeselblog 27-04-2012 | 11:48 | 0

M.C.D. y Rotabator en el Biribay Jazz Club de Logroño (La Rioja)

La Fuga y Dikers encabezan el festival de la verdura en la Sala Noboo de Tudela (Navarra)

Siniestro Total en la Sala Totem de Villava (Navarra)

Corizonas y Clarisse en la Sala Movie de Pamplona (Navarra)

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Los Suaves, nuestra casa es el rock
mirocklloeselblog 12-03-2012 | 6:13 | 0

Los Suaves, La Fuga y Tako en la sala Tótem de Villava (Navarra) – 9 de marzo del 2012

“Un día en la vida vale más que un año de buenos recuerdos”… “Quien no ha visto un camino al alba no sabe lo que es la esperanza perdida”…

Había cruzado ya la adolescencia y mis padres seguían sin entender que tras la puerta de mi habitación siguieran sonando guitarras altas con esa voz rasgada que cantaba a las noches, a la tristeza del tiempo, a la energía del rock para no dejar escapar la vida… Pasado el ecuador de la universidad, en 1997, le di a leer a mi padre el libreto de ‘San Francisco Express’. Lo leyó con detenimiento, levantó su mirada y me dijo “ese hombre es un verdadero poeta” cuando acabó de sentir letras como ‘Ourense-Bosnia’ o ‘Lisa (1970-1996)’. Se refería a Yosi Domínguez, alma de Los Suaves, nacido como él en 1948, año del Cerdo y que, 31 años después de carretera y escenarios, sigue lanzándose cada noche al público en un abrazo de felicidad compartida.

Los riojanos pudimos disfrutar el 4 de noviembre de la gira ‘Rock a 3 bandas’ en Logroño, en la que los ourensanos unen sus fuerzas a los reinventados cántabros La Fuga y a los ejeanos Tako. Tras unas semanas de descanso y renovación en el local, la gira volvía a la carretera en la sala Tótem de Villava (Navarra) y decenas de fieles riojanos nos movilizamos para disfrutarla.

Los encargados de abrir son Tako, banda que –incomprensiblemente- después de cinco lustros de brillante carrera no encuentran en otros lugares la recepción que tienen en su Aragón y en la ribera. Era noche de viernes y el público iba llegando con frialdad, pero Tako se encargaron de poner el calor sobre el escenario con los temas de ‘El taller de los caprichos’ y clásicos fundamentales como ‘Carpintero de condenas’, ‘A las puertas del deseo’ o ‘El viejo resina’, plasmando como es habitual en ellos una gran actuación, llena de energía, de la locura de Nacho y la lírica de Mariano.

Tomaron el relevo La Fuga, que cada noche se enfrentan al reto de convencer al público escéptico de que pueden seguir adelante sin Rulo. Si en Logroño contaron con un público joven que les aupó, en la Tótem lo tuvieron más complicado y, aunque su cantante Pedro jugara en casa, les costó convencer a toda la parroquia. Tuvieron a su público coreando principalmente sus clásicos o aplaudiendo la colaboración de Alfredo Piedrafita de Barricada en ‘Arde el viernes’ pero muchos siguen encontrando que, pese a sus ganas, les falta alma, algo con lo que terminar de conectar.

Cuando las luces se apagan y suena ‘Les preludes’ de Franz Listz, el ritual suave arranca. Pero esta vez lo hizo con un inicio enérgicamente inesperado. Los seguidores de Los Suaves, esos que necesitamos su música como el comer, procuramos asistir a cuantos conciertos sea posible… y los ourensanos nos tenían reservada una noche cargada de sorpresas. Estallar con el explícito clasicazo ‘No puedo dejar el rock’ fue la primera y la que vaticinó una noche inolvidable.

