No te lleves los problemas a la cama

Hace nueve meses, que casualidad, dejaba este blog porque los duros acontecimientos que habían sacudido mi vida me iban a impedir alimentarlo adecuadamente. Ya se sabe el sexo y los problemas no son buenos amantes.

Tímidamente comienzo a levantar cabeza y otras cosas así que no tan explícitamente ni tan asiduamente como me gustaría trataré de pasar un ratito agradable con vosotros.

Os hecho de menos. Jess, Max, Elisa… Espero volver a encontraros.

Despedida

Los últimos acontecimientos acaecidos esta semana en mi vida me van a impedir actualizar este blog durante una temporada.

Muy a mi pesar de lo último que me apetece hablar en este momento es de sexo.

Espero reponerme pronto para seguir respondiendo vuestros comentarios: Jes, Max, Ninia, Eli…

Un beso

Máscaras sexuales

Estaba haciendo una careta de carnaval para mi hija cuando recordé la historia que hace unos quince años mi amigo protagonizó en un pueblo cercano a Logroño. El juego consistía en que las chicas presentes adivinaran la identidad de ellos sólo viendo su pene. Mi colega lo narraba con todo lujo de detalles ya que él, más bien su polla, provocó la admiración entre las presentes.

Personalmente me pareció un juego propio de adolescentes. De hecho si veo a mi sobrino salir de su habitación con un metro en la mano pensaré mal y casi seguro que acertaré. Más de uno me ha pedido mi valoración sobre el tamaño de su pene y más de uno me ha confesado que se lo ha medido. Lo cierto es que el mito del tamaño plantea dudas en la mayor parte de los chicos acerca de si su pene tiene la medida adecuada.

Recuerdo la noche en que una amiga me contó que el tamaño del pene es proporcional al tamaño de la nariz. Este descubrimiento nos llevó a fantasear sobre las pollas de todos los chicos que conocíamos. La curiosidad nos asaltó con una serie de preguntas: ¿la inclinación de la nariz también se repetirá en la polla?, ¿el ancho de la nariz tendrá algo que ver con el grosor?… Esto quiere decir que además de buscarnos un hombre simpático, inteligente, buena persona y otro sinfín de cualidades tenemos que fijarnos en un un tipo con nariz larga, recta, gordita…

Lo cierto es que las mujeres hablamos de las tallas de nuestras parejas sin problemas. Los hombres, de vaginas o clítoris supongo que comentan poco, casi nada. De culos y tetas hablan hasta hartarse. Las mujeres vamos al grano, al pene, y cuando lo hacemos casi parecemos desposeídas de toda la piedad, la piedad que da el amor, sentimiento que asigna el tamaño estándar o normal a pollas de cualquier dimensión. Creo que las mujeres quieren compañeros de cama con penes grandes pero se conforman con la pequeña suerte o suerte promedio que les toca. Ahora, siempre hay hombres que con pequeños instrumentos se hacen gigantes.

He encontrado en Internet la prueba definitiva que demuestra que el tamaño sí importa. En la foto que acompaña este texto parece que hay otros motivos, menos etéreos, por los que Obama despierta ilusión. Ya hace unos meses comprobé la ‘grandeur’ de Sarkozy, gracias a este vídeo colgado en youtube.

Pero la prueba definitiva de la importancia del tamaño la encontré el otro día escuchando una conversación en el autobús. Un orgulloso futuro padre confesaba a un amigo que en la última ecografía, a pesar de que su mujer se encontraba embarazada de poco tiempo, el ginecólogo les había informado, sin ningún genero de dudas, que iba a ser niño. El orgulloso papá hacía alusión a sus genitales como “lo más grande del mundo” y sin punto y seguido, el comentario siguiente: “Este niño va a ser…”.

El sexo con amor de los casados

El otro día estaba cenando con mi amiga en un restaurante cuando me mandaron un sms publicitario con el consiguiente celebra el día de San Valentín, envía un no se qué a tal número para mandar una poesía a la persona querida o algo así. Yo puse cara de pocos amigos y borre el mensaje. Mi amiga me dijo que lo que me pasaba es que no era nada romántica.

Según ella hoy no hay tiempo para el amor, se ha perdido la ceremonia del cortejo, la seducción. Mi amiga dice que ahora cuando uno liga casi no le ha dado tiempo a preguntarle al otro cómo se llama y ya están follando, sin detenerse en una conversación, una larga velada… No, ahora es el “aquí te pillo y aquí te mato”.

