Antes de nada, quiero aclarar que para mi, estas historias de enredos de familia entre nueras y suegras, cuñadas y yernos, maridos y demás miembros familiares siempre me han sonado a leyendas urbanas poco creíbles; siempre, hasta que conocía a la familia política de mi amiga Marta. Ellos son los culpables de que haya perdido mi inocencia.
¿Se puede saber por qué nos odian tanto las suegras y las cuñadas? Bueno, a decir verdad, en mi caso mi suegra y yo mantenemos una relación de lo más cordial o cuanto menos respetuosa. La pobre se tira de los pelos cada vez que lee el blog, e intenta convencerme de que las palabras sexo y vibrador no deben ser pronunciadas por cualquier señorita que se precie de serlo. Y claro ¡qué le respondes a una mujer para la que el sexo no es sino la forma estipulada de traer hijos a este bendito mundo!
Pero lo de las cuñadas de Marta no tiene nombre. Esas sí que son arpías. Marta tiene su propia teoría de porqué la odian, y hombre, yo le doy mi apoyo. Lo primero de todo, por tener al marido que tiene, o lo que es lo mismo, a su querido hermano del alma. Marta se casó embarazada de Nacho (vamos, de penalti) y claro, eso fue todo un deshonor que ha dejado una mancha imborrable en la familia). Pobre Marta. Además de eso, Nacho era como una especie de hombre anclado en el pasado: de esos que usan polo, pantalones de pinzas y castellanos. Y claro, Marta le ha dado la vuelta del revés como a un calcetín. Ahora hasta parece un hombre vistiendo y acorde a su edad.
Además de esto, Marta y Nacho se lo montan de miedo (en todos los sentidos). A los dos les encanta disfrutar de la vida al máximo. Gastan tanto como viajan, no se privan de ningún capricho y se respetan tanto que a veces asusta que exista un matrimonio tan perfecto. Se entienden. Y esto no veas como fastidia a las cuñadísimas, que claro, frustradas ellas, no saben hacer otra cosa que criticar. En fin.
Mi Paco en cambio tiene mucha suerte. Soy hija única y mis padres son un 10 (qué objetiva). No, ahora en serio. Lo cierto es que mi madre muy normal no es. A veces le da por algunas cosillas no habituales en las mujeres de mediana edad, a saber: la medicina natural, la marihuana, los mercadilos, echarse las cartas…en fin que por estos y otro detalles, al principio me costó que mi Paco entrara en casa sin miedo a ser atacado por su gato negro. Ahora, sus vicios se están encaminando a cosas más normales como el sexo, el Bingo y los zapatos de Manolo Blahnik.
En fin, que lo que creo verdaderamente es que sobre las “cosas de familia” aún queda mucho por escribir, así que continuar vosotros…
¿Qué tal las relaciones con vuestras familias políticas?