El reposo en el local ha llevado a Los Suaves a recuperar temas que hacía mucho que no sonaban y tuvimos la sensación, por el impacto de las sorpresas y por la feroz fuerza con la que los acometieron, de que estábamos viendo una banda que empieza… lejos de cumplir los 31 años… Porque tras ‘Cuando los sueños se van’ convertida ya en un clásico regresó ‘Buenos Aires rock n’roll’ para después poner a saltar a toda la sala con ‘Palabras para Julia’. El gran himno quedó deslucido porque un energúmeno estrelló un vaso contra Yosi que tuvo como consecuencia que la pedalera del guitarrista Fernando Calvo se estropeara y tardara varias canciones en volver.

Tras ese momento desgraciado, que pese al enfado de Charly y del público –que sacó al oligofrénico de la sala-, la banda no se resintió sino todo lo contrario, encarando el concierto con más rabia y un Yosi cargado de ganas… Y llegó el momento de ‘Lisa’, de sus versos, de sus melodías de guitarra a lo Thin Lizzy, de su fuerza. Porque el nuevo repertorio presentado por la banda es muy duro, acudiendo a viejos temas que dan toda la esencia suave, como ‘Dulce castigo’ con ese verso mágico “Frío como el infierno vacío, así fue mi vida contigo” y la rockanrollera ‘Esa noche te perdí’. Mientras Fernando recuperaba su equipo, Alberto Cereijo tomó las riendas de la banda, exhibiéndose como el mejor guitarrista del país sobre la base del bajo de Charly y su eterna sonrisa y la soltura de un Tino sin claqueta que arremetió con fuerza, precisión y sentimiento su batería.

Sobre un sampler de carretera –algo novedoso en Los Suaves- y Yosi pidiéndonos cuidado al volver en el coche, regresó ‘Viajando al fin de la noche’, uno de los temas más aclamados. Como un bloque, hilando tema tras tema sin pausa como aprendieron con los Ramones en aquella noche bautismal de noviembre 1981 en La Coruña, también volvió en el tiempo ‘Dile siempre que no estoy’ antes del canto a la muerte de ‘Ese día piensa en mí’ y la agitada ‘Dolores se llamaba Lola’, con Yosi lanzándose a un público que se dejaba alma, garganta y corazón en cada estrofa, sonriendo todos pese al relato de tristezas y desgracias. Un nuevo sampler con la llegada de un tren daba la bienvenida a la poderosa ‘San Francisco Express’ para regalar otra sorpresa, la recuperación de la eléctrica canción de desamor ‘No me mires’ antes de acabar con el canto a su tierra de límites ‘El afilador’ con toda la sala bailando.

El público quiso más y la banda también. “¿Dónde está Kutxi?”, Yosi buscaba al cantante de Marea, que se estaba dejando la garganta como un fiel seguidor más. El poeta navarro subió al escenario entre una gran ovación para compartir ‘Mi casa’, tema que los de Berriozar versionaron en una gira anterior. Ese himno que describe el rock como nuestro hogar fue una auténtica fiesta entre grupo, Kutxi y público en un momento histórico, pues pocas veces Los Suaves suben a invitados a su escenario.

La despedida era para ‘Ya nos vamos’, en la que la banda confiesa a su público que “formáis parte de mis sueños”, pero Yosi quiso seguir y reclamó “una que hemos hecho en el local”. Y volvió a sonar en directo ‘La noche se muere’, algo que no hacía desde 1996, provocando la locura entre el público. Y locura en escenario con ese feroz riff, Tino machacando el doble bombo, Charly a toda velocidad en sus cuerdas y Cereijo y Fernando lanzándose solos incendiarios haciendo viajes imposibles sobre sus mástiles en un final apoteósico que dejó boquiabierto al público, que agradeció las más de dos horas de fuego con una larga ovación.

El ritual sobre el escenario acabó con aclamación y continuó fuera, con la banda compartiendo con sus seguidores brindis en una noche que se extendió bajo la luna llena en el Black Rose de Burlada… ¡Siempre Suaves!

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Hamlet, una banda de la que fiarse
mirocklloeselblog 22-02-2012 | 8:11 | 0

Hamlet + Vita Imana, sala Tótem de Villava (Navarra) – 18 de febrero del 2012

En los días anteriores al concierto me sorprendía al leer notas previas que les dedicaban calificativos como ‘banda veterana’ o ‘mítica’. Echaba la vista atrás y sí, ya son veinte años de Hamlet, pero su brillante trayectoria apegada a los sonidos en la vanguardia del metal presenta a los madrileños como una de las bandas más inquietas e innovadoras de la escena, fundamentales para los amantes de los sonidos duros y para entender la evolución en el género.