Yo con la carta del restaurante en la mano le comenté: ¿Cuál es el menú ideal? Pues según para qué ocasión y según los gustos o intereses de cada momento.

Aunque al comer cubrimos la función biológica de la alimentación, lo cierto es que las comidas forman parte de rituales sociales. Además de la procreación y de alivio de la pulsión sexual, el sexo también tiene un componente emocional. Es un cita íntima entre personas en la que se intercambian afectos en mayor o menor grado.

Ahora bien, no es imprescindible jurarse amor eterno para tener sexo con cariño y ternura. Se pueden regalar emociones en besos, caricias y contactos sensuales sin que vengan con el certificado de infinitud o el formato de matrimonio. No hace falta reservar en un restaurante de 5 tenedores para disfrutar de una buena comida y sentirse bien atendido. Todas las situaciones tienen algo que aportarte.

El problema puede surgir si te hacen creer que un pincho de tortilla (por muy rico que esté), es cocina de diseño. Ese es el error: avivar falsas esperanzas, vender el titular “amor romántico” al compañero de sábana (por mucho cariño que suscite).

¿Y qué hacemos con la sopa de sobre?, ¿con los huevos fritos caseros?. Pues para mí tienen su función y su encanto al igual que los encuentros “aquí te pillo aquí te mato”. En estos casos hay que analizar si van con nosotros. Puede ocurrir que sean el único alimento de la dieta y acabarán por empobrecerla, o por el contrario, suponen el aliciente, que nos acercan al despertar de los sentidos y las sensaciones corporales.

No convencí a mi amiga que como siempre acabó escogiendo el “sexo con amor de los casados” de Joaquín Sabina.

Infidelidad

Esta semana, todos los medios de comunicación se hacían eco de una encuesta realizada por el portal de contactos Match.com. “El 41 por ciento de los españoles confiesa haber cometido una infidelidad a lo largo de su vida. Asimismo, revela que el 55 por ciento de las mujeres cree que ellos suelen ser más infieles, sin embargo el 58 por ciento de hombres considera que ambos sexos son igual de propensos al engaño”.

En lo que sí coinciden es en considerar que las infidelidades nunca son justificables, aunque es cierto la mayoría intenta buscar una justificación a la infidelidad cometida.

Casi la mitad de los encuestados reconoce no haber sido capaz de perdonar una infidelidad y la mayoría afirma rotundamente que “no podrían hacerlo en ningún caso”.

En cuanto a las causas de las infidelidades, la mayoría de las mujeres cree que se debe a la falta de principios de la persona que la comete, y la mayoría de los hombres la achaca a la falta de comunicación en la pareja.

Otro dato que revela la encuesta es que el 20 por ciento de los encuestados afirma haber salido en alguna ocasión con dos personas a la vez, aunque aseguran que fue “por poco tiempo”.

Pero antes de opinar al respecto os invito a ver el cortometraje ¿Infidelidad? de Miguel Óscar Menassa.


El gatillazo

Hace unos días me encontraba con la noticia de que la crisis afecta, y mucho, al sexo. Lo decía un sociólogo británico: en épocas de bonanza económica, la gente innova en lo que se refiere al sexo; en épocas de crisis, se vuelve más conservador; vamos que las posturas son las tradicionales… No es ningún secreto que cuando una está con la soga al cuello no tiene el ”coño pa’ mucho ruido’,

Además, el estudio alertaba de la defensa vigorosa que los sectores conservadores han emprendido de los valores familiares frente a las reivindicaciones feministas y homosexuales. A mí me vienen a la cabeza las imágenes de las manifestaciones en defensa de la familia convocadas por la Iglesia Católica y se me ponen los pelos de punta. Vamos, lo de toda la vida, ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’.

Yo estoy encendiendo una velita a quien sea para que el vaticinio del sociólogo no se cumpla y que por mucho que ladren algunos, los demás sigamos cabalgando.

Como a mí me gusta contextualizar que es un horror, al pensar en la crisis también me ha dado por recordar el mensaje de socorro que lanzaron los magnates de la industria pornográfica norteamericana, solicitando ayudas de la administración para hacer frente a la mala situación en la que se encuentra el sector. La noticia provocó risitas y suspiros a mucha gente. Recomendar a Hugh Heffner (el dueño de Playboy) que instale bombillas de bajo consumo en la lámpara-pene de su mansión de Los Ángeles, que aplique un ERE a las conejitas o que cree una subcontrata para dar trabajo a las muchachas pagándoles la mitad de su sueldo suena a chiste malo.