La publicación de ‘Amnesia’ (Kaiowas Records, 2011) ha sido uno de los mejores regalos del año para el metal. Después de unos trabajos en los que, dentro de su contundencia, primó la melodía, siguiendo la senda abierta por ‘Syberia’ (2005) con ‘Pura vida’ (2006) y endureciéndose con su noveno álbum, este ‘Amnesia’ es un regreso a su primera etapa, a la más corrosiva, presentándose como un dignísimo heredero de ‘Insomnio’ (1998).

Con el aval del aplauso unánime de público y crítica, que lo han premiado ubicándolo en las listas de los mejores discos del 2011, Hamlet se han lanzado a una gira nacional que está cosechando igualmente todos los aplausos. Por ello, fuimos varios los riojanos que elegimos la sala Tótem de Villava para volver a vivir su furia sonora, sabedores de que Pamplona es una de las ciudades donde más adeptos tienen.

Con una buena entrada –unas 400 personas-, abrieron los brutales Vita Imana presentando ‘Uluh’, en el que siguen la senda del metal extremo con toques tribales. Con el escenario dispuesto con la iconografía de ‘Amnesia’, la intro ‘Origen’ dio paso a los cinco Hamlet con ‘La fuerza del momento’, desplegando con energía desatada ese sonido corrosivo, contundente y poderoso, que les aproxima al groove metal y southern rock que bandas como Down han alzado. En la primera parte del concierto, Hamlet apuestan claramente por su último trabajo repasando grandes temas como ‘Mi soledad’, ‘Entre la niebla’, ‘Deja vu’ y algunos tan complejos y completos como ‘La sombra del pasado’ o el genial ‘Desesperación’ aliñados con otros del resto de sus trabajos como ‘Limítate’, ‘En mi nombre’, ‘Serenarme’, la fiera ‘Denuncio a Dios’ o ‘Sietes historias diferentes’.

Nuevos y clásicos son recibidos con iguales ansias por un público entregado a una banda que despliega una puesta en escena enérgica, con un Luis Tárraga que desenvaina riffs recorriendo todo el escenario, al igual que el otro seis cuerdas, Alberto Marín, que endurece junto al bajista Álvaro Tenorio la imagen de la banda, mientras Paco Sánchez martillea la base desde su batería. Y quien luce un estado de forma espectacular es Molly, que mantiene el contacto continuo con el público, implicándolo en cada canción y exhibiendo una capacidad vocal asombrosa, viajando por todos los registros y desgarrándose en los guturales. ¡Espectacular!

Una de las sorpresas llegó con la recuperación de ‘Mi nombre es yo’, que alborotó toda la sala como entrada a una segunda parte plagada de clásicos que dejó a todos sin garganta y sin aliento como ‘Tu medicina’, ‘J.F.’ y las brutales ‘Habitación 106’, ‘Egoísmo’ e ‘Irracional’, una retahíla de clásicos con sus afiladas letras sociales que, para todo seguidor de Hamlet, es un feliz viaje por su carrera hasta sus inicios. En ese recorrido, el propio Molly agradeció la confianza y la fidelidad del público a Hamlet, una fidelidad que la banda guarda con pulcro respeto a su esencia.

Tras un breve descanso, ‘Imaginé’ daba paso a la vitalista ‘Antes y después’ para embrutecer un final de denuncia con ‘Dementes cobardes’ y ‘Un mundo en pausa’, tema que, llamando a la acción, tan bien describe los días que nos toca vivir y que dejó público y banda exhaustos. La ovación final fue el justo premio a un enorme concierto de una de nuestras mejores bandas. Como seguidor desde sus inicios, ver a Hamlet en ese estado de inspiración y de forma es una magnífica sensación… ya estamos buscando en el mapa dónde poder repetir.

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