Claro que toda esta situación, tiene sus excepciones, y hay quienes ante la crisis, lo único que tienen como un bálsamo reparador es la práctica del buen sexo, acción a la que me adhiero plenamente.

Es el caso de los británicos que, según las encuestas, eligen el sexo como pasatiempo favorito ante la crisis económica que reduce su poder adquisitivo. Vamos que como no tengo dinero para ir de compras paso el tiempo bajo las sábanas. Dicho esto, tendré que confraternizar con mi profesor de inglés.

¿Qué llevas en el bolso?

Llego con mi hija a la puerta de casa y todos los días repito la misma escena. La importantísima y difícil tarea de buscar las llaves.
El primer paso consiste en sacudir el bolso, dado que si al hacer este ejercicio suenan en el interior un conjunto de llaves, es que por ahí deben de estar. Suenen o no suenen las llaves, paso a la segunda fase, o sea, la etapa táctica. Meto mi mano dentro y a base de puro tacto intento localizar las llaves. Si no las encuentro paso a la tercera fase, que consiste en ir sacando todo lo que contiene. En muchas ocasiones incluso tengo que recurrir a la cuarta etapa. Las llaves aparecen en el bolsillo de mi abrigo. Ante este ceremonial mi hija me pregunta: “mamá, ¿por qué llevas tantas cosas en el bolso?” y yo le contesto, “porqué las necesito”.

Lo cierto es que las mujeres llevamos en los bolsos cosas que consideramos imprescindibles para situaciones de emergencia. Y sospecho que yo debo ver esas situaciones por todas partes porque mis bolsos suelen ser enormes, cruzados siempre en bandolera y llevo infinitud de cosas.

En fin, que puestos a planteárselo ¿para que necesitó llevar diariamente tampones? Vamos, que sólo se usan una vez al mes, y en caso de emergencia, cuando esa emergencia se ha hecho presente siempre es demasiado tarde. Dos o tres paquetes medio vacíos de pañuelos de papel, toallitas dodot, gomas para recoger el pelo de la niña, cepillo y pasta de dientes ¿Realmente tengo que salir de casa para llevarme lo que tengo en el baño?… Si contamos que suelo salir con un libro encima, por si me toca entretenerme en el banco del parque.

El caso es que llevo dos meses con el mismo bolso. Y sé, que si no cambio casi nunca , es por pereza. Porque efectivamente, llevo todo un arsenal de cosas dentro de él. La cartera llena de papeles que no sirven para nada, como todos los tickets de la compra de los últimos meses, tarjetas que no se como han llegado allí, boletos de lotería de Navidad que no tienen premio pero me da pereza tirarlos, algo de dinero, mis tarjetas de crédito, dni (el mío y el de la niña), algún calendario que otro, las tarjetas de la seguridad social… También llevo un monedero, el móvil (que cuando suena casi nunca oigo y si voy a responder me ocurre lo mismo que con las llaves, nunca lo encuentro) y las llaves de casa, las del piso de mis padres y del coche. Además llevo pastillas para el dolor de cabeza, bolígrafos, agenda, una botella de agua (que relleno todas las mañanas y con la que cargo todo el día), el paquete de tabaco y tres mecheros (el que uso, uno que no sirve y uno más del cual desconozco su origen), las gafas de sol en su enorme funda, el pendrive, algún caramelo suelto… o, incluso, la cámara de fotos. Casi nada.

Vamos que por las mañanas parece que en lugar de ir a trabajar me estoy mudando.

Y, por si fuera poco, el otro día leo un artículo titulado “El placer de jugar” en el que comentaban lo siguiente: el nuevo catálogo del ocio para el sexo incorpora desde una mariposa, un patito, un caballito de mar o una margarita masajeadora (que estimulan la zona del clítoris), hasta vibradores con formas de gusano, delfín, barra de labios o de concha. «No parecen que sean vibradores, ni dañan a la vista», afirma la periodista. Gracias a esta renovación, cada vez más, los juguetes eróticos son un elemento habitual en el bolso de la mujer. «Son muchas las que no se olvidan de ellos cuando se van de viaje y eso se nota ya en los controles de seguridad de los aeropuertos». Vamos que además de los juguetes de mi hija tengo que hacer sitio en el bolso para llevar los míos.

Generación fina y segura

El otro día mi hija se acercó con la caja de tampax en la mano. Yo lo veía venir. Escogió uno de entre todo el surtido de colores, en concreto el lila, y poniéndomelo enfrente de la cara hizo la pregunta: ¿mamá, qué es esto? De la forma más simple de la que fuí capaz y sin abrumarla con excesiva información, le hablé de la menstruación como algo muy positivo. Le dije que es algo natural y una parte maravillosa de ser mujer. Después de todo, si yo no tuviera la menstruación, no podría ser su mamá.

Vamos que prácticamente le describí un anuncio de compresas. Esos donde un montón de chicas sin problemas para llevar minifalda o pantaloncitos cortos (a pesar de andar con el asunto) , van volando de flor en flor, entre mariposas, nubes de algodón y arco iris enormes…

Ellas con una cara de felicidad, que más bien parece que van de tripi, te miran desde la tele mientras te explican enseñando dientes, que están super bien en “esos días” desde que usan tal o cual marca de compresas.

Vamos que en ese mundo chupiguay, que seguro algún hombre de la publicidad se ha inventado, ellas van gritando a todo aquel que las quiere escuchar que tienen la regla y se lo pasan bomba.

Bomba…¡una bomba les ponía yo a todas ellas! Y sino decidme a mí qué gracia puede tener cuando una esta “tirada” en el sofá del salón, tapada hasta las narices, con unos sudores fríos y unos retortijones horribles.

Y la tía del anuncio venga saltar de nube en nube tan feliz, y mientras tu tomándote cualquier analgésico potente que encuentras a mano… y el dolor de tripa que cada vez va a más… y la cabeza que parece que te va a estallar…

Da igual si nos duelen los ovarios, estamos cansadas o nos sentimos deprimidas. Es ponernos una compresa y sentir unas irremediables ganas de fiesta.

Pero a pesar de todo como reza el anuncio “Me gusta ser mujer” eso sí lo que realmente me aterra es la idea de imaginarme a mi hija hablando con su menstruación.

El exitoso vídeo de la parodia del anuncio de Ausonia con Carmen de mairena

Una reunión Tuppersex

Años atrás mi madre, tras una de aquellas interminables reuniones en las que se juntaba con un grupo de amigas y terminaba comprando un lote completo de doscientos recipientes de diferentes tamaños y formas para conservar comida o cuarto de baño, decidió convertirse en representante de una marca de bisutería. Tras ser ella la principal consumidora de los productos que ofertaba decidió abandanar el negocio.

Esta semana me entero de la existenia de “Las chicas de la maleta roja” que llegan a tu casa cargadas con los más sofisticados juguetes y cosméticos eróticos. En La Rioja tienen una representante en Huércanos. Organizar una reunión es muy sencillo. Sólo hace falta una anfitriona, una casa donde reunirse y un grupo de amigas dispuestas a divertirse y decir adiós a los tabúes sexuales. El resto, es cuestión de dejar volar la imaginación…

Cosméticos eróticos par montar una fiesta de los sentidos, vibradores (la estrella es la anilla vibradora conejito, cuyas largas y vibrantes orejitas llegan al clítoris durante el coito), anillas para el pene… como dice mi madre: para gustos están hechos los colores.

Ahora que se acercan los Reyes, ¿por qué no colocar bajo el árbol un juguete para nosotras?

El rap del condón


La última campaña del Ministerio sobre el uso del condón ha levantado ampollas y no sólo en los foros de familia. Personalmente, como dijo el gran Wyoming, opino que el que tenía que haberse puesto un condón es el padre del creador de este anuncio.

El tema es demasiado importante para cometer tantos errores y no saber encontrar la estética y la información adecuada para extender la fácil idea de que para mantener relaciones esporádicas el uso de las precauciones es imprescindible.

Considero más válidos para fomentar el uso del preservatio muchos de los anuncios que realizan las marcas comerciales de condones:

El premiado Zazoo condoms como una de las mejores publicidades del mundo


Desde Zimbawe

El lechero reparte alegría


Anuncio Levi’s


Para nostálgicos: Póntelo, pónselo

La Rioja

